Notas del autor: Bien, este capítulo es una especie de regalo de Navidad adelantado para los que sigan interesados por esta historia. Quise que el capítulo abarcase el resto de la trama antes del epílogo que ya tengo pensado, ¿les ha pasado que ya tienen armado el final de la historia, pero que todavía no saben cómo enlazarlo bien con lo que ya tienen?. Además, aún no he decidido si luego agregaré el resto en este capítulo ó si subiré otro, así que me gustaría saber su opinión. Como ya he mencionado antes, si notan algún error ó tienen alguna consulta, díganmelo en los comentarios ó mándenme un PM.
Disclaimer: Digimon no me pertenece, sólo mis OCs.
—Quería disculparme por lo que ocurrió en casa —dijo Narumi luego de que sus abuelos maternos las dejasen a solas en la antigua habitación de Sora.
Sora estaba sentada frente a ella pero se encontraba distraída, el hecho de contarle todo a sus padres, junto con la reacción de estos, la había hecho entrar en un estado de ensimismamiento.
—No sé cómo explicarlo. Cuando los descubrí me molesté, pero sólo fue por un tiempo y con menor intensidad. Ahora no pude controlarme..., incluso sentí celos —agregó luego de ver la confusión en el rostro de su madre.
—Quizás... todo eso lo estuviste guardando —la expresión de su madre al enterarse de su relación con Tai vino a su mente—durante este par de años —dijo Sora mientras se acercaba a ella—. No debes sentir celos, sin importar lo que suceda, estaré junto a ti cada vez que me necesites —la abrazó y el silencio se adueñó del lugar.
En ese momento el celular de la pelirroja mayor comenzó a sonar, era una de sus socias. Contestó a regañadientes y, luego de terminar la conversación, notó que tenía varias notificaciones de llamadas perdidas, llamadas hechas por Yamato.
Tragó pesado, con todo lo ocurrido en las últimas semanas, se había olvidado de que Yamato llegaría esa semana. Tenía sentimientos encontrados respecto a lo que debía hacer, por un lado se sentía feliz, por fin dejaría de ocultarse bajo la máscara que ella misma creó, pero no podía dejar de sentirse culpable por haber engañado a Yamato.
Para ella, tras hablar con su hija, él sería quien seguramente saldría más herido de todo esto, ya que, si bien no sentía amor por el rubio, y su relación era tensa, eso no era suficiente para eliminar lo que quedaba de sus sentimientos de amistad hacia él. Ella aún tenía esperanzas, por ridículo que pudiese parecer, de que la comprendiese y no pusiera trabas al divorcio.
Dejó sus pensamientos a un lado para dirigirse a su hija.
—Quiero que te quedes con mis padres —dijo ella, haciendo caso a la sugerencia que ellos hicieron luego de que supieron todo—. Será sólo por un tiempo —agregó.
La pelirroja menor asintió con la cabeza, Sora salió de la habitación y caminó hacia la puerta principal del departamento en el que pasó buena parte de su vida. Necesitaba pensar, pero sintió una mano apoyándose en uno de sus hombros, era su madre.
—Mamá, yo... —Toshiko le pidió que guardase silencio con un leve movimiento de manos y guardo silencio durante unos segundo antes de soltar el aire contenido en sus pulmones en un suspiro.
—Perdóname por lo que te hice.
—No te comprendo —respondió ella.
—Por haber cambiado tu forma de ser, por querer que fueses como yo.
Tai se acomodó en su silla para tratar de estar más cómodo, pero le era imposible. Yamato dijo que tenía que hablar con él sobre algo importante, por lo que lo siguió hasta el comedor, pero una vez allí, el rubio se dedicó a hablar sobre cosas sin mayor importancia.
—No creo que me hayas hecho pasar sólo para hablar del clima y cosas así —comentó el castaño.
Estar junto a Yamato siempre le había resultado incomodo después de que Sora y él comenzaron su relación, era lo más cercano que sentía a la culpa. Eso siempre le causó incertidumbre. Pero ahora que sabía cómo fue el embarazo de Sora, le incomodaba más de lo que quisiese. Trató de ser comprensivo ante lo ocurrido, pero a ratos no era capaz de dejar de pensar en cómo se debió haber sentido la pelirroja en esa época y las ganas de gritárselo a Yamato en la cara surgían. Lo único que le daba cierto consuelo era que pronto podría estar junto a Sora como tantas veces quiso, sin tener que ocultarse.
Ishida se removió en su asiento y se peinó hacia atrás con una mano. Estaba nervioso, se le notaba en el rostro y en cada acción que realizaba, por lo que el moreno le dedicó una mirada inquisitiva.
En ese momento el rubio cayó en cuenta del progresivo deterioro de su amistad con el castaño. No recordaba cuando había comenzado a ocurrir esto, pero lo que si tenía presente era que nunca hizo gran cosa para evitarlo. Y con lo que estaba pensando hacer era muy probable que no hubiese forma de remediarlo.
—¿Quieres una taza de té? —preguntó el rubio mientras dejaba de lado sus pensamientos y se levantaba de la silla.
—Yamato, dime de una vez qué te sucede —dijo Taichi, un tanto cansado de la actitud del rubio.
El aludido se sentó nuevamente y suspiró. Sabía que lo mejor sería decir la verdad de una buena vez, pero la perspectiva de lo que sucedería luego no dejaba de ser intimidante. Como tampoco lo era hablar con Sora.
—Yo... —hizo una pausa para ver a su amigo, quien lo apremiaba a seguir— yo, le he sido infiel a Sora —dijo de forma un tanto atropellada, cerrando los ojos para recibir un golpe que nunca llegó.
Frente a él estaba el castaño, con los ojos clavados en él. Había algo en esa mirada que le hizo sentirse extraño.
—¿Cuándo?, ¿con quién? —preguntó el castaño con voz autoritaria.
Taichi sentía como se le hinchaba una vena, se había tensado al oír las palabras de Matt. La idea de agarrar a Yamato por el cuello de la camisa y golpearlo hasta cansarse se cruzó por su mente, pero también estaba el hecho de que él y Sora habían estado haciendo lo mismo. No podía comportarse así, era demasiada hipocresía.
—D-durante estos últimos cinco años, yo... no pienses mal. Mimi no... —no pudo seguir, un certero puñetazo en la mejilla izquierda casi lo hizo caer de la silla en la que estaba sentado.
Se llevó una mano hacia el lugar del golpe y vio que Tai estaba frente a él con los puños cerrados.
—¡¿En serio te acostaste con ella?!—preguntó un exasperado Taichi.
El rubio se quedó callado.
—En verdad eres único, Yamato. Embarazas a tu ex-novia y luego la engañas con una de sus mejores amigas—cada palabra estaba cargada de desprecio y enojo—. ¡Ahora me alegro de que tengas unos cuernos tan grandes que no podrías salir por la puerta de este departamento! —vio como la confusión se adueñaba del rostro de Yamato. Una parte de él no hacía otra cosa que reprocharle por lo que iba a hacer, pero ya no había vuelta atrás—. No pienses mal —dijo imitando lo que sea que fuese a decir el que hace años fue su mejor amigo—, Sora y yo no llevamos más de dos años —agregó con voz seca, para luego caminar hacia la puerta, lanzando una que otra maldición, y dar un portazo al salir del departamento.
Yamato tardó unos segundos en procesar lo que Taichi había dicho.
—Él y Sora... —dijo en voz baja, para luego ser tragado por un mar de sentimientos encontrados.
Mimi retorcía un pañuelo con desespero, como si con eso pudiese cambiar de alguna forma las cosas. Le habían dado un calmante hace poco más de un minuto, pero estaba lejos de estarlo. Por un instante logró apartarse de su situación actual, pensó en Yamato y Sora, en cómo se dieron las cosas entre ellos dos y cómo ella encajaba en todo esto.
—¿Señora Tachikawa? —preguntó una voz, acompañada por el sonido que hace una puerta al abrirse.
Mimi se vio nuevamente frente a la realidad y el miedo se apoderó de ella.
La caminata hacia su departamento le había parecido interminable. En esos momentos deseaba tener a Tai cerca para inspirarle valor. Esa fue la razón por la cual había decidido que él la acompañaría cuando le confesase todo a Yamato. No era que tuviese miedo del rubio, lo que si temía era no poder hacerlo.
Las palabras de su madre seguían retumbando en su memoria. Ella había dejado de pensar en ello desde hacía muchos años, ya no le daba importancia, pero sin duda agradecía la actitud de su madre, era algo que necesitaba.
Giró su cabeza hacia el parque situado frente al complejo de departamentos en el que vivía, ya estaba a punto de llegar, sólo debía atravesarlo, cruzar la calle y subir las escaleras para encontrarse de frente con la persona a la que tanto quiso. No se sentía preparada aún, pero esta vez estaba decidida a actuar.
Mientras caminaba por el parque, un grupo de niños pasó frente a ella corriendo tras un balón y el recuerdo de cómo conoció a Taichi se cruzó con sus actuales cavilaciones. Se sentó en una banqueta, las ramas de un árbol hacían que la luz del sol fuese menos intensa. Ese parque resultaba ser perfecto para despejar su mente y enfocarse en el gran paso que iba a dar.
Pensó en Yamato, Narumi, sus padres y, finalmente, en Tai. Entonces recordó el momento en el que seguramente habían concebido a... No había pensado en algún nombre, aún era muy pronto. Volvió a recordar las caricias del castaño, la forma en que estas le hicieron tocar el cielo y el instante en el que decidió rodearle con sus piernas. La curiosidad y el deseo pudieron más que su sentido común en ese momento, pero en el fondo no se arrepentía, y hablar con Narumi sólo sirvió para reforzar aquello.
«Quédate dentro de mí, me gusta sentirte dentro, mi amor» recordó esas palabras y sintió un leve ardor en las mejillas. Esa fue la primera vez que llamó de esa forma a Tai. Desde hacía un tiempo que quería decírselo, pero le costaba expresar sus sentimientos más íntimos, se sentía vulnerable. En esa ocasión el castaño se limitó a mirarla y le acarició una mejilla, para luego besarla. Movió sus labios al mismo ritmo de los de él, lento y pausado, para luego dejar el camino libre para que la lengua de este diera inicio a una lucha de caricias con la suya. Se había sentido plena en ese momento.
Echó su cabeza hacia atrás y la luz del sol, obstruida parcialmente por las ramas de un árbol, le hizo cerrar sus ojos. Se imaginó a un pequeño castaño entre sus brazos y sonrió. Se levantó de la banca y caminó hacia su departamento.
Estaba llegando a las escaleras cuando vio que Tai bajaba por estas. El castaño parecía estar molesto con algo. Eso le hizo tener un mal presentimiento.
—Sora... —dijo el moreno a la vez que suavizaba su mirada.
La pelirroja caminó hacia él.
—Tuve que ir al departamento de mis padres —hizo una pausa y luego suspiró—. Narumi sabe de lo nuestro.
Esas palabras tomaron por sorpresa a Taichi, obligándolo a enfocarse en lo que tuviese que decirle Sora. Luego podría hablar sobre lo que le había confesado el rubio.
—¿Estás segura?.
La pelirroja asintió con la cabeza.
—Nos vio besándonos, Tai. Lo ha sabido desde que empezamos a salir juntos.
Aquello le dejó un mal sabor de boca al castaño. Había pensado en un centenar de formas para hablar con la pelirroja menor, de suavizar el impacto que pudiese tener el divorcio de sus padres.
—¿Qué opina sobre lo nuestro?, ¿sobre mí? —preguntó un tanto apresurado, pero recordó que todo eso era pequeño comparado con el embarazo de Sora—. ¿Sabe que estas embarazada?.
Sora le narró todo lo ocurrido luego que él se fuese del departamento, y lo regaño por haber dejado los exámenes en el suelo. La pelirroja recordó que Yamato iba a llegar, al igual que la expresión del moreno cuando lo vio bajar las escaleras.
—¿Qué te tenía molesto, Tai? —preguntó.
—Yo... —se debatía entre decirle ó no sobre lo que le dijo Yamato, no quería que Sora estuviese expuesta a situaciones muy tensas. Lo que no podía ocultar era el hecho de que le hubiese dicho al rubio sobre la relación que mantenían, volvió a recriminarse por ser tan impulsivo en ciertas ocasiones. Finalmente decidió que era mejor que se enterase de todo, por doloroso que pudiese ser. Por lo menos él se podría encargar de aliviarla—. Será mejor que hablemos de ello en otra parte.
Caminaron hasta un café cercano y se sentaron en una de las mesas, él pidió un café simple y ella una taza de té. El castaño suspiro y tomo de la mano a Sora.
—Sabes que hay ocasiones en las que soy un verdadero idiota —comenzó.
—Un estúpido—agregó ella con una leve sonrisa, tratando de deshacerse del mal presentimiento que tuvo al ver al castaño.
—Quiero pedirte perdón, Sora, pero necesito que entiendas las razones que tuve para hacerlo —siguió. Necesitaba escoger las palabras adecuadas, no tanto para informarle sobre lo que dijo, sino por lo que hizo el que en otra época fue su mejor amigo.
—¿Qué sucede? —preguntó la pelirroja. Estaba preocupada por la actitud del moreno y lo que tuviese que decir.
—Yamato estaba en el departamento, me invitó a entrar para conversar y... —Sora se puso tensa cuando escuchó el nombre del rubio—. Bueno, discutimos y terminé hablándole sobre lo nuestro– terminó tratando de decirlo de la manera más suave que pudo.
—¡¿Qué tú qué?!—exclamó mientras separaba sus manos de él. Al ver que llamaba la atención de los demás, bajó su mirada. Se sentía dolida por lo que acababa de contarle Tai, ella no estaba preparada para enfrentar al rubio, incluso quería tener a Tai a su lado cuando lo hiciese—.¿Cómo pudiste hacerme eso? —preguntó en voz baja, casi susurrando.
Ahora venía la parte realmente difícil para el castaño. Estrecho nuevamente las manos de Sora con las suyas, ella trató de zafarse, pero él insistió.
—Necesito que me escuches. Se lo dije porque —tomó aire—, porque supe que te ha estado engañando desde hace años.
