¡Hola! he aquí el 5to capítulo del fic. Lamento muchísimo la tardanza, pero Dama Inspiración decidió darme días libres (?)
En fin, disfruten el capítulo ^^


—¡Mocosos! Hoy es el día más importante de todos —el entrenador exclamó frente a nosotros—. Nos enfrentaremos a Sabertooth, un oponente realmente fuerte. ¡Así que más vale que le muestren la verdadera fuerza de Fairy Tail!

Después de un grito de emoción, nos lanzamos hacia la cancha. Natsu era el armador, yo la escolta, Loke ocupaba la posición del alero, Gajeel el ala-pívot y finalmente estaba Elfman Strauss, el hermano menor de Mirajane, como pívot. Debía admitirlo, éramos un buen equipo… aunque lo que jamás entenderé es por qué el cabeza de flama es el líder, ese idiota nos ha arrastrado a estrategias tan estúpidas como arriesgadas. Ganamos muchas de esas veces, pero aun así era… vaya.

Sabertooth ocupó su lugar frente a nosotros: Sting Eaucliffe, Rogue Cheney, Rufus Lohr, Olga Nanagia y otro al que le decían Dobengal. El equipo era conocido desde antaño por ser uno de los más fuertes y casi (casi) invencibles, inumerables generaciones de chicos sumamente fuertes habían portado aquellos uniformes y vencido con una brutalidad increíble a cada uno de sus oponentes. Nosotros habíamos competido una vez con ellos.

Fue una derrota tremenda.

Pero nunca perdíamos contra un oponente dos veces.

Rufus había logrado ver a través de todos mis pases e interceptado cada uno de ellos casi sin sudar. Por más que me esforzaba, no podía pasarlo, sus ataques eran tan rápidos que un parpadeo era tiempo suficiente para encestar una canasta de tres puntos o si no lanzarse en una clavada… Esta vez era mi turno.

Cuando el silbato dio su pitido, y Elfman tomó el balón en el salto, yo estaba totalmente listo. Natsu se apoderó del balón, y con un trote tan rápido como errante, se aceró al territorio enemigo. Sting logró bloquearlo, pero me adelanté y tomé el pase robado para continuar botando, encontrar un punto libre y hacer una tirada de tres puntos… pero Rufus logró desviarlo, y en vez de caer directa y limpiamente a la canasta, sucedió un rebote. Elfman y Olga se lo disputaron, pero éste último se hizo con el rebote y mandó un pase hacia Dobengal, quien pasó tan sublime a través de nosotros, que cuando menos sentí, el marcador cambió a 2-0.

Joder.

Gajeel logró tomar la delantera aunque Rogue se la estaba poniendo sumamente difícil. Natsu gritaba y hacía señas con sus brazos de que estaba libre, pero aun así, Gajeel se quedó con el balón, tratando de pasar a Cheney y éste a su vez moviéndose a la par de él. Sting llegó instantes después para tratar de hacer un robo, pero Natsu logró interponerse a tiempo y evitar que siguiera con su camino. Redfox chasqueó la lengua al notar que no podría seguir como lo tenía pensado, y lanzó un pase hacia Loke, quien se dirigía hacia mí dado a que estaba en una mejor posición de tiro.

—¡Gray-sama! —escuché a Juvia gritar con ánimos.

Por el rabillo del ojo la observé saludarme con una gran sonrisa en los labios. A su lado estaba Lucy sosteniendo una pancarta con el logo de Fairy Tail y al otro… Lyon. Estaba sumamente callado, quieto, clavando su mirada gélida en mí. Fingí no verlo, de concentrarme en el juego y en ganar. Loke zigzagueaba de un lado a otro, con el balón botando febrilmente a la par que se acercaba. Me moví de posición ligeramente al notar que lanzaba la pelota, la tomé y cuando me giré para tratar de hacer una de mis tiradas… la imagen de Lyon abrazando a Juvia penetró tan hondo en mi mente, que sentí como si fuera a desvanecerme, casi como si en vez de estar mirando al aro, estuviera presenciando un abismo profundo y oscuro que me observaba, escrutando cada centímetro de mí alma.

—¡Gray idiota! ¿Qué has hecho? —Natsu vociferó, sacudiéndome por los hombros. Rufus había logrado interceptar mi tiro tan fácil que hasta pareció como si hubiera sido ensayado—. ¡Muévete o te patearé el trasero si perdemos!

Me pasé ambas manos por el cabello, molesto y observé de nuevo en dirección a Juvia y Lyon. Ya no se estaban abrazando, pero Juvia claramente estaba sonrojada, podía notar ese curioso rubor en sus mejillas y el otro sólo tenía marcada una mueca socarrona que provocaban en mí unas ganas de darle un buen puñetazo hasta que sangrara de la nariz.

Inconscientemente empecé a toquetear la cicatriz que tenía arriba de mi ceja izquierda, desatando con ello una parte de mi memoria que no me apetecía recordar… no en ese instante. Pero no pude detener la oleada de sensaciones que me provocaron. Tal vez Ul tuviera razón y debería tratar con Lyon los cabos sueltos. Tal vez eso detendría las pesadillas y la racha de mala suerte que parecía arrastrar conmigo… tal vez, tal vez…

—¡Gray! ¡Si tal vez te movieras serías útil al equipo!

"Y si tú fueras menos idiota también" pensé en contestarle… pero por ahora sólo era mejor ganar el mentado juego y ganar.

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"Joder ¿por qué las mujeres tardan tanto?"

Dejé caer mi cabeza en el respaldo del sofá por enésima vez para mirar el techo. El sonido del reloj hacer "tic tac" me tenía totalmente harto y el calor insufrible… dios mío. Probablemente estábamos a una temperatura de 10 grados, pero yo sentía como si estuviésemos a 40. Ya me había quitado el saco que tenía e incluso tomado tres vasos de limonada (que era más hielo que limonada) y no se me quitaba el bochorno.

Lancé un pequeño y grave gruñido mientras me reincorporaba. La casa de Ul era bastante amplia y luminosa, bañada en colores claros que hacían contraste con los muebles oscuros. Había un olor a madera y a flor de jazmín flotando en el aire como una suave niebla. Era agradable, pero comenzaba en cierto modo a molestar mi sentido del olfato… Tch, ¿cuánto tiempo requiere una chica para sólo arreglarse? Ultear me había dicho que me esperara unos cuantos minutos dado a que Juvia estaba todavía arreglándose, pero eso había sido media hora atrás. ¡Media hora!

Me levanté del asiento antes de que terminara por convertirme en una plasta cuando de repente escuché varios pasos apresurados bajar de las escaleras y caminar por el pasillo. Juvia apareció con su cabello ondulado recogido en una coleta, dejando que un par mechones le hicieran compañía a su flequillo. Tenía un vestido rojo corto con algunos holanes en la parte baja que le sentaba como una segunda piel, acentuado sus… eh… demonios estaba haciendo calor de nuevo.

—Hey, Gray ¿a qué Juvia está radiante? —Ul la abrazó por los hombros mientras hacía un par de muecas a mi dirección.

Juvia se mordió el labio inferior mientras buscaba mis ojos, los cuales batallaban mucho para centrarse en su cara. El escote que ese vestido traía… me estaba dificultando las cosas, más de lo que deberían.

—Sí —contesté con voz ronca—, pero ¿podemos irnos ya? Llegaremos tarde.

—Vayan con cuidado, no regresen muy tarde ¿vale? —Ul le dio una chaqueta blanca a Juvia y ésta se la colocó en los hombros.

—No lo haremos —contesté mientras me iba en dirección a la puerta.

Juvia se puso a mi par instantes después. Busqué en el bolsillo izquierdo del pantalón hasta que sentí algo metálico entre mis dedos. Saqué las llaves y un singular "pip" resonó por las calles seguido por un leve parpadeo de luces.

—¿Gray-sama no trajo su motocicleta hoy? —Juvia preguntó, observando con asombro el coche color negro que había aparcado en frente de la casa.

—Sí, pensé que sería mejor por esta noche dado a tu temor de la otra vez—me encogí de hombros mientras le abría la puerta—. ¿Te molesta?

—No, está perfecto. Gracias —entró en el coche y sólo mientras pasaba, pude darme cuenta que su perfume era una mezcla perfecta entre lo dulce y lo fresco, nada demasiado embriagante pero sumamente exquisito.

Sacudí mi cabeza, cerré la puerta y rodee la parte de enfrente para llegar al asiento del conductor. Inicié la marcha y comencé a conducir tranquilamente por las calles nocturnas de la ciudad. El trayecto había sido silencioso, para mi sorpresa, Juvia iba muy concentrada en el paisaje y yo me permití esos momentos para aclarar mi cabeza la imagen del escote de Juvia. Ella estaba muy guapa ciertamente, pero… nada más. Odio los arranques de testosterona.

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—¡Feliz victoria, chicos! —Lucy vociferó entre todo el ruido de la música estruendosa.

—Hicieron un buen trabajo en equipo —Erza completó —, aunque las veía difícil a mitades de juego, estuvo reñido.

—Pero al final les pateamos el trasero —Natsu golpeó su puño contra la palma y luego me miró fríamente—. Aunque no gracias a Gray. ¡Estabas totalmente solo al hacer el tiro y fallaste!

—¡Tch, no me regañes, pedazo de idiota! que tus pases eran tan patéticos que parecían de niña —le encaré.

—¿Pases de niña? —en un parpadeo, Erza se colocó a mi lado, observándome tan tétricamente que sentí todo mi interior estrujarse de miedo — ¿Quieres comprobar que "los pases de niña" también son fuertes, Gray?

—Erza es Erza, no cuenta, es como… si fuera un hombre —Loke lo dijo tan calmado y sereno que casi no me creía que realmente hubiera acabado de decir lo que dijo. Al sentir la amenaza inminente de la furia de Erza, atrajo a Natsu y lo acercó más a Erza—. Eso es lo que Natsu dice.

—¿QUÉ? —gritó horrorizado mientras era jalado por su bufanda hacia el patio delantero.

Mientras lo seguía con la vista, noté la presencia de Lyon rondar cerca. Y vaya que no me había equivocado, estaba allí, en el jardín trasero con Juvia a su lado. Sentí una oleada de calor que incitaba a mis pies a ir corriendo donde ella y mis manos de repente se sintieron inquietas, incómodas de estar en esa posición. Ardían como si las hubiera puesto encima de las brasas. Las hice puño un instante y me encaminé hacia ellos, pasando por el mar de estudiantes reunidos.

Estaba totalmente decidido a alejar a Juvia de Lyon incluso si tenía que arrastrarle del brazo, pero… la vista de ella riendo me detuvo un instante. Lyon sonreía mientras que ella luchaba por contener las carcajadas. Nunca la había visto así, ni aquella vez que Natsu también la hizo reír con sus idioteces, era distinta, más jovial, más enérgica… más Juvia. Me detuve y sólo les observé a la espera de que… ¿de qué precisamente? Ahg, qué molesto. Todo estaría mejor si estuviera en mi habitación escuchando la música que quisiera y haciendo lo que yo quisiera en santa paz.

Lyon pareció captar mi mirada. Le dijo algo a Juvia antes de irse y ella sólo aceptó titubeante con la cabeza. Mi mirada se quedó fija en Juvia y ella instantes después la encontró. La sonrisa de antes fue sustituida por una menos esplendorosa, pero igual de cálida. Sentí la tensión en sus hombros y cómo poco a poco su cuerpo reaccionaba de igual manera. Casi como si se estuviera preparando para huir apenas la situación empeorara. En vez de llegar para imponer mi presencia, hice un gesto con la mano, fingiendo no haber visto absolutamente nada. No quería forzarla a que me dijera algo ni mucho menos repetir el escenario del primer día que Lyon arribó… pero la risa de Juvia me seguía apretujando el corazón sin benevolencia alguna.

—Gray-sama… —dijo respondiendo al gesto que le había hecho.

—Se supone que la fiesta es dentro —mencioné caminando hacia ella, acortando un poco la distancia para que mi voz se escuchara por sobre el barullo de los altavoces.

—Sólo necesitaba estar un rato fuera —se encogió de hombros y se recargó en el tronco de un viejo árbol que había en el centro del jardín—. ¿Gray-sama no quiere estar con sus amigos?

—No, no es eso. Te vi sola y quise hacerte compañía —dije a la par que me acomodaba a su lado. Noté su ansiedad de repente y se quedó en silencio por un pequeño lapso de tiempo. Comencé a pensar si estaba sopesando la idea de ser sincera conmigo y contradecirme, confesar que Lyon la estaba rondando.

Pero no.

—Felicidades, por cierto. ¡Gray-sama jugó espléndidamente! —exclamó, sorprendiéndome un poco por su repentino cambio de humor.

—Gracias —respondí—, pero el crédito se lo lleva el equipo y el cabeza de flama. No fui de mucha ayuda hoy

—Juvia estuvo animándolo. ¡Para mí, Gray-sama estuvo genial!

"¿En serio? Porque parecía que tu atención estaba en otro lado" quise decir. Pero al girar mi cabeza para observarla, y ver un cierto brillo encender su mirada lapislázuli, todas las ganas por decirlo se esfumaron como apagar la llama de una vela con un soplido. Agolpé las palabras en mi garganta y me las tragué pesadamente, acentuando el nudo que se me había formado en la garganta.

—Lyon-sama me comentó que jugaban juntos cuando… —se interrumpió de repente. No era una confesión en toda regla, pero era algo

—A pesar que te dije que no te liaras con él… —solté un bufido y pasé una mano por el cabello—. Eres igual de necia que Ul.

—Me he topado varias veces con Lyon-sama —dijo mientras jugueteaba con sus manos—, pero todo es por accidente.

—¿Accidente? ¿El abrazo durante el partido fue un accidente? —me sorprendí al notar mi tono agresivo, pero no podía sostenerlo más.

Juvia mostró una mirada de asombro ingenuo. Por un momento parecía que iba agregar algo más pero decidió quedarse callada.

—¿Por qué le molesta tanto que esté con Lyon-sama? —se atrevió a preguntar después de unos segundos, mirándome con atención—. Pareciera como si… estuviera… celoso —un pequeño atisbo de una sonrisa se formó en la comisura de sus labios.

—No son celos. Mientras Ul no esté, yo soy quién está a tu cuidado —me coloqué enfrente de ella y recargué mi palma en el tronco del árbol a la altura de su cabeza. La pequeña curvatura de su boca pronto desapareció—. Lyon no es un buen sujeto, lo conozco mejor que tú. Simplemente eso. Sé obediente y sólo corta lazos con él.

—¿Qué…problema hay entre ustedes? —murmuró con un hilo de voz, casi apenas audible incluso para mí.

—Nada que pueda interesarte.

—Si no tiene que ver conmigo... ¿no debería escoger quién debe ser mi amigo?

"Touché"

Ella tenía razón, nada tenía que ver ella conmigo. Pero simplemente no podía dejarla, había algo en ella que me impedía dejarla sola con Lyon. Era molesto, hartante y excesivamente fastidioso, como un mosquito que zumba por tu cabeza únicamente con el propósito de complicarte las cosas… Tal vez este sentido de "proteccionismo" era porque sabía lo que le había pasado a la última chica que había estado con Lyon, tal vez aun ejercía cierta presión en mi conciencia aunque no había sido precisamente mi culpa…

Tal vez estaba convirtiéndome en el héroe de una tragicomedia.

Tal vez, tal vez ¡tal vez! Odiaba esas dos palabras.

Escuché un par de pisadas sordas sobre el césped y eso me distrajo un momento. Al ver por sobre mi hombro, me di cuenta de que era… Jellal Fernandes. Me incorporé y me alejé de Juvia, quien comenzó a aferrarse más a su chaqueta blanca.

—Gray ¿viste a Erza? Necesito hablar con ella ahora —dijo, aun buscando con su mirada ámbar por los alrededores.

—La vi, pero no estoy seguro de que quiera verte en este momento —respondí y metí mi mano izquierda en el bolsillo del pantalón.

—No pienso quedarme —finalmente me vio a los ojos—, sólo necesito hablar rápido con ella. Y para que lo sepas, Ultear estuvo de acuerdo.

—…Estaba dentro en la cocina hace un rato —contesté vacilante—, sólo no digas que fui yo quién te dijo… y más te vale no andar con jugarretas, Jellal, Ultear y Erza no son mi familia... pero las trato como si lo fueran.

Él sólo asintió con la cabeza y con paso rápido se apresuró a adentrarse en el mar de gente. Fue tan rápido que en menos de un segundo lo había perdido de vista.

Jellal hacía dos años que había terminado el instituto. De hecho, él ocupaba mi lugar en el equipo de basket antes de que yo entrara a suplirlo. Y aunque nosotros apenas estábamos en la secundaria, él se juntaba y convivía con nosotros… sobretodo, con Erza. Jellal la invitaba a salir de vez en vez y muchas veces les habíamos pillado en pleno coqueteo… no mentiré, era incómodo.

Pero… a raíz de que Ultear ingresara en la universidad el año pasado… todo se volvió de cabeza. Ultear también estaba estudiando criminología, así que también comenzó a tratar con Jellal más seguido. Si eres lo suficientemente perspicaz para saber a dónde va el asunto, entonces comprenderás la situación del pequeño triángulo amoroso.

Solté un suspiro y cuando me di vuelta, Juvia se había ido así sin más. Por amor a Jesucristo ¿es que nunca se estaba quieta? Necesitaría ponerle un rastreador o algo después, incluso una campanita sería útil. Me permití reírme un poco del pensamiento anterior y me alejo del jardín, de regreso al tumulto.

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—Natsu… ¡¿qué demonios tomaste?! —vociferé mientras le ayudaba a caminar hacia la salida, directo al auto. Juvia estaba en la entrada, despidiéndose de los demás.

—Ssolo… un ppooquito de… —una arcada hizo que perdiera el equilibrio.

—¡Un poquito nada! El entrenador te matará.

—¡Shhht! Cáshate, Guray —dijo arrastrando las palabras. Lucy al verme, abrió la puerta trasera del auto y me ayudó a meterle dentro. Lancé un suspiro de cansancio una vez que lo dejamos semi desparramado sobre el asiento y cerramos la puerta.

Rápidamente me despedí de los que estaban todavía a esas horas (2:30 am) con un gesto general y después de asegurarle a Lucy que llevaría al idiota sano y salvo hasta la casa y de esperar a Juvia, finalmente pude dar por terminado el día. Necesitaba dormir con urgencia y no despertar hasta que fuera lunes… sería el paraíso. Encendí el coche y manejé en dirección a casa de Ul.

Al igual que hacía unas 6 horas, Juvia iba viendo el horizonte oscuro sólo que esta vez, su frente iba recargada sobre la ventanilla. Por el rabillo del ojo podía percibir unos cuantos cabeceos por parte suya, y a pesar de tener la radio encendida, los ronquidos de Natsu era la "música ambiental" del momento. No entendía cómo Juvia podía sucumbir ante el sueño con ese molesto ruido…

Por un momento me detuve a pensar en la escena que tuvimos ella y yo en el jardín hacía unas cuantas horas. Lyon no había aparecido, o al menos fue muy astuto como para no dejarse ver. Sin embargo, Juvia estuvo con las chicas en todo momento, así que podía asegurar que sólo se habían visto una sola vez en todo el evento. Por un lado me tranquilizó, pero por el otro… tal vez (otro tal vez) significaba que había vuelto a sus viejos hábitos: las carreras callejeras.

Apreté las manos sobre el volante con el mero recuerdo del accidente: fuego, gritos, olor a gasolina y llantas quemadas. El color de las luces de la ambulancia y esa sábana blanca cubriendo el cadáver de una persona joven muerta… era algo muy difícil de sacar de la mente, y aunque tuviera esa peculiar característica de borrar recuerdos amargos, ese había estado anclado a mi cabeza, haciéndose inmune ante cualquier táctica de borrado.

Aparqué en la calle, Juvia sólo me hizo un pequeño gesto con su mano, una minúscula sonrisa y se bajó del auto sin decir palabra, directa hacia la entrada. Observé su delicada figura desaparecer tras la fachada, y cuando las luces de lo que yo suponía era su habitación se encendieron, decidí irme.

No fue hasta que estuve a tres metros de la casa de Natsu cuando noté que algo sonaba y vibraba en el asiento del copiloto… el celular de Juvia.

En ese momento estaba entrando una llamada…

Y el identificador mostraba el nombre de Lyon.