Hola de nuevo, gracias por los reviews y por leer la historia, en serio que motiva x3 el capítulo es un poco más largo que el primero, espero les guste, ya se vienen los problemas para Juvia y Gray además de un "rival de amor", ¡espérenlos!


La campana que marcaba el cambio de clases era molesta, su estridente zumbido rebotaba por cada pared existente y alargaba su duración a al menos unos tres minutos. Aunque debo admitir que me alegraba, la clase de química había sido aburrida a muerte, y si hubiera tenido que escuchar la voz del profesor unos minutos más, no sé qué hubiera hecho. Coloqué mis brazos encima de la mesa y recosté mi cabeza en ellos.

—¡Pensé que no vendrías, Gray! —el idiota de Natsu giró la silla del pupitre que estaba delante y se sentó enfrente mío. Levanté mi cabeza soltando un gruñido desde el fondo de mi garganta.

—Pero estoy aquí, y no gracias a ti, cabeza de flama. Mira que irte así sin más… me las pagarás.

—¡Traté de despertarte! ¡Y 5 veces! Pero roncabas tan profundamente que hasta temblaba todo a tu alrededor.

—¡Y-yo no ronco! —tomé mi lapicera y se la aventé a la cara con toda la fuerza que era capaz de dar—. Son excusas que usas para no tener dejes de culpa.

—Bastardo nudista —Natsu tenía en su cara la marca roja que le había quedado del golpe, su ceño estaba fruncido y de repente se había levantado con sus puños apretados. Si quería pelear, no me iba a echar para atrás. Me levanté y me puse a su par.

—Cerebro de lava ¡¿a quién le dices nudista?!

—¡A ti, idiota!

—¿Otra vez están peleando ustedes dos?

Un frío helado recorrió mi espina dorsal, y con tan sólo ver la mirada horrorizada de Natsu, supe que él también estaba igual de paralizado que yo. Los dos reconocíamos esa temible voz… Erza Scarlet, la jefe de grupo.

—No, qué va ¿Natsu y yo pelear? Pfft —titubeante, abracé a Natsu por los hombros y él me siguió la corriente sin chistar un segundo, mostrando sus hileras de dientes blancos de una manera exagerada en su sonrisa forzada.

—D-debiste haber visto mal, Erza —Natsu agregó después. La mirada inquisitoria de Erza poco a poco se fue dulcificando hasta que tomó la imagen de una chica común y cualquiera… si no la conocieras, pensarías que no es capaz de matar una sola mosca, pero ella poseía la fuerza de 100 caballos y su ira superaba a la de Dios del Antiguo Testamento.

Era simplemente aterradora.

—Muy bien, ¡es lindo ver que ustedes dos se lleven tan bien! —Erza se acercó a nosotros y nos abrazó tan fuerte, que me sentí a punto de explotar por su fuerza.

—Sí, perfecto —murmuramos con dificultad Natsu y yo.

—Ahora, hay que moverse, ya es hora de las clases por áreas. Gray, no querrás perderte una clase más ¿o sí? —Erza nos dejó ir y comenzó a recoger sus cosas para irse a la clase de Leyes.

—Venga, estamos hablando de la clase de Dibujo, no me la perdería por nada.

—¡Verdad! No puedo llegar tarde a Música, le prometí a Lucy que le enseñaría un par de acordes antes de que inicie la clase ¡Nos vemos en el recreo!—el idiota pelirosa se apresuró hasta su lugar, sacó de entre sus cosas la libreta pautada y salió disparado del aula, casi como si de repente hubieran gritado que había comida gratis.

Lucy Heartfilia era la amiga de la infancia de Natsu, literalmente se conocían desde que llevaban pañales. La familia de Lucy era de mucho renombre, perteneciente a una élite privilegiada de banqueros con demasiadas riquezas para una sola vida. Por otra parte, los Dragneel eran conocidos por su ascendencia militar. ¿Cómo es que el descendiente de una familia adinerada y el de un militar quedaron juntos? Pues bueno, la familia de Natsu hacía años que estaba al servicio de la familia de Lucy, así que se podría decir que Natsu estaba siendo entrenado para ser el futuro guardaespaldas de la misma. ¿Qué por qué no estaban en un instituto privado? Pues… vaya.

Lucy siempre tenía discusiones con su propio padre, por más banal que fuera la situación, nunca podían quedar de acuerdo en algo. Uno de esos temas de debate, fue el futuro profesional de la heredera de la fortuna Heartfilia. Su padre quería que tomara las riendas del negocio familiar, pero Lucy añoraba con su alma la Literatura. Él hablaba de ir a internados en el extranjero, pero ella irrumpía con ideas de estudiar como una chica completamente normal. Y entre un juego de tira y afloja, ambos acordaron una tregua: Lucy estudiaría la carrera de administración a cambio de que la dejara decidir el dónde quería estudiar, terminando así aquí en el instituto. Fue un escándalo cuando se hizo público, incluso hubo una temporada en la cual la escuela se abarrotaba de periodistas que agobiaban a cada estudiante preguntando por Lucy. Sin embargo, Natsu se las arregló para defenderla absolutamente de todo y de todos, recibió cada golpe, pero su determinación a protegerla fue inquebrantable.

No obstante, por más fuerte que llegue a ser, Natsu seguirá siendo un idiota cabeza de flama para mí.

—Es todo un niño, me pregunto si seguirá así cuando tengamos que irnos a la universidad —Erza murmuró sonriendo, aun viendo la puerta por donde había salido Natsu segundos antes.

—Tenlo por seguro. Con suerte no terminará viviendo bajo un puente —levanté mis cosas del pupitre y comencé a caminar en dirección a la salida—. Bueno, me voy. Nos vemos, Erza —logré escuchar su despedida antes de apurar el paso y trotar por los enramados pasillos del colegio en dirección a la clase de Dibujo.

La razón por la cual me gustaba esa clase, tenía mucho que ver con que en su mayoría era un tiempo de silencio. Un tiempo en el cual podría reflejar lo que quisiera con tan sólo un par de pinceladas y unos cuantos bocetos de lápiz. Y aunque fuera una clase que tenía que compartir con otros grupos con los cuales no estaba relacionado, la verdad es que era lo mejor del maldito universo. Ul Milkovich, la profesora de Dibujo, era una de las pocas personas que hacían de mi día algo mejor; crecí junto con su hija, Ultear, y con el tiempo, ellas dos pasaron a ser la "tía genial" a la que recurres cuando todo va mal con los padres y la "prima cool" con la que siempre podría salir un rato.

El salón de arte estaba literalmente aislado de toda población a la redonda, ubicado en un edificio solitario, rodeado de una inmensa arboleda que ahora, estaba ligeramente cubierto de una capa blanquecina de escarcha. Durante el otoño, cuando el viento se hacía más fuerte y las hojas adquirían su tono ocre característico, aquel "mini-bosque" era un espectáculo único, hermoso y especial, digno de cualquier paisaje de postal. Me gustaba este lugar, era perfecto para tomar inspiración o relajarte un rato.

Después de vagabundear por los recuerdos de la melancolía, entré al salón un poco apurado, pues aunque Ul y yo teníamos una conexión más íntima, durante las clases manteníamos una relación estrictamente profesional, lo cual significaba, que si llegaba tarde, ella no dudaría en ponerme una ausencia bien merecida y mandarme a la biblioteca a hacer algún trabajo extra. Pero al ver que todavía no había llegado, y que no era de los últimos en llegar, la tensión desapareció.

Un par de minutos después, Ul apareció junto con una chica extraña siguiéndola. Se me hacía ligeramente conocida, pero no lograba conectarla a nada. Así que simplemente tomé asiento y esperé a la presentación.

—Chicos, hoy una nueva compañera se unirá a la clase. Su nombre es Juvia Loxar, acaba de ser transferida, así que trátenla bien por favor.

Loxar… por todos los cielos, era la chica con la que me topé en la entrada. Claro… eh, bueno, no me pueden culpar por no reconocerla, ella traía todo su guarda ropa encima hacía unas cuantas horas y ahora sólo traía el uniforme escolar. Créanlo o no, hace una gran diferencia, más cuando se trata de una chica.

—Atrás de Gray hay un asiento vacío, ve a sentarte, Juvia —la nueva pasó su vista zafiro por todo el salón, mandando un par de sonrisillas amistosas en el proceso. Sin embargo, cuando se topó conmigo, rápidamente se dedicó a hacerme un gesto y desvió su vista hacia las paredes. ¿Cuál era su problema? Para más, al principio iba con un paso tranquilo, pero al pasar por a lado mío, rápidamente aceleró el proceso y tomó asiento en el lugar vacío detrás de mí. Tch, sería una molestia más que sumar a la lista negra. ¿Cuál era su nombre de nuevo? Ahg, no importaba de todos modos.

—Profe ¿nos deja poner música mientras seguimos nuestros proyectos? —preguntó alguien al otro extremo del aula.

—No ahora, veremos un tema nuevo, así que tomen nota por favor —ella dijo mientras se daba vuelta y comenzaba a anotar un montón de cosas en el pizarrón.

No pude evitar suspirar resignado y abrir sin ganas mi libreta de apuntes. El único espacio que pensaba que podría ayudarme a reflexionar se había esfumado por completo. Pero bueno, no todo tenía que ser algo perdido ¿cierto? Al menos estaría concentrado en alguna otra cosa por al menos una hora y eso también ayudaría.

Ul se pasó toda la lección hablando sobre los trazados fundamentales en el plano. Sé que dije que era mi clase favorita pero… había ciertas limitaciones de qué tanto algo que te puede gustar, y si había algo que estaba fuera del límite soportable de esta clase, era la manía de Ul por seguir y seguir dando su materia aun cuando la campana tenía rato de haber sonado. No me molestaba cuando se trataba de cosas un poco más artísticas y en su caso históricas, pero cuando se ponía a hablar de cosas tan técnicas como esta… ahg.

A escondidas saqué el celular del bolsillo del pantalón y estuve a casi nada de querer lanzarlo por la ventana. Eran las 12:05 ¿por qué todavía estaba sentado en vez de estar en cualquier otro lado disfrutando de los escasos minutos de libertad antes de que iniciara el siguiente bloque?

—Ahora, el Teorema de Thales recoge uno de los postulados más básicos de la geometría: Si en un triángulo se traza una línea paralela a cualquiera de sus lados, se obtienen dos triángulos semejantes. ¿Preguntas?

Rápidamente vi una mano levantarse por sobre las cabezas de los otros. Era Loke. Me llevé una mano a mi frente, ya sabía lo que vendría.

—Es más un dato curioso ¿sabía que Thales de Mileto era un hombre excepcionalmente puntual? Y es que estaba tan obsesionado por ello, que de hecho, hay un teorema que se puede presenciar cuando son las 12:07 de la tarde — Loke comentó con su tono sereno, casi como si realmente hablara de un factor verídico.

—Buena forma de decirme que ya quiere irse, le daría puntos extra en su parcial si realmente pudiera corroborar lo que me dice —Ul se cruzó de brazos, siguiéndole la corriente. Loke soltó una risilla nerviosa—. Bueno, es todo, la siguiente clase seguirán con sus trabajos, así que no olviden sus materiales.

Gracias a Dios, temía que si ella seguía hablando mi cerebro fuera a explotar. Como dije, Ul era una "tía cool", pero tenía su lado insoportable.

Tomé mis cosas y rápidamente me dirigí a la salida con toda la intención de llegar lo más pronto posible a la cafetería. Mirajane Strauss, se había ofrecido a hacerme un pequeño almuerzo en compensación de un proyecto que le había ayudado a hacer, y no pensaba darle el placer a Natsu de robar lo que me pertenecía. Si tomaba el atajo por la sala de profesores y me escabullía por…

—¡Gray, espera!

Antes de siquiera poder salir del aula, Ul llamó a mi nombre. Demonios ¿qué quería ahora? ¿No podía esperar a que volviera? De verdad que esto era una molestia. Tomando un poco de aire para evitar decir mi obvio disgusto por la situación, me giré hacia ella, y hasta que estuve a su lado, noté que la chica nueva estaba también allí todavía igual de sonrojada y ansiosa… ¿qué le pasaba?

—No te quitaré mucho tiempo, antes quisiera presentarte a mi sobrina —Ul le pasó un brazo por los hombros a la nueva chica y le dirigió una enorme sonrisa—. Juvia, este es Gray, de quien te he comentado en nuestras pláticas— mientras lo decía, me señaló con el otro brazo que tenía libre. ¿Se atrevió a hablarme de mí?

—U-un gusto conocerle, Gray-sama —torpemente hizo una pequeña inclinación de cabeza.

—¿Gray-sama? —comenté un poco anonado, buscando en los ojos de Ul una respuesta.

—Juvia creció en Japón, pero ahora que ha entrado al instituto, le comenté a mi cuñado que sería una buena idea que estudiara en el extranjero y él aceptó, así que durante este ciclo escolar estará viviendo conmigo y Ultear.

—Ya veo. Un gusto en conocerte eh… —¿Cómo se llamaba? Julieta, Julia, Juliana…

—Juvia.

—Juvia… cierto, perdón —pasé una de mis manos por mi cabello, desordenándolo—. Tía Ul, no es por nada, pero tengo que irme, me están esperando en otro lado —comencé lentamente a caminar hacia la salida sin darles la espada, denotando mi intención.

—Lo siento, es tu recreo y yo vilmente se los estoy quitando. Pero ¿crees que podrías llevar contigo a Juvia? Preséntala a tus amigos, no quiero que se quede sola —Ul frotó el brazo de Juvia gentilmente, y ella mostró una sonrisa tímida hacia ella.

—Je, esperemos que no se la coman viva —comenté burlón, sonriendo de medio lado.

—¿¡S-se comerán a Juvia?! —una expresión de horror coloreó su semblante de un pálido espectral, incluso había comenzado a hiperventilar. Dios santo ¿no sabía lo que era el sarcasmo? Rápidamente se escondió detrás de Ul, como una niña pequeña aferrándose al vestido de su madre. Tch, maldita sea, se veía realmente tierna.

—¡No, no! Tranquila, sólo bromeo, yo… ellos son algo ruidosos, eso es todo —traté de acercarme hacia Juvia, intentando calmarla, pero con cada paso que daba, parecía que se alteraba cada vez más. Rasqué mi nuca, incómodo. Ul me veía con una mirada acusatoria.

—Todo estará bien, Gray te cuidará. Anda, ve con él antes de que se acabe el recreo —le dio un pequeño empujoncito para que caminara hacia donde estaba yo, a la vez que moviendo los labios me advertía que si algo le pasaba, no me lo perdonaría.

No necesitaba más advertencia que esa para saber que iba en serio.

Juvia y yo salimos a la par del salón y en silencio caminamos todo el trayecto hasta salir del edificio. Una brisa fría sopló por unos cuantos instantes al salir. Ajusté mi chaqueta, metí las manos a los bolsillos del pantalón y aceleré el paso. No sólo eran las corrientes heladas lo que me hacían apresurarme, sino que los constantes gruñidos de mi estómago me motivaban a continuar. Juvia parecía tenerlo difícil, me seguía el paso como podía y aguantaba el frío de manera que cuando estornudaba, procuraba hacerlo lo más inaudible posible. No sabía si era para aparentar se fuerte o para no preocuparme.

Al 5to estornudo, me detuve tan precipitadamente que Juvia terminó por estrellarse con mi espalda. Antes de darle la oportunidad de disculparse conmigo, me quité el saco del uniforme y se lo coloqué en los hombros.

—Tonta, no debiste dejar tu abrigo en el salón. Si terminas resfriada, Ul me pateará el trasero —me excusé, tratando de ignorar la cara ilusionada que mostraba la peliceleste. De hecho, de no saber que era imposible, juraría que sus ojos adoptaron forma de corazón por un breve instante.

—Pero Gray-sama va a…

—Simplemente tómalo hasta que lleguemos a la cafetería. Yo estaré bien, no me he enfermado desde que era un niño —me di la vuelta y seguí con mi caminar.

Los pasos de Juvia pronto se unieron a los míos y rápidamente se puso a mi lado.

—Tiene su olor, Gray-sama —¿acababa de decir lo que realmente escuché o eran sólo jugarretas de mi distorsionada mente? Sentí un poco de calor subir a mis pómulos, y para evitar que ella se diera cuenta de ello, voltee mi cabeza para otro lado. Nunca en la vida habían hecho un comentario semejante ¿era así como debía reaccionar? Oh por un demonio.

—E-escucha, si vamos a ser compañeros de clase, deja de lado la formalidad, llámame Gray, nada más. Es incómodo si le agregas el honorífico —no quise verla, aun sentía ese bochorno fastidioso por mi cara.

—Sí, Gray-sama —comentó animada… muy animada de hecho.

—No. Gray —repliqué.

—Gray-sama.

—… Está bien, déjalo así —puse los ojos en blanco, no llegaría a ninguna parte con la muchacha esta. Aunque por el otro lado, ayudó a que mi color regresara a su tono normal.

Cuando llegamos a la cafetería, una oleada de diversos aromas nos dio la bienvenida junto con una muy suave onda de calor agradable que me hizo erizar la piel. Se sentía sumamente bien. Apenas entré, pude divisar justo en el medio del mar de mesas y gente, a Natsu y a los otros. Suspiré de cansancio y me acerqué a ellos.

—Definitivamente no perderé, soy más fuerte que tú de todos modos, no tienes oportunidad —el idiota de flamas presumía su fuerza "descomunal" mientras terminaba de zamparse un pedazo de pastel que estaba por allí.

—Gee-hee, sueñas, Salamander. A puesto que no me puedes ganar ni en un juego de vencidas —Gajeel Redfox le mostró una mueca desafiante mientras colocaba su codo sobre la mesa. Oh perfecto, llegué justo en el medio de una competición de testosterona… aunque le apostaba a Gajeel.

—¡Gray! ¿en dónde te habías metido? Tengo tu almuerzo a salvo conmigo, Natsu quería comérsela pero logré hacerme con él —Lucy acercó hacia el lugar donde me sentaría lo que había anhelado desde hacía unas buenas horas. Juvia, quien estaba detrás de mí sin saber exactamente qué hacer, agarraba mi saco con más fuerza que nunca. Me hice a un lado y la acerqué un poco para presentarle.

—Esta es Juvia, una estudiante nueva de primer año que ha venido de Japón a estudiar. Por favor, no la asusten —comenté mientras tomaba asiento. Lucy se levantó de su silla y le dio un animoso apretón de manos.

—¡Hola! Yo soy Lucy, los dos que están jugando vencidas son Natsu y Gajeel. A lado está Erza y finalmente Levy —mientras los nombraba, fue señalando a cada uno. Erza y Levy le dedicaron una sonrisa amistosa y pronto, Lucy atrajo una silla desocupada de otra mesa y la colocó justo al lado suyo, entre ella y yo.

Juvia tímidamente comenzó a charlar con las chicas y a reírse de las estupideces de Natsu y Gajeel. Yo comencé a comer lo que me había preparado Mirajane con un ansia increíble, mi última comida había sido… ayer. Un pequeño gruñido salió de mi garganta, había olvidado durante un buen rato el asunto de mi familia rota. Me pregunté cómo estaría mi madre, necesitaba visitarla, no podía dejarla sola ahora que papá… bueno, no vale la pena mencionarlo. Negué con mi cabeza y traté de que ese recuerdo no arruinara mi apetito en vano.

—¿Gray-sama no se encuentra bien? —al girarme, me sorprendí de ver su mirada lapislázuli tan fijamente en mí. ¿haciá cuánto me observaba?

—¿Por qué lo dices? —tomé un poco de agua, mi garganta había comenzado a sentirse seca.

—B-bueno, lo presiento ¿intuición femenina tal vez? —ella se miró nerviosamente los dedos.

—No creo en esas cosas del sexto sentido.

—Entonces podría decir que es porque de repente ha dejado de comer. ¿Es que no le ha gustado? ¡Juvia puede hacerle otras cosas!

—No, no es eso. Mirajane siempre hace cosas deliciosas

—¡Juvia también! —el tono en el que lo dijo, me hizo pensar en que de repente, ella estaba compitiendo con Mirajane—. La mamá de Juvia le ha enseñado bien, Juvia puede cocinar muchas cosas al estilo oriental.

—¿En serio? ¡Genial! Yo quisiera que Juvia cocinara para mí —Natsu exclamó de repente. Aparentemente, había logrado vencer a Gajeel en su juego de fuerza y ahora había reanudado su actividad de comer.

—Natsu, comer tanto es malo —Lucy le riñó mientras le daba un golpe en el hombro.

—¡Claro que no! la comida se inventó para ser comida ¿no? ¿Qué tiene de malo si quiero comer tanto? Lucy es mala, siempre me quita mi comida y me regaña —Natsu hizo un puchero y se cruzó de brazos.

—¿Insinúas que soy regañona?

—Lu, tranquila, no pelees con Natsu —Levy intervino antes de que algún desastre ocurriera.

—¡Estoy tranquila! —la rubia exclamó, y seguido, Juvia comenzó a reír. Su risa fue tan contagiosa que incluso comenzó a arrastrarme a mí en la espiral del desastre que éramos todos.