Notas del autor: Me tardé pero finalmente les traigo un nuevo capítulo, espero que les guste. Les advierto que tiene algunas escenas algo cítricas, pero no creo que deba cambiar su valoración.

Disclaimer: Digimon no me pertenece.


—¿Qué vamos a hacer? —preguntó Sora, tratando de calmarse.

Ella tenía su frente apoyada en el pecho de Tai, mientras él la rodeaba con ambos brazos, acariciándole la espalda.

—Lo único que podemos hacer, di... —se vio interrumpido por el sonido de la manilla al ser girada.

Ambos se separaron rápidamente y, para cuando la puerta se abrió, Tai ya estaba sentado en el sofá de la sala de estar, Sora se dirigió a la cocina, buscó un par de tazas y comenzó a preparar té.

—¡Mamá, llegué! —dijo Narumi mientras se quitaba las zapatillas.

Taichi se giró hacia ella, tenía que buscar una excusa para estar allí, pero su mente se bloqueó al verla. En los dos años que llevaba su relación con Sora, ella era la única razón por la que había llegado a sentirse verdaderamente culpable. La joven de doce años era idéntica a Sora cuando tenía esa edad, cosa que se recalcaba gracias al uniforme estilo marinero de color verde oscuro que usaba, lo único que había heredado de su padre era su tono de piel.

—Tío Taichi —saludó ella mientras se acercaba a él.

Él se forzó a sonreír.

—Hola, Narumi, ¿cómo has estado?.

—Bien..., ¿y mi madre?.

Tai se sintió extraño ante la pregunta.

—Está en la cocina —respondió, «ah, por cierto, vas a tener un hermanito ó hermanita», pensó mientras se acomodaba en el sofá.

Ella lo miró por un instante, pero fue suficiente para que él se sintiera levemente nervioso, incluso se le pasó por la cabeza la idea de que ella supiese todo sobre la relación secreta que tenía con Sora. Ambos dirigieron la mirada hacia el portal de la cocina al escuchar el sonido que hacían un par de tazas al entrechocarse.

—Hola, hija, pensé que hoy salían más tarde de la escuela —dijo Sora mientras se acercaba con una bandeja en las manos, traía dos tazas, con sus respectivas cucharas, y una azucarera.

Al ver el rostro de Sora nadie hubiese creído que hace unos minutos había estado llorando.

—Nos dijeron que el profesor se esguinzó un tobillo hoy en la mañana, no pudieron encontrar un reemplazante. Deberías decirle a tu primo que camine con más cuidado.

Tai se rió, si bien no se llevaba mal con el primo de Sora, eso no le quitó la diversión al hecho de imaginárselo cayendo al suelo.

—Creo que deberías ir tú, Tai, después de todo es casi tu cuñado —sugirió Sora.

—Ja ja ja —dijo sarcásticamente el castaño mientras fruncía el ceño.

Esto hizo que Narumi comenzara a reír.

—Ustedes nunca cambian —dijo ella al cabo de un rato, entre risas.

En ese momento sonó el pitido de la tetera.

—Hija, ¿quieres una taza de té? —preguntó Sora al tiempo que caminaba hacia la cocina.

Ella negó con la cabeza.

—Me voy a duchar, la escuela estuvo muy agotadora hoy.

El castaño miró el reloj y en ese momento tuvo una idea.

—Sora, debo irme, quedé de hablar con Iori en su oficina —dijo él mientras se levantaba del sofá.

Ella le lanzó una mirada reproche de la forma más disimulada que pudo, de forma similar él le hizo un gesto para que se tranquilizara, en parte era verdad lo que decía.

—Nos vemos —dijo ella.

—Dale saludos a Yamato de mi parte —dijo él mientras salía del departamento, deseó morderse la lengua.


El sonido de los resortes de la cama, acompañado por el de los besos y gemidos, inundaba la habitación. Mimi estaba sentada a horcajadas sobre Yamato, movía sus caderas adelante y atrás, él tenía sus manos sobre las caderas de la castaña para acentuar el movimiento. Era la tercera vez que hacían el amor después de que Yoshiro se fuese a la escuela, habían llamado a Yamato para informarle que su vuelo tuvo que ser postergado para la madrugada, por lo que armaron todo un itinerario para ese día.

Mimi sintió que una de las manos del rubio subía por su espalda y la atraía hacia él, quien había separado un poco su espalda del colchón para ir a su encuentro, besándole el hombro y los senos, cuando sintió que ella lo abrazaba, acariciando los cabellos de su nuca con ambas manos, volvió a apoyar la espalda en la cama. Mimi tembló y él la abrazó con fuerza, usando una mano, mientras besaba su cuello y acaricia uno de los firmes glúteos de la castaña con la otra mano.

—¡Yamato...— la voz de Mimi estaba enronquecida—, voy a ...! —el rubio la silenció besándola apasionadamente, el largo cabello de ella cubría sus cabezas.

La sintió estrecharse y llegaron al orgasmo al mismo tiempo, ahogando sus gemidos en la boca del otro. Permanecieron unidos por unos minutos, acariciándose y recuperando el aliento, hasta que él salió de ella y los cubrió con una sábana.

—Te amo —dijo Yamato después de que Mimi se acomodase a su lado, le besó la frente.

El silencio se adueño de la habitación por varios minutos.

—¿Matt? —preguntó ella, titubeante.

El rubio la miró e hizo ademán de que siguiera hablando.

—Cuando te divorcies..., ¿te mudaras con nosotros?, digo, si quieres, no sé, esperar un tiempo ó... —él la calló poniendo un dedo sobre sus labios.

—Nada me gustaría más, pero no es tan simple —hizo una pausa—, voy a hablar con Iori para que me asesore en todo esto.

—¿Vas a pedir la custodia de Narumi? —preguntó de forma insegura, al ver la expresión en el rostro del rubio, se arrepintió de haber formulado la pregunta.

Se hizo un silencio sepulcral hasta que el rubio volvió a hablar

—¿Eso te molestaría?.

—Sólo quería saber, perdón.

—No me has respondido, ¿te molestaría que trajese a Narumi conmigo?.

—No– respondió con voz segura—, sé que es tu hija, jamás te pediría que la abandonases.

El rubio mantuvo su expresión seria por unos segundo, luego soltó un suspiro y se relajó.

—De todas formas creo que lo mejor es que se quede con Sora, ¿sabes?, en cierta forma creo que hasta Taichi ha estado más presente en su vida que yo —miró a la castaña con decisión—.No cometeré ese error con Yoshiro, ya no más.

Ella acarició su mejilla.

—Lo sé.

Yamato se apartó de ella y se sentó en el borde de la cama, dándole la espalda, en ese momento recordó algo que daba vueltas por su cabeza desde la noche anterior, se giró hacia ella.

—¿Él sabía algo sobre mi antes de lo que pasó ayer?.

—Desde hace más ó menos que me hacía preguntas, aunque últimamente lo hacía con mayor frecuencia, yo no quería mentirle, así que desviaba el tema —la expresión en su rostro reflejaba la tristeza que le causaba ello.

—¿Alguien más sabe que soy el padre?.

—Mis padres, no se lo podía ocultar a ellos, en especial a mi madre. No les gustó para nada todo esto, pero adoran a su nieto.

El rubio los comprendía, ya había vivido aquello con sus suegros, los padres de Sora no lo querían ver ni en pintura a menos que estuviese acompañado por Narumi, en esas ocasiones simplemente lo trataban con fría cortesía.

El sonido que hizo el estómago de Mimi lo sacó de sus cavilaciones, haciéndolo reír, aunque le pareció aún más graciosa la mueca que hizo, entre avergonzada y molesta.

—Voy a preparar el desayuno —dijo él entre risas.


Taichi golpeaba la puerta del departamento de su hermana, era la única persona con la que podía tratar el tema.

No quiso ir donde Iori, ambos eran socios en la firma de abogados que habían creado, y le pareció que lo más correcto era no pedirle ayuda, Yamato también necesitaría un abogado. Por obvias razones Takeru quedaba descartado de la lista, a Mimi no la veía desde hace años y tanto Joe como Koushiro estaban ocupados casi todo el día. El resto de los antiguos elegidos estaba descartado de plano, y había algo que distinguía a Hikari del resto, ella sabía lo de su relación con Sora.

Volvió a insistir, a esa hora, ella ya debía haber vuelto del jardín de niños en el que trabajaba. Escuchó a alguien quejarse y luego la puerta se abrió, se sorprendió al ver quién era el que lo recibió, Yuudai Takenouchi, con su pelo negro azabache, ojos azul grisáceo y contextura delgada, estaba frente a él, al notar que apoyaba sólo un pie en el suelo, tuvo que tragarse un montón de frases que se le vinieron a la mente.

—Hola, Tai, me alegra ver que a alguien le hace gracia mi dolor, pasa —dijo el pelinegro al ver el rostro del castaño, se hizo a un lado para permitirle entrar.

—Hola, ya supe lo que te pasó, necesito hablar con mi hermana —dijo mientras se sacaba los zapatos.

—Hika salió a comprar un antiinflamatorio que me recetaron, no tarda en volver.

Los dos se dirigieron a la pequeña sala de estar del departamento, Tai se sentó en un sillón y Yuudai lo hizo en el sofá, estirando la pierna afectada. Tai carraspeó para aclararse la garganta.

—Y..., ¿qué haces en el departamento de mi hermana? —preguntó, un tanto molesto, el moreno.

El aludido se rió, después de tantos años, ya se había acostumbrado a los celos del castaño.

—Después de que me esguincé el pie, ella se sintió culpable y dijo que me iba a cuidar, le insistí en que no era necesario, pero tú sabes lo testaruda que puede ser.

—Y se nota que estas triste por ello, espera, ¿por qué Hikari estaba contigo en la mañana? —frunció el ceño.

El pelinegro se puso nervioso y se levantó del sofá.

—Que descortés soy, ¿quieres algo de beber? —preguntó mientras caminaba en un sólo pie hacia la cocina.

—¡Yuudai!.

Estaba enojado, pero entonces recordó la razón por la que estaba allí y se serenó, necesitaba conservar la calma y pensar.

—¿Te pasó algo? —preguntó el pelinegro al ver la expresión en el rostro del castaño.

Se acercó con un vaso de jugo de piña en cada mano, a medio llenar para no derramar el contenido, y puso uno frente a él en la mesita de centro, para luego regresar al sofá. Tai permanecía callado.

—¿Se trata de mi prima? —preguntó Yuudai al cabo de un rato.

El aludido dirigió la vista hacia él.

—N-no, ¿por qué iba a ser algo relacionado con ella?, además, no me pasa nada —respondió con voz poco convincente.

—Claro, y Takeru siempre ha sido mi amigo, mira, se supone que no te debería decir esto, pero creo que lo amerita. Hikari me dijo todo sobre esta extraña relación que tienes con Sora, así que puedes decirme lo que te ocurre, si quieres, claro —dijo mientras comenzaba a beber el jugo.

Taichi respiró hondo y se lo pensó dos veces antes de hablar.

—Sora está embarazada..., voy a ser papá —estas últimas palabras quedaron dando vueltas dentro de su cabeza, le gustaba como sonaban.

Yuudai se ahogó con el jugo y Tai tuvo que darle palmadas en la espalda.

—¿Estás —tosió— seguro?.

—Por supuesto —llevó su mano derecha al bolsillo de su pantalón, para luego comenzar a buscar en cada bolsillo—, ¡mierda!, deje los exámenes en su casa.

Iba a salir del departamento cuando la puerta de este se abrió.

—Tai, ¿de qué exámenes hablas? —preguntó Hikari desde la entrada.


Sora intentaba trabajar en el diseño de su nueva línea de invierno, pero estaba demasiado distraída para concentrarse, inconscientemente se acarició el vientre, pero alguien golpeó su puerta.

—Mamá, ¿estás ocupada?, necesito hablar contigo —dijo Narumi desde el otro lado de esta.

—Entra —dijo sin despejar los ojos del boceto que tenía.

Mientras su hija se acercaba tuvo un mal presentimiento, por lo que levantó la mirada. Su hija estaba frente a ella y la miraba de forma extraña, tenía ambas manos atrás.

—¿Sucede algo? —preguntó Sora.

—¿Me puedes decir qué significa esto? —preguntó mientras lanzaba un sobre hacia la mesa.

Sora enmudeció.


Gracias a Al Shinomori por su review del capítulo pasado.

Mi universidad se bajó del paro en el que estaba, por esta razón creo que no podré actualizar este fic en un tiempo.

Nos leemos luego.