Alemania miro a Prusia, desaliñado y con ojeras, parecía que un huracán le hubiera pasado encima. Prusia miro Alemania, la peor cara de bienvenida del mundo, parecía que acabara de tomar leche cuajada.
-que haces aquí?-pregunte de mal humor
-Tu casa también es mi casa, west. Además yo estaba durmiendo tranquilamente cuando escuché los gritos de Ita-chan ¿Qué le ocurrió?-pregunto el albino
-pues como viste se acaba de ir, si no tienes nada mas que decirme volveré a mi oficina-me fui de casa lo mas rápido que pude, no tenia la menor intención de someterme a los interrogatorios de mi hermano.
Volví a mi nuevo despacho, intentando calmar el manantial de emociones. Pensé que trabajar un poco me ayudaría a entender todo esto. Me fue imposible. ¿Como podría concentrarme en el trabajo si todavía sentía el dulce calor de Italia sobre mis labios? Además, toda esta situación me era muy confusa. ¿le gusto o no le gusto? Si no me quiere ¿Por qué me beso? Si me quiere ¿Por qué se fue? ¿acaso lo habré asustado? No le encuentro respuesta ¿me esta histeriqueando como si fuera una chica? ¿esta jugando conmigo? Y si así fuera ¿Qué ganaría con eso?
Me lleve las manos a la cabeza. ¡Verdammt, el amor es complicado!.Mas complicado que cualquier ecuación de física nuclear. Parece una tontería pero es la única cosa es este mundo en que uno sigue el manual al pie de la letra y puede o no terminar en desastre. A pesar de todo, no quiero resignarme a él. No después de sentir como esos labios me besaban, me mordisqueaban, me saboreaban.
En verdad quería saber como estaba Italia. ¿que pensaba?¿Qué sentía? Espero no haberlo asustado. Me prometí que mañana lo llamaría, no quería sofocarlo demasiado. Tal ves él también necesitaba tiempo para pensar y reacomodar ideas y pensamientos.
Me retire del edificio y me dirigí a casa, sin antes dar un vistazo rápido a la plaza de enfrente. Al ver a dos novios tomados de la mano, sonreí para mi mismo. También pasaron delante de mi dos niños jugando futbol. Pensé en mi bruder, no debí haberme desquitado con el.
Al llegar a casa me dirigí a la habitación de mi hermano. No estaba pero lo espere paciente mientras preparaba wurst. Estaba oscureciendo cuando apareció por la puerta.
-solo vine por un abrigo west, no te alarmes- dijo al verme
-te estaba esperando para cenar-le dije mientras le señalaba la mesa preparada
-vaya que agasajo-Prusia no podía estar mas contento wurst, papas y hasta Alemania le había comprado su cerveza favorita-se que soy genial y me lo merezco pero ¿esto es por algo en especial?- el albino siempre tan intuitivo.
-quería disculparme por gritarte y además yo…
-no te hagas drama west, somos hermanos-se reía el prusiano
-espera déjame terminar-hice una pausa y tome aire-además quería que supieras que estoy al tanto de lo relacionado con Sacro Imperio y mi nacimiento-me detuve por un segundo a observar la cara de asombro de mi hermano- ..y yo solo quería decirte que aprecio mucho todo lo que haz hecho por mi todos estos años-Mi hermano quedo perplejo unos segundos, nunca se espero que yo lo abrace tan de repente.
-te estas ablandando,west- me decía mientras correspondía mi abrazo. Esta vez no era como otras veces cuando el tonteaba y se me tiraba encima. Esto era un abraso de hermanos. Era como decirnos, sin palabras, que estábamos el uno para el otro.
-solo por hoy- le respondí. En verdad estar tan cerca de Feliciano me alteraba.
-¿quieres contarle a tu hermano porque?-Asi, por primera vez desde hace mucho, desde que era niño, le confesé mis miedos y dudas a mi bruder. Y él escucho, paciente y en silencio todo lo que tenía que decir.
[Diario de Ludwig, 21 de Noviembre]
Durante estos tres días quise ir a Italia nuevamente pero por mis obligaciones como nación todavía no he podido. Se acercan las fiestas y mi jefa esta como loca pidiéndome que trabaje más duro. Y para empeorar cada vez que llamo a Veneciano me atiende Romano. No lo culpo, quiere proteger a su hermano pero no me gusta cuando interfiere entre nosotros.
Iba a ser otro día de extenso trabajo en mi despacho cuando mi bruder entro de repente, dejando una tarjeta plástica sobre mi escritorio.
-empaca tus maletas west, te vas a Treviso en dos horas- Mi hermano había movido contactos y arreglo una invitación para participar de una charla sobre viticultura en la ciudad italiana. Rayos, Prusia era un genio. Era la perfecta excusa para justificar otro viaje internacional, a demás estaría a tan solo una hora de Venecia. Solo tendría que asistir a la charla y luego pasaría a ver a Feliciano.
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Todo estaba saliendo perfecto. Asistí a la charla y luego alquile un auto para ir a Venecia.
Una vez alli tome el vaporetto que me llevo hasta Cannaregio, donde vive Feliciano. Antes de ir para su casa, pase por los negocios, quería aplicar lo aprendido y sorprenderlo comprándole un buen vino. Quería darle una buena impresión, así que recorrí varios locales hasta que al fin me decidí por uno.
-buena elección,Signore es de mis mejores vinos- me dijo el italiano mientras lo empaquetaba en la caja y adornaba para regalar. Extrañamente me había estado mirando raro desde que entre a comprar, no con odio o rencor sino como intentando reconocerme. Era bastante raro.
Cuando estaba por irme con el vino, el hombre me paró
-Disculpe ¿ puedo hacerle una pregunta?-me sonrió alegremente, al ver que yo no me iba, prosiguió- vea, es que yo tengo un cuadro en el que esta retratado un muchacho muy parecido a usted y quisiera saber si conoce al autor-me hizo señas de que espere y fue hasta el final de su tienda. Cuando volvió con el oleo, no lo podía creer, el del retrato era efectivamente yo.
El hombre me mosto la pintura. Era yo, con mi traje militar de aquellos tiempos de guerra. Mirándome en el retrato era yo, no podría precisar si enojado o triste, la expresión era muy rara, pero conocía perfectamente esos trazos, ese aire renacentista que tenia. Si, sabia perfectamente quien era el autor de esa obra.
-¿Dónde consiguió esto?-necesitaba saberlo con urgencia.
- No me lo vas a creer pero lo encontré flotando luego de la gran inundación. Allá por el año 1966 yo tenía un bazar pero el agua inundo mi local y destruyo todo. Quede en la ruina y estuve a punto de terminar en la calle cuando encontré este cuadro-los ojos del italiano se iluminaron, emocionado- el marco estaba roto pero el oleo estaba intacto y lo pude vender a muy buen precio en una subasta. Quien sea que haya pintado esto, le debo la vida, me salvo de terminar en la pobreza-.
Yo seguía inspeccionando el cuadro, sabia perfectamente que Feliciano lo había pintado pero no podía revelar su identidad al hombre, por mas que fuera uno de sus ciudadanos.
-puede ser que conozca al autor de este cuadro, si lo vuelvo a ver le contare sobre usted- le dije al morocho
-este cuadro es mi amuleto de la suerte, una vez que reinicie mi vida y me estabilice, junte mis ahorros y volví a comprarlo. Si vuelves a ver al artista que lo pinto por favor dale esto- el señor se acerco a un estantería y dentro de un libro, me entrego un carta perfectamente guardada en un sobre-y dile gracias de mi parte-.
Mire la carta, sin entender muy bien a que venia todo esto, luego volvi a mirar al señor.
-esta carta estaba escondida entre el marco y la tela. La encontré mientras restauraba el oleo antes de llevarlo a la subasta. Supongo que es del mismo artista, así que por favor dásela de mi parte- agarre la carta y me despedí del italiano.
Una vez fuera del local me senté en una de las escaleras de la orilla, cerca de donde amarraban las lanchas. Deje el vino a mi lado y con las manos temblorosas abrí la carta.
Era inconfundible, era la letra de Feliciano. Intente leerla pero no entendía, estaba escrito en italiano antiguo pero de algo estaba seguro, lo que sea que dijera la carta no parecía estar escrita con mucha felicidad. Los trazos eran violentos, salpicados en tinta y las palabras chocaban unas con otras. Esto estaba muy lejos de la típica delicadeza y gracia de mi amore. Y entonces cai en la cuenta que estaba frente a otro secreto...
