Luego de una exquisita cena preparada por Feliciano, el rubio y el castaño estaban disfrutando de una buena copa de vino, en el balcón de la casa, que ofrecía una hermosa vista. Veneciano contemplaba su ciudad, no decía una palabra, pero tampoco eran necesarias en ese momento. Ludwig disfrutaba mucho los silencios del morocho, que se daban en pocas ocasiones como cuando pintaba o escribía poemas. Le parecía casi un delito romper con esa atmosfera nostálgica pero de todos modos sacó la llave oxidada de su pantalón y se la entrego a su dueño.

-"disculpa por haberte quitado esto sin permiso". Feliciano lo miro de reojo, extendió la mano y dejo la llave sobre la pequeña mesa, al lado de la botella de vino. Volvió a mirar el paisaje.

Ludwig, temiendo que Feliciano estuviera realmente enojado volvió a disculparse

-"lo siento mucho, pensé que no te molestaría ..pero podemos anular el trato que hicimos…no te preocupes ..yo…emm..perdón..tomare mi mochila y me iré inmediatamente". El joven musculoso intento irse, cuando una mano agarró su camisa.

-"no me molesta y tampoco quiero que te vallas. Solo quédate conmigo mientras miramos Venecia". El rubio obedeció. Desde su balcón, se podía ver la Piazza San Marco que comenzaba a inundarse lentamente, en compañía de las tenues luces de la noche… Hubo unos segundos de silencio y finalmente fue Italia el que hablo.

-viste que ridículos los vestidos que tenia que usar? Dicho esto le dedico una sonrisa al alemán

Ludwig, ahora más calmado, con una pequeña sonrisa dibujada en su rostro le respondió.

-" No eran tan ridículos pero no se como caminabas con tanta tela y tantos pliegues"

-Es verdad ,encima tenia que usar un pesado corset metálico porque a la señorita Hungría le encantaba vestirme de doncella".

-¿en serio hacia eso? Bueno…siempre me dio la impresión que no era muy sensata que digamos

-veee.. si tenia alguna posibilidad de convertirme en un macho varonil como Alemania creo que Hungría las jodió completamente.

Ambos se miraron y empezaron a reírse. Pasaron las horas y la dupla seguía charlando en el balcón. Feliciano le contaba anécdotas , vivencias, líos y desventuras de su infancia.

-Aunque pase mi infancia envuelto en guerras, hubo momentos muy hermosos. La ultima vez que hable con alguien de esto fue con Francia..pero no me sentía muy cómodo contándole todo, ya sabes que es medio pervertido y sus consejos no siempre son los mejores…pero con Alemania es diferente..me siento feliz.

El rubio volteo la vista sonrojado. Las dos naciones volvieron a mirar el paisaje, la inundación de la plaza estaba bajando y ya se había hecho muy tarde, casi madrugaba. De pronto el celular de Alemania sonaba, era su jefa preguntándole donde rayos había estado y porque no había terminado los prototipos que tenían que presentar en la próxima cumbre.

Alemania escuchó con atención todos los regaños. Una parte de su mente le recriminaba que volviera al trabajo y otra parte le suplicaba que se quede con Italia. Decisiones, horribles decisiones….

Feliciano miraba a Ludwig agarrándose la cabeza ,luego moviendo las manos, como si estuviera en un debate interminable entre su "yo" y sus "otros yo". Se sentía un tanto culpable por hacer que su jefe lo regañe, aunque el que había venido de sorpresa a su casa había sido el rubio.

-vee Alemania, no te preocupes ,puedes venir a visitarme otro día..tienes trabajo que hacer..y no quiero molestarte..

-si, tienes razón debería volver a mis asuntos pero…el teutón pensó si ese era el momento apropiado, pero al final se decidió…Italia .. antes de irme quiero preguntarte algo.

-vee?

-quien era para ti Sacro Imperio? Y ahí, el alemán soltó la bomba al corazón de Italia pero aunque sabia que los celos comenzarían a invadir su territorio ,en verdad quería asegurarse de que el corazón de Italia no estaba atado a otra persona.

El morocho abrió los ojos como si alguien le hubiera clavado una puñalada justo en el pecho. Fue una de las pocas veces que el italiano pensó seriamente qué responder antes de hablar. Ludwig miro la expresión aturdida de su amore, sabia que esto iba a pasar pero igual quería saber..Cuando por fin parecía que el italiano iba a empezar a hablar, otra vez el celular de Alemania..

-Cállate! Ya sé lo que tengo que hacer..mi trabajo estará listo en la fecha acordada..ahora déjame en paz! –vocifero el alemán, luego colgó el celular.

Feliciano no lo podía creer, solo había visto a Alemania gritar así a sus superiores en una sola oportunidad..aquella vez que todavía estaban en guerra. Definitivamente no quería que su amigo tenga problemas por su culpa.

-Cuando vuelvas a verme te mostrare un lugar y te prometo darte todas las explicaciones que quieras pero ahora …Alemania por favor…el italiano comenzó a llorar..por favor..ve a disculparte y termina tu trabajo..yo..no quiero que te regañen por mi culpa.

El alemán le dio un beso en la mejilla al morocho, le prometió terminar su trabajo y volver en unos días..Agarró su mochila y se despidió con un abrazo confiando en lo que Italia le había dicho…..