gracias por sus reviews, michii15/MClementineD/tamysnape/gloes/Aquarius7

Creo que aunque Regina este un poco loca, sigue siendo fuerte por consecuencia no creo que quiera que alguien le tenga lastima, lo siento no creo que alguien comparta la cama de Regina :(

lo siento creo que si les dio una gran emocion el capitulo no lo volvere a hacer xD, si creo que regima hizo una gran elección de flores, a mi también me agrada.

michii si no me equivoco es michelle (lo siento no se escribir el nombre xD) es así?

Serás encantarora así?. Esta bien acepto el reto. Y ya como me tienes bien identificada en fb, espero una pista de quien eres, y refierete a mi como señorita xD.

me hacen feliz leerlas y mas si Son unos súper largos reviews si michii te hablo a ti.

sin mas a leer!


La oficina del alguacil oiga café viejo. Adiós escritorios de metal, una frente al otro donde, supuso Regina trabajaban sus ayudantes.

George alzo mirada.

—Hola, señorita Mills.

—Regina. Quería hablar con él el alguacil, claro, si esta.

—claro, esta en su oficina. Adelante.

—gracias —camino por el pasillo en la dirección que indicó el guardián. La puerta de George Marshall estaba abierta.

Estaba sentado detrás de un escritorio de olmo que parecía haber sobrevivido a una guerra. Además de la computadora y el sistema teléfono, sola había dos Marcos con fotografías. Del perchero de la esquina colgaba su sombrero y una chaqueta café descolorida.

George se puso de pie.

—entra, Regina. Acabo de llamar a tu casa.

—¿tienes tiempo?

—siéntate. ¿quieres una taza del peor café d Storybrooke?

—Paso, pero gracias. Quería saber si tenías noticias.

—bueno, por un lado, ninguna de las personas que han de reportado como desparecidas en la zona corresponde con la mujer que reportaste.

—nadie se ha enterado de que desapareció. Sólo ha pasado un día. —dijo Regina convencida

—crees que me lo imagine.

George camino hacia la puerta, la cerro y regreso a su escritorio. Su rostro solo mostraba bondad.

—sólo puedo decirte lo que se. Sé que no faltan mujeres en el pueblo y que todos los visitantes están vivitos y coleando. Y se, porque mi trabajo es investigarlo, que tuviste un problema hace unos años.

—eso no tiene ninguna relación con esto.

—quizás si la tenga. Quiero que lo pienses detenidamente. Podría ser que viste dos personas discutiendo. Te equivocaste de alguna forma.

—estaba muerta.

—ahora, como no tenias forma de tomarle el pulso, ¿podría ser que se fue caminando sin más que algunos hematomas?

—estaba muerta. Si se hubiera ido caminando, ¿como explicas el hecho de que no dejaran rastro?

—fue tu primera vez en ese sendero. Estabas estupefacta y alterada. Es un largo río, Regina. Es fácil confundir el lugar cuando volviste con Emma.

—no me pude haber equivocado tanto así.

—bueno, he buscado todo lo que he podido, pero hay mucho espacio por recorrer. Me puse en contacto con los hospitales más cercanos y no han atendió a ninguna mujer con las características que mencionaste, golpes en cuello o la cabeza.

Regina se puso de pie.

—crees que no vi nada.

—estas equivocada. Creo que viste algo que te asustó y que alteró, pero no encuentro nada que respalde que viste un homicidio. Te aconsejo que dejes que sigue investigando y tienes mi palabra de que lo haré.

Cuando Regina se marchó, George Soltó la respiración. Haría todo lo posible, pensó, Y no se podía pedir más de alguien. Ahora se iría a casa y cenaría con su esposa e hijos.

Regina llenó su pequeña bañera con agua caliente y un chorro generoso de jabón de burbujas que había comprado en la farmacia. Había comido queso y galletas, ahora se sumergiría y empezaría el libro de Emma en la tina. No quería pensar en la realidad. No sabía si cerrar o no la puerta del baño, pero la habitación era tan pequeña.
La puerta principal estaba cerrada con llave, se acordó, y había puesto una silla contra el pomo. Estaba perfectamente segura. pero después de meterse a la bañera, tuvo que enderezarse dos veces para mirar hacia la sala por si acaso.
Leyó 10 minutos pero el creciente nerviosismo indicó que ya había sido suficiente y soltó el agua. Se estaba poniendo unas pijamas de franela y una camiseta cuando Granny llamo a la puerta.

—abre —grito—no tengo toda la noche

Con las rodillas temblando. Regina se apresuró a la puerta y, haciendo el menor ruido posible, quito la silla.

—perdona, ¡un momento! —quito el seguro, saco la cadena de seguridad.
Granny entro a paso firme

—estoy en el descanso —avanzó hasta la ventana, la abrió unos centímetros y saco un paquete de Marlboro lights —¿vas a decirme que no se puede fumar aquí?

—no —Regina le acerco una taza para que la usara como cenicero —¿que tal hoy de clientela?

—no esta nada mal. Cas esta ahí abajo. Esta preocupado por ti —fumo contemplativa —se corrió la voz sobre lo que viste en el sendero ayer.

—¿lo que vi o lo que creí ver?

—pues dímelo tu

—lo vi

—de acuerdo entonces. Rubí quería que te dijera que podía venir a pasar aquí la noche o que podrías quedarte en su casa.

—¿si? Que amable de su parte, pero esta bien.

—Como estas tu jefa y tu casera, hoy mi tarea fue filtrar preguntas sobre cómo te va, marco, August, Whale, Katheryn, Ashley, Rubí... etcétera pero la preocupación de casi todos fue sincera pensé que era buena idea avisarte.

—agradezco las preguntas, los buenos deseos, la preocupación. Granny, el alguacil no ha encontrado nada.

—Si algunas cosas toman mas tiempo que otras. George seguirá buscando.

—sí, supongo que si. pero no cree que vi lo que dice haber visto. Porque habría de creerlo, nadie, en realidad si ahora lo creen, cambiarían de parecer una vez que se corra la voz, sobre lo que paso en Boston. Y... —su voz se fue apagando y fue entrecerrando los ojos— creo que ya se corrió.

—alguien se lo susurra alguien que se lo susurró alguien más. Así que, sí, se anda rumorando algo sobre lo que pasó allá y cómo fue que te lastimaron.

—tenía que pasar —se encogió de hombros tratando de restarle importancia —Ahora habrá más rumores, se dirá más cosas. Después dirán, " pobrecita, lo paso tan mal que no puede superarlo. Se imagina cosas"

—qué horror y yo sin pañuelos—Granny sacudió la ceniza de su cigarrillo —me aseguraré de traer uno la próxima vez que me invites a tenerte lastima.

—Que mala eres — dijo Regina —¿porque es que las dos personas que menos me comprenden son las que mas me ayudan?

—me imagino que ya tuviste bastante comprensión en Boston.

—exacto. Ahora estoy aquí hablando contigo y me siento mejor. Aunque cuando te vayas voy tener que revisar que las ventanas estén bien cerradas y echare llave a la puerta.

—¿también volverás a poner la silla debajo del pomo?

—no se te escapa nada.

—no mucho —reconoció Granny —ya he vivido sesenta años, así que...

—¿tienes sesenta años? Vamos.

Sin poder evitar una sonrisita por la palpable incredulidad de Regina, Granny se encogió de hombros.

—Cumplo sesenta y uno después de enero, así que estoy practicando. Así no se me será tan impaciente. Ahora ya perdí el hilo.

—te habría puesto diez años menos.

Granny la miro larga y fríamente, pero volvió a soltar la sonrisita

—¿estas tratando de conseguir un aumento antes de tiempo?

—de ser posible

—reconozco un buen caldo cuando lo veo. Aguantaras. Ya has aguantado más. .
¿no?

—no es verdad

—no me digas que no —regaño Granny —estoy aquí parada mirándote, ¿no? sólo recuerda, en Storybrooke puede haber oídos profundos, pero en este pueblo hay gente buena, o ya me hubiera ido hace bastante tiempo. Si necesitas ayuda, pídela.

—lo haré.

Granny se detuvo en la puerta

—Va a llover otra vez. Te espero a las seis en punto.

Una vez sola, Regina se levantó a cerrar las ventanas y a cerrar la puerta con llave. Se tomó su tiempo. «Cualquier mujer lo cierra todo para pasar la noche», se dijo. Si apoyaba la silla bajo el picaporte, eso no perjudicaba a nadie. La lluvia llegó poco después de las dos de la mañana y la despertó. Se había dormido con las luces encendidas y el libro de Emma en la mano. Se oían truenos ahogados bajo el golpeteo de la lluvia sobre el tejado y contra las ventanas. Le gustaba la fuerza de aquel sonido. Hacía que se sintiese aún más confortable y abrigada en su pequeña cama. Se acurrucó mientras se frotaba el cuello entumecido. Suspiró y se tapó hasta la barbilla.

Al recorrer con la mirada la habitación antes de volver a cerrar los ojos, se quedó helada. La puerta de la calle estaba abierta. Solo una rendija. Temblando, se envolvió los hombros con la manta y agarró la linterna que tenía junto a la cama como si fuese un garrote. Tenía que levantarse, tenía que mover las piernas. Se levantó, con la respiración entrecortada, y corrió hasta la puerta. Dio un portazo, cerró con llave y accionó el picaporte con fuerza para asegurarse de que no cedía. El corazón le latía a toda velocidad mientras corría a las ventanas para asegurarse de que estaban bien cerradas. Atisbo por los cristales. No había nadie bajo la lluvia. El lago era una negra extensión de agua; la calle estaba resbaladiza y vacía. Trató de convencerse de que había dejado la puerta mal cerrada por error o se las había arreglado para abrirla al hacer la última comprobación antes de acostarse. El viento la había abierto un poco. La tormenta había entrado y el viento la había abierto. Pero se arrodilló junto a la puerta y vio los ligeros arañazos que había producido el roce de la silla. El viento no había abierto la puerta con la fuerza suficiente para mover la silla más de dos centímetros. Se sentó contra la pared, junto a la puerta, con la manta sobre los hombros. Consiguió echar una cabezada, y luego vestirse y trabajar. En cuanto la tienda abrió, se tomó su descanso y se acercó a comprar un cerrojo.

—¿Sabe cómo instalar esto? —preguntó Marco

—Pensaba que podría averiguarlo. El hombre le dio una palmadita en la mano.

—¿Por qué no se lo instalo yo? De todos modos, hoy pensaba ir a comer a Granny's . No tardaré mucho.

«Pide ayuda cuando la necesites», recordó Regina.

A la hora de descanso, Regina se apresuró a arriba para hacer la salsa para el filete asado que había planeado para la cena con Emma.

Cuando terminó su turno, volvió a toda prisa. Hacia mucho que no preparaba una cena íntima de verdad.
Mientras las papas y la zanahoria se doraban en el jugo del asado, abrio una botella de caber Net para dejarlo airear. Pensó que tal vez había sido tonto comprar servilletas de una tela con estampados brillantes, pero se veían tan festivas puestas sobre los platos blancos. Y las velas eran prácticas. Eran Por si se iba la luz, o se acaba la batería de su interna.
Ya había puesto los champiñones rellenos en el horno bastante antes de oír pisadas en las escaleras. Dejó de lado el pánico inicial y fue hacia la puerta.

—¿Emma?

—¿esperas a alguien mas? ¿que hay de cenar?

—croquetas de salmón y espárragos al vapor con polenta

—traje esto quizás quieras guardarlo para otra ocasión

Tomo la botella en sus manos, era un buen pinot grigio. Se dio cuenta que Emma prestaba atención, incluso cuando no lo aparentaba.

—gracias. Ya abrí un cabernet, por si quieres una copa.

—no la rechazare —lanzó su cazadora roja sobre la silla

Le sirvió una copa. Se dio la vuelta y saco el asado del horno, luego lo puso sobre la estufa, los puso en un plato, los dejo en la barra entre las dos, y alzo la copa a medias para brindar.

—es la primera comida que cocino para alguien mas en dos años.

—todos los días cocinas abajo

—quiero decir, es la primera comida que hago por mi gusto, no me daba cuanta cuanto la extrañaba.

—me da gusto haber ayudado.

No era muy difícil, era más fácil para ella que salir. Que seguir una actividad hecha para iniciar conversación. Ahí podría relajarse, disfrutar con los últimos preparativos de la comida.

Mientras ella continuaba Emma sirvió vino para ambas, había advertido las velas, las elegantes servilletas, se dio cuenta que las había comprado después de su última visita.
Regina se estaba poniendo cómoda, decidió.

—empece tu libro, me gusta —dio la vuelta a la barra para sentarse junto a Emma, —me da miedo y eso es bueno. Me aleja el pensamiento de mis propios nervios. ¿triunfan el amor y la justicia?

—los finales felices no ganan premios Pulitzer.

Regina frunció los labios.

—¿eso buscas?

—si así fuera seguiría trabajando en el Tribune. Cocinar carne asada en Storybrooke tampoco te hará ganar el equivalente culinario del premio.

—también yo pensé querer eso en otro momento. Los premios importantes, el reconocimiento. Prefiero cocinar carne asada. ¿que tal?

—yo te daría el premio —corto otro bocado, seguido por un bizcocho con mucha mantequilla —¿donde compraste los bizcochos?

—yo los hice

—bromeas. ¿con harina y todo?

—es uno de los ingredientes. Déjame adivinar que tienes en tu alacena. Pizza congelada, latas de carne con Chile quizás wafles, salchichas.

—es suficiente para sobrevivir ¿me vas a llevar por el buen camino, morena?

—por supuesto. Antes de volverme loca era organizada. Tengo recetas en la computadora.
¿porque?

—me preguntaba porque no has escrito un libro de cocina.

—solía pensar en hacerlo. Algo moderno y divertido y dirigido a los jóvenes, las fiestas urbanas y la gente que acostumbra los almuerzos dominicales.

—si haces una propuesta, se lo mandare a mi agente.

—¿porque harías algo así?

—pero si hubieras escrito un manuscrito para una novela, la única manera en que lo leería seria si me pusieras una pistola en la cabeza o te acostaras conmigo. Pero como ya he probado tu comida de primera mano, puedo hacer el ofrecimiento sin la pistola o el sexo.

—me parece razonable. Te ofrecería otro plato, pero tienes que dejar espacio para el postre ¿porque no te vas a la sala y disfrutas del vino? Voy a limpiar esto.

—gracias. Pero aquí la vista es mejor. Vi una foto tuya de hace unos años. Te veías Hermosa.

—¿porque estabas viendo artículos por internet?

—¿sobre ti en especial? Por curiosidad. Tu pelo era mas corto.

Regina llevo los platos al fregadero

—si. No he podido ir a un estilista desde. Me lo deje crecer.

—Tienes buen aspecto. Debes de tener buenos genes.

Pero es una bobada no tratar de recuperar algo que te gusta. «Buenos genes», pensó mientras colocaba los platos en el escurridor. No era exactamente un cumplido poético. De todos modos, hizo que se sintiera más segura de su apariencia de lo que se había sentido en mucho tiempo.

—Lo pondré en mi lista.

Se volvió secándose las manos en el paño mientras Emma apartaba y bajaba del banco. Regina no dio un paso atrás, aunque pensó hacerlo. Una retirada no funcionaria con Emma. En realidad no estaba segura de sí quería retroceder o avanzar hacia ella.
Emma le quitó el paño de las manos y lo arrojó a un lado de un modo que le arrancó una mueca de disgusto.

—Había que ponerlo a secar plano para que no...

Emma apoyó las manos en el borde del fregadero, a cada lado de ella, como había hecho sobre el capó de su coche.

—¿Qué hay de postre?

—Pastel de manzana con helado de vainilla. Se ha estado calentando en el horno mientras...

Una boca sensual capturó la de Regina, firme y fuerte. Regina saboreó el vino en su lengua, fuerte y tentador, y sintió el roce de sus dientes. Su sangre se encendió como si le hubiera alcanzado un rayo.

—Madre mía —consiguió decir—. Es como si se me cruzaran los circuitos del cerebro. Chisporrotean y echan humo.

—Tal vez necesitas tumbarte.

—Me gustaría. Reconozco que me apetecería. Hasta he lavado las sábanas, por si acaso.

Emma sonrió.

—¿Has lavado las sábanas?

—Parecía lo adecuado. Pero... ¿puedes dar un paso atrás? Me cuesta respirar.

Emma retrocedió.

—¿Mejor?

—Sí y no. «Es tan irresistible...», pensó. Regina se atenía a su impresión inicial.

Era hermosa, guapa pero también irresistiblemente atractiva. Femenina hasta la médula. Manos delicadas, pies hermosos, boca dura, cuerpo duro.

—Quiero irme a la cama contigo; quiero volver a tener todas esas sensaciones. Pero creo que necesito esperar hasta estar un poco más segura de mí misma.

—Y de mí.

—Esa es una de las cosas que me gustan de ti. Lo captas todo. Seria normal para ti, agradable, tal vez fantástico, pero normal. Para mí, volver a tener intimidad sería, o será, monumental. Me parece que más vale que estemos seguras las dos, porque es un gran peso para ti.

—O sea que si no te acuestas conmigo es por mi bien.

—Por decirlo de alguna manera.

—Eres muy considerada.

Emma le dio un suave empujón y volvió a besarla. Esta vez le pasó las manos por los costados, amoldándose a sus pechos los acaricio tiernamente por encima de su blusa sintiendo esos en esos suaves pechos que tanto la volvian loca, tocando los pequeños botones masajeando lentamente, torturándola. bajo a su cintura, sus caderas. Luego, una vez más, dio un paso atrás.

—¿Qué cosa es un pastel de manzana?

—¿Qué? ¡Ah, espera! Regina se tomó un momento, con los ojos cerrados, hasta que su cerebro volvió a la normalidad. —Es delicioso, ya lo verás. Ve a sentarte, dame un minuto y te lo demostraré. ¿Quieres café?

—No tienes café. —La verdad es que... —dio un paso hacia un lado para evitar el contacto con Emma y cogió un termo que había sobre la encimera— he subido un poco.

—¿Tienes café? Regina vio que, por una vez, le había sorprendido.

—Suave y con un terrón de azúcar, ¿verdad?

—Sí, gracias. Reguna preparó el postre y lo sirvió en la zona de estar.

—No es sexo —dijo—, pero es un final agradable para una cena.

Emma probó el pastel.

—¿Cómo he podido vivir hasta hoy sin esto?

—Aprendí a prepararlo para mi padre. Era su postre favorito.

—Un hombre con buen gusto. Regina sonrió y comió un poco del suyo.

—No has dicho nada sobre... No sé muy bien cómo llamarlo.

—Creo que la palabra es «asesinato».

—Sí, la palabra es «asesinato». Una de las teorías del sheriff es que me equivoqué de sitio, y que ella no murió. Tal vez vi a un par de personas que se peleaban, pero no fue un asesinato. Por eso nadie ha denunciado la desaparición de ninguna mujer.

—Y tú no estás de acuerdo.

—Para nada. Sé lo que vi y dónde lo vi. Tal vez no han denunciado su desaparición porque esa mujer no era importante para nadie. O porque venía, en fin, de Francia. Esta vez

Emma sonrió.

—Fuera de donde fuese, alguien debió de verla. Poniendo gasolina, comprando comida, en un camping, en un motel... ¿Podrías describirla bien?

—Ya lo he hecho.

—No, quiero decir si podrías describírsela a un dibujante.

—¿como a un artista de la policía?

—no, se me ocurrió con el doctor. El hace bosquejos de cartoncillo.

—estoy dispuesta a intentarlo si vas conmigo.

Emma ya había planeado acompañarla.


—¿y que tal te fue? —Ruby le dio un codazo a Regina

—¿que tal me fue de que?

—en tu cita con Emma de anoche.

—solo le hice de cenar. Era para pagarle un favor.

—solo una cena —ruby puso los ojos en blanco —compraste velas, y servilletas de tela y vino elegante.

—cielos — Regina no sabia si reír o encogerse de hombros —¿no existen los secretos en Storybrooke?

—ninguno que no pueda descubrir ¿quieres salir a tomar una cerveza para brindar por tu buena obra?

Regina sonrío

—sabes que, si.


La comida de la barra de clancy's, no era mala, al menos no si se pasaba con cerveza. Pero lo mas importante para Regina era que había dado un paso más. Estaba en un bar con una amiga.

Era un bar extraño, según las ideas de la costa este. Tenia Cabezas de oso y de alce americano adornando la pared de madera. Los pisos frente a un escenario de baja altura estaban rayados y los taburetes del bar gastados.
La variedad de licores detrás de la barra consistía mas que nada de whisky.
Había un par de mesas de billar y el sonido seco de las bolas se dejaba oír entre la música de los altavoces.

—ahora que te estoy ofreciendo alcohol, cuenta —dijo Ruby —¿que tal las cosas con Emma?

Regina decidió que si quería tener una amiga, tenía que empezar a comportarse como tal. Se inclinó hacia ella.

—ardientes.

—¡lo sabia! —Ruby golpeo la mesa con el puño —es obvio. Los ojos, los labios. Especialmente sus labios están para morderse.

—si, si. Debo admitirlo, estoy considerando lo demás.

Con los ojos bien abiertos ruby se hecho para atrás

—tienes un control sobrehumano ¿se aprende, o se hereda?

—es lo que llamarías un producto del temor. Ahora ya tienes el chisme.

Ruby sorbió su cerveza

—¿te molesta? —le pregunto Ruby

—no lo se. A veces si, y aveces es un alivio. —dijo Regina relajada

—no sabia si decir algo o no. especialmente cuando Granny nos contó a todos la verdad cuando Ashley empezó a correr los chismes. En fin ya que lo mencionas...

—esta bien. No es algo de lo que me guste hablas.

—no te culpo —Ruby le apretó la mano—entonces solo hablaremos de hombres, comida y zapatos. Y para estar iguales en cuanto a los hombres, me casare con cas.

—Dios mío, ¡que bueno!, no tenía idea.

—tampoco el. Y supo go que hará falta tiempo y esfuerzo para refinarlo y hacerlo digno de matrimonio. Pero se me dan los proyectos.

—ah. Entonces, ¿estas enamorada de el?

—lo he querido toda mi vida. Bueno, desde los dieciséis, y eso es mucho tiempo. También el me quiere, pero su forma de manejarlo es corriendo en dirección opuesta. Estoy dandole tiempo.

—vaya. Que sistema tan único y abierto tienes Ruby.

—últimamente me estoy cerrando de mente. Tuvimos algo, cas y yo, cuando teníamos dieciséis, pero no estábamos listos. ¿quien lo esta a los dieciséis?

—ahora si.

—si, ahora si. Solo tiene que ponerse al corriente. Emma no ha salido con nadie en Storybrooke, en caso de que tengas curiosidad. Se dice que salió con una abogada en jackson durante un tiempo, pero nadie de aquí.

—supongo que me da gusto saberlo, no estoy segura que pasa entre nosotras, a decir verdad, que solo hay atracción.

—la atracción es un buen comienzo

Regina jugueteo con las puntas de su cabello.

—¿Ruby donde te arreglas el cabello?

—¿cuando tengo prisa o cuando me quiero dar un lujo?

—estoy reflexionando sobre darme un lujo.

—Regina, Regina, no puedes reflexionar un lujo por definición tienes que lanzarte al lujo. Conozco el lugar perfecto. Podemos convencer a Granny para que nos de el mismo día libre la próxima semana.

—de acuerdo —cuando Regina sonrío uno de los vaqueros del pueblo subió al escenario y empezó a cantar

—¿entretenimiento en vivo? —pregunto Regina

—depende de como veas el entretenimiento, karaoke. Ese es Jefferson Gates trabaja en el rancho de cas.

Tenía una voz profunda y era evidente que le gustaba a la gente, que aplaudía y chiflaba. Al terminar con un aplauso entusiasta, otro hombre se acercó al escenario y canto una balada dulce. Después una rubia sin ritmo destruyó un clásico de Dolly Parton.


Regina aguanto una hora completa y considero esa noche un enorme logro. Caminar a su departamento por las calles silenciosas se sentía casi seguro. Casi fácil. Tan cerca de sentir ambas cosas como no había sucedido en mucho tiempo, concluyó.
Y cuando entro al apartamento, casi se sintió como en casa.

Después de cerrar con llave, revisar el pomo y asegurar la silla debajo, se fue a lavar.
En la puerta de su pequeño baño se quedo congelada. Sus artículos de baño no estaban junto a la repisa del lavamanos. Cerro los ojos fuertemente, pero cuando los volvió a abrir la repisa seguía vacía. Abrió de golpe el botiquín. También estaba vacío.
Con un quejido de angustia se dio la vuelta. Su cama estaba hecha, como la dejo esa mañana. La tetera estaba en la estufa, pero su mochila estaba al pie de la cama.
Le temblaron las piernas al acercarse y el quejido se volvió un grito sordo al abrir la mochila y encontrar su ropa bien doblada adentro. Todo lo que había llevado, todas sus cosas, cuidadosamente dobladas y listas para que se marchara. ¿quien haría una cosa así?

Se agachó junto a la cama y enfrentó la realidad. Nadie pudo haberlo hecho. Ella misma había sido. Debió hacerlo ella. Eran los restos de lo peor de su crisis nerviosa. Le indicaba que corriera, que se fuera, que siguiera adelante. ¿porque no podía recordar?
Se recordó que no era la primera vez que perdía la noción del tiempo o no lograba recordar haber hecho algo. Pero habían pasado meses desde que había tenido ese tipo de episodios. Quizás debería darse por aludida, tomar su mochila y bajar las escaleras, echarla al automóvil y marcharse. A cualquier parte.
Y si lo hacia, cualquier parte seria otro lugar en el que dejaría de ser ella.
Ahí tenía un hogar, una identidad.
Regreso todo a su lugar: la ropa, el cepillo de dientes, los zapatos. Se tranquilizo y se puso a dormir.


wou, el subconsciente de Regina quiere escapar? Será asi?

por lo que parece eso apenas es el comienzo de sus locuras.

sin mas, nos vemos a la próxima. Dejen reviews.