Chapter III: Reunión.
Sora sentado en el suelo, aun recuperándose del uso casi total de su magia, les explicó la situación a los otros tres, también evadiendo el tema de que provenía de otro mundo, aunque le había costado más el que entendieran, no porque no le creyeran, sino más bien porque el ojiazul se enredaba solo con su explicación, confundiendo a las dos piñas y al azabache.
- Magia, Heartless, Keyblade y Keyhole - enumeró los términos recién mencionados - parecen solo una sarta de idioteces - suspiró agotado mentalmente - pero después de ver esas cosas y esa enorme llave tuya, supongo que es verdad - se apoyó contra la pared.
- Por eso el bebé nos fue a buscar, él ya sabía que algo malo estaba pasando - se acercó al chico en el suelo - Kufufufu ¿aún no te sientes bien Cerrajero? - tomó el brazo del chico, parándolo.
- Se supone que eso es divertido - respondió ante el sobrenombre dado - y podrías haber sido algo más amable - se quejó por lo rudo de su agarre.
- Es que quería mirar más de cerca esa cara tuya que incluso descolocó a la Canaria - lo sujetó del mentón - en verdad es una pieza hermosa - Sora se estremeció al encontrarse con los ojos bicolor del mayor - tiene la misma esencia del Vongola, sin mencionar su apariencia - avergonzado giró el rostro - ya veo porque no pudiste ir enserio contra él - sonrió causándole más escalofríos al castaño.
- Déjame ir - trató de apartar la mano que lo sujetaba, sin éxito.
- Deberías soltarlo - dijo en voz baja el moreno.
- Kufufufu - se burló el peli índigo - no seas aguafiestas y déjame jugar con él también - Hibari afiló la mirada - o te molesta - acercó su rostro al ojiazul - después de todo tienes como juguete personal al pequeño Vongola - rio suavemente.
- No es que me moleste - elevó el rostro, observando los pisos superiores - pero puede que a alguien si - cerró los ojos y sonrió con superioridad.
- No te entiendo pajarraco, habla claro - sintió una fuerte aura homicida y retrocedió soltando al castaño de golpe - ¡¿pero qué mierda?! - exclamó alterado.
Si no se hubiera movido, la enorme llave que ahora estaba enterrada en el suelo, le habría dado un limpio y certero golpe. Dirigió sus ojos a donde el azabache anteriormente los había posado, sorprendiese de que un peliplata con una extraña ropa había saltado, cayendo elegantemente entre él y el chico que luchaba por mantenerse de pie.
- ¡Riku! - exclamó contento, apoyándose en la espalda de este para no perder el equilibrio.
- Siento la tardanza - le dedicó una cálida expresión al menor - ¿Puedes mantenerte de pie por ti mismo? - Sora obedeció y retrocedió unos pasos - me tomara solo un momento - sacó su arma del suelo.
- ¿Eh? - quedó confundido, hasta que vio a su compañero en posición de ataque - espera Riku - este lo ignoró y se propulsó hacia la Niebla.
- Eso fue peligroso - bloqueó su ataque con el tridente - "este tipo va enserio y es malditamente fuerte" - pensó mientras retenía el golpe del chico - Kufufufu no me veas así, es aterrador - Riku no solo quería golpearlo, quería eliminarlo, no perdonaría a nadie que se atreviera a poner en peligro a su pequeño castaño.
- Si sigues con tus juego, esto será demasiado sencillo - hizo un barrido, haciendo caer al bicolor - ...! - cuando intento darle el golpe de gracia, el azabache le lanzó una de sus tonfas haciéndolo retroceder y así alejándose del caído.
- Tsk, eres una piña inútil - cogió su arma y observo al peliplata, quien estaba listo para lanzarse nuevamente en un ataque - por qué no utilizaste tus ilusiones si sabias que te iba a atacar de frente - se quejó, mientras el otro se ponía de pie.
- No me dio tiempo, es veloz y - se acomodó un mechón suelto tras la oreja - presentí que no funcionarían - chistó molesto.
- ¿Qué diablos es eso? Excusas tu inutilidad - se mofó - pero debo de admitir que es fuerte y sus ojos dan escalofríos.
Se impulsó hacia el agua marina antes que él. Riku esquivó el ataque dando un rápido salto hacia la pared, aprovechando esta para impulsarse y arremeter contra Hibari, quien bloqueó y repelió el ataque. Sora ya más estable, intento llamar al otro portador de la llave, pero volvió a ser ignorado. Frustrado y molesto de su impulsiva actitud, aunque el castaño siempre lo era y nadie le decía nada, decidió parar la pelea con sus propias manos y de paso golpear al mayor por no escucharlo desde el inicio y malentender las cosas, aunque de cierta manera lo había ayudado con el peli índigo acosador.
- ¡Riku-san! - el nombrado se descuidó al oír que el otro castaño lo llamaba, aprovechando el azabache para patearlo - Hi-Hibari-san, ¡¿pero qué está haciendo?! - corrió más deprisa hacia ellos.
- Solo me encargaba del intruso - quedo helado ante lo que vio - ¿qué crees que estás haciendo tú, Herbívoro? - preguntó que molesto, furioso al ver que este había corrido a socorrer al tipo en el suelo.
- ¿Estas bien? - lo ayudó a ponerse de pie, ignorando al prefecto - me diste un susto de muerte cuando saltaste por la ventana, menos mal que estas bien - suspiró aliviado que el Maestro de la Keyblade no tenía ningún rasguño.
- Sawada Tsunayoshi - este se sobresaltó, recordando que el pelinegro también estaba ahí - me puedes explicar esto - y no estaba nada feliz.
- ¡Maldito Riku! - el ojiazul saltó, atinándole una patada en las costillas - Te dije que te esperaras - se sentó sobre él, aprovechando que quedó tirado en el suelo - pero no, decidiste ignorarme olímpicamente y permitiste que te golpearan - lo tomó por el cuello de la ropa.
- El único que me está lastimando eres tu Sora - se quejó adolorido por la patada.
- A veces pienso que eres más idiota que yo - soltó al chico y lo ayudó a incorporarse.
- Entonces admites que lo eres - se burló, sacudiéndose la tierra - es un gran avance para ti decir aquello.
- ¡Cállate! Y no cambies el tema - gritó avergonzado de que este se burlara.
- Etto, Riku-san ¿estás bien? - preguntó entre preocupado e impactado por aquella escena.
- Estoy bien - le sonrió al otro castaño - siento haberte preocupado así Tsuna, solo me precipite y saqué conclusiones erróneas - revolvió el cabello del menor, haciéndolo sonrojar.
- ...!? - Sora cogió la mano sobre el Cielo, jalándolo hacia atrás y colocándose entre ellos - ¿y tú quien se supone que eres? – preguntó con fastidio el ojiazul al verlo todo amistoso con su pareja.
- Tsuna - observó al chico enfrente suyo - tú debes ser el compañero de Riku-san - afirmó por la cercanía que estos mostraban.
- Así es, soy Sora – reafirmó con orgullo - y tú debes ser el pequeño Vongola del cual hablaban el Pájaro y la Piña - los nombrados se enojaron ante el comentario.
- Oye Cerrajero, tengo nombre - se quejaba mientras se acercaba, seguido de Chrome - no te atrevas a llamarme igual que como lo hace el ave.
- Ha, viene de alguien que no ha parado de dar apodos extraños a la gente - dice con sarcasmo el azabache - pero tampoco me ha gustado - los dos castaños lo miraron, mas solo Tsuna se veía aterrado.
- Ustedes sí que son sensibles ante pequeñas tonterías - suspiró agotado - bien, entonces como quieren que los llame por sus nombres - una venita apareció en la frente de Sora, denotando la ira que sentía - si ni siquiera se han dado el trabajo de presentarse, sé que uso magia, ¡pero no soy un maldito adivino! - finalizó gritando bastante exasperado.
- Sora cálmate - trató en vano de bajarle los humos al chico.
- Ellos son Hibari y Mukuro-sama - habló la pequeña peli índigo - gu-guardines de la Nube y la Niebla - dijo tímida detrás del bicolor.
- Ya veo, con que Mukuro y Hibari - soltó sin honoríficos ni respeto alguno - ¿y tú? - se acercó a la niña sonriente.
- D-Dokuro...Chrome.
- Muy bien Chrome, es un placer conocerte - le extendió la mano y ella algo dudosa aceptó el gesto.
- Wow, es asombroso que Chrome interactúe con un completo extraño - exclamó anonadado el Cielo.
- Kufufufu, creo que le atraen los castaños – dijo la Niebla apareciendo de la nada a su lado.
- Supongo que los gustos son similares entre las piñas – se burló el azabache.
- Cálmense, no es momento de pelear entre nosotros - argumentó en el momento para apaciguar a los sujetos que en cualquier momento comenzarían a destrozarse.
- El Vongola tiene razón – guardó su tridente – no vine a jugar con el ave – se acercó al peliplata, aún en guardia – así que tú eres el dueño de ese zafiro – afirmó el peli índigo.
- Algún problema con eso - afiló la mirada.
- Riku-san no tú también – chilló temiendo que también peleara.
- Ven conmigo un momento – sin esperar respuesta, arrastró al chico lejos del tumulto.
- Hi-Hibari-san ¿qué pasa contigo? - preguntó el ojimiel una vez el azabache lo liberó.
- No te entiendo - lo arrinconó contra la pared – ¿qué es lo que pretendes? – la molestia en su voz no pasaba desapercibida.
- Soy yo el que no entiende – lo contemplaba aun confuso y temeroso por el semblante de Kyouya.
- No te basta rodearte de esos frikis – haciendo referencia al resto de los guardianes – ahora vas y seduces a otro sujeto extraño – Tsuna apretó los puños, si, el Cielo estaba molesto.
- ¡No eres nadie para regañarme! - le gritó, aturdiendo al pelinegro, quien no se esperaba esa reacción – no es de tu incumbencia con quien me relacione – la Nube puso una expresión dolida.
- Haz lo que quieras – declaró soltándolo y volviendo con el resto.
El castaño quedo desconcertado y bastante afectado por el extraño e inexplicable actuar del prefecto. Parecía una simple demostración de celos, pero tampoco podía asegurarlo, haciéndose cuestionar en que pensaba el azabache. A ratos se comportaba posesivo y sobreprotector y a otros no le importaba lo que el castaño hiciera, ignorándolo por completo y entristeciendo al pequeño Líder. Resignado y agotado decidió reunirse con los demás para no preocuparlos y que le preguntaran cosas que en ese momento no le apetecían contestar.
Tsuna observó que a los chicos se les aproximaba otro grupo conformado por Gokudera, Yamamoto y dos tipos con aun más extrañas apariencias, con caras similares a animales, Donald y Goofy.
- Tenemos que movernos antes de que aparezcan más Heartless - ordenó el mago.
- Cierra el pico estúpido pato - ladró la Tormenta.
- Maa, Maa Gokudera, Donald tiene razón - sonrió despreocupado la Lluvia - ¡Ah!, con que aquí estaban - saludó al resto, quienes los miraban intrigados.
- ¡Juudaime! - dejo su discusión con el mago y se acercó al castaño ojiazul - ¿eh? ¿Qué pasó con sus ojos?
- Gokudera-kun - lo llamó el ojimiel al ver que lo habían confundido – "lo que me faltaba, que me confundan con un completo extraño" – pensó con un deje de pesadez.
- ¿Eh? - miró al Cielo y de nuevo a Sora - ¡¿Eh?! ¡¿Qué diablos?! ¿Por qué hay dos Décimos? - abrió la boca sorprendido del parecido de los chicos.
- Hey idiota de las bombas, creo que tanto humo y pólvora ha chamuscado tu diminuto cerebro - insultó el prefecto más atemorizante de lo normal.
- Creo que tienes un ligero enredo aquí - habló algo ofendido el portador de la llave - mi nombre es Sora, ¿entendiste? So-ra - le aclaró.
- Que idiota - reía a carcajadas el pato tras él.
- Gorsh Donald, no es muy amable de tu parte burlarte así - regañó suavemente su compañero.
- Además hay que admitir que lucen parecido - afirmó Yamamoto, para que el peliplata no se sintiera avergonzado de su error.
- ¡Que no nos parecemos! - gritaron los dos castaños al unísono, logrando que todos rieran por el adorable gesto al negar lo obvio.
- Bueno Sora, yo soy Yamamoto Takeshi - revolvió los cabellos del menor.
- Y yo soy Riku - apartó de un golpe la mano del moreno - y agradecería que no lo tocaras con tanta confianza - lo fulminó con la mirada el aguamarina.
- R-Riku t-te dije que te controlaras - le reclamó completamente avergonzado el ojiazul - que pasa si provocas otro mal entendido y terminas peleando.
- Tsk - chasqueó la lengua molesto - no me importa en lo más mínimo, no permitiré que toquen a su gusto lo que es mío.
- ¡Ah! - jaló al chico para que quedara a su alcance - n-no di-digas e-esa clase de cosas enfrente de tanta gente - le susurró al oído rojo como tomate.
- Hahaha no te preocupes - palmeó el hombro del Maestro de la Keyblade - entendí perfectamente el mensaje - lo observó con ojos astutos - Gokudera ya sal de ese trance por estar apenado - sacudió un poco al ojiverde - deberías presentarte también.
- Suéltame idiota del béisbol - empujó al azabache y miró a los dos sujetos que aun discutían - soy Gokudera Hayato - Sora al notarlo le sonrió, al contrario de Riku, quien prácticamente lo ignoro.
- ¿Y ellos quiénes son? - apuntó a los dos que habían llegado junto a sus guardianes.
- ¿El pato y el perro? - cuestionó la tormenta.
- ¡Hey! ¡¿Buscas pelea conmigo niño?! - alzó su varita.
- ¡Ha! Inténtalo estúpido pájaro - sacó varios cartuchos de dinamita.
- Maa, Maa, no empiecen otra vez - tomó la mano que agarraba el explosivo.
- Tú también cálmate, no somos enemigos - Goofy sostuvo a Donald por los hombros.
- ¡Por ahora! - sentenciaron al unísono, zafándose del agarre de sus compañeros y dándose las espaldas enfurecidos.
- No les prestes atención - quiso tranquilizar a Tsuna, que lucía una expresión de pánico - han estado así desde que se encontraron - se rio el moreno.
- ¿Entonces ellos son? - reiteró su pregunta.
- Donald y Goofy, ambos camaradas míos - contestó el ojiazul.
- Kufufufu~ eso explica mucho - se burló la piña.
- ¡¿Qué se supone que significa eso?! - gruñó Sora - solo te ignorare - suspiró - chicos que fue lo que sucedió, ¿no que estaban revisando los alrededores?
- Y eso hacíamos hasta que nos topamos con estos pervertidos – espetó con desagrado el plumífero.
