Capítulo 5


Diciembre, 1969

Habían leído al respecto en el periódico, por supuesto. Todo el mundo lo había leído. Vino justo antes de Navidad, y Cas se quedó mirando fijamente el encabezado, sin pestañear, antes de moverse hacia la cocina. Dean, en su lugar, le echó un vistazo al tiempo, quejándose acerca del frío mientras Cas preparaba un poco de café.

"Ponte otro suéter, porque no voy a encender la calefacción," dijo Cas, rellenando el tazón de Dean, "no podemos permitírnoslo ahora."

Dean bufó, pasando la página.

"El reclutamiento es mañana," comentó, y Cas asintió, revolviendo el azúcar dentro de su propia taza.

"Tendremos que verlo, supongo," respondió.

"Supongo que sí." La página sonó mientras Dean la enderezaba. "No puedo creer que vaya a hacer tanto frío el sábado. Tienen que estar bromeando…"

Cas observó la leche arremolinarse dentro de su café, volviéndolo de color café caramelo.

"¿Realmente es primero de Diciembre mañana?" Se siente como si Acción de Gracias hubiera sido a penas ayer," murmuró, su frente arrugándose. Sin importancia.

"Va a nevar antes este año," continuó Dean, "eso es lo que creo."

"Has estado diciendo eso por casi cuatro años, Dean, y cada año estás equivocado," remarcó Cas, aún revolviendo ausentemente. Dean levantó la mirada de la mesa.

"¿Estás envenenándome o algo?" su risa rompió los pensamientos de Cas, y él solo le llevó el café, deslizándolo sobre la mesa. Los ojos de Dean no se separaron del periódico mientras bebía, bordeando con sus dientes el canto del tazón.

"¿Quieres alguna tostada?" preguntó Cas, y Dean sacudió su cabeza.

"No, estoy bien."

Cas asintió y bebió su propio café, los calcetines de lana deslizándose alrededor de las patas de su silla mientras curvaba sus pies. "Las propinas deberían ser buenas. Es Diciembre, así que recuerda ser amable y decir felices fiestas," bromeó, Dean elevando su ceja, aún leyendo.

"Está mal," dijo Cas de repente, su rostro calentándose. "Está mal de su parte hacer esto."

"No hay nada que podamos hacer al respecto," dijo Dean, gentilmente, aún sin levantar la vista. "Así que no te líes. No hay nada que podamos hacer."

"Podemos, si solo ellos escucharan por medio segundo y notaran que no estamos haciendo ningún bien ahí," continuó Cas, su mano apretándose alrededor de su tazón de café. Dean sacudió su cabeza.

"Cas, por favor. Ahora no."

"No me gusta. No me gusta para nada," susurró Cas, y Dean suspiró, doblando el periódico y dejándolo sobre la mesa.

"Nada va a pasar," trató de consolar Dean, pero Cas frunció el ceño.

"¡No lo sabes!" espetó, y Dean le miró duramente por un momento antes de que su rostro se suavizara.

"Salgamos a cenar," dijo entusiastamente, intentando cambiar el tema, y Cas gimió, pensando en las solicitudes de la escuela de medicina que aún no había llenado.

"¿Realmente tengo que vestirme?" gruñó, encorvando sus hombros, y Dean se rió, poniéndose de pie y alborotando su cabello.

"Vamos, has estado deprimido por días. Vamos a salir."

"No lo creo," murmuró Cas, pero Dean ya estaba fuera de alcance para oírlo. Tocó el periódico y lo volteó para que el encabezado quedara frente a él. Lo miró fijamente por un momento y luego lo volteó, frotando cansadamente su rostro. Quizás se había pescado algo.

Se sentó en silencio, escuchando como Dean caminaba alrededor de su habitación, la puerta del armario abriéndose y cerrándose, las pesadas pisadas significando que Dean se había puesto las botas. Cas estaba perdido en sus pensamientos, su mano moviéndose sobre el periódico antes de retroceder para envolver sus dedos alrededor de la taza de café. Pegó un brinco cuando sintió una mano sobre su hombro y a Dean inclinándose para besar su mejilla.

"Vamos, Cas, alístate para que podamos ir a comer."

Cas sacudió su cabeza y llevó el tazón hacia sus labios, tomando un sorbo antes de depositarlo nuevamente abajo.

"No me siento bien. ¿Podemos ir otro día?"

Cerró sus ojos cuando Dean peinó su cabello hacia atrás, su palma descansando contra su frente, y él levantó su mano, los dedos cerrándose alrededor de la muñeca de Dean. Dean besó su cabello, su mano moviéndose hacia abajo para descansar sobre su hombro, y Cas inclinándose hacia el tacto, agarrando su tazón de café nuevamente.

"Si, iremos otro día."

Dean se alejó y volvió a su habitación, el periódico descansando en la mesa era un recordatorio constante de lo que se venía.

Las solicitudes de la escuela de medicina fueron ignoradas por el resto de la noche, y comieron las sobras de spaghetti de la noche anterior, Dean golpeando gentilmente su pie contra la espinilla de Cas, sonriéndole sobre su tenedor. Cas se rió suavemente mientras comía, alzando una mano a través de la mesa para tomar la mano libre de Dean con la propia. Dean envolvió sus dedos entre los de Cas y comieron en un cómodo silencio, sus pies chocando bajo la mesa, ambos riendo.

Miraron Star Trek, la cabeza de Cas en el regazo de Dean, y los dedos de Dean cerniéndose sobre el cabello de Cas, alisando los nudos que tenía por no haberlo cepillado en todo el día. Cas no estaba poniendo mucha atención al episodio, pero de vez en cuando Dean reía, y Cas solo le escuchaba.

En algún punto se había quedado dormido, y para el momento en el que despertó, la televisión solo estaba emitiendo estática, y la mano de Dean estaba aún sobre su cabeza. Frotó sus ojos y se sentó, Dean gruñendo cuando su mano cayó sobre el sofá, y Cas alzando la suya, pasando sus dedos a través de su cabello, inclinándose hacia delante para rozar sus labios contra su mejilla.

"Dean," susurró, y Dean bufó mientras de apartaba. Cas no pudo evitar reír mientras Dean abría sus ojos, llevando su mano hacia arriba para frotarlos, gimiendo.

"¿Qué?"

"Ven, vamos a la cama. Es tarde."

Dean asintió y besó gentilmente a Cas antes de moverse fuera del sillón, apagando la televisión en su camino al dormitorio, y Cas le siguió, despojándose de uno de sus suéteres en el camino, la cama estaba caliente cuando se deslizó bajo los cobertores, acurrucándose inmediatamente cerca de Dean, la cabeza presionada bajo su barbilla.

Murmuró suavemente cuando Dean deslizó su mano por su espalda hacia abajo, sus dedos arrastrándose bajo el dobladillo de su suéter para descansar en su espalda baja. Él envolvió su brazo alrededor de la cintura de Dean, presionándose tan cerca de Dean como pudiera, sus dedos arrugando la parte de atrás de su camiseta mientras presionaba su rostro en el cuello de su suéter.

"Qué si-"

"No," cortó Dean y Cas sacudió su cabeza. Su garganta se sentía apretada, pero no quería llorar, no en frente de Dean, no justo ahora. "No voy a ninguna parte. No voy a dejarte."

"¿Lo prometes?" Cas se estremeció cuando escuchó su voz quebrarse, pero Dean estrechó sus brazos a su alrededor y besó su frente, y él se relajó, solo un poco.

"Lo prometo."

Cas no se sentía mejor cuando se despertó, y permaneció en la cama por más tiempo del que debería, y sabía que Dean estaba saturado con él.

"Estás dejando que esto te llegue, y eso no tiene sentido," refunfuñó Dean, poniéndose descuidadamente su ropa mientras Cas seguía deprimido, con la mirada levantada hacia él desde la almohada. No estaba impresionado por cuán bien parecía Dean estárselo tomando. No estaba aliviado de que Dean no estuviera preocupado o ansioso o nervioso. Lo hacía enojar.

"¿Realmente no significa nada para ti que hoy puedas ser reclutado?" gruñó, sentándose, tirando la mano de Dean a un lado, lejos de él. Le dio una mirada furiosa a las sábanas. "¿Cómo puedes ser tan jodidamente indiferente al respecto?"

"¿Y qué si lo soy?" espetó Dean de vuelta, levantando sus brazos. "¿Y qué si lo soy, entonces qué vamos a hacer al respecto? No podemos hacer nada al respecto. ¡Ese es el punto! ¡No depende de nosotros!"

"¡Podrías al menos actuar como si estuvieras molesto!" rugió Cas, pateando las mantas y pasando por su lado hacia la cómoda. Hurgó en los cajones, tirando camisetas al suelo. "¡Al menos podrías actuar como si te importara una mierda!"

"¿Qué quieres de mí?" gritó Dean, y esto no era lo que Cas quería. No lo era. No hoy. "¿Quieres que lance algo? ¿O llore? ¡Porque no voy a hacer eso porque no cambiará nada! ¡Si algo cambiara, lo haría!"

"¡Solo desearía que dijeras que estás asustado!" gritó, cerrando el cajón de un portazo. Algo se cayó y golpeó el piso. "Desearía que dijeras que estás asustado y que no lo querías. O algo. ¡No esa mierda que me estás dando de no liarse al respecto!"

"¡No lo quiero!" dijo Dean duramente, sentándose pesadamente en la cama. Cas apretó los dientes. "No voy a ponerme así por algo como esto."

"¿Entonces cuándo lo harás?" espetó Cas, finalmente superándolo. Dean estaba desplomado, su cabeza sobre sus manos.

"No lo sé," respondió Dean, quietamente, "estoy asustado, está bien. Ahí. Estoy asustado, pero también soy práctico y sé que el dinero sería bueno."

Cas cerró sus ojos, su expresión arruinándose.

"¿Por qué sigues diciendo eso? Has estado diciendo eso durante meses," siseó, "conseguiré otro trabajo. Puedo esperar un semestre o dos, ¿por qué sigues diciendo eso? Sé que hago un alboroto, pero no es así de estricto, y nunca te pediría que te enlistaras."

"¡Porque es cierto! ¡Todos mis amigos en el taller se han ido, Cas! ¡Están allá, y lo están haciendo bastante bien!"

"¡Deja de hablar así!" chilló Cas, "¡Deja de hablar como si yo no pudiera soportarlo! ¡Es diferente para nosotros!"

"¿Cómo demonios es diferente para nosotros? Ellos tienen esposas, Cas, ¡algunos de ellos incluso tienen hijos-!"

"Es como si ni siquiera te importara, ¿o si? ¿El riesgo que estamos tomando? ¡Cada vez que hacemos esto tengo el riesgo de perderte! ¿No lo entiendes? Podrían desalojarnos, o alguien podría lastimarte solo por estar conmigo, ¡y ahora tú quieres ir y tomar un arma y adentrarte en la jodida jungla! ¡Gracias, eso es muy reconfortante!"

Cas envolvió sus manos entre sus rodillas cuando Cas anduvo a grandes zancadas y cerró de un portazo la puerta del baño. Él miró el suelo y se puso de pie, golpeando la madera.

"Cas, vamos," suplicó. "Vamos, ¿realmente quieres hacer esto hoy?"

Cas se inclinó contra el lavabo y respiró profundo.

"Lo tengo," comenzó Dean, sus palabras más suaves, "lo tengo, ¿está bien? Lo sé – sé que es diferente." Cas no respondió. "No me gusta pensar en esa mierda, sabes que no – pero no puedes simplemente darme el trato silencioso."

Cas siguió de la misma forma.

"¿Realmente vas a hacer eso?" la voz de Dean poniéndose áspera de nuevo. "¿Sabes qué? Bien. Has lo que quieras. Solo ciérrate, me importa un demonio."

"Nunca lo haces," murmuró Cas, y Dean abrió la puerta.

"¿Qué?"

"Dije que nunca lo haces. Siempre te importa un demonio. Siempre lo haces, no importa qué, y cuando yo me detengo a pensar en ciertas cosas tú me haces sentir como un idiota solo porque no me lanzo de lleno." Agarró con firmeza los costados del lavabo. "Solo dices que lo pienso demasiado. Bueno, quizás lo estoy pensando demasiado, y es porque tú no hablas al respecto, y solo empiezas a hacer cosas."

"¿Y qué, hablar al respecto lo va a arreglar? Aún vamos a verlos sacar el conejo del sombrero esta noche, y luego todo volverá a la normalidad."

"¿Y qué si no lo hace, Dean?"

"¡Entonces sigue no habiendo nada que podamos hacer! ¡Nos tienen acorralados, Cas! Estoy maldito si me quedo, y estoy maldito si soy reclutado, ¡y estoy maldito de cualquier forma porque soy un maricón! ¡Puedes preguntarle a cualquier maldita dama en la calle y ella te dirá lo mismo!" Dean estaba comenzando a gritar de nuevo, y Cas le miró por el espejo. "Aprendí hace un largo tiempo que llorar al respecto no va a resolver mis problemas, ¿de acuerdo? ¡No trajo a mi madre de vuelta y no me hizo dejar de lamer pollas, y no hizo que mi padre se quitara los anillos! ¡Solo tienes que seguir!"

"¿Así que eso no te lastima?"

"¡Por supuesto que me lastima! ¡Estoy aterrado de esta maldita guerra! ¡Estoy aterrado de lo que me hará! He visto a los que regresan – ¡son como fantasmas, Cas! ¡No quiero ser así! ¡No quiero volver como la mitad de lo que era!"

Cas rotó para poder mirar realmente el rostro de Dean, no solo el que estaba en el espejo.

"Escúchame. Realmente escúchame; cada día tú te levantas y vas a trabajar y yo no oigo de ti nuevamente por horas, Dean. ¿Tienes idea de lo que eso me hace?"

Dean abrió su boca y Cas continuó, sacudiendo su cabeza.

"No puedo mirarte cuando estás en el trabajo. No puedo asegurarme de que estás a salvo o de que nadie te lastimará, y es la peor sensación del mundo. Cada día no tengo el control que otras personas tienen. Cuando esos hombres van al taller sus esposas no tienen que preocuparse por saber que ellos fueron golpeados casi hasta morir en un callejón o que fueron despedidos por dormir con otro hombre. Es suficiente el observar que arriesgues tu vida en la jodida pista de carreras, y ahora están intentando alejarte de mí durante un año y yo no…"

Se dio cuenta de que estaba llorando y tragó, fregándose el rostro. Dean suspiró.

"Somos cuidadosos," insistió Dean suavemente, caminando hacia él, "siempre hemos sido muy cuidadosos."

"Esa vez con Alastair – Dean, pudo haberte matado."

"La tenía contra mí. Fuimos rivales en la pista y quería hacerlo personal."

"No le restes importancia cuando yo vi lo que te hizo," gruñó Cas. "Dean, si no hubiera bajado las escaleras, nunca te habría encontrado. Podrías haber sangrado hasta morir."

"No lo hice, y para mañana te darás cuenta que toda esta pelea fue estúpida. Seré llamado en el grupo inferior y no tendremos que preocuparnos por nada. Ni siquiera me llamarán."

Cas sabía que no iba a ganar.

"¿Quieres salir a comer?" preguntó, y Dean asintió, sin escuchar realmente.

"Seguro."

Comieron fideos en el restaurante Chino de la cuadra, y Dean se quedó mirando el cielo soleado a través de la ventana.

"Quizás nevará el sábado," dijo, y Cas se quedó mirando el brillante azul. Caminaron de vuelta al departamento, y cuando Cas abrió la puerta para Dean le sonrió y Dean le sonrió de vuelta y, por un momento, estuvo bien. Cas cerró sus ojos en el elevador y pensó en la playa de ese lluvioso Noviembre. No habían vuelto aún – quizás después de que todo esto estuviera olvidado lo sugeriría. Podrían ir cuando estuviera más cálido y nadar. Eso sería agradable. A Dean le gustaría.

Volvieron y Cas no pudo hacer nada productivo, así que se recostó en el sofá. Dean pretendía leer el periódico. Ambos bebieron demasiado café por la mitad de la tarde. Se sentaron lado a lado en el sofá y cuando el hombre llamó la fecha de nacimiento de Dean ninguno de ellos dijo nada respecto a ser menor que un centenar.

Dean se levantó y fue hacia la ventana, encendiendo un cigarrillo, inclinándose sobre el alféizar, observando el tráfico abajo. Cas se mantuvo inmóvil, sus dedos jugando con un botón de su cárdigan. Lo giró hasta que se salió y luego se puso de pie. Caminó hasta la cocina, encendiendo la luz, recordándose a sí mismo que necesitaban reparar el zumbido. Quizás era el cableado.

Quizás solo necesitaban una bombilla de luz. La televisión aún estaba encendida en la otra habitación, llamando números, y Cas parpadeó dentro del refrigerador abierto, sacando la leche.

"Oh," murmuró, alcanzando una toalla – se había deslizado justo de entre sus manos. Se dejó caer de rodillas, su hombro haciendo que la puerta del refrigerador de balanceara, y comenzó a limpiar, pero parecía estar por todas partes. El cartón aún estaba volteado; ese era probablemente el por qué. Pensó en enderezarlo, pero sus manos siguieron moviéndose sobre la fría leche, limpiando con la toalla.

"Detente," dijo Dean, y Cas no lo había oído entrar. Estaba ocupado intentando limpiar la leche.

"Cas, detente."

"Está bien," respondió Cas. "Está bien. Todo está bien."

"Cas… bebé, detente," susurró Dean, tratando de quitarle la toalla de su mano, pero Cas no había terminado aún.

"Solo ve a sentarte, lo tengo," insistió, pero su voz estaba subiendo en su garganta. Tragó, calmándola. "Está bien. Todo está bien, cometieron un error. No es nada."

Dean puso sus manos sobre sus hombros y lo forzó a enderezarse, los ojos verdes rodeados de preocupación.

"Cas," comenzó, y Cas sacudió su cabeza.

"No."

"Bebé, tienes que contenerte," acalló Dean, frotando sus hombros. "No te alteres."

"Estoy bien," lloró Cas, y trató de apartarse del agarre de Dean, y su pierna del pantalón estuvo empapada con leche, lo que significaba que tendrían que lavar esa noche. Tuvo éxito y puso sus manos sobre el mostrador, determinado a levantarse, pero encontró que su cuerpo era demasiado pesado. Culpó a la leche mojando sus pantalones. La culpó incluso cuando se dobló hacia delante.

"No, no, no," murmuró, y Dean tocó su rostro y su cuello como si no supiera qué más hacer. Estaba bien. ¿Dean no podía ver que él estaba bien? Era un error, leche derramada, limpiar, no era necesario llorar, ¿verdad?

No tenía sentido llorar porque no había nada que ellos pudieran hacer, así que ¿por qué estaba llorando? ¿Por qué estaba llorando ahora cuando ya no lo podía evitar?

"Los chicos van y regresan cada día," dijo Dean. "Cada día, Cas."

"¡No lo racionalices conmigo, joder!" gritó Cas, apartándose, "no – no te atrevas… 59, Dean. ¡Eras el jodido 50 y 9!"

Enterró su rostro en sus manos. Dean se sentó, aturdido, observándolo. Aún había leche por todas partes y eso lo enfurecía. Rechinó los dientes mientras decía algo incoherente y luego jadeó, tratando de frenarlo.

"Joder," murmuró Dean. "Joder, hay leche por todas partes."

Enderezó el cartón y Cas alcanzó su mano automáticamente. Estaba temblando muy fuerte. Subió la mirada hacia los ojos de Dean y se acurrucó hacia él, recogiéndose contra su pecho.

"Shh," susurró Cas contra su cabello. "Shh, está bien."

Dean sollozó contra su hombro, y Cas los meció a ambos hacia delante y hacia atrás, la leche chapoteando mientras avanzaban. Las manos de Dean empuñadas en el material de su suéter, uñas despuntadas enterrándose en su espalda.

Las palmas de Dean estaban húmedas donde se presionaban contra él.

"Joder," susurró, y Cas los meció porque no sabía qué más hacer.

"Maldita leche," espetó Dean. "Maldita leche que está en todas partes."

"La limpiaremos," tranquilizó Cas, sus mejillas picando donde las lágrimas seguían cayendo. "No te preocupes."

Dean se apartó del cuerpo de Cas, poniéndose de pie. Agarró otra toalla de algún lugar y volvió a caer sobre sus manos y rodillas, terminando lo que Cas había iniciado. Sobó su rostro mientras lo hacía, sorbiendo y aclarándose la garganta.

Se sentaron en silencio uno frente a otro. Las rodillas de Cas adoloridas por el suelo húmedo. Enderezó sus gafas donde el hombro de Dean las había golpeado y torcido. El silencio era abrumador. Dean tomó un suspiro tembloroso y Cas levantó su mirada para encontrar que él se estaba rascando la nuca.

"Va a ser rápido. Necesitan hombres," comenzó Dean, y Cas asintió ido. Si, uh-huh. Entendía. "Así que nos querrán fuera de aquí rápido. Tendré que ir a la estación de reclutamiento."

El teléfono sonó, asustando a ambos.

"Ese es Sam," dijo Cas automáticamente, pero Dean no se movió. "Es Sam," repitió Cas, y Dean se crispó.

"Tendré que poner mi moto en una bodega," murmuró, frotándose la mandíbula. Cas se puso de pie temblorosamente y caminó hasta el dormitorio, descolgando el teléfono de su plataforma.

"Acabamos de ver los números," se precipitó Sam, y Cas enrolló el cable del teléfono alrededor de su dedo, los dedos de sus pies curvándose y des curvándose sobre la dura madera. "Jesucristo, no puedo creerlo. ¿Cómo está él? ¿Está enojado?"

"Tenemos un montón sobre qué hablar," respondió Cas suavemente; su lengua estaba seca y se seguía quedando atrapada entre sus dientes. "Lo está tomando bien, creo, una vez que el shock se desvanezca."

"Jesucristo. Nunca pensé que esto pasaría, realmente, quiero decir, nunca pensé…" Sam se apagó y se apartó del auricular, diciéndole algo a Jessica. "Jess está fuera de sí," murmuró, "completamente fuera de sí."

"Él estará bien," dijo Cas, más que nada para sí mismo, y escuchó a Jess hablándole a Sam en el otro extremo de la línea. Dean iba a estar bien, él iba a estar bien. Iba a irse por un tiempo, pero iba a regresar justo como era antes, y todo estaría bien. Él volvería a casa.

"¿Puedo hablar con él?"

"Si, si," habló Cas lentamente, apartando el teléfono de su oído y situándolo abajo. Caminó de vuelta hacia la cocina donde estaba Dean, aún en el piso, sus ojos estaban rojos y su rostro húmedo. Cas se agachó en frente de él.

"Sam quiere hablar contigo."

Dean sacudió la cabeza y agarró el frente del suéter de Cas, arrugando la tela en sus manos y atrayéndolo. Cas se dejó llevar y Dean presionó su rostro en la curvatura de su cuello, sus brazos envolviéndose alrededor de él.

"No quiero dejarte."

"Sam quiere hablar contigo," repitió mientras ubicaba su mano en la nuca de Dean, dibujado círculos en su espalda con su otra mano. Cas lo sostuvo firmemente, tranquilizándolo.

"¿Qué vas a hacer?" dijo Dean desde algún lugar alrededor de su hombro, la voz tomada.

"Esperaré por ti." Pudo sentir los labios de Dean curvándose en una sonrisa contra su cuello antes de apartarse, besándolo hasta dejarle sin respiración antes de ponerse de pie y caminar hasta el dormitorio. Hubo silencio por un momento, pero entonces escuchó a Dean hablando con Sam en la otra habitación. Cas pasó una mano por su cabello. Sus pantalones estaban mojados con la leche, su suéter también, y el desastre aún no estaba completamente limpio.

Tomó otra toalla del mesón y trapeó el último rastro de leche del piso antes de ponerse de pie y lanzarla dentro del fregadero con el resto. Podría ocuparse de ellas más tarde una vez que todo se hubiera calmado y asentado. No podía oír lo que Dean estaba diciendo, y realmente, no quería hacerlo. No quería enfocarse para nada en lo que estaba sucediendo.

La voz de Dean se volvió más fuerte por un momento antes de aquietarse, y Cas caminó dentro del dormitorio, dejando caer su cárdigan y la camiseta bajo él. Los dejó caer en el suelo sin mucha ceremonia, moviéndose hacia el clóset para sacar un suéter seco. Ignoró a Dean en el teléfono, tirando de su suéter sobre su cabeza y regresando a la sala de estar. La televisión aún estaba encendida por lo que la apagó, moviéndose a través del cuarto hasta el tocadiscos. Lo encendió y hojeó a través de sus álbumes, sacando uno y ubicándolo en el tocadiscos, encontrando la canción que quería. Era algo tranquilizador, el dejar caer la aguja en su lugar.

El crujido de los altavoces rompieron el silencio, y luego la música comenzó a sonar. Cas se dejó caer para sentarse en la alfombra, tirando sus mangas sobre sus manos mientras enjuagaba sus ojos mientras Elvis sonaba. No sabía qué es lo que iba a hacer consigo mismo mientras Dean se iba. Por supuesto, iba a continuar con la escuela, quizás conseguir un trabajo para mantener un techo sobre su cabeza, pero iba a esperar que Dean regresara. Iba a esperar que Dean regresara a casa en una pieza, igual que el día que se fue.

La canción terminó y Dean emergió del dormitorio y se sentó a su lado, llevando su brazo hacia arriba para envolverlo en el hombro de Cas, y Cas se inclinó sobre él.

"¿Qué dijo Sam?"

"No tenía mucho que decir. Realmente no hay nada que decir. Él cree que debería ofrecerme de voluntario – solo supéralo."

Cas suspiró y se movió, apartándose de Dean para arrastrarse sobre su regazo, metiendo su cabeza bajo el cuello de Dean. Dean besó su frente, frotando su mano arriba y abajo por su espalda.

"No quiero que te vayas."

"Lo sé, bebé, lo sé," dijo Dean, besando su sien y pasando su mano por su cabello. "Pasará muy rápido. Estarás ocupado con la escuela y tus amigos, y ni siquiera notarás que me he ido."

"No digas eso." Cas gruñó mientras frotaba su rostro contra el hombro de Dean. "No digas eso, Dean. Tú no vas a estar aquí, y yo no voy a saber qué hacer."

Dean le besó una y otra vez, y Cas sollozó contra su cuello hasta que su garganta dolió, y luego se detuvo. El disco dejando de sonar, la aguja levantándose, pero continuaba girando en el tocadiscos. Estaba silencioso, todo exceptuando por el sonido de ellos respirando y Dean tarareando mientras mecía gentilmente a Cas, una mano moviéndose sobre su espalda y la otra a través de su cabello.

"Podemos mudarnos," dijo Cas, su cabeza una nebulosa de pensamientos e imágenes proyectadas.

"No podemos escapar de esto, Cas. Esto no es algo de lo que sencillamente podamos escapar."

Cas volteó su cabeza lejos de la boca de Dean y se agitó.

"Podemos mudarnos a-"

"No voy a ser un desertor," le cortó Dean, y Cas dejó caer sus manos sobre su regazo, apretando el dobladillo de su suéter con sus dedos. Dean agarró gentilmente sus manos y las llevó hacia arriba, besando sus palmas, el dorso de sus manos, sus muñecas. "Esto es algo que podemos atravesar."

"¿Lo prometes?" esnifó Cas, golpeando su frente contra la de Dean. Dean se rió suavemente antes de besarle.

"Lo prometo."

Dean bajó a la estación de reclutamiento el día siguiente y se inscribió, y Cas no quería que lo hiciera, pero Dean estaba determinado a no negar lo inevitable. Dean tenía veintidós; estaba listo para el reclutamiento y no había forma de aplazarlo. El hombre en la estación estaba sorprendido de que no se hubiera inscrito antes.

Era extraño. Él era un I-A. Iba a ser desplegado. La carta de inducción arribó, y cuando lo hizo, Dean la dejó sobre la mesa para que Cas la leyera. Él nunca lo hizo. Se quedó ahí hasta que desapareció. No nevó ese Diciembre, y Cas sabía que Dean estaba decepcionado al respecto, como siempre lo estaba.

"Solo está esperando a que regreses. Volverás y nevará durante toda una semana y las carreteras se cerrarán y todos tendremos que quedarnos dentro todo el día," bromeó Cas, sosteniendo sus manos, frotando los dorsos con sus pulgares. No había llorado desde el día que Dean había sido reclutado y estaba haciendo su mejor esfuerzo por mantenerlo así porque Dean estaba en lo correcto – no ayudaba en nada. Cuando su rostro se volvía preocupado Dean se encogería de hombros, mordiendo su sándwich, o cerrando la puerta, o poniéndose una camiseta, o poniendo el cobertor apropiadamente sobre la cama.

"A penas me extrañarás."

Cas diría algo como, "estoy seguro de que estás en lo correcto."

Que triste mentira era; cuán extraño y estúpido era que pretendiera que no era nada, pero era mejor que decirle que lo amaba hasta que las palabras se cansaran de sí mismas, y era mejor que decir que estaba asustado y triste y hundido al respecto. Que quería que fuera él en su lugar, y no Dean. No Dean, cualquiera excepto Dean. Las palabras se sentían tan carentes de significado cuando trataba de decirlas, como arrojando una cuerda dentro del agua profunda y verla hundirse.

El último día arrastrándose como un ladrón en la noche.

Dean besó su mejilla, su pecho, su estómago, y aún seguía siendo suave, cubriendo sus ojos con sus manos para que Dean no lo viera llorar. Gimió sus disculpas y Dean le sostuvo estrechamente, diciéndole que estaba bien, y Cas estaba tan disgustado consigo mismo por ello. Él debería haber estado disponible para hacer eso, pero no podía. Simplemente no podía.

"Te amo más que follarte," había dicho Dean ásperamente, forzando sus manos lejos, "así que deja de decir que lo sientes," y la desesperación en su voz había hecho que Cas sacudiera su cabeza y contuviera el sollozo presionándose contra la parte posterior de su garganta. "No es sobre follarte, no es sobre eso," susurró Dean, una y otra vez, y Cas siguió sacudiendo su cabeza, tocando los hombros de Dean y luego dejando sus manos revolotearan sobre su espalda y su pecho, incapaz de quedarse quieto. Lloró fuertemente durante diez minutos en la almohada mientras Dean se sentaba en el borde de la cama, una mano en su pierna, el pulgar rozándose sobre su pantorrilla a través de la arrugada sábana.

Cuando se detuvo Dean se puso de pie y se hizo café. No durmieron. Comieron sándwiches con mantequilla de maní en la cama, Dean mirándole sin importar sus ojos enrojecidos, y cuando hubieron terminado, limpiaron las migas y se inclinaron sobre el otro, observando la salida del sol.

"Me pregunto como qué será," dijo Dean suavemente contra el estómago de Cas, acariciando su camiseta con su nariz.

"Caliente," respondió Cas distantemente. "Verde. Probablemente verás algunas cosas realmente hermosas."

"Te contaré sobre ellas."

"Cuando regreses a casa," susurró Cas.

"Cuando regrese a casa," respondió Dean.

Decidieron que Cas no le enviaría ninguna carta. Estaba ocupado con la escuela, y Dean no quería ponerse sentimental cuando no pudiera evitarlo, y era simplemente demasiado, ambos habían estado de acuerdo. Era simplemente mucho pedir a ellos mismos, y eso estaba bien. Sam los llevó hasta la base, Jess en el asiento del frente, volteándose cada cinco minutos o algo así para decir algo, aunque nunca lo hizo realmente. Ella comentó el clima o lo que habían comido para el almuerzo, pero algo más rondaba en sus labios, algo que nunca dijo.

Quizás era la misma cosa que Cas estaba pensando – que deberían besarse justo en frente de algún general y ser palmeados en la muñeca y enviados a casa. El rostro de Dean era duro, e inquebrantable, y Cas sabía que no cedería. Él iba a hacerlo.

Cas cerró sus ojos y encontró la mano de Dean en el asiento entre ambos; él la estrujó.

Sam y Jess salieron del auto y Cas no estuvo sorprendido cuando voltearon sus cabezas, Dean inclinándose para besarlo. Le besó, y Cas sabía que era la forma en la que las personas besaban antes de que murieran, o se fueran para siempre, y quiso sostenerlo entre sus manos y hacer que se quedara en el auto, pero sabía que no podía.

¿No era eso lo que amaba? No podía hacer que Dean hiciera nada. Él amaba eso.

Te amo en mi cama por la noche, y cuando me despierto, y amo escucharte cantar, y amo decirte que dejes de molestarme, amo caminar hasta la casa de los fideos de Van contigo, y te amo – te amo, así que promete que serás como el océano y regresarás a mí, incluso cuando ellos te alejen. Siempre regresa a mí.

"¿Qué?" susurró Dean, y Cas abrió sus ojos.

"Cuando estés asustado, solo piensa en mí," dijo Cas, sabiendo que no era eso lo que había dicho la primera vez, "solo piensa en el día en la playa. Yo estaré ahí."

"¿Tienes esa fotografía?" dijo Dean, y Cas asintió.

"En mi bolsillo."

"Mírala cada día," la voz de Dean tomada, y tragó. "Mírala cada día, ¿está bien? Mírala cada uno de los días, no dejes que pase un día sin mirarla, y yo estaré mirándote justo de vuelta…"

Sam golpeó el vidrio con sus dedos y Dean levantó la mirada hacia él sobre el hombro de Cas. Salieron sin decir una palabra.

Sam le abrazó estrechamente y Jess se ocupó de su uniforme, arreglando el cuello antes de que Dean capturara sus manos y la besara. Ella sonrió, llorando, y lanzó sus brazos alrededor de su cuello. Cas miró alrededor y vio a las madres y padres e incontables hermanos. Las esposas y prometidas y novias.

Extendió su mano para que Dean la estrechara, los otro hombres comenzando a enfilar. Dean tocó sus dedos y luego agarró fuertemente su mano.

"¿Recuerdas?" espetó Cas, de repente, y los ojos verde botella de Dean se abrieron. Cas sonrió. "¿Recuerdas lo que dijiste?"

Dean sacudió su cabeza y el rostro de Cas se arrugó, y trató de mantenerse derecho, tomando un hondo respiro, poniendo su otra mano en el dorso de la de Dean.

"No parece correcto," intentó. "Lo dijiste, 'no parece correcto decir adiós'."

Dean se quedó mirándolo por un largo rato, y Cas observó la comprensión acumulándose en sus facciones. Él estrujó sus manos.

"Te veo entonces," dijo calmadamente, y luego estaba apartándose, y Cas sintió el material de su uniforme contra su pulgar. Observó a Dean retroceder y voltearse, echando su bolso sobre su hombro.

"Vamos, querido," calmó Jessica, llenando sus manos vacías con las suyas. "Vamos."

Ella los volteó, y Cas sintió las luces parpadear con cada paso que daban hacia el auto. Cerró sus ojos contra la inminente oscuridad, y a través del océano, y las motas de la lluvia de Noviembre en el parabrisas del camión de Bobby – como parecían funcionar juntos, y cuán borroso había parecido todo entonces. Cuán extraño y tranquilo y gris era el mundo. Pensó en el pesado abrigo rojo sangre de Dean.

Sus pasos trastabillaron.