Notas del autor: Quiero agradecer nuevamente a todos los que han apoyado este fanfic, ya sea respondiendo las consultas que hice ó mediante sus reviews, muchas gracias por ello.

Como verán este no es un capítulo nuevo, la razón de ello es que quise corregir algunos errores en la escritura de todos los capítulos, razón por la cual los actualicé, pero más importante que ello es el hecho de que el epílogo anterior no logró convencerme del todo, de manera que tras todo este tiempo, por fin logré que se asemejara a lo que tenía en mi mente a la hora de escribir este fic.

Disclaimer: Digimon no me pertenece, sólo mis OCs.


Estaba durmiendo cuando sintió que alguien tocaba su brazo derecho. Encendió a ojos cerrados la lámpara que estaba sobre su mesa de noche. Abrió sus ojos y se encontró con Megumi, quien la miraba con sus vivaces ojos color miel. El reloj marcaba las dos de la madrugada, ese día debía tomar su vuelo de regreso a Japón.

—¿Qué sucede? —preguntó adormilada.

—Es que... estaba pensando y no podía quedarme dormida, y... —guardó silencio, como si quisiese decir algo pero no pudiese seguir.

Últimamente se había vuelto costumbre de la menor acercarse a hablar con ella, cuando estaban a solas, y repentinamente cambiar de tema. Ella había logrado dilucidar lo que quería decirle, pero creía que era mejor esperar a que la menor lograse tener fuerzas para hacerlo por sí misma.

—¿Y?.

La rubia miró hacia el suelo.

—No es nada, Narumi. Perdón... por despertarte —dijo mientras se inclinaba en señal de disculpas, para luego dar media vuelta y salir de la habitación. Cuando llegó al umbral de la puerta volvió a girar hacia Narumi, y caminó hacia ella con aire decidido.

La pelirroja se acomodó en su cama para verla mejor.

—Si quieres, puedes sentarte aquí —dijo mientras indicaba un costado de su cama.

Megumi le hizo caso y se sentó junta a ella. Tras unos segundos de silencio comenzó a hablar.

—Quería... quería pedirte perdón —la expresión de su rostro reflejaba la tristeza que tenía su voz.

—¿Por qué?, no has hecho nada malo —la miraba atentamente, ya se hacía una idea de lo que venía.

—Eso no es verdad... Si no fuera por nosotros, papá y... y... —las palabras se estaban agolpando en su garganta. No le gustaba sentirse así de mal, pero no podía sentirse de otra forma ante aquello.

—Y mi madre estarían juntos—completó Narumi. Suavizó su mirada lo más que pudo.

Sabía que algún día tendría que hablar con sus hermanos, por ambos lados, sobre este tema, pero nunca esperó que Megumi fuese la primera, y menos a sus escasos ocho años. Aclaró su garganta e inhaló profundamente.

—No puedes culparte por ello... —necesitaba una manera de explicarle aquello, y tras pensar unos segundos la encontró—. Dime, ¿cómo se llevan nuestro padre y tu madre? —era consciente de lo rara que sonaba la pregunta, pero sólo había pasado una parte de las últimas tres vacaciones de Verano visitando a su padre en , país al que se mudó luego del divorcio, por lo cual conocía casi nada de su vida junto a la mujer que amó en secreto durante años.

La niña la miró pensativa durante casi un minuto, tras lo cual comenzó a hablar.

—Hay días en los que pareciese que discuten hasta por el color del cielo, pero siempre terminan riéndose, dándose abrazos y besos. Mamá dice que siempre han tenido esas diferencias, que recuerda con cariño la época en la que se conocieron. Yo no los entiendo.

Narumi sabía que si se hubiese encontrado en la misma posición de la rubia, cuando tenía la edad de esta, también le parecería raro. Al escuchar a su hermana, tuvo una extraña sensación, una especie de regusto amargo, la melancólica añoranza de una infancia como la de ella.

Cuando supo que su padre tenía otra familia, se molestó mucho, llegando incluso a odiarlo. Sabía que eso era injusto de su parte y, en el fondo, que él había buscado lo mismo que buscó su madre en Tai, cariño, pero no podía dejar a un lado esa rabia, aunque esta se vio atenuada por las circunstancias en las que estaba envuelto todo el asunto. Tardó casi dos años en perdonarlo, y tres más para aceptar la invitación que le hizo luego de su charla de reconciliación, pasar parte del Verano con él. Dejó de lado sus recuerdos y se concentró en la niña frente a ella.

—¿Vez?, es eso lo que hizo que estén juntos. No puedes culparte por algo en lo que no estuviste implicada. Cuando vivíamos los tres juntos, nunca pasaba algo como lo que me acabas de describir, ellos son muy parecidos. Si las cosas hubiesen sido un poco diferentes, quizás... —ese "quizás" siempre le resultaría doloroso, si bien implicaba muchas cosas que no se relacionaban directamente con ella, también había otras que sí. Por esta razón comprendía a la rubia—. Bueno, no estaríamos teniendo esta conversación. Ven acá —Megumi se acercó aun más a ella. Narumi la abrazó—. Deja de atormentarte con esto —susurró—. Eres mi hermana y eso es todo lo que importa.

—Narumi, ¿puedo dormir contigo? —preguntó con timidez, tras un momento de silencio, pero no tuvo respuesta— ¿Estás...estás llorando?.

La pelirroja se separó un poco de ella y secó sus lágrimas, para luego sonreír.

—Son lágrimas de alegría —respondió. Ahora fue la menor quien la abrazó.

Narumi se movió hacia un costado de su cama, esta era lo bastante grande para las dos. Cuando ambas se habían acomodado y la mayor apagó la lámpara, comenzó un diálogo mucho más relajado entre ellas. Hablaron sobre cualquier tema, incluyendo a cierto castaño.

—Sé que Yoshiro ha pensado lo mismo que yo —aseguraba la menor—, pero ya sabes cómo es él.

El castaño, según podía ver por sí misma y ratificar con Yamato, iba progresivamente pareciéndose a este último; no sólo en el aspecto físico, sino que también en buena parte de su forma de ser, sin embargo, Yoshiro seguía manteniendo ciertas coincidencias con Mimi. Claro que el incidente que lo mantuvo a las puertas de la muerte también dejó su marca, cualquiera que se encontrase en una situación como aquella, no volvería a ser el mismo, incluso si sólo estaba en preescolar. Hablaría con él cuando se presentase la oportunidad.

—Y cuando le pregunto la razón por la cual los adultos son tan raros, él me dice que cuando menos me lo espere lo entenderé, que ya no me caliente la cabeza con ello —continuó Megumi al no ser capaz de ver la expresión pensativa en el rostro de Narumi.

La pelirroja analizó esto último, le habría dicho exactamente lo mismo.

—Tiene razón... ¡Hey!, tengo 21 años, así que soy considerada adulta aquí y en Japón —dijo, fingiendo indignación.

—Pero tú no eres rara —respondió, riendo.

Continuaron hablando sobre cualquier cosa, como las repentinas nauseas que Megumi notó en su madre ó las diferentes clases a las que asistía Narumi para cumplir su sueño, ser periodista. Finalmente el sueño venció a la menor, pero Narumi volvió a darle vueltas en su mente al accidente que casi le costó la vida a su hermano. Lo que más llamó su atención fue lo ocurrido semanas después, cuando Yoshiro estaba fuera de riesgo vital; Una bolsa llena de dinero apareció frente a la puerta de la casa de Mimi, y sobre esta había una nota sellada con lacre negro y una pluma del mismo color. El mensaje era lo más desconcertante.

"Antes de comenzar, quiero aclarar que escribo esto en Español porque me parece que, al ser uno de los idiomas más ricos del planeta, es idóneo para plasmar mis pensamientos.

Sí, sé que el dinero no es capaz de compensar tamaño susto, pero nunca está de más, así que dejo a vuestro criterio el uso que le darán. Abría sido una autentica pena que el pequeño hubiese muerto, pero no fue así, por lo que espero que salga adelante.

Por otro lado, quiero ratificar lo que ese policía y los investigadores dijeron. La bala que impactó en su hijo pertenecía a la pistola del policía que se presentó a ustedes en el hospital, pero aquello ocurrió porque uno de los cuchillos que le arroje, mientras escapaba con el dinero que robé del banco, se clavó en su mano al momento de disparar. Yo no ocupo armas de fuego, esas cosas odiosas nunca me han agradado, son demasiado... volubles, sí, esa es la palabra adecuada.

Bueno, creo que con esto es suficiente. Mi estadía en este odioso país se acerca a su fin, creo que visitare tierras más afines a mis gustos, puede que incluso regrese a mi querido y maloliente puerto de poesía. Espero que nunca volvamos a encontrarnos.

Se despide Atte. E. S.

PD: Mi deuda con ustedes está saldada."

Nunca encontraron al culpable del robo, principalmente por el hecho de que nadie vio su rostro, llevaba lo que todos los testigos describieron como un yelmo, y porque escapó corriendo por los tejados y recovecos de la ciudad. Esto fue una de sus principales motivaciones a la hora de escoger su carrera profesional, la emoción que provocaban en ella los aconteceres. Se durmió con el pensamiento de que algún día encontraría a ese ladrón y resolvería lo que los demás no pudieron.


El despertador sonó a la hora programada y marcó el comienzo de su último día en Estados Unidos. Se levantó y dejó a Megumi durmiendo, la niña tenía el sueño realmente pesado. Se duchó y luego caminó hacia la cocina, encontrándose únicamente con Mimi, quien le daba la espalda.

—Buenos días —saludó la pelirroja.

La relación entre ambas nunca se pudo considerar como mala, en gran parte porque fue la castaña quien se mostró interesada en conocerla y ella no lo impidió. De todas formas existió algo que, en un principio, dificultó las cosas entre ellas, y fue Yamato quien le explicó todo. La "sombra" de Sora estaba presente cada vez que Mimi la veía, era la culpa lo que no la dejaba avanzar con ella. Fue necesaria toda una tarde a solas para zanjar aquello, luego de lo cual se volvieron amigas. «Gracias por amar a mi padre, nunca antes lo he visto tan feliz como ahora» fue lo último que le dijo ese día antes de ir a dormir.

—B-buenos días —respondió la aludida, luego de dar media vuelta para quedar frente a ella.

Dio un paso titubeante hacia adelante, mostrando claras señas de mareo. Narumi se acercó para ayudarla.

—¿Se encuentra bien?.

—S-sí, sólo fue... —no pudo continuar, su cara se tornó pálida y se vio obligada a correr hasta el baño. Narumi sujetaba su cabello mientras vomitaba.

Sólo después de jalar la cadena, Mimi levantó la mirada, encontrándose con los perspicaces ojos de Narumi, dando a entender que ya tenía una idea de lo que le sucedía.

—Bueno...—comenzó—. No le digas nada a Yamato, por favor, quiero que sea una sorpresa.

Para ella había resultado una sorpresa, a sus treinta y nueve años no esperaba volver a ser madre, incluso se cuidaban para evitarlo, pero las pruebas no se equivocaban. Este era uno de esos casos del 1%.

—Por mí no se enterará.

—Gracias —rodeó con ambas manos las de la pelirroja y esbozó una gran sonrisa—. Voy a hacer un desayuno especial.

La castaña se destacaba en el ámbito culinario, por lo que cuando decía que el desayuno sería especial, era verdaderamente único. Se podía apreciar el esfuerzo y cariño que ponía en cada plato.

Después de ducharse, Narumi despertó a Megumi y ayudó a Mimi con lo que restaba por hacer, ya que esta le había enseñado unas cuantas recetas el año anterior. Luego del desayuno, empezó a preparar sus cosas para el viaje, sólo faltaba recoger la ropa que dejó secando al sol en el patio trasero, fue allí donde encontró a Yoshiro recostado sobre una banca, bajo la sombra del árbol de la casa y con la mirada perdida en el cielo y las escasas nubes que en él habían.

—Megumi te dijo lo que sentía, ¿no? —preguntó repentinamente el castaño.

—Sí, pero ya no se sentirá así, dejamos zanjado aquello —hizo una pausa esperando algún tipo de respuesta por parte del castaño, este sólo dirigió su mirada hacia ella— ¿Y... qué tal tú?, creo que nunca nos hemos dado el tiempo de conversar seriamente a solas.

El castaño suspiró y se movió para quedar sentado en la banca.

—No podría decir que es lo mismo que ella sentía, digo, todo fue muy extraño para mí en esa época, luego del incidente con esa bala perdida y todo eso—al mencionar esto su voz evidenciaba incomodidad, sin embargo continuó—, como creo que pudo resultar para ti saber de mi existencia... A lo que voy es que, a diferencia de Megumi, yo viví antes de que mi madre y nuestro padre estuviesen juntos y a pesar de que ya los recuerdos de esa época se han vuelto difusos, de lo que estoy seguro es que, y no lo tomes a mal, si pudiese alterar eventos del pasado, no lo haría, porque es gracias a todas esas cosas que soy quien soy, y mi madre es mucho más feliz ahora —terminó, con un semblante que demostraba perfectamente su convicción al respecto.

La pelirroja lo miró en silencio por unos segundos, tras los cuales se llevó el pelo hacia atrás con una mano, dejándola tras la nuca, gesto que imitó de Taichi desde que era pequeña, y sonrió.

—Tenemos más en común de lo que pensaba.

Continuaron platicando por varios minutos, y antes de que se dieran cuenta había llegado la hora de almorzar.

El transcurso del día siguió como lo tenía planeado. Mimi reveló su condición a los demás durante el almuerzo. La expresión en el rostro de Yamato no tuvo precio. El viaje hasta el aeropuerto no tuvo mayores complicaciones y, tras la despedida, Narumi comenzó su viaje de regreso a Japón. Podía imaginarse a la otra parte de su familia esperando su llegada. Taichi y su madre estarían buscándola con la vista entre la multitud de personas que llegaban, sobre los hombros de este estaría Hotaru, el mayor de sus hermanos por parte de su madre, con su indómita mata de cabello castaño y un cartel con su nombre; Hayato, con quien compartía el color de cabello, estaría junto a Sora, con el mismo semblante maduro que le caracterizaba y le granjeo el mote de "Abuelito" por parte de su hermano; finalmente, la pequeña Ai, con menos de un año de edad, estaría durmiendo en brazos de Sora.

Para muchos, su familia resultaba como mínimo peculiar, pero ella, tras pasar por tanta angustia y otros sentimientos que le resultaban difíciles de definir, no la cambiaría por nada del mundo. Se sentía en paz con sí misma y el mundo, conocía la dicha de ver realmente felices a quienes amaba, lo divertidas que podían ser las situaciones más simples ó absurdas. Era su vida y la aprovecharía todo lo que pudiese.


Megumi significa bendición; Hotaru, luciérnaga; Hayato, halcón y Ai significa amor. No lo puse en el fic, pero los hermanos Yagami tienen ocho y seis años, respectivamente.

Por otro lado, quería hacer una pequeña encuesta: ¿Qué les parecería un One-shot con un JoeXJun como pareja central?.

Nos leemos luego.