Notas del autor: Gracias a todos los que han apoyado a este fic comentado, agregándolo a favoritos ó siguiéndolo, para los que esperaban saber más sobre Narumi Ishida (la hija de Yamato y Sora) espero que les guste este episodio, pues todo es narrado por ella.

Disclaimer: Digimon no me pertenece.


Camino a casa acompañada por un grupo de amigas, todas vivimos relativamente cerca, por lo que siempre regresamos juntas a nuestros hogares. Las veo conversar animadamente e incluso formo parte de la conversación, pero mi mente está en otro lado. Desde hace algún tiempo no he podido pensar en otra cosa que no fuese mi familia, no es que no lo hiciese antes, pero nunca me había enfocado tanto en ello durante mis doce años de vida.

Durante este tiempo mi mente ha divagado por los recuerdos del pasado e ideas sobre el futuro, estoy segura de que si no escribiese en mi diario sobre todo esto, estaría mucho más agobiada por ello, pues al escribir puedo desahogarme y pensar con claridad.

En fin, creo que todo esto se originó gracias a la "grandiosa" relación de mis padres, no es que crea que no existen peleas ó discusiones dentro de un matrimonio, con el tiempo he llegado a considerar que son algo inevitable e incluso beneficioso en cierto modo, creo que sería aburrido estar de acuerdo en todo con otra persona, y en más de una ocasión, gracias a mis amigas, he comprobado esto.

El problema es que en mi caso esto no ocurre, ellos simplemente guardan silencio cuando estoy presente, peleando con la mirada, y sólo los he oído discutir una vez, cuando creían que estaba dormida, el resto del tiempo se la pasan actuando como si no tuviesen problemas entre ellos.

Cuando era más pequeña creía que todo ello era por mi culpa, no sé explicar el porqué de ello, pero con el pasar de los años comprendí que no era del todo cierto, pasé a creer que la principal razón radicaba en que ambos eran demasiado parecidos, pero al final llegué a la conclusión de que era una mezcla de razones y que a pesar de que ambos me quieren, ellos nunca se han querido demasiado.

Mi madre siempre ha estado presente en mi vida, todo gracias a que trabaja la mayor parte del tiempo desde nuestro hogar, diseñando toda clase de vestimentas, aunque también es dueña de una escuela de tenis, llegando a dar clases en unas cuantas ocasiones, gracias a ello he podido conocerla en mayor medida que a mi padre, él es astronauta, esto implica que pase mucho tiempo lejos de nosotras, pero esto no es la causa principal de que lo conozca menos, la real razón de ello es que casi nunca logramos llevar una conversación que dure más de diez minutos, la dificultad que tiene para decir lo que siente es la causa de ello. Todo esto no sería tan malo si no hubiese habido algo que durante mucho tiempo no supe.

Me despido de la ultima de mis amigas para seguir el resto de mi viaje en solitario, extrañamente no hay mucha gente en las calle, por lo que no encuentro nada que me distraiga de mis reflexiones.

Cuando tenía ocho años comencé a darme cuenta de que mi madre ocultaba algo debajo de una máscara de alegría y otras emociones, creo que me había dado cuenta antes pero había decidido ignorarlo de manera inconsciente, pero no pude hacerlo al encontrarla llorando dentro de la habitación en la que dibujaba sus diseños, cuando le pregunté la causa de su llanto, ella me respondió que no me preocupase y desvió el tema, luego de ello comencé a notar que algo la afectaba, de vez en cuando la escuchaba sollozar en su habitación, esto sólo ocurría cuando estábamos solas en casa. Me dolía saber que algo la afectaba y no poder hacer algo al respecto, fue en ese momento en el que me di cuenta de que ella, al menos para ese tema, tenía la misma dificultad que mi padre.

Poco después comenzaron los silencios incómodos y las peleas de miradas entre ellos, fue en esa época en la que comencé a notar que mi madre parecía más joven que las madres de mis amigas.

Una noche tenía dificultades para dormir, no se con exactitud qué hora era, sólo sé que estaba despierta cuando los escuché, estaban hablando un poco más fuerte de lo usual, eso llamó mi atención, camine descalza hasta la puerta de su habitación, estaba cerrada por lo que no lograba entender con claridad lo que decían, apoyé mi oreja sobre la puerta para oír mejor, en más de una ocasión he deseado no haberlo hecho.

Sentí un gran dolor en mi pecho al igual que un nudo en la garganta, corrí hacia mi habitación y no recuerdo muy bien lo que hice después, no sé si llore hasta quedarme dormida ó si logre aguantar las ganas de hacerlo, sólo sé que a partir de la mañana siguiente decidí ignorar todo lo relacionado con el tema.

No es que cambiase mi manera de actuar, simplemente deje de darle importancia a las pequeñas señas de lo que averigüé, por lo demás todo siguió igual. Pasaron un par de años hasta que hubo algo que hizo que dejara de hacerme la ciega, y ese algo fue escuchar a mi madre reírse hasta que le salió una lagrimilla mientras hablaba por teléfono, luego de ello las cosas cambiaron, era como si algo hubiese disipado toda la tristeza que tenía.

Estoy en la entrada del complejo de departamentos en el que vivimos, voy a dar el primer el primer paso para subir las escaleras cuando desvío la mirada hacia el parque que esta frente a este, en ese momento decido que un helado no estaría nada mal, cruzo la calle y compro uno, me siento en una banca y en ese momento lo veo subir las escaleras.

Resulto ser que no fue algo lo que causó ese cambio en mi madre, fue alguien. El "tío" Taichi siempre me había caído bien, creo que la razón de ello radicaba en que era básicamente lo opuesto a papá, y si bien siempre había sido relativamente cercano a nosotros, poco después de que cumplí diez lo comencé a ver más a menudo.

Una tarde, cuando regresaba por el parque de hacer un trabajo en casa de un compañero de clases, vi a mi madre salir del departamento, como vivimos en el quinto piso no tuve problemas para distinguirla. No sé porque, pero decidí seguirla, Tai la esperaba en un café, se saludaron y comenzaron a hablar, los veía desde el ventanal del segundo piso de una galería comercial en la vereda opuesta. Los vi hablar por casi media hora, estaba comenzando a aburrirme cuando lo vi, él la tomó de la mano, se acerco a ella, le dijo algo al oído y luego la besó, pensé que ella lo iba a golpear, pero en vez de ello se acerco más a él.

Salí corriendo de allí directo a nuestro departamento, nunca había corrido tan rápido, cuando cerré la puerta de mi cuarto sentía que mi corazón iba a explotar, pero no me preocupe de ello, lo importante era lo que había visto, pasé varias horas encerrada mientras pensaba en ello, mamá llegó una hora después de que yo lo hiciera, me preguntó cómo me había ido con el trabajo y otras cosas que no recuerdo, yo respondí luchando por no sacar a la luz lo que había visto, cuando vio que no salía para cenar tocó a mi puerta, se notaba la preocupación en su voz, fue en ese momento en el que tome la decisión, no le diría a nadie lo que vi, ni siquiera a ella.

Pasó el tiempo y no volví a espiarlos e incluso llegué a aceptarlo, sé que es raro, que este hasta cierto punto contenta porque mi madre tenga un amante, pero no es eso lo que provoca esa "felicidad", la causa de ello es verla feliz. Aunque últimamente he notado un cambio en ella, me preocupa porque no sé que es, pero creo que pronto lo sabré.

Subo las escaleras y llego hasta la puerta del departamento, el día ha sido agotador y lo único que quiero es tomar una ducha y descansar, es en ese momento cuando escucho un sollozo y, sin pensarlo, giro la perilla y abro la puerta.

Hasta aquí llega el capítulo, le doy las gracias a anita, Leeeen, Al Shinomori, LaSraDarcy y Criiisi por sus reviews del capítulo anterior, si alguien tiene alguna duda con el cap, la contestaré a la brevedad posible.

Nos leemos luego.