Capítulo 7
Junio, 1972
Cas tomó un aventón con Sam y Jess hacia el aeropuerto, y todo el camino hacia allá, no pudo dejar de moverse. Se mantuvo dando golpecitos con los pies sobre el suelo, tirando de las mangas de su suéter, y quitándose los lentes para limpiarlos, incluso cuando ya lo había hecho solo unos minutos atrás. Cada cierto tiempo Jess se voltearía y le diría algo, quizás alzando una mano para desordenar su cabello juguetonamente. El reiría y apartaría su mano, y ella reiría también y se voltearía para decirle algo a Sam.
Sabía que la mayoría de los hombres que regresaban a casa de la guerra no eran los mismos hombres que eran cuando se fueron, pero esperaba – siempre había esperado que Dean siguiera siendo Dean, y que nada hubiera cambiado. No habían intercambiado correspondencia, ni paquetes, ni nada, así que Cas no tenía idea de lo que Dean había estado haciendo en el extranjero; tenía alguna idea, pero no quería pensar en ello.
Jess se volteó y alzó una mano para desordenar el cabello de Cas nuevamente, riendo.
"¿Estás emocionado?"
"¡Por supuesto que lo estoy!" sonrió Cas y apartó su mano de su cabello. Realmente había intentado hacerlo lucir bien para hoy, y Jess seguía alcanzándolo para estropearlo. Había intentado vestirse bien también. Quería que fuera especial; quería que fuera bueno.
"¿Vas a besarlo allá afuera? ¿En frente de todos?"
"¡No seas absurda, Jess!" Cas tosió una risa, moviendo las puntas de su cabello con sus dedos, y ella rió suavemente, sacudiendo su cabeza. Sam rodo los ojos en el espejo retrovisor y Jess se inclinó hacia él para besar su mejilla antes de voltearse de nuevo hacia Cas.
"¡Sería una verdadera sorpresa, lo apuesto!"
"Lo sería, pero eso no quiere decir que vaya a hacerlo."
"De acuerdo, ¡suficiente acerca de besar a mi hermano!" sonrió Sam, aparcando el auto y apagando el motor. "¡Aquí estamos, así que vayamos a verlo!"
Cas se mantuvo de pie a un lado de Jess en el aeropuerto, y pudo sentir sus manos temblar a sus costados por un momento, antes de que Jess alzara una mano y la deslizara en la de él, apretándola tranquilizadoramente. Él apretó su mano de vuelta, y ella lo golpeó gentilmente con su hombro.
"Va a estar bien, Cas," susurró. "Él va a estar bien."
Él asintió y apretó sus dedos nuevamente, el sonido de un avión rugiendo en la distancia mientras iba sobre la terminal.
Los soldados desfilaron fuera del avión, y Cas mantuvo su guardia por Dean, parándose sobre la punta de sus pies para ver sobre las cabezas de algunas personas. Se ajustó sus lentes, presionándolos más arriba del puente de su nariz, y Jess apartó su mano de la suya para apuntar hacia alguien. Siguió su dedo y entonces se congeló cuando Dean levantó la vista hacia él, capturando su mirada. Su respiración quedó atrapada en su garganta, y Dean sonrió con esa lobuna sonrisa suya.
"Cas–"
No oyó el resto de lo que Jess había dicho porque ya estaba abriéndose paso a través de la gente, disculpándose con un par de ellos mientras hacía su camino hacia Dean, deteniéndose frente a él cuando lo alcanzó.
"Dean," comenzó, pero las palabras se quedaron atascadas a mitad de camino. La sonrisa de Dean disminuyó hasta algo más tranquilo.
"Ey," susurró.
Cas se lanzó hacia delante y envolvió sus brazos alrededor del cuello de Dean, y no le importó quién los miraba. En realidad, quería que todos vieran. Quería que todos vieran cuánto amaba a Dean, y cuánto lo había extrañado, y si a alguien no le gustaba, entonces podían simplemente darse la vuelta. Se derritió contra Dean cuando sintió sus brazos envueltos alrededor de él, Dean presionando su rostro en su cabello, sus dedos clavándose en su suéter.
"Te extrañé tanto," sollozó Cas, presionándose más cerca de Dean, y éste lo acalló, sosteniéndolo más estrechamente.
"Está bien. Estoy en casa ahora, está bien." Miró alrededor, hacia la gente susurrando y soltó su agarre. "Probablemente no deberíamos hacer una escena aquí," murmuró, palmeando la espalda de Cas en una forma más platónica.
Cas asintió y se apartó, quitándose los lentes para enjuagarse los ojos, sonrojándose. No había querido ser así. Tragó y sonrió y le miró mientras Sam y Jess se deslizaban tras él. Dean vio a Sam y su rostro palideció, como si hubiera visto un fantasma. Apartó a Cas gentilmente hacia un lado y agarró a su hermano,
atrayéndolo en un apretado abrazo del que parecía reticente a dejarlo ir. Cas retorció sus manos nerviosamente, mirándole besar la mejilla de Sam.
"Sammy," le oyó murmurar Cas, y Sam bajó su cabeza, estrechando a Dean apretadamente en sus largos brazos, "Te extrañé, chico," graznó Dean, y cuando se hubieron separado, Dean apresó ligeramente su hombro mientras se limpiaba los ojos con el dorso de la mano. Sam rió incómodamente, abrazándolo de nuevo, y Dean se dejó, golpeando su espalda y sonriendo.
"Estamos tan contentos de que estés en casa," dijo Jess, su voz pequeña, y Dean se volteó hacia ella, su rostro rompiéndose en una sonrisa. Jess rió cuando Dean la alzó de sus pies, besándola en la mejilla y depositándola de vuelta en el suelo.
"Dios, simplemente te vuelves más bonita cada vez que te veo," comentó y Jess sacudió su cabeza.
"¿No te dijo Sam? ¡Ahora modelo para Vogue!" bromeó y los ojos de Dean se suavizaron mientras miraban sobre ella.
"¿Ya te vas a casar con ella, Sammy?"
"¡Dean!" protestó Sam, sonrojándose escarlata y Jessica tosió en su mano, dándole un vistazo al rostro de Dean.
"Yo solo digo – la vida no espera," finalizó Dean, su voz apagándose. Miró sus rostros, una especie de distancia cruzando sus facciones y Cas avanzó, rompiendo el silencio.
"Creo que Sam puede manejarlo," sonrió, rozando una mano sobre el uniforme de Dean, el material duro bajo sus dedos. Encontró los ojos de Dean, aún maravillándose de que él estaba ahí. "Hablando de eso, Sam y Jess quieren salir a cenar mañana. Está este nuevo lugar que acaba de abrir. Es agradable."
"Si, si, eso suena genial." Dean cubrió la mano de Cas son la propia, los dedos duros sobre su piel, con callosidades que Cas aún no reconocía. Bajó su voz. "Solo quiero ir a casa, si eso está bien."
"¡Por supuesto!" dijo Jess rápidamente mirándolos a ambos. "¡Te llevaremos a casa y llamaré esta noche para hacer los planes con Cas!"
Cas comunicó la gratitud de ambos, Dean habiendo decidido no decir mucho más, levantando su bolso sobre su hombro y cambiando su peso. Cas le miraba por la comisura de su ojo, el corazón martillándole por la emoción y la ansiedad y la abrumadora felicidad.
No fue ninguna sorpresa que no pudiera mantener sus manos alejadas de Dean en el asiento trasero del automóvil, sosteniendo la mano de Dean con ambas suyas, paseando sus dedos sobre la rodilla de Dean. Dean mantenía su brazo alrededor de los hombros de Cas y lo sostenía cerca contra su costado, su otra mano acariciando la palma de Cas, tocando su muñeca, su brazo, todo. Cas presionó su rostro contra su hombro un momento antes de entrelazar sus dedos, apretando la mano de Dean.
Sam aparcó en el estacionamiento fuera del departamento, y todos bajaron del auto. Sam ayudó a Dean a bajar su bolso del maletero, y Dean lo echó sobre su hombro. Le dio a Sam un abrazo con un solo brazo, palmeándole la espalda, y luego envolvió su brazo alrededor de la cintura de Jess, inclinándose para besarla en la mejilla.
"¿Los veo mañana?"
"Si, nos vemos mañana," Sam sonrió y Jess abrazó a Cas y lo besó en la mejilla, y Sam agitó su cabello. Se quedaron de pie en la calle observándolos alejarse antes de que Cas levantara la vista hacia Dean con emoción.
"¿Listo?" preguntó, retrocediendo hasta la puerta, y Dean sonrió, levantando la vista hacia el edificio y a la ventana del último piso. Tomó un pequeño respiro.
"Listo."
Dean lo siguió dentro del elevador y Cas apretó el botón, la puerta deslizándose hasta cerrarse. Miró a Dean expectantemente, pero Dean no se movió. Mantuvo su bolso en su mano, mirando fijamente las puertas cerradas mientras los números pasaban en el marcador sobre él, los engranajes del ascensor traqueteando. La preocupación floreció en su estómago, pero Cas la apartó. Saltó cuando el elevador gimió al detenerse, apoyándose en la pared, observando mientras Dean salía primero y se detenía un par de metros frente a las puertas, esperándolo.
Cas lo siguió, sacando sus llaves, poniendo una mano sobre el brazo de Dean, infinitamente aliviado cuando no se sobresaltó ni apartó. Sacudió su cabeza. Dean estaba bien. Él estaba bien, solo estaba cansado o algo, ¿y qué esperaba Cas realmente? Dean acababa de llegar de la guerra, no había nada de malo con cómo estaba siendo. Sus pensamientos corriendo, Cas lo llevó hasta la puerta al final del pasillo, deteniéndose brevemente cuando una de las puertas se abrió de repente y una pequeña niña salió, boteando una pelota roja. Ella se detuvo y los miró fijamente, y Dean se removió, Cas rápidamente dejando caer su mano del cuerpo de Dean.
"¡Molly, si tu abuela te atrapa en el pasillo se molestará!" dijo Cas débilmente y la pequeña mordió su labio, aún mirando fijamente a Dean. Cas le echó un vistazo al rostro de Dean y encontró su mirada y entonces miró de vuelta a Molly. Dean forzó una sonrisa.
"¿Quién es ese?" preguntó Molly, y Cas intentó pensar en algo que decir.
"¡Molly!" otra voz surgió y Cas le hizo un gesto con la mano a la señora Gardener. Su blanco cabello balanceándose mientras se apresuraba dentro del pasillo con su bata, agarrando la mano de Molly.
"Hola, Cas – ¡Oh, tú debes ser Dean! Cas dijo que volvías a casa. ¡Soy Emily Gardener, y esta es mi nieta, Molly!" Ella extendió su mano para que Dean la tomara y él la sacudió gentilmente, asintiendo, aún en silencio.
"¡Tienes suerte de tener un amigo tan decente como para cuidar tu casa mientras estás fuera!" rió, y Cas sonrió, inclinándose un poco más hacia Dean, urgiéndolo a decir algo.
"Gracias," respondió Dean suavemente, y la señora Gardener le dio una breve despedida, tomando a Molly en brazos y acarreándola de vuelta al apartamento, la puerta crujiendo mientras se cerraba tras ella. Molly había comenzado a llorar en protesta, sus pequeñas piernas blancas pateando mientras se sacudía, sosteniendo la pelota apretadamente contra su pecho. Dean estrechó los ojos cuando comenzó el berrinche, sus llantos amortiguados a través de los muros.
"Lo siento tanto," se apresuró Cas. "Me olvidé completamente de ellas – se mudaron aquí en Julio, y me olvidé completamente de decirte."
Dean lo cortó, ubicando su mano sobre su cintura, su toque ligero, solo un roce de sus dedos. "Cas, está bien," tranquilizó, "pero este bolso está pesado."
Cas avanzó hacia el final del pasillo, abriendo la puerta. Sonrió, y Dean lo tomó como una invitación, caminando con pasos lentos hacia el apartamento. Echó un vistazo alrededor de la puerta y vio que era básicamente lo mismo. Unas pocas cosas habían cambiado. Había un nuevo afgano cubriendo el respaldo del sillón, y unos pocos platos que no estaba seguro de reconocer. Estaba muy limpio, pero de otra manera, igual.
"Intenté mantenerlo lo más parecido posible," se apresuró Cas, cerrando la puerta tras Dean y frotando sus manos. "Casi compré un sillón nuevo unas pocas semanas atrás, y hay una nueva alfombra en el dormitorio, pero todo el resto es igual. Excepto las plantas supongo, esas son nuevas," rió tímidamente, caminando al lado de Dean, examinando el impecable departamento. "Maté las últimas, desafortunadamente – estuve metido en la escuela, y seguía olvidando regarlas," el bolso de Dean golpeó el suelo y él se volteó, tomando la barbilla de Cas, inclinando su cabeza, presionando sus bocas juntas.
Cas se quedó de pie, congelado por un momento mientras Dean se apartaba lentamente, aún sosteniendo el rostro de Cas en sus manos.
"Sigues hablando demasiado," murmuró, buscando los ojos de Cas, los párpados abriéndose y las pupilas dilatadas por la sorpresa.
Sin ninguna advertencia, Cas se impulsó hacia delante, tirando a Dean sobre el bolso. La espalda de Dean golpeó el mostrador, aunque a penas lo sintió – Cas se aferró a él, besándolo duramente, usando cualquier oportunidad para lamer dentro de su boca. Sus manos examinaban el uniforma de Dean, abriéndolo, desesperado por tener la piel bajo él. Se asentó bajo la camiseta, tocando el estómago de Dean mientras gemía contra él.
"Te extrañé, te extrañé," coreaba contra los labios de Dean, besando su barbilla, su mandíbula, su cuello, cualquier lugar al que pudiera acceder. Las manos de Dean trepando sobre su espalda, los dedos apretándose en la tela de su suéter, tensándose y relajándose, besando a Cas se vuelta, cediendo a la fiebre.
Dean no sabía que decir, así que lo sostuvo, y jadearon contra el otro, Cas tan adherido contra él que no podía decir dónde terminaba. Dean se estremeció, doblándose sobre el hombro de Cas, la espalda baja aún hundiéndose en la parte superior del mostrador. Cas sostuvo la parte posterior de su cuello y besó el costado de su rostro una y otra vez, su otra mano apretándose alrededor de su espalda.
"Oh, dios," dijo Cas después de un momento, luego de que se aquietaran. "Oh, dios, finalmente estás aquí, estás en casa – estás aquí."
Dean respiró contra él, estrechando sus brazos. Estaba ahí. Él estaba ahí, tenía que seguir diciéndose eso. Estaba ahí, y la guerra estaba muy lejos, no Cas. Estaba en casa. Sus ojos se cerraron cuando Cas presionó su rostro en su cuello, besándole ahí.
"Te amo," Dean exhaló y Cas se detuvo y un escalofrío le recorrió, pasando al cuerpo de Dean también.
"¿Tienes hambre?" dijo de repente, apartándose, apartándose para enjuagar sus ojos, para que Dean no pudiera verlo. Dean dejó caer sus brazos cuando Cas se ocupó con el refrigerador, sus lentes balanceándose mientras empujaba sus dedos bajo ellos, esnifando fuertemente.
"Te prepararé lo que quieras, ¿quieres algo? ¡Puedo hacerte lo que quieras!" medio sollozó, gesticulando hacia la puerta abierta. Dean le miraba tocarse la cara, tragando apretadamente.
"Cualquier cosa está bien," le dijo Dean y Cas asintió, mordiendo el interior de sus mejillas.
"Haré pollo o algo, ¿eso está bien? ¿Quieres eso? ¿O sopa? ¿Quieres sopa? Tengo unos restos de sopa. Estaba– " se aclaró la garganta," estaba realmente buena, o puedo hacer simplemente ensalada de pollo si quieres eso; haré lo que quieras."
Cuando miró a Dean, sus ojos verdes eran tan gentiles.
"No me importa," murmuró. "Realmente no me importa. Puedes hacerme un sándwich de mantequilla de maní si quieres. No me importa."
"Haré pollo entonces," afirmó Cas, asintiendo para sí mismo, sacando las cosas. Dean se apartó de su camino y recogió su olvidado bolso, cargándolo hasta el dormitorio. El colchón gimió bajo su peso cuando se sentó sobre él, desatando sus cordones y quitándose los zapatos. Caminó calmadamente hacia el armario y encendió la luz – su ropa estaba en el mismo lugar exacto donde la había dejado. Podía oír a Cas en la cocina: el ligero traqueteo de las ollas siendo sacadas y la estufa siendo encendida. Parpadeó, las lágrimas cayendo por su rostro. Las quitó, y se cambió de ropa, encogiendo los hombros dentro de su camisa y un par de jeans que le iban más grandes de lo que solían ser. Se crispó, sintiendo un mosquito fantasma que resultó no ser nada más que una partícula de polvo de su camiseta. Debió haber perdido la noción del tiempo, de pie ahí, y volvió en sí, caminando de vuelta a la sala de estar. No sabía qué hacer, así que se sentó en el sofá. Cuando echó un vistazo dentro de la cocina vio a Cas de pie ahí, como si tampoco supiera qué hacer.
Dean se levantó y encendió la TV. Se sentó con sus piernas ligeramente separadas, sus manos descansando en medio, mirando las noticias, tratando de recomponer su mente.
Cas apareció unos pocos minutos después sosteniendo dos platos.
"Sigo distrayéndome," dijo rasposamente, y Dean sonrió, tomando el sándwich de mantequilla de maní de la mano de Cas. Cas se sentó junto a él, y puso su plato sobre su regazo. No comió, aunque en su lugar recorrió el cabello de Dean con su mano.
"Está un poco más largo de lo que era," comentó y Dean sonrió alrededor de su sándwich, poco acostumbrado a la forma en la que la mantequilla de maní se pegaba a su paladar. Terminó de masticar y tragó, mirando fijamente a Cas con ojos cansados.
"Si, no te molestan demasiado para cortarlo cuando estás afuera porque estás todo el tiempo en movimiento."
Cas asintió.
"Puedo imaginarlo," continuó, y Dean se inclinó en el toque, el ligero arrastrar de los dedos de Cas. Cas trazó con su mano el rostro de Dean, el pulgar manchándose en la comisura de su boca, y Dean deslizó su plato hacia el suelo.
"No tengo hambre," susurró, y los ojos de Cas se agitaron, la boca de Dean descendiendo sobre su cuello. Jadeó, sosteniendo la cabeza de Dean hacia él. Sus rodillas apartadas, Dean posicionándose entre ellas, besando su cuello y su mandíbula, Cas respirando pesadamente, quedándose sin palabras, los dedos arañando el cabello de Dean y sus hombros.
La piel de Cas era lisa y blanca, no mellada como la de Dean, u oscura.
Rozó su mano hacia abajo, sobre el estómago de Cas, y algo dentro de él dio tumbos.
"¿Qué?" suspiró Cas, los ojos aturdidos. "¿Qué sucede?"
Dean miró fijamente su mano, sentándose hacia atrás, lejos de Cas. Miró con fijeza su palma y curvó sus dedos sobre ella. Podría haber jurado – pero no había nada ahí. Estaba seca.
"Está bien," tranquilizó Cas. "Lo tomaremos con calma." Ubicó su mano sobre la de Dean y Dean la tomó estrechamente, curvando sus dedos sobre los de Cas.
Dean asintió ausentemente.
"Estoy cansado," murmuró, tocando su frente y poniéndose de pie lentamente. "Solo estoy cansado."
Cas le miró caminar alrededor de su plato y dirigirse hacia el baño, saltando del sillón para seguirlo. Dean se desnudó de una manera que era casi mecánica, y Cas adivinó que lo era, hasta cierto punto. Cas se quedó a un lado, mirando como Dean apartaba las mantas hacia atrás, jugando con la manga de su camiseta. Solo eran las ocho de la noche.
"Oh, eso es bueno," gimió Dean, hundiéndose en el colchón, buscando su almohada alrededor; estaba bajo la de Cas.
"Lo siento," dijo Cas calmadamente mientras Dean la quitaba de debajo de la otra. "Olía como tú."
Dean sonrió y la puso de vuelta en su lado, lanzando la otra almohada fuera de la cama. Levantó la vista hacia Cas, su pecho desnudo subiendo y bajando. Cas retorció sus manos, interrumpiendo el movimiento cuando Dean se sentó, apartando las frazadas de sus piernas.
"Ven aquí," comenzó Dean y Cas caminó hacia él. Dean desabotonando su camisa, besando su pecho mientras lo hacía. Quitó el suéter por la cabeza, lanzándolo al suelo y Cas suspiró, sosteniendo las muñecas de Dean mientras deshacía los botones, quitando lentamente la camisa de su cuerpo. Dean recorrió el abdomen de Cas con sus dedos, presionando tímidamente sus pulgares sobre la V de sus caderas.
Cas se inclinó, empujándolo contra las almohadas, las manos esparcidas en su pecho. Deshizo su hebilla con un tirón rápido y dejó caer sus pantalones, aunque tuvo que tirarlos de sus pies junto con sus calcetines. Los pateó lejos y pasó una pierna sobre la cintura de Dean, sentándose sobre sus caderas. Se quitó las gafas y las puso en la mesa de noche, Dean rozando su palma sobre su costado y golpeando sus dedos sobre sus costillas y alrededor de su espalda, acariciando en amplias barridas.
Se meció hacia arriba y Cas gimió despacio, curvándose sobre Dean, rodando sus caderas y juntando sus bocas. La mano de Dean se deslizó hasta su trasero, amasando ligeramente y Cas suspiró de nuevo, los ojos cerrados.
"No tenemos que," murmuró, y Dean lo besó.
"Quiero hacerlo ahora," respondió, y lo hacía. Quería hacerlo. Ardía por él; ardía por su piel deslizándose rápidamente contra la suya, por el océano como una ola de su cuerpo. Aunque no sabía qué hacer con sus manos, y a Cas no le importaba, apartando las preocupaciones de su entrecejo con besos mientras acariciaba su miembro por él, inclinándose hacia atrás y tomándolo lentamente. La garganta de Cas se atascó un poco, pero estaba bien, se recordaba a sí mismo. Era agradable volver a sentir todo de nuevo.
Dean estaba en casa, y estaba ahí, y estaba tocándolo de dentro hacia fuera, y eso era todo lo que Cas podía pedir.
Dean hundió sus dedos en la parte superior de los muslos de Cas, y Cas los cubrió, meciéndose hacia atrás, follándose a sí mismo sobre su miembro, la cabeza echada hacia atrás.
"Oh, Dean," dijo sin aliento, Dean observándolo, observándolo porque era hermoso, y porque estaba demasiado asustado como para hacer algo más. Mantuvo sus manos quietas, los ojos medio abiertos mientras Cas recorría con sus manos su pecho y su cuello, moviéndose de forma constante, obviamente tratando de restablecer su antiguo ritmo.
Cas observó los ojos de Dean cerrarse, su rostro calmado, sus caderas moviéndose ligeramente para presionarse dentro de él, pero nada muy urgente. Era despacio y tímido, y Cas tocó su rostro, pero Dean seguía sin abrir sus ojos.
Cuando se vino, Cas se sostuvo contra su pecho, pasando sus dedos a través de su cabello con una mano, la otra acariciando su brazo de arriba abajo y sobre su pecho. Dean lloró contra su cuello, y Cas lo acalló, sosteniéndolo más cerca, cubriéndolo con su cuerpo.
"Estás en casa," susurró, besando la sien de Dean. "Está bien, estás en casa."
Después, apartó el cabello de Dean de su rostro, trazando su pecho con sus dedos, notando la delgada cadena dorada que había caído detrás de su cuello mientras estaban follando.
"¿Qué es esto?" preguntó y Dean atrapó su mano cuando iba a tocarla.
"No es nada," arrastró las palabras, obviamente deslizándose dentro del sueño. "Te diré mañana."
Cas retiró su mano y la recostó contra el hombro de Dean. Estaba cálido y más duro de lo que solía ser gracias a la cadena de músculos que había ganado, pero era él. Presionó su nariz en la clavícula de Dean, dejando que la realidad de ello se asentara en él.
Cas se levantó más tarde esa noche, sintiéndose adormilado. Con el delirio del sueño sintió, por un desgarrador momento, que Dean se había ido, que simplemente había soñado todo. El dolor entre sus piernas le decía otra cosa, pero se levantó de todas formas, viajando hacia el resquicio de luz bajo la puerta del baño mientras se subía los bóxer.
"¿Dean?" dijo con voz rasposa, abriéndola gentilmente, y Dean levantó la mirada desde donde estaba fija sobre la tapa cerrada del excusado, sus ojos enrojecidos. Cas abrió más la puerta y Dean levantó su mano.
"Vuelve a la cama," dijo calmadamente, y Cas lo miró fijamente.
"¿Qué sucede?"
"Nada, vuelve a la cama."
Cas se quedó mirándolo. Era obvio que no era nada, pero no quería presionar. Dean se acercaría, ¿no es así? Estaba cansado. Solo estaba un poco apagado. Simplemente necesitaba tiempo para aclararse, y eventualmente, hablaría al respecto, y las cosas se solucionarían, y todo sería entendido.
"¿Quieres hablar al respecto?" preguntó Cas, y Dean sacudió su cabeza, la cadena dorada brillando sobre su pecho, un pequeño óvalo dorado colgando de ella. Un medallón, como los que usaba su abuela. Cas quería preguntar pero recordó la mano de Dean saltando para detenerlo cuando lo había intentado antes.
Tiempo. Solo necesitaba tiempo.
"Regresa a la cama conmigo," pidió Cas y Dean suspiró.
"Solo necesito unos pocos minutos."
El corazón de Cas se hundió un poco.
"De acuerdo," susurró, cerrando lentamente la puerta y yendo luego a recostarse nuevamente. Por fuerza de hábito acercó la almohada de Dean hacia él. Olía diferente.
Dean, adivinó Cas rápidamente, no necesitaba el tiempo. Si así fuera, algo habría cambiado.
Pero nada cambió. Dean se rehusaba a hablar sobre la medalla. Se rehusaba a hablar acerca de muchas cosas, y se rehusaba incluso a hacer mucho más. Había comenzado bien. Fueron a cenar, Dean fue al taller, pero llegó un día en el que Dean no salió de la cama una mañana, y luego a la siguiente, y luego la siguiente.
Día tras día Cas llegaría a casa de la escuela o de su trabajo, y Dean estaría enfrentando la pared, los ojos cerrados, pero sin dormir, solo respirando, sus brazos enroscados alrededor de su almohada.
Difícilmente comía, y difícilmente dormía, pasando la mayoría de sus noches frente a la televisión, o en el baño, llorando donde no despertara a Cas. En las raras noches en las que dormía, usualmente se despertaba gritando, retorciéndose a sí mismo en un frenesí, y cuando Cas alzaba una mano para tocarlo, para calmarlo, se apartaría y gemiría algo que no podía entender.
Cas no se daba por vencido. Tenía que haber algo que pudiera hacer, algo que pudiera sacar a Dean de su estupor, solo que aún no lo había encontrado. Tenía que seguir intentándolo.
Así que llenaba los silencios. Hablaba sin parar acerca de la escuela, acerca de los amigos que había hecho durante los movimientos anti-guerra. De Balthazar, un especialista en antropología, y su pequeño círculo de amigos que lo habían ayudado en la organización de protestas. Dean sonreiría suavemente, siguiéndolo. Se sentaba en la mesa, mirando hacia fuera de la ventana mientras Cas hablaba, como si fuera incapaz de mirarlo. Cas le hablaba a Sam al respecto, y Sam decía que era el TEPT. Solo tenían que esperar a que terminara, ser pacientes, seguir tratando de sacar a Dean de él. Estas conversaciones dejaban a Cas sintiéndose como un fracaso. Era el que mejor conocía a Dean, ¿verdad? Lo amaba. Lo había follado; lo había besado; había esperado por él.
Había estado solo y angustiado, había sufrido y esperado, y llorado por la preocupación. Debería haber sido capaz de hacer algo. Tenía que haber algo, solo tenía que encontrarlo. Algo para traerlo de vuelta, para hacerle darse cuenta de que él estaba ahí. Estaba compartiendo cama con dos personas: Dean y la guerra, y estaba ferozmente celoso e incluso más desesperado por liberarse del rompe hogares, el único que estaba manteniendo a Dean apartado de él.
Solo sabía que no podía rendirse. Se rehusaba a ello.
Cas se sentó en el borde de la cama, tocando el hombro de Dean.
"Llamé a Bobby. Tiene tu vieja moto de carreras andando para ti – pensé que quizás te gustaría bajar y correrla," trató Cas, intentando no mostrar su impaciencia. Dean miró fijamente la pared, sin moverse.
"Estoy cansado," susurró, y Cas se tambaleó un poco, agradecido de que la espalda de Dean estuviera volteada hacia él.
"Bebé, por favor," declaró. "Una vez que estés allá afuera será divertido. Será tan fácil, ya verás. Estarás en lo tuyo de nuevo."
"No estoy preocupado por eso," dijo Dean bruscamente, acercando las cubiertas aún más a su cuerpo. "Solo estoy cansado."
"Pero si sales allá no lo estarás," dijo Cas, acariciando con su mano la espalda de Dean, "y si quieres, el próximo fin de semana, podemos ir al campo. Ya sabes, ¿cómo solíamos hacer? Podemos empacar el almuerzo y pasar el día ahí, solo tú y yo."
Dean no respondió y Cas deslizó su mano sobre el hombro de Dean.
"¿Dean?"
"Hmm."
Cas suspiró.
"¿Por favor solo dale una oportunidad? Sé que– Sé que debe ser difícil, pero si sales de nuevo, lo verás. Solo inténtalo. Por mí, por favor."
"No puedo," murmuró Dean. "Simplemente no puedo."
"Pero sí puedes. Sé que puedes," Cas trató de reír, "¡Hay veinte trofeos mirándome fijamente que dicen otra cosa!"
"Quizás."
Cas sabía que quizás era no, pero siguió con ello.
"Le diré a Bobby que quizás."
Cas no sabía que cuando Dean se iba a dormir, Cas tosía sangre. Que su cuerpo estaba cubierto de costras y moretones que se agrietaban cuando Dean pasaba una mano sobre él, y todo mientras sonreía, y todo mientras le decía a Dean que estaba bien, una boca silenciosa moviéndose, burlándose del Cas real que estaba desesperado por ser escuchado. Lo obtendrían a través de ellos, decían sus sueños, y a veces, más aterrador que todo, Adam estaría de pie detrás de Cas y miraría fijamente el rostro de Dean con sus ojos vidriosos y su estómago sostenido a penas dentro.
Él confía en ti.
Cuando estaba despierto, podía oír la voz de Cas haciéndose más y más pequeña, y estaba avergonzado, y estaba roto.
Estaba asustado.
Asustado de lastimarlo, asustado de que pudiera romperlo a él también, ese día en el que fuera demasiado lejos y el peso de la guerra se convirtiera en un cuchillo y abriera a Cas. No podía moverse, no podía obligarse a darse la vuelta. No era mejor que esos perezosos hijos de puta en su pelotón, los hombres sobre los cuales había querido escupir, los hombres que habían matado a Adam porque no lo estaban vigilando lo suficientemente cerca.
Cas se fue a la escuela un día y Dean se levantó. Se vistió. Tomó una ducha, pero cuando se puso de pie frente al espejo a penas podía reconocerse; estaba demacrado y enfermo, y habían líneas en sus cejas que se rehusaban a alisarse, y de una vez, con disgusto, se dio cuenta que ese era el rostro que Cas veía, y no era nada. No era nada – no un hombre, no un amante. Nada. Era el rostro de un soldado que no podía pelear más. Peso muerto, empujando a Cas bajo él. Ahogándolo.
No fue mucho después que aquello ocurrió.
Cas había vuelto a casa y al principio había estado tan agradecido – Dean no estaba en la cama y estaba tan agradecido – pero entonces lo había mirado, y visto colapsar contra el sillón, y estaba tan borracho que no podía estar de pie. Tan pronto como vio a Cas comenzó a llorar, y no pudo parar.
"¡Le dispararon!" gritó, Cas sosteniéndolo para evitar que cayera, donde probablemente se desmayaría. "Le dispararon – lo mataron. ¡Uno de los suyos, lo mataron!"
"Dean, ¿de quién estás hablando?"
Dean sacudió su cabeza, jadeando, mocos y lágrimas cayendo por su rostro.
"¡No puedo! ¡No puedo!" gritó. "¡No pude salvarlo!" Se arañó su propio rostro y cabello, incapaz de controlarse.
"Dean, shh," intentó Cas, tratando de evitar que cayera. "Dean, por favor, está bien," serenó, pero Dean luchó, apartándose de las manos de Cas. Se puso de pie y cayó sobre sus rodillas, a cuatro patas, y Cas dio un paso adelante para ayudarlo a levantarse.
Dean no sabía qué tan fuerte le había empujado, pero los libros cayeron de la estantería y aterrizaron a los pies de Cas mientras éste se azotaba contra ella. Dean, demasiado borracho para darse cuenta, se sentó hacia atrás, aún gimiendo sobre el suelo.
"Su hijo está muerto. Él está muerto – nosotros lo matamos. Lo matamos…" jadeó, enroscándose en sí mismo.
Cas, su cabeza zumbando y comenzando a hormiguear donde había golpeado contra la estantería, lo miró, paralizado. Dean sollozó, teniendo arcadas, y Cas avanzó, dejándose caer para atraerlo a sus brazos.
"Está bien," murmuró, su voz temblando. "Está bien, shh… shh," Dean se calmó, aferrándose a él, y Cas enterró su rostro en su cabello.
"¿Qué te sucedió?" lloró Cas, "¿Qué te hicieron?"
"Lo mataron," Dean arrastró las palabras, "y todo lo que tienen para mostrar son pedazos de mierda."
"¿Cómo te ayudo? Dime, Dean, solo dime," susurró Cas frenéticamente y Dean sacudió su cabeza.
"Estoy envenenado," murmuró. "Llegará a ti."
Cas lloró, temblando mientras sostenía la figura floja de Dean contra él, Dean hundiéndose más contra su hombro, no lo suficientemente sobrio como para sostenerse él mismo.
"Vuelve a mí," rogó Cas, pero Dean no sabía a quién se dirigía.
Cas lo tocó luego de que entendiera lo que había hecho. Cuando se había dado cuenta de que él era la razón por la cual Cas tenía un moretón en su espalda y un verdugón en la parte posterior de su cabeza.
"Estoy bien," había insistido Cas, su voz aguda y débil por la necesidad. Dean había sacudido su cabeza. Cas había hecho una especie de sonido indignado, arrastrándose más cerca de Dean en la cama, forzando su atención, besándolo, incluso cuando él no respondía.
"Estoy bien, no es tu culpa," continuó. "No es tu culpa – estoy bien."
Dean miraba fijamente el techo y Cas sollozaba mientras cogía la mano de Dean y la ponía contra su pecho.
"Por favor. Ambos nos sentiremos mejor después, por favor." Cas inclinaba su cabeza hacia delante, y Dean sabía que estaba intentando no quebrarse. Estaba tratando tan duro. Dean no sabía por qué trataba. Él no podía hacerlo. No había podido por semanas; cada vez que lo intentaba quería vomitar. Solo podía ver la piel de Cas como un lienzo en blanco que él destruiría.
"¡Tócame!" gritó, "tócame, porque no sé… Dean, por favor, por favor." Su voz se apagó, y Dean pudo sentir su corazón golpeando contra sus costillas, los nudillos blancos de sus manos temblando.
"Por favor," casi sollozó. "Estoy bien, estoy bien, así que por favor, solo sostenme. Ni siquiera tienes que hacer algo – no tenemos que, solo déjame sentirte, así yo sé, así puedo saber…" se pausó, deteniéndose, observando el rostro de Dean, pero estaba impasible. Dean apartó lentamente su mano de bajo de la de Cas y se volteó, enfrentando la pared.
La cama chirrió cuando Cas se puso de pie.
Los platos se rompieron cuando Cas los arrojó.
El disco que estaba sonando no sonaba lo suficientemente fuerte como para cubrir sus gritos.
Dean miró fijamente la pared, y el cuadro en ella tembló cuando Cas lanzó una silla en frustración.
Cas siguió tratando porque no podía darse por vencido. Nunca se daría por vencido con Dean. Intentaría sacarlo de la cama durante el día, conseguir que saliera y tomara un poco de aire fresco, pero Dean no cedería. Solo tiraría de las cubiertas más firmemente alrededor de él, murmurando algo acerca de 'salir luego'. Aunque, por supuesto, nunca ocurría, porque Dean nunca dejaba el apartamento hasta que Cas se hubiera ido, y entonces era solo para bajar a la licorería.
Hubieron incontables veces en las que Cas regresaba a casa y encontraba a Dean desparramado sobre el sillón, en el límite de desmayarse, una botella vacía balanceándose flojamente en sus dedos. Cas tocaría su rostro, alisando su cabello con sus dedos y besando su frente, hablándole dulcemente y ayudándolo a llegar al dormitorio. Cas pensaba que podría haber odiado a Dean entonces; quería odiarlo. Quería golpearlo, alcanzar algún sentido dentro de él, pero el rostro de Dean estaba laxo, y sus ojos estaban vacíos y desinteresados.
Cas no podía odiar a Dean. Se había ido.
Se movía como un cadáver de un lugar hacia el siguiente, dejando que Cas lo desvistiera cuando estaba demasiado borracho como para hacerlo él mismo, demasiado tranquilo, rodando sobre el colchón y durmiéndose o mirando fijamente la pared. Al menos, cuando gritaba, Cas era capaz de obtener algo de él.
Pero habían algunos detalles que simplemente no podía hacer que Dean expulsara sin importar lo que hacía. La llave para abrir el resto y entenderlo todo, la razón por la que mantenía ese terrible medallón alrededor de su cuello como una soga, sofocándolo lentamente.
Cas se consolaba a sí mismo porque estaba desesperado. Dean solo necesitaba tiempo. Solo necesitaba olvidar; Cas encontraría finalmente las palabras que lo despertarían, que le mostrarían que estaba ahí y los terribles recordatorios se disolverían. Como un hechizo, fantaseaba Cas; el medallón simplemente caería de su cuello y se rompería en millones de pedazos y Dean estaría ahí en su lugar. Salvaje y mirándolo a él, no a través de él.
Pero Cas estaba cansado de esperar.
El peso era paralizante. Dolía. Habían círculos bajo sus ojos y su voz había escurrido, cambiando una y otra vez incluso cuando difícilmente la alzaba. Cuando intentaba responder las preguntas hechas por sus profesores se le trababa la lengua y se ponía tímido, y las palabras nadaban en las páginas de sus libros de texto, desdibujándose, brillantes como olas. Estaría a la deriva a lo largo del día, y entonces de repente se encontraba sentado en el borde de la cama, llorando desconsoladamente, Dean dormido a su lado, y estaba perdido ante cómo había terminado de esa manera. No sabía por qué se molestaba en silenciarse. Dean no iba a despertar en el corto plazo. La bolsa marrón de papel junto al sofá se lo aseguraba.
Cuan petrificante era saber que estaba llorando de alivio. Dean estaba tan quieto a su lado, su pecho subiendo y bajando a penas, su rostro calmado y no atado por la gruesa ira de los terrores nocturnos.
Los meses se arrastraron, raspando las paredes y los pisos y el interior del pecho de Cas. Nada funcionaba. Cas no estaba completamente solo. Sam hacía lo que podía; intentaba la razón y los argumentos calmados. Dean necesitaba volver sobre sus pies, necesitaba comenzar a sentir que valía la pena nuevamente. Volver a su sentido de sí mismo. Comienzos pequeños, salir de vacaciones, lo que fuera.
Se iría, abrazando a Cas, su boca presionada con un montón de disculpas.
"Está bien," Cas forzaba una sonrisa, tocando el brazo de Sam. Se estaba haciendo tan bueno en mentir.
"No lo está," respondía Sam. "Lo que está haciendo – por lo que te está haciendo pasar, está mal. Quiero solucionarlo, pero no puedo. Él tiene que hacerlo, y yo estaré ahí para él todo el tiempo, pero…"
"Está bien, vamos a superarlo," aseguraba Cas, y ya no sabía a quién le estaba hablando. "De una u otra forma, lo haremos. Incluso si nos lleva un tiempo."
Pero Sam se había ido, y Dean seguía en la cama, los cobertores puestos apretadamente a su alrededor, enfrentando el muro e ignorando el mundo alrededor de él.
Era tan extraño. Era tan irreal a veces. Como caminar dentro de alguna pintura bizarra, alguna caricatura de la vida, porque ¿cómo más lo explicaba? ¿Cómo Dean había ido de reír, de sonreír a esto? ¿Cuándo sucedió? Cuándo se había partido justo en el medio, una concha rota, algo deformado sin terminar tendido ahí, dejando que el mar lo golpeara.
Dean se dio por vencido en sí mismo un largo tiempo antes de que Cas lo hiciera.
Estaban viendo TV juntos, un viejo episodio de Star Trek o algo, y ninguno de ellos estaba prestado atención. Cas estaba frotando el cuello de Dean, agradecido de que estuviera fuera de la habitación y de que estuvieran pasando el tiempo juntos. Era casi como si estuvieran cayendo de vuelta en su antigua rutina, mirando la televisión antes de irse a la cama.
Cas besó su mejilla, la comisura de su boca, cualquier lugar que pudiera alcanzar, y Dean apretó gentilmente su muslo donde sus manos estaban descansando. Cas sonrió suavemente.
"Te amo," rió tristemente, presionando su rostro en el cuello de Dean, envolviendo sus brazos alrededor de él.
Dean se tensó y se apartó, agarrando a Cas por los hombros cuando intentó moverse hacia delante nuevamente. Sus ojos estaban inexpresivos, y su boca era una línea plana. Dean sacudió su cabeza y gentilmente lo apartó.
"Lo siento."
"Vamos," dijo Cas débilmente, otra risa incómoda burbujeando de él. "Di que también me amas."
Dean lo miró fijamente.
"Lo siento," repitió. Cubrió las manos de Cas con las propias.
Cas sacudió su cabeza.
"No quieres decir eso," balbuceó, sonriendo. "No juegues así."
Dean miró hacia donde sus dedos tocaban los de Cas, frotándolos suavemente.
"Te amo," concedió, y Cas sintió una ola de alivio inundarle. Pudo respirar nuevamente.
"¿Quieres ir a ese lugar Italiano? No hemos estado ahí en un largo tiempo, así que pensé que podíamos ir."
"Se acabó, Cas."
"Tienen ese pollo con Marsala que te gusta. ¿O podría coger algo y traerlo a casa? Podríamos tener una noche en casa, creo. Podríamos probar una noche en casa, y luego quizás, más tarde podríamos realmente ir." La voz de Cas quedó atrapada al final, aunque no sabía por qué. Parecía como una buena idea. Tentar a Dean hacia fuera nuevamente.
Dean no dijo nada más y Cas realmente no… el no entendía.
Cas cayó hacia atrás contra el sillón cuando Dean se puso de pie, caminando de vuelta dentro de la habitación para colapsar sobre la cama, tirando de los cobertores sobre sí mismo y rodando para enfrentar la pared. Tiró de las frazadas más apretadamente y cerró sus ojos con fuerza. Cas apareció en el umbral de la puerta, su sombra proyectada sobre él.
"¿Entonces debería coger el pollo mañana?"
Dean esperó un momento.
"Seguro, Cas," susurró, y Cas retrocedió fuera del cuarto nuevamente, yendo a sentarse en el sillón.
No volvió a la cama.
Dean despertó solo, y Cas se había ido a la escuela. Sacó su bolso de lona de la parte inferior del clóset y comenzó a meter su ropa dentro, sus movimientos mecánicos y limpios. Le gustaba – empacar cosas, apartarlas. El bolso estaba tan ordenado, y cuando cerró la cremallera estaba pulcro y uniformemente lleno, y tenía un peso familiar en él. La chica de antes - ¿Molly? – estaba en el pasillo, y le hizo un gesto con la mano; él gesticuló de vuelta entrando en el elevador.
Tomó un taxi hasta el taller de Bobby, y pudo ver su moto en el costado del edificio, luciendo tan bien como el día en el que se fue. El taller estaba cerrado, pero el camión de Bobby estaba aparcado afuera, así que Dean trató de abrirlo, sin sorprenderse cuando lo encontró sin seguro. La puerta de la oficina de Bobby estaba abierta, y caminó dentro. Bobby levantó la mirada, sorprendido, su rostro iluminándose cuando se dio cuenta de quién era.
"¡Dean! Chico, ¿dónde demonios has estado? Te ves como la mierda… lo que es mejor de lo que pensaba."
"Vine por mi moto," dijo Dean rápidamente, moviéndose ligeramente para soltar un poco de su energía nerviosa.
Bobby le dio un vistazo al bolso echado sobre su hombro.
"¿Vas a alguna parte?" dijo lentamente y Dean endureció la mirada. No estaba ahí para responder preguntas. Solo estaba ahí para coger su moto. Simplemente quería la moto, nada más, y pudo ver que Bobby se preparaba para darle alguna clase de discurso.
"Déjame reformularlo: ¿Te vas?"
Dean no dijo nada.
"Qué hay de–"
"Por favor no le digas," gimió.
Dean frotó su rostro, y Bobby se puso de pie, cruzando el cuarto para atraer a Dean contra su pecho. Dean lloró contra su hombro, y Bobby frotó gentilmente su espalda antes de apartarse, sosteniéndolo a la distancia de sus brazos.
"No puedes hacerle esto a él."
"No soy bueno para él, Bobby," graznó Dean, limpiándose la nariz. "Lo estoy lastimando, matando. Juro que lo estoy matando."
"Dean, por favor–"
"¡No puedes convencerme de lo contrario!" Dean se apartó, frotando sus ojos con una mano y ajustando el bolso sobre su hombro con la otra. "¿Dónde están las llaves de mi moto? Necesito salir de aquí."
Bobby sacó las llaves del cajón inferior de su escritorio y se las extendió a Dean, atrapándolo en un abrazo antes de que tuviera la oportunidad de darse la vuelta y salir apuradamente.
Mantuvo quieta la barbilla de Dean, evitando que desviara la mirada.
"Necesitas regresar, puedes regresar. Cuando sea," insistió.
Dean asintió y devolvió el abrazo, apretando su mano alrededor de las llaves antes de apartarse y salir por la puerta, dirigiéndose directamente hacia su moto. Amaba a Cas, se seguía diciendo, y ese era el por qué.
Era un premio de cobardía.
Cas volvió a casa entrada la tarde, sin sorprenderse por el silencio del apartamento, ya que estaba mayoritariamente silencioso cuando regresaba a casa. O Dean estaba aún en la cama o estaba afuera. Su corazón se hundió; si Dean estaba afuera no tenía sentido comprar la cena. Depositó su bolso en el suelo con un ruido sordo, los libros haciendo peso hacia abajo, y frotó la parte posterior de su cuello, rodando los hombros. El dormitorio estaba vacío cuando miró dentro de él, las sábanas echadas hacia atrás de la cama, y siguió frotando cansadamente de su cuello, moviéndose de vuelta a la sala de estar para encender la televisión y sentarse en el sillón.
Miró fijamente la pantalla, los actores, y suspiró pesadamente, inclinando su cabeza hacia atrás. Solo cinco minutos. Luego se puso de pie nuevamente. Solo cinco minutos, y estaría bien. Estaba tan cansado, y estaba tan tranquilo. Estaba tan calmado y su cabeza estaba punzando. Sus huesos parecían hundirse en los cojines, y cuando se despertó más tarde esa noche, notó que Dean aún no estaba en casa. Miró somnolientamente alrededor del apartamento, ajustándose a la oscuridad mientras salía del sillón y se dirigía al dormitorio, solo para encontrar que la luz que había seguido venía del armario. La puerta estaba entreabierta, la luz dejada encendida, y cuando se asomó dentro, notó que la mayoría de las camisetas de Dean se habían ido. El bolso se había ido. Sus zapatos. Cas retrocedió hasta que sintió el borde de la cama hundirse en la parte posterior de sus rodillas, dejándose caer sobre ella, sus piernas no sosteniéndolo ya.
"No," dijo quedamente. Las lágrimas quemaban en la parte de atrás de sus ojos y sacudió su cabeza, tocando su cabello con incredulidad. "No, no, no."
Se puso de pie de repente, moviéndose de vuelta al clóset. Quizás Dean solo había cambiado sus cosas, pensó mientras buscaba, sacando sus propias cosas y lanzándolas sobre el piso. Se movió hacia el aparador a un lado, rebuscando en los cajones medios vacíos. Se quedó de pie en la mitad de la habitación, su ropa a sus pies, e instintivamente presionó sus manos en sus ojos.
"Despierta," susurró. "Despierta. Esto es una pesadilla."
Su pecho se sentía como su estuviera a punto de colapsar, su garganta demasiado apretada para dejar pasar nada.
Un llanto extraño luchó por salir, y Cas se inclinó vertiginosamente hacia delante, su pulso golpeando sus oídos.
"No quieres decir eso," le dijo a nadie. "No hagas esto. Dean, por favor."
Esperó para que la puerta se abriera, para que las botas de Dean entraran trastabillando pesadamente, para escuchar el crujido de él hurgando las gavetas por un vaso de agua, pero no hubo nada. El silencio se comió su voz y Cas se agarró a su propio cuerpo, mordiéndose la lengua mientras los sollozos lo sacudían.
Cas había tratado tan duro para evitar que Dean se convirtiera en algo que no era, y había fallado. Quitó las gafas de su rostro y gritó dentro de sus manos. Había fallado y había perdido a Dean con la guerra, la rompe hogares que siempre se había avecinado sobre sus cabezas, apartando lentamente a Dean hasta que finalmente se rompió. Cierta parte de Cas sabía que iba a ocurrir, pero no pensaba que iba a ocurrir tan pronto. No pensaba – pensó que aún tenían tiempo. Pensó que era lo que había dado a cambio por dejar ir a Dean, por confiar en algo para traerlo de vuelta. Ese era el precio, ¿no era así? Tiempo para arreglarlo. Tiempo para recomponerlo, para repararlo nuevamente.
El tiempo no había mantenido su mitad del trato, y Cas se preguntaba con repentino miedo si este era el cuento de hadas real. Aquel aterrador donde los niños eran comidos por lobos y brujas y nadie vivía feliz para siempre. No habían palabras mágicas. No habían palabras que pudiera decir. Dean se había ido.
Lentamente, derribado, el pecho tirante, y tropezó nuevamente con la cama, dejándose caer sobre ella. Ni siquiera se molestó en apartar apropiadamente las sábanas o desvestirse. Recostó su cuerpo sobre la almohada de Dean y enfrentó el muro que Dean había pasado mirando fijamente la mayoría de sus días, sus ojos vagando por respuestas.
No habían respuestas ahí. Era solo un muro; blanco e implacable.
Cerró sus ojos, la rabia haciéndole llorar.
No quería llorar más, porque llorar no iba a traer a Dean de vuelta. Pero la cama se sentía tan vacía sin él, y el apartamento era tan silencioso sin sus gritos, sin el constante recordatorio de que Dean estaba justo ahí. Cas se rió amargamente, sacudiendo su cabeza, porque era patético, pensar que hubiera preferido tener a Dean a su lado, golpeándolo en sueños, que estar solo en la cama.
Pero era cierto, porque al menos Dean estaría con él.
