Notas del autor: Realmente me gustó escribir este capítulo y creo que a más de alguno le gustará leerlo.
Disclaimer: Digimon no me pertenece.
—Se quedó dormido —dijo Yamato en voz baja.
Lo que había pasado hacia unos minutos aún le parecía un sueño.
Allí estaba su hijo, alternando la mirada entre Mimi y él.
—¿Ese señor te hizo algo? —preguntó al ver los ojos de su madre.
—No —respondió ella mientras caminaba hacia donde estaba el niño— ¿qué haces despierto?, mañana tienes que ir a la escuela —agregó, tratando de desviar el tema, mientras lo tomaba de la mano para llevarlo a su cuarto.
El pequeño se zafó del agarre y clavó sus ojos sobre él.
—A usted ya lo he visto antes, ¿quién es usted? —preguntó mientras lo miraba.
Yamato sintió un leve estremecimiento al ver la mirada del niño, era idéntica a la de él cuando tenía once años, eso lo incomodaba.
—Yo... —no sabía que decir, una parte de él le decía que inventara una excusa para salir de allí, pero otra le pedía a gritos que dijese la verdad. Miró a Mimi y vio como ella estaba con un brazo caído, mientras tenía su otra mano apoyada sobre su pecho, cerrada en forma de puño, su mirada estaba posada sobre Yoshiro, como si estuviese debatiéndose de manera similar a él. Respiró hondo, imaginó, sin saber porque, a su mejor amigo inspirándole valor, aunque estaba seguro de que primero lo golpearía hasta cansarse por haber engañado a Sora, se puso firme y miró al niño con decisión— Soy tu padre —estaba cansado, de todo eso, de sentirse dividido y atormentado, y no se dio cuenta de ello hasta que dijo esas tres simples palabras.
Se sintió sobrecogido al ver como cambiaba la expresión en el rostro de Yoshiro, su hijo desvió la mirada hacia un lado a la vez que él daba un paso hacia adelante. Lo siguiente que vio fue al pequeño abrazándole la piernas con fuerza, estaba llorando.
—Yoshiro... —dijo Mimi con un hilo de voz.
El aludido volteó a ver a su madre.
—Es papá, está aquí —dijo con la voz entrecortada.
Esas palabras hicieron que Yamato se sintiera miserable, pero a la vez lo animaban a seguir adelante. Ya había tomado una decisión.
Revolvió el cabello del niño y luego lo levantó para poder abrazarlo, podía sentir como este se iba calmando poco a poco.
Mimi se acercó a él alzando los brazos, él comprendió el mensaje, pero cuando trato de entregárselo el niño se aferró con más fuerza.
—Yoshiro —dijo ella, tratando de sonar un tanto molesta.
Finalmente su hijo se soltó e hizo ademán para que lo bajara, lo quedó mirando unos segundos mientras se secaba las lágrimas.
—¿No te irás? —preguntó el castaño.
Esa pregunta hizo que sintiera un dolor en el pecho.
—No, ahora hazle caso a tu madre y ve a dormir.
Yoshiro caminó de manera dudosa hacia la puerta desde la que había salido, parando de vez en cuando para ver hacia atrás de reojo. Yamato caminó hacia él, lo tomó de la mano y se fue con él hasta su habitación, una vez allí el niño le preguntó por qué no vivía con ellos, él le respondió que se lo explicaría luego y después sostuvieron una breve conversación. Una vez que el sueño venció al menor, él volvió a donde Mimi se quedó, la encontró bebiendo una taza de té, se notaba que estaba nerviosa.
—¿Qué piensas hacer ahora, Yamato? —preguntó, para luego sentarse en un sillón de la sala de estar y dejar la tasa sobre la mesita de centro de esta.
Esa misma pregunta se había hecho mientras caminaba hacia donde estaba Mimi, una cosa era decidir hacerlo y otra muy diferente era el cómo. Se sentó en el sofá más grande para ver a Mimi de frente.
—Le diré la verdad a Sora, ella merece saber el por qué de que me quiera... divorciar —la idea seguía causándole cierta molestia, pero no tenía intenciones de echarse para atrás.
Mimi sabía que la idea de un divorcio afectaba en gran medida al rubio, lo sabía desde que comenzaron su relación, pero también conocía toda la amargura que le acarreaba el tener que estar fingiendo que era feliz viviendo con Sora. Se sentó junto a él, posó una mano sobre la del rubio y se inclinó hacia él.
—Gracias —le susurro al oído.
Yamato se movió para verla a los ojos, acarició una mejilla de la castaña con su mano libre y se inclinó hacia ella para besarla en los labios, vio como cerraba los ojos y sus mejillas se sonrojaban levemente a medida que el beso se volvía más apasionado, le encantaba eso. Se separaron cuando les faltó el aire.
—Debo volver al departemento, mi vuelo hacia Japón es mañana al mediodía —dijo luego de un momento de silencio.
—Quédate aquí esta noche, conmigo —dijo ella, con voz insegura, mientras se arreglaba un mechón de cabello para que quedara detrás de la oreja.
Yamato se quedó en silencio, ella nunca antes le había pedido eso y él jamás se lo había pedido, sólo habían dormido juntos en contadas ocasiones.
—Yo..., está bien.
Se acercó a ella y la abrazó con fuerza, mientras ella hundía su cabeza en el espacio que hay entre el cuello y los hombros, y él olía el perfume de su cabello. Había dado el primer paso y pretendía hacer bien las cosas en esta ocasión.
Volvió a leer los papeles, era la tercera vez que lo hacía y aún no estaba seguro haber leído bien, pero al ver la expresión en el rostro de Sora supo que no sacaba nada con ello.
—¿Cuánto tienes? —preguntó de la forma más tranquila que pudo.
—Dos meses —respondió ella con un deje de nerviosismo en la voz.
—Pero..., Yamato se fue de misión hace ocho meses —se pasó una mano por la cabeza, para luego dejarla caer—. Sora... tú estas... .
—¡Estoy embarazada! —dijo ella en voz alta, casi gritando y con la voz quebrada.
Él dejó caer el sobre con los exámenes, no le quedaba ninguna duda respecto a ellos, y supo que la expresión de su rostro sólo logro que ella se pusiese más nerviosa, pues se mordió el labio inferior con fuerza.
—Es tuyo —agregó con voz titubeante.
—No es mío... —dijo de forma más brusca de la que hubiese querido.
La pelirroja comenzó a llorar, él se acercó para tratar de calmarla, ella no dejó que la tocara, pero él la tomó por los hombros y la sacudió hasta que ella lo miró a la cara. Tai no sabía si reír ó llorar, pensó que quizás debía hacer ambas.
—No es mío —dijo con voz suave mientras la acercaba a él—. Es nuestro.
Agradecimientos especiales para Bertha Jovel, LaSraDarcy y Criiisi por sus reviews del capítulo anterior, espero que este haya sido de su agrado.
Yoshiro significa buen hijo.
Nos leemos luego.
