¡Hola, Hola! perdón, me tardé en actualizar, pero tuve un par de problemas con esto llamado la vida diaria (?) pero aquí está el 4to capítulo. Disfrútenlo ^^
El sonido de un solo de guitarra era lo único que ocupaba mi mente. Ningún ruido del exterior era lo suficientemente fuerte como para poder distraerme de los acordes. Bueno, no es como si hubiera algún ruido de todos modos, no había absolutamente nadie en el salón… que va, en el instituto; me colé por la misma puerta trasera de ayer dado a que la principal seguía cerrada. Imagínate que hora debía ser si todavía la escuela estaba cerrada y el cielo estaba oscuro.
No pude dormir demasiado, y estando en el dormitorio me sentía como un león encerrado, casi sin aire. El único lugar que se me ocurrió donde estaría más o menos en paz, era el instituto. Algo sin mucho sentido pero nada en este momento lo tenía, siendo sincero. Aunque increíblemente funcionó, ciertamente ayudó a tranquilizarme un poco… hasta que comenzaba a preocuparme por el tiempo.
No sabía qué hora era ni me interesaba saberlo, el tan sólo imaginar al segundero avanzar con un paso tortuoso para dar lugares a los minutos y horas, me provocaba una ansiedad terrible y sumamente insoportable.
Porque significaba que se acercaba la hora de enfrentar todos mis demonios de una.
Porque la cuerda alrededor de mi cuello se apretaba más y más con el paso de las horas.
Era en ese tipo de situaciones en los que me encantaría poder congelar absolutamente todo, convertir en una hermosa escultura fría algún recuerdo que me quemara el pecho y calmar los dolores de mi conciencia. Pero no podía… desgraciadamente no podía. El tiempo seguía avanzando, acercándome más a la hora que menos quería que pasara.
Cerré mis ojos y recosté mi cabeza en el frío pupitre… necesitaba relajarme lo más que podía y después… golpear al destino con todo lo que tenía. Era lo mínimo que podía hacer…
—¡Gray! Por un comino ¡despierta ya, Gray! —cuando desperté, lo primero que vi fue la cara borrosa de Natsu sacudirme violentamente por los hombros. Atrás de él había unos cuantos estudiantes más. ¿Ya habían iniciado las clases? ¿Cuánto tiempo dormí? A juzgar por lo entumecido de mi cuerpo, una media hora.
Pesadamente levanté mi cabeza y destensé mi cuello. Demonios, dormir así fue una mala idea.
—¿Qué quieres?
—Vino a la escuela —la cara de Natsu estaba abrumadoramente seria, su mirada estaba llena de preocupación y se notaba la tensión emanar de cada poro existente en su piel.
No necesité de otra palabra.
Me quité los audífonos y rápidamente salí del aula, dando grandes zancadas y tomando pequeños atajos para ir hacia la entrada. Quería verlo… pero también quería desaparecerlo de mi vista.
Los estudiantes comenzaban a ser más y más frecuentes a medida que me acercaba, susurros y chismes se colaban de persona a persona murmurando cosas como: "No puedo creer que haya venido" "¿De verdad es él?". Justamente comencé a divagar si esos susurros no era más que el eco de mis propios pensamientos.
Tras abrirme paso a través de las cientos de personas unidas alrededor de la entrada, pude verlo con claridad: Lyon Bastia estaba portando el uniforme del instituto junto con su mochila cargada al hombro. Su cabello platino peinado hacia atrás y su mirada igual de afilada que había sido desde la última vez que le vi. No había cambiado nada… no al menos físicamente.
Nuestras miradas se encontraron y repentinamente una sonrisa macabra apareció en su rostro. Fue ahí cuando realicé que había pasado a ser parte del centro del círculo inmenso de estudiantes.
—Gray Fullbuster… mi querido amigo, tanto tiempo ¿no?
—Tres años… Australia pareció tratarte bien.
—Algo así, pero nada como el hogar ¿cierto, Gray? Te ves estupendo.
No podría soportar su tono de ironía mucho más.
—¿A qué viniste, Lyon?
—¡Qué carácter! —se burló mientras hacía un gesto exagerado de estar dolido—. Nunca conseguirás novia con esa actitud.
—Deja de jugar conmigo, que no te va.
—A ti tampoco te queda el papel de héroe, Gray. Ya vimos qué es lo que pasa cuando tratas de "hacer lo correcto" —hizo la señal de comillas con las últimas tres palabras y nos quedamos en silencio. Nadie hablaba, ni siquiera quienes estaban de espectadoras se atrevían a soltar un solo suspiro por temor de desatar el apocalipsis… yo estaba aterrado.
Aunque me moría por darle un par de golpes a la cara y quitarle lo egocéntrico.
Un par de pasos hicieron eco por todos lados, pero nadie se atrevía a darse la vuelta, lo que estaba frente a sus ojos era mucho más impactante. Yo francamente esperaba que fuera algún profesor curioso, ansioso de regañar a cada persona que se atreviera seguir fijo en su lugar y regresar todo a la normalidad… pero en su lugar fue…
—¡Gray-sama!
—Juvia…
Ella había ido a parar exactamente entre Lyon y yo, aparentemente estaba tan absorta leyendo su horario de clases que ni siquiera se dio cuenta de la atmósfera a su alrededor. Me miraba y luego dirigía su vista hacia Lyon, tratando de comprender qué era lo que sucedía… pero por su cara de confusión, estaba obvio que por más que nos viera, menos comprendía.
—¿No me vas a presentar, Gray? —Lyon se acerca, mirando fijamente a Juvia. No me gustó a donde estaba yendo el asunto.
—Y-yo… —Juvia me miró temerosa, como si me estuviera pidiendo permiso para dirigirle la palabra.
Estaba obvio que no.
Rápidamente tomé a Juvia de la muñeca y comencé a arrastrarla, literalmente, conmigo, exactamente como el día anterior… estaba comenzando a pensar que algo me pasaba con Juvia en las entradas de los edificios… De todos modos, no quería seguir allí siendo el espectáculo de medio instituto. La verdadera pelea iniciaría al primer periodo de clases.
—Lo mejor es que te mantengas alejada de él ¿escuchaste? —le dije, aun sin voltear a verla.
—¿Por qué? —Juvia dio un pequeño traspié, y al sentir que me podría arrastrar con ella si seguía a este paso, me di media vuelta para tratar de parar su caída. Jalé su muñeca y la mano que me quedaba libre la coloqué en su espalda.
Bien, no había sido una buena idea, ahora estaba más cerca… mucho más cerca de lo que normalmente una persona estaría.
Sentí mi corazón latir más rápido y el calor subir a mis mejillas. El rostro de Juvia poco a poco empezó a tornarse del color de un tomate y sus ojos se mantenían fijos en los míos como si pudieran ver cada verdad detrás de cada mentira… como si pudiera leer cada pensamiento que no tocaba mi lengua… como si fuera algo natural.
—Gray… sama —su voz era apenas y un susurro. Aunque fue suficiente para sacarme del estupor.
Sacudí mi cabeza y me alejé de Juvia, dándole la espalda.
—Sólo prométeme que no te liarás con él. Cree en lo que te digo, estás mejor así —le miré por sobre el hombro y continué con las manos enfundadas en los bolsillos del pantalón.
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Las clases transcurrieron bien dentro de lo que cabía… ignorando la cierta capa delgada de tensión que se podía respirar entre Lyon y yo, podría pasar como un día absolutamente normal. Pero yo tenía tantas preguntas en la mente que poco pude percibir del exterior. ¿Por qué había decidido regresar? O mejor dicho ¿cómo es que mi padre supo que él regresaba? Ul lo debería de saber ya, por supuesto que sí. Necesitaba hablar con ella lo antes posible, apenas tocara la campana para marcar el fin del primer bloque, iría a buscarla.
Sentí un golpe en la mano derecha, causándome un respingo. Al observar la causa, me di cuenta que un pedazo de papel había botado en mi dorso. Lo tomé y lo desdoblé; Loke me estaba pidiendo checar mi celular. Levanté mi mirada y la fije en su dirección, él estaba fingiendo tomar mucha atención a la clase de biología mientras que escribía cosas en su libreta. Arquee una ceja y saqué el teléfono de la chaqueta colgada en el respaldo de mi silla, desbloquee la pantalla y noté que tenía un mensaje suyo preguntándome si iría a la fiesta que Erza daría el viernes después del partido.
Francamente, se me había borrado de la mente.
Comencé a responderle que lo más probable era que no. Pensar en el viernes se me hacía tan eterno, que con tan sólo imaginar los días que había que cruzar para llegar al fin de semana, me daba un sueño de miedo.
"Eres un aburrido ¿Qué otra cosa tienes planeado hacer?". —respondió después.
"No lo sé ¿dormir? Los veo todos los días ¿no les basta con eso?".
"Ni porque es en honor de tu novia te atreves a ir… qué va a pensar de su Gray-sama".
—¡No es así!
—¿No? entonces, señor Fullbuster ¿le importaría decirme el proceso de la meiosis?
Ah, mierda… cada día me parezco más al idiota de Natsu.
Loke y Natsu estaban haciendo acopio de todas sus fuerzas para evitar soltar sus risas estruendosas mientras que el resto estaba mirándome como si de repente me hubiera crecido una segunda cabeza. Rasqué mi nuca, incómodo, y poco a poco comencé a sentarme en mi asiento, desviando la mirada hacia un punto inexistente en la mesa.
—Dado al chiste del señor Fullbuster, harán un ensayo sobre los procesos de la meiosis y la mitosis para la siguiente clase a primera hora en la mañana —el profesor dijo, observándome con una mirada filosa.
Una oleada de abucheos y súplicas inundaron el aula, rogando porque cambiara de parecer.
—¡Gray, tú, maldito nudista! —por sobre el barullo, la voz potente de Natsu se hizo escuchar claramente como si no hubiera ningún sonido en absoluto.
—¿Qué? ¿Un ensayo es demasiado pedir para tus pobres neuronas de lava? —rematé.
—¡Dragneel! ¡Fullbuster! Una palabra más y me acompañarán con la directora Vermillion ¿claros?
Tanto Natsu como yo, asentimos con la cabeza y nos resignamos, a regañadientes, a quedarnos quietos en nuestros lugares por el resto de la clase. Giré mi rostro hacia la derecha sólo para toparme a unos metros de distancia, la mirada burlona de Lyon. Chasquee con la lengua y me acomodé en el asiento esperando a que la lección acabara.
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—Así que lo sabías… ¿por qué no me dijiste nada? —crucé mis brazos sobre el pecho y me recargué en una de las paredes.
—Pensé que tú ya lo sabías —Ul movió una delicada cuchara de plata en su taza de té humeante—. Además, yo también debería estar enojada contigo, dado a que no me habías contado lo que sucedió entre tu padre y tú hasta ahora —ella caminó hasta una pequeña mesa que había a un par de metros y tomó asiento en uno de los lugares, sorbiendo un poco de su bebida.
—No tenía cabeza para contárselo a alguien ¿sabes? Pensé que era un tema que no valía la pena recordar, no me regañes como si fuera un niño pequeño. Además, estamos hablando de Lyon, no de mi padre.
Ul lanzó un suspiro.
—Cuando me enteré que se iría a Australia por un par de años, le di mi e-mail en todo caso de que necesitara una amiga para charlar. También lo conocí pequeño, no me puedes culpar por haber desarrollado un cariño un tanto maternal por él —hizo una pequeña pausa y escudriñó mi rostro—. Durante estos tres años, no recibí noticia de él hasta hace dos semanas notificándome que regresaría, pero que no sabía cuándo.
—¿Tú fuiste quién le notificó a papá de su regreso?
—Fue un día que me encontré con él y le mencioné lo que te acabo de decir, así que por eso supuse por default que dado a que viven (o bueno, vivían) bajo el mismo techo, eventualmente tu padre te notificaría antes que yo.
—No entiendo cuál es el punto de venir a estudiar al mismo instituto que yo sabiendo lo que pasó, de seguro lo hace para provocarme.
—Eso no lo sabes, Gray, deja de crear teorías conspirativas ¿quieres? Por ahora, lo único que puedes hacer es enfrentar poco a poco el problema que tienes con Lyon.
—¿Quieres que me enfrente con Lyon? ¡él no me dejó explicarle nada aquella vez! Todo… el accidente… —chasquee la lengua—. De todos modos, si no me quiso escuchar en el pasado ¿qué te hace pensar que me querrá escuchar en el presente?
Ul se encogió de hombros y volvió a tomar otro sorbo de té.
—Sólo no te metas en problemas, Gray, ya bastante tienes —pasé mis manos sobre mi cabello y solté un suspiro de frustración. Trataría de hacer lo que Ul me recomendaba, no me metería en problemas… aunque no había una garantía del 100% de todos modos—. Más importante, Gray ¿cómo le ha estado yendo a Juvia en tu clase?
—Supongo que bien, ha encajado perfecto con el grupo ¿ella no te cuenta nada? —arquee una ceja, si viven juntas, debería ser natural que se cuenten la una a la otra el día que tienen ¿no?
—Oh sí, lo hace… me cuenta todo lo que "Gray-sama" hace.
¡¿Qué hace qué?!
Empecé a toser, la saliva se me había ido por otro lado. Entre cada tosido que soltaba, escuchaba la risa resonante de Ul con toda claridad. No podía estar hablando en serio ¿o sí?
—Le agradas mucho, eso pasa. También me cuenta un poco sobre otras cosas, pero mayormente se trata de ti.
—¿Por qué…? —carraspee para tratar de aliviar mi garganta irritada—. Cuando llegó tarde ayer ¿por qué no la ayudaste? pudo haber pasado sin problemas dado a que eres su tía.
—¡Eso iba a hacer! Pero sólo me distraje un minuto y Juvia ya no estaba. Estaba muy emocionada por llegar, creo. Te debo una por ayudarla.
—No tienes remedio, Ul —puse los ojos en blanco—. Ya me debes dos.
Ul no respondió, sólo me mandó una sonrisa cálida mientras volvió a tomar un poco de té. Ahora que acababa de hablar con ella, ciertamente me sentía mejor a diferencia de cómo estaba en la mañana, había sido liberador en muchos sentidos… ahora sólo me quedaba enfrentar la vida real y seguir con ello.
—Bueno, me voy, todavía queda un poco del descanso antes de iniciar la siguiente clase —me separé de la pared en la que me encontraba y caminé hacia la salida—. Nos vemos, Ul —hice un pequeño ademán con la mano y seguí mi camino sin ningún rumbo en específico. No me apetecía ir a la cafetería, así que creí que lo más conveniente sería dar un par de vueltas por los edificios.
Durante mi caminata me topé con uno o dos chicos que me miraban sólo para inclinarse a susurrar con su compañero de a lado o para negar la cabeza. Hacía mucho que me había olvidado de la reputación que me cargaba por la escuela ¿recuerdan que les dije que la imagen del chico malo no me quedaba? Bueno, en un pasado algo distante, sí que lo hizo, y en parte, Lyon tuvo mucho que ver en ello.
En ese entonces, lo que acababa de presenciar era algo demasiado cotidiano en mi vida escolar. Me agradaba en cierto modo ser criticado porque eso significaba que tenía demasiada presencia como para ser ignorada… pero a medida que crecí y me di cuenta que estaba siendo un estúpido, así como empecé a pasar desapercibido por toda la masa estudiantil, el hecho de que ahora mi reputación volviera me hacía sentir terriblemente furioso e incómodo.
—Lyon-sama no…
—Vamos, Juvia, no me niegues esta oportunidad.
¿Juvia? ¿Lyon? Esa idiota, le dije que se alejara…
Las voces no se escuchaban demasiado lejos, apostaba a que estarían en el pasillo que se interceptaba con el que me encontraba ahora. Aceleré mi paso y pronto me encontré a un par de metros de ellos.
Sentí la rabia carcomerme por dentro.
Juvia estaba acorralada entre una pared llena de casilleros y el mismísimo Lyon, quien tenía reposada una mano a la misma altura que el rostro de ella.
— No me digas que tienes planes en la noche del viernes —él comentó mientras que con su otra mano libre enredaba uno de sus dedos en uno de los rizos celestes de Juvia.
—De hecho, tiene planes conmigo.
Tomé a Juvia de su brazo y nuevamente tiré de ella hacia mí. Coloqué uno de mis brazos alrededor de sus hombros y la apreté lo más que pude hacia mi cuerpo. La mirada desconcertada de Lyon pasaba de entre ella y yo para finalmente posarse en mí y sonreírme burlón.
—Así que es tu noviecita… no deberías dejarla sola, Gray, no es muy de caballeros ¿cierto? Al fin y al cabo tú sabes de esas cosas —colocó una mano en mi hombro, me dio una palmada y pasó de largo a mi lado, lo que me hizo comenzar a pensar… ¿dijo "noviecita"?
Espera… ¿Qué acababa de hacer? ¿Qué fue lo que dije? Voltee a ver a Juvia. Estaba totalmente roja, removiéndose incómoda en mi abrazo… oh dios ¿la estaba abrazando? Rápidamente la solté y en un intento de pedir una disculpa, balbuceos inentendibles salieron de mi boca. Mi rostro estaba de igual tono que el suyo, así que giré mi cabeza hacia otra parte para que evitara ver mi estado… ¿era sólo yo o la temperatura había aumentado?
—G-Gray-sama ¿e-es verdad que… t-tenemos planes p-para el viernes? —ella me había dado la espalda, pero desde el ángulo en el que estaba podía ver como se toqueteaba las manos ansiosamente. ¿le dije que teníamos algo qué hacer? Esto era malo, muy malo… la única salida que tenía, era la fiesta de Erza.
—¿T-te has olvidado de la fiesta? E-Erza me pateará el trasero si no te llevo —rasqué la punta de la nariz con el dorso de la mano, aun sintiendo que me ahogaba.
—¿Gray-sama quiere que Juvia asista con él? —su voz se llenaba más y más del matiz de la emoción más que del nerviosismo.
—A-Algo así. Pasaré a buscarte a casa de Ul…
—¡Juvia estará encantada! —exclamó, dándose la vuelta con un curioso saltito.
El rostro deslumbrante de ella me sacó tanto de mí, que por un momento me olvidé de lo que estaba haciendo ¿cómo es que podía cambiar de humor tan rápido? No lo entendía, era igual que Lucy cada vez que estaba con Natsu, al momento estaba furiosa con él y al otro estaba riéndose de cada estupidez que el otro hacía… las chicas eran aterradoras.
El sonido de la campana rompió con la atmósfera y a los pocos minutos el pasillo comenzó a repoblarse con cientos de alumnos que iban a sus casilleros para buscar los libros de la clase que les tocaba. Juvia me dedicó una sonrisa enorme y poco después desapareció entre la multitud. Ah, joder, ahora no sólo tenía que soportar a mi padre ese día, sino que tendría que ir a la fiesta de Erza después con Juvia… sería un fin de semana realmente horrible.
