Hola hermosas, soy yo otra vez, bueno, yo quería hacer dos capítulos a la vez, salieron ¡5 páginas! Esto ha sido lo más largo que he escrito, y siento que me faltan varias cosas (?) Bueno, cuando tenga tiempo subiré la continuación, les quiero n.n
—Estúpido, cerdo americano, obeso, mal oliente... — No pudo evitar mascullar un sin fin de palabras ofensivas en voz baja y con enojo él albino, se abrazo a si mismo intentando recuperar el calor perdido, iba a ser un viaje rápido, se dijo, no lleves mucha ropa, no demoraras, se aconsejó y ahora se le congelaba el culo. Todo por la culpa del estúpido de América que había llegado de visita a su casa, algo muy común últimamente, le dejo solo un instante, cinco o diez minutos a lo mucho, y la peor tragedia de la historia sucedió, sus pobres y amados girasoles...
Flash Back
Eran las uno de la tarde en Rusia, el general invierno golpeaba constantemente y con violencia la federación entera, había nieve acumulada por cualquier lugar aunque el sol estaba calentando un poco, pero no tanto; en aquel gran territorio, en una casa enorme vivía Iván o mejor conocido, Rusia observaba con atención cada acción de sus empleados domésticos o como él les catalogaba comúnmente, esclavos, mozos o servidumbre porque él así les consideraba y no tan metafóricamente. No faltaba unas cuantas semanas para que iniciase navidad, posiblemente dos, sí, dos semanas y navidad. Una sonrisa un tanto torcida cruzo sus labios, él no era tan aficionado a esas celebridades, pero sabía muy bien que al ver fechas así, la economía se reproducía y se plasmaba en todas las ciudades, además, con estas fechas, el podría beber más vodka de lo que solía tomar, como si tres botellas al día no fueran lo suficiente y no lo eran, no para Rusia.
Sus sirvientes principales salieron de la casa, los únicos que estaban, supuestamente a comprar arreglos navideños, las personas de limpieza se habían retirado hace unas horas ya que las vacaciones iniciaba, según el contrato de servicio y trabajo, se dirigió a la cocina teniendo, como casi siempre, una sonrisa infantil plasmada en su rostro, que en vez de causar ternura, producía un miedo aterrador en cualquiera que le observara; estaba a punto de sacar una botella de vodka para beberla, cuando tocaron la puerta. — ¡Voooy!~—. Contesto con alegría mientras dejaba la botella en la mesa, camino hacia la puerta principal la cual abrió encontrándose con un rubio cuatro ojos.
—Hi Rusia— Saludo el americano pasando su cuerpo por la puerta para entrar a la casa, él ruso cerró la puerta cuando Alfred estaba a punto de finalizar aquella acción, produciendo que el brazo izquierdo del estadounidense quedase afuera y la demás parte de su cuerpo adentro, un grito, parecido a un aullido de lobo, escupió la boca yanqui.
Iván solo pudo sonreír más de lo que sus labios podían soportar, se llevaba mucho mejor con él americano que anteriormente lo hacía, pero eso no impedía seguir torturándolo de diversas formas. —Hola América ~.
USA gimoteo del dolor mientras daba golpes y patadas violentas a la puerta soltando una que otra palabrota hacia él yangire, con su mano derecha intento girar la perilla para liberar su brazo, pero el oji violeta impidió ello, tomando la mano con la suya propia, apretándola suavemente. — ¿Necesitas ayuda, Alfred?— El tono de su voz era dulce y amable, pero la presión que sometía a la mano del chico se volvía cada segundo extremadamente fuerte y dolorosa.
—¡Suéltame fucking comunista!—Los ojos del chico se cristalizaban por el dolor, entendía que a veces el Euro Asiático no comprendía el sufrimiento y agonía que le producía a los demás países o personas, pero en estos momentos le valía mierda aquello, ¡Un héroe como él nunca debería estar en una situación tan humillante como esta! ¿Qué diría el Capitán América o Superman? ¡Era una terrible vergüenza para sus ídolos!
Para ese momento América impulsaba su brazo hacia atrás para sacarlo, mientras sus pies empujaban la puerta, el ruso soltó la mano del chico que en ese instante estaba desafiando las leyes de la gravedad y la resistencia de su brazo, Iván abrió la puerta haciendo que Alfred cayese al piso de espaldas. El americano fulminó con la mirada al oji violeta sobándose el brazo lesionado, Rusia dio una de sus sonrisas mas espléndidas al chico ofreciendo su mano para que se pudiese levantar, a lo cual USA rechazó inmediatamente, golpeando la mano ajena con su pie, se levanto del suelo sacudiendo su ropa con su mano derecho, ya que, al parecer, no podía mover aun su brazo izquierdo.
Rusia y USA entablaron miradas por unos segundos, a lo cual el menor desvío por la intensidad de ella con un ligero sonrojo. —Bu-Bueno Rusia yo emm ahh t-te quería in-invitar en nombre...—
El susodicho calló al yanqui. —Alfred, lo que me vayas a decir...— Se tomo un segundo para observar el rostro del rubio, era poco frecuente observarlo avergonzado o tímido. —Me lo dices luego. ¿Da?— El eslavo dejo allí mismo al americano con una expresión colérica, marcho directo a la cocina por un poco de agua o más bien coca-cola para su invitado inesperado, él sabía el porqué llego, Inglaterra se lo había comentado en una reunión hace unos días, al parecer los países más cercanos o relacionados iban a realizar una pequeña fiesta para esta navidad, no era obligatorio, pero para Rusia era de importancia asistir, ya que debía mantener el contacto social, después de todo ¿Cómo van a ser uno con Rusia, si no lo conocen? Tsk, tsk, era importantísimo que él asistiera o así le consideraba.
Regreso con la bebida y una que otra fritura, quería platicar con Alfred, hace unos días que no hablaban y no podía permitir que aquello continúe. Al parecer el rubio no estaba en donde mismo, fue a buscarlo a la sala, pero tampoco estaba allí, frunció los labios un poco, decidiendo ir otra vez a la cocina, pensando que tal vez se encontraría en ese lugar, estaba a una milésima de girar la perilla cuando si nariz detecto un olor extraño, como si algo se quemase, algo se quemase... Dejo caer las cosas para ir corriendo a donde se localizaba ese olor, mientras corría empezó a notar una neblina densa de humo, lo que sea que se estuviese quemando provenía del jardín, exactamente del invernadero, tomo su bufanda para cubrirse mejor del espeso dióxido de carbono, dio una patada a la puerta de vidrio, quebrándola en el instante y él resultando intacto, las llamaradas aumentaron en el instante, una silueta salió de aquel lugar, era USA en su rostro se noto la sorpresa y preocupación marcada detalladamente su bufanda rosa, actuando en un instinto desesperado, empezaron a jalar una manguera de emergencia (como la de bomberos), abrió el grifo y un gran chorro de agua salió disparando, apagando victoriosamente el fuego. Mientras aquello sucedía Iván observaba al rubio controlar su respiración, unos segundos después él albino opto por hablar primero.
—A-Alfred ¿estás bien? ¿Qué sucedió?— El tono de voz era de preocupación y duda pura, ¿cómo rayos había pasado eso en unos minutos?
—Pe-Perdón...— El estadounidense susurro mientras agachaba la cabeza muy avergonzado por sus acciones anteriormente realizadas, todo esto había sucedido por su propia malicia. Solo esperaba que el euro asiático no lo matase allí mismo.
— ¿Perdón?— Esto resultaba totalmente confuso, él no genero el accidente, además, que importaba, solo eran plantas y ya.
—Y-Yo... Yoorigineesteaccidente— Hablo demasiado apresurado pero Rusia le entendió a la perfección, el albino sonrió dándole unas palmadas en el hombro, al parecer USA se preocupa por todo.
—Alfred, eso no importa, fue un accidente ¿no? — El nombrado agacho la cabeza, susurrando algo ilegible, el rostro de Rusia se contrajo en una mueca de confusión. — ¿Qué?— el menor repitió lo que había susurrando antes, pero aún así, tampoco se le entendió. —Habla bien, idiota. — Regaño el albino ante el balbuceo contante del chico.
— ¡QUE EL INCENDIO SE PRODUJO PORQUE ESTABA OCULTANDO TODOS LOS PAQUETES DE SEMILLAS DE GIRASOLES ALLÍ, PERO UNA JODIDA VELA SE CAYO Y TODO ESO PASO! ¡LOS PAQUETES DE GIRASOLES SE QUEMARON!— Muy tarde el chico de ojos azules se dio cuenta que el contarle aquello y de esa forma era un gran error, un gran y terrible, y muy, pero muy doloroso error, se llevo sus manos a la boca, tapándola, como si así pudiese remediar el error cometido.
Una sonrisa terrorífica se extendió por el rostro del eslavo, su cabello blanquecino tapaba los ojos de él, un aura morada lo rodeaba, un solo sonido se producía en el momento en que su bufanda tomaba al tonto rubio del cuello asfixiándolo en la acción. —KolKolKolKolKolKolKol~
Fin del (sensualypocointeresante) Flash Back
Por la culpa del estúpido bastardo de Estados Unidos estaba dándole vueltas a todo su país, porque supuestamente los vendedores decían que no era común comprar girasoles o paquetes de ellos mismos en épocas de frío. ¡Estaban locos las personas! ¡Los girasoles es lo más hermoso del mundo! ¡¿QUIÉN NO QUIERE TENERLOS TODO EL TIEMPO?! Entre su búsqueda un distribuidor de mercancía le mencionó que posiblemente habría en una bodega de Kolpinskiy Rayon, ya que el señor había cancelado un pedido de estos ayer en la mañana, Rusia solo deseaba que no se hubiesen vendido.
Cuando llego al dichoso se encontró con un gran edificio de un solo piso, se acerco a las protecciones que la protegían. Él no estuviera buscando por toda Rusia si solo hubiera recordado pagar el recibo telefónico o cargar su celular, un poco exasperado, bueno un muy desesperado apretó los tubos, notando un pequeño cartel amarillo, solo sonrió al leer lo que decía "Cerrado". Soltando varias palabrotas en ruso, golpeando cuanta cosa se le cruzase, decidió dar una vuelta por la ciudad para ver si se le bajaba el enojo. No deseaba llegar a su casa cargando una muina terrible.
Caminado entre las calles noto mucho bullicio, olores deliciosos y demasiadas personas, soplo sus manos para luego frotarlas una contra otra, opto por conseguir un taxi, así que se dirigió a uno, pero en medio camino observo una niña pequeña en el suelo estirado su mano a su dirección, la niña tenía unos preciosos ojos azules aunque cargados de la tristeza y agonía, una presión se le formo en el pecho y sin dudarlo se acercó a ella, agachándose tomo a la infante entre sus brazos cargándola en forma nupcial, la pequeña poseía de unos mejillas muy carnosas, aunque sucias y una de ellas manchada de sangre, su cabello era negro opaco, seguramente por la suciedad, teniendo a la oji azul cerca se dio cuenta que estaba muy fría, la acerco más a su pecho para transmitirle un poco de su calor corporal. Camino con prisas hacia el taxi, entro a él, dándole una dirección cercana a este al taxista, era una casa que tenía en San Petersburgo, a veces iba a ella, pero más bien era para dormir cuando tenía que quedarse por el trabajo, acomodo a la pequeña para que pudiese acomodar a sus anchas, poniendo la cabeza de la pelinegra en sus piernas, pasando su brazo para acercarle lo suficiente, se quitó su abrigo colocándolo sobre el cuerpo de la menor. Tenía que tener todo preparado para cuando llegase, así que con un poco de vergüenza le pidió un favor al joven.
—Disculpe, ¿Me podría prestar su teléfono?— Sin voltear el taxista, tenía en su rostro una expresión de confusión muy obvia, el oji violenta continuo hablando para que el contrario accediese. —El mío se perdió cuando recogía a mi hija de la escuela. — El abrigo cubría lo suficiente a la niña tapando su ropa desgastada y todo aquello que le podía catalogar como vagabunda. El taxista le entrego el celular manteniendo su vista en el camino, seguía teniendo sus dudas, pero accedió sabiendo que era muy probable aquello comentado por el albino.
Hizo las llamadas necesarias para tener un doctor, sirvientes y la casa arreglada, además de un cocinero para cuando llegara. Suspiro en lo bajo entregándole el celular al respectivo dueño, después de ello, bajo su vista observando detenidamente el rostro de la pequeña, con su diestra acarició, grabando cada detalle y circunferencia de la angelical cara, saco un pañuelo, limpio con delicadeza la suciedad y sangre de la cara infantil. De allí, recargo su espalda en el asiento del taxi, cerrando sus ojos, manteniendo la mano en la niña acariciando su cabello.
No sabía el porqué de sus propias acciones, posiblemente por lástima, no podía sacar de su mente esa mirada tan dolorosa, otra vez sentía una molestia en el pecho, pero en forma de vacío. Le recordó a cuando él era también un niño y era maltratado y agredido... Decidió alejar aquellos pensamientos de su mente concentrándose en girasoles, en un grande y hermoso campo de girasoles.
Después de un par de horas, llegaron a la dichosa casa, era casi una mansión, un jardín cubierto de nieve que recibía a las personas con unos asientos y mesas que se encontraban en el mismo estado, salió del taxi, abriendo la puerta por completo, saco a la niña, cargándola con un solo brazo, sin despertarla y destaparla, saco un billete grande, diciendo al conductor que se quedase con el cambio, fue ahí cuando el taxista cayó en cuenta, ¡HABÍA LLEVADO A RUSIA EN SU TAXI! Un sentimiento de orgullo se lleno en el pecho del joven taxista, arrancó el auto retirándose de allí. Tanto había sido su emoción, que olvido por completo a la pequeña acompañante del señor.
Iván suspiro, relajándose un poco, por fin había llegado a la casa, ahora sí podría descongelarse algunas partes de su cuerpo.
Sus vasallos abrieron con rapidez cada puerta que el caminaba, un hombre de cabellos negros y ojos cafés iban pisándole los talones junto a una señora de unos 20 años, cabello castaño y ojos miel. El oji violeta entro a una habitación, dentro de ella estaba una cama con sabanas de colores pastel, la habitación estaba pintada de celeste, un tocador, ropero y un baño, sin faltar una adecuada ventana con vista al jardín y entrada de la casa se podían notar. Rusia recostó a la niña en la cama, dejando que el señor se le acercara ya que era el doctor.
— ¿Ya está informado de la situación? — Miraba con atención cada movimiento que hacia el pelinegro, el cómo checaba los latidos del corazón, la respiración y temperatura corporal de la jovencita, cuando se refería a la situación, hablaba obviamente de que él había encontrado a la pequeña en la calle.
—Sí, ya se me ha sido informado los detalles, señor Braginski. Si me permite, voy a realizarle unos estudios sanguíneos a la niña. ¿Está de acuerdo con ello?— El mencionando asintió con la cabeza, el doctor Richard, ya que así se hacía llamar, saco una jeringa y el material necesario para realizar eso, extrajo un poco de ese vital liquido. La paciente solo se revolvió, mas no se despertó, ambos estaban en acuerdo de que si no hubiera sido recogida la pequeña, seguramente hubiera muerto por hipotermia. El doctor prosiguió a limpiar la herida de la mejilla, colocando una gasa al final. Richard guardó sus cosas, dirigiendo una mirada al albino. —Vendré mañana en la tarde, con los resultados de la sangre, además para ver si presenta algún indicio de enfermedad respiratoria u otra cosa que no pueda ser identificada en el análisis.
—Entonces la esperaré, la señora le acompañara hasta la puerta. — Richard era su médico de cabecera, así que ya se conocían, dicho y hecho, la señora lo acompaño hasta la puerta.
Iván acomodo a la pelinegra en la cama, tapándola con cálidos cobertores. Acaricio el rostro del infante, sintiendo un calor en su corazón, una sonrisa verdadera escapo de sus labios. Posiblemente se pudiese acostumbrar a verla. Salió del cuarto aun con aquella sonrisa, mañana cuando despertase, la mandaría a bañar y luego comerían juntos, luego pensaría que hacer con ella. Se dirigió a su propia alcoba para descansar, sus empleados se encargarían de resguardar la casa, así que con tranquilidad se acostó en su cama, quitándose los zapatos arrojándolos a alguna parte de la habitación. Cerró sus ojos, tapándose con los cobertores, y se entrego a la tierra de los sueños.
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