Disclaimer: Ni Percy Jackson ni las Crónicas de Kane me pertenecen.

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Lacy se gana el respeto de Sadie

Sadie se había levantado de buenas-lo que era mucho decir tomando en cuenta que tenía que ir al colegio-y era porque parecía que este verano, por fin tendría uno normal luego de dos ajetreados y estresantes; sin contar que sería la primera vez que no tuviera que preocuparse por el mundo desde que vive con su hermano.

A ver, esto necesita explicación; el verano de hace dos años lo paso investigando sobre Apofis, con la venida del equinoccio, el chico que le gustaba muriéndose y el otro que le gustaba siendo un dios que muy pocas veces podía ver; el anterior lo paso investigando en museos por un fantasma con deseos de ser dios que casi destruye el equilibrio de la Duat y la niebla-que realmente le parecía raro que algo tan mundano pudiera ser homónimo de algo tan poderoso-y puso al mundo el peligro; y un año después era la actualidad con sus geniales quince años-al fin no la tratarían como niña-y podría dedicarse a hacer el vago, tener citas; ser una adolescente normal por una vez para variar.

Estaba preocupada por su hermano-sí, le importaba, aunque solo en tiempos de vida o muerte lo admitiría-pero parecía no tener tantas ganas de hablar, incluso de diecisiete años era muy raro. Por otra parte probablemente no fuera gran cosa, alguna idea de una cita con Zia o quizás se había mortificado porque no recordaba todos los datos de Egipto que sabía antes; de ser algo peligroso se lo habría notificado ¿No?

"Vale, prohibido pensar lo peor en este día" se dijo así misma, compartiendo el sentimiento de su hermano de tener un normal y cotidiano último día de clases. Se volteó hacia Walt, que como siempre tenía una sonrisa reservada solo para ella, y sumergiendo un poco la vista en la Duat ahí estaba Anubis; aun luego de casi dos años era un poco raro, más estaba feliz como una lombriz. Ese de ahí era la combinación de los primeros dos muchachos que le gustaron de verdad-era un gran honor, no le dedicaba sus sentimientos a cualquier mequetrefe-un chico de diecisiete que fue su primer aprendiz y ya no estaba cerca de morir, junto con dios egipcio-que curiosamente, parecía que su tiempo en el mundo mortal lo hizo madurar y poseer la misma edad que su deificado-que la adoraba lo suficiente para renunciar a todo por estar con ella. Ah, con esos pensamientos tan felices era muy fácil alejarse de las ideas feas.

Por desgracia, en un mundo de monstruos, hechizos y escuela las cosas malas siempre regresan; y en este caso en su cosa menos favorita en el mundo-bueno, la segunda, la primera era la amenaza inminente de muerte- Drew.

Había dejado atrás el desayuno, el autobús-que los buscaba a unas cuadras del almacén-y a Walt al entrar en las clases; algunas más tarde-escuchando música escondiendo los auriculares en su cabello porque en serio, último día de clases, ¿Qué cosa importante podía decir el profesor?-estaba con la chica asiática de pestañas más falsas en el planeta, y su sequito de víboras que habrían hecho gruñir a Bast.

Como siempre, aun tratando de gimnasia no parecía dispuesta hacer ejercicio; tenía unos zarcillos que parecían campanas, una gargantilla que debía pesar el equivalente a su cerebro-por lo cual tampoco era tan pesada-el maquillaje que debía agregarle unos 3 kilos, con una ropa "deportiva" de diseñador y zapatillas que tenían agujetas como si fueran deportivas, pero podían ver que también tenía tacón de aguja; tratando de inferiores su cuadrilla era un remedo de Drew menos "glamoroso"

— Vaya Sadie, ¿Sabes? Me he dado cuenta que con ropa de gimnasia o normal, sigues siendo igualmente un desastre— sus amiguitas se rieron en coro ensayado; la inglesa estaba casi segura que tenían un cerebro tan pequeño que procesaban las palabras, simplemente se reían acorde a lo que les decía la reina serpiente. Se contuvo de lanzarse a su yugular y puso su mejor sonrisa burlona.

— ¿Oh en serio? Pues tú si me das pena, si necesitas tanto maquillaje debes ser realmente horrenda— decía con dulzura fingida-no había forma sobre la tierra que sintiera pena por ella-y por primera vez desde que me vio bailando con Anubis, se quedó sin palabras. Lacy-flanqueando a mi lado, ya que era la única amiga con la que colindaba en esta clase-parecía mirar hacia el techo, como si esperara que algo viniera del cielo de repente por llamar a Drew fea; aunque odiaba admitirlo, se notaba por sus facciones que era guapa con o sin el maquillaje, pero ni siquiera con Set, Apofis y Setne apuntándome con armas iba a admitirlo.

— Como…tú…osas—parecía más que pasmada, luego fue a mirar a la amiga de la chica. Otra cosa rara para Sadie es que por más diferentes que se vieran ambas-Lacy era rubia como una chica inglesa igual que ella, Drew tenía el cabello negro y parecía sacada de una película de princesas de oriente-ambas eran increíblemente guapas, más su amiga que había dejado las coletas para dejarlo caer sobre sus hombros, con su cabello iniciando liso y luego desarrollando rulos en un estilo que parecía que solo ella podía hacer funcionar. Drew miro directamente a la menor— ¡Tu deberías apoyarme! ¡Eres igual que Piper, una deshonra para mamá!

— ¡¿Mamá?! —pregunto Sadie entre sorprendida y horrorizada; no tenía idea de quién podía ser Piper-vale, quizás su amiga la nombro un par de veces y no le hizo caso, no tenía importancia-pero estaba segura que ella nunca había mencionado alguna clase de parentesco con Drew, y creía poder recordar algo así o prestarle atención. La camarilla de Drew estaba igual que la inglesa; y ambas chicas parecían igualmente histéricas y asustadas, incluso creyó que Lacy maldijo en una lengua antigua y algo conocida como…cuando estuvo con Annabeth y el enseño algo de griego antiguo; pero que va, no había manera que su amiga conociera tal idioma.

— ¡C-Claro que no! —Declaro la asiática, nerviosa; aunque recuperando poco a poco el control— Tú has oído mal, yo no dije eso—estaba echando cierto convencimiento en su voz, no oyó palabras de poder o parecidos-y total, para como es Drew, probablemente ni las diga bien-no obstante, como seguidora y ex deificada de la diosa de la magia, podía identificar cuando se usaba un hechizo. Vio como sus seguidoras asentían convencidas, incluso Lacy más por seguiré la corriente parecía obligada. Obviamente no se lo trago, ¿Qué diantres pasaba allí?

— Muy bien clase—una voz autoritaria y con leve siseo interrumpió, estaba tapada de pies a cabeza como una musulmana, incluso traía guantes-lo que se consideraba inconcebible estando en verano-con un saco de pelotas en la mano, y con tranquilidad se sentó en la silla donde solía estar la entrenadora.

— Ehmm—Sadie seguía delirante en el momento mamá/hechizo vocal de hace unos momentos, así que perdónenla por no ser tan intuitiva— Esta es la clase de la profesora Bufford.

— Oh, ¿No les han comunicado? La profesora tuvo un ligero…accidente, yo la sustituiré, soy la profesora Emeraude; y hoy jugaremos quemados—vale, Sadie no estaba segura que le desconcertaba más, ese raro acento que tenía, el cómo dijo "accidente" o que de casualidad hubiera valones en ABCD. Era una escuela de horario flexible, rodeados de jardines-de hecho, ahora estaban en una sección de césped cortado donde normalmente hacían yoga-y la profesora Bufford era la típica hippie anti violencia que no quería cansarlos demasiado, por lo cual siempre era estiramientos y paz y amor.

Sin embargo, como era la "Profesora" tendrían que hacerle caso, por sospechosa que pareciera. Pronto todos tomaron los balones y ciertamente eran pocos los que poseían alguna habilidad en ello; la comadrilla de Drew por ejemplo lo agarraba como si se tratara de calzoncillos sucios, lanzándolo con una fuerza increíblemente ridícula por no querer romperse las uñas. Lacy no era mucho mejor pues su puntería parecía apestar, no obstante hacia el esfuerzo; Sadie por otro lado no se le daba tan mal, ya había practicado baloncesto con Keops de vez en cuando por lo cual tenía cierta experiencia.

Aunque no lo parecía, la mayoría del tiempo era buena-podía gustarle fastidiar y demás, sin embargo buena al fin y al cabo-pero esa niña rica y mimada le sacaba de sus casillas inclusive más que la Zia shabti que conoció en invierno de hace unos años. Como era de esperarse, la chica se dedicaba a mirar su maquillaje en el espejo dejando su olvidada bola a un lado; con una sonrisa maquiavélica se concentró lo mejor posible porque bien, esta podía ser la primera oportunidad que tuviera de hacerle daño sin romper leyes o terminar expulsada. En un tiro casi perfecto le dio de lleno del estómago, dejando el pequeño espejo caído y una expresión sin aire que Sadie deseo tener su celular a la mano para tomarle una foto.

Al instante Drew le dio su mejor mirada asesina; por alguna razón la profesora Emeraude no le dijo que se fuera-debió mirar para otro lado o parecido, no había forma de que ella gustara de esa pelea-y olvidándose de las reglas del juego, tomo la pelota y se la lanzo. Sadie la evito por los pelos, más la declaración de guerra estaba dada.

Las dos chicas empezaron a lanzarse todo lo que llegaba a la mano, espejos, maquillaje, accesorios-estos eran realmente de Drew-, y por supuesto las pelotas, piedras y alguna basura que encontrase-cosa de Sadie, que trataba con todas sus fuerzas de no decir nada en egipcio que terminara en un jeroglífico; vale, quería hacerlo pero sabía que no debía-. La profesora era obvio que veía esto y no escuchaba a las réplicas de los estudiantes; ahora notándose que realmente gustaba de la pelea. Ambas tenían sus propios refuerzos, el escuadrón de la asiática-que no servía de mucho-; Lacy peleando del lado de su amiga junto con un par de mortales-no eran muy cercanas a Sadie, mas hablaban de vez en cuando y odiaban a la enemiga de esta-los equipos rápidamente se volvieron equipo Sadie y equipo Drew.

En un buen lanzamiento de Monica-una de las mortales del bando de la maga-termino dándole en la cara a Drew, no fue tan certero como el de Sadie que inicio la pelea pero si lo suficiente para correrle el maquillaje. La desmaquillada se puso de un color rojo brillante, y empezó a despotricar en otro idioma desconocido para la mayoría; y esta vez Sadie estaba segura que era griego antiguo pero… ¿Cómo era posible que esa idiota conociera tan lengua?

Como la vez anterior, se distrajo por una risa siseante que venía del asiento de la profesora; todas las chicas se voltearon a ver-eran las únicas, los estudiantes que no formaron parte de la pelea se largaron con los nuevos equipos como si fuera hora libre-justamente, la profesora Emeraude parecía que había ganado un premio gordo.

— Lo sabíassss—el siseo era ahora mucho más evidente, e hizo que los pelos de la nuca de Sadie se pararan. Las mortales también retrocedieron, las únicas que siguieron firme fueron la maga y las semidiosas-aunque están dos parecían sorprendidas y levemente familiares, sabiendo que sería-. Se levantó el velo con lentitud, podía haber sido bella…de no ser por la lengua bífida, los ojos amarillos de pupilas puntiagudas y pequeñas serpientes en lugar de cabello.

Todas las mortales corrieron atolondradas, Sadie no sabía que podría haber visto más no podía ser bueno si lograba que corrieran así. Por un lado la maga no sabía que pensar; se había topado con una cantidad de cosas raras en esos casi tres años de magia absurda, pero en ninguna parte de su mente recordaba en Egipto algo de mujeres con cabellos de serpiente-tenían una diosa Escorpión sin embargo, no había forma de entender como pensaban en ese entonces-no obstante, si recordaba un mito no-egipcio que si tenía una mujer así.

— ¿Medusa? —pregunto con cierto miedo. Cuando investigo de Grecia después de la misión de Serapis, uno de los mitos que más vio fue el de la Gorgona; y por lo que veía esta cabía en la descripción. Graso error el hablar en voz alta, esta le miro directamente a los ojos aunque para su sorpresa; no termino convertida en piedra.

— ¡Ella siempre tiene toda la atención! —chillo como niña de cuatro años, lo que se podía considerar una nueva escala de rareza de monstruos para Sadie, lo que era un record— No, no soy mi hermana; soy Euríale, su hermana que no puede convertir a otros en piedra, ¡Si, siento decepcionarte mamá! —lo último lo dijo mirando al suelo, como si el fantasma de su madre estuviera allí abajo.

"Magnifico, aparte de monstruo chalada" pensó la inglesa aguantando un bufido; en parte para no llamar más su atención y por la otra porque le daba miedo hacerlo. Drew pareció salió de su estupefacción, y empezó a correr como loca buscando en su bolso hasta que saco su celular "Si, muy típico; un monstruo quiere matarnos y tú lo posteas en twitter, simplemente grandioso"

— ¡Serás cobarde, por eso no eres más la consejera! —le grito Lacy, molesta. Su amiga le miró impresionada, nunca la había visto así, sin embargo parecía que por una vez tenía el valor de enfrentarse a la chica, más bien a lo que sea. La menor saco un gancho de pelo de su cabello, y en un rápido movimiento que no vio que fue que hizo; este se convirtió en una daga— ¡Sadie, vete de aquí!

Para variar, la chica no lo hizo; en primera no pensaba dejarla ahí varada y en segunda estaba demasiado estupefacta para ello— ¿Desde cuando tienes un gancho que se transforma en cuchillo? —vale, no era la respuesta más inteligente que se le pudo ocurrir; pero estaba con la mente revuelta en demasiadas cosas. Lacy le miró bastante sorprendida; perdiendo la concentración en la Gorgona.

— ¿Puedes ver realmente lo que es? —dijo con voz notando su incredulidad. La criatura aprovecho para echarse encima.

— ¡Cuidado! —grito la chica de los ojos azules. En un placaje tiro a la menor al suelo junto con ella, haciendo que la mujer serpiente fallara en el acto y aterrizara no muy lejos de ellas, se paró en una pose defensiva.

— Gracias—menciono Lacy aún bajo Sadie. Al voltear notó lo asustada que estaba su amiga; probablemente no lidiaba mucho con eso-aunque aún tenía que interrogarlo en primer lugar porque lo hacía-y aun así, estaba tratando de luchar por ella y probablemente toda la otra población mortal que podría comerse el monstruo-al menos los egipcios eran capaces de eso, quizás igual los griegos-entonces, la chica sintió un nuevo respeto por su amiga.

Euríale estaba preparando para lanzarse al ataque cuando ambas chicas apenas estaban recuperando el equilibrio; Sadie se maldijo por no tener un arma como su hermano o la de Lacy que se transformara, y ciertamente ya le costaba acceder a la Duat como para poder hacerlo tan histérica, solo quedaba una salida.

¡Ha-di! —grito formando la seña en sus manos para que se formara el jeroglífico, este de color azul no tardó en aparecer frente a la Gorgona. Vale, la maga ya había aprendido que lo egipcio no funcionaba con lo griego, no obstante en sus reflejos estaba hacer eso contra los monstruos; no tenía idea de lo que iba a pasar. Luego de ir contra la criatura y que esta lo rechazara, hubo la típica explosión, solo que nada se destrozó; las tres salieron volando unos metros lejos del lugar.

Sadie escupió briznas de pasto y se dijo que buscaría un arma como la de Lacy para no tener que pasar por eso de nuevo. Ayudo a su amiga a pararse y salieron corriendo— ¡Chicos, vayan por ellos! —le oyeron gritar al monstruo; cuando se voltearon a ver tenían detrás de ellos a dos criaturas que si conocía: serpopardos.

— ¡¿Y desde que siglo gorgonas griegas suelen tener serpopardos de mascotas?! —grito Sadie malhumorada, ha tiempo que Lacy lanzaba un gritito de miedo; normal, si un monstruo que conocía le aterrorizaba imagínate toparte con esto. Para su suerte esto era algo con lo que sí podía; invoco rápidamente el jeroglífico de antes y ambas criaturas se volvieron arena.

Sus fuerzas flanquearon, ya era mejor maga que esa vez en invierno cuando recién la descubría; pero no era muy recomendable hacer magia sin varita o báculo. Viendo que la mujer serpiente no las seguía se agacho un momento para tomar aire, cuando de repente sus amigos aparecieron.

— ¡¿Alguien tiene alguna idea de que esta pasando?! —pregunto Zia atolondrada; tenía algo de arcilla en el pelo y sus manos resplandecían en llamas, probablemente una pelea en la clase de esculturas. Carter, Sadie y Walt-aunque algo dentro de la chica le decía que en realidad era Anubis-se miraron, temiendo lo peor.

— Por Horus…sabía que raro iba a pasar pero, ¿Qué diablos tiene que ver con la chica indígena? —mascullo Carter tratando de concentrarse, su hermana le miraba extrañada sin saber a qué diantres podría referirse; cuando algo le hizo dejar de pensar en ello.

— ¡Cuidado! —exclamo Lacy, que estaba detrás suyo y apuntaba delante de los chicos. Ninguno de los otros la había notado más voltearon a ver; justo a tiempo que venía una explosión donde los magos recibieron el mayor impacto.

. . .

Sadie sentía que su cuerpo pesaba como el plomo, aunque al menos no le dolía. Tratando de coordinar las pocas neuronas que parecían estar trabajando, se puso una mano en la frente.

— Sadie—oyó de una voz familiar—Sadie, abre los ojos.

Obedeciendo la voz, lo hizo, al ver se encontró con alguien igual de familiar que la voz.

— ¿Anubis?

. . .

Las horas ya habían pasado, y para sorpresa de los romanos; el augur no había abandonado el templo de Júpiter-de hecho, nadie tenía idea de en qué momento entro-estaba concentrando rebanando peluches y descuartizando, parecía querer predecir una predicción antes de que viniera a él; todos lo pasaron de largo, el chico ya se comportaba de forma extraña y sino molestaba a alguien bien por ellos.

Luego de un largo tiempo, este soltó un alarido de sorpresa al soltar el que debía ser el setentavo juguete de felpa. Se veía que aún le faltaban piezas, más ahora tenía una pista clave de algo muy importante escondido en sus propias narices. Abriéndose entre el mar de relleno; fue directamente a buscar a los dos pretores, se encontraban teniendo una reunión privada, eso aceleraría las cosas. Interrumpió en la sala, logrando que parara la conversación.

—Octavio—dijo Frank en un tono desdeñoso; odiaba que ese hijo de Marte obtuviera el puesto por el que tanto trabajo por meses, aunque ni en broma se lo decía; luego de la misión en Grecia se había vuelto más grande y fuerte, y se había ganado el respeto de la legión al ser uno de los siete de la profecía y que salvo al mundo de Gea, así que tenía las de perder. Reyna que era más neutral-o que realmente lo toleraba más-intervino.

— Augur, no se ha presentado en toda la mañana, ¿Cómo se atreve a interrumpir-?

— Con todo respeto Pretora, es un asunto importante; necesito de la centurión de la quinta Cohorte para que lidere una misión, de unos soldados que sean buenos bajo tierra y de ser posible a ambos—los dos pretores líderes de la legión se miraron confusos.

— ¿Por qué necesitas de Hazel? —interrogo Frank, menos agresivo y más confundido.

— He visto en las entrañas, parece que algo grande a estado escondido en nuestras narices todo este tiempo.

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Anda, que capitulazo ha salido. Como parece que tengo un deseo compulsivo por escribir cada día, me obligue a hacer este cap-seriamente, no tenía tanta imaginación y aun así salió más largo de lo que pensé, les juro que no sé cómo alargo las cosas-y como ahora mismo no tengo internet, lo publicare un día después del primer cap.

Jajajaja sí, soy malvada; os he dejado con la duda tanto de Sadie como con Octavio, esto empieza a gustarme. Si alguien aparte de mi mejor amigo y Nutella1 lee esto me curiosidad; ¿Qué creen que paso con Sadie para ver a Anubis? ¿Qué descubrió Octavio? Vale, puede que sea algo ridícula porque quizás no tarde tanto en publicar el tercer cap, pero conmigo nunca se sabe.

En fin, es tarde y no sé qué más decir, se despide cordialmente;

Lira.