¡Hola de nuevo! x3 aquí está el 3er cap. Espero lo disfruten~

Disclaimer: Los personajes aquí usados, no son de mi autoría, sino de Hiro Mashima.


—¡Por fin acabó! Rayos, la clase de Literatura es sumamente aburrida, es decir, qué flojera tener que decir tantas cosas para algo tan sencillo como comer —Natsu estaba estirándose en su asiento y bostezando, su cara reflejaba una somnolencia extrema, así como cuando recién te levantas. De repente, un libro fue a parar a su cabeza con tanta fuerza, que la frente de Natsu fue a chocar en su mesa—. ¡Dolió!

—¡Insensibles como tú nunca entenderán la fuerza de las palabras! Eran tan románticos los hombres de aquellas épocas, no sé qué les hizo retroceder en la evolución—Lucy aún tenía su brazo extendido, evidenciando así su intento de homicidio culposo.

—Vamos, Lu, ni te molestes —Levy, de nuevo, trataba de calmar a su amiga.

—¡Hey, chicos hay que apurarnos! El viejo Makarov no perdonará que lleguemos tarde, más con el partido que se avecina el viernes —Loke, desde la puerta del aula, nos apresuraba a Natsu, Gajeel (que se había quedado dormido) y a mí.

—¿Gray-sama jugará en un partido? —Juvia animosamente preguntó.

—¡Sí! No hay mejor equipo de basketball que el nuestro —Natsu presumió, aun sobándose la parte lastimada de su cabeza.

—¡Genial! ¿Y cómo se llama el equipo?

—Fairy Tail.

—¿Fairy… Tail?

—¿No te has preguntado si las hadas tienen una cola? —intervine—. Realmente nadie las ha visto, así que no se sabe cómo lucen, son un misterio y por ende, una aventura eterna. Es por eso que decidimos el nombre de Fairy Tail.

Juvia se vio fascinada por el contexto de la historia, incluso pude ver en sus ojos un brillo singular que jamás en la vida había visto.

—¡Deberías de venir, Juvia! Será divertido. Además, planeo dar una pequeña fiesta para festejar la victoria —Erza se incluyó en la conversación, apareciendo justo entre Lucy y Levy.

—¿No es un poco apresurado? —susurró Lucy, insegura.

—¡Una fiesta no deja de ser una fiesta! ¿Por qué no divertirnos un rato? Además, tenemos que darle una bienvenida a Juvia —Natsu sonrió, contagiando su espíritu animoso.

—¡Juvia asisitirá! —ella comenzó a dar pequeños saltitos de emoción.

—Bueno, señoritas, esperamos verlas dando ánimos en el partido del viernes —Loke se acercó al grupo, guiñando su ojo coquetamente cómo sólo él sabía hacerlo.

—Como si alguien fuera a perderse semejante movida —terció Gajeel, saliendo de su no tan profundo sueño, y se colocó a un lado de mí—. Hasta el padre de Gray va a estar. Sólo por eso hay que ir. Ocurre muy pocas veces, en plan, no sé, como un eclipse lunar o algo por el estilo…

Ah, perfecto, gracias por recordarlo, maldita sea.

Chasqué con mi lengua, tomé mi mochila y me fui del lugar sin decir una sola palabra. No podría mantener mi compostura por más tiempo. Cuánto más pronto descargara mi rabia contra un balón, mucho mejor para la humanidad entera.

—¿Cuál será su problema? —le escuché susurrar a Gajeel.

Nada, nada… absolutamente nada.

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Estaba totalmente exhausto.

El entrenador Makarov nos había exigido mucho esta vez, no paraba de gritarnos cosas para que cada vez corriéramos mucho más rápido, lanzáramos paces más precisos y bloqueáramos el paso del contrincante de un modo mucho más eficiente. Para más, al final de la práctica, Natsu me había provocado y habíamos terminado compitiendo en un uno a uno durante al menos una hora extra, así que cuando terminamos, ya no quedaba ni una sola alma.

Me senté en una de las gradas y eché mi cabeza hacia atrás, sentía que mis pulmones aspiraban lava ardiente y que mi corazón en un momento a otro saldría disparado de mi pecho. Natsu estaba desparramado en la cancha, respirando rápidamente y bañado en sudor.

—Te. Gané —él con cada respiración, soltaba una palabra.

—¿Estás mal? Es obvio que yo gané —ataqué.

—Ese tiro no cuenta, estabas fuera.

—Claro que cuenta, no hay fueras.

—Tramposo.

—Lo que sea —me llevé a los labios mi botella con agua y le di un profundo trago—. Bueno, te dejo, suerte recogiendo los balones.

Justo cuando me iba a levantar, Natsu se incorporó del suelo en un instante.

—¡Espera! ¿Ahora me contarás qué demonios te sucede? Te quería preguntar desde la mañana, pero Loke me dijo que sería mejor esperar a que tú quisieras contarme ¡pero ya no puedo! ¿Qué ha pasado entre tu padre y tú?

—Nada. Típica pelea padre-hijo que suelen tener los adolescentes —comencé a caminar, no quería hablar del tema. Natsu chasqueó su lengua y maldijo por lo bajo.

—¿Te espero en la noche entonces?

—Sí. Perdón por causarte molestias y gracias por entender.

Salí del gimnasio, dejando a un enfadado Natsu recogiendo el desastre que habíamos creado. El frío invernal que azotaba en los alrededores, se sintió como gloria al estamparse en mi cara y lo que quedaba de piel descubierta. Demonios, podría andar desnudo si pudiera.

Cuando llegué a los vestidores para cambiarme de ropa, noté que algo vibraba en mi locker; mi teléfono estaba sonando. Abrí el casillero con prisa y tomé el celular: el nombre de Ul apareció en el identificador.

—¿Ul? ¿Qué sucede?

—¿Dónde estabas? ¡Llevo marcándote desde hace una hora! —lo gritó tan fuerte, que tuve que alejar la bocina de mi oído para evitar quedar sordo.

—No hagas tanto escándalo, ya contesté ¿no? estaba jugando con Natsu y se me ha ido el volando —respondí apoyándome en el locker de a lado.

—El problema aquí es, que tuve que salir temprano del instituto por un par de problemas con unos trámites que tenía pendientes y no me pude llevar a Juvia, de hecho, creo que llegaré tarde a casa.

—¿Y luego?

—Quiero que me hagas el favor de llevar a Juvia, no quiero que ande sola.

—Puede que para estas horas ella ya haya tomado el autobús ¿no crees? Tengo cosas que hacer, pensaba ver a mamá justo ahora.

—¡Por todo lo santo, Gray! Ella es nueva aquí, no conoce las rutas ni nada. Además ya es de noche, es peligroso para una mujer andar sola.

Suspiré y llevé una de mis manos a la frente.

—Si no tengo de otra…

—Gracias, Gray, en serio que no te lo pediría si no fueses la única opción que tengo. Ultear se ha ido a una conferencia por parte de su universidad, así que tú eras mi bote salvavidas.

—Ya, corta el rollo. Nos veremos mañana.

Colgué la llamada, aventé el teléfono a mi maleta y comencé a cambiarme lo más rápido que pude.

De tan nublado que estaba, todo alrededor era oscuro, como si fueran las 10:00 de la noche en vez de las 6:00 de la tarde. El instituto parecía más un viejo cementerio que un lugar lleno de pubertos, lo que me daba ciertos escalofríos y unas ganas de salir corriendo lo más pronto posible del lugar. Pero claro, no podía porque tenía que llevar a Juvia… maldita sea.

Pasados unos minutos, logré localizar a Juvia en la puerta donde nos conocimos esta mañana. Estaba recargada en una pared, vistiendo las toneladas de ropa encima, observando con un aspecto triste un pedazo de papel. Tan ensimismada parecía, que ni siquiera pareció sentir mi presencia cuando me puse a su lado, lo que me dio un margen de tiempo para observar lo que ella. Era una fotografía, había tres personas en ella, pero no pude observarla con claridad ya que Juvia se sobresaltó al notarme a su lado e instintivamente se llevó al pecho lo que sostenía en sus manos.

—¡Gray-sama, le ha dado a Juvia un espanto de muerte! —soltó un suspiro de alivio e inmediatamente guardó la fotografía en su mochila.

—Es tu culpa por no estar atenta ¿qué tal si algún pervertido te sorprende así? No deberías estar sola —respondí un tanto brusco.

—Bueno, yo… no sabía que tendría que esperar mucho… —ella dejó la frase al aire y observó hacia otro lado. Instantes después le puse un casco que venía sosteniendo desde hacía rato—. ¿Para qué es esto?

—Para que no te pase nada. Ul debe haberte informado ¿no? te llevaré a casa… l-lamento haberme tardado tanto —agregué, sumamente incómodo… Tch ¿por qué tenía que ponerme así?

—¿Gray-sama utiliza una motocicleta? —preguntó, su voz parecía estar adornada con un tono de miedo.

—Sí ¿por qué?

—A Juvia no le gustan las motocicletas…

Esto debía ser una broma ¿cierto? Parpadee incrédulo ante su respuesta.

—… ¿Te… asustan?

—El tan sólo imaginar que vamos a una muy alta velocidad, sin alguna puerta a los lados, atemoriza a Juvia —se abrazó a sí misma, tratando de evitar temblar.

—No te pasará nada, para eso te estoy dando el casco. Además, yo conduciré, no hay nada que temer, Juvia.

—Juvia no se subirá a ninguna motocicleta —su determinación fue tal, que se quitó el casco y me lo entregó casi estrellándolo contra mi pecho. Tenía que estar bromeando ¿cierto? Suspiré cansado.

—Muy bien, entonces no hay nada qué hacer ¿o sí? Tienes razón, es muy peligroso andar en esa clase de artefactos con un sujeto que apenas y conoces. Si prefieres, podrías esperar el siguiente autobús aquí, en el frío, totalmente sola sufriendo el riesgo a ser atacada por algún pervertido que ronda por aquí. Pero bueno, nos veremos mañana —me di media vuelta y comencé a caminar.

—¡No se atrevería a dejar sola a Juvia!—vociferó, su voz estaba temblando. Oh vaya, esta chica era todo un caso, no podía evitar soltar risillas discretas.

—Mírame —le reté sin dejar de caminar. Pronto, sentí como me agarraban de la cazadora.

—E-está bien, Juvia se subirá a la moto —al girarme, pude ver que su cara estaba roja, sus ojos estaban cristalizados por lágrimas que se rehusaba a sacar y su labio inferior temblaba un poco. Le entregué el casco en las manos, y la encaminé a la dirección donde estaba mi motocicleta.

El abrazo de Juvia alrededor de mi abdomen era fuerte, podía sentir su calor corporal incluso a través de mi chaqueta. Íbamos a unos 30 km/h para que Juvia fuera perdiéndole el miedo, puesto que si aceleraba de repente, probablemente moriría asfixiado por su agarre. Subí a 40, luego a 45… poco a poco podía percibirla relajarse a medida que se acostumbraba al transporte.

—A que no está tan mal —le grité por encima del sonido del viento, además, mi casco era de esos que sólo mantenía descubiertos la zona de los ojos, por lo que mi voz sonó algo ahogada.

—No… se siente bien —la fuerza con la que me sostenía, disminuyó notablemente… lo cual mi cuerpo resintió. Por algún extraño motivo, quería sentir de nuevo a Juvia pegada totalmente a mi espalda. Sin advertencia alguna o consentimiento de mi parte, mi mano izquierda giró más el acelerador, provocando de nuevo que ella se abrazara a mí. Bajé la visera y simplemente continué.

La avenida estaba prácticamente vacía, no había demasiados autos y los semáforos no nos marcaron ningún alto, por lo que llegar a la casa de Ul no me llevó demasiado tiempo, aproximadamente unos 10 minutos. Aparqué en la entrada y esperé a que Juvia bajara de la motocicleta.

—Gracias por traerme, Gray-sama. Ha sido divertido —comentó mientras me entregaba el casco que había usado.

—No hay de qué —respondí. Y justo antes de que Juvia pudiera decir algo más, mi teléfono volvió a sonar—. Seguramente es Ul llamando para checar si has llegado a casa —murmuré mientras verificaba el identificador… pero desee no haberlo hecho.

—¿No contestará? —Juvia preguntó inocente.

—Es un número que no conozco, así que no responderé —terminé la llamada y lo metí al bolsillo de la chaqueta—. Nos vemos mañana, Juvia.

—Descanse, Gray-sama.

Ella se dio media vuelta y corrió rápidamente a la puerta, me dedicó un último adiós y entró a la casa. Seguido, me marché del lugar con dirección al hospital, ignorando el zumbido molesto de mi teléfono…

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Cuando llegué a la casa de Natsu, la mayoría de las luces estaban apagadas. Ya era tarde, incluso Natsu se encontraba roncando en su habitación con un brazo colgando de su cama y su gato, Happy, a un lado suyo haciéndole compañía. Sus padres habían dejado una nota en el comedor, diciendo que tendrían que irse un par de días junto con los padres de Lucy por algo de negocios, pero que había comida por recalentar y que habían preparado la habitación de huéspedes para mí. Por un lado era genial que me dejasen quedar en su casa, pero no podía sentirme mal por el otro lado al pensar que probablemente me estaría convirtiendo una carga… es decir, Natsu y yo nos conocíamos desde la primaria, pero… no me daba derecho alguno de abusar así. Encontraría un trabajo y buscaría algún departamento apenas tuviera la posibilidad.

Me dirigí a la habitación y me desplomé en el colchón, totalmente agotado. Mamá se encontraba "bien", seguía todavía un poco delicada pero al menos se encontraba fuera de peligro por ahora, lo que me aliviaba bastante… sin embargo…

Saqué el teléfono de la chaqueta y desbloquee la pantalla. Tenía 7 llamadas perdidas de mi padre, la más reciente había sido hacía 5 minutos ¿qué quería de mí para llamarme con tanta insistencia? Joder, era una piedra en el zapato. Puse el teléfono en la mesa de noche y comencé a quitarme el uniforme, justo cuando estaba por quedarme dormido, volvió a sonar… era él. Molesto lo tomé y bruscamente respondí.

—No es para que me hables en ese tono, Gray, soy tu padre después de todo —su voz serena me encendía la rabia.

—Entonces actúa como tal —tensé mi mandíbula al grado de que doliera, pero sabía que si aflojaba… algo saldría mal.

—Ya podremos hablar de esto cara a cara más adelante, no tiene sentido que trate de disculparme contigo por teléfono. Te hablaba para decirte que tuvieras cuidado, puede que en la mañana te topes con una sorpresa no muy agradable…

—¿Qué quieres decir con eso? No estoy del humor para tus chismes a medio contar.

—Lyon Bastia se ha transferido al instituto. Nos veremos el viernes en tu partido de basket, lo espero con ansias —el sonido de la línea cortada sonó antes de que pudiera replicar… él… Lyon… después de tres años él…

Me recosté en la cama, aun si digerir la noticia que me había dado mi padre.

Esa noche, la luna se apiadó tanto de mí, que me mandó pesadillas disfrazadas de sueños.


Chan, chan (?) ¿qué creen que habrá pasado entre Lyon y Gray? ¿su padre logrará hacer que su hijo confíe en él? ¿creen que pasará algo en el partido de los chicos? déjenme sus especulaciones en los reviews. ¡Nos vemos!