Volví a mi casa a esperar el llamado de mi secretaria. Me desplome sobre el sofá, hundiéndome en el acolchonado. Estaba exhausto y tome nota mental de aprovechar la próxima mañana que tenga libre para entrenar. Tanto estar sentado en ese escritorio me iba a hacer perder la figura si no me ponía a ejercitarme pero es que era inevitable, la democracia venia atada a la burocracia. Mis ojos me estaban venciendo. Mire de reojo el teléfono, que seguía tan callado como el silencio que reinaba en casa.
Un poco de paz en casa era bien recibida de vez en cuando. Cerré mis ojos por un momento. Un pequeño descanso no me haría mal ¿Verdad? Y bien merecido lo tenía. Me acomode boca arriba, ocupando el largo del sillón. Que bien que venia un momento de relax…
-vee Luddy-no se de donde salió, pero mi italiano se me echo encima, como si estuviera echándose un clavado en una pileta. Me pegue un susto terrible con esa manía de entrar a mi casa y saltar a abrazarme de golpe.
-Italiaaa-le grite furioso. Trabé su cuello entre mis brazos-¿Qué rayos crees que haces? No tienes respeto por el descanso de las personas-apreté con ligera fuerza, para que captara el mensaje con más atención. Al ver que se estaba quedando sin aire, lo solté.
-veee vee lo siento, lo siento Alemania- se disculpo, sin quitarse de encima de mí-pero es que te extrañaba mucho y quise venir a verte- Veneciano me puso su típica cara de perrito al que no le prestan atención. Rayos, mi novio era una ternura-además hace mucho que no tenemos sexo-termino de acotar, con la misma cara de infantil que siempre.
-pero si hace 23 horas que tuvimos relaciones-le dije, sonrojado, tan bordo como el color del sofá.
-por eso vee..demasiado tiempo-me sonreía- vamos,Luddy- intentaba convencerme haciendo círculos con su dedo sobre mi cachete izquierdo. Volteé la vista, sonrojado. No me podía creer que sea tan desvergonzado, haciéndome esas proposiciones tan descaradamente.
- Estoy muy cansado Italia, quítate de encima-le dije, cosa que en realidad era verdad. No tenia humor ni fuerzas para andar correteándolo por toda la casa. Pareció meditar mi respuesta por unos segundos. Cuando creía que entendía que no quería hacerlo en ese momento, acerco su boca a mi oído para susurrarme.
- Entonces tu quédate quieto y yo hago el resto- me guiño el ojo. Me enroje mas todavía, quitándomelo de encima de un empujón. Rayos, este italiano calentón no pierde oportunidad para querer montarse encima mío. Pero no se lo iba a dejar tan fácil. Rayos, no. La nación Alemana no se lo iba a dejar tan cómodamente sencillo.
-Ya te dije que a ti te toca a fin de mes, siempre que sea fecha impar y día no laborable- le recordé nuestro acuerdo.
-vee pero no es justo, a ti te toca todos los días restantes del mes- me refunfuño haciendo puchero.
-Un trato es un trato. Si no te agrada que yo te haga el amor, entonces habrá que prescindir de tener relaciones- dije directo, aunque un poco ruborizado. Mi técnica nunca fallaba e Italia acabaría desistiendo.
- Me encanta que Alemania me haga suyo pero Luddy yo también …
-entonces no te quejes- dije tajante, obligándolo a olvidar de insistir.
-ve vee esta bien Alemania, lo siento, lo siento-se disculpo.
Contento por haberle ganado otra batalla, volví a tratar de descansar. Sin embargo Italia volvió a echarse en cima mío, aunque comprendió que yo estaba realmente cansado y solo se limito a acariciarme el pelo. Pronto el también se contagio de mi cansancio y se arropo junto a mi. Los dos nos quedamos dormidos abrazados mutuamente en el sofá.
Diario de Ludwig, 28 de Diciembre
Feliciano se estaba esforzando por preparar wurst con papas en la cocina mientras Prusia y yo entrenábamos en el jardín. Como siempre, mi hermano se jactaba de tener mas resistencia... pero rayos, es que el se pasa los días entrenando y yéndose de fiesta y yo últimamente me reparto la mayor parte del tiempo entre los tramites de estado y mi tiempo con Feliciano.
-West, mira los increíbles abdominales de tu hermano- me decía mientras posaba orgulloso, besándose a si mismo. Todavía no se como nunca se ahogo en el mar mirando su propio reflejo. Trataba de no prestarle mucha atención al monologo que mi bruder recitaba sobre su asombrosa persona cuando sentí una vibración en mi pierna. Deje mis pesas y saque el celular de mi bolsillo. Era un mensaje de mi secretaria diciéndome que me estaba por enviar un fax con la traducción.
Entre a casa y me dirigí a mi biblioteca. Cerré la puerta con llave y levante el tubo para recibir el fax. Antes del contenido de la carta, leí el pequeño copete que escribió mi secretaria.
"Disculpe señor Beilschmidt. Mi tardanza con el recado se debió a que los traductores que solicite en Berlín eran incapaces de descifrar el contenido de la carta. Me vi obligada a viajar a Milán donde un experto en lengua antigua logro traducir el contenido. Sin más, me despido atentamente". Si la eficiencia se podía plasmar en un humano, esa era mi secretaria. Hacia su trabajo jodidamente perfecto. Tome nota mental de aumentarle el sueldo el próximo año, se lo merecía después de todo el inconveniente de la carta y de su siempre predisposición a hacer odios sordos a lo que ocurría en mi oficina.
-Alemania ¿esta todo bien ahí dentro?-Era Feliciano tratando de entrar- es que te vi correr como loco y encerrarte de repente ¿ocurre algo?- siguió curioseando, moviendo la perilla de la puerta sin conseguir resultados. Escondí el fax, doblado con cautela, en el bolsillo de mi pantalón y fui a abrirle la puerta a Italia. Esperaría hasta después de la cena hasta tener un tiempo a solas y leer detenidamente la traducción...
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Deje a Italia y a mi bruder durmiendo en el sofá. Los cubrí con una manta y apague la televisión para no interrumpir su siesta. Con todo lo que habían comido (se llenaron las panzas a mas no poder, cosa que no me extraña pues carecen de autocontrol) y después de ver una película era muy fácil que se entregaran a Morfeo. Fui de puntas de pie hasta la biblioteca. Antes de cerrar la puerta les eche un último vistazo. Veneciano estaba acurrucado en una punta, todo despatarrado soñando, mientras muchos "veee vee" salían de sus labios. En tanto mi bruder se hallaba en el lado opuesto, con una sonrisa picarona plasmada en su cara, también haciendo uso de su típico tic verbal "kesese".
Ni bien puse la traba a la puerta, saque el papel de mi bolsillo. No sabía que decía la carta pero intuía que no era nada bueno. ¿Porque estaba tan nervioso? Volví a meditar si era necesario. ¿hacia falta seguir pidiéndole explicaciones de su pasado?. Yo lo amo y el también a mi, eso lo tengo claro…pero yo quiero poseerlo totalmente, no solo en cuerpo, también en pensamiento. Quiero que solo piense en mi y quiero conocer todo sobre el, por eso desplegué el papel y comencé a leer.
"Ludwig, quiero que sepas que esta es la ultima maldita carta que te escribo. No se si esta te llegara, como las anteriores que seguramente América o Inglaterra habrán quemado o escondido. Tampoco se si llegare a enviarla o terminara hundiéndose en el mar al igual que yo. Solo quería decir que tu jodida vida va a mejorar a partir de hoy, porque tu estorbo favorito planea marcharse de este mundo. Pero antes, quiero dejarte un par de cosas en claro. La primera, que siempre te ame como nunca nadie te amara, aunque nunca prestaras atención a ese detalle. Y el día que si lo hiciste… ¿Por qué? ¿Por qué tenias que elegir el mismo día en que comencé a traicionarte? ¿Sabes que difícil fue para mi verte proponerme tu amor mientras sabia que estaba saboteando tus planes? ¿tienes una idea lo mal que me sentí? Y fui muy idiota para decírtelo y no me daba la sangre para cuestionar a mi hermano, porque en el fondo sabia que tenia razón. Esta guerra no sirvió para nada, salvo para acercarnos en un primer momento. Solo para eso, porque en las últimas instancias te volviste desquiciado. Lamento mucho la muerte de Prusia. Él también era especial para mí pero cuando te descargaste conmigo te odie como nunca pensé que lo haría. Me echaste la culpa en silencio mientras me torturabas y yo se que soy un inútil en batalla pero el que empezó todo esto fuiste tu. ¿Por qué lastimaste a la única persona, a aparte de tu hermano, que te amaba con todo su ser? ¿Por qué me hiciste sentir la peor basura del mundo y después fuiste corriendo a curarme? ¿Por qué me lastimas y luego me abrazas en tus acogedores brazos? Y ahora que todo paso y se muy bien que no podemos contactarnos porque esta prohibido. También se que tu país fue dividido pero quisiera pensar que tu también haces algún esfuerzo por contactarme. No leo los diarios ni enciendo la televisión, me basta con las llamadas ocasionales de Rusia. Me llama todos los malditos días a la misma hora y estoy obligado a atenderle. Siempre es igual, riéndose de mi por perdedor y diciéndome cuanto me odias. Trate de no escucharlo, juro que trate pero ya no puedo mas. Me siento muy solo. Aun mas solo que cuando Sacro Imperio me dejo. Así que me despido Ludwig. Nos vemos algún día en el cielo o en el infierno o donde quiera que Dios nos mande. Dile a mi fratello que ya pueden decirle Italia. Te preguntaría si vas a extrañarme pero no se si esto llegue a tus manos ni si en verdad aun sientes algo por mi."
Me acosté sobre la puerta y me deslice hasta bajar al suelo. Apreté el papel y escondí mi cara entre mis manos. Sentí una gran furia que se apoderaba de mi. El maldito que casi lo mató aquella vez en el búnker había sido yo. ¿Cómo había podido maltratar de tal manera a Feliciano? ¿Cómo pude torturar con tal bestialidad a la luz de mis ojos? ¿Cómo? ¡¿Cómo?!
Le había prometido que lo cuidaría! Maldición se lo había prometido! Lo protegí de todos menos de mi mismo. ¿Como había ocurrido? ¿Por qué no lo recuerdo?¿porque tubo que pasar? Y lo peor de todo es que lo deje solo cuando la voz de Rusia lo hundía cada vez mas..tanto como para empujarlo a tomar una decisión tan extrema.
La idea de que Veneciano, el ser mas alegre de la Tierra, quisiera desaparecer de ella me daba escalofríos. Pero más que nada, sentía un fuerte odio hacia mi mismo. Me levante y comencé a romper todo lo que tenia a mi alcance. Todo, mis libros, mis plantas, los cuadros sobre la pared, cada cosa que veía caía presa de mi furia.
Feliciano y mi bruder, levantados por el escándalo, quisieron entrar para ver que me ocurría.
-por favor Alemania, abre la puerta ¿Qué te ocurre?- gritaba Italia
-bruder ¿Qué pasa ahí dentro? Voy a entrar- escuchaba los pasos de mi hermano tomando distancia para voltear la puerta de una patada
-Déjenme solo- grite mientras seguía rompiendo todo a mi paso-No te atrevas a entrar, solo déjame solo
-Alemania por favor- suplicaba Italia pero yo no podía verlo a los ojos después de haber leído esa confesión.
-Feliciano vete de aquí, no quiero verte- grite, intentando alejarlo
-Bruder, escucha lo que sea que tengas puedes…-
-no, tu escúchame Prusia, llévate a Feliciano de mi vista. Déjenme en paz- seguí vociferando.
Escuche como Prusia arrastraba a Italia, que seguía llorando, fuera del lugar. Desde la ventana, vi a mi bruder subiéndolo a la fuerza al Volkswagen. Una vez solo y sin nada más que romper, me senté en una esquina. Estaba cansado y ahora que la furia mermaba, me atacaba la mas oscura de las tristezas.
