Hola *aparece timidamente* se que los he tenido esperando mucho, pero les traigo (finalmente) un nuevo capitulo y el ultimo de esta saga.
La verdad me vi distraida por pequeñas "complecaciones" - cofcofjuegonuevocofcof, pero ya esta xD
sin nada mas que agregar espero que disfruten el cap mas largo de lo normal como cierre y compensacion *-*


Chapter VIII: Inminente despedida, pero no a los desastres.

El resto de los guardianes y los camaradas de Sora, también estaban dando todo de sí para mantener a raya a las Neosombras. De pronto estas quedaron inmóviles, para posteriormente desaparecer por completo.

- ¿Qué acaba de pasar? ¿Dónde se metieron esas cosas? – preguntó Hayato algo desconcertado, apagando su dinamita.

- Los idiotas de allá arriba seguramente se hicieron cargo ya de todo – aseveró el de patillas risadas con algo de alivio.

- Kufufufu~ veo que fueron capaces de derrotar al villano y salvar a las princesas – en eso un Byakuran salvaje aparece, abrazando por la espalda al peli índigo.

- En ese caso yo seré tu apuesto príncipe blanco, mi princesa piña – acomodó su cabeza en la unión con los hombros del ilusionista.

- Oya Oya, al parecer malvavisco-kun tiene deseos de dormir en el piso esta noche – dijo un poco ofendido, haciendo reír al albino.

- Y yo que tenía intenciones de recompensarte por tú gran trabajo - beso con suavidad la mejilla de Mukuro - ¿estás seguro que esa es tú última palabra? - preguntó con un tono más grave y por tanto, provocativo de lo usual.

- Aunque lo fuera, un caprichoso y mimado como tú no aceptaría un no por respuesta - largó un profundo suspiro.

- Eso es lo que amo de ti - lo apretó con más fuerza - entiendes todo perfectamente - el peliblanco sonrió victorioso y el otro resignado.

- Tú y el idiota de los dulces, será mejor que dejen sus desagradables muestras de afecto para cuando estén solos - les ordenó algo ruborizado Hayato.

- ¡Ha! No eres quién para hablar - apuntó a la colorada Tormenta - no son más que unos raritos, ¡todos ustedes! - exclamó el ave, fastidiando al peliplata, peliazul, y de paso a un peliblanco de cabello puntiagudo.

- ¡Un extraño intento de ave acaba de llamarme rarito! ¡Eso es Extremo! – gritó enojando a Donald.

- Y aquí aparece otro que quiere recibir una paliza – declaró el pato apuntándole a Ryohei con su varita – será un placer enseñarles algunas cosas a ti y al idiota de las bombas.

- Busca pelea conmigo y el cabeza de pulpo, que ¡extremo!

Y continuaron así, con Gokudera, Sasagawa, Donald discutiendo sin realmente llegar a hacerse daño. Luego se les unió la burlesca piña, y el resto solo pudo mirar aquella absurda escena entre ligeras risas y otros con resignación absoluta.

Desde la azotea, Sora y Tsuna miraban el alboroto formado en el patio, el primero sonriendo ampliamente y el otro con una expresión de exagerada preocupación. Riku y Hibari estaban unos pasos más atrás, cerciorándose de que no quedase ningún otro escurridizo enemigo.

- Esos idiotas están perturbando la paz de mi territorio, serán mordidos por tal atrevimiento – sentenció la Nube al unírsele a los castaños.

- Hi-Hibari-san, so-solo están demasiado felices po-porque ya todo acabo – espetó intentando apaciguar al prefecto, mas cuando sus ojos se encontraron, no fue capaz de sostenerle la mirada metalizada, y se sonrojo hasta las orejas al rememorar todas las cosas dichas.

- Tsuna tiene razón, es momento de celebrar – pasó su brazo por los hombros de Sawada riendo divertido y apenando aún más al ojimiel – deja de ser un amargado Hibari, o te terminara dejando – sonrió develando su blanca dentadura. A Kyouya se le remarcó una venita en su frente, fulminando al insolente castaño.

- So-Sora, no digas más o en serio él-

- Tranquilo Tsuna, no le tengo miedo a tu malhumorado novio – el Cielo palideció, temiendo realmente por la vida del ojiazul, que parecía provocar a la alondra a consciencia – conozco a los de su clase "el mío es igual" – miró disimuladamente a Riku, quien rodo los ojos por las imprudentes palabras de su castaño.

- Mejor los dejo para después – sacó sus inseparables tonfas – tu estas primero en mi lista – Sora se enderezó desafiante.

- Inténtalo si puedes avecilla – con su índice, le insinuó que se acercara.

Apenas el pelinegro dio indicio de moverse, el portador retrocedió y sin ninguna duda, salto del tejado, horrorizando a Tsuna, más aun cuando Hibari le imitó. Riku negó lentamente con su cabeza, dando media vuelta, encaminándose a la puerta.

- ¡Debemos darnos prisa o-

- Calma - revolvió sus castañas hebras cuando llegó a su lado - sólo están jugando, ese tipo está feliz después de todo.

- A-aun así –se ruborizó completamente por la insinuación implícita del porque buen humor del prefecto.

- De acuerdo, vamos tras ellos – abrió la puerta, dejando pasar al apenado ojimiel.

Llegaron rápidamente al primer piso, específicamente al sitio en donde estaban todos reunidos. Riku tuvo que contener su risa al ver a su novio en la rama de un árbol como si fuera un gatito engrifado, mientras a los pies de este, la alondra y la piña no paraban de discutir.

Después se enteró que Sora al caer del techo aterrizó sobre Rokudo, molestándolo obviamente de sobre manera, más cuando Hibari hizo lo mismo segundos más tarde. El ojiazul, buscando refugio de la ira implacable de ambos guardianes, se subió en el dichoso árbol.

- No tengo tiempo para ti ahora piña inútil – reprochaba Kyouya, fastidiando todavía más a la Niebla – luego de que discipline al herbívoro, con gusto hare igual contigo.

- Oya oya alondra-chan ¿pretendes jugar tu solo con el Cerrajero y dejar que yo me aburra viéndolos? Mejor me uno a ustedes y nos divertimos los tres ¿te parece? – hizo aparecer su tridente.

- Solo acortaras mi valioso tiempo de entretención – se colocó en guardia – pero si insistes.

- ¡Hey! – Gritó el portador de la llave, interrumpiéndolos - ¡No decidan todo como si yo no tuviera voto aquí-

- Silencio herbívoro/Cerrajero – le cortaron, regresando inmediatamente a lo suyo.

- He tenido ya suficiente con esas tétricas criaturas como para tener que soportar sus niñerías – sin que nadie lo notara, el katekyo ya se encontraba entre ambos conflictivos jóvenes – Byakuran, eres libre de llevarte a tu princesa fruta – al peli índigo se le remarcó una vena en la sien.

- Sera un verdadero y grato placer escoltarlo a su casa – sin dudar, se llevó a Mukuro al hombro, y sin escuchar ni obedecer queja alguna, los dos se retiraron de los dominios de la escuela.

- ¡Pagaras por esto ex arcobaleno! – se escuchó al heterocromatico antes de desaparecer de la vista de todos.

- ¿Hasta cuándo estarás allá arriba, pequeño minino? – Sora fijó su vista en el peliplata burlón que estaba justo bajo él.

- ¡Riku! – sin previo aviso salto hacia este, quien gracias a sus envidiables reflejos, lo atrapó sin mayor problema – Nice catch! – alzó se pulgar, siendo cargado al estilo nupcial.

- A esta altura de la historia, no deberían sorprenderme tus estupideces – resopló aflojando su agarre, cayendo el castaño estrepitosamente al piso.

- ¡Eso duele Riku! – Se sobaba la retaguardia, parándose con dificultad – podrías haber tenido un poco más de tacto-

- Chicos – les llamó Mickey, deteniendo a tiempo la pronta discusión – me alegro que hayan acabado con los Heartless sin terminar heridos – Sora cruzó sus brazos tras la cabeza sonriendo ampliamente – ahora solo queda sellar la cerradura y podremos ir a casa.

- ¿Tiene alguna idea de dónde está? – cuestionó el ojiazul.

- Yo si – rio macabramente Reborn al ver que el usuario de la Kingdom Chain se escondía tras el diminuto cuerpo del rey totalmente aterrado.

- ¿Có-cómo puedes saber eso? – se atrevió a preguntar aun resguardándose detrás del ratón.

- Cualquiera lo notaria si aparece en el lugar donde duermes todos los días – Tsuna que estaba a su lado, se sobresaltó anonadado con aquella información.

- ¡¿Mi habitación?! ¡¿Por qué esa cosa tan importante está en mi cuarto?! – el hitman y Mickey se encogieron de hombros.

- De cualquier forma, mejor vamos a ver – todos asintieron – procura no perderte dame-Sora – se mofó emprendiendo la marcha.

El ojiazul hizo un mohín, mas se abstuvo de replicar, apreciaba más su integridad física que su orgullo (le temía completamente a Reborn, pobre, y quien no xD) por lo que siguió al grupo en absoluto silencio.

A los pocos minutos arribaron a la residencia de los Sawada, donde una alegre y amorosa Nana les dio la bienvenida a los antiguos y nuevos amigos de su querido hijo.

Sora, Riku y Mickey ingresaron en la habitación del Cielo, mientras el resto los miraba desde la puerta, curiosos de lo que harían aquellos extraños sujetos. La estancia se llenó de luces, y los tres sacaron sus llaves, apuntando a la cerradura que se había revelado en la ventana. Luego de más luces, brillos cegadores y un "click", todo volvió a la normalidad.

- Es hora de irnos – anunció el Rey. Los tres portadores desvanecieron sus armas

- ¡¿Eh?! ¡¿Tan pronto?! – Tsuna se entristeció apenas oyó aquellas palabras.

- Nuestro trabajo ya está hecho – El aguamarina se acercó al menor, acariciando su cabeza y sintiendo inmediatamente la mirada asesina de Hibari sobre él, por lo que siguió haciéndolo con más ahínco (Si, Riku compartía la misma fascinación de Mukuro por fastidiar a la agresiva Nube).

- Pero… - sus ojos se aguaron, mas su madre pareció en escena.

- No pueden marcharse sin siquiera haber comido – les regaño cariñosamente, ganándose más de alguna mirada extrañada.

- Mamma tiene razón, al menos quédense a cenar – sus orbes oscuras advertían el no replicar si no querían recibir un balazo entre las cejas, así que aceptaron el ofrecimiento sin más quejas.

La comida fue lo que se esperaba a manos de la castaña, un gran y delicioso festín, pero con toda aquella gente conflictiva y de corto temperamento, no faltaron las peleas, los gritos, y uno que otro pato volando directamente al rostro de Tsuna… pura diversión cuando se trataba de la Famiglia Vongola.

En algún momento de la cena, Hibari se retiró silencioso, sin que nadie lo notara. Riku le imitó a los minutos después, topándose con el azabache a unos pasos de la entrada, contemplando absorto el ya ennegrecido y estrellado cielo.

- ¿No deberías estar acaramelado con Tsuna ahora que finalmente fuiste honesto y expresaste tus sentimientos? – la suave voz del peliplata lo sacó de su ensimismamiento.

- Detesto las multitudes de herbívoros – las irises metalizadas y aguamarina chocaron al instante - ¿Qué hay de ti? Con lo que a mí respecta, ustedes son la pareja idiota – Riku resopló divertido.

- Siéndote sincero, tampoco soy bueno con las conglomeraciones – ambos sonrieron ligeramente.

- Así que regresarán a su mundo – el maestro se sorprendió ante aquella afirmación – el bebé me lo dijo – contestó un poco arrogante a la muda pregunta – sabía que no eran normales, pero jamás esperé que fueran de otro planeta.

- Ustedes no son muy "normales" tampoco – refutó molesto Riku – pero si, debemos volver a donde pertenecemos una vez cumplida nuestra misión.

- ¿Esos Heartless ya no serán un problemas?

- No mientras el Keyhole permanezca sellado, y aunque llegaran a reaparecer, sé que tú, Tsuna y los demás podrán hacerse cargo.

- Que irresponsable de tu parte, mira que delegarle tú trabajo a otros.

- Cierra la boca, además creía que desearías no volver a vernos – aseveró Riku desafiante.

- Todavía me debes una por atreverte a tocar a mi Tsunayoshi – la silenciosa aura homicida que ambos portaban aterraría a cualquiera.

- Hmph, supongo que será para la próxima, no quiero arruinarles su pequeña fiesta – contempló la bulliciosa e iluminada casa.

- Espero que estés listo para cuando eso suceda.

Con eso sellaron aquel acto de rivalidad, rivalidad que surgió sin siquiera haber cruzado armas seriamente, sino que por el simple hecho que habían congeniado con el castaño del otro.

- Cuida a Tsuna, no permitas que tu orgullo de "carnívoro" lo lastime otra vez – Hibari frunció el ceño ante el "consejo" del chico.

- Preocúpate mejor de tu pequeño herbívoro, seguro terminará lastimado si le quitas el ojo de encima.

- ¿Qué puedo decir? Es un idiota impulsivo – de pronto sintió que algo golpeó su cabeza. Buscó al que se atrevió a lanzarle un zapato, suavizando la mirada al encontrarse con las irises azules de Sora – hablando del idiota.

- ¡¿A quién llamas así?! ¡Estúpido Riku! – se quejó recogiendo su zapato. -¿y qué haces aquí hablando secretamente con Hibari? – preguntó con un diminuto mohín.

- Nada de lo que tú puedas entender – golpeó con gentileza entre las cejas del menor.

- De cualquier forma, debemos irnos – vio que todos comenzaban a amontonarse fuera de la propiedad.

- Fue un gusto cooperar contigo y los muchachos – Mickey le tendió la mano a Reborn.

- Puedo decir lo mismo – espetó sin sarcasmo aceptando el gesto.

- Fueron unos raritos pervertidos hasta el último momento, pero debo admitir que lo hicieron bien frente a los sincorazones – aseguró Donald, recibiendo una brillante sonrisa de Yamamoto y un cálido…

- ¡Maldito pato! – Que más que el "amistoso" griterío de Gokudera – Juro que para la próxima te arrancaré todas las plumas – Takeshi pasó un brazo por los hombros de la Tormenta - ¡No fastidies ahora idiota del béisbol!

- Lo que Gokudera dice es que espera con deseos nuestro siguiente encuentro – dijo con una más amplia expresión de alegría.

- ¡No te atrevas a poner atrocidades en mi boca! – se zafó de su agarre.

- Si, no lo hagas – pidió el mago abrazándose a sí mismo – de solo imaginar aquello saliendo de su boca sucia, me llena de escalofríos – y así continuaron con sus griteríos.

- Fue divertido conocerlos a ambos – dijo algo triste el Cielo – algo raro, pero divertido – intentó sonreír más la amargura opacó su expresión.

- No irás a ponerte a llorar Tsuna, pensé que eras más fuerte

- Tu no luces mejor Sora – reprochó al ver que una lágrima rodaba por la mejilla de este.

- Bueno, no puedo evitarlo, las despedidas siempre son tristes – se limpió el rostro rápidamente – pero tampoco es un adiós para siempre – estiró su mano y el ojimiel no dudó en tomarla.

- Asegúrense de visitarnos – dijo Nana acomodándose a un lado de su hijo – serán más que bienvenidos, So-chan y Riku – ambos sonrieron y asintieron ante la afectuosa mujer.

- Volveremos – aseguró el ojiazul soltando la mano de Tsuna – también estaré esperando retomar mi combate contra ti Hibari – este sonrió con suficiencia.

- Dudo que pueda tomar en serio a un enano como tú.

- Si me menosprecias así, puede que este herbívoro termine mordiéndote – sonrió enseñando sus dientes – Hasta la próxima chicos – se dio media vuelta, siguiendo a su grupo.

- Sora – al oír su nombre salir tan claramente de los labios del prefecto lo aturdió completamente. Se detuvo al instante y volteó hacia el chico. El resto se detuvo varios pasos más allá.

- ¿Y-y esto? Pensé que nunca te escucharía decir mi nombre – Kyouya se acercó bajo la atenta y curiosa mirada de todos, más buscó la del peliplata entre la multitud y cuando hicieron contacto visual sonrió burlón.

- Solo una pequeña compensación – declaro tomando el mentón del confuso castaño. Riku comprendió las intenciones del azabache, pero no fue capaz de llegar a tiempo – con esto estamos a mano – murmuró sobre el rostro del ojiazul, para posteriormente rozar con sus labios la mejilla de este, la cual se tornó roja instantáneamente por el dulce beso.

- Bastardo – gruñó el aguamarina, sin embargo la Nube retrocedió esquivando con gracia su ataque.

- Y pensar que algo tan sencillo te haría cambiar esa expresión idiota- refiriéndose al sonrojado y aturdido castaño – y a ti con una que no fuera la seria – dirigiéndose ahora al peliplateado.

- ¡Estás acabado! – furioso invocó su Way to the down, sin embargo el rey lo sujetó del brazo - ¡Suéltame Mickey! – exigió pero el ratón negó.

- Nos vamos – anunció comenzando a arrastrar a Riku – Donald y Goofy encárguense de Sora – ordenó hastiado de que el viaje de retorno se retrasara todavía más.

Y a empujones el caballero y el mago sacaron al ausente portador, quien cubría con su mano la mejilla besada, todavía rojo como tomate y repitiendo una y otra vez que Kyouya lo había besado.

Al doblar en una esquina oyeron un grito de una molesta mujer y antes de volver completamente en sí, algo o mejor dicho alguien diminuto se había estrellado contra las piernas del ojiazul, cayendo la pequeña criatura al suelo.

- ¡Lo siento niño! – Se acuclilló para ayudar al rubio de cabello en punta - ¡¿Estás… bien?! –pasó de histérico a anonado al encontrarse sus zafiros con los tan similares del menor.

- Eso te pasa por andar distraído – regañó el de irises aguamarina – deberías tener más… cuidado – enmudeció al instante en que contempló al pequeño en el suelo, al igual que los otros – debe ser una broma….

- ¡Roxas! – Nuevamente el grito de la mujer llegó a sus oídos, confirmando de alguna manera sus especulaciones - ¡te dije que no corrieras de esa forma! – Le sermoneó para luego mirar a los chicos – disculpen a mi revoltoso hijo – hizo una reverencia, obligando al infante de unos siete años a hacer igual.

- N-no ha-hay problema – parpadeó rápidamente, despegando sus orbes del chico – ha sido culpa mía también por no fijarme bien – se disculpó aún incrédulo.

- Vamos Roxy, no seas mal educado, también di algo – le ordenó la mujer quien aparentaba la misma edad que Nana, aunque obviamente era rubia al igual que su retoño.

- Perdón oni-san – se disculpó tímidamente jugando con el dobladillo de su polera.

- En verdad no tienen que preocuparse – todos se enternecieron por el adorable gesto del rubio – procura hacerle caso a tu madre para la próxima – Riku revolvió gentilmente sus hebras doradas, haciéndole sonreír ampliamente.

Cruzaron un par de palabras más con aquella mujer, para luego despedirse y verlos alejarse lentamente, esta vez con el menor tomado de la mano de su mamá. Cuando los viajeros iban a proseguir con su marcha, oyeron al pequeño llamándolos, obligándolos a girarse en su dirección.

- ¡Adiós! – se despedía efusivo el menor quién había retrocedido unos pasos - ¡Nos veremos pronto, Sora y Riku! – terminó de agitar su mano para regresar con su madre y desaparecer definitivamente de la vista de todos.

El sepulcral silencio se mantuvo durante muchos segundos que parecieron una tortuosa eternidad para los muchachos, el cual fue solo roto por el confuso chillido de Sora.

- ¡¿Qué acaba de ocurrir?! – Sacudía exasperado su cabellera - ¡aquel niño, ¿realmente era él?! – el simple hecho de que los llamara por sus nombres, despertó la incertidumbre de todos.

- Yo tampoco estoy seguro – decidieron seguir caminando – Mickey, ¿no se suponía que Roxas es parte de…..?

- Estoy igual de impactado que ustedes chicos – acotó el ratón pensativo – era el nobody de Sora y efectivamente regresó a donde pertenecía.

- ¿Entonces?

- Quien sabe – se encogió de hombros – quizás tenía un corazón propio después de todo – dio como posible hipótesis – he oído que era un chico bastante peculiar y único, justo como otro que conozco – miró cálidamente al castaño, que como siempre, no comprendía nada.

Ya estando cerca de donde se hallaba su nave, divisaron a un alto y delgado pelirrojo con peinado de puerco espín y ojos color esmeralda, recargado en dicho vehículo con una mueca bastante divertida.

- Sí que se tomaron su tiempo chicos – canturreó burlón parándose enfrente del grupo – Tenían al Maestro Yen Sid tan preocupado que incluso me mandó a buscarlos.

- Perdón por eso – se rascaba la nuca el rey – tardamos más de lo esperado en nuestra despedida – admitió algo apenado.

- De eso no hay duda – Se fijó que las ropas de Sora, Donald y Goofy estaban manchadas – ustedes en fiesta y yo conge-

- ¡Axel! – Le interrumpió el ojiazul - ¡Axel, Axel, Axel! – gritaba repetidas veces mientras saltaba impaciente y con desesperación.

- Cálmate tigre, te oí la primera vez – puso su mano en la boca del castaño para acallarlo – y es Lea, got it memorized? – Le recalcó quien sabe por cuanta vez.

-¡Eso no importa Axel! – al pelirrojo se le marcó una vena al ver que nuevamente el menor le ignoraba su corrección.

- Óyeme bien enano – iba a sermonearlo, mas Sora se le adelantó.

- ¡Acabo de ver a Roxas! – espetó a todo pulmón, cambiando la expresión de reproche del ojiverde a una de confusión.

- ¿Qué tú qué?

- ¡Que me acabo de topar con Roxas! ¿Tienes cenizas en las orejas que no me oyes Axel? – hizo un mohín al tener que repetirlo.

- Te dije que es Lea – apretó el rostro del menor con una mano – y no deberías jugar con eso, después de todo, mi Roxy está aquí – dijo señalando el pecho del más bajo.

-¡No es un juego Axel!

- En serio, déjate de bromas-

- Es verdad – le cortó esta vez el peliplata – ni idea de cómo ni el por qué, pero acabamos de toparnos con un niño idéntico a Roxas, quien además nos llamó por nuestros nombres – afirmó serio (más de lo normal).

- Pero eso…- observó las caras de todos, buscando algún indicio de que todo aquello fuera una cruel broma, y al no hallar tal rastro, no dudó ni medio segundo en salir corriendo a toda prisa

- Espe- ¡¿A dónde vas Axel?!

- A encontrar al amor de mi vida – contestó perdiéndose de su vista – y cumplir finalmente nuestra promesa….

(El Flash Back toma lugar durante el sexto día, tras la batalla de Roxas vs Axel, antes de que Roxy se encontrara con Sora)

- Axel – murmuró melancólico, recordando finalmente a su mejor amigo.

- Encontrémonos en nuestra siguiente vida – dijo agitado tras la dolorosa pelea.

- Si, te estaré esperando – respondió el rubio, esperanzado de que dicho suceso ocurriera, como ellos mismos, como eran ahora.

- Que tontería – desvió la mirada, completamente destrozado con lo que acontecería – quizás solo porque tu tendrás otra vida – sonrió con ironía, para finalmente desvanecerse dentro de la oscuridad.

Fin Flash back

- Entonces….. ¿Nos vamos ya? - propuso Sora – seguro que el pirómano sabe regresar por su cuenta – el resto asintió.

Subieron a la Gumi Ship y ambos jóvenes se acomodaron en la ventana, obviamente uno al lado del otro. El castaño parecía mirar perdido por ella, consternando al peliplata.

- Crees…- el ojiazul se adelantó en hablar al notar la inquieta presencia - ¿crees que ellos logren estar... juntos? - Riku alzó una ceja, descifrando a qué se refería exactamente.

- ¿Hablas de Roxas y Axel? - Sora dudó unos instantes antes de proseguir.

- Bueno aún no estoy 100% seguro siquiera de lo que acaba de pasar, pero sé que de alguna forma lo lograrán - sonrió nostálgico - si nos reconoció a nosotros, no hay duda de que haría igual con Axel - nuevamente su expresión se volvió seria - yo más bien hablaba de Tsuna y Hibari - al nombrar al segundo, no pudo contener el ligero tinte rosa que se agolpó en sus pómulos.

- No hagas eso - declaró más que fastidiado.

Se levantó de golpe y sin siquiera darle tiempo al castaño de reaccionar, Riku lo acorraló fácilmente en la silla, colocándose sobre él sin importarle que los demás vieran o no lo que fuera que fuesen a hacer.

- ¿Ha-hacer qué? - se removió incómodo, cohibido y sorprendido de la acción del peliplata.

- Hablar del sujeto que osó besarte - lo obligó a mirarlo sujetándolo del mentón - y poner una expresión que sólo deberías dirigirme a mí - tanteó sus labios provocativamente - y eso amerita castigo ¿no lo crees Sora?

- ¡De-deja de ser un ma-maniaco ce-celópata y pervertido! - se hundió en la silla en el vano intento de conseguir espacio - a-además no es como si pudiera evi-mhngg! - el aguamarina no le agradó para nada las excusas, por lo que decidió acallarlo de la mejor forma, con un apasionado beso francés.

- Te advertí no hacerlo - murmuró grave, acariciando el rostro ajeno con su aliento.

- N-no lo haré - acortó él la distancia con un dulce e inocente roce - así que cálmate, es vergonzoso hacer esto enfrente de los chicos - todos intentaban no prestarle atención a la melosa pareja.

- Tienes razón - bufó resignado, volviendo a su sitio - en casa podré hacerte lo que se me antoje - declaró sin pudor, ruborizándolo aún más - y con respecto a tu pregunta...estarán bien - respondió recordando los ataques de celos del azabache - aunque no creo que Tsuna conserve su inocencia después de esta noche - dijo burlesco. Sora tardó en captar a que se refería el peliplata.

- Espero que volvamos a vernos - estiró la mano y Riku no tardó en tomarla y entrelazar sus dedos.

- Mi Cielo y el Cielo de él se encontraron y forjaron un destino compartido para ellos y los que los rodean - cerró sus ya pesados párpados - es de esperarse que lo hagamos.

- ¿Por qué hablas de "tu Cielo y el de él"? ¿A qué te refieres? - Riku miró al dudoso castaño con incredulidad.

- ¿Es en serio? - Sora asintió - debemos repasar muchas cosas antes de retomar la escuela.

- ¡¿Y qué tiene que ver la escuela aquí?! - el peliplata decidió ignorarlo y descansar de tan agitado día - ¡No me ignores Riku! - y así continuaron su viaje, entre gritos de Sora y Donald (ordenándole callarse) y risas de los otros tres.

~Residencia Sawada~

- Esos herbívoros, ruidosos hasta el final - se concentró en el ojimiel, que estaba mirando molesto el piso, pateando algo y de brazos cruzados, completamente amurrado - ¿pasa algo Tsunayoshi? - el menor lo miró unos segundos, mas volvió a bajar el rostro al notar al del prefecto tan próximo al propio.

- No, absolutamente nada - negó cortante, haciendo reír entretenido a Kyouya.

- Pareces enojado - Sawada acentuó el mohín

- ¿Por qué lo estaría? Quiero decir, solo besaste dulcemente a Sora - espetó con sarcasmo - no tengo motivo para estarlo - arrugó más el ceño.

- Ya veo - rio bajo entre dientes - pero en caso de que lo estuvieras, se de algo que mejorará tu humor.

- ¿Qué-

No alcanzó a finalizar la frase, cuando unos tibios y suaves labios sellaron los suyos con vehemencia, pero a la vez con tanta ternura que hizo a Tsuna perder el aliento y sentir sus piernas volverse gelatina.

Se alejó unos milímetros de la colorada cara del Cielo, clavando sus irises metálicas en las miel del otro, entrando ambos en su propio mundo, transmitiendo todos aquellos sentimientos reprimidos por tanto tiempo sin siquiera decir una simple e innecesaria palabra.

Volvieron a juntar sus bocas sin dejar de mirarse en ningún momento. Hibari acarició su mejilla antes de liberarlo y alejarse definitivamente, notando las miradas asombradas, divertidas (Reborn obviamente), emocionadas (sobre todo de Nana) y la molesta de Gokudera al presenciar cómo su adorado Juudaime era tomado por "el idiota de la disciplina".

- ¿Mejor? - cuestionó la Nube ignorando a los demás.

- Solo un poco - hizo un puchero ahora avergonzado de ser el centro de atención.

- Así que te haces el difícil... si es así - se giró y buscó a la castaña y sonriente madre del menor - Sawada-san - la llamó sacándola de sus fantasías de minis Tsunas y Kyouyas corriendo por el jardín.

- Puedes llamarme mamá Kyo-kun, no necesitas ser tan educado conmigo, somos familia ahora - sonrió dulcemente la mujer - y pensar que Tsu-kun se conseguiría un novio tan guapo y elegante, hace que hasta yo me sienta celosa - el ojimiel rio avergonzado y nervioso.

- Mamá, por favor, deja de decir esas cosas.

- Vamos Tsu-kun, que no te apene y presume a tu novio - Hibari sonrió triunfante al ver que la mujer lo había aceptado más rápido y fácil de lo pensado, llevar a cabo lo que seguía sería pan comido - ¡oh sí! Ibas a preguntarme algo ¿no? - la Nube asintió.

- Aún tengo asuntos que atender con su hijo-

- ¿Quieres llevártelo? - le cortó, asombrándolo el que adivinara sus intenciones - por mí no hay problema, además mañana no hay clases - con lo quisquilloso y negativo que era su hijo, le sorprendió lo relajada y brillante que era la mujer.

- ¡No puedo permitir eso! - intervino finalmente Gokudera tras reponer su sobrecargado cerebro - ¡Quien sabe qué cosas le haría este bastardo al pobre Juudaime!

- No te metas en esto idiota de las bombas o te morderé hasta la muerte - amenazó tenebroso, no estaba dispuesto a arriesgarse de que la mujer se retractara, ya que eso solo complicaría un poco las cosas, mas se llevaría a su Cielo de igual forma.

- Esta bien Gokudera-kun - los detuvo de que se siguieran gruñendo - Tsu-kun es bastante grande como para cuidarse solo, y también veo que él quiere irse con tanto ahínco como el de Kyo-kun por llevárselo - Hayato apretó los puños y la mandíbula en frustración.

- No puedes interponerte en su amor - Takeshi pasó su brazo por los hombros del peliplata - es la decisión de Tsuna al fin y al cabo - la tormenta suspiró derrotada.

- Si es lo que el Décimo quiere, solo puedo aceptarlo en silencio - miró con desprecio al azabache - como lastimes a Juudaime, juro que te destrozaré a ti junto a tu "querida" Namimori.

- Me gustaría ver que lo intentaras - le miró igual de desafiante.

- Maa ma~ dejen sus peleas para otra ocasión - comenzó a arrastrar al ojiverde fuera de la propiedad.

- ¡Suéltame Yamamoto, aún no termino!

- ¡Nos vemos! - se despidió y se llevó consigo al peliplata sin atender a sus reclamos.

- Nosotros también nos marchamos ya - anunció Hibari.

- Muy bien, pero no se sobre exijan demasiado - ambos ladearon la cabeza en confusión - quiero lindos nietos pero recuerden que todavía son estudiantes - Sawada se puso como el cabello de Enma.

- ¡Ma-Mamá! - la voz le falló al tratar de regañarla.

- Lo lamento, pero no puedo asegurar eso, no con todo lo que me he estado reprimiendo - respondió con total sinceridad y simplicidad.

- ¡Hibari-san!

- Pero pase lo que pase, prometo tomar toda la responsabilidad de mis actos - aseguró revolviendo gentilmente las hebras del castaño, quien ahora lo observaba conmovido de su declaración.

- Que muchacho más confiable - afirmó emocionada - ahora no tengo la menor duda de dejar a mi niño completamente en tus manos.

- Puede estar segura de ello - alzó al menor en brazos como una pequeña novia - entonces, si nos disculpa... madre - se sonrojó levemente, más quería complacer a la dulce mujer.

- Vayan con cuidado - los despidió en la entrada, agitando energéticamente su mano mientras los veía marchar.

- Que vergüenza - Tsuna se cubrió el rostro con ambas manos, una por la conversación entre el prefecto y su madre, y dos por ser cargado - ¿es necesario que me lleves así? No es como si fuera a huir, "no podría" - se imaginó intentándolo para ser cazado por su conflictiva Nube.

- Sé que ni siquiera tendrías la oportunidad de intentarlo – en eso un enorme pelirrojo pasó corriendo por su lado, quedando ambos chicos consternados – al menos déjame ser gentil por el momento, cuando lleguemos a mi casa sé que no podré serlo – sonrió lascivo, ruborizando a Tsuna al captar el mensaje.

- Hagas lo que hagas - se abrazó al cuello del mayor, enterrando su rostro en este – sé que de igual forma lo serás, como siempre lo has sido conmigo – el tibio aliento chocando con esa piel expuesta le mandó escalofríos por toda la médula.

- No me provoques más de lo necesario Tsunayoshi – advirtió con su voz algo más ronca – no tendré problemas en tomarte aquí y ahora.

Pese a saber cuan serias eran las palabras de Kyouya, no aflojó su agarre, incluso lo apretó aún más al sentirse tan cohibido.

Solo los pasos de la Nube resonaban en la tranquila noche, mas Tsuna también podía oír los tenues y armoniosos latidos del azabache al estar tan pegado a él. Aunque le molestaba ser cargado, estar tan cerca (al fin) de su Nube era suficiente para hacerlo feliz.

- Tsunayoshi – lo llamó suavemente y el menor algo somnoliento se despegó para mirarlo – Aunque solo son formalidades ya que tu madre incluso lo ha permitido, debo preguntártelo – se detuvo y su semblante se volvió más serio de lo normal – sal conmigo – Sawada parpadeó rápidamente digiriendo la frase del pelinegro.

- No que ibas a preguntármelo – una risilla rehuyó de su boca, molestando ligeramente a la alondra – por supuesto que saldré con usted Hibari-san.

La sonrisa amplia, brillante, sincera y tierna que le dedicó el castaño al responderle lo aturdió bastante ya que era la primera vez que se la dirigía.

Reprimiendo las ansias de devorarse al pequeño herbívoro entre sus brazos, solo se inclinó y tomó posesión de aquella incitadora boca de la forma más inocente y amable que pudo. Tsuna le respondía con timidez, ya que era nuevo en el tema de los besos, aumentando el ego de Kyouya al saber que era el primero y se aseguraría por todos los medios de ser el último.

- Es Kyouya de ahora en adelante – acarició con su nariz el rostro del castaño – quiero oírte gritar mi nombre cuando estemos-

- Entiendo – le cubrió la boca con ambas manos, negándole terminar la sugerente oración.

Satisfecho, volvió a reanudar la caminata. El ojimiel dejó su refugio en el cuello de Hibari, contemplando el manto nocturno, cuando de pronto una estrella fugaz cruzó por este, dejando una hermosa estela que no tardó en desaparecer.

- Espero que volvamos a vernos pronto.

- ¿Te refieres a los herbívoros de las llaves?

- Si, sé que es raro extrañar a Riku-san y a los demás siendo que solo nos conocimos hoy – la Nube bufó al oír solo el nombre del peliplata.

- Juro que la próxima vez que vea al bastardo de ojos claros, deseará no haberte puesto las manos encima – Tsuna rio nuevamente.

- Seguramente Riku-san diría lo mismo, después de todo fuiste muy descarado con Sora también – le regañó falsamente, aunque verdaderamente le había fastidiado su última acción.

- Te dije que no te pusieras celoso ya que te compensaría todo esta noche, además tu madre quiere nietos.

- Por favor no digas más Kyouya – suplicó Tsuna con voz quebrada por la vergüenza contenida – solo quiero llegar pronto.

- No seas ansioso – ronroneó Hibari acelerando el paso.

El castaño optó por mantener silencio, no quería seguir oyendo los comentarios libidinosos de la Nube, al menos no en la calle donde cualquiera podría oírlos.

Ambos contemplaron el oscuro cielo. Sawada esbozó una tierna sonrisa pensando en los nuevos amigos hechos y lo ansioso que estaba por verlos nuevamente, algo dentro de sí le dictaba aquella cálida sensación.

Después de todo, como Riku había dicho, los Cielos al reunirse, habían creado un destino compartido para ellos y los demás, y aquel mismo destino los haría cruzarse inevitablemente en el mismo camino, aunque al peliplata y al azabache les fastidiaría que sus castaños se llevaran tan bien con la pareja del otro, pero nadie se preocupaba por esos detalles, más que mal era lo que se esperaba de dos seres tan posesivos, celosos y asociales.

En definitiva, Sora y Tsuna compartían más similitudes de las apreciables a la vista, lo que solo significaba un pequeño descanso a su tan agita y nada normal vida.

The End


Muchas gracias a todos los que siguieron esta historia hasta aqui! ^^

La verdad encuentro que el final me quedo muy forzado por lo que no me molestaria hacer algo mas relacionado con ella, pero bueno, esa seria desicion de ustedes queridos lectores xD

Nuevamente muchisimas gracias por leer y todos los comentarios de apoyo que me dedicaron, me ayudaron mas de lo que creen y en definitiva me gustaria continuar escribiendo de todos ellos (aunque no se si otro crossover, fue un desafio grande que disfrute :D)

En fin, un abrazo enorme y hasta la proxima

Bye bye ^w^