Capítulo 6


1971

Vietnam no era lo que Dean había esperado, para nada. Era verde y húmedo, y al menos Cas estaba en lo correcto al respecto, aunque Dean pensaba que quizás las cosas serían diferentes si estuviera ahí por un motivo distinto. El escenario era hermoso, no lo malentiendan, era solo que él veía las cosas diferente. Cada vez que iba a alguna parte, siempre buscaba lugares donde pudiera mantenerse cubierto en caso de que cualquier cosa ocurriera, porque no iba a quedarse al descubierto donde pudieran dispararle.

Tenía alguien por quien volver a casa, alguien que esperaba que él volviera a casa en una pieza, e iba a mantener su promesa a Cas.

Adam Milligan se unió al pelotón un par de meses antes de la partida de Dean a casa. Era un novato, embarcado directamente desde Kansas, y la mayoría lo evadía el primer par de semanas, porque nadie quería ser pescado cerca de él si cometía un error de novato en el campo. Los chicos nuevos eran usualmente los primeros, y los primeros en ser enviados a casa con sus cuerpos en bolsas.

Estaba lloviendo y ellos se habían instalado en la base por el resto de la noche. Dean estaba sentado en el borde de su catre, un cigarrillo balanceándose en sus labios, cuando Adam caminó dentro de la tienda, la camiseta pegándose a su piel; empapado hasta los huesos. Dean se rió secamente, sacando el humo por la nariz mientras Adam caminaba hacia él, sentándose en el catre frente a él.

"¿Pillado por la lluvia?"

Cenizas cayeron desde el final de su cigarrillo mientras rebuscaba detrás de él, sacando su caja de cigarrillos y ofreciéndosela a Adam. Adam sacudió la cabeza e hizo un gesto con la mano, y Dean se encogió de hombros y puso el paquete a su lado.

"No, gracias."

Dean levantó sus cejas, sorprendido de que el chico fuera realmente educado. Había estado lidiando con hombres que eran rudos y crudos como él durante meses, así que era casi un alivio el tener a alguien alrededor con algunos modales. Terminó su cigarrillo con una última calada, dejándolo caer en el suelo y pisándolo con el talón de su bota. Adam se removió en el catre frente a él, sus ojos dando un vistazo alrededor de la tienda antes de detenerse y enfocarse en Dean.

"Así que, ¿qué te trae adentro?"

"Está lloviendo."

Dean se rió de nuevo, sacudiendo su cabeza y pasando una mano a través de su cabello. "No jodas. Siempre está lloviendo. Hubiera sido un milagro si nos hubieran enviado durante la estación seca."

Adam se rió suavemente y se inclinó hacia atrás, tratando de escurrir algo del agua en su camiseta, solo logrando estirar la parte inferior. Frunció el ceño y ubicó sus manos sobre su regazo.

"¿Cuánto tiempo has estado aquí?"

"Unos cuantos meses," Dean encogió un hombro, ubicando sus manos en el catre e inclinándose hacia atrás ligeramente, observando todo el tiempo a Adam. "Es Milligan, ¿correcto?"

"Si, señor," asintió Adam, sonriendo ligeramente. "Adam Milligan."

"No necesitas llamarme 'señor'. Dean está bien. O Winchester, como el resto," se enderezó y Adam se apartó ligeramente hacia atrás, alejándose de él. El chico era un palo con una mata de cabello, no largo, pero un desastre. No pudo haber tenido más de dieciocho, y el pensamiento hizo el estómago de Dean hundirse. No podía creer que estuvieran enviando chicos recién salidos de la escuela a este lugar.

"¿Qué edad tienes?"

"Diecinueve."

"Maldición," aspiró Dean, pasando su mano sobre su cara. "Supongo que no tienen nada mejor que hacer que enviar niños aquí, ¿huh? Canalizándolos a ustedes, pobres idiotas, directo en la picadora de carne."

Adam se encogió de hombros y Dean sacudió su cabeza. Ni una pizca de miedo en los ojos del chico. Si había algo, era indiferencia a lo más. Probablemente pobre, adivinó Dean. Un montón de chicos se enlistaban para ganar dinero – si podían durar tanto. Estiró la mano alrededor de él y agarró su cajetilla de cigarros, sacando otro cigarrillo. Lo encendió rápidamente y lanzó la cerilla usada sobre el suelo, tomando una honda calada. Adam le observó, y Dean vio el destello de inocencia. Reprimió la urgencia de suspirar. Estaba bien para Dean estar aquí, excelente, pero odiaba ver a chicos de la edad de Adam. Se sentía como si solo duraran la noche y luego estaban recostados en el suelo, rogando por sus madres.

"¿Tienes a alguien de regreso a casa?"

"Mi madre." Hubo una pausa mientras Dean exhalaba, el humo arremolinándose entre ambos y Adam tosió, moviendo su mano a través de él. "¿Y tú?"

"Mi hermano," respondió Dean rápidamente, tomando otra calada de su cigarrillo. Su casco estaba en el suelo cerca de sus botas, y lo empujó gentilmente bajo el catre con su talón; la foto en el interior estaba arrugada y doblada varias veces pero segura de la lluvia y los elementos.

"¿No tienes una chica de vuelta a casa o algo?"

"Eso no es de tu incumbencia." Cenizas cayeron sobre su bota y él las sacudió, Adam siguiendo el movimiento con sus ojos antes de que retornaran a su rostro. Estaba frunciendo el ceño, y Dean se encogió de hombros.

"Apuesto a que la tienes, ¿huh?"

"Déjalo, chico."

"¿Es bonita? ¿Cuál es su nombre?"

Dean quitó el cigarrillo de sus labios y los sostuvo entre sus dedos, apuntándolos en la dirección de Adam. Adam se estremeció y se inclinó hacia atrás.

"¿Tú tienes una chica de vuelta a casa?"

"Bueno, uh, no."

"Yo tampoco la tengo, así que cierra la boca, ¿quieres?"

Regresó el cigarrillo a sus labios y dio una calada, y Adam rozó la punta de su bota contra el suelo. Había silencio entre los dos, la lluvia golpeando contra el techo de la tienda, y él podía escuchar a la gente hablando afuera. Sonaban como Ash y Henrikson, hablando acerca de alguna transmisión que Ash había captado a través del radio.

Adam rompió el silencio primero, y Dean gimió.

"¿Y cómo es tu hermano?"

Dean terminó su cigarrillo y lo lanzó sobre el suelo junto con el primero, dándole el mismo tratamiento con el talón de su bota.

"Listo. El chico es un infierno más listo que yo. Está estudiando para entrar al programa de Derecho de Harvard. Está en Stanford en este momento." Sonrió afectuosamente y pasó una mano a través de su cabello. Extrañaba a Sam como un loco, y extrañaba a Jess también. Echaba de menos verlos a ambos juntos, todo sonrisas y risas, el cabello dorado de Jess aún más brillante a la luz del sol, y a Sam teniendo que inclinarse para besar su mejilla.

"¿California?" se maravilló Adam, inclinando su cabeza hacia delante. Dean se rió.

"NorCalifornia," finalizó Dean, y Adam se apagó. "¿Qué? ¿Querías que dijera Hollywood?"

"No lo sé. Nunca he estado fuera de Kansas. Bueno, eso solía ser verdad."

"De Kansas a Vietnam, Dios," se rió Dean nuevamente, más fuerte. "A ustedes los elijen como el maíz en el verano."

"Yo me enlisté," se burló Adam, enrojeciendo. "Mi madre ha estado trabajando sola toda su vida. Me imaginé que sería una buena manera de cargar con mi peso."

Dean no dijo nada y se sumieron en silencio de nuevo.

"Lo extrañas mucho, ¿huh?"

"No sabes ni la mitad de ello, chico."

Adam sonrió y se rascó la muñeca ausentemente, mirando el suelo.

"Yo ni siquiera he estado tanto tiempo aquí y ya extraño a mi mamá. La extraño como un loco." Llevó sus manos hacia arriba para frotarse los ojos, y Dean se inclinó hacia delante, apretando su hombro. Adam sonrió, una sonrisa pequeña, y Dean estrujó su hombro tranquilizadoramente. La mirada que le dio a Dean le recordó a Sam cuando era más joven, cuando preguntaba dónde estaba su madre, preguntaba si ella iba a volver a casa pronto, y rompía el corazón de Dean.

"Oye. Estarás en casa en poco tiempo, ¿de acuerdo?" No apartó su mano hasta que Adam asintió y frotó sus ojos nuevamente. "Un par de meses se sentirán como un par de días, confía en mí."

"Si, de acuerdo," sonrió Adam, frotando la palma de sus manos contra sus pantalones. "Si, confío en ti."

"Pero jamás dejes que te vean llorar, ¿de acuerdo?" insistió Dean. Adam asintió vigorosamente, componiendo su rostro. Se veía como un chico duro. Se contenía, a diferencia de los otros, incluso cuando era más joven. Dean había estado observándolo desde la distancia desde hace un tiempo. "Te ven llorar, estás frito," continuó Dean, rodando su cuello y sus hombros, la lluvia amainando.

"Dudo que a alguien le importe si quiera. Nadie me habla."

"Eso es porque están esperando a ver si la cagas. Eres nuevo, bebé," arrastró las palabras Dean, golpeando sus dedos ausentemente sobre su caja de cerillas. Alzó sus cejas hacia Adam. "¿Vas a cagarla?"

"No," espetó Adam, enderezándose. "Acércame un cigarrillo."

"Esa actitud está mejor," sonrió Dean, depositando uno en la mano de Adam. Él se inclinó hacia delante y Dean encendió otro cerillo, sacudiéndolo una vez que el final del cigarro de Adam estaba brillando. Adam tosió ligeramente y sacudió su cabeza.

"Ha pasado un tiempo," se sofocó, los ojos aguados. "Sabe como la mierda."

Dean se encogió de hombros, considerando la posibilidad de tomar un tercero. No había nada más que hacer. Sacudió su cabeza y apartó el paquete para después; no tenía sentido gastarlos.

"No he fumado desde la secundaria. Mi madre me hizo dejarlo," continuó. "Dice que es innecesario."

"Hmn," asintió Dean, rascándose la frente, no escuchando en realidad. Sus pensamientos se esparcieron; estaba tan malditamente cansado que no podía ni siquiera frenarlos.

"Alguien más que conozco dice lo mismo," dijo, después de un momento parpadeando para despertarse a sí mismo, y Adam se animó, golpeando el cigarrillo para botar las cenizas al suelo.

"¿Tu novia misteriosa?" se burló, y Dean rodó los ojos.

"Si lo fuera, ¿qué mierda cambiaría eso? Seguirías sin conocerla," respondió Dean, poniéndose de pie y estirándose y luego sentándose de vuelta, el catre gimiendo bajo él.

"Solo tengo curiosidad. Todo lo que hacen los otros chicos es hablar de las vaginas en las que se meten. Me imaginé que tú serías igual. Hablan sobre ti también."

Dean se rió, la cabeza cayéndole hacia atrás, su cintura doblándose.

"Estoy seguro de que tienen mucho que decir," sonrió, y Adam apagó el cigarrillo mientras Dean terminaba, sacando un paquete de goma de mascar de su bolsillo. Desenvolvió un pedazo y lo masticó.

"No realmente. Dicen que eres el mejor tirador en la unidad. Y que no dices mucho. Dicen que te calientas con Henrikson también," masticó Adam, y Dean sacudió su cabeza ante lo absurdo. "Ustedes dos son muy unidos."

"Respeto a Henrikson y él me respeta, lo que lo hace mi amigo – aunque están en lo correcto, soy el mejor tirador que tenemos en este insignificante pelotón."

"¿Cómo es que eres tan callado? Quiero decir, si yo fuera mayor, haría un montón de amigos," divagó Adam. "Si tuviera la mitad de respeto que tú – lo estaría usando, sabes. Pero tú nunca pides favores. Lo sé. Te he observado. Nunca lo haces."

La boca de Dean se crispó y rodó los hombros nuevamente, sintiendo el tirante músculo tirar y doler.

"No estoy aquí para hacer amigos," respondió Dean, "no estoy aquí para hacer ningún favor a nadie," su rostro impasible mientras hablaba, su voz suave, "estoy aquí para hacer lo que me digan que haga para así poder recoger mis cosas cuando se termine e ir a casa. Hice una promesa, y eso es todo lo que me importa."

"¿Le prometiste que te casarías con ella cuando regresaras a casa, o qué?" espetó Adam alrededor de su goma de mascar, y Dean levantó su mirada hacia él. Las mascadas de Adam se hicieron más lentas hasta detenerse.

"Aquí una pequeña advertencia, pequeño hermano," comenzó Dean, susurrando. "No hables de la mierda que no entiendes."

"Lo siento," murmuró Adam. "No lo sabía… lo siento."

"No te preocupes," suspiró Dean. "Es complicado, eso es todo."

"¿Quieres hablar acerca de ello?" sonrió Adam y Dean alzó una mano y lo golpeó fuerte en el brazo, haciéndolo gritar.

"Cállate. Y la próxima vez que estés en la fila, no mires alrededor como alguna clase de idiota – mantente en el grupo."

"Capullo…" gruñó Adam, frotando su hombro, sonriendo un poco hacia Dean. Dean estaba infeliz de nuevo, sus ojos distantes, y Adam supo que no iba a tolerar ninguna otra pregunta estúpida. No parecía ese tipo de persona. Aunque lo que había dicho tenía sentido. Él actuaba como si no estuviera ahí. No realmente. Solo estaba manteniéndose en ese lugar por un tiempo, soportando hasta que estuviera en otro lugar – solo pasando a través de su unidad sin ser realmente parte de ella. Exceptuando por Henrikson, quien lo valoraba y preguntaba por su opinión a veces, y Ash, pero Ash era extraño y un genio, y nadie aparte de Dean y Henrikson hablaban realmente con él sin ninguna clase de autoridad.

Adam se lamió los labios.

"¿Así que la amas?"

"Sí," dijo Dean automáticamente, y como un reflejo, sacó un cigarrillo y lo encendió.

"¿Cómo supiste que la amabas?"

"¿Qué mierda es esto, Milligan? ¿Estás escribiendo un libro? ¿Una de esas novelas románticas?"

"No, ¡solo quería saber!" se apresuró Adam. "Ella probablemente querría que hicieras un amigo."

Dean sonrió de buen humor y apretó sus labios alrededor de su cigarro, inhalando, sus uñas sucias rozándose contra su boca.

"¿Cómo supiste?"

"En el momento en el que nos conocimos," respondió Dean. "Ahí fue cuando supe."

Adam se quedó perplejo.

"Eres jodidamente cursi, ¿lo sabías?" se rascó la parte de atrás de su cabeza. "En serio, Winchester, ¿quién mierda habla incluso de esa forma? ¿amor a primera vista? Eso es pura mierda." Dean sonrió como si supiera algo secreto.

"¿Qué se suponía que dijera? ¿Cuándo follamos? Eso es lo que el resto diría, pero ellos no reconocerían el amor verdadero ni aunque les mordiera el trasero. Pero quizás tu no estás preguntándome por el amor verdadero. Estás solo detrás de la cola. Sé como funciona la mente de un chico de diecinueve años."

"No sabes una mierda." Adam se sonrojó. "Estaba preguntando acerca del amor verdadero. Ya sabes, casarse y mierda como esa. Tener niños. Una verja blanca. Así que puedes chupármela, idiota."

Dean estalló en otra risa, fumando su cigarrillo lentamente, haciéndolo durar. No le respondió más allá a Adam, mirando en su lugar hacia su pecho – una delgada cadena dorada estaba enrollada alrededor de su cuello y desaparecía bajo su camiseta.

"¿Qué es eso?" apuntó y Adam miró hacia abajo, sorprendido, antes de sacarla y sostener el fino medallón en su mano.

"Es un San Michael. Mi madre lo mandó a hacer antes de que yo dejara la BST. Dijo que me protegería, o algo." Frotó su sucio pulgar sobre ella y entonces la escondió nuevamente. "No lo sé; no lo compro realmente, pero a ella le hace sentirse mejor, y es como tenerla conmigo. ¿Lo entiendes?"

Dean asintió, pensando en la fotografía escondida en su casco.

"Cuando sientas que te estás perdiendo, solo mírala. Te mantendrá siendo lo que eres," advirtió. "No quieres volver a casa con tu mamá cambiado, y créeme, esta guerra está cambiando chicos más rápido de lo que pueden cambiarse de ropa."

Adam asintió sabiamente.

"¿Alguna vez te asustas?" murmuró y Dean apartó su cigarrillo por un momento.

"Si," dijo después de un momento.

"¿Qué haces?" la voz de Adam estaba temblando. "Yo estuve… estuve asustado como la mierda durante el último ataque. Pensé que iba a morir. Realmente lo hice. Ni siquiera supe que hacer."

Dean tragó pesadamente, tratando de no pensar en el último ataque. Habían quemado el pueblo hasta sus cimientos; tantos pequeños viéndolos hacerlo. Cerró sus ojos por un momento antes de abrirlos.

"Solo elije algo. Algo que te haga feliz, y piensa en ello. Entonces te mantienes en ello hasta que tus piernas funcionan de nuevo y puedes seguir moviéndote y saber lo que se supone que deberías hacer."

"¿En qué piensas tú?"

Dean vaciló.

"Un montón de cosas."

Él sacudió su mano, su cigarrillo quemándose demasiado cerca de su piel. "Imagino que estoy mirando a través de una cámara de grabación – solo filmándolo. Para algún documental o alguna mierda. Usualmente eso ayuda, y cuando lo estás recordando más tarde, no puedes escuchar nada. Nadie gritando, o fastidiando, o nada de eso."

"¿Piensas en ella?" susurró Adam, mirando con atención hacia Dean. El hombre mayor no lo estaba mirando a él, si no al piso. Adam quería saber – quería saber el secreto. Por qué Dean la mantenía encerrada, apartada de todos ellos.

"No si puedo evitarlo," confesó Dean, sintiendo una pesadez en el estómago. Había prometido que lo haría – lo había hecho, pero no podía hacerlo cuando estaban en el campo. "Ellos no tienen lugar aquí," se apagó, "si pienso en ellos demasiado, este lugar va a agarrase a ellos como una de esas enormes serpientes – esas enormes y largas hijas de puta con las cuales casi te topaste. Se lo tragar-" Se cortó y dio una última calada a su cigarrillo.

"¿Puedes evitarlo?" intentó Adam, y Dean sonrió tristemente.

"Usualmente no," murmuró, dejando caer la tercera colilla al suelo, presionando su pie contra él como el resto. "Pero así es como es. Eso es lo que tienes que hacer. Piensa en tu mamá, piensa en ese medallón o en San Michael, diablos, piensa en mi maravilloso rostro, no estarás asustado."

Adam rodó los ojos y ambos miraron hacia la entrada de la tienda mientras Henrikson llamaba a Dean, su voz resonando a través de la base.

"Claro, Winchester," murmuró, y Dean se puso de pie, saliendo, alborotando el cabello de Adam mientras pasaba. Cuando se hubo ido, Adam se quedó mirando fijamente alrededor, sus ojos aterrizando sobre el catre de Dean y la pequeña colección de cosas que tenía. Había una pequeña agenda y cuando Adam se puso de pie y le echó un vistazo, curioso, no estaba llena con nada más que X en los calendarios, sin duda la cuenta regresiva para que Dean volviera a casa. No había ninguna carta, pero habían restos de papeles con motocicletas dibujadas en ellos, y la sección cruzada de un motor. Adam estaba impresionado por éstos, pero los puso a un lado, buscando algo. Algo que la delatara.

Adam necesitaba ver su rostro; necesitaba saber que Dean estaba en lo cierto acerca de todo eso.

Echó un vistazo alrededor, incluso mirando bajo su almohada, pero no había literalmente nada que indicara que Dean tenía familia en absoluto. Frustrado, Adam miró bajo la cama y vio el casco de Dean situado inmóvil a un lado de las patas cruzadas. Podía ver las palabras "La Carga Se Acaba Aquí" escrito con marcador negro en el frente, pero eso no era nada fuera de lo ordinario. Todos escribían algo en sus cascos. Había algo más también, pero Adam no podía leerlo, su repelente para insectos estaba escondido bajo el elástico, pero realmente estaban ahí. Unos pasos hicieron que se enderezara y se apresuró fuera de la tienda, aún pensando en el casco, pero luego todos se estaban reuniendo y él se unió al rebaño.

Quizás los otros estaban en lo correcto – había algo más en la historia de Dean Winchester, pero él no estaba dispuesto a contarlo.


"¡Se ve como que vamos a nadar hoy, señoritas, así que déjenme ver esas faldas arriba!" se jactó Henrikson desde el final de la fila. Adam gimió y Dean lo empujó hacia delante, ajustando su bolso sobre su hombro y sosteniendo su arma sobre su cabeza. Sus brazos, endurecidos de los meses de acarrear la M-16 y su entera existencia sobre su espalda, apenas protestaron mientras la subía.

"Deja de quejarte y camina," espetó Dean, estrechando la mirada mientras seguía a Adam dentro del agua pantanosa, sus botas hundiéndose en el fondo fangoso. Estaba caliente como la mierda, y los mosquitos pululaban alrededor de sus cuerpos, la película en la superficie del agua a la altura de su cintura partiéndose mientras lo atravesaban. La fila serpenteó alrededor de los árboles y la maleza. Henrikson estaba cantando Wade in the Water tras ellos y Dean luchó contra la urgencia de decirle que cerrara la boca. Era jodidamente molesto. Entre más pronto salieran del pantano, mejor.

Era pura mierda, la misión para la que habían sido llamados. Observó la espalda de Adam, casi chocando contra él mientras una serpiente se abría paso en el agua, Adam deteniéndose brevemente para dejarla pasar antes de continuar. Dean rodó los ojos y golpeó el casco de Adam, haciéndolo gruñir algo y empujándolo. Aunque estuvieron pronto en tierra seca, y una vez todos estuvieron fuera, el médico se paseó revisando las mordidas. Un chico se había torcido el tobillo en la ruta y casi se había ahogado como resultado, pero de otra manera, estaban todos intactos.

"¡Descansen, caminaremos más mañana!" gritó Henrikson mientras hacían el campamento, reuniéndose en sus grupos y hurgando entre sus cosas.

"Misión de mierda," se quejó Dean, "¿alguna otra puta búsqueda? Persiguiendo nuestras jodidas colas aquí. Haciéndonos caminar kilómetros por alguna misión de mierda."

"Estamos proporcionando apoyo, imbécil, no solo una búsqueda-" comentó Ash, descargando su radio, asegurándose de que no hubiera sido dañada por el agua. Dean sacudió su cabeza.

"Ellos lo llaman un apoyo, pero lo que quieren decir es carnada. Quieren ver si los Vietnamitas van a atacar antes de que lleguemos ahí. Perdieron su pista y no saben en qué dirección se fueron."

"Cierra la boca y come algo, ¿quieres?" se rió Ash, "tu nivel de azúcar en la sangre está bajo, princesa."

Dean rodó los ojos y sacó una pequeña lata plateada de su bolso, abriéndola con un rápido tirón de muñeca. Adam hizo lo mismo, metiéndola a su boca como si no pudiera tenerla lo suficientemente rápido.

Una lluvia densa cayó sobre el rostro de Dean y por poco deja caer la lata.

"La única maldita cosa que hace es llover," dijo Dean, Adam suspirando pesadamente a su lado en concordancia, ya raspando el fondo de su lata, habiendo arrasado con su ración sin segundos pensamientos. "Ni siquiera puedo encender un puto cigarrillo," continuó Dean, gruñendo para sí mismo, usando la parte más limpia de su mano para golpear su tenedor mientras Adam reía, con la boca llena. Dean sacudió su cabeza, su comida húmeda. Eso lo enojaba. Todo estaba húmedo. Siempre húmedo – o mugriento. Su ropa, su cabello, su piel, sus mecheros. Todo, flácido y marchito y suave.

"¿Qué está flácido y marchito?" dijo Ash, levantando la vista desde donde estaba haciéndole un diagnóstico a la radio. Le dio a Dean una sonrisa burlesca y Dean sonrió satisfecho.

"Tu polla," respondió Dean prontamente, si batir una pestaña. Adam tosió una risa alrededor de su tenedor y palmeó su propio pecho unas pocas veces mientras tragaba.

"¡No es lo que tu madre dijo!" se rió Ash, jugueteando con su equipo.

"¿Si? Bueno, mi madre está muerta," finalizó Dean, poniendo a un lado su lata, limpiando la condensación de su rostro. Ni siquiera estaba hambriento. Ash se rió de nuevo, más suave esta vez, sacudiendo su cabeza, y Dean utilizó el talón de su bota para cavar un surco en la tierra, haciendo que las hormigas se dispersaran frenéticamente abajo. Adam siguió comiendo, mirando perdidamente hacia el espacio y Dean le miró a él, a su delgado contorno. El chico lo habría hecho mejor si hubiera nacido como una percha con el tamaño de sus delgados brazos. Dean recogió su lata nuevamente y la puso en el otro lado, más cerca de la pierna de Adam.

"Termínate esto," dijo, gesticulando hacia la lata medio llena y a la mojada carne en su interior. Adam lo miró con ojos de cachorro y vacilante, esperando hasta que Dean le dio una mirada fija, acercándola más.

"No la necesito."

"Si Milligan no la toma, ¡yo lo haré!" sonó Ash, sonriendo, y Adam rodó sus ojos, metiendo el resto de la cena de Dean en su boca con pequeños trazos de su tenedor. No levantó la vista mientras comía, Dean asintiendo con satisfacción.

"No sé por qué me molesto, no tienes donde poner la comida," dijo arrastrando las palabras, sus dedos crispándose por un cigarrillo. Si solo dejara de llover por dos segundos. Se supone que podría estar bajo un árbol con Ash, pero eso significaría moverse y él estaba perfectamente contento sentado en ese momento. Habían estado marchando por horas y sus pies estaban entumecidos y hormigueando por el arduo viaje. Con el ceño fruncido, Dean clavó más hondo sus talones y luego ahogó un bostezo. Adam aplastó distraídamente un mosquito que se posó sobre su cuello, sus dedos huesudos frotando el lugar donde le había picado, las cortas uñas arañando la piel.

"Tengo un metabolismo rápido," respondió Adam, y Dean recordó vagamente su comentario anterior y sonrió satisfecho, resoplando a través de su nariz.

"Eso solamente es Italiano para 'culo delgado'," gruñó, sin perder la oportunidad. Adam rodó sus ojos nuevamente y siguió comiendo, limpiando las sobras de Dean.

"Sabes, eres un real hijo de perra," comentó Adam, apuntando su tenedor en la dirección de Dean, engullendo su comida de una sola vez. "No es raro que no hables de nadie en casa. Quiero decir, solía pensar que era porque estabas triste o algo. Como que no te gustaba hablar acerca de ello. Ahora sé que es solo porque eres un imbécil y no tienes a nadie."

"Pequeño hermano, no sabes nada acerca de mí," sonrió Dean, recogiendo una rama, comenzando a hacer cortes en ella con su cuchillo. Sacudió su cabeza, suspirando. "Ni una maldita cosa."

"¡Entonces pruébalo!" insistió Adam, y Dean no pudo creer que fueran a tener esta conversación otra vez. "Vamos, todos hablan acerca de los suyos, pero tú nunca dices nada. Ni siquiera una palabra. Así que, dime, qué clase de chica tienes esperándote. Y he estado echando un vistazo alrededor y no tienes cartas ni fotos en ningún lugar. Excepto quizás lo que sea que tengas en ese casco tuyo – te aferras a eso con ambas manos y estaré maldito si mantienes una foto de sus tetas ahí."

Ash echó un vistazo por sobre su radio con las cejas alzadas.

Dean encontró sus ojos y luego los apartó rápidamente.

La lluvia tamborileaba en un barril a un par de metros más allá, suavizando el seco sonido de Dean con su cuchillo en la madera.

"¿Tu madre nunca te dijo que es de mala educación preguntarle a la gente acerca de su vida personal?" dijo Dean, dándole a Adam una mirada fatigada. Adam apiló sus latas vacías y tomó un trago de whisky del pequeño frasco que mantenía en uno de los tantos bolsillos de su bolsa.

"Es fea," dijo Adam y Dean lanzó el palo de vuelta al suelo. "Eso es, ella es fea."

"¿No tienes nada mejor que hacer que irritarme?" bostezó Dean, y Adam se sentó hacia delante, vertiendo un poco de uno de los contenedores vacíos, viéndola correr hacia la pequeña hendidura que Dean había hecho en la tierra.

"Vamos, Winchester," se rió Ash, cerrando su radio. "Como si tú mismo tuvieras algo mejor que hacer."

"No lo alientes," dijo Dean y Ash sonrió.

"No, por favor, ¡aliéntame!" continuó Adam, su rodilla balanceándose. "¿Quién es ella? ¿Cómo es?"

Dean gruñó, frotándose los ojos, ignorando de plano la pregunta de Adam. Adam no estaba desalentado, y Ash se paró bajo la lluvia, buscando un área plana para sentarse mientras estiraba su espalda con rápidos, calculados giros de su columna.

"¿Es alguna vieja bruja?"

"Juro por Dios que si salgo contigo me pondré una bala en el cráneo," gimió Dean, y los cubiertos resonaron contra la lata cuando Adam se removió, ardiendo con curiosidad. Una gota de lluvia cayó sobre la mano de Dean y no se molestó en quitarla; la dejó deslizarse por su brazo desnudo, su camiseta pegándose a él por la humedad.

"Si no me dices, asumiré que estás en una relación con tu mano derecha," dijo Adam con simulada seriedad y Dean bajó la urgencia de estrangularlo.

"Recuérdame darte tu merecido en un par de años," respondió Dean lo suficientemente alegre y Adam solo le miró 'sinceramente', sus ojos cayendo y casi formales.

"¡Dean, tu agresión denota una postura defensiva!"

"Suficiente," dijo Dean bruscamente y Adam se aquietó, observándolo con aprehensión. Dean se quitó su casco y lo lanzó al suelo a un lado de él. "¿Tienes tantas jodidas ganas de saber? Mira por ti mismo."

Él miró a Ash, y Ash sacudió su cabeza.

"Aww, no, Winchester, no vas a arrastrarme a esto."

Se puso de pie, sacudiendo defensivamente sus manos, "¡hay otros lugares donde debo estar!" dijo, yéndose. Adam miró el casco y lo agarró, sonriendo en victoria, pero Dean estaba observándolo con un rostro grave.

Adam se aclaró la garganta y frotó sus manos, acercando el casco hasta su regazo. Miró dentro, y ahí estaba. Un pequeño cuadrado blanquecino contra la cubierta.

Dean lo miró constantemente a medida que la sacaba y la confusión de Adam florecía en su rostro.

"¿Este es tu hermano?" preguntó y Dean se quedó mirándolo fijamente.

"¿Qué crees?"

"¿Eres marica por tu hermano?"

"Adam, hijo de puta."

"¿Quién es?" susurró Adam, alisando la fotografía. El hombre – bueno, no podía decir hombre exactamente. Se veía joven, y su sonrisa era tranquila y dulce, dividida en partes iguales por los pliegues. Adam no pudo conseguir apartar la mirada.

"Su nombre es Cas," dijo Dean, y oh mi dios, cuánto hacía que no decía su nombre, "y te juro por la vida de tu madre, Adam, si le dices a alguien acerca de esto, haré de tu vida un infierno. ¿Me oíste? Un infierno."

Adam asintió ausentemente, aún mirando la foto.

"Él es… no. Eso no puede estar bien," dijo Adam, aún mirando fijamente la foto que había sido obviamente doblada y desdoblada un millón de veces.

"Ahora sabes, así que puedes cerrar la puta boca al respecto," gruñó Dean, quitándole la foto y poniéndola de vuelta en su casco el cual había sacado de un tirón del regazo de Adam. Adam se estremeció, aún pasmado.

"Entonces, tú y él…"

"Si le dices algo a alguien será la última cosa que hagas."

"No voy a decirlo, yo solo– ¿tú y él?" gimió Adam. "Y todos los demás…" llegó la comprensión.

"Ellos ya lo imaginaron. Bueno, la mayoría de ellos lo sospechan," dijo Dean suavemente, poniendo el casco gentilmente a su costado. "Esa es la razón por la que no me hablan demasiado. Aunque tú eres el cabrón más ruidoso por aquí, y estabas volviéndome loco. Si Henrikson puede decir que no le importa una mierda. Soy un cuerpo caliente. A Ash no le interesa tampoco. Él lo sabía desde la primera vez que lo conocí."

"¿Dónde lo conociste?" preguntó Adam y Dean rodó sus ojos, frotando su rostro cuando más lluvia comenzó a caer. Cubrió el casco abierto con su bolso.

"En una fiesta, idiota."

"¿Una fiesta?"

"Una jodida fiesta, ¿dónde pensabas? ¿En una cueva?"

Adam apretó los labios.

"No pensé que su tipo se lanzara a las fiestas."

"¿Su tipo?" Dean se rió secamente. "Adam, somos justo como todo el resto. Vamos a fiestas. Y nos movemos en la sociedad. Conseguimos trabajos y pagamos las cuentas de la electricidad. Emocionante, ¿verdad?"

"Sabes a lo que me refiero," se sonrojó Adam, pateándolo. "Nunca conocí a un marica antes," susurró como un pensamiento concluyente y Dean se rió más fuerte.

"Si, lo has hecho, es solo que no lo sabes."

"¡Y toda esa mierda que dijiste sobre las chicas!" protestó Adam, "¡No sabes una mierda!"

"¡Nunca te mentí!" interrumpió Dean, y los ojos de Adam se desorbitaron. Dean arrastró una sonrisa. "Nunca dije que fuera selectivo."

"Pero tú…" Adam se sacudió a sí mismo nuevamente. "Dijiste que lo amabas."

"Lo hago," aseguró Dean. "Te lo dije, nunca mentí."

"¿Lo amas?"

"Pequeño hermano, haces las preguntas más estúpidas."

"No es la cosa más loca que he oído aquí," balbuceó Adam. "Quizás es por eso que no estoy tan sorprendido." Dean asintió.

"Es la menor de tus preocupaciones," finalizó Dean, su voz cayendo hasta un murmullo que se mezclaba con la lluvia, "todo este mundo intenta inmiscuirse con otras personas. Es la razón por la que estamos si quiera en este infierno."

Adam asintió. "¿Lo extrañas?"

"¿Es el día largo?" murmuró Dean.

"¿Así que qué es? ¿Qué es eso que le prometiste?"

Dean estaba quieto, y antes de que pudiera responder, Adam continuó.

"¿Es él en quien piensas? ¿Cuándo estás asustado? ¿Cas?"

"No digas su nombre aquí," susurró Dean duramente, "no hagas eso. No aquí."

Adam cerró su boca nuevamente y suspiró, pasando una mano a través de su cabello. "Bueno, mierda," dijo, "me siento como un idiota."

"Deberías," sonrió Dean. "Pero no es nada. Mientras no lo digas."

"No lo haré, lo juro. Tienes razón acerca de las otras personas inmiscuyéndose. Tienes razón sobre eso. No hace nada más que mal. ¿Qué debería importarme lo que haces? Quiero decir, realmente."

"Ve a encontrar algo que hacer. Duerme un poco. Tienes caminata que hacer mañana," le cortó Dean y Adam se dio cuenta que había estado divagando. Manoseó el San Michael alrededor de su cuello y se alejó, situando su saco de dormir y recostándose sobre él.

Dean no sabía si se arrepentía aún de decírselo. El tiempo lo diría, pero confiaba en Adam. Era determinado y leal, y confiaba implícitamente en Dean por alguna razón.

El sol estaba empezando a hacer su camino hacia abajo y Dean tenía la guardia de noche. Cerró sus ojos, intentando descansar un poco mientras pudiera, antes de que alguien viniera y lo despertara y tuviera que levantarse y reemplazar a alguien.

Se inclinó contra su bolso, y cerró los ojos.

La misión era una mierda. Todo era pura mierda. Iban a ser emboscados, solo lo sabía. Podía sentirlo alzarse en él como la bilis en la parte de atrás de su garganta, y lo hacía estar inquieto y fatigado al mismo tiempo. Un segundo quería caminar, y al siguiente no quería moverse por el resto de su vida. Su corazón se aceleraba e intentaba respirar, enfocándose en algo más. Adam bufó, exhausto, y Dean recordó cuando él podía dormir así, aunque últimamente no había estado siendo tan fácil. Sus sueños eran vívidos y estresantes. Le hacían afligirse.

Abrió sus ojos y miró al lugar en donde Ash había estado, la luz irrumpiendo, haciendo sombras extrañas en algunas de las cosas que aún estaban desparramadas. Como algún otro cuarto, lleno con algunas otras pertenencias. Un tocadiscos, una cama doble empotrada a la pared, la mesa de noche asomándose a su lado. Escuchó un reloj marcando la hora en el tamborileo de la lluvia; el 'pop' de un quemador de gas siendo encendido, el sonido floreciendo como una rosa en el aire. Alguien tarareando, pasando las páginas de un libro con el suave deslizar de un dedo.

El murmullo de los insectos parecía decaer y surgir como una marea tierra adentro, su traqueteo sin sentido transformándose y cambiando en sonidos más familiares, justo como la lluvia. Aún estaba lloviendo; siempre lo estaba en ese vaporoso país.

Escuchó, y mientras más lo hacía, más sonaba como olas – como el océano golpeando rocas grises. La luz del sol que había escondido detrás de sus ojos ese día, cuán poco había podido recolectar, lavando el interior de sus ojos con un gris apagado; el gris del mar, las rocas grises, las nubes grises.

El chirrido de algo metálico se convirtió en el grito de una gaviota sobre el rugir del agua.

"Vuelve a casa."

La voz azotada por el viento encontró sus oídos y los dedos de Dean se crisparon.

"Pronto," prometió, y Cas recogió una concha, recorriendo los pliegues con sus dedos. El mundo era de la calidad granulada de las fotografías. Él estaba tras la cámara de nuevo, observando a Cas mientras él lanzaba la concha al mar, sonriendo cuando chapoteaba. "Mira aquí," dijo, y Cas se volteó, cegador y brillante, el sol resplandeciente sobre su piel, oscureciendo su rostro por un momento antes de fluir nuevamente a la vista.

Sonrió, caminando hacia Dean, hacia la cámara, deteniéndose poco antes de ella, mirando tímidamente alrededor.

Dean podía oír la película girar, el click de los mecanismos internos, y el océano. Cas se rió, e hizo una especie de mueca tímida, pateado la arena, el viento barriendo su cabello sobre su frente.

"No puedo oírte…" dijo Dean, y Cas levantó la mirada, sus ojos gentiles. Dean sacudió su cabeza, pero la imagen nunca se movió, intacta por sus movimientos. La visión estable del lente de la cámara.

Cas inclinó su cabeza, mirando hacia la cámara, pero parecía como si viera más allá de ella, como si pudiera ver todo el camino hacia Dean.

"Dios, ¿he olvidado tu voz?" susurró Dean, angustiado de repente. Cas no se tambaleó nunca, y levantó la vista de repente, la cámara siguiendo sus ojos hacia las gaviotas.

"No, no, mira aquí," continuó Dean, su voz desapareciendo hasta un murmuro desesperado, "No, Dios, no, no me dejes olvidar su rostro…"

La cámara se centró a sí misma nuevamente y Cas dio un paso hacia delante.

Te amo.

Dean observó su boca, los dientes perlados, la curva de sus labios alrededor de las palabras, pero no podía oírlas.

¡Te amo!

Se había reído esa segunda vez, y el viento había empujado su risa contra su ropa, a través de su cabello, pero era como estar viendo a través de un vidrio. Se había reído esa segunda vez, recordaba Dean, podía decirlo por sus ojos. Cas se volteó.

Caminó unos pocos pasos, abajo hacia el oleaje, echando un vistazo sobre su hombro.

Dean sintió su brazo levantarse y él respondió el gesto.

¡Te amo!

Cas había juntado sus manos para gritar – Dean sintió las lágrimas bajando por su rostro, el frío del aire haciéndolos sentir casi demasiado cálidos.

"Te amo," susurró, y Cas agitó su mano nuevamente, riendo mientras se volteaba hacia el mar. "Te amo. Estaré pronto en casa. Te amo."

Cas se dobló, recogiendo otra concha.

"Espérame," dijo Dean, su voz temblando, "No te vayas demasiado lejos."

Cas arrojó la concha hacia las olas.


Dean abrió sus ojos, mirando a la figura distante de Adam en la oscuridad, escuchando su respiración. Era de noche ahora, y cuando le echó un vistazo a su reloj vio que tenía dos horas antes de su turno. Tragó, inhalando lentamente y pasó sus manos pegajosas sobre su rostro, frío por el sudor. Su cabeza se inclinó hacia atrás sobre su bolso, el cuello crujió. Trató de recobrar un sentido de realidad, el sueño aún disolviéndose, su permanencia lavándose como un desplazamiento de algas. Deseó poder soñar con algún otro recuerdo. Solía ser su favorito. La costa y Cas en su cortaviento, la sensación se sus manos deslizándose sobre la otra, la vacuidad del mundo. El cabello de Cas tocando su barbilla mientras observaban el agua, su risa cuando lo asía por la cintura y lo levantaba, la forma en la que le lanzaban pan a las gaviotas y hablaban sobre volar y botes. Sobre sueños y casas en islas. Ahora solo había silencio, el interminable vacío de una cámara de video, la despreocupada forma en la que Cas caminaba junto al agua, agachándose para observar a los cangrejos o mirar a un pez pequeño, atrapado ahí, en ese momento. Se sentía tan alejado, y con cada paso que Cas daba la distancia seguía creciendo y él no sabía cómo hacer que se detuviera.

Cerró sus ojos contra la oscuridad, tratando de no pensar en nada, pero el terrible silencio se quedó con él. ¿Dónde se había ido su voz? ¿Quién se la había llevado? ¿Qué lo había ahogado y hecho silencioso y de ojos tristes? Cuando miraba a Dean, y sus ojos estaban tan tristes, como si quisiera decir cosas que no podía.

Dean rodó y frotó su rostro un poco más.

Quería hablar, pero el nombre de Cas estaba atrapado en su lengua.


Adam nunca dijo nada acerca de Castiel a nadie, y nunca trajo su nombre alrededor de Dean nuevamente. Dean estaba agradecido, agradecido de que Adam lo hubiera escuchado, y lo hubiera respetado. Era un buen chico, y fuerte. Pero eso no significaba que las cosas fueran a mejorar solo porque alguien no fuera a abrir la boca sobre a dónde le gustaba a Dean poner su polla.

Los días eran calurosos, el aire era pegajoso, y ellos pasaban la mayor parte de su tiempo caminando a través de la jungla y con la hierba hasta la cintura. Siempre vigilando, mirando sus espaldas y observando dónde pisaban, enredados en el constante estado de paranoia. Todos estaban intentando mantenerse con vida para poder regresar a casa.

Aunque Adam se mantuvo cerca de Dean, no solo porque Dean era el único que realmente le hablaba, sino también porque a todos le gustaba mantener sus distancias con él en el campo porque aún seguía siendo demasiado nuevo como para ser de confianza, un blanco demasiado fácil.

Caminaron a lo largo del borde del bosque sobre su izquierda, un campo vacío a su derecha, y Adam no podía callarse acerca de los mosquitos mordiendo su cuello.

"¿Dejarás de quejarte?" Espetó Dean y lo empujó desde atrás. Adam trastabilló y aplastó la parte de atrás de su cuello mientras de volteaba para mirar a Dean.

"No quiero pescar nada de ellos. ¿Quién sabe qué clase de enfermedades hay aquí?"

Dean solo sacudió su cabeza y urgió a Adam para que siguiera, ajustando su agarre sobre su M-16.

No encontraron nada por el resto del día, y Henrikson les había dicho que descansaran una vez el sol hubiera desaparecido tras el horizonte. Se había enfriado ligeramente, pero los insectos eran peores durante la noche, y Dean tenia que lidiar con Adam balbuceando para sí mismo y quejándose por lo bajo hasta que el chico se hubiera cansado lo suficiente para rodar fuera de su cama y agacharse. Dean siempre estaba en el turno de noche ahora – Henrikson lo había asignado permanentemente cuando notó que Dean nunca conseguía dormir demasiado, pero podía andar bien con solo un par de horas. Se puso de pie sobre los otros, tapeando ritmos ausentemente sobre el balance de su arma, escaneando la jungla y paseando sus ojos sobre los otros. Algunos no dormían; jugaban naipes o escribían cartas, acurrucándose alrededor de las lámparas en grupos. La mayoría dormidos, retorciéndose y gruñendo, o fastidiando acerca de estar cómodos.

Dean vigilaba más a Adam, lo sabía. No era su trabajo hacerse cargo especialmente de él, pero algo lo determinaba a llevarlo a casa en una pieza con su madre. Lo desestimó, como no queriendo lidiar con las repercusiones de la alternativa, pero honestamente era una decisión inconsciente el cuidar a Adam. Sus instintos fraternales tomando partido, o algo.

Adam bufó en su sueño y rodó, tirando un brazo sobre su rostro, y Dean sonrió, quitándose el casco de la cabeza y escarbándose el cabello. Mirando alrededor, lo apoyó contra su rodilla y pescó la fotografía, desdoblándola, alisando los bordes y las arrugas. No podía verla muy bien en la oscuridad de la jungla, pero la había memorizado un largo tiempo atrás. La dulce sonrisa de Cas. La sonrisa que solo usaba para Dean, la sonrisa que decía tantas cosas con solo una pizca de dientes, ojos grandes y azules y sinceros. Probablemente había estado hablando con él antes de que fuera tomada, pero Dean no podía recordarlo con certeza. Solo sabía que era su favorita.

Recorrió con su pulgar la fotografía, inclinando la cabeza hacia atrás y mirando hacia arriba, a través de las ramas de los árboles sobre él, el cielo completamente oculto de la vista. Miró de vuelta a la fotografía, y la dobló nuevamente antes de meterla de nuevo dentro de su casco. Puso el casco sobre su cabeza y ajustó su arma, continuando su guardia.

Alguien vino a relevarlo algunas horas más tarde, y para el momento en el que caminó de vuelta a Adam, éste había decidido dormir sentado. Por primera vez en un par de días estaba cansado y se presionó contra un árbol, su bolso tras él. Cerró sus ojos y se dejó llevar.


Cas sonrió bajo él, brazos desnudos envueltos alrededor de su cuello, labios contra los propios, y Dios, como extrañaba besar a Cas. Le besó como si estuviera muriendo, lamiendo dentro de su boca y tomando, robándole el aliento. Cas se apartó, sonriendo, riendo, pero se silenció cuando Dean alisó su cabello con sus dedos y le besó nuevamente.

Él tocó su cuello, los dedos a penas rozando su piel, y Cas se removió bajo él, con la boca abierta en otra risa vacía.

"Estaré en casa pronto," prometió Dean, y Cas inclinó su cabeza sobre la cama, trazando sus mejillas con su ocioso pulgar. Dean cubrió la mano con la suya propia antes de que Cas entrelazara sus dedos, alzando sus ojos hacia Dean de forma secreta.

Dean besó su frente, sus mejillas, sus labios; le besó en todas partes, tocó todas partes. No quería olvidarlo, no quería perderlo. Pudo sentir a Cas hundir sus dedos en sus hombros, y Dean le besó nuevamente, Cas jadeando sin emitir sonido, las uñas arañando la espalda baja.

Se inclinó hacia atrás, apartando el cabello de Cas de su rostro, y Cas estiró sus brazos por sobre su cabeza, sonriéndole.

Te amo, gesticuló con la boca, y Dean circundó su rostro con sus manos, enmarcándolo con sus dedos. Los ojos de Cas brillaron juguetonamente.

"Lo sé," respondió Dean.

Cas se impulsó hacia arriba y envolvió sus brazos alrededor del cuello de Dean, presionando su rostro contra su hombro, el cuerpo estremeciéndose contra el suyo. Dean lo acalló y pasó las manos por su espalda, y pudo sentir humedad en su hombro, pero cuando Cas se apartó, y Dean fue a besarlo de nuevo, se congeló. Cas no estaba llorando, estaba sangrando. Corría desde su nariz, y Dean entró en pánico, alcanzando cualquier cosa para enjuagarlo, pero no había nada que agarrar, y sus manos se apartaron llenas de sangre.


Despertó jadeando, con los ojos húmedos, e inmediatamente los frotó con el dorso de sus manos, luchando por respirar. Se inclinó hacia delante, enterrando su rostro en sus manos, y se apartó cuando sintió una mano sobre su hombro.

"Oye," susurró Adam, y Dean apartó las manos de su rostro, mirando hacia arriba, hacia él, a través de la oscuridad. "¿Estás bien?"

"Si, si," Dean refregó una mano sobre su rostro y se enderezó. "Solo un mal sueño. No es la gran cosa."

Adam asintió y le dio a su hombro una palmada y un apretón firme, y fue solo mínimamente tranquilizador, antes de voltearse y retornar a su saco de dormir.

Fue la primera de muchas pesadillas, y a partir de esa noche, Dean soñaba mayoritariamente con Cas. No eran como los sueños anteriores, aquellos en donde estaban en la playa y Cas se estaba desvaneciendo; en su lugar, Cas estaba sangrando. Moretones púrpura florecían sobre su piel cuando Dean lo tocaba, y la sangre goteaba de las comisuras de su boca y de su nariz. Se endurecía y agrietaba cuando sonreía, sin advertir lo que estaba sucediendo incluso cuando Dean intentaba detenerlo.

"¿Qué está pasando?" lloró Dean, apartándose violentamente de Cas, sosteniendo sus manos en el aire, una noche en particular. Sangre goteando sobre el piso. Espesa en la línea del pelo de Cas y colándose dentro del cuello de su camisa.

"¿Qué está pasando contigo?" gritó Dean nuevamente, sin saber qué hacer. Cas lo miraba fijamente, sonriendo con su dulce sonrisa.

Está bien… Está bien. Todo está bien.

Dean sacudió su cabeza, la sangre juntándose sobre el piso y avanzando hacia sus pies, esparciéndose desde donde brotaba de las mangas y piernas del pantalón de Cas.

"¡No, no, te estás muriendo!" vociferó Dean, y Cas parecía tan preocupado, dando un paso hacia delante.

"¡Te estoy matando, Cas!" gritó Dean, apartándolo. Cas se deslizó en la mancha de su propia sangre, mirando fijamente sus manos. Frotó sus manos pensativamente, dándole un vistazo a Dean.

Está bien, sonrió, tranquilizadoramente, y Dean sintió las lágrimas comenzando.

"No, no," lloró mientras Cas se ponía más y más pálido, los moretones manchando su cuello y su pecho y la parte superior de sus pies. Se puso de pie y puso sus manos pegajosas y cálidas sobre las de Dean, sosteniéndolas. Besó la mandíbula de Dean con sus labios agrietados, y Dean le sintió articular algo contra su piel, pero no pudo descifrarlo.

"Detente– detente," jadeó, sentándose derecho, y entonces estaba despierto de nuevo, temblando, sus dedos curvados en puños. Había mordido su nudillo para no gritar, los ojos de Cas luciendo tan azules contra el rojo , y tan tranquilos. Dean no sabía que significaba, pero lo asustaba como la mierda, y eran tan reales que a menudo, incluso luego de que despertaba no sabía en dónde estaba. Comenzó a volverse más distante, no hablaba tanto como solía hacerlo, y Adam lo notó cuando Dean comenzó a dormir menos de lo normal.


Era un día antes de cuando se suponía debían arribar al punto de revisión. La jungla era densa y la humedad era tan pesada en el aire que era difícil respirar. La ropa de Dean adherida a él, e incluso aunque estaba acostumbrado hasta el momento, seguía siendo molesto. Estaba tirando de ellas cuando Adam lo golpeó con el hombro, y Dean saltó ligeramente, esperando que Adam no lo hubiera notado.

"Oye, ¿por qué estás tan asustadizo?"

"¿De qué estás hablando?" Dean falseó una sonrisa, golpeando a Adam de vuelta con su hombro y levantando su bolso más alto en su espalda. Adam solo sacudió su cabeza y dio otro paso.

Hubo un estallido y Dean se erizó, volteando violentamente su cabeza justo a tiempo para ver a Corbett coger una bala directamente a través de su cuello. Su sangre salpicó sobre el césped y cayó, algo en su bolso haciendo un sonido metálico. Luego el metálico silbido de una bala deslizándose en el aire, seguida por otra. Se mantuvieron, esperando. La lluvia escurría. Se filtraba. Ellos esperaban.

Henrikson gritó para que se cubrieran y Dean tiró de Adam para dejarlo cubierto, lanzándolo a la base de un árbol mientras quitaba el seguro.

Esperó.

"¡Hombre caído!" llamó alguien, demasiado tarde, y Dean pudo ver desde donde estaba como Teixeira, su médico, se deslizaba sobre sus rodillas junto a Corbett, presionando sus manos en su cuello para detener el sangrado. Adam observaba con ojos abiertos y congelados. Las piernas de Corbett patearon y luego se aquietó, la cabeza colgando, las manos cerradas alrededor de la muñeca de la persona.

"¡Hijo de perra!" siseó Dean, preparándose a sí mismo. Adam se mantuvo presionado contra el árbol, la mano empuñada alrededor de su medallón, los ojos cerrados. "¡Milligan!" dijo Dean y Adam lo miró. "Quédate tranquilo, pequeño hermano," Dean sonrió y Adam le sonrió dubitativamente de vuelta, asintiendo. Dean miró alrededor y encontró a Henrikson cubriendo a Ash. Ash estaba trabajando con la radio, diciendo coordenadas en el recibidor, manteniendo su voz tan silenciosa como le era posible mientras las balas se derramaban en el aire espeso, el traqueteo metálico de las armas sonando más cerca que antes.

"¡Necesito un análisis!" gritó Henrikson, "¡Vamos, cabrones perezosos! ¡Díganme lo que ven!"

Dean cerró sus ojos fuertemente y asió su arma, dejándose caer. Se agachó, asomándose alrededor del lado del árbol y escaneó el área.

Se volteó y le hizo una seña a Henrikson, sosteniendo cinco dedos y luego cinco más. Henrikson gesticuló para que se acercara y Dean miró a Adam. Sonrió tranquilizadoramente y Adam le urgió a seguir.

"Estoy bien," murmuró, guiñando, y Dean extendió su mano para golpear el casco de Adam con la palma de su mano antes de apresurarse hacia Henrikson, deslizándose detrás del próximo árbol mientras más balas pasaban volando por su lado. Su corazón martilleaba en su pecho.

"Al menos diez, pero creo que es un señuelo – hay más en el lado opuesto," susurró Dean, Henrikson bajando su cabeza para escuchar. Asintió sombríamente.

"Estamos desnudos," gruñó Henrikson. "Desnudos como el jodido día en el que nacimos." Hubo una ráfaga de movimiento y órdenes luego de eso. Dean se apresuró hacia delante con otros dos, y le dio a uno de los armados en el primer intento. El otro sargento tenía el flanco, moviéndose hacia la izquierda mientras el frente mantenía su atención, y Dean quería mirar a Adam pero no pudo encontrarlo. Dean alzó su arma nuevamente, y tiró del gatillo.

Una sombra cayó al suelo. Hubo una lucha entre la maleza y un grito de cubrirse cuando una granada voló por el aire y Dean se agachó, las manos sobre su cabeza. Sintió la tierra salpicando contra su casco y el tamborilear de armas sobre su cabeza mientras levantaba su rostro, arrastrándose hacia delante, deteniéndose para disparar cada pocos metros.

Más sombras se filtraron a través de los árboles, lanzándose a las enredaderas y difuminándose, habiendo estado ocultos tras la primera ola.

"¡Los hijos de perra siguen viniendo!" gritó alguien, y Dean los bloqueó, observando a través de la mira, esperando. Exhaló y tiró del gatillo otra vez, y otra sombra cayó al suelo.

El fuego continuó por varios minutos más, y la emboscada se disipó hasta la calma. Ellos eran una tropa dispersa de VK, y aunque se habían escondido bien, su pelotón los había superado. Hubo un silencio y luego Henrikson les ordenó retroceder, y Dean se puso de pie de un tirón. Estaba corriendo hacia el resto del pelotón cuando hubo un traqueteo desde la maleza y se volteó. El sol agrietado por los árboles, dibujando la silueta de la figura que emergió.

"¡No disparen! ¡Tranquilos!" gritó Henrikson y Dean se quedó mirando fijamente mientras la figura se doblaba hacia delante, agarrándose el estómago. Captó el vistazo del sucio cabello castaño mientras el casco caía, y Dean estaba corriendo.

"¡Hijo de perra!" jadeó Dean, agarrando al soldado que se había arrastrado primero hasta Adam y lo apartó.

"¡Winchester, quítate del camino!"

"¿Quién lo hizo?" dijo Dean histéricamente mientras se doblaba sobre Adam, deslizándose sobre sus rodillas, atrayéndolo hacia su regazo. Había sangre por todo el frente de su uniforme y estaba goteando por sus manos. Jadeó, ahogado con la sangre mientras de deslizaba de su boca, Dean tirando de su camiseta para aplicar presión. Los ojos de Adam rodaron hacia arriba. Los hombres estaban en silencio, mirando fijamente como Dean tocaba el rostro sudoroso de Adam, volteándolo hacia él, la tierra manchando su frente y su mejilla.

"No te atrevas a morir," gruñó Dean, presionando más fuerte mientras el médico se acercaba, apartando sus manos para inspeccionar la herida. "No vas a morir así, hijo de perra. ¡No voy a dejarte morir así!"

"Se está desangrando," dijo el médico calmadamente, sacando un paquete de su bolso, rompiendo la punta con sus dientes. Sacudió el Quick-Clot sobre el vientre de Adam, la sangre congelándose en una capa gruesa. Adam resistió, aullando, y Dean lo acalló, manteniéndolo quieto. Henrikson maldijo, pateando a alguien.

"¡Cuando les doy una orden espero que sea jodidamente seguida! ¡Sin excepciones!" Ellos se encogieron bajo su mirada, "¿Creen que estoy probando mi boca? ¿USTEDES piensan que solo estoy tratando de oírme hablar? ¡Mírenlo! ¡Mírenlo ahora! ¡Es uno de los suyos! ¡Pobres cabrones estúpidos no pueden distinguir un maldito enemigo de uno de los suyos, inservibles hijos de perra!"

Se sosegaron cuando Adam gorgoteó, sujetando con su mano la camiseta de Dean. Dean sacudió su cabeza.

"Tranquilo, tranquilo, tómalo con calma," se volteó sobre su hombro mientras Adam se crispaba, la humedad agrupándose en las comisuras de los ojos del chico más joven. "¡Llama! ¡Tenemos que sacarlo de aquí!"

Ash encendió la radio y el médico levantó su cabeza para detenerlo.

"No," dijo rápidamente, sacando una jeringa, jugueteando con la tapa. Golpeó la aguja con sus dedos. "Vamos a perderlo."

Dean alisó el cabello de Adam lejos de su rostro y Adam se ahogó nuevamente, tragando la sangre que se alzaba por la parte de atrás de su garganta.

"M-Mi mamá…" dijo, los ojos volviéndose vidriosos, y Dean asintió.

"Se lo diré, no te preocupes, le diré," susurró. "Le diré que fuiste honorable. Le diré que luchaste duro, peleaste duro, pequeño hermano." Su voz quedó atrapada.

La mano de Adam cayó sobre la de Dean y la apretó mientras la otra daba sacudidas hacia su cuello, arrancando el medallón. Abrió su boca y Dean miró fijamente su rostro, mientras ponía la pequeña cadena de oro dentro de su puño en el pecho de Dean.

"La enviaré, ella la tendrá," comenzó Dean y Adam sacudió su cabeza.

"¡No!" gritó, y gorgoteó nuevamente. "Tú…" se apagó, y Dean tomó la mano de Adam, los dedos extendiéndose para presionar el medallón contra su palma.

"Lo tengo," dijo Dean débilmente. "Lo tengo, no te preocupes."

"…Tú," repitió Adam antes de sacudirse. Sus piernas patearon y su cabeza rodó hacia atrás contra el brazo de Dean. Dean se quedó mirando su rostro muerto, aún sosteniendo el medallón sin fuerzas en sus dedos.

"Se ha ido," dijo el médico, y Henrikson maldijo. Dean se mantuvo mirando los ojos muertos de Adam, enjuagando sus lágrimas cuando cayeron sobre su piel, haciendo surcos pocos profundos en la arena. Bajó lentamente a Adam de sus rodillas dobladas, sus brazos sostenidos rígidamente sobre su pecho. Dean quitó su camiseta empapada de su torso y la sacudió, posándola sobre él.

"Tú y tú, cárguenlo hasta el punto de revisión," dijo Henrikson suavemente, el médico sacando una bolsa para su cuerpo de su kit, desplegándola. "Winchester."

Dean levantó la vista, pero no encontró los ojos de Henrikson.

"Toma sus etiquetas y regístralas para el correo."

Dean asintió vagamente y levantó la cabeza de Adam para quitar las etiquetas de perro de alrededor de su cuello, metiéndolas en su bolsillo. Los ojos de Adam miraban vacíamente hacia arriba, a través de los árboles, la boca holgada. Dean revisó sus bolsillos luego y encontró una nota arrugada para su madre. Tocó los bordes sangrientos y luego la puso junto con las etiquetas, finalmente poniéndose de pie. Alzó su cabeza hacia los otros hombres de pie gravemente a su lado.

"No sé quién de ustedes lo hizo," comenzó, "pero si lo llego a averiguar, lo mataré. Se supone que deben cuidar de los más jóvenes. Ellos confían en ustedes. Él confiaba en ustedes, y juro sobre su tumba que si llego a averiguar quien lo mató, será el final para él."

Miró de vuelta hacia el suelo y pasó caminando por el lado de Henrikson, quien puso una mano sobre su espalda y lo atrajo para poder caminar a su lado.

Las semanas pasaron confusas.

Dean no sabía qué hacer consigo mismo. Le escribió una carta a la madre de Adam pero sabía que no era suficiente. Él era su único hijo. El único, y ahora estaba muerto, y Dean no pudo detenerlo. Todo lo que tenía para mostrar era la carta que había enviado junto con su cuerpo.

Él era un chico valiente. Dean lo había amado como un hermano pequeño. Lo lamentaba tanto.

Tanto.

Cuando cerraba los ojos en la noche Cas lo sostenía mientras lloraba, los rasguños y moretones en aumento a raíz de los toques de Dean.

Vuelve a casa, gesticularía con la boca, y Dean sacudiría su cabeza, mirando fijamente hacia el suelo. Las huellas de Cas eran sangrientas y se detenía de vez en cuando, las heridas de las tres balas en su abdomen haciéndolo retorcerse y doblarse antes de enderezarse. Dean estaba acostumbrado a verlas ahora y solo dejaba que pasaran.

No había nada que pudiera hacer.

Vuelve a casa, repetiría Cas, y finalmente, Dean era capaz de levantar su cabeza y mirar su rostro. Tocaba la piel bajo su ojo y ésta ondulaba en un delicado moretón amarillo, y Cas se inclinaba en su palma.

"Mañana," decía Dean rasposamente, "mañana…"


Despertó, y por primera vez en un largo tiempo su rostro estaba seco. Empacó sus cosas tranquilamente y estrechó manos con Henrikson y Ash.

Se metió en el helicóptero y observó la jungla desaparecer bajo sus pies, quedándose más y más atrás. Estaba sucediendo.

Estaba hecho.

Estaba volviendo a casa.

Dobló su cabeza entre sus rodillas, el helicóptero tan ruidoso que nadie podía escuchar mientras sollozaba. Otro hombre yéndose con él ubicó un brazo alrededor de sus hombros y besó su cabeza.

"Lo sé, hombre, es jodidamente emocional, ¿verdad? El infierno en la tierra y finalmente estamos saliendo. ¡Es jodidamente surreal!"

Dean palmeó su hombro, asintiendo, y enjuagó sus ojos, observando el verde paisaje desplazándose bajo sus sucias botas, y tocó el San Michael bajo su camiseta con aprehensión.

"¡No he visto a mi dama en trece meses y estoy asustado como el demonio! Me pregunto cómo va a lucir… ¿alguna vez te preocupa que no puedas reconocer a ninguno de ellos?"

Dean quería decir que no, pero no pudo, así que en su lugar solo sonrió.

No estaba asustado de no reconocer a Cas.

Dean estaba más asustado de que Cas no pudiera reconocerlo a él.