Hola a todos! Gracias por los comentarios, me animan a seguir la historia .Intentare corregir las faltas de ortografía y gramática ,aunque no prometo mucho porque soy media despistada. Quedan solo dos secretos wiiiii pero quería hacer un capitulo así medio romanticón así que en este capi no pasa naranja..solo Alemania pasando un buen rato con Italia.
-ooo-ooo-oo-
Acaricie su cabello una vez más. Lo mire con mucho cariño, de ese tipo que generalmente no podía mostrar cuando estaba despierto. La ansiedad y la excitación se habían desvanecido esta mañana, después de autosatisfacerse con la fantasía de poseer a mi amore. Ahora solo quedaba dulzura en mis pensamientos, solo miraba a Feliciano con ternura. MI ángel. Mi Feliciano.
Comprobando que aun no parecía despertar en un buen rato, me acerque a oler su cabello. Olía a mar. Olía a brisa primaveral. Ningún perfume de Francia podría alguna vez imitar la dulce frescura que se desprendía de sus cabellos. Acorte la distancia mínima de mi cara a la suya y apoye mis labios en sus mechones castaños para bajar lentamente hasta su mejilla. La piel de Veneciano era tan cálida. Era como la arena de la costa. Se podía sentir el calor que emanaba de ella. Definitivamente Feliciano tenia un don, el mar estaba impregnado en su ser.
Respire profundo, intentando contener en mi memoria toda la dulce sensación que emanaba Italia .De pronto, mi amore comenzó a parpadear y me aparte rápidamente.
-Guten morgen Italien- le dije mientras sus ojos inspeccionaban la habitación. Estaba medio dormido pero su atención se dirigió a la mesita de luz donde estaba el desayuno que le había preparado.
-Nutellla!- chillo sonriente mi morocho – me preparaste el desayuno Alemania ..ohh grazie! grazie!- me abrazo fuertemente.
-era lo menos que podía hacer-le conteste sinceramente- ayer te presione demasiado para hablar, lo lamento-.
-veee no estoy molesto contigo Ludwig ,solo no le digas a nadie..debes guardar el secreto ¿ de acuerdo?- Me extendió el menique para sellar la promesa, como cuando juramos ser amigos aquellos tiempos previos a la guerra.
-De acuerdo Italia- Entrelazamos los dedos pero en esta ocasión yo no llevaba los guantes de mi uniforme, fue una promesa de piel a piel.
Me levante y le acerque la bandeja. Feli estaba feliz disfrutando de su desayuno. Yo estaba sentado a su lado. Mi celular sonó, recordándome que tenía que volver a mis obligaciones como nación. Mire con malicia ese aparato del mal, conteniéndome para no destrozarlo con mis manos.
Le explique a Italia que tenia que retornar a mi nación. Otra vez se había acumulado una pila inmensa de papelerío en mi escritorio y ya sabemos todos que yo era el único que cumplía con esa tarea, pues a la otra parte de Alemania le gustaba beber, ir de fiesta, trasnochar, beber mas y evadir lo mas posible los protocolos y tareas administrativas. En cambio ,Italia no tenia ese problema pues Romano, aunque muy insoportable, era bastante trabajador y se repartían los papeleríos entre los dos para tener suficiente tiempo como para comer pasta, dormir y coquetear con jovencitas. Igualmente no se podía comparar una situación con otra pues a mis ciudadanos les gustaba la burocracia y tenia que terminar firmando el permiso para que se permitiera permitir otro permiso, con lo que tenia mas trabajo del que debería.
Al mediodía guarde mis cosas en mi mochila y me dispuse a despedirme de Veneciano cuando me sorprendió con una maleta bajo su brazo. Iba a venir conmigo. Le rezongué y le di un discurso de porque no debía ser irresponsable y avisar con antelación a su jefe si iba a hacer algún viaje internacional y de que debía estar en casa cumpliendo con sus obligaciones de nación en vez de perder tiempo conmigo. Me sentí algo hipócrita siendo yo el que corrió sin avisar hasta Austria solo para pedir un consejo y luego a Venencia para encontrarme con mi italiano. Igualmente mi morocho no me presto atención..cuando se comporta como niño es bien terco..iba a venir quisiera o no.
Diario de Ludwig, 18 de Noviembre
Me apure a terminar con mis tareas pues Feliciano me estaba esperando en la plaza frente al edificio donde tenia mi nuevo despacho. Deje mi escritorio ordenado y baje con el ascensor hasta la planta baja.
-Guten tag – salude al recepcionista y me cruce la calle hacia la plaza. Allí estaba Italia, sentado en un banco con un oleo entre sus manos. Como siempre, me abrazo y me beso en la mejilla. Luego me mostro el oleo que estaba pintado hasta la mitad.
-Ludwig, estaba esperando que vinieras para terminarlo- me dijo mostrando que se había retratado el mismo.- quería que estuvieras al lado mío para pintarte con detalle- contó.
Me ordeno mirarlo fijamente mientras terminaba el cuadro. Mas tarde, sonrió al verlo terminado. Era el paisaje de la plaza con nosotros dos abrazados sonriendo.
-vee tal como me enseño Botticelli, mi técnica sigue intacta- decía orgulloso.
-en realidad creo que dibujaste algo mal-Italia me miro con incredulidad- nos pintaste de la misma estatura y que yo recuerde sigo sacándote 8 centímetros-.
-Alemania que malo eres!- el morocho inflo los cachetes en señal de protesta.
-perdón, era un broma- le conteste.
-Cielos Ludwig, no sabia que los alemanes podían bromear…ya me estoy asustando, estas raro-.
-es que me siento raro cuando estoy contigo- le dije sin pensar ni un segundo en lo que acababa de confesar. Los dos nos miramos y sonrojamos. Italia apretó el oleo entre sus manos y hundió su cara en mi pecho. Ninguno de los dos dijo nada. Era un silencio algo incomodo pero lo disfrute mucho, teniendo a Feliciano callado sintiendo su calor en mi pecho…
