Capítulo 2
Fue tan fácil enamorarse de Dean.
Había algo tan impensadamente común sobre aquello, como si Dean fuera solo otro artículo, otro vaso en su encimera que había comenzado a usar. No estaba ahí, y luego al día siguiente ahí estaba, y Cas no podía recordar las horas antes de él. Antes de sus manos, o su boca, o sus ojos, antes de que esas cosas se deslizaran sobre su cuerpo, y lo tocaran, y adoraran. Dean a menudo se detendría y lo miraría fijamente, sus ojos abriéndose, preguntándose, como si estuvieran viendo a Cas por primera vez nuevamente, como si de repente lo estuviera redescubriendo, y su rostro se tornaría en algo lleno de gratitud. Dean nunca había parado de preguntarle a Cas dónde había estado antes de que se conocieran. En qué esquina del mundo se había estado escondiendo por tanto tiempo, y Cas siempre encontraría más fácil besarlo que responder. La verdad era que Cas nunca podría responder porque lo había olvidado; no había nada real antes de Dean. Todo tiempo que hubiera pasado, ahora carecía de sentido y su cerebro lo había eliminado.
Era pleno verano; Cas dormía sobre el colchón con las sábanas enredadas en sus pies – la fiesta de Abril ahora era un recuerdo distante. Una luz brillante en una ventana. Cada día desde entonces era tan cegador y brillante como el sol y como el calor que éste desprendía, así como Dean. Su piel estaba llena de besos, y el pequeño moretón bajo su clavícula comenzando a ser difícil de ocultar. Cada vez que ajustaba sus camisas durante las clases sentía el susurro de las manos de Dean en sus costados y tenía que moverse, mirando alrededor. Estaba desconcertado de que nadie se hubiera acercado a la realidad de lo que tenía con Dean; había ocasiones en las que se consideraba tan transparente que estaba seguro que todos debían haber notado la cama en la que había estado la noche anterior, haber sabido las cosas que había estado diciendo, las confesiones que había hecho y la risa que había arrancado de la boca de Dean. ¿Por qué si no alguien sonreiría tanto sin ninguna razón? Especialmente entonces.
La guerra había aparecido sobre todos. Se erguía como una guillotina, la espada balanceándose sobre una cuerda gastada, esperando para caer sobre cualquiera de ellos en cualquier momento. Cas se las había arreglado para mantener su desempeño en la escuela, pero la amenaza de Dean siendo reclutado nublaba su mente en las noches solitarias cuando Dean estaba en su turno de noche. Dean estaba desesperado por meter a Sam en la escuela de leyes, y si no estaba compitiendo en las carreras, estaba trabajando como barman en la Casa de Hielo de la interestatal, a veces atendiendo u ocupándose de las mesas para obtener dinero extra si es que el dueño se lo permitía. Si no estaba trabajando, Cas sería lo suficientemente afortunado para tenerlo en su cama. Cas tomaría asiento en el estrecho escritorio, tratando de ignorar el tráfico de afuera lo suficiente como para aprender acerca del sistema nervioso o circulatorio, la radio sonando. A veces le echaría un vistazo a los obituarios, aunque no había aparecido nadie conocido durante un largo tiempo. Chicos seguían muriendo, pero al menos él no los conocía. En lugar de eso, ocupaba su mente con Dean, perdiéndose en la espera de su próxima aparición, por su teléfono sonando y que fuera Dean el que estuviera en el otro extremo.
A menudo se sentía cruel por estar en la escuela – por tener la posibilidad de evitar el reclutamiento – pero el rostro de Dean estaba tan profundamente orgulloso cuando le contaba acerca de sus exámenes o sus informes, y siempre se las había ingeniado para ser flexible en torno a los exámenes y fechas de entrega. Puso a Cas primero.
Nadie había hecho eso por él antes.
"Eres listo," había dicho. "Eres demasiado listo, Cas. Es mejor que estés aquí. Vas a aprender como salvar la vida de las personas, ¿sabes? De la misma forma que Sammy aprenderá cómo defenderlas. Moriría si ellos te llevaran ahí y te jodieran."
A pesar de todo lo que Cas le amaba, la realidad era difícil de manejar. Se encontraban durante el día si se las podían arreglar para no levantar sospechas, y si Cas podía tomaría el bus hasta el departamento de Dean y pasaría ahí la noche. Dean vivía en el último piso, o eso decía. Cas tenía la creciente sospecha de que le había pagado a su casero para que no hiciera preguntas. Cas no quería pensar en ello de la misma manera en la que no quería pensar qué pasaría si fueran atrapados. Solo intentaba creer en Dean cuando decía que lo harían a su manera y que se jodiera el resto. Cas nunca había sido valiente. Él retaba a sus hermanos a que se mostraran y dijeran algo, les retaba a ver lo que dirían acerca de Dean.
Sería otra historia esta vez.
Pero todas esas cosas, de momento, no importaban. Era Agosto, y, por primer verano en su vida, estaba enamorado.
Se removió en el sueño, cambiando su posición para que sus brazos no quedaran atrapados bajo su pecho, sus pies arrugando el nido de mantas a los pies de la cama. Una sirena comenzó a sonar, amortiguando el cauteloso sonido metálico de la escalera de incendios, y él se movió ligeramente. Hubo un ligero gemido del marco de la ventana mientras alguien lo deslizaba hacia arriba y Cas se movió de nuevo, suspirando.
"Dean," dijo, su voz ronca por el sueño, y hubo un chasquido cuando Dean bajó nuevamente la ventana, caminando a través del cuarto, deteniéndose a mitad de camino para quitarse las botas y patearlas bajo la mesita de noche de Cas. Cas gruñó, el colchón gimiendo con él cuando Dean se sentó en el borde de la cama, frotando su hombro.
"¿Estás despierto?" susurró, y Cas sacudió su cabeza.
"No, estoy dormido," dijo en medio de un suspiro, volteándose hacia el toque de Dean, frotando su rostro con una mano somnolienta y refregándose los ojos. Dean le sonrió a través de la oscuridad, acariciando su húmeda frente mientras el ventilador eléctrico oscilaba, agitando su cabello mojado.
"Luces despierto para mí…" continuó Dean, y su voz era baja y tranquila, pero Cas pudo oír la emoción bullendo bajo ella. Estaba de uno de esos ánimos, parecía.
"Alguien va a oírte uno de estos días. O a pensar que estás intentando," se detuvo, besando a Dean, "robarme."
Dean sonrió contra su boca y lo apartó, el colchón crujiendo mientras se ponía de pie y se quitaba la ropa torpemente, recostándose de vuelta en la cama, acurrucándose contra Cas, sosteniéndolo con sus piernas a cada lado de sus caderas. Movió sus manos apreciativamente por sobre el estómago de Cas, tirando del elástico de su ropa interior que hizo un pequeño pop.
Cas se rió, tratando de apartar el rostro, pero sus manos ya estaban viajando sobre los hombros de Dean mientras él se inclinaba, tratando de besarlo.
"¿Qué hora es?" preguntó mientras Dean recorría con su boca el cuello de Cas.
"Las tres," respondió Dean, y Cas sacudió su cabeza, tratando de empujar a Dean con su hombro.
"Dean, detente, quiero dormir," se quejó, dándose por vencido tan rápido que se preguntó por qué si quiera había hecho el intento.
"Es jueves – no tienes clases los viernes," susurró Dean, sellando sus bocas juntas de nuevo. Cas le besó de vuelta perezosamente, aún despertando, sus dedos rozando la espalda de Dean.
"¿Me extrañaste?" continuó Cas, y Dean besó su barbilla, mirando directo a sus somnolientos ojos.
"¿Es el día largo?" vino la respuesta y Cas sonrió, enmarcando el rostro de Dean con sus manos, peinando su cabello hacia arriba y observando cómo caía de vuelta a su lugar. Dean agachó la cabeza, y Cas abrió su boca, su lengua moviéndose contra la húmeda y caliente de Dean. Dean retrocedió y Cas lo siguió, su cabeza levantándose de la almohada, pero Dean era demasiado rápido y había comenzado a hacer su camino por el cuello de Cas, hacia su pecho desnudo.
"Dios, te eché de menos," dijo Dean contra la curvatura de su cuello y Cas murmuró un 'mm' en acuerdo, sus dedos aún enredados en el cabello de Dean y deslizándose hasta su nuca. "Durante todo el turno no pude dejar de pensar en volver aquí. Me he estado volviendo jodidamente loco toda la semana…"
Las manos de Dean se deslizaron bajo la pretina y se curvaron sobre su miembro, apretándolo suavemente, y los ojos de Cas se cerraron.
"Dean," murmuró Cas y Dean mordió el lugar donde su cuello se encontraba con su hombro antes de acariciarlo con su lengua. ¿Solo había sido una semana? Se habían sentido como meses. Solo había conseguido unos cuantos 'te amo' silenciosos a través del teléfono de pago del bar; el resto del tiempo, Dean había estado entrenando para el torneo que sería dentro de dos semanas y Cas había estado estudiando como loco para sus exámenes de mediados de verano.
"Loco, Cas," repitió, y Cas asintió, perdido en el calor y la caricia floja de la mano de Dean. Podía sentir a Dean contra su muslo, comenzando a calentarse y endurecerse, y dejó que su mano se desviara a través del pecho de Dean y sobre su abdomen, imitando sus acciones. Dean siseó cuando Cas tocó su miembro, el dorso de su mano acariciando la parte delantera de los bóxer de Dean. Cas sonrió, tirando de su ropa hacia abajo y quitándosela, Dean moviéndose para ayudarle, y luego Cas se levantó para que Dean pudiera quitarle la propia.
Dean se sentó sobre él, ondeando sus caderas, frotándose contra la piel de Cas, sus miembros arrastrándose juntos en un movimiento lento que hacía que los dedos de Cas se curvaran en la funda de la almohada. Se movió somnolientamente con Dean, encontrando la lenta masturbación de Dean cuando sus dedos se cerraron alrededor de ambos, acariciándolos casi perezosamente mientras se mecían juntos.
Dean pasó su mano sobre el pecho de Cas, y Cas encontró a su propia mano cubriéndola, sus dedos entrelazándose, y sintió la manera en la que Dean cambiaba ligeramente su peso a la palma de Cas, la otra manchándose de pre seminal, haciendo de cada movimiento de las caderas de Dean una fluida caricia sobre el miembro de Cas.
La cama crujió y Cas gimió, su cuerpo sintiéndose apretado y caliente. El pensamiento de correrse con Dean le hizo suspirar y jadear.
"Bésame…" articuló y Dean se inclinó, obedeciéndole.
Cas onduló sus caderas hacia delante, follándose a sí mismo contra la mano de Dean y contra él, jadeando nuevamente. Dean tomó ese momento para apartarse, acariciando con su boca la línea de la mandíbula de Cas con solo la insinuación de una mordida, y Cas envolvió sus dedos alrededor de la nuca de Dean, los dedos curvándose en los finos cabellos en ese lugar.
"Dean," gimió, y Dean lo silenció, acariciando su mejilla con sus labios mientras mecía sus caderas contra él.
"Shh, está bien, nene. Te tengo."
Cas asintió, sus dedos deslizándose a través del cabello de Dean mientras ambos se movían el uno contra el otro, Dean arrastrando su mano sobre ellos lentamente, agonizantemente lento, casi inaguantable. Cas tiró del cabello de Dean y Dean retrocedió, los dedos moviéndose alrededor de sus miembros, causando que Cas jadeara.
"Voy a hacer que sea bueno," Dean besó la esquina de la boca de Cas, y las caderas de Cas se sacudieron hacia delante. "Muy bueno," sonrió, jadeando suavemente contra la piel de Cas.
Dean aflojó el agarre sobre ambos, acariciando a un ritmo lento y continuo a cada uno. Cas gimió, su cuerpo se sentía tan apretado como una bobina, y movió su mano para agarrar el hombro de Dean, sus dedos presionándose en el músculo. Cas apartó su rostro mientras Dean acariciaba con su nariz la parte de atrás de su oreja antes de hacer que lo mirara nuevamente, solo para continuar a lo largo de su mandíbula.
"Mírame, quiero verte," y Cas volteó su rostro para mirar a Dean, sus mejillas sonrojadas y su cuerpo caliente, y Dean presionó sus caderas hacia abajo, los dedos moviéndose gentilmente; entonces Cas se estaba corriendo, con la boca abriéndose en un jadeo. Cerró fuertemente los ojos, la espalda arqueándose contra la cama, uñas clavándose en el hombro de Dean, y Dean lo acarició a través de su orgasmo, silenciándolo y besando a lo largo de su cuello.
Un momento más tarde, Dean se estaba corriendo, presionando su rostro en la curvatura del cuello de Cas con un gruñido, las caderas aún moviéndose. Su aliento era caliente contra el cuello de Cas, pero Cas no tenía la energía para quejarse; en lugar de eso, envolvió con un brazo a Dean por los hombros y presionó su rostro en su cabello.
"Te amo."
Pudo sentir la sonrisa de Dean contra su cuello, los labios rozando su piel, y un suspiro de risa mientras Dean acariciaba el lado de su cuello.
"Yo también te amo," murmuró suavemente, rodando de sobre Cas para recostarse a su lado.
Estaban pegajosos, la corrida en sus estómagos secándose rápidamente, el calor y el sudor sintiéndose incómodo en su piel, pero Cas no quería moverse. En lugar de eso, rodó sobre su costado, arrastrando sus labios por el hombro de Dean. Dean gimió suavemente, y Cas le observó mientras cerraba los ojos, sus manos subiendo para pasar los dedos por su cabello.
"¿Podemos quedarnos aquí para siempre?"
"Para siempre es un largo tiempo, Dean."
Dean se movió, volteándose ligeramente, y miró a Cas; la palma de su mano sosteniendo su mejilla, su pulgar deslizándose sobre su labio inferior.
"Si, bueno-"
"-Y es la mitad del verano, y está caliente, y pegajoso, y asqueroso."
"Cas, estás pensándolo demasiado."
Cas rodó sus ojos y se presionó más cerca de Dean.
"Es un largo tiempo."
"Bueno, si, pero…" titubeó Dean, y hubo un momento de silencio entre ellos, la mano de Dean moviéndose para pasar los dedos por el cabello de Cas nuevamente. "Solo quiero quedarme aquí, contigo, para siempre."
"No aquí. En algún lugar mejor, este lugar es un basurero."
Dean sonrió y Cas se rió suavemente.
"En tu departamento, quizás. Es definitivamente mejor."
"O nuestro lugar propio. Una casa."
Cas se quedó mirando a Dean, y Dean se movió nuevamente, inclinándose hacia delante, y presionó sus labios en la frente de Cas. Se movió hasta quedar de costado, envolviendo un brazo alrededor de sus hombros para acercarlo a su pecho.
"Una con un patio, un bonito patio, y una cerca."
Cas envolvió un brazo alrededor del pecho de Dean, metiendo su cabeza bajo su barbilla. Sonrió y se rió suavemente, solo el pensamiento por sí mismo haciéndole sentir mareado. Estaba enamorado de Dean Winchester, y aquí estaban ellos, juntos en una cama, hablando acerca de conseguir juntos una casa; hablando sobre su futuro.
"¿Podemos tener un perro?"
Dean suspiró suavemente, su brazo firmemente alrededor de Cas.
"Sin perros."
"¿Por qué?"
"Porque yo lo digo."
Cas no supo en qué punto se había vuelto a quedar dormido, pero la vez siguiente que abrió los ojos Dean estaba en el borde de la cama, poniéndose sus botas. Cas parpadeó con ojos lagañosos y estiró su mano para tocar su espalda, Dean se inclinó hacia atrás para besarlo rápidamente.
"Vuelve a dormir," susurró, el sol a penas comenzando a deslizarse a través de la ventana. Cas gruñó cansadamente y Dean sonrió, besando su hombro desnudo cuando rodó hacia él, una mano aún jugando ausentemente con el borde de la camiseta de Dean.
"Ten un buen día," murmuró Cas y Dean depositó otro beso en la línea de su cabello. Golpeó la bota contra el suelo ligeramente, situando su talón dentro de ella.
"Volveré el sábado," dijo silenciosamente y Cas asintió contra su almohada, exhalando.
"Entrena duro," dijo Cas suavemente y Dean acarició su cabello y el costado de su rostro, observándole volverse a dormir.
"Te amo," murmuró, y Cas asintió nuevamente, ya flotando de vuelta en el sueño.
"Y yo a ti," bostezó, enterrando su cara en el colchón, tirando de las sábanas y las cobijas alrededor de él.
Fue alrededor de las cinco en punto cuando eso ocurrió, cuando Cas se vio forzado a recordar que el amor de Dean no lo hacía realmente invencible. El mundo detrás de la cama de Cas era traicionero y temeroso de ellos; lo más que podría haber hecho Cas era anticiparlo, pero estaba cegado por la adoración.
Cas estaba sorprendido de ver a Hester cuando golpeó la puerta, su cabello rubio recogido hacia atrás con una banda blanca rígida, sus zapatos brillantes y lustrosamente negros, sus blancas manos agarrando su libro de bolsillo como si pudieran robárselo. Ella le sonrió nerviosamente y Cas tuvo que suprimir sus preguntas iniciales.
Qué estás haciendo aquí, mayoritariamente. Él nunca había llevado a Hester a su departamento realmente. Nunca había parecido correcto hacerla ir a su departamento cuando ella estaba tan esperanzada bajo la impresión de que podría suceder algo.
"¿Hester? Sonrió, abriendo más la puerta y dejándola entrar. Sus tacones hacían un ruido sordo contra el piso. Cas vio como miraba alrededor, mordiéndose el labio con preocupación, sus ojos paseándose sobre los muebles de segunda mano y los escasos utensilios de cocina. Cas puso pestillo a la puerta y se volteó hacia ella, llamando su atención.
"¿Puedo traerte algo?" insistió, observándola con cuidado.
Ella rió forzadamente, una mano subiendo a cubrir su boca como si estuviera avergonzada. Ella sacudió la cabeza, su rostro adquiriendo severidad. El estómago de Cas se apretó con incertidumbre. Se acercó un paso y ella se movió.
"Hester, ¿qué estás haciendo aquí?" él intentó sonreír, pero ella no le sostuvo la mirada por mucho tiempo; sus ojos aún vagando alrededor, o hacia el piso.
"Debe ser estrecho," dijo ella suavemente después de un rato, y Cas se quedó mirándola fijamente. "Con Dean aquí."
"¿Dean?" respondió Cas demasiado rápido, su voz agitada, la palabra plana y sin forma. No como lo que ella había dicho. Ella lo había dicho como si hubiera algo horrible y muerto bajo el fregadero, como si hubiera manchado su vestido solo diciéndolo. El rostro de Hester se volvió más duro, con algo doloroso y asustado. Sus ojos brillaron como dos estrellas acusadoras en su piel nívea.
"¡No puedes mentir al respecto, lo sabes!" sollozó, el rostro sonrojado por la emoción, y Cas estuvo asombrado de cuán hermosa se veía con la pasión tiñendo sus mejillas de rojo. Fue todo lo que pudo pensar mientras ella apretaba su libro de bolsillo y subía los hombros, de la misma manera en la que los gatos suelen erizarse cuando están enojados. Cas no sabía qué decir en respuesta. ¿Qué había para decir?
"Hester, ¿qué has hecho?" encontró las palabras temblando fuera de él, sus puños apretados a sus costados, su cuerpo completo inundado repentinamente con miedo. "¡Dime!" demandó, su voz sin alzarse más allá de un afilado siseo. Ella retrocedió como si él la hubiera golpeado, tambaleándose en sus delgados tacones.
"¡Lo correcto!" lloró, las lágrimas deslizándose sin ningún tipo de aviso, y Cas no se sacudió. No tembló. La enfrentó, con la mente en blanco, su rímel corriéndose mientras lloraba, cubriéndose nuevamente la boca. "¡Les vi!" su voz deslizándose contra él, peligrosa y baja. Las palabras inclinándose sobre su propio eje, la boca de Cas insoportablemente seca.
Él encontró sus ojos furiosos y ella tomó un rápido respiro.
"Tú y él. Lo que has estado haciendo con él, tocándolo…" se calló, "como si nadie pudiera haberte visto, como si nadie estuviera mirando, pero-!" cortó sus palabras a propósito, sus labios presionados en una fina línea, "Yo siempre estaba mirándote, y vi lo que estuvieron haciendo, y está mal…"
Cas sacudió su cabeza, "Hester," comenzó, su voz asombrosamente gentil para la rabia que sentía.
¿Dónde? ¿Dónde los había visto? ¿En la parte de atrás de las tiendas de segunda mano? ¿Detrás de los bastidores? ¿En las sombras de los edificios en las fiestas, tocándose desesperada e intensamente y borrachos? ¿Dónde? ¿Dónde los había visto? No podía pensar en un lugar, pero ¿era realmente tan difícil? ¿Qué tan a menudo encontraba sus manos viajando hacia las de Dean, cuántas veces le había besado sin siquiera darse cuenta de que lo había hecho?
"¡No!" lloró, sacudiendo sus pensamientos, "¡No! ¡Tú escúchame! ¡Él es pecado, Castiel! ¡Él es pecado! ¡Te dije que era un pecado! Pero está bien, porque yo voy a salvarte, ¡voy a alejarte de él!"
Él no entendió exactamente lo que ella estaba haciendo hasta que agarró sus manos, su bolso cayendo al suelo, el labial rodando y chocando contra la pata de la mesa de la cocina. Él se quedó mirándolo, el pequeño cilindro negro golpeando contra la madera.
"Te he salvado, te he liberado, ¿no lo ves? Lo dejarás ahora – tendrás que dejarlo, y todo estará bien," balbuceó, y Cas sacudió su cabeza, sus ojos congelados en su labial.
"No," persistió, "¡no!" y se la sacudió de encima. Ella cayó, las rodillas golpeando el suelo, su falda arrugándose alrededor de sus muslos. Ella le gritó y él retrocedió, el estruendo metálico de una olla cayendo al piso donde su mano tanteaba ciegamente sobre el mostrador. Él no sabía que había dicho ella. Había sonado como el chillido de una urraca azul mientras golpeaba los huevos de otro nido. Amargo, y venenoso, y celoso.
"¡Ya está hecho!" le gritó, y Cas sacudió su cabeza.
"¿Qué hiciste? ¡¿Qué hiciste?!"
Hester le sonrió, triunfante y recogió su bolso. Se puso de pie, apoyándose en el sillón, alisando su vestido, arreglándose antes de abrir su bolso y retirar una hoja de color rosa pálido.
Cas no pudo ubicarlo, pero estaba demasiado familiarizado con el enfermo sentimiento que le daba. El cuchillo de su traición retorciéndose más en su espalda. Comenzó a entrar en pánico, su corazón saltando y golpeando contra su caja torácica con cada paso que ella daba hacia él. Su rostro pidiendo perdón por su violencia, pero no lo sentía. Él tomó el papel y lo desdobló, mirando fijamente la impresión en negro.
"Le dije a tu casero la verdad. Sé que debes estar enojado ahora pero, Cas, esto es lo mejor. De esta manera puedes regresar al camino correcto. Puedes escapar de esto. Eres joven. Aún tienes tiempo," dijo ella con dulzura, acariciando el dorso de su mano. "Yo solo estoy tratando de ayudarte, ¿no lo entiendes?"
Ella sacudió su cabeza con lástima.
"Cas, el mundo es cruel con los homosexuales, y es para enseñarles. Hay algo incorrecto en eso, y es enfermo, pero sabes, cariño, creo que tú puedes superarlo. Realmente lo hago, sinceramente lo hago, y creo que la gente lo hace todo el tiempo." Ella deslizó sus dedos sobre su piel. Él se quedó mirando fijamente la página. "No quiero usar el lenguaje pero, cariño–" ella se mantuvo llamándolo así. Quería golpearla.
"Cariño, tu casero estaba muy espantado, deberías haberlo escuchado seguir y seguir acerca de que no podía rentarle a los chupapollas. Tener maricones en tu edificio es insalubre también. Suena muy grosero solo desalojar a alguien, pero piensa ¿y si los hubiera encontrado él mismo? ¿No hubiera sido eso simplemente terrible?"
Ella susurró la palabra chupapollas como si la ofendiera; de todas las cosas bajas y horribles que había hecho ella, eso era lo que la ofendía. De todo el dolor que acababa de causar, las paredes que ella acababa de echar abajo alrededor de él, esa era la única cosa que hacía que su delicada, blanca, pequeña alma se sintiera incómoda.
"Simplemente terrible," dijo. "Habría sido simplemente horrible, pero ahora ya no tienes que decirle. Puedes solo mudarte."
"Perra," dijo simplemente. "¿Has perdido la cabeza?" levantó los ojos hacia ella y ella dejó su mano agarrándolo firmemente. Él no podía sacudir el agarre y el rostro de ella brilló con resolución divina, con un propósito, de salvarlo. Esto no iba a pasar. Él no iba a dejar que esto sucediera de nuevo.
"Estoy haciendo lo que debía ser hecho," respondió, con voz almibarada.
"Piensas que has hecho suficiente," continuó él. "Has hecho suficiente, pero nunca lo terminarás. Nunca harás que deje de amarlo."
Ella sacudió su cabeza.
"Nunca dejaré de amarlo. Lo elegí a él por sobre ti. Lo elegí a él por sobre ti y tus estúpidos, retrasados, ridículos amigos. Lo elegí a él y tú has intentado vengarte, pero no lo has hecho en absoluto, porque no vas a detenerme. Échame a la calle, y aún así seguiré dejando que él me folle.
"¡Detente!" gritó, abofeteándolo. "¡¿Cómo puedes decir eso?! ¡Cómo puedes decirlo! ¡Niño perdido, sin vergüenza!"
Él se rió de ella, agarrándose la mejilla. "Sal de mi jodido departamento."
"No va a ser tuyo por mucho tiempo más," le devolvió. "Tienes dos días para salir, y no creas que no le diré a todo el mundo. Te cerrarán sus puertas. Le dirán a los periódicos acerca de tu precioso maricón, y luego verás – verás las puertas cerradas por él, y volverás arrastrándote a mí."
Cas la agarró y ella gritó, retorciéndose. La sostuvo contra él, mostrando los dientes, transformado en algo peligroso y fiero.
"Si le dices a alguien – a quien sea – acerca de Dean, te mataré."
Ella miró fijamente sus ojos y ahogó un grito, su cuerpo convulsionando bajo su agarre. Él la sacudió; si hubiera tenido garras, la habría matado entonces.
"Ve si miento, Hester. Ve si no haré que pagues por dañarlo. Ve si te dejaré marcharte si lo tocas. Será lo último que haré si das un solo paso para ensuciar su nombre."
Se torció firmemente para liberarse, jadeando, sus piernas tambaleantes casi dándose por vencido.
"Tienes dos días para mudarte," jadeó, intentando recomponerse, "y– y cuando vuelvas en tus cabales… cuando te des cuenta de todo-" ella estaba llorando de nuevo. "¡Me agradecerás! Me darás las gracias por rescatarte de ese hombre lleno de pecado! ¡Lo harás y yo te perdonaré!"
"¡Fuera!" rugió Cas, y ella azotó la puerta al salir.
Cas gritó, agarrándose la cabeza, el papel hecho una bola contra su cráneo en su mano. Se deslizó hasta el suelo, al lado de la olla caída, y cuando levantó su cabeza, llorando rotamente sobre sus rodillas, vio que ella no había recogido su labial. Se puso de pie, secando su rostro, y fue hacia él, agarrándolo y sosteniéndolo en su mano. Se supone que ella era su amiga. Habían sido amigos, ¿no? Buenos amigos – y quizás ella seguía pensando que lo eran, a juzgar por cuan desesperada parecía por educarlo, pero eso se había terminado claramente. Pensó en sus amenazas – ella podría fácilmente reportarlo, pero él sabía que eso no estaba en su naturaleza. Arrojó el tubo de labial en el bote de basura y puso su rostro en sus manos.
"Jesucristo," susurró hacia nadie, y cuando cerró los ojos no vio el rostro de Hester, sino el de su hermana.
Comenzó a llorar nuevamente.
Dos días. Tenía dos días para empacar todas sus pertenencias y encontrar otro lugar para vivir. No pensaba que fuera tiempo suficiente, pero podía hacer que sucediera, ¿cierto? Se frotó los ojos con el dorso de sus manos, recostándose y mirando alrededor del cuarto. El amueblado era viejo, pero aún era útil, así que quizás podría venderlo para conseguir un nuevo lugar.
Se sintió dolorosamente enfermo, así que viajó hasta su habitación y se sentó en el borde de la cama, la hoja rosa de papel aún arrugada en su mano.
Se forzó a sí mismo a levantarse luego de un rato, lanzando la arrugada bola de papel sobre su mesa de noche mientras se movía hacia su armario, rebuscando en la parte de abajo para sacar una maleta que había estado ahí desde que se había mudado a ese apartamento.
No había una gran cantidad de ropa que poner dentro de ella – pagar por la escuela significaba que no tenía mucho dinero para gastar en vestuario – así que esa era la forma más sencilla de empacar todo. Sacó un par de jeans y unas cuantas camisetas antes de cerrar los seguros de la maleta, recargándola contra la puerta del armario y dirigiéndose al baño.
El agua caliente sobre su piel era un alivio, pero no era suficiente para lavar sus preocupaciones. Aún no sabía donde se iba a quedar; no conocía a mucha gente, y su familia ya no hablaba con él, y no quería preguntarle a Dean si podía mudarse con él. Bueno, quería mudarse con Dean – lo quería más que cualquier cosa en este minuto – pero ¿y qué si Dean no estaba listo para eso?
Presionó su frente contra el frío azulejo de la pared de la ducha, el agua caliente golpeando su espalda. No sabía que había comenzado a llorar de nuevo hasta que no pudo regular su respiración. Sin ningún aviso cortó el agua de la ducha y salió a tropezones, vistiéndose descuidadamente. Atrajo el teléfono hasta su regazo y se sentó en la cama, tratando de recordar el número del bar, marcándolo con manos temblorosas. Apartó el húmedo cabello de su frente, escuchándolo discar.
"La Casa de Hielo de Mick."
Cas no podía hacer funcionar su boca.
"¿Hola? Escucha – si estos son ustedes, mocosos, llamando de nuevo…"
"Dean," susurró Cas, sosteniendo una mano alrededor del receptor. "D-Dean, soy yo…"
Hubo un silencio y escuchó el ahogado sonido de Dean ajustando el teléfono contra su oído.
"¿Pasa algo malo?" la voz de Dean era nivelada y suave. Profesional
Cas cerró sus ojos y sacudió su cabeza.
"¿Pasa algo malo?" repitió Dean, haciendo hincapié en la palabra, y Cas tragó.
"¿Puedes venir a buscarme?" agarró firmemente el teléfono, doblado sobre su propio regazo. "Ven a buscarme, vamos a algún lugar. Vámonos. Vámonos ahora."
"Nene, ¿cuál es el problema?" susurró Dean. "Estoy trabajando. ¿De qué estás hablando?"
"Deja el trabajo," la voz de Cas estaba temblando. "Vamos. Solo vamos, Dean. Vamos a conseguir una casa en el campo. Nos iremos ahí. Nadie nos molestará ahí."
"No puedo- ¿qué se te ha metido? No puedo hablar ahora, tengo que trabajar, ¿estás bien? ¿estás herido?"
"Dean, ¡por favor!" lloró Cas. "Olvida el trabajo, olvida todo eso, solo vámonos lejos. Vámonos muy lejos, ¿de acuerdo?" se mordió el pulgar para mantenerse a sí mismo sin sollozar. "Solo vamos a ser heridos aquí. Me di cuenta. Solo vamos a ser lastimados aquí; no hay nada para nosotros aquí."
"¿Qué demonios pasó?" ladró Dean, y Cas sacudió su cabeza, su rostro sintiéndose hinchado y caliente.
"Mi casero sabe sobre nosotros."
Dean guardó silencio.
"¿Cómo?"
Cas no quería decir. No quería que Dean fuera tras Hester o le gritara. Suficiente había sido hecho. No tenía ningún sentido.
"No lo sé," mintió. "No lo sé. Él solo sabe sobre nosotros."
"Bueno, que se joda tu casero," siseó Dean. "¿Qué mierda quiere hacer al respecto? ¿Llamar a la policía? Puede hablar conmigo sobre el asunto si es que va a haber un jodido problema – Chris, dame dos malditos segundos, ¿de acuerdo? Mi hermano pequeño se aplastó los dedos en una puerta y está en la sala de emergencias. Ve a encargarte de alguien. Jesucristo, este chico es inútil…"
Cas sacudió su cabeza nuevamente y miró al techo.
"Me desalojó."
"¿Qué?"
Cas tragó y tomó un hondo respiro.
"Me desalojó. Él… me dio la carta esta tarde. Dijo que no podía rentarle a los chupapollas."
"¿Estás de joda? ¿Ese pedazo de mierda te desalojó?" la voz de Dean podría haber corroído el metal y Cas estuvo de repente consciente de su camisa pegándose a él y cómo de húmedo seguía su cabello; el calor entrando a través de la ventana era pesado y húmedo también. Sentía como si tuviera fiebre. "Iré hasta allá y cambiaré su opinión." Gruñó Dean.
"Eso no ayudará y lo sabes," espetó Cas antes de que sus hombros cedieran ante el peso y cayeran pesadamente. "Solo tengo que encontrar otro lugar."
"Te vas a mudar conmigo," dijo Dean tan rápidamente que Cas pensó que lo había imaginado.
"Dean, no te estoy pidiendo eso."
"Bueno, jódete, y que se joda tu casero, porque te vas a mudar conmigo. Tengo que volver o Chris va a comenzar a llorar… el chico no sabría como mezclar un trago aunque éste le estuviera mordiendo el trasero. Te llamaré después."
La línea se cortó y Cas apartó el teléfono de su oído. Debería haber sonreído; era tan típico de Dean. Todo acción inmediata y sin tiempo para pensar las cosas – pensar más allá de las cosas. Podía decir que Dean estaba enojado, y sabía que no era por él, pero se sentía terrible. Esto no era como las cosas se suponía que fueran. Se suponía que iban a ir despacio en esta parte, para hacerlo bien. Asegurarse de que iba a funcionar.
Hester había arruinado las cosas con su egoísmo, pero Cas volvió a pensar en sus propias palabras y supo que ella no había ganado realmente. Ella no había complicado nada realmente. Él amaba a Dean. Nada iba a cambiar nunca eso. Quizás esto era lo correcto; quizás así era como las cosas debían ir. El universo forzando a Cas en la dirección correcta – el podía ser tan dubitativo e indeciso a veces.
Cas colgó el teléfono y lo dejó sobre el suelo al lado de su cama. Pasó una mano por su cabello, pequeñas gotas de agua cayendo sobre su rostro. Las apartó, observando como unas cuantas perseguían a las otras camino abajo en su mano antes de desparecer.
Cayó de espaldas y tiró de las cobijas sobre él, enterrando su rostro en la almohada, sus hombros de sacudieron y quiso gritar, pero no lo haría. Lloró por sus hermanos y por Rachel. No había hablado con ella en cerca de dos años – Michael había dejado tan dolorosamente claro que no estaba autorizado para hacerlo. Ni siquiera le habían dejado decirle adiós apropiadamente. La enviaron a Oregon para estar con su tía por el verano y no estaba en casa cuando Cas tuvo que mudarse para ir a la escuela. No se había atrevido a llamar o enviar una carta. El infernal último año de secundaria y el verano previo a la escuela se habían llevado su niñez. Su familia había estado determinada a hacer de él un extraño.
Él aún tenía la cicatriz escondida sobre la línea de su cabello donde Michael había perdido el control. Gabriel lo había curado él mismo, reusándose a llevarlo al hospital, incluso cuando Rachel gritaba y rogaba que lo hiciera, sangre ensuciando toda la blanca tapicería de los sillones de su estar.
¡Necesita puntos! ¡Necesita puntadas, Gabe quita tus manos de él, trae a papá! ¡Trae a papá para que lo ayude, Jesús, está sangrando por todas partes! ¡¿No lo ves?!
Su ama de llaves la había arrastrado fuera del cuarto cuando había comenzado a empujar a Gabriel a un lado. Habían escuchado a la sirvienta pasar por encima del jarrón roto y los libros esparcidos sobre el suelo donde Castiel se había estrellado contra la estantería y luego sus gritos y sollozos escaleras arriba. Eso a penas cubría la discusión que había ocurrido tras las puertas del estudio; el rugido de Michael y el áspero ladrido de su padre.
El silencio de Gabriel era ensordecedor. El siempre estaba callado – quizás era de ahí de donde Cas lo había aprendido. Pero esa noche, Cas había "perturbado" y molestado la cena.
¡Deja de mirar el jodido libro! ¡Baja eso! ¡Estás llenando de sangre toda la alfombra!
Aún podía escuchar la voz de Gabriel mientras sacaba un libro del arruinado estante con sus manos y lo lanzaba al suelo, tirando a Cas hacia el sillón y forzándolo a que sostuviera un trapo sobre su cabeza.
Su padre casi había echado a Michael de la casa esa noche. Ellos eran personas, no animales. La réplica de Michael había sido que si Cas se dejaba follar por otro hombre como uno, entonces así debía ser tratado. Era antinatural. Una abominación. No mucho mejor que los perros que se ponían en celo con otros en el terreno vacío tras la farmacia.
Su padre le había dicho calmadamente y de forma bastante civilizada que le había conseguido una plaza en la universidad esa noche mientras se sostenía la cabeza y miraba vagamente la carpeta.
Sería mejor para todos nosotros si te vas. Rachel no puede crecer con ese tipo de cosas alrededor.
Ese tipo de cosas. Como si ser gay fuera un pasatiempo.
Cuando recién había llegado a la escuela era un sonámbulo. Cada día sentía que debía confesar sus pecados y volver. Rogar por perdón. Entonces comenzó a vivir por las suyas, y a caminar por sí mismo. Había encontrado un apartamento en un aviso y había sido el propietario el día siguiente. Había firmado con su nombre en el contrato de arriendo y había conseguido un trabajo en la librería para pagar la cuenta de la electricidad. Nadie sabía lo que él era. Nadie preguntó. Nadie le hizo sentir menos. Sus vecinos eran discretos y amables a pesar del arruinado edificio. Ellos le sonrieron. Conversaron con él en el recibidor mientras esperaban por el elevador. Él había comprado cosas. Discos. Una lámpara. Su reloj despertador. La cama y la mesa de la cocina eran de sus hermanos, el gemido de su radiador el desafinado canto de Rachel en las tardes cuando estaba demasiado caluroso como para sociabilizar y ella se quedaba escaleras arriba trenzando su cabello. Sostuvo sus nuevos cubiertos y vio el modelo de aviones de Gabe; la planta en la ventana era tan venerada como las pelotas de béisbol autografiadas de Mike. Se compró pantuflas y a veces si venía tarde lucían como las de su padre. Las cosas que había amado y querido volvían a ser suyas nuevamente.
Sus cosas. Cosas que Michael no pudo mantener fuera de su alcance o quitárselas.
Era la primera cosa que había tenido que realmente era suya, y ahora estaba a punto de irse. Alguien más iba a arrebatársela.
Exhausto, se dejó caer dormido solo en la cama con la persistente esperanza de que todo fuera un sueño. Despertaría y la pesadilla habría terminado.
El estridente sonido del teléfono era demasiado fuerte como para ignorarlo, y Cas comenzó a levantarse, desenredándose de las mantas para alcanzar el lado de la cama, cogiendo el auricular y sosteniéndolo contra su oreja.
"¿Hola?" su voz estaba ronca por el sueño, y se frotó los ojos con el dorso de la mano.
"Qué hay, Cas. Dije que llamaría de vuelta." Había una sonrisa en la voz de Dean, y Cas atrajo el teléfono hacia la cama y lo dejó descansando sobre su pecho.
"Dean-"
"Solo quería decirte que voy a ir a tu apartamento cuando termine."
"Dean, no creo que sea una buena idea."
"¿Por qué no?"
"Porque, ¿qué pasa si él te ve?"
"¿Quien?" Dean sonaba enojado ahora, y Cas quiso alcanzarlo desde el teléfono y acariciarlo. Quería sostenerlo y besarlo y decirle que no estuviera enojado porque esto no era la culpa de Dean, no necesitaba estar enojado. "¿Tu casero? Me importa una mierda si nos ve."
Cas suspiró, escuchando crujir mientras Dean se movía alrededor y el ahogado murmullo de personas hablando en el fondo.
"Cas, estaba hablando en serio sobre lo de mudarte conmigo."
"¿Podemos hablar sobre esto luego? ¿Por favor?"
Hubo un tramo de silencio entre ellos antes de que Dean suspirara, exasperado.
"Estás siendo obstinado; es pura mierda," continuó Dean, y Cas puso el teléfono sobre la cama, rodando sobre su costado, los dedos de su mano libre se paseaban sobre y fuera de las teclas, rozándolas.
"¿Qué si esto pasa de nuevo, Dean? Los dos estaríamos fuera de racha."
"Todo el resto en este maldito mundo puede vivir con la persona que aman, no entiendo por qué nosotros no," dijo Dean duramente, y Cas rodó sus ojos.
"¡Esta no es una competencia, Dean! ¡No es algo que podamos ganar solo practicando! ¡Tenemos que pensarlo! Nos hemos apresurado con todo el resto y ahora nos está pasando la cuenta…"
"¿Qué demonios significa eso?" dijo Dean suavemente, y Cas se detuvo, su rostro sonrojándose.
"Sabes que no quise decirlo así," susurró. "Sabes que no, así que no hagas como si estuviera arrepentido. Son solo los hechos. Nos hemos apresurado en esto. Realmente lo hicimos, Dean, y ahora nos tenemos que acomodar; el resto del mundo no va a apresurarse por nosotros."
"No va a ser un problema. Vivo en el último piso y nadie nos oirá," Cas se sonrojó ante las implicancias de Dean, pero no dijo nada mientras continuaba, "le pagaré a mi casero si comienza a decir algo; solo haré eso."
"Dean, todo lo que estoy diciendo es que deberíamos ser cuidadosos."
"Estamos siendo cuidadosos. Si vives conmigo podemos mantener un ojo en el otro. Sé lo que le hacen a la gente como nosotros. De esta manera sabré dónde estás. Tú sabrás dónde estoy yo. Piensa en lo bueno que sería volver a casa y encontrarte en mi cama, ¿huh?" la voz de Dean estaba suspicazmente baja y Cas se removió.
"No hables así," le calló. "Dean, no ahora."
"Mi apartamento es más grande. La calefacción funciona. El agua caliente perdura por más de dos segundos, la electricidad no se corta cuando se pone muy ventoso. Mi cama es más grande."
"Dean," gruñó Cas, sacudiendo su cabeza. "No me estás escuchando."
"Estoy ignorándote. Vas a comenzar a hablar en contra de esto, así que yo tengo que hablar a favor. Te lo iba a preguntar pronto de todas maneras. Odiaba que vivieras en ese armario."
"Si, pero era mi armario, Dean."
Dean se quedó en silencio por un segundo, entonces jadeó.
"Es mejor que estés levantado cuando llegue."
"Dormí toda la tarde, así que lo haré," respondió Cas con un suspiro vacío.
"Te veré en una media hora."
La línea se cortó y Cas levantó el teléfono, poniéndolo de vuelta en el suelo.
Murmuró para sí mismo, los dedos presionándose en la almohada mientras ponía sus piernas contra su pecho, disfrutando el silencio de la habitación. Trató de ignorar lo que había pasado entre él y Hester; trató de pensar en Dean, en los ojos de Dean, la sonrisa de Dean, Dean sobre su motocicleta luciendo tan perfectamente despreocupado de todo. Quería pensar en Dean y nada más.
El sonido de la ventana de su habitación traqueteando lo alejó de sus pensamientos, y rodó sobre la cama, observando la silueta de Dean moviéndose fuera de la ventana antes de abrirla. Dean entró a la habitación con una sonrisa en el rostro, cerrando la ventana tras él antes de caminar a través del cuarto, arrodillándose a un lado de la cama. Cas se inclinó ante el tacto cuando Dean sostuvo su mejilla en la palma de su mano, deslizando sus dedos por su cabello.
"Te extrañé," susurró Cas, todos los rastros de su anterior humor borrados.
"Si, yo también te extrañé," Dean se inclinó hacia delante y presionó sus labios sobre su frente, y Cas alzó una mano para acercar sus dedos alrededor de la nuca de Dean con los ojos cerrados, exhalando de alivio. "Así que, vas a mudarte conmigo, ¿verdad?"
Cas pudo sentir los labios de Dean curvarse en una sonrisa contra su frente, y él retrocedió ligeramente para mirarlo. Estaba casi riendo, y Cas pudo decir que estaba emocionado acerca de que Cas dijera que sí, porque Cas realmente quería decir sí, solo que no podía.
"Dean-"
"Mira, vas a ser un doctor, esto es lógico. Tiene sentido. Necesitas un lugar donde quedarte, y estás pagando la escuela prácticamente de tu bolsillo," Dean se puso de pie y se quitó las botas, arrastrándose hacia la cama con Cas siguiéndole, Cas moviéndose bajo el brazo que Dean mantenía arriba, presionándose contra él. "Y yo puedo cuidar de ti. Yo quiero cuidar de ti."
"No puedo pedirte que hagas eso."
"Entonces no lo hagas. Solo– solo déjame hacer esto, Cas. Déjame hacer esto por ti."
Cas abrió la boca, pero Dean lo silenció.
"No lo pienses," dijo severamente, y Cas se hundió, el pulgar de Dean haciendo trazos sobre su rostro hinchado. "Te voy a hacer tan feliz," susurró, como si solo estuviera pensando en voz alta. Cas lo besó. Sabía que lo haría; no había ninguna duda.
Dean frunció el ceño ante la húmeda almohada, estrechando los ojos. "Y deja de irte a la cama con el cabello mojado. ¡Pillarás una neumonía así!" se rió, y Cas se rió también, incluso cuando no era divertido, en realidad. Su pecho se sentía menos apretado, al menos. "Moveremos tus cosas mañana. Pediré prestado el camión de Bobby," continuó Dean, y Cas asintió a todo, sin escuchar realmente.
Al día siguiente lo hicieron. No demoró mucho; Cas no tenía mucho y dejaron el amueblado ahí. Su casero apareció y Dean abrió la puerta cuando lo hizo – Dean estaba calmado y Cas tragó pesadamente.
"Entienden por qué no puedo. Ustedes dos…" dijo el casero suavemente, intentando ser apologético.
"Me importa una mierda lo que piense," explicó Dean, y Cas le dijo que entendía una vez que Dean se fue.
"Sabes, dicen que puedes consultar a un doctor," dijo el hombre mientras Cas ponía sus llaves en un pequeño llavero amarillo. Los aguados ojos grises del hombre encontraron los suyos y sus labios de pescado de extendieron hasta ser solo una línea. "Deshacerse de los impulsos o lo que sean. No tiene que ser así, hijo. Puedes superarlo. Eso es lo que esa amiga tuya dijo cuando vino a hablar conmigo. Siempre es una pena cuando la gente está enferma, y esto no tiene que ser diferente."
Cas no encontró ninguna razón para responder y el casero estrechó los ojos, extendiendo una mano para darle un apretón. A Cas no le importó. La estrechó, pero el agarre era poderoso y casi doloroso.
"Una enfermedad es una enfermedad; te matará si no eres cuidadoso," dijo el casero en tono bajo, Cas mirándole con intensidad.
"Gracias, pero me temo que debo irme ahora," insistió Cas, haciendo rechinar sus dientes.
Empujó al hombre cuando pasó por su lado, sosteniendo su caja de discos. Dean esperaba por él en la acera, tomando la caja con él, el peso fuera de sus cansados brazos. Dean cerró la parte de atrás del camión y le dio una mirada comprensiva. Cas tomó su mano, dándole un apretón.
"Vámonos a casa," dijo tranquilamente, y Dean sonrió.
"Eso está mejor," rió, rodeando el camión para subirse a la cabina, Cas siguiéndolo. Sacudió su cabeza, dándole la espalda al edificio, un extraño sentimiento posándose en su estómago. Quizás solo estaba nervioso, pero no podía sacudir la sensación de que no estaban en casa. No realmente. No todavía.
Acarrearon las cajas dentro del apartamento de Dean, y nadie los detuvo para interrogarlos, o darles ninguna mirada extraña mientras hacían su camino hasta el elevador, tomándolo hasta el último piso. Cas movió la caja en sus brazos, inclinándose más cerca de Dean, sus codos rozándose. Y Dean miró a Cas, y Cas le sonrió a él, inclinándose para besarlo gentilmente antes de que las puertas del elevador se abrieran en el último piso.
El departamento de Dean estaba al final del pasillo, y no habían muchos cuartos en el último piso, lo que era genial, en realidad. Solo significaba menos gente para ellos con la que tener que lidiar.
Dean bajó su caja para escarbar sus bolsillos y encontrar sus llaves, quitándole el seguro a la puerta y abriéndola. Cuando Cas caminó a través del umbral, todo se sintió diferente.
Él había estado en el apartamento de Dean varias veces antes, así que estaba familiarizado con él, pero ahora, se sentía como si estuviera caminando dentro por primera vez. Se sentía nuevo y desconocido, porque no era solo de Dean, era suyo; este iba a ser su nuevo hogar.
Escuchó a Dean recoger la caja de afuera, y Cas depositó su caja a un lado de la puerta de entrada antes de que Dean depositara la suya a su lado.
"Bienvenido a casa," sonrió Dean y envolvió un brazo alrededor de la cintura de Cas, atrayéndolo a su lado. Cas sonrió y presionó su rostro en el lado de su cuello, envolviendo un brazo alrededor de su mitad.
"Aún nos quedan unas cuantas cajas."
"Si, todo por tus malditos discos. ¿Cuántos tienes?"
"Al menos unos cien. Perdí la cuenta." Cas sonrió tímidamente y Dean presionó un beso en su cabello antes de apartarse.
"Bueno, vamos, metamos todas tus cosas."
Acarrearon el resto de las pertenencias de Cas dentro de la casa, y Cas fue a hacer espacio en el armario de Dean para su ropa, ya que Dean había dicho que él "no iba a dejar que viviera de un bolso. Su clóset era lo suficientemente espacioso para acomodar toda su ropa." Empujó toda la ropa de Dean hacia un lado del clóset, recogiendo algunas perchas vacías para colgar sus camisas en el otro lado. Él no tenía tanta ropa como Dean, así que era más fácil aún encajar todo junto.
Cuando hubo terminado, se desplazó hasta la sala de estar para encontrar a Dean sentado en el suelo, las cajas de los discos de Cas alrededor de él; todas ellas abiertas. Dean gruñó y se quejó para sí mismo, murmurando acerca de algo y lo seguía haciendo cuando Cas se movió para quedar de pie a un lado de él, bajando la mirada. Estaba jugueteando con el tocadiscos de Cas.
Cas se rió suavemente y se sentó en el suelo a su lado, estirando la mano para apartar gentilmente los dedos de Dean, arreglando el tocadiscos y encendiéndolo.
"Quería tener un poco de música sonando antes de que salieras, pero no pude descifrar esta maldita cosa."
"Bueno, pero si no eres un romántico," se burló Cas, y Dean lo calló con un roce de labios, los dedos curvándose y enredándose en su cabello. Cas se apartó y se movió hasta una de las cajas abiertas más cercanas a él, sacando un disco. Jugueteó con él en sus manos, yendo a las canciones de atrás antes de sacarlo de su funda y ponerlo en el tocadiscos.
La música comenzó y Cas bajó la funda, moviéndose hacia atrás para sentarse al lado de Dean, quien inmediatamente envolvió un brazo alrededor de su cintura y tiró de él hasta su costado, presionando un beso en su sien. Cas se removió y se presionó de vuelta contra él, riendo suavemente cuando los labios de Dean se arrastraron hacia abajo por el lado de su cara y sobre su mejilla y su mandíbula, eventualmente haciendo su camino hasta su boca.
"Está bien," insistió Dean y Cas trató de sonreír. Dean frotó su brazo con la parte plana de su mano, apretando gentilmente. "Oye."
Cas encontró sus ojos, sabiendo que no era muy convincente por la preocupación que apareció en la frente de Dean.
"Estoy hablando en serio. Todo va a estar bien," tranquilizó Dean, besándolo nuevamente. "¿Confías en mí, verdad?"
Cas asintió, quitándose sus gafas y jugueteando nerviosamente con ellas. Dean las apartó de sus manos y las puso sobre la mesa con el disco, tomando el rostro de Cas en sus manos.
"Mírame."
Cas lo hizo, tragando mientras el pulgar de Dean acariciaba sobre sus mejillas.
"Esto va a estar realmente bien, ¿de acuerdo? Se que ha sido duro, pero tienes que seguir asistiendo a la escuela, y yo voy a ganar este torneo y las cosas simplemente van a seguir mejorando. Este es un buen comienzo, sabes. Estás aquí y éste será nuestro hogar."
Cas alzó una mano y tocó la de Dean, los dedos cerrándose alrededor de su muñeca. Tomó un pequeño suspiro, su lengua paseándose por el borde de sus dientes antes de encontrar los ojos de Dean nuevamente.
"No tengo un buen presentimiento sobre esto," comenzó, susurrando, "siento que algo va a pasarte, y siento que va a ser mi culpa. ¿Qué pasa si alguien te lastima? Qué si… Qué si alguien te lastima, Dean, y es por mí estando contigo, o tu carrera–"
"Nadie va a alejarme de ti," dijo Dean decididamente, y Cas se quedó mirándolo, pasmado por la intensidad de su voz. Después de un momento sus ojos se suavizaron. "¿Por qué debería estar asustado de algo? Te pertenezco a ti," continuó, tocando la barbilla de Cas.
"Está bien," respondió Cas, y se inclinó hacia delante, besando a Dean nuevamente. Las manos de Dean se movieron, acariciando la parte de atrás de su cabello. Dean se apartó, y Cas metió su cabeza en el hueco del cuello de Dean. Dean acarició suavemente su espalda, y Cas cerró sus ojos, escuchando el disco. Dean se movió un poco y Cas se quejó, pero Dean era insistente.
"Vamos," rió Dean, poniéndose de pie y Cas le dio una mirada de confusión cuando Dean le ofreció su mano. Deslizó sus dedos entre los de Dean y Dean lo levantó, acercándolos el uno contra el otro. Cas se rió.
"¿Bailar, de verdad?" dijo incrédulamente mientras Dean comenzaba a balancearse, volviéndose a un twist lento, sosteniendo las manos de Cas.
"I'm gonna stick like glue, stick because I'm stuck on you," cantó Dean, ignorándolo y Cas sacudió su cabeza ante eso, tratando de apartarse.
"¡Oh, vamos!" sonrió Dean, apretando el agarre sobre las muñecas de Cas. "¡Vamos, tú amas a Elvis! Estás tan caliente por él, Cas, ¡y ni siquiera puedes negarlo!" tiró de los brazos de Cas, poniéndolos alrededor de su cintura insistentemente.
Cas se sonrojó, y agachó su cabeza, pasándolo por alto; las manos de Dean viajando sobre sus caderas y su trasero y arriba sobre su espalda. Los dedos de Cas se arrastraron sobre sus brazos, la camiseta blanca abrazando su torso, tocando los cigarrillos ocultos en la manga con una sonrisa.
"Desearía poder llevarte a bailar," susurró Cas en su oído. "Lucirte." Besó el cuello de Dean, deslizando sus manos dentro de sus bolsillos traseros.
"Mmm," ronroneó Dean, aún meciéndose con él. "Sabes, lo que me estoy preguntando es, ¿quién crees que es mejor en la cama? ¿yo o Elvis Presley?"
Cas rodó sus ojos.
"Fácil," dijo, rozando su boca sobre la de Dean a penas. "Elvis Presley."
Dean se calló por un segundo y entonces retomó su balanceo, caminando adelante y atrás con Cas al ritmo de la música. "Bueno, estás siendo parcial."
"Quizás," murmuró Cas, la lengua de Dean manteniendo su propio asunto. "Él fue mi primera fantasía… es todo muy nostálgico."
Dean sonrió, el sonido resonando a través de su pecho, irradiando a través del suéter y la camisa de Castiel, haciendo vibrar sus costillas.
"Me estás tomando el pelo. ¿En serio?" preguntó y Cas se sonrojó, pero se sintió a sí mismo encogiéndose de hombros.
"Es una celebridad. Rachel lo adoraba. Yo lo hacía también." Sabía que su voz había temblado un poco cuando había dicho el nombre de su hermana, pero Dean estaba aparentemente decidido a distraerlo.
"¿Te hiciste un montón de pajas escuchándolo o algo?"
Cas sintió que se sonrojaba hasta el pecho.
"Jesús, Dean, en serio…" dijo, tratando de mantener el tono áspero fuera de su voz. ¿Realmente estaban hablando de esto? ¿Ahora?
Al menos tiene tu mente fuera de todo… pensó Cas, pero no completamente. La sensación deprimente aún estaba ahí, solo que silenciada y dejada atrás. Dean demandó su atención, acariciando sus costados, sacando su camisa de sus pantalones para pulsar sus dedos contra los huesos de su cadera.
"¿Alguna vez lo has visto en vivo?"
"No, nunca he tenido la-" Dean besó su barbilla. "oportunidad. Dean, ¿estás celoso o algo?"
"¿Por qué debería estar celoso?" reflexionó Dean, tirando a Cas hacia el recibidor antes de estamparlo contra la pared. "Él no puede tocarte como yo puedo." Dean lo empujó con sus caderas y Cas tomó aire a través de sus dientes, besándolo, caliente y abierto, tirando del cabello de Dean.
Podía sentir los dedos de Dean desabrochando los botones de su suéter y quitándoselo y Cas dejó que su mente se pusiera en blanco; ayudó, oscilando fuera de su camisa, antes de lanzarse a los jeans de Dean.
"Tú primero," dijo Dean, quitando sus manos, y Cas buscó a tientas su cinturón, deshaciendo los botones y saliendo de sus pantalones, pateándolos a un lado. Dean levantó sus brazos, quitando su propia camiseta y lanzándola, su caliente piel desnuda contra la de Cas mientras lo presionaba de vuelta contra el muro, las duras líneas de sus cuerpos abrasándose.
Cas necesitaba esto; necesitaba el cero a sesenta de Dean, el arrastre de la tela de sus jeans contra su entrepierna cuando Dean cayó de rodillas, la lengua arrastrándose sobre su estómago, haciéndole echar su cabeza hacia atrás contra el muro.
"Apuesto a que te gusta mirarlo ahí arriba sobre el escenario, bailando y moviéndose, ¿huh?" murmuró Dean, moviéndose hacia delante, arrastrando sus labios a lo largo del interior de los muslos de Castiel, mordiendo la suave piel antes de dejar su lengua sobre él.
Cas gimió suavemente, sus dedos agarrando el cabello de Dean, apretándolo y jalándolo, la barba incipiente de Dean arrastrándose sobre su piel sensible. Sacudió su cabeza, interpretando al no-inocente Cas, no al dulce pequeño Cas. Oh, no.
"Dean, por favor," dijo jadeante, pero el duro agarre de su mano en el cabello de Dean decía algo diferente.
"Te pone todo caliente y frustrado, ¿no es así?" dijo Dean a su miembro a través de sus calzoncillos y Cas se mordió el labio, sus caderas moviéndose adelante hacia la caliente humedad. Dios, si Dean solo se la mamara ya, pero en lugar de eso bromeaba, sosteniendo sugerentemente a Cas a través del delgado algodón con una mano mientras se levantaba, encontrando su boca.
Dean no era gentil al respecto; se rehusaba a mimarlo. Cas seguía recordándose a sí mismo que era seguro, que nadie podía oírlos en el recibidor. Esto era seguro. Sus cuerpos estaban seguros ahora. La lengua de Dean acarició húmedamente la suya, su boca inclinada como si quisiera conseguir tanto de Cas como pudiera. Cas jadeó, enfrentándolo, sintiendo la mano de Dean arrastrarse lentamente sobre el creciente bulto en su ropa interior. Su voz se quebró, pero Dean no cedería, no dejaría que moviera su cabeza, manteniéndolo clavado ahí mientras lo devoraba en la forma más descuidada que Cas pudo haber imaginado jamás que alguien besara a otra persona. Se encendió, succionando y mordiendo sus labios hinchados. Era sucio y maravilloso, los sonidos indecorosos haciendo que las manos de Cas se aventuraran hacia el trasero de Dean. Sus pulmones ardiendo.
Dean reemplazó su mano por su rodilla, oprimiéndola lentamente contra la polla de Cas haciéndolo retorcerse y frotarse sin una pizca de dignidad en la pierna de Dean.
"Lo hubieras hecho gay," gruñó Dean. "Con un culo como el tuyo, lo hubieras hecho gay."
Cas tiró de las caderas de Dean, ansioso de usarlo, para quitar la dura tela contra sus muslos. Su pie rozó la tela de sus olvidados pantalones mientras abría aún más las piernas, Dean guiando el lento oscilar de sus caderas mientras se follaba a sí mismo.
"Has que me venga," dijo, la cabeza echada hacia atrás y Dean aferrado su cuello. Cas siseó, apretando la cintura de Dean. "Dean, fóllame bien, has que me venga, nene, por favor."
"¿Quieres que te folle?" susurró Dean. "¿Quieres que te folle muy bien? ¿Follar a mi chico hasta que olvide todo sobre Elvis?"
Cas gimió, largo y fuerte. Se sentía caliente, y demente, y maniático. Que se jodiera Hester, que se jodiera su casero, sus hermanos – él quería montar la polla de Dean, quería venirse haciéndolo, quería gritar mientras Dean entraba en él. Lo quería rápido, y rudo, y duro, y quería a Dean. Quería que Dean lo follara hasta llevarse el dolor, hacerle olvidar todo, porque solo Dean podía.
"Follar a tu chico," repitió, y Dean lo empujó para que se pusiera de rodillas, Cas a la misma altura mientras quitaba sus pantalones y liberaba su miembro. Se masturbó a sí mismo un par de veces, gruñendo, y Cas levantó la vista hacia él, los ojos vidriosos, inclinándose hacia delante, su boca cerrándose alrededor de la punta.
"Ponlo húmedo," dijo Dean con voz áspera. "Bueno y húmedo para mí."
Cas tomó tanto como pudo, lamiéndolo todo, su mente vacía de cualquier pensamiento excepto la tarea que Dean le había dado. Dean lo apartó luego de unos pocos minutos y Cas se puso de pie, volteándose hacia el muro mientras Dean deslizaba su ropa interior hacia abajo, manteniéndolo firme mientras se la quitaba por los pies. Separó más sus piernas, ansioso, pero para su sorpresa, Dean no alineó su miembro, si no que puso dos dedos en la floja boca de Cas.
"Lámelos," susurró, y Cas obedeció, llenándolos con saliva, metiendo su lengua entre ambos, ondeando sus caderas despreocupadamente mientras lo hacía, rozando el miembro de Dean con el movimiento. El pecho de Dean dio un tirón ahí donde tocó la espalda de Cas, y retiró sus dedos de su boca con un sonido húmedo, Cas presionando su mejilla contra el muro.
"Respira," alentó, besando su hombro, tanteando sobre su agujero antes de introducirlo sin ningún aviso adicional. Se folló su agujero un par de veces y entonces añadió el otro, y Cas abrió su boca aún más, jadeando, la otra mano de Dean acariciando suavemente su cadera y bajando hacia su polla.
"No," gimió, y Dean deslizó su mano de vuelta para agarrar su muslo. "No, no todavía."
Dean sonrió y movió sus dedos, extendiendo y haciendo tijeras, besando la parte de atrás de su cuello y bajando por su espina. Cas podía sentir las gotas de sudor deslizándose, cada roce de los jeans de Dean contra la parte de atrás de sus piernas enviándole un hormigueo.
"Dios, solo fóllame," demandó, y la siguiente cosa que supo, fue que la suave cabeza de la polla de Dean abriéndose paso a través de su agujero. Intentó no retorcerse mientras Dean lo abría, grueso y caliente, cada pequeño arañazo en su interior causando una afilada quemazón.
"Joder, estás apretado esta noche," gimió Dean, envolviéndolo, y Cas se folló a sí mismo, tomando el dolor con cada movimiento, trabajando con él. Las manos de Dean estrellándose contra su pecho y descendiendo por él, instalándolas en sus caderas mientras se hundía en él, los accesorios metálicos de su cinturón traqueteando. Cas jadeó y se empaló, las uñas enterradas en la pared. Jadeó y gimió, ferviente mientras Dean se lo follaba más y más fuerte, haciendo que se levantara sobre la punta de sus pies y curvara sus dedos. Se arqueó, tratando de conseguir el ángulo correcto para que Dean pudiera golpear ese punto que iba directo a su polla.
"Fóllame," dijo una y otra vez. "Has que me venga en tu polla, oh, dios, quiero correrme."
Dean empujó dentro de él, y Cas lo encontró en cada golpe, el recibidor llenándose con los sonidos de sus cuerpos viniéndose y los gemidos de Cas, casi gritando. Era tan bueno, la polla de Dean era tan buena, y masturbaba su propio miembro, su mano trabajando más y más rápido al ritmo de Dean.
"Mierda," gruñó Dean, observándolo, doblándose para presionar un beso húmedo en su cuello. "Mierda, Cas."
"Tan bueno," arrastró las palabras, "tan bueno, oh, joder, eres tan bueno." Su voz era apretada, y sabía que no iba a durar mucho más. Sollozó, mordiendo su otra mano, y Dean besó su espalda, deslizando su boca a través de su hombro, las manos a penas trabajando mientras Cas cabalgaba su polla.
"¿Vas a acabar, nene? ¿Vas a venirte en mi polla?"
Cas asintió, y Dean lo tomó profundo, oprimiendo ese punto.
"Oh, joder, me vengo," lloró, y se apartó del muro con una mano. "Me vengo, me vengo, oh, dios-" Su voz era entrecortada y jadeante, y se sacudió hacia delante mientras Dean seguía follándolo. A través de la neblina, sintió a Dean deslizarse fuera de él y entonces la corrida en su espalda. Jadeó, sus rodillas temblando, su cabeza echada hacia delante, su mano aún masturbando descuidadamente su polla, exprimiendo hasta la última gota de semen de la punta. Una gota de sudor rodó por su sien y dejó salir un pesado suspiro, cayendo sobre el muro.
"Jesús," gimió Dean, "puto santo Jesús." Se encorvó, y recogió su camiseta, besando el hombro de Cas mientras limpiaba el semen de su espalda, besando la columna y su omóplato también.
Cas flexionó sus dedos, poniendo su palma contra el muro, los ojos firmemente cerrados, respirando fuerte.
"Estabas caliente esta noche," dijo Dean somnolientamente, casi riendo. "Nene, creo que perdiste la cabeza."
"Ese era el punto," murmuró, siendo consciente de repente de cuán entumecido estaba. Se enderezó suavemente, tambaleándose por el vértigo mientras escuchaba a Dean arreglarse, no molestándose en cerrarse la bragueta.
"¿Qué quieres decir?" preguntó Dean, recogiendo la ropa de Cas y lanzándola sobre el sillón para después. Cas se subió los calzoncillos y se volteó, tirando de la camiseta en las manos de Dean para limpiar su pecho y el muro.
Se encogió de hombros, sin mirar a Dean a la cara. Sus brazos se sintieron sueltos y cansados.
"No lo sé," respondió. "No lo sé. Solo no quiero pensar por un rato."
"No seas así," insistió Dean, y cuando Cas no se volteó hacia él, puso sus manos sobre sus hombros. "Oye, mírame."
Cas le miró y Dean lo besó suavemente, pero Cas no correspondió el beso. "No seas así," susurró, y Cas se separó, trastabillando ligeramente cuando se dirigió a la habitación, metiéndose bajo las sábanas. Dean lo siguió y Cas se sintió mal, observándolo ir hacia la ventana y encender un cigarrillo, mirando fijamente el tráfico.
"Dean," suspiró, y Dean se volteó, el humo arrastrándose fuera de su boca. El cielo estaba de color púrpura suave sobre el edificio de al lado, trazando un contorno dorado sobre él. Cas intentó sonreír, extendiendo sus brazos. "Ven aquí," susurró, y Dean apagó el cigarro reticente.
"No lo creo," dijo, sonando herido, y Cas sintió su rostro arrugarse.
"Lo siento," susurró de nuevo, su pecho contrayéndose. "Dean, lo siento," una lágrima bajó por su rostro antes de que pudiera detenerla y Dean se acercó a él, recostándose sobre la cama, atrayéndolo hacia sus brazos.
"Shh," murmuró, frotando su espalda. "Está bien."
Cas jadeó en su pecho, frotándose los ojos.
"Has estado esforzándote demasiado, con la escuela y esa mierda del departamento, y eso te tiene atrapado. Estás demasiado aferrado, nene."
Sorbió por la nariz, respirando dificultosamente, asintiendo con su cabeza. "No pude decirle adiós a mi hermana," sollozó, y Dean lo sostuvo con más firmeza, meciéndolo.
"Déjame arreglarlo," silenció Dean sobre su cabello. "Lo arreglaré."
Cas sabía que no podía, pero quería creer que sí. Se calmó y refregó sus ojos, sacudiendo su cabeza, apartándose. Dean lo observó con cautela, la mano arrastrándose hasta su cuello.
"Te amo," le dijo Dean, y Cas asintió silenciosamente, tocando la pierna de Dean.
"Lo sé," respondió, con la voz húmeda, y Dean lo empujó hasta que estuvo recostado a sus anchas, un cuerpo cálido situado alrededor de él.
"Lo arreglaré, Cas," murmuró, besando su cuello, y como Cas cerró sus ojos, no estuvo muy seguro de a qué se estaba refiriendo Dean exactamente. Quería decirle que estaba bien. Que estaba bien que no pudiera arreglarlo. No importaba; esa no era la forma en la que él lo amaba.
En lugar de eso cayó dormido, la mano de Dean sobre su pecho, recordándole cómo respirar.
