Gloe/arishia25/aquarius7 muy hermoso es leerlas, y mas con lo que me cuentas jaja, tendre mas cuidado, el autocorrector me hace la escritura difícil xD, por las que querían mas interacción Emma/ regina aquí esta, eso si la cosa es lenta porque recordando muy apenas se conocen.

ya nos dejamos de Rodéo y pasamos a la historia ya!


Había pocos clientes y Ruby se ocupaba de la barra, mientras pasaba un trozo de pastel de manzana delante de Cas y terminó de llenar su café.

—Estas dos últimas semanas se te ve mucho por aquí.

—El café es bueno y el pastel es mejor —dijo esbozando una sonrisa mientras comía un gran bocado

—La vista no está mal. Ruby echó un vistazo por encima del hombro hacia la parrilla, donde trabajaba Regina

—Me entere que te poncharon, bateador.

—Recién empezó el juego —dijo antes de comer la tarta.

—. ¿Sabes algo más de ella?

—son sus asuntos, es cosa suya. Cas soltó un bufido.

—Vamos, Ruby

Ella intentó mantenerse distante, pero En realidad, no había nadie con quien le gustase hablar más que con Cas.

—Es reservada, no huye del trabajo, entra puntual y se queda hasta que termina o hasta que Granny la manda a casa. —Ruby se apoyó en la barra y se encogió de hombros—.

—No recibe correo, por lo que me han dicho, Pero se ha puesto teléfono arriba.
Cas se inclinó hacia delante para acercar su rostro al de la muchacha.

—Continúa.

—Bueno, Mary, la del la casona, me dijo que mientras Regina se alojaba allí puso el tocador delante de la puerta de la habitación contigua. Yo creo que tiene miedo de algo o de alguien. No pagó con tarjeta de crédito ni una sola vez, y nunca utilizó el teléfono de la casona excepto para enviar correo electrónico, una vez al día. La habitación tenía acceso de alta velocidad, pero cuesta diez dólares al día; el teléfono de recepción sale más barato. Eso es todo.

—Parece que le vendría bien alguna distracción.

—Eso es un eufemismo, Cas —dijo Ruby disgustada. Se echó hacia atrás, molesta consigo misma por haberse dejado arrastrar a un antiguo hábito—.

—Te diré lo que no le hace falta. No le hace falta ningún tipo salido que la persiga con la esperanza de llevársela a la cama. Lo que le vendría bien es un amigo.

—Yo puedo ser un amigo. Tú y yo somos amigos.

—¿Eso es lo que somos? Algo cambió en los ojos de Ruby y en el rostro de él. Deslizó la mano sobre la barra hacia ella. —Ruby.. ella apartó la mirada, retrocedió y exhibió su sonrisa de camarera.

—Hola, sheriff. —Buenos días, Ruby y compañía.

El sheriff George se acomodó en un taburete. Era un hombre corpulento, de brazos largos, que caminaba con paso pausado y mantenía el orden con la razón y el compromiso cuando podía, y con la fuerza y una mirada dura cuando no podía. Le gustaba el café dulce y ligero, y ya alargaba el brazo para coger el azúcar cuando Ruby le sirvió una taza

—¿Estáis peleando otra vez?

—Solo hablamos —dijo Cas—. De la nueva cocinera de mi madre.

—Desde luego, sabe manejar esa parrilla. Ruby, ¿le dices que me prepare una pechuga de pollo frita? Se echó el azúcar en el café. Tenía los ojos de color azul claro y no tenía pelo.
Su fuerte mandíbula estaba bien afeitada; durante catorce años su esposa había insistido, hasta casi volverle loco, para que se librase de la barba que se había dejado crecer durante el invierno.

—¿Vas detrás de esa chica morena, Cas? —He hecho algunos movimientos de tanteo en esa dirección. George sacudió la cabeza.

—Tendrías que sentar la cabeza con el amor de una buena mujer.

—Lo haré en cuanto pueda. La nueva cocinera tiene un aire de misterio — comentó Cas antes de hacer girar su taburete con la intención de charlar—.

—Hay quien piensa que huye de algo.

—Si es así, no es de la policía. Yo sé hacer mi trabajo —dijo George cuando Cas enarcó las cejas—.

—No tiene antecedentes ni órdenes de detención pendientes. Y prepara una carne genial.

—Supongo que sabe que ahora vive arriba. Ruby acaba de decirme que Mary le contó que Regina dejaba el tocador contra la puerta de la habitación contigua mientras se alojó allí. A mí me parece que está asustada.

—Tal vez tenga motivos —dijo el sheriff dirigiendo su penetrante mirada hacia la cocina—.

—Seguramente ha dejado a un marido, o a un novio, golpeador.

—Nunca he entendido esas cosas. Un hombre que le pega a una mujer no es hombre. George se tomó su café.

—Hay toda clase de hombres en el mundo.


Cuando acabó su turno, Regina se instaló arriba con su diario. Había dejado la calefacción a unos moderados dieciocho grados y llevaba un jersey y dos pares de calcetines. Calculaba que el ahorro por ese concepto compensaría las luces que mantenía encendidas día y noche. Estaba cansada, pero era una sensación agradable. El apartamento tenía un efecto positivo en ella; era seguro, amplio y ordenado. Aún más seguro cuando apuntalaba debajo del pomo de la puerta uno de los dos taburetes que Granny le había dado. Algo que hacía siempre que estaba en la habitación. Hoy también ha sido un día tranquilo. Casi todos los clientes eran del pueblo. – se dijo Regina- mañana tengo día libre. He decido tomar uno de los senderos fáciles que llevan hasta el cañón, e ir tan lejos como pueda, ver el río. Quiero ver los rápidos. Llevar algo para comer y me tomaré mi gran diferencia entre Bahía de Back en Boston y el río de Storybrooke.


La cocina estaba muy bien iluminada. Regina canturreaba con Sheryl Crow mientras fregaba los fogones. «La cocina —pensó—, queda oficialmente cerrada. » Era su última noche en Maneo's —el fin de una era para ella—, por lo que pretendía dejar reluciente su puesto de trabajo. Tenía toda la semana libre y luego iniciaría el empleo de sus sueños como jefa de cocina de Oasis. «Jefa de cocina —pensó, bailoteando mientras trabajaba— para uno de los mejores restaurantes de Boston. » Supervisaría a un equipo de quince personas, diseñaría sus propios platos de firma y su trabajo estaría a la altura de lo mejor del negocio. No podía esperar.
Ella misma había seleccionado a robin, y rumple, para tomar su puesto. Harían un buen trabajo. Sabía que robin y su esposa, Mariam se alegran por ella. De hecho, su ayudante de cocina y hermana Zelena , era incapaz de guardar un secreto, por lo que se está preparando una fiesta para celebrar su nuevo puesto y despedirla, pronto se irían y extrañaría ese lugar, a la gente, pero en el momento justo para dar el siguiente paso.

asintió con un gesto de satisfacción al dar un paso para atrás y ver su cocina y se llevó los artículos de limpieza al pequeño armario.

Cuando oyó el impacto afuera de la cocina puso los ojos en blanco pero los gritos la hicieron darse la vuelta. Cuando estallaron los disparos, se quedó helada. Mientras se sacaba del bolsillo el teléfono móvil con dedos temblorosos, la puerta de batiente se abrió de golpe. Hubo un movimiento confuso y un instante de miedo. Vio la pistola, vio solo la pistola. Tan negra, tan grande. Entonces fue arrojada hacia dentro del armario con un golpe ardiente e inexpresable le en el pecho.


El grito que nunca llegó a emerger brotó de Regina en aquel momento mientras se incorporaba tambaleándose en la cama y se llevaba una mano a la parte superior del pecho. Podía notar aquel dolor donde había impactado la bala. Pero cuando se miró la mano, no vio sangre; cuando se frotó la piel, solo palpó la cicatriz.

—está bien. Estoy bien. Sólo son sueños, es todo —pero se estremecía mientras revisaba la puerta.

No había nadie afuera ni un alma en la calle. Las cabañas, las casas estaban oscuras. Nadie iba a terminar lo que empezó dos años antes. No se sabía paradero. Seguía viva, era un accidente el destino.
Estaba viva y era el alba de un nuevo día. Se quedó parada, admirando el Este Rosa y Dorado extendiéndose sobre el lago hasta que el agua brillo como si fuera de vidrio. La bruma se deslizaba por el suelo, delgada como el papel de seda. Y ahí, la luz entró a la cabaña de Emma.
Ver la luz y saber que alguien estaba despierta como ella, era de una extraña forma reconfortante.
Lo soñó, casi todo, pero no se derrumbo. Eso ya era un avance ¿no? Quizás Emma se asomaría por la ventana mientras ella miraba por la suya y también vería el mismo brillo. De esa forma extraña compartirían el amanecer.


Para cuando termino de llenar su mochila parecía pesar 20 kilos. Sólo caminaría 13 km de ida y vuelta, pero pensó que sería mejor ser cautelosa y prepararse para una caminata de más de 15 km. Hacia un buen día, el cielo estaba claro, y lo pensaba aprovechar.

Levanto la mochila y salió andar junto al lago para tomar el camino entre el bosque hacia la pared del cañón.
Cuando el camino se partió, tomo la ruta que indicaba el cañón. El camino subía ligeramente entre coníferas, siguiendo la pendiente. El montañas se alzaban como lanza y sus cimas brillaban bajo el sol. Cuando recorrió los primeros 2 km, paro a descansar.
Aún veía el destello de largo hacia el sureste. El turno del desayuno ya estaría en su apogeo, pensó, y el restaurante lleno de ruido y conversaciones. Pero ella estaba sola, acompañada del suave viento que corría entre los árboles.
Continuo. El camino atravesaba prados quietos y dormidos, serpenteaba por las pendientes. Subió jadeando la cuesta y oyó el primer retumbar del Río. Cuando el camino volver dividirse, miro con nostalgia el señalamiento. Tenía calambres en los músculos de las piernas y se dio cuenta que probablemente se había pasado con el contenido de su mochila, pero se había propuesto a subir la montaña caminando y eso era justamente lo que iba hacer.
Sacó unos binoculares y observó a deportistas remar y aún hombre y un niño. Con los binoculares al cuello Regina siguió su camino.
La altura era fascinante. A medida que su cuerpo se impulsaba hacia delante, sentía el sudor humedecerle la espalda. Subió con dificultada jadeando. Y se detuvo de golpe, Patinando, Al ver a Emma posando en una ancha saliente rocosa.

Apenas si la volteo a ver.

—debí imaginarme que eras tu. Haces suficiente ruido para provocar una avalancha.

—¿qué haces aquí arriba?

—No entrometiéndome en asuntos ajenos —Emma mostró el cuaderno que tenía apoyado en su regazo.

—¿tu? además de hacer ruido y Jadear al andar, ¿demostrando que no hay montaña que no puedas subir?

—eso no es cierto —por supuesto que era cierto pensó Regina.

—Salí a caminar. Es mi día libre. ¿ escribes aquí?

—Investigo. Más tarde mataré a alguien aquí arriba. En la ficción. Es un buen lugar para hacerlo en esta época del año. No hay nadie en los senderos, o casi nadie. En la hace venir hasta acá y la avienta, — Emma se inclino un poco hacia delante, mirando hacia abajo.

—Es una caída larga y horrorosa. Un terrible accidente.

A pesar de todo, Regina quedo intrigada

—¿porque lo hace?

Emma encogió sus brazos, llevaba una blusa blanca.

—más que nada porque puede.

—hay gente en el río. Podrían verlo.

—por eso se llama ficción. —Repitió entre dientes y anotó en su libreta libreta.

—Quizás y ¿qué verían?

—bueno, te dejo hacer tus cosas.

Su respuesta fue sólo un gruñido ausente. Ella siguió su camino, un poco molesta. Emma había elegido un buen lugar para apreciar la vista, mismo al que ella había elegido. Pero ya encontraría el suyo propio. Sabia que pronto se le acabaría la resistencia. Una curva más, decidió, sólo una más, luego sacaría el almuerzo y disfrutaría una hora junto al río. Ese último esfuerzo fue recompensado cuando vio un rápido. En agua golpeteo contra la piedra, luego se desbordaba por una cascada espumosa. Su estruendo llenaba el cañón. Lo había logrado. Aliviada se quito la mochila del hombro, y acomodándose en una roca sacó su almuerzo y comió vorazmente.

En la cima del mundo, si se sentía, mordió una manzana tan crujiente que le despertaron los sentidos, al mismo tiempo que un halcón planeaba en las alturas. Alzo los binoculares para seguir su vuelo, luego fue bajando hasta llegar a la poderosa oleada del río. Esperanzada, empezó buscar vida silvestre en las rocas y los Pinos. De no haber estado buscando por la orilla pedregosa no los habría visto nunca.
Estaban entre los árboles y las piedras. El hombre estaba de espaldas. La mujer de cara hacia el río, con las manos sobre las caderas. Aun con los binoculares la distancia era demasiada para verlos claramente, pero noto su cabello oscuro bajo una gorra roja, y que tenía puesta una chaqueta roja. Regina se preguntó qué estaba haciendo, si estaban debatiendo porque lugar entra al río. Pero no vio ni una canoa. Entonces estarían acampando, aunque tampoco vio ningún equipo. Encogiéndose de hombros volvió a observarlos.

—están discutiendo —murmuro —eso parecía.

El rostro de la mujer parecía enojado y lo señalaba con un dedo. El hizo un ademán como si fuera un árbitro indicando que el bateador estaba seguro en la meta, y esta vez ella lo abofeteo.
Regina empezó bajar los binoculares, pero se le congeló la mano y sintió un fuerte latido del corazón. El hombre echó atrás el brazo. No pudo distinguirse si fue un puñetazo o una bofetada, pero la mujer cayó al piso.

—no, no, no lo hagan —murmuro —. Deben detenerse.

Pero la mujer se levantó y arremetió contra él. Antes de poder asestar el golpe que quería, fue empujada y cayó con fuerza. El hombre se aproximó y pareció que le daba la mano para ayudarla a levantarse. La mujer sangraba en la nariz, pero seguía moviendo los labios. La cosa empeoro, y mucho más, cuando él se montó encima de la mujer, la agarro del pelo Y le azoto la cabeza en el suelo. Regina se puso de pie y no les quito la vista encima. El tomo a la mujer del cuello. Las botas de ella revoloteaban en el suelo; tenía el cuerpo levantado y arqueado. Y cuando se quedó quieta, del pecho de Regina salieron fuerte sollozos. Se dio la vuelta, y a tropezones bajo a toda velocidad. Luego empezó a correr.

Veía todo borroso al deslizarse cuesta abajo a una velocidad demente. Sentía el corazón en la garganta mientras tropezaba y resbalaba por las bruscas curvas. Se imagina el rostro de la mujer de la chaqueta roja como otra cara de mirada fija y ojos de muñeca.
Zelena. No era Zelena.. No estaba en Boston. No era un sueño.
Pero aun así todo se mezclaba y se confundía en su mente hasta que oyó los gritos y los disparos. Hasta que el mundo le empezar vueltas.

Chocó contra Emma, lucho con furia contra su cuerpo.

—detente. ¿Estas loca? ¿Te quieres suicidar? —la empujo contra el muro de piedra, sosteniéndola entre sus brazos cuando se le debilitaron las rodillas, le tomo el rostro entre sus manos y miro fijo esos ojos marrones llenos de confusión y miedo, y le dijo.

—¡ya cállate! La histeria no ayuda en nada. ¿Que viste un oso?,

—la mato, la mato. Lo vi... Lo vi. No era Zelena. Escucha, la mato al otro lado del río —le dijo a Emma mientras la abrazaba con fuerza y sollozaba.

—respira —se separó de Regina, bajo la cabeza hasta que sus ojos de nuevo encontraron los de ella.

—dije que respires. Bien, otra vez, dímelo otra vez.

—esta bien, esta bien, estoy bien —aspiro

—por favor ayúdame, por favor. Estaban al otro lado del río y los vi, con estos —levanto los binoculares —la mato y lo vi todo.

—muéstrame

Regina cerró los ojos, y aflojo el abrazo de Emma.

—por el sendero, no se que tan lejos. No quería volver, pero el la llevaba del brazo.

—pare en las cascadas —dijo Regina —había un halcón. Saque los binoculares. Estaba buscando entre las rocas y vi dos personas.

—¿como eran? —pregunto Emma

—no vi bien, pero ella tenía el pelo largo y oscuro, una chaqueta y gorra rojos. Llevaba gafas de sol. El estaba de espaldas.

—¿ el como estaba vestido?

—eh, tenía una chaqueta oscura y una gorra naranja, como cazador. El también tenía gafas de sol. No le vi la cara. Ahí, ahí está mi mochila. Fue allá —señaló con el dedo —

—frente a los árboles. Ya se fueron, pero los vi. Tengo que sentarme.
Cuando se fue hasta la piedra, temblando, Emma no dijo nada, pero tomo los binoculares. No vio a nadie.

—¿que viste exactamente?

—estaban discutiendo. Ella lo abofeteo. El la derribo al suelo, pero se levanto y arremetió contra el. Ahí la volvió a golpear. Creo que le vi sangre en el rostro. Ay, dios... Ay dios.

Emma hecho una mirada rápida en dirección a Regina.

—no te vas a poner histérica, me vas a contar lo que viste —se inclinó hacia ella mirándola a los ojos, y tomándola de la mano, para tranquilizarla.

—se agacho, la tomo del pelo y le golpeo la cabeza en el suelo. Creo que la estrangulo. —Regina se paso el dorso de la mano por la boca, rezo por que no le dirán nauseas.

—ella primero daba patadas, luego ya no.

—esta muy lejos, ¿estas segura?

Regina alzó la mirada.

—¿has visto un asesino?

—no

Regina tomo su mochila

—yo si. La llevo a alguna parte, pero la mato, y se escapara. Tenemos que buscar ayuda.

—dame tu mochila.

Regina se levanto.

—yo puedo cargarla

Se la quito Emma y la miro con lastima.

—lleva la mía es más ligera —se la saco del hombro y se la entrego

Regina se la hecho al hombro.

—el teléfono celular ¡que idiota soy!

—no hay señal —respondió Emma mientras Regina lo buscaba en los bolsillos.

Sin dejar de caminar probo utilizarlo igualmente.

—deberías adelantarte llegaras mas rápido Emma.

—no

—Pero... —yo no e visto que mataran a nadie —dijo Emma

— ¿Cuánto tardaremos en regresar?

—Lo que haga falta. Y no empieces a darme la lata preguntando sin parar si ya queda poco.

Regina estuvo a punto de sonreír. Aquella chica era tan brusca, y tan sensible a la vez, que el abrazo y la mirada dulce que le dedico no le pasarían desapercibido y provocaba que dejara su miedo de lado. Tenía razón. Tardan lo que tardan. Llegarían y harían lo que tuvieran que hacer cuando estuvieran ahí.


gracias por sus reviews. Y a las que aún no siguen mi otra historia les invito, profundo deseo, les gustara.

Ya saben como es esto, reviews y entre mas sea más rápido y extenso! bueno lo necesario. Gusto de leerlas hasta la próxima

dejen sus reviews chicas lindas. me hace muy feliz leerlas y ver como lo llevan.