Holas!.Yo se que dije que iba a hacer el epilogo y nada mas pero es que me aprecio muy largo y tedioso de leer en un solo capitulo. Así que, al final decidí añadir un capitulo mas antes del epilogo. Espero les guste.

Seguía acorralado en una esquina, con mis manos cubriendo la cabeza y mis rodillas flexionadas, tratando de hacerme lo mas pequeño posible. No solo estaba cansado por liberar todo el enojo en aquella habitación, sino que mi cabeza era un embrollo de remordimientos mentales. Descubrir que yo fui ese alemán que torturo a Italia me carcomía por dentro ,pero el conocer que mi morocho había intentado hacer un acto tan despreciativo a su vida…eso es lo que verdaderamente hacia retorcer mi conciencia.

En los tiempos de postguerra hubiera matado, asesinado si era necesario, hubiese hecho cualquier cosa para volver a ver su sonrisa nuevamente. Ni siquiera quiero imaginar que hubiese sido de mí si mi Feliciano se fuera de este mundo. Lo peor de todo es que yo le prometí que lo cuidaría y jure ,más de una vez, que estaría a su lado. ¿Cómo pude golpearlo así? ¿Cómo pude dejarlo solo? ¿Por qué no pude mantener mi palabra?¿porque tuve que romper mi promesa?

Escuche la puerta de mi casa abrirse. Los pasos de mi hermano se acercaban cada vez mas, hasta que la sombra de sus botas se proyectaba por debajo de la puerta de la biblioteca.

-bruder, abre la puerta por favor- Prusia estaba del otro lado de la puerta, intentando hacerme confesar mis problemas pero yo solo quería seguir en aquella esquina.

-¿Dónde esta Italia?- al menos debería saber que estaba a salvo.

-Con el señorito y la marimacho. No te preocupes por el, esta en buenas manos. Ahora ábreme la puerta y cuéntale a tu hermano que te ocurre

-¡Nein! Déjame aquí solo, tengo muchas cosas que pensar- De verdad no quería salir de allí y hablar, ni siquiera con el.

-West, abre la puerta o la tiro debajo de una patada- la paciencia de mi hermano estaba acabándose

-Voy a atrincherar la puerta si es necesario. Vete y déjame solo- Se que solo quiere ayudar pero no es no.

-Entonces voy a entrar por la ventana- la insistencia de mi hermano no tenia limites

-Estamos en el segundo piso-Mi bruder nunca entiende de razones

-No importa, mi genialidad no conoce límites ni alturas. Así que abre o te voy a buscar-Yo conozco a la perfección a Prusia y si se propone algo, lo cumple. Mi cabeza no estaba para soportar ningún alboroto mas, mucho menos para presenciar como mi bruder rompía lo único sano de esa habitación, la puerta. Con desgano, me incorpore y lo deje pasar. Sus ojos carmesí inspeccionaron rápidamente el lugar o lo que quedaba de el, pues estaba destrozado. Yo también estaba destrozado. Sentía culpa y tristeza e igual proporción.

Me hizo seguirlo hasta la cocina donde me curo algunas heridas menores que me había ocasionado. Me vendó la mano derecha, que tenia pequeños cortes, seguramente ocasionados al destruir los adornos de vidrio. Mi bruder saco unas latas de cerveza de la heladera y nos sentamos en la mesa. Me extendió una y comencé a beber. No hay mejor cosa para olvidar los malos ratos que nuestra amada cerveza pero hoy no parecía tener efecto.

-West ¿vas a contarle a tu hermano porque ya no tenemos más biblioteca?- me inspeccionaba con la mirada, tratando de dar en la tecla a mi problema. No le conteste.

-¿es por alguna cuestión de estado?-Negué con la cabeza, el problema estaba lejos de ser ese ¿algún crisis con otro país?-seguí negando. Prusia hizo una pausa, mirando mis ojos llenos de tristeza - ¿Es por Ita-chan?- Incline ligeramente la cabeza, en señal de afirmación.

-No pude cumplir ninguna de las promesas que le hice. Prometí protegerlo y no pude. Prometí no dejarlo solo y lo deje solo.

- ahora son novios west, no tienes que preocuparte por lo que no pudiste hacer sino concentrarte en hacer mejor las cosas de aquí en adelante

-pero no entiendes, nosotros no somos simples humanos, somos naciones nuestra voluntad y destino esta atado a las manos de los políticos que comandan nuestro país. No puedo prometerle a Italia que siempre estaré a su lado. No puedo prometerle nada.

-No hace falta que le prometas nada. Solo hazlo feliz- me dijo, como si fuera la verdad mas simple del universo. No muy convencido, pero con estas ultimas palabras retumbando en mi cabeza, me levante y me fui a ordenar la biblioteca. Limpiar siempre me ayudaba a calmarme. Comencé acomodando los libros, la mayoría eran de historia alemana. Luego volví a colocar en su lugar los cuadros, con especial cariño el que había pintado Feliciano en la plaza. Y seguí, con los estantes, los adornos, hasta que me tope con un álbum de fotos.

Sonreí. La primer foto que encontré era una en la que estábamos los del eje. Había muchas fotos de Italia y mías. Volví a sonreír, a pesar de toda la guerra mi Feliciano siempre se las arreglaba para hacerme pasar lindos momentos. Seguí pasando las páginas y encontré otra particularmente conmovedora. Estaba algo sacada de foco pero se veía perfectamente a mi bruder, con otros alemanes, saltando sobre el muro. Para una nación como yo, que vive mucho mas tiempo que los humanos, parece como si hubiese sido ayer cuando lo vi atravesar aquel muro de la vergüenza y descubrir que no estaba muerto, sino más vivo que nunca. Al fin y al cabo, aunque no tengamos las mismas libertades que los humanos, sentimos, reímos, lloramos y amamos. Y hay situaciones que nos llevan al limite de nuestro ser, como esta, que nos hacen sentir humanos y otras que nos convierten en verdaderas bestias sin sentido.

Con el álbum de fotos en la mano, me dirigí a mi habitación. Hoy había sido un día agotador, mas para mi mente que para mi cuerpo. Me arrope con las sabanas y no pude evitar sentir la falta de presencia de Italia. Lo extrañaba, pero primero tenía que resolver esta situación.

Diario de Ludwig, 30 de Diciembre

Me levante bien temprano para entrenar, intentando no pensar tanto en Italia. Cada hora sin el, sin su sonrisa y sin su alegría me recordaba porque lo amaba. Feliciano traía luz a mi vida. Lo extrañaba y quería estar con el pero la posibilidad de que lo vuelva a lastimar en un futuro lejano me asechaba. Lo amo, pero tengo miedo de volver a hacerle daño. No le puedo prometer que lo protegeré ni que estaremos juntos hasta el fin de los días, pues mi voluntad esta restringida al accionar de mi gente.

Mi hermano estaba ausente y la casa se sentía más sola que de costumbre. ¿que debía hacer? En algún momento tendría que volver a ver a Italia, al menos le debía una explicación. Lo mas probable es que Feliciano se este preguntando que hizo mal para que yo me enojara. Siempre se esfuerza por hacerse querer. ¿que le digo? No sabía muy bien si contarle lo que me pasaba y obligarlo a rememorar una situación bastante desagradable o quedarme callado y guardar estos pensamientos. Ya no lo soportaba mas, necesitaba verlo. Así que con algunos arreglos de mi secretaria, me subí al primer vuelo que salía para Viena.

…..

Llegue hasta la casa de Austria y toque el timbre. Esperaba que junto a Roderich se encontrara Feliciano, pero el austriaco era el único presente en la casa. Como es propio de él, me invito a pasar y tomar el té con dulces. Parecía casi la misma escena que cuando le fui a preguntar porque Italia no me amaba, antes de empezar a descubrir sus secretos. Al final, parecía que todo volvía a donde empezaba, yo seguía confundido pero esta vez por otra razón.

-Italia se fue con Hungría a hacer unos mandados- me decía mientras se cortaba una rodaja de pastel- No se que es lo que ocurrió entre ustedes para que Prusia haya tenido que traerlo hasta aquí

- yo.. le había prometido que lo protegería siempre y descubrí que le hice mucho daño en el pasado- No quería decirle exactamente lo que le había echo pero tal ves el podía orientarme, después de todo vivió muchas décadas antes que yo.

-Las promesas son para los humanos, nosotros no podemos darnos esos lujos. Yo también fui joven e ingenuo e hice muchos juramentos y promesas que quedaron olvidadas en el tiempo. Cuando nos casamos le prometí a Hungria que nada nos separaría y que la amaría siempre. Ella me prometió serme fiel y siempre estar a mi lado.Y mayormente cumplimos nuestros votos, aunque no debimos olvidar que éramos reinos. Cuando el imperio Austro-Húngaro estaba en decadencia, la tensión territorial y la avaricia de nuestros jefes nos empujaron al límite.

-¿Alguna vez hiciste algo de lo que estas arrepentido?-porque yo si y mucho. Necesitaba alguna guía o ayuda de alguien que haya pasado por lo mismo.

-Si, me arrepiento de haber querido matarla. Parece tan irónico, Prusia y yo siempre fuimos rivales para tener el corazón de Hungría, pero en el medio de la locura por la dominancia territorial , nos aliamos para exterminarla. Si es eso lo que te preocupa, te digo que siempre va a existir la posibilidad de lastimar a un ser querido pero lo que nos hace volver a querer es perdonar y ser perdonado-Medite por unos segundos lo último que dijo. Perdonar y ser perdonado. ¿Podría perdonarme Italia por aquello que le hice? ¿Podría perdonarme a mi mismo?

- Señor Austria, estamos de vuelta,con Hungría compramos unos lindos..-Feliciano entro por la puerta. Sus ojos de abrieron de par en par al verme- Ludwig! Ludwig!- soltó las bolsas que traía en cima y corrió a mi brazos. Le correspondí el abrazo en silencio, nunca me termino de acostumbrar a que los demás vean nuestras muestras de cariño-te extrañe mucho-me dijo, hundiendo su cara en mi pecho.

-Vámonos a casa, Feliciano-acaricie sus cabellos. No recordaba cuan suave era su cabellera ni que tan tibios se sentían sus mejillas cuando acercaba mi mano para darle una caricia.

Diario de Ludwig, 31 de Diciembre

Veneciano estaba acurrucado sobre mi pecho. Me quite la campera y lo cubrí por si tenia frio. Por la ventana, el paisaje de Austria había quedado lejos y los rasgos de mi territorio comenzaban a tornarse cada vez más notorios. El tren había cruzado la frontera hacia poco y en unas estaciones mas estaríamos de vuelta en Berlín. Volví a observarlo, tan callado y angelical que no parece de este mundo. Con delicadeza, intentando no despertarlo, enrollé mis dedos entre su rizo. Sus mejillas se tonaron rosas y me regalo sin saberlo, un gesto de perfecta mezcla entre placer e inocencia. Aun era de madrugada y se que todavía faltaba tiempo antes de llegar, pero no veía la hora de solos los dos y amarlo con pasión en la intimidad de mi hogar…

…..

Ni bien llegamos, cerré la puerta de mi casa, arroje la mochila mía y la de Feliciano y lo arrincone contra la pared. Los dos nos besamos con pasión, pues el tiempo que habíamos pasado separados pareció una eternidad.

-pensé que estabas enojado conmigo-me dijo entre mordiscos a mi labio-no quiero que me odies Luddy-sus besos me estaban dejando sin aire.

- Perdóname por todo, solo perdóname Italia- le quite el sweater y luego la remera que llevaba debajo. Con el torso desnudo, pasaba mis manos sobre su espalda, mientras jugueteaba con mi lengua por detrás de su oreja-Encontré la carta que me habías escrito y me entere de todo, por eso te pido que me perdones- Veneciano tenso su cuerpo pero volví a besarlo. No quería romper el momento, quería seguir tocándolo hasta hacerlo mío.

-Lo que escribí ahí ya no importa-detuvo sus besos con una mano sobre mis labios-Paso hace mucho tiempo-me miro fijamente-Por favor no me odies por lo la cosas que te dije

-Te perdonare si tu me perdonas-le dije volviendo a unir nuestros labios. Sentía sus dedos que recorrían desde mi cabello hasta mis muslos.

-Ti perdono, Germania-me susurro al oído. Era todo lo que quería escuchar. Seguimos acariciándonos hasta quedar completamente desnudos. Italia me había quitado mi ropa y yo la de él. Mi morocho se inclino sobre mí y me lamio, con paciencia y delicadeza cada milímetro de mi miembro. Se sentía tan bien pero lo hacia tan lento que era casi una tortura. No sabía cuanto mas podría aguantar. A punto de perder la cordura, me senté y lo gire para que se acomodara entre mi abdomen. El solo verlo temblar mientras se sentaba sobre mi nublaba toda la razón y lógica de mi cabeza. Espere hasta sentir como mi miembro se hundía completamente dentro de Feliciano y volví a girarlo. Su cuerpo ahora estaba atrapado entre el piso y mi cuerpo.

-ahh ahhh Ti amo Luddy- gemía mientras lo embestía sin piedad. Mi respiración entrecortada escondía mis gritos ahogados. Escuchar gozar a Italia hacia que aumente más y más el ritmo y la ferocidad de mi ataque.

-Sie sind mein Engel, Italien- me acerque a susurrarle al oído. Me abrazo fuertemente hasta que un grito de éxtasis hizo que clavara sus uñas en mi espalda. Luego se soltó y dirigió sus manos hacia mi cara. Abrió los ojos, con una mirada de inocencia y necesidad, para verme. Lo bese por ultima vez y en un par de estocadas mas, me corrí dentro de el. Nos abrasamos mientras intentábamos recuperar el aliento y el color rojizo de nuestra piel volvía al normal. En ese momento lo comprendí. Italia, no puedo prometerte el mundo ni la eternidad, pero daré todo de mí para estar el mayor tiempo posible a tu lado...

Diario de Ludwig, 5 de Enero de 2012

A veces las cosas no salen como uno las espera, especialmente en el amor, pero esta vez todo salió perfecto. Sin secretos oscuros , ni emociones guardadas, podíamos sincerarnos, perdonar el pasado y disfrutar de nuestro amor. Nunca podríamos ser esposos, ni volver a vivir juntos, tendríamos que conformarnos con ser amantes, vivir escondiendo nuestra pasión de nuestros jefes, amarnos en la oscuridad de la clandestinidad. Aun así, sabemos que vale la pena el esfuerzo, pues ya no podemos vivir sin sentir el tacto y las caricias del otro.

Veneciano navegaba en la oscuridad de la noche con su góndola. Solo la tenue luz de la farola iluminaba la embarcación, aunque parecía que el se movía por instinto. En verdad no sabia donde estábamos. Sentado en el asiento, no distinguía absolutamente nada. La oscuridad de la noche se confundía con el manto sombrío de las aguas. Sumergirse en la completa oscuridad debería sacar de los nervios a mas de uno, pero la serenidad del rostro de Feliciano era suficiente para saber que nada malo ocurriría. Es mas, casi podría decir que el ambiente era románticamente melancólico.

Llegamos hasta una diminuta isla, en el medio de Adriático, que no parecía abarcar más espacio que unos pocos metros. Feliciano amarro la góndola a la rama de un árbol que ocupaba la mayor parte del terreno y bajamos.

-Mi ultimo secreto- me dijo, invitándome a sentarme a la orilla junto a el.

-ehh esto es solo una pequeña isla- pensé en voz alta. Italia me clavo la vista- Quiero decir no es que sea un mal secreto, en verdad es un lindo lugar-quise disculparme, aunque me sorprendía mucho que conociendo sus secretos anteriores, el ultimo simplemente fuese un pedazo de tierra sin habitar.

-Vee espera, en un rato llegaran-siguió viendo a la nada. Yo hice lo mismo, un tanto extrañado. No sabría precisar el tiempo pero luego de un rato se escucho el salpicar del agua y veía como se acercaban unas criaturas en la oscuridad del mar. Al principio creí que eran peces, incluso delfines me anime a adivinar. La sorpresa que me lleve, casi me muero de la impresión, cuando un grupo de sirenas se acerco a nosotros.

-¿esto esta pasando de verdad?- pregunte atónito, viendo como las sirenas se acercaban a saludar a Feliciano. Era increíble, como en los cuentos. Mitad mujeres mitad peces.

-Si, las sirenas existen Luddy pero no le cuestes a nadie, es un secreto-me giñaba el ojo Feliciano. Una de ellas se acerco temerosa a mi lado. La sensación era mutua, yo también estaba nervioso. Acercamos nuestras manos y sentí la extraña sensación de las escamas rozando mi piel. Las demás también se acercaron a saludarme. Creo que nunca en mi vida estuve rodeado de tantas mujeres o sirenas, en este caso.

-que hombre tan guapo ¿es tu novio, estrellita de mar?- pregunto una de ellas. En verdad me sorprendió, no sabía que podían hablar.

- si, es mi novio Luddy. El también es una nación como yo, vive en el norte. Pero no me digan estrellita de mar, ya no soy un pequeño bambino- dijo mi morocho, un tanto avergonzado.

Nos quedamos con las sirenas hasta antes del amanecer. Antes de que el Sol se ponga, las muchachas regresaron a las profundidades del Adriático, donde estarían a salvo, lejos de los ojos curiosos de la humanidad. Nos despedimos de ellas y nos subimos a la góndola, emprendiendo la vuelta a la casa de Feliciano…