Capítulo 8


Finales de Febrero, 1981

"¡Dean, tienes una llamada!" Dean levantó la vista de la moto que estaba reparando y se puso de pie, caminando hacia donde Bobby había descolgado en su oficina, sosteniendo el teléfono para que él lo tomara. Asintió, limpiándose el rostro con su pañuelo, sosteniendo el auricular en su oreja con su hombro mientras trataba de quitar algunas manchas de grasa de sus dedos. Bobby pasó junto a él, entrecerrando la puerta de la oficina y dándole algo de privacidad.

"Dean Winchester," comenzó, mirando la lisa franja del piso del taller justo fuera de la oficina. Un crujido comenzó a correr a través del zócalo al final del muro y se extendió por una cantidad decente de tiempo, desapareciendo bajo el sonido de una Harley. "¿Hola?" intentó nuevamente Dean luego de encontrarse con silencio.

"Lo siento," dijo una voz desconocida. "Discúlpame por molestarte en el trabajo…"

Los ojos de Dean se estrecharon y miró de soslayo la grieta en el piso, tratando de ubicar la voz, aunque sin llegar a nada.

"¿Quién es?" procedió, ajustando el teléfono con su mano, apartándose de la oficina y del resto del grupo en el piso de abajo. "¿Te conozco?"

La persona en el otro extremo pareció vacilar, pero eventualmente dio un profundo suspiro.

"Nunca nos hemos conocido en persona. Soy Gabriel Novak." Gabriel Novak tomó otro respiro. "¿El hermano mayor de Castiel Novak?" Como si Dean pudiera haber olvidado ese nombre alguna vez.

Dean no dijo nada.

"…Me dijeron que podía ubicarte en este número, o que, si no estabas en la ciudad, Bobby Singer sabría cómo ubicarte," continuó Gabriel, su voz sonando pequeña. "Castiel quería que te llamara por él."

"¿Esto es una broma?" dijo Dean suavemente, el estupor que rodeaba ese nombre disipándose lentamente. Pudo sentirse a sí mismo volviéndose más consciente. "¿Quién mierda es?"

Hubo una pesada pausa y Gabriel – si era si quiera quien clamaba ser – se aclaró la garganta.

"Castiel quería– mira, sé que ustedes dos no se han hablado en años. Él me lo dijo. Me dijo que probablemente estarías molesto cuando llamara, pero, tenía que llamar. Nunca te hubiera molestado a no ser que él me lo pidiera."

Dean se inclinó contra el muro más cercano, cruzando su brazo sobre su pecho.

"Que sea rápido, estoy en la hora," dijo duramente, bajando su cabeza para que el sonido de un motor siendo probado no nublara su oído.

"Él quiere verte," dijo Gabriel simplemente. "Eso es todo."

"Él debería entender que no puedo hacer eso," respondió Dean.

"Está enfermo."

"Escucha, no sé por qué crees que puedes simplemente llamarme por esto–!" dijo Dean enojadamente, mirando alrededor por la base del teléfono para poder colgar.

"Se está muriendo."

"–pero no tengo tiempo para preocuparme cuando Cas pesca un resfrío, ¿de acuerdo? Lo terminamos. Hace años. Ahora quítate de mi teléfono," gruñó Dean, pero encontró que no se pudo mover.

"Sé cuán difícil debe ser para ti escucharlo," dijo Gabriel, "y sé que no quieres escucharlo de alguien como yo, pero él realmente quiere verte."

Dean se detuvo, su rostro aún contorsionado por el enojo.

"¿Qué dijiste?"

"Se está muriendo, Dean." Hubo una ruptura en la voz de Gabriel. "Está muy enfermo."

"Estás mintiendo," siseó, "Estás mintiendo. Estás molesto conmigo porque fuimos amantes – que yo fui marica por tu hermano, y ahora estás intentando castigarme, ¿no es así? Escucha, no tengo tiempo para estas bromas enfermas. ¡Tengo trabajo que hacer, así que jódete!

Gabriel no dijo nada por varios segundos.

"Lo siento tanto, Dean."

"¡Yo lo siento también! De que pienses que puedes llamarme en la mitad del trabajo para decirme unas mentiras de mierda sobre Cas que me hacen sentir como la mierda. ¡Que me hacen sentir como la mierda porque tú no puedes soportar que me lo haya follado! Pura mierda, ¡esto es pura jodida mierda!"

"Lo siento tanto."

"¡Deja de decirme eso!" rugió Dean. "¡Deja de decirme que lo sientes acerca de una jodida mentira!"

Su piel estaba escociendo; se sentía como si estuviera demasiado apretada sobre él, como si fuera a incendiarse en cualquier segundo. Su rostro se sentía caliente y rojo.

"¡Tienes que entender!" dijo Gabriel ruidosamente, y Dean pudo sentir más palabras quedándose atascadas en su garganta, presionando hacia arriba, intentando salir de su boca mientras se las tragaba.

Dean alzó una mano temblorosa hasta su boca, recorriendo su mandíbula con sus dedos.

"Quiere verte. No ha preguntado por nadie fuera de la familia."

La mano de Dean curvada en un puño, su lengua se sentía tirante y pesada y todo tenía el sabor de una moneda de centavo.

"¿Por qué quiere verme?" preguntó Dean, sacudiendo su cabeza. "Nosotros… lo terminamos. No hemos hablado desde entonces."

"Se está muriendo, Dean," repitió Gabriel.

"¿Dónde está?"

"En el San Francisco General."

Su corazón cayó; no había sabido que Cas estaba en San Francisco.

"Ha estado viviendo en la zona de la bahía durante unos años hasta ahora," explicó Gabriel. "Nosotros tampoco supimos dónde estaba durante un largo tiempo. Lo contactamos finalmente cuando Rachel se casó – vino a la boda. Se veía bien entonces, un poco delgado, pero ahora…" la voz de Gabriel se apagó.

"¿Cuánto tiempo?" dijo Dean de repente, sin saber de dónde había venido la pregunta. Pero ahí estaba. Las palabras quemaban mientras se abrían paso por sus labios, oscuras y amargas. "No me jodas."

"No me lo han dicho con certeza."

"No me jodas," repitió Dean, su voz un susurró cansado.

"Unas pocas semanas. Probablemente menos."

"No," dijo Dean automáticamente. "No, eso no puede ser correcto."

"Lo siento," dijo Gabriel, nuevamente.

Dean no sabía exactamente por qué estaba disculpando Gabriel. Él y Cas habían terminado hace un largo tiempo. No sabía qué decir. Su cerebro se sentía blando dentro de su cráneo y las palabras no procedían. Se mantenían torciéndose y enredándose entre más intentaba comprender su significado. Unas pocas semanas. Probablemente menos. Sintió como si pudiera reír.

"Tengo que irme…" dijo Dean vagamente, y apartó el teléfono de su oído.

Sus manos estaban temblando, y si era de rabia o de miedo, no lo sabía. Se sentía casi enfermo, mareado, y se inclinó contra el muro tras de él, recorriendo su cabello con una mano temblorosa.

Esto tenía que ser una broma, una broma cruel que Cas y su hermano le estaban jugando; una venganza por haber dejado a Cas cuando lo hizo. Venganza por simplemente levantarse e irse sin ninguna advertencia, y realmente, Dean creía que era algo que merecía. Lo que había hecho había sido realmente una mierda de su parte, pero el hermano de Castiel diciéndole que el hombre que amaba más que nada en el mundo se estaba muriendo - ¿por qué?

Quizás no se merecía eso.

Quizás.

Suspiró, sus manos aún temblando, y presionó las palmas contra sus ojos. Presionó su espalda contra el muro, presionó las palmas de sus manos más fuerte contra sus ojos, y hubo una pequeña voz en la parte de atrás de su cabeza diciéndole que lo sacara, que gritara, que llorara, que solo lo dejara salir. Pero no podía.

Necesitaba ir a casa. Necesitaba ir a casa ahora mismo.

Hubo un golpe suave en la puerta, y Dean apartó sus manos para ver a Bobby de pie en el umbral. Estaba frunciendo el ceño, y lucía preocupado; probablemente había oído a Dean gritando solo momentos antes.

"No es nada, Bobby."

Sus ojos dolieron, y sus mejillas se sintieron húmedas, así que se las frotó con el dorso de sus manos, limpiando sus palmas contra sus muslos después. Trató de respirar pero su garganta se sentía apretada, y no notó que Bobby había entrado al cuarto hasta que sintió el peso familiar de la mano de Bobby sobre su hombro.

Sus dedos se estrecharon apretadamente, y Dean se inclinó en el toque, suspirando suavemente y cerrando sus ojos.

"Vete a casa, descansa un poco."

Dean estuvo a punto de protestar, porque no podía ir a casa justo ahora. Estaba trabajando en una moto, y había planeado finalizar ese día, pero Bobby estrujó su hombro con más firmeza, sosteniéndolo con una mirada que le dijo a Dean que no iba a aceptar un no por respuesta.

Todo lo que pudo hacer fue asentir y estar de acuerdo. Si. Necesitaba ir a casa y descansar un poco; necesitaba ir a casa y ordenar sus pensamientos. Caminó hacia la puerta, abriéndola, y mientras lo hacía, se volteó.

"¿Sabías que Cas estaba en San Francisco?" preguntó.

Bobby se sentó pesadamente en su silla.

"¿Por qué no me dijiste?" persistió Dean, enfrentando a Bobby más llenamente, "¿Por qué demonios no me dijiste?"

"¡Te habías ido!" siseó Bobby. "Se fue uno o dos años después de que desaparecieras. ¡Me preguntó dónde estabas durante semanas y yo tuve que decirle que tú no querías se encontrado!"

La culpa era como tener tu ropa mojada. Era un peso constante sobre ti, y estaba lleno de charcos, y se arrastraba contigo donde quiera que fueras, aferrándose a tu piel, sin dejarte olvidar nunca que estaba ahí. La húmeda opresión.

"¿Por qué no me dijiste?" dijo Dean, y Bobby sacudió su cabeza, indignado.

"¡No preguntaste!"

Dean sabía que estaba mal estar enojado, pero no sabía qué era.

"Está enfermo," continuó y el rostro de Bobby cayó en la confusión.

"¿Enfermo? ¿Quién era en el teléfono?"

Dean se quedó mirando la pared, tratando de juntar todo en su cabeza.

"Su hermano," respondió. "Dijo que estaba enfermo."

"¿Qué con eso? ¿Está bien?"

Dean se encogió de hombros, indiferentemente.

"Quiere verme," su voz se apagó. "A mí, de toda la gente."

"Vas a ir, ¿verdad?"

"No lo sé todavía," finalizó Dean, pasando una mano a través de su cabello, "No sé si eso es una buena idea."

Bobby lo pensó por un momento, arrugando la boca, tapeando sus dedos contra el brazo de la silla.

"No voy a pedir detalles, pero cuando alguien está enfermo, y quiere verte, no dices que no." Dean no respondió. Bajó al bar y tomó un trago y luego viajó de vuelta a su apartamento. No le había pedido a Gabriel un número al cual llamar de vuelta, solo había colgado. Miró fijamente el teléfono por un largo rato antes de cogerlo.


"Nunca creerás quién me llamó hoy," le dijo Dean a Sam, hundiéndose en su reclinable, frotando su frente cansadamente.

"La Reina de Inglaterra," dijo Sam con una risa, y hubo un sonido metálico en el fondo.

"No," dijo Dean suavemente, su mano no moviéndose ya. "No."

Hubo una pausa y la línea crujió con estática.

"De acuerdo," comenzó Sam lentamente. "Lo muerdo. ¿Quién fue?"

"Gabriel Novak."

"¿Lo conozco?"

"Es el hermano mayor de Cas," finalizó Dean, su mano cayendo hacia la suavidad de la silla. Sam estaba en silencio. "Llamó para decirme que él quería verme."

"Parece un poco de tercer grado, ¿no? Pedirle a tu hermano mayor que hable contigo," dijo Sam, y los dedos de Dean se crisparon.

"Llamó porque Cas está enfermo. Se está muriendo."

La línea se quedó en silencio nuevamente.

"Quiere verme, Sammy," balbuceó Dean, y rió un poco, incómodo y despechado. "Sigo pensando que es una broma, pero ¿quién bromearía sobre algo como eso?"

"Lo siento tanto, Dean," respondió Sam.

"¿Por qué todo el mundo sigue diciendo eso?" dijo Dean ruidosamente, removiéndose incómodamente en su silla, "¿Por qué todos siguen disculpándose conmigo? No es como si fuéramos nada ya. Lo terminamos."

Sam suspiró, y Dean supo que había una mueca en su rostro, incluso si no podía verla.

"lo terminaste," corrigió Sam, y Dean sabía que estaba en lo correcto, pero no estaba en el ánimo para discutir.

"No importa, no siento como si tuviera el derecho de ir," dijo Dean. "No debería ir."

"Entonces no vayas," suspiró Sam. "Jess y yo intentaremos ir y verlo. ¿Dónde está?"

"En el San Francisco General."

"Deberías ir," la voz de Sam era persuasiva. "Tómate ese tiempo libre. Lo has estado reteniendo por años. Bobby entenderá. SI algo, quizás quiera una explicación."

"No tengo nada que decirle, Sam. De verdad que no. Solo estoy tan perdido en el por qué como probablemente él lo está. ¿Qué le diría?"

"Escucha, no estuviste aquí, así que no lo viste, pero Dean…" Sam se pausó, y Dean contuvo su respiración. Era la primera vez que habían hablado de Cas en años. No podía ni siquiera recordar la última vez. ¿Había habido si quiera una última vez? No había hablado con nadie en esos primeros meses. No fue sino hasta que se mudó de vuelta a California que había contactado realmente a Sam de nuevo. No había ido a ningún lugar en especial; a Oregon a quedarse con un antiguo compañero de carreras, un veterano como él. Habían hecho trabajos extraños en Portland y luego en el setenta y cinco, Dean se había mudado de vuelta a Sacramento. Bobby había mantenido su promesa, y él había estado en el taller al día siguiente.

Bobby no había hecho demasiadas preguntas. Dean tampoco.

"…estaba realmente destrozado," finalizó Sam.

"¿Por qué debería ir a verlo? Si está a punto de morir, ¿por qué debería verme?"

"Probablemente porque quiere un cierre, Dean. Y tú puedes darle eso."

Dean flexionó su mano en un puño y luego la separó de nuevo.

"Iré. Por un par de días al menos. Quizás ayude."

Sam le aseguró que era lo correcto y colgó. Estaba totalmente consciente de cómo ambos habían disfrazado la realidad de que Cas estaba muriendo. Estaba tácito entre ambos que Dean quizás nunca tuviera la oportunidad de ver nuevamente a Cas. Cierre – era pura mierda.

Unas pocas semanas, quizás menos.

Dean se sentó con el teléfono sobre su regazo, las palabras selladas dentro de su cabeza. Semanas. Semanas. ¿Cómo pasaba eso? ¿Cómo alguien tenía semanas? Trataba de razonarlo en días o minutos porque los números eran mayores, pero todo volvía a unas pocas semanas.

Cogió el teléfono nuevamente.

"Operadora, ¿cómo puedo ayudarlo?"

Se aclaró la garganta.

"Necesito el número de teléfono del Hospital San Francisco General."

"Un momento, lo conectaremos."

La línea crujió y luego una voz aguda femenina apareció.

"San Francisco General, habla la Recepción."

"Necesito saber si han admitido a alguien," dijo Dean toscamente, su voz tomada.

"¿Nombre del paciente?"

"Castiel Novak."

Hubo una larga pausa, y luego la mujer respiró contra el recibidor.

"Si, lo admitimos el 2 de Febrero."

"¿2 de Febrero?"

"Eso es correcto. ¿Puedo ayudarlo en otra cosa?"

"No," dijo Dean bruscamente.

2 de Febrero. Había estado ahí por tres semanas ya. Dean se inclinó hacia atrás en su silla.

¿Tres semanas?

¿Tres semanas y se estaba muriendo?

Dean no entendía. Cas nunca había estado enfermo cuando estaban juntos – pero habían pasado años. Había sido mucho tiempo.

Dean pidió prestada la moto de paseo de un amigo para el viaje. Empacó ligero; se imaginó que no se quedaría por mucho tiempo. Una visita rápida, se dijo a sí mismo.

Una visita rápida para un ex que estaba muriendo. Para darle un cierre. Para darle a ambos algún tipo de cierre.

El camino era hermoso y el clima estaba perfecto – soleado y un cielo azul todo el camino hacia San Francisco. Se registró en un hotel y llamó al hospital nuevamente, solo para asegurarse. Cas aún estaba ahí. No, no podían brindar más información hasta que tuvieran una prueba de que estaban relacionados, y él debía ir por sí mismo para probarlo. Dean consideró dar la vuelta, pero ya había hecho el viaje y reservado la habitación.

Pidió las indicaciones en la recepción del hotel y en menos de una hora estaba mirando el edificio color hormigón, y algunos marrón arena más atrás. Caminó bajo la señal de la entrada principal, su alegre color turquesa haciendo que su estómago diera una vuelta. Tuvo que voltearse y caminar de vuelta a donde había aparcado, fumando un cigarrillo para calmarse e intentarlo de nuevo. Se echó un vistazo en el espejo de su moto y se preguntó si se veía tan viejo como se sentía. Solo tenía treinta y cuatro.

Fue a la recepción y la enfermera sentada ahí levantó la mirada hacia él bajo la cadena de sus gafas.

"¿Estoy aquí para ver a Castiel Novak?" intentó, y la mujer hojeó a través de sus expedientes, proveyendo el número de cuarto y las horas de visita.

Dean le agradeció y siguió sus indicaciones hacia los elevadores. Se quedó mirando sus manos vacías, cliqueando el botón del cuarto piso. Debió haber comprado algo. Pero ¿qué podría haber comprado? Sacudió su cabeza. No importaba.

La puerta del elevador se deslizó hasta abrirse y Dean salió al largo pasillo blanco. No vio ningún cartel, y fue a la estación de enfermeras en frente de él, inclinándose contra el mostrador. Una mujer de cabello oscuro estaba sentada tras el escritorio, hojeando una revista, tocando ausentemente sus labios mientras leía.

"Disculpa," se aproximó Dean y ella levantó la mirada, bajando la revista y sonriéndole. Él notó las bolsas bajo sus ojos, aunque no parecían distraerlo de su belleza. Su insignia con el nombre, cuando Dean la miró, decía "Tessa" en letras pulcras y cuidadas.

"¿Estoy buscando a Castiel Novak? No puedo– No puedo recordar su número exacto de habitación."

Algo se crispó en su rostro y su boca lucía como si fuera a abrirse.

"Oh," suspiró. "Oh, ¿estás aquí para ver a Cas?"

"Si," respondió Dean, moviéndose nerviosamente. "Necesito," tosió, "¿necesito firmar en alguna parte?"

Ella le miró toser y luego encontró sus ojos nuevamente.

"¿Has tenido la gripe o un resfrío o cualquier infección respiratoria mayor en las últimas semanas?"

Dean sacudió su cabeza.

"No."

Ella asintió y se levantó de su silla y antes de moverse alrededor del escritorio, se detuvo, echándole un vistazo a Dean una vez más.

"¿Te importa si veo alguna identificación?"

Dean sacó su billetera, pescando su licencia de conducir de uno de los bolsillos, deslizándola sobre el mesón. Ella la tomó y la inspeccionó antes de devolvérsela.

"Así que tú eres Dean," dijo ella, y Dean tragó apretadamente. ¿Cas había estado hablando sobre él? La enfermera – Tessa – no se veía molesta cuando le miró.

Ella se veía feliz. Estaba sonriendo. Sus ojos brillando.

"Espera, ¡te llevaré! Quiero ver su rostro…" su voz se apagó mientras caminaba alrededor del mesón, alisando su almidonado uniforme blanco mientras lo hacía, haciéndole señas a Dean para que le siguiera por el pasillo. Dean caminó por el lado de las puertas cerradas a cada lado, su corazón comenzando a golpear en su pecho.

"Hoy es un buen día," dijo Tessa a modo de conversación, y Dean no entendió que quería decir. "Durmió bien anoche y ha estado bastante conversador esta mañana." Tessa rió. "Pero cuándo está callado, ¿verdad?"

Dean se quedó mirando el costado de su rostro.

Se inclinó para besarlo – "Nunca cierras la jodida boca"…

"¿Qué está mal con él?" preguntó Dean de repente y Tessa tuvo una reacción tardía, aminorando su paso.

Dean miró fijamente a sus ojos sorprendidos.

"¿Qué le sucede?"

Las cejas de Tessa se fruncieron.

"¿Eres Dean, cierto?"

"No estás respondiendo mi pregunta."

Tessa lo miró de arriba abajo y luego se volteó más llanamente hacia él.

"Cas dijo que Gabriel te había llamado."

"Por favor, solo responde mi pregunta," declaró Dean y el rostro de Tessa se oscureció.

"Creo que una mejor pregunta es qué no está mal con él," comenzó, pero cuando Dean no entendió, sus ojos se suavizaron y entristecieron. "Él tiene lo que nosotros llamamos PCP, pero para ti sería solo un caso muy grave de neumonía."

"¿Neumonía?" balbuceó Dean, "Cas nunca había tenido un problema con eso. Es solo unos pocos meses mayor que yo."

La boca de Tessa era una línea recta.

"Es… es más que eso. Pero esa es la línea de fondo. Hacemos todo lo que podemos."

Dean asintió y Tessa comenzó a caminar nuevamente antes de detenerse, Dean casi chocando contra ella.

"Siento como que debería advertirte," susurró ella, y las palmas de Dean estaban comenzando a ponerse frías y húmedas. Tessa no encontraría sus ojos. "Él está muy enfermo, y se nota."

"Quiero verlo," apresuró Dean, y Tessa asintió.

"De acuerdo."

Dean se dio cuenta de que la razón por la que ella se había detenido era porque estaban en frente de lo que él presumía era la habitación de Cas. Pudo oír la radio sonando, el sonido arrastrándose bajo la puerta. Tessa golpeó la puerta y la abrió, su rostro brillante, todos los trazos de incomodidad borrados por una dulce sonrisa.

"¿Cómo está mi paciente favorito?" sonrió, entrando. Dean se quedó de pie en el umbral, su pecho apretado. Si Cas respondió, él no pudo escucharlo muy bien.

"¿Por qué estás escondiéndote ahí afuera?" llamó Tessa y Dean se sacudió, dando un paso hacia delante dentro de la habitación.

Barrió la habitación con sus ojos y captó la cama, comenzando por los pies, dos pequeños cerros bajo la sábana, y viajó hacia arriba, hasta dos manos esqueléticas sobre un pequeño regazo. Dos brazos delgados.

Un pequeño pecho envuelto en un cárdigan del color de las macetas de terracota, colgando tan sueltamente de los agudos hombros, que se tragaba el volumen del cuerpo que contenía. Un tubo verde pálido serpenteaba hacia arriba por su frágil cuello y terminaba en una mascarilla.

Una mata de rebelde cabello negro, más apagado de lo que él recordaba–

"¿Dean?"

Los ojos de Dean fueron abruptamente a los de Cas. Éstos estaban brillantes y vidriosos y debido a las sombras hundidas de su rostro, brillando como dos llamas azules en su piel pálida.

Estaba silencioso exceptuando por el suave sonido, parecido a un suspiro, de una máquina.

Cas levantó su mano de su regazo y la sostuvo arriba, alzándola unos cuantos centímetros de las sábanas. Dean la observó temblar y él la bajó de nuevo, la acción dejándolo exhausto por sí misma. Oyó el ligero sonido húmedo de su respiración, y su boca se curvó en una enorme sonrisa bajo la máscara, aunque temblaba.

"He estado… esperando," dijo lentamente, teniendo que detenerse para respirar entre palabras, "por ti… le dije a Tessa… le dije…"

Él rodó su cabeza, mirando a Tessa y Tessa le sonrió. "Lo hizo, me dijo que vendrías. No le creí al principio, ¡pero aquí estás!"

La funda de la almohada crujió cuando Cas movió su cabeza de nuevo, fijo en Dean.

Dean se quedó mirando la débil figura de Cas sobre la cama y él – él no lo creía.

Ese no era Cas.

Cas era blanco, pero no así.

Cas tenía muslos que cedían cuando los apretabas, tenía mejillas que se sonrojaban fácilmente. Nunca dejaba de hablar, y sus manos eran cálidas y calmadas y más fuertes de lo que lucían, no flojas como dos pájaros muertos sobre las sábanas.

"Ven aquí," dijo Cas, y su voz rogaba. "Ven aquí…"

Dean se movió, sus ojos no dejándolo nunca, aún tratando de comprender. Cas alcanzó su mano y Dean la tomó, mirándolo fijamente – era tan ligera. Una palma llena de cambios, y tan delgada, la piel casi traslúcida. Podía ver las venas azules en su muñeca. Cas la apretó, y Dean se dio cuenta que aún era cálida. Dean observó las lágrimas gotear sobre el dorso de su propia mano.

"Me alegra tanto…" dijo Cas suavemente, su voz sin ser más que un suspiro. Su pecho se alzó y forcejeó, y luego bajó. "Me alegra tanto. Me alegra tanto que vinieras…"

Dean parpadeó, pero las lágrimas seguían viniendo.

Él no sabía. No había sabido. Nadie le había dicho.

"Debí haber venido antes," dijo temblorosamente.

Cas estrujó débilmente de nuevo.

"No llores," suspiró. "Estoy tan feliz… no llores… no quiero que llores."

Tessa había dejado el cuarto, y Dean apartó su mano de la de Cas, tocando su rostro. Las gafas de Cas sobre la mesa de noche al lado de una jarra con agua, y un vaso con una larga pajilla, y las sobras de alguna especie de almuerzo. Dean quería alzar una mano y tocar la pequeña silueta que no había visto en tanto tiempo, pero se frenó por ahora, manteniendo sus manos para sí mismo.

"Gabriel," Dean aclaró su garganta, intentando ser profesional. "Gabriel dijo que querías verme. ¿Quieres decirme algo?"

Le echó un vistazo a Cas que aún estaba sonriéndole, una mano descansando cerca del borde de la cama.

"Gabe… no es muy bueno siguiendo… indicaciones," rió débilmente, y la risa se tornó en un horrible ataque de tos. Alzó su puño hasta su boca, temblando, incapaz de voltear su cabeza de la dirección de Dean. Cuando hubo terminado, gotas de saliva estaban atrapadas en la comisura de su boca y en el interior de su mascarilla. Levantó la vista hacia Dean con ojos acuosos.

"¿Podrías?" jadeó, gesticulando vagamente hacia la mesa de noche. Dean recogió un pequeño pañuelo y se inclinó hacia delante, una mano yendo a tocar la mascarilla.

"¿Esto está bien?"

Cas asintió, los ojos cerrándose mientras la mano libre de Dean tomaba su barbilla para mantenerlo estabilizado. Dean la levantó de su rostro y dio ligeros toques a sus agrietados labios y limpió el interior del plástico, volviendo a ubicarlo, asegurándose de que las pequeñas bandas elásticas verdes no estuvieran retorcidas mientras la situaba sobre la nariz de Cas nuevamente.

Cas sonrió, sus dientes jaspeados por el plástico, y su aliento empañando el interior de la máscara.

"Te sale… natural." Sonrió y Dean no pudo evitarlo. Pasó su mano a través del cabello de Cas. Era largo y grueso, y una hebra vino a parar sobre su mano, pero no pudo encontrar un solo átomo de él que le importara. Descansó sobre la frente de Cas y Dean lo apartó nuevamente, mirando fijamente su piel pálida, observando la sonrisa crecer con cada movimiento.

Dean se dio cuenta que la mano de Cas estaba acariciando su muñeca, y sus ojos se abrieron lentamente de nuevo.

"Le dije… a Gabe… que quería… decirte algo," dijo Cas tranquilamente, su voz amortiguada, pero Dean estaba lo suficientemente cerca como para oírlo. Dean abrió su boca para preguntar qué era pero Cas sonrió secretamente.

"Creo que esperaré," bromeó, "No quiero que… escapes… de mí."

"¿Duele?" preguntó Dean, ignorando el último comentario de Cas y Cas ladeó su cabeza. "¿Cuándo respiras?"

"Ya… no… demasiado," respondió Cas después de un momento de pausa. Gesticuló débilmente con su mano hacia el goteo intravenoso sobre él.

"Morfina," explicó. Así que ese era el por qué sus ojos estaban tan vidriosos. "Es un infierno… de droga," se apresuró al final, y Dean bajó la vista a sus pies. Se mordió la lengua, intentando no fijarse en el congestionado sonido de la respiración de Cas.

"Sabes…" Cas rompió el silencio. "… sabes…" su voz se apagó y Dean levantó la mirada. Contuvo el aliento, y hubo una gesto de dolor en su frente. Su mano se agitó sobre la manta – de color tostado, gruesa, algo que había sido traído obviamente desde casa. Al igual que su camisa y el suéter, y Dean asumía que sus pantalones.

"No pensaste que vendría," finalizó Dean por él, y Cas asintió, entrecerrando los párpados.

"Tenía… miedo."

"Casi no lo hago," confió Dean, su voz baja, un susurro avergonzado. Cas asintió nuevamente en entendimiento.

"…no te culpo."

"Deberías," dijo Dean. "Deberías culparme."

"Lo hice," comenzó Cas, interrumpiendo a Dean antes de que pudiera empezar. "Al principio… culpé a un montón… de cosas."

Dean limpió sus ojos, y Cas apartó lentamente la mascarilla de su boca.

"Mírame."

"No puedo," ahogó Dean, su mano cubriendo sus ojos, la otra descansando sobre sus rodillas.

"Culpé… a la guerra… al presidente…" continuó Cas y Dean sacudió su cabeza. "…a mí mismo. Por… un largo tiempo… pero…"

Dean buscó su mano a ciegas y Cas la tomó.

"…ya no quiero… estar enojado," murmuró Cas. "…Estoy tan cansado… de estar enojado… y triste… estoy tan cansado, Dean." Apretó la mano de Dean, "…quiero… ser feliz. Seamos… seamos felices."

"¿Qué hay para ser felices?" dijo Dean, finalmente levantando su cabeza, sus ojos furiosos, "Qué hay para ser felices, ¡porque yo no debería estar aquí!" sollozó, alzando una mano, poniendo la mascarilla de Cas de vuelta a su sitio. "¡Usa tu mascarilla, maldición!"

Cas acarició el dorso de la mano de Dean con su pulgar.

"…Estoy feliz… porque mantuviste tu promesa."

"Nunca mantuve nada, Cas. Te dejé ir. Dejé que esto te pasara– Yo…" Su boca no pudo emitir más palabras.

"…oh, Dean," comenzó, "…tú… finalmente… regresaste a casa… conmigo."

El sonido roto que salió de Dean rebotó alrededor de la pequeña caja de zapatos que era la habitación. Se deslizó hacia delante sobre la silla baja hasta que su cabeza estuvo descansando sobre la cama. Cas tocó su cabello, su mano temblando.

"Fue un… largo tiempo," calmó, "…y fue… duro… pero… está bien ahora. Está bien. Podemos… descansar."

"¡Estás muriendo!" siseó Dean, levantando su cabeza, su rostro arrugándose cuando Cas dirigió su mirada hacia él, sus ojos tan grandes y tristes. "Cristo, Cas, estás muriendo frente a mí – oh, Jesús…"

"Lo sé," susurró de vuelta, su mano deteniéndose sobre el cabello de Dean y moviéndola hacia su rostro, "…pero viniste. Viniste… y estoy…"

Tocó la mejilla de Dean y luego la acunó con sus largos dedos.

"…Te extrañé."

Dean cerró sus ojos, el rostro confuso. ¿A quién mierda había estado engañando? Una mirada – una mirada. Estaba deshecho. Sabía desde el momento en el que entró en esa habitación que iba a quedarse. No había otra opción. Estaría ahí hasta el final. Era tan estúpido – todo el tiempo que pensó que podría contra ello, la vida le mostraba cuán tonto había sido. Se quedaría hasta el final.

No lo dejaría. No podía dejarlo. No esta vez.

"Yo también te extrañé," dijo húmedamente, "Yo también te extrañé."

Cas sonrió, su pulgar enjuagando una lágrima o dos. Dean se tomó un momento para mirarlo.

"Si quieres ser feliz," dijo suavemente, "podemos ser felices."

Cas asintió con tanto entusiasmo como le permitía su cuerpo, jadeando. Jadeó fuerte y sus ojos se abrieron y tocó su pecho a través de su suéter, sus labios palideciendo.

"¿Cas?" dijo Dean frenéticamente, enderezándose, y Cas asió su brazo firmemente cuando él alzó una mano para presionar el botón de llamado.

"Estoy- ¡estoy bien!" insistió, "Estoy- estoy bien."

Su jadeo amainó hasta calmarse, su cuerpo relajándose tan profundamente que Dean pensó que probablemente se hundiría en la cama. Sus dedos soltaron el agarre sobre el brazo de Dean y cerró sus ojos, tratando de regularse nuevamente.

"Si llamas… me darán más…" movió su cabeza hacia el goteo intravenoso.

"¿Te pones somnoliento?" dijo Dean calmadamente y Cas asintió. Dean frunció el ceño. "Deberías descansar. Necesitas eso."

Cas abrió sus ojos y le dirigió una mirada fulminante.

"¿Cuál… es el punto?" susurró y Dean imitó su mirada.

"¡El punto es que no puedes hacer esto por ti mismo o pasará más rápido!" espetó Dean, "No estoy discutiendo al respecto."

Cas parpadeó y su rostro se relajó, sus hombros haciendo un surco más cómodo en las almohadas.

"Si necesitas descansar, puedes descansar," le aseguró Dean, y Cas peleó por mantener sus ojos abiertos, el cansancio tirando de él repentinamente. Sus piernas se retorcieron bajo las cubiertas.

"…acabas… de llegar."

"Esto no se trata de mí." Cas luchó contra su cansancio. Solo que esta vez deseó que lo dejara en paz. Solo esta única vez, porque si cerraba los ojos Dean se habría ido de nuevo, ¿no es cierto? Sacudió su cabeza, pero su cuerpo lo traicionó. No sabía por qué eso seguía sorprendiéndolo hasta este punto.

Su rostro se volvió laxo y Dean le observó caer. Sus manos estaban envueltas sobre su regazo y Dean alzó una mano y sacudió una pestaña de su mejilla con su pulgar. Suspiró y su pecho dio un tirón, el lento gorgoteo del líquido en sus pulmones nunca dejándolo completamente. Era un sonido terrible, aterrador. Dean frotó su propio brazo, sintiendo frío en el cuarto a pesar de su chaqueta.

Quería preguntar cómo había llegado a esto. Tenía que haber algo – algún lugar en el universo que la hubiera tomado contra ellos. ¿Era un castigo? Dean se frotó el rostro.

No lo sabía. Solo sabía que cuando Cas despertara, él estaría ahí.

No cometería el mismo error esta vez.


Para el quinto día, Dean ya trataba por su primer nombre a casi todas las enfermeras del piso, aunque no podía encantarlas como Cas lo hacía.

Cas conocía a cada una de ellas y conocía las pequeñas cosas también. Sus esposos, sus hijos, qué tenían planeado hacer para la Pascua.

Todas se veían contentas cuando entraban, pero ninguna tan feliz como Tessa. Él era su paciente favorito, y esa no era su opinión, era la verdad. Cada pocas horas ella entraba para tomar su presión de sangre o cambiar su goteo intravenoso. Algunas veces frunciría el ceño, pero no lo mostraba por mucho tiempo, ayudándolo en su lugar con las respuestas de un crucigrama o haciéndole alguna pregunta tonta a Cas para hacerlo sonreír.

"Ahora que estás aquí, ¡no tiene nada más de que hablar!" rió ella una mañana, trayéndole a Dean una taza de café mientras hacía sus rondas. Cas había sonreído, palmeando la mano de Dean. Dean había sido reticente a mostrar afecto en frente de otros, pero Tessa parecía ser la excepción.

"A ella… no le importa," le había asegurado Cas.

"¡Todo el día era Dean esto, Dean aquello!" continuó jovialmente, palmeando el hombro de Cas cuando hubo terminado con su trabajo. Cas le miraría con adoración.

"Tessa… es una joya…" diría cuando ella se hubiera ido.

"Ella es realmente algo."

Cas asintió.

"Ella… hablaría conmigo… Gabriel solo… vino una vez, así que…"

"¿Qué hay del resto?" preguntó Dean, incluso aunque ya sabía la respuesta. En lugar de responder, Cas había mirado por la ventana, su rostro empapado en la luz del sol listada causada por las persianas.

"Rachel… no podía quedarse… y Michael nunca… vino…"

"¿Qué hay de tu padre?"

"Accidente cardiovascular," susurró Cas, "Mientras… tú estabas… por ahí."

Los ojos de Dean se ensancharon.

"Cas, ¿por qué no me lo dijiste?" imploró.

Cas se volteó hacia él, sus ojos tristes, una pequeña sonrisa. "No estabas… escuchando."

Dean apartó la mirada en vergüenza. Aquellos días eran un desastre en su cabeza. A menudo creía que había soñado la mitad de las cosas que habían ocurrido. La guerra, también, se había desvanecido. Ya no lo golpeaba como una víbora, y cuando lo hacía, él se había vuelto tolerante a su veneno. Las heridas habían cicatrizado, actuando como el truco de la rodilla cuando llovía. Sin embargo, lo que le había hecho a Cas… Dean tomó un profundo respiro.

"¿Qué nos pasó?" preguntó, y por primera vez estaba siendo genuino consigo mismo. "Cas, ¿qué pasó?"

Cas miró hacia la ventana un momento más largo, considerando su respuesta, supuso Dean. Se volteó hacia Dean nuevamente, la luz de la ventana haciendo un halo en la parte posterior de su cabeza. "Crecimos…" suspiró, encogiéndose de hombros débilmente. Era una excusa para ambos. "Éramos… muy jóvenes, Dean… y el mundo… pedía mucho de nosotros."

Dean mordió el interior de su mejilla.

"Fue realmente difícil cuando regresé a casa," trató. "Sabía que te estaba lastimando. Era- Era tan difícil de mirar, y supongo, supongo que solo decidí que estabas mejor sin mí. Yo era demasiado para ti. Si hubiera sabido…"

"No lo sabías," interceptó Cas. "…Ninguno de nosotros sabía."

Dean asintió, y Cas se enderezó un poco más, inclinándose hacia Dean.

"¿Qué… estás haciendo... ahora?"

Dean trató de poner una sonrisa, desplazándose más cerca de la cama de Cas. Acarició su cabello, observando sus ojos agitarse con el movimiento.

"He estado trabajando con Bobby de nuevo. También entreno. A chicos jóvenes, testarudos igual que yo. Y una chica. Es bastante buena."

Cas se rió un poco, el sonido entrecortado y débil.

"¿Tú… corres?"

Dean acarició ligeramente la cabeza de Cas y Cas se presionó dentro del toque.

"Todo el tiempo."

Cas hizo un pequeño sonido de satisfacción, complacido por eso.

"Lo sé, cuando volví a casa, sé que trataste, pero no fue tu culpa. Sabes que no fue tu culpa, ¿verdad?"

"Entiendo… que no había… mucho que pudiera hacer."

"Nunca fue tu culpa, Cas," repitió Dean, y Cas se quedó mirándolo, los ojos empañados por la medicación. "¿Qué estabas haciendo aquí? ¿En San Francisco?" dijo Dean ligeramente luego de aclararse la garganta, tratando de cambiar de tema.

Cas se puso rígido, visiblemente, y se movió un poco, una mano jugueteando con el tubo conectado a su oxígeno.

"…Eso es… complicado."

Dean intentó seguir.

"¿Cas?"

"Tú… tienes que saber… que… cuando te fuiste…" su voz se apagó, "fue… difícil para mí."

Dean sabía que estaba usando sus propias palabras para ayudarlo a entender. Miró al techo, y luego de vuelta hacia la cama escogiendo sus palabras. Tenía que ser cuidadoso con ellas ahora. También estaba intentando recordar, como siempre hacía cuando los recuerdos se forzaban hacia arriba, dónde exactamente había cambiado todo en realidad. Nunca pudo. Cambiaba cada vez que pensaba en ello, algún nuevo acontecimiento que debió haber mantenido todas las respuestas, pero nunca pudo precisarlo de la forma en la que quería. Hoy, por alguna razón, era más difícil que nunca, y su cabeza comenzaba a doler con el cansancio de aquello.

"¿Cas?" dijo Dean, pausando su mano sobre su cabeza para tocar su hombro. Los ojos de Cas estaban desenfocados y muy lejanos, su expresión completa yéndose a blanco.

Cas se obligó a volver a la habitación, sintiendo el peso de la sujeción de la mano de Dean sobre su brazo.

"Lo siento…" jadeó,. "Yo… no lo recuerdo… demasiado bien…"

"Está bien," calmó Dean, aún mirando preocupadamente el rostro de Cas. "Quizás es solo la medicina."

Cas no dijo nada, y su mano se removió sobre la cubierta, una señal silenciosa de que quería que Dean la sostuviera.

"Lo siento, ¿estoy interrumpiendo?"

Dean levantó la cabeza de golpe, separando sus manos y mirando fijamente al hombre rubio cerniéndose a la puerta. Su acento Inglés había cortado a través de la habitación y Dean se encontró poniéndose de pie, su silla saliendo disparada hacia atrás.

El hombre se quedó mirándolo por un largo rato.

"Hola," dijo rígidamente, y Dean miró a Cas. Él estaba sonriendo, y antes de que Dean lo supiera, estaba entrando en la habitación, acercándose al otro lado de la cama, inclinándose para besar la frente de Cas. Se quedó mirando a Dean, y Dean conocía esa mirada.

Era un desafío.

"Balthazar," suspiró Cas, tomando su mano, y Balthazar la besó también, mirando a Cas con ojos sorprendidos. Dean conocía esa mirada también – él la hacía cada vez que entraba en la habitación de Cas. Era aquella de aún no poder creer lo que estaba viendo.

"Hola, amor," dijo suavemente, aún acariciando la mano de Cas. Dean se hundió de vuelta en su silla, mirando de cerca como interactuaban ambos. "Te compré una baraja de cartas." Sus ojos se deslizaron hacia Dean mientras las extraía de su bolsillo, presionándolas en la mano de Cas. "¿Cassy te dijo que tiene una increíble cara de póker?"

"Balthazar… por favor…" insistió Cas, su voz solo una fracción más tirante de lo que usualmente era. Dean estrechó sus ojos hacia Balthazar y Balthazar movió bruscamente su cabeza con indignación, frotando el brazo de Cas.

"¿Qué? ¿No estoy autorizado a estar enojado con él? ¿Después de todo lo que ha hecho?"

El rostro de Dean se sonrojó con vergüenza y Cas lo fulminó con la mirada, apartando su mano de la de Balthazar, agarrando las cartas para sí.

"Suficiente," susurró, y Balthazar le espetó de vuelta, su cuerpo hundiéndose en disculpa.

"Lo siento," se apresuró Balthazar. "Lo siento, no debería haber perdido mi temple de esa manera."

Cas palmeó su mano y Balthazar encontró sus ojos con Dean nuevamente, obviamente sorprendido por su silencio.

"Si hay algo que quieras decirme," comenzó Dean, "puedes decírmelo."

"Dean," regañó Cas. "…ambos… honestamente."

"Hablo en serio. Tú no lo harás. Si él lo hará, entonces quiero escucharlo."

La boca de Balthazar estaba a punto de abrirse, cuando Tessa tocó la puerta.

"Oh, wow, ¡la casa llena hoy!" exclamó y el alivio de Cas fue casi palpable. Dean vio que ella llevaba una pequeña bañera y se puso de pie, moviéndose para quitarse de su camino.

"Hora del baño," le dijo Cas a Balthazar y Balthazar caminó por la puerta hacia fuera, Dean mirándolo fijamente.

"¿Quizás pueda llevarte a almorzar?" preguntó Balthazar y Dean le echó un vistazo a Cas.

Él asintió, los ojos cerrados, el cuerpo flojo mientras Tessa le ayudaba a quitarse su suéter, inclinándolo gentilmente hacia delante.

Dean suspiró, volteándose hacia el hombre Británico.

"Seguro," se encogió de hombros, siguiéndolo por el pasillo.

Caminaron en silencio hacia el elevador, pero cuando esperaron ahí, Dean pudo sentir la mirada apreciativa.

"Eres bastante bien parecido," comenzó Balthazar, "pero luces como que no has tenido una verdadera comida en días."

"Eso es porque no la he tenido," dijo Dean cortamente. "He estado aquí por casi una semana." Miró a Balthazar entre las pausas de su discurso. "No planeo irme a ninguna parte tampoco."

Balthazar no dijo nada, presionando el botón nuevamente de forma nerviosa, su mano en su bolsillo haciendo un sonido metálico con lo que parecían ser llaves.

"No te contó sobre mí entonces. Aunque cómo podría, en realidad," continuó Balthazar.

"Te mencionó en algún punto cuando estábamos juntos. Estoy suponiendo que tú eres parte de la razón por la cual vino aquí."

Entraron en el elevador, cortando su conversación. Se quedaron de pie en un incómodo silencio, Balthazar aún haciendo un sonido metálico en su bolsillo, no deteniéndose hasta que estuvieron en el piso principal. Dean inmediatamente se desvió hacia la cafetería pero Balthazar lo asió del brazo.

"No comida de hospital," dijo primorosamente, y Dean lo siguió de mala gana hacia la salida.