Capítulo 10


Probablemente menos

Hubo un golpe en la puerta y Dean saltó, sentándose derecho en la silla. No había notado que se había quedado dormido. Se quedaba despierto la mayoría de las noches, observando a Cas, esperando que quizás si lo miraba lo suficientemente duro consiguiera al menos un día más. Dean intentaba no tener sus esperanzas muy arriba. Se frotó sus ojos y miró hacia atrás, a la puerta. Tessa estaba abriéndola, su sonrisa tornándose un ceño fruncido.

"¿Te desperté?"

"Está bien," rió Dean suavemente, mirando de vuelta a Cas para asegurarse que aún estaba durmiendo. Estaba volviéndose más difícil despertarlo, y Dean no sabía cuál era la razón; quizás era porque se estaba acercando. Sacudió su cabeza, frotando su rostro con su mano; no quería pensar en ello.

"Solo vine a revisarlo," sonrió ella y se movió hacia él, revisando la intravenosa de Cas y su oxígeno. Dean se inclinó hacia atrás en su silla y observó a Cas mientras dormía, observó cuando Tessa pasaba su mano por su frente en un gesto cariñoso. Sabía que Cas significaba mucho para ella, que ambos se habían vuelto increíblemente cercanos durante su tiempo ahí.

"Hablaba de ti como te colgarías a la luna," rió ella suavemente, levantando la vista hacia Dean mientras enderezaba la manta sobre la cama de Cas, tirándola más cerca de su pecho. "Y nunca habló mal de ti. Significas tanto para él, Dean."

"Lo sé," Dean se inclinó hacia delante y pasó sus dedos sobre el dorso de la mano de Cas que se encontraba sobre la cama, sus dedos crispándose contra la manta mientras soñaba.

"Él es algo más. Tratas de sacudirlo y se pega en la parte de atrás de tu cabeza." Dean rió y sacudió su cabeza, trazando con su pulgar sobre el bulto de su muñeca, más pronunciado de lo que él recordaba. Tessa acercó su suéter alrededor de ella y se meció sobre sus talones.

"Incluso después de todo lo que ha pasado, aún hablaba sobre ti como si tú fueras su mundo."

Ella se sentó en la silla opuesta, gimiendo ligeramente, exhausta de su turno. Sonrió, alzando una mano para ajustar el tirante de la mascarilla contra la mejilla de Cas, enderezándolo y alisándolo.

"Desearía haber podido conocerlo antes de esto."

"Hubiera sido bueno para él tener una amiga como tú, así no hubiera tenido que pasar todo el día conmigo," dijo él para sí mismo, y Cas se movió en la cama, pero no despertó. "Dios sabe que yo no era mucho a veces." La voz de Dean cayó, un murmullo en la habitación, "Sabes – es tan fácil olvidar cuánto peleábamos." Dean frotó su propia frente, las piernas desparramadas en la silla, la espalda doliéndole. "Acostumbrábamos enojarnos con el otro; yo sabía exactamente qué botones presionar, y ahora parece como una pérdida de tiempo."

"Eso es parte de estar enamorado de alguien," dijo Tessa después de un momento, mirando fijamente el muro justo más allá de la cabeza de Cas. "Peleas con ellos y los hieres, pero todo el tiempo lo estás intentando." Ella miró de vuelta a Dean. "Mientras estés dispuesto a pelear por ellos, lo equilibra todo, creo yo."

Otro silencio se extendió.

"Habla un montón acerca de la playa," continuó Tessa, poniendo su oscuro cabello tras su oreja. "Creo que ese es un buen recuerdo para él. Hablaba mayoritariamente sobre eso en los días malos."

Dean frotó su rostro. La playa. Lo podía recordar tan claramente, Cas en sus botas y chaqueta, Dean en su abrigo rojo. La forma en la que las olas estallaban contra la costa y las gaviotas chillaban sobre sus cabezas; como Cas estaba tan emocionado, y Dean lo había filmado todo. La forma en la que Cas le dijo que lo amaba sobre el sonido de las olas, gritando a través de la playa, sonriendo. Recordaba como habían compartido una pequeña cama en su habitación de hotel, y como cada vez que se movían, gemía bajo ellos. Los recuerdos eran tan claros, como si solo hubiera ocurrido ayer.

"Nos divertimos," se las arregló para decir, su voz tomada por la emoción cuando habló. Su tristeza mezclada con una risa mientras recordaba, levantando sus manos para gesticular, "Él tenía un absoluto ladrillo de cámara. Esta vieja Polaroid del '65 que conseguí a un buen precio en una casa de empeño. Gasté mucho dinero en una película para ella, pero no sé qué les sucedió a las fotos."

"Estoy segura que aún las tiene," Tessa sonrió nuevamente y apartó el cabello de Cas de su rostro.

"Si," concordó Dean.

Tessa murmuró suavemente mientras acariciaba con sus dedos el cabello de Cas, el pecho de Cas traqueteando mientras respiraba, aún en un sueño profundo.

"Nunca he visto a otro ser humano amar a alguien tanto como él te ama a ti," susurró ella. "Él estaba tan seguro de que vendrías; nosotras intentábamos decirle que no tuviera expectativas pero él estaba tan seguro. 'Él vendrá. Dean mantiene sus promesas'." Ella apretó los labios. "Quería odiarte. Quería estar enojada porque lo dejaste, pero era imposible no comprar a la persona que Cas describe cuando habla sobre ti."

"Desearía que no lo hiciera," dijo Dean. "Deseo que no hubiera luchado tan duro; mira dónde lo dejó."

"Es fuerte," añadió Tessa, sus ojos suaves. "No pensamos que lo lograra tanto tiempo, sabes. Pero, creo, que él sabía que tenía que esperar por ti…"

Dean apretó los cálidos dedos de Cas. Cas había estado esperando por él. El pensamiento de ello dolía más de lo que había pensado que haría. Que Cas hubiera esperado- ¿y qué si nunca hubiera venido? Cas estaba a penas llevándolo ahora, y era todo a causa de Dean.

"No entiendo por qué tiene que ser él," dijo Dean rotamente. "¿Por qué no pude haber sido yo? Todas estas veces – cada vez y yo nunca lo mordí. ¿Por qué él? No ha lastimado a nadie. ¡No ha hecho nada para lastimar a nadie!"

"Desearía poder decírtelo," susurró Tessa. Sintió la mano de Dean salir de bajo la suya, y entonces estaba descansando contra la parte posterior de su muñeca, los dedos moviéndose perezosamente.

"¿Dean…?"

Cas lo miró a penas, y Dean se inclinó hacia delante tomando la mano de Cas y besando sus frágiles dedos. Levantó su mano y la pasó por el brazo de Cas, chocando con la intravenosa y luego de vuelta. Cas sonrió, aturdido.

"Hola, bebé," dijo Dean, "Todo está bien. Vuelve a dormir, ¿está bien?"

"Solo estábamos hablando," añadió Tessa mientras se levantaba y se inclinaba sobre la cama para sonreírle. "Pero debería estar yéndome. Tengo otros pacientes que revisar."

Cas asintió y le sonrió.

"Te veo mañana, Cas."

Tessa se fue y Cas se volteó hacia Dean, dedos delgados rozando su muñeca. Lucía como si se estuviera volviendo más delgado cada día, pero Dean intentaba ignorar el hecho. En lugar de eso, se enfocaba en la forma en la que Cas movía sus dedos sobre su piel, la forma en la que curvaba sus dedos alrededor de su mano, uñas despuntadas hundiéndose en la piel de su mano. Aún era Cas. Aún era su Cas.

"¿De qué… estaban… hablando?" La última palabra saliendo en un apuro, como si estuviera intentando sacarla lo más rápido posible.

"De ti." Dean sonrió y acarició con su pulgar a lo largo del dorso de la mano de Cas, y Cas respiró una especie de risa. "Tessa me estaba diciendo el gran bocazas que eres… como si yo ya no supiera eso."

Cas asintió y sonrió, pero no dijo nada más por un momento. Solo miró a Dean, sonriendo tímidamente tras su mascarilla, y por un momento Dean fue lanzado hacia atrás, hacia el primer momento en el que había posado sus ojos sobre él. Su cabello estaba ordenado, peinado hacia atrás y estilizado, y sus gafas estaba puestas derechas en su rostro. Su suéter estaba desabotonado y sus pantalones eran ajustados, la corbata un poco torcida por la fiesta, y la primera cosa que Dean había pensado era que debía ir y arreglarla. Inclinarse para susurrar en su oído y que Cas se inclinara hacia atrás, trayendo sus rostros más cerca.

"Te… amo," dijo Cas de repente, y Dean rió. Rió y frotó sus ojos, sin notar que había comenzado a llorar nuevamente.

"Dios, Cas," besó sus dedos, su muñeca. "Yo también te amo."

Las palabras aún se sentían tan olvidadas en su lengua. Se había ido por tantos años sin decirlas, y no pensó que sería capaz de usarlas nuevamente. Pero Cas estaba aquí, y estaba mirando a Dean como la primera vez que Dean le había dicho esas palabras a él.

"Estoy… cansado," balbuceó luego de un largo rato, apartando su mano de la de Dean para tocar gentilmente su rostro. Dean sostuvo su mano contra su mejilla, volteando su rostro para besar la palma.

"De acuerdo," aseguró Dean, observando sus ojos deslizándose hasta cerrarse. "Te veré en la mañana."

Cas asintió y dejó caer su mano, volteando su rostro de vuelta contra la almohada.

Cas cayó dormido poco tiempo después de eso, y Dean acarició su cabello antes de inclinarse hacia atrás en la silla, tratando de dormir. Fue despertado unas horas más tarde por un suave sonido.

"¿Qué pasa?" dijo, parpadeando con los ojos lagañosos. Cas lo estaba mirando fijamente, sus ojos enormes.

"…Eres tú…" suspiró.

Las cejas de Dean se fruncieron. Se sentó hacia delante, raspando la silla en la baldosa para acercarla.

"…Eres tú…" repitió Cas y Dean apartó el cabello de su rostro.

"¿Qué está mal?"

Los ojos de Cas estaban nublados y su rostro estaba confuso.

"…¿Estás en casa…?" arrastró las palabras, "Cuándo… ¿cuándo? No estaba… No estaba poniendo atención…"

Dean no entendía.

"Cas, ¿de qué estás hablando?"

Cas miró al muro más lejano, moviendo sus manos sin escuchar, sus ojos cerrándose.

"…No estaba poniendo atención…"

Volvió a quedarse dormido y Dean le observó por un largo rato, preocupado, buscando su rostro. Se frotó los ojos y se sentó derecho tanto como pudo, pero eventualmente ya no pudo pelear contra ello. Cuando se despertó la mañana siguiente; el sol estaba entrando a través de las persianas y esparciéndose a través de la cama de Cas. Cas estaba despierto, mirando hacia fuera de la ventana; cuando Dean estuvo más despierto, torciendo su tenso cuello, pudo ver que las persianas estaban levantadas a mitad de camino. Esperó un momento antes de atraer la atención de Cas, inquieto por la repentina conversación de la noche anterior. Cas se mantuvo fijo en el exterior, el cielo de un brillante azul.

Dean se preguntó qué decir.

"Buenos días," dijo, finalmente, y Cas se volteó hacia él, sonriendo débilmente. Dean se removió, sus piernas doliendo. "Y, ¿tuviste una pesadilla anoche?"

Cas ladeó su cabeza ligeramente sobre la almohada.

"¿Hmm?"

Dean miró su rostro: estaba claro que no sabía de lo que estaba hablando.

"Debe haber sido la medicina," susurró Dean para sí mismo.

Cas le miró impasible.

"¿Estás bien?" preguntó, y Cas se removió un poco.

"Oh…" suspiró, y luego volvió a mirar por la ventana.

"Deberíamos ir… a la playa… alguna vez," dijo y el rostro de Dean cayó.

"¿Qué quieres decir?"

"Deberíamos… deberíamos ir," dijo, casi ociosamente. Dean sacudió su cabeza, tocando la mano de Cas, intentando captar su atención. Los ojos de Cas estaban desenfocados y balanceándose alrededor de la habitación, rodando alrededor en su cabeza.

"Bebé, hemos ido. ¿No te acuerdas?"

Finalmente consiguió que los ojos de Cas dejaran de moverse, pero cuando aterrizaron en Dean miraban justo a través de él.

"Deberíamos ir… eso es lo que… dije…" su discurso era ligeramente pastoso, y Dean extendió una mano hacia el botón de llamada.


Esperó afuera mientras el Doctor Éter, o así era como lo llamaba Tessa, administraba las pruebas, Tessa con él. El Dr. Éter salió primero, su bata alteando a su alrededor. No se detuvo a decirle nada a Dean, pero Tessa salió un momento después, su rostro preocupado.

"¿Qué sucede con él?" preguntó Dean, y Tessa puso sus manos en los bolsillos de su largo suéter gris de brezo.

"Él está… no lo sabemos realmente," fue todo lo que pudo decir. "Lo siento Dean, realmente no puedo explicarlo ahora, tengo rondas." Ella trotó pasillo abajo, y Dean quedó solo.

Cuando echó una mirada dentro de la puerta de Cas, él estaba mirando por la ventana de nuevo y Dean retrocedió, siguiendo donde el Dr. Éter había ido. Cuando no lo encontró en ningún lugar del piso, fue hasta la primera planta. Necesitaba comida, se dio cuenta de repente. Nunca recordaba comer estos días. Cas bromeaba con que se volvería tan delgado como él lo había hecho, aunque Dean nunca encontraba esas bromas especialmente divertidas.

Dean ubicó al hombre sentado en una de las tantas mesas de la cafetería; estaba hurgando en alguna especie de pasta, pero más que nada bebiendo calculados sorbos de un humeante café. Era un hombre de aspecto estirado, con pesadas bolsas bajo los ojos y delgadas, precisas manos. Aunque Dean solo lo había visto desde atrás con anterioridad, sabía que él era la persona con la que necesitaba hablar.

No desperdició más tiempo después de eso, navegando por la concurrida sala lo mejor que pudo hasta que estuvo finalmente mirando con atención al doctor desde la silla frente a él. El doctor mordió su dispuesto palito de pan, pero no se molestó en mirar a Dean. Desde esta cercanía, Dean vio que además del plato había una especie de archivo, la carpeta de manila plegada, y las blancas y ordenadas pilas de papel puestas en la parte superior, adjuntas a la cubierta interior.

Pasó una página e hizo un gesto con su mano libre hacia la silla vacía.

"No te asomes. Siéntate."

El sonido del mobiliario raspando el suelo de baldosas fue ahogado por el zumbido de los ocupantes; enfermeras, pacientes, pero más que nada los amigos y familiares desplazados de dichos pacientes – y por supuesto, el doctor frente a él.

Dean le echó un vistazo a su bata y vio la etiqueta impresa con su nombre adherida justo sobre el bolsillo de su bata blanca de doctor. Dr. Éter. Estaba en lo correcto.

"Tengo algunas preguntas para usted," comenzó Dean, levantando la vista de las palabras hasta el rostro duro del hombre. Su estructura ósea era alarmante, y su cabello negro hacía su pálida piel incluso más blanca. Dean se preguntó cómo es que no era confundido con un funerario, no un hombre que salvaba vidas.

"¿Qué te hace pensar que las contestaré?" el hombre arrastró las palabras, y luego se detuvo hojeando los papeles y miró a Dean directamente al rostro. "Aunque, admito, es encantador cuán atrevido eres."

"Usted es el doctor de Cas, y tengo algunas preguntas al respecto."

El rostro del Dr. Éter se apagó considerablemente mientras ladeaba su cabeza en reconocimiento del nombre.

"Ah, así que tú eres Dean."

Dean se inclinó hacia delante en la silla, sus manos juntas frente a él.

"¿Y qué si lo soy?"

"El hermano de mi paciente me advirtió que quizás harías una aparición en algún punto." Le dio a Dean una mirada y sonrió de medio lado. "También mencionó que quizás estarías preocupado."

"Oh, estoy un poco más que preocupado," gruñó Dean, apretando los puños. El Dr. Éter tomó otro pequeño, calculado, mordisco de su barra de pan y pasta y limpió su boca gentilmente con la servilleta de papel del dispensador a un lado de él.

"Te has ganado mi atención, así que pregunta."

Dean observó al Dr. Éter tomar un sorbo de agua de un vaso sobre la bandeja en frente de él y sintió su boca volverse más seca que antes.

"¿Por qué no está mejorando? Veo gente constantemente ahí, pero él no ha cambiado en una semana."

El Dr. Éter tomó un respiro y miró inexpresivamente su pasta y la formica de la parte superior de la mesa, como si no supiera exactamente por dónde empezar. Dean pudo sentir ya un bulto formándose en su garganta que estaba volviéndose imposible de tragar.

"¿Tienes algún conocimiento de qué hace tu sistema inmune?" comenzó el mayor, acariciando el borde de una de sus uñas.

"Te protege – de las infecciones."

El Dr. Éter sonrió sombríamente y encontró los ojos aterrados de Dean.

"Precisamente. Protege al cuerpo de las infecciones."

Tomó otro sorbo de su agua y limpió la condensación en sus pantalones.

"Castiel Novak no tiene ningún sistema inmunológico," dijo calmadamente. Las cejas de Dean bajaron casi automáticamente.

"¿Qué quiere decir con que no tiene ningún sistema inmunológico?"

Desmond Éter miró el techo, cerró sus ojos y luego tocó un punto en los papeles en la carpeta de manila. Dean se dio cuenta con horror que los papeles eran de Cas, que los números y las figuras, las notas escritas como garabatos y subrayadas en rojo. Eran todas de él.

"Su conteo de células T es prácticamente inexistente." El Dr. Éter sacudió su cabeza de un lado a otro, su expresión perpleja. "La verdad, nunca hemos visto nada como esto – su cuerpo está más allá de comprometido. Chicos han estado viniendo con ello alrededor del pasado mes, y casi todos ellos son como tú. En la mitad de sus treinta, homosexuales." Apuntó nuevamente con su dedo. "Mis colegas y yo estamos bastante perturbados por ello, y el número sigue creciendo. Han tenido que llamar al centro de enfermedades contagiosas. Hemos tenido a un agente mirando el caso del señor Novak por casi su estadía completa. Él es solo uno en un hilo de las extrañas ocurrencias que hemos tenido."

Dean trató de entender exactamente lo que se le estaba diciendo. Sabía que Cas tenía neumonía, y por la información que había extraído, era una rara cepa. Pero eso debería haber sido tratable. Cas era joven, siempre había sido saludable.

"¿Entonces qué va a hacer?" espetó Dean, observando al doctor empujar su pasta alrededor sin intención de comer más. Su tenedor se pausó, las puntas pinchando un trozo de verdura, y casi parecía lucir sorprendido ante la pregunta de Dean.

"¿Hacer?" respondió calmadamente, estrechando los ojos hacia Dean. "¿Qué voy a hacer?"

"¡Para ayudarlo!" dijo Dean furiosamente, sentándose hacia delante. "¡Para ayudarlo a combatir esto!"

Los ojos del Dr. Éter se entrecerraron más, esta vez con lástima.

"Me disculpo por no hacerme lo suficientemente claro – no hay nada por hacer. Pensé que eso sería obvio cuando te dije que no hay nada para proteger a Castiel Novak de nada que tuviera la oportunidad de entrar en su cuerpo. Estos chicos están muriendo. No puedo atenderlos. Simplemente los estoy transportando a través de lo inevitable."

Las palabras parecían confusas y extrañas para Dean, como si las estuviera oyendo – y supiera que eran palabras, pero no podía entender bien lo que significaban.

"…Q-Qué quiere decir…" intentó, sacudiendo su cabeza. "…Tiene que haber algo – usted es un doctor," Añadió desesperadamente, su ira aumentando. "Joder, no me diga que no puede hacer nada, ¡eso es pura mierda!" Azotó su puño en la mesa, Haciendo traquetear la cuchillería y el dispensador de servilletas. El agua se derramó de manera desigual desde el cristal y cayó sobre la bandeja. El Dr. Éter no dijo nada por un largo tiempo mientras las miradas fijas de la gente gradualmente se ocupaban en otra parte.

"No puedo darle un nuevo sistema inmune," dijo el Dr. Éter calmadamente. "Ni siquiera puedo ayudarle a que desarrolle uno nuevo." El doctor se tomó un momento, quizás para internalizar. "No hay nada que pueda hacer por él. Hemos tratado de manejar sus síntomas, pero en este punto eso no importa. ¿Comprendes eso?"

"Por favor," susurró Dean. "Por favor, si es por el dinero, si se trata de cualquier cosa."

Dean se detuvo cuando una mano tocó la suya. No se había dado cuenta de que se estaba moviendo hacia delante y que había alzado una mano. Ahora se estaba aferrando sin esperanzas a la manga del hombre. Sintió como ya se estaba deslizando sobre sus rodillas para rogar.

"Hijo," el rostro del Dr. Éter era severo. "Tienes que entender que él está siendo comido vivo desde dentro hacia fuera. No podría comprarle una hora si quisiera, incluso si no fuera por el dinero."

"¿Entonces solo va a dejar que se pudra?" gritó Dean. "Va a dejarlo sentado ahí, ¡¿y consumirse?!"

El doctor sintió la mano de Dean hundirse en su antebrazo. Estrechó la mirada.

"Estamos haciendo todo lo que podemos para hacer cómoda su transición."

Dean apartó la mirada, a la ocupada fila de la cafetería. Su agarre se soltó y acercó sus manos para dejarlas caer indiferentemente sobre su regazo. Su cerebro se sentía demasiado blando en su cráneo.

"Transición," susurró, su voz quedándose atascada. Todas esas veces que Tessa vino a revisarlo, solo estaba ayudándolo… ¿a morir? Adormeciéndolo para que así no doliera tanto – porque iban a perderlo.

Vamos a perderlo.

Era como una pesadilla. Los malos sueños que tendría en el extranjero. Solo tenía que despertar, y todo habría terminado. Todo. Se despertaría y estaría en la cama en el apartamento, y Cas estaría justo junto a él, una pierna encima, la otra abajo. Lo besaría y luego volvería a dormir, lo único para demostrar su trauma un ligero sudor y una sacudida de su cabeza para despejarlo.

"Estamos a días, en este momento. Los paros cardíacos y respiratorios son repentinos. Su corazón podría detenerse en cualquier momento."

Dean intentó tragar, pero el bulto no bajaría.

"Si estamos hablando estrictamente en términos de neumonía, la falta de oxígeno ha puesto a su corazón en un engranaje irrazonable. Está haciendo el doble de trabajo con la mitad de los resultados. Va a fallarle. Eso es, si el fluido no lo ahoga."

Hubo un momento de silencio antes de que el doctor continuara, su voz lenta y espesa, como melaza goteando a través de los oídos de Dean.

"Antes de eso quizás lo perdamos todo. Su cuerpo se está apagando mientras hablamos – riñones; hígado; intestinos. Todo se está cerrando."

Dean mantuvo apartada la vista, así el doctor no lo vería morderse el interior de la mejilla tan fuerte que temía que fuera a traspasarla.

"Lo único que puedo darle es a ti."

Dean volvió su cabeza bruscamente de vuelta hacia el doctor. Él estaba mirando por las ventanas sobre el hombro de Dean, sus manos enfundadas una sobre la otra. Asintió para sí mismo.

"Era tan desesperanzador," murmuró, "pero cuando tú llegaste vimos pequeñas mejoras. Cosas menores. Cosas superficiales, pero aún así, le damos la bienvenida a cualquier resultado positivo. He sido doctor por un largo tiempo, Dean, así que no sé por qué me sigue sorprendiendo lo que el amor le hace a las personas."

Dean se sonrojó.

"No sé qué está-" comenzó severamente, pero la sonrisa compasiva del doctor lo encontró nuevamente.

"No hay razón para mentir," su voz era baja, "No hace ninguna diferencia para mí. De hecho, estoy agradecido. Los moribundos necesitan una razón para despertar por las mañanas, o de otra manera no lo harían."

El corazón de Dean estaba latiendo muy rápido en su pecho. Se sintió mareado, extraño. Como si no estuviera realmente en su cuerpo, sino flotando justo sobre él, observando mientras todas las cosas horribles seguían siendo dichas.

"¿Entonces me dejará quedarme con él?"

El Dr. Éter suspiró.

"Si pudiera prescribir tal cosa, lo haría, y si alguien tiene un problema con ello pueden venir a verme. Ustedes… compañeros… o lo que sea, son cruciales para la investigación. Puedes darnos detalles acerca de lo que Cas hizo antes, cuáles eran sus hábitos. Cualquier cosa que pueda darnos algún tipo de apoyo."

Dean apartó la mirada nuevamente.

"Pero, si te quedas, tendrás que saber lo que vas a enfrentar."

Dean asintió inexpresivamente.

"Nos hemos planificado para lo peor, Dean. Él perderá su visión. Su capacidad de hablar. Todo eso. Lo que has visto es solo la punta del iceberg. Su cerebro es justo como cualquier otro órgano y es simplemente tan vulnerable hacia lo que sea que esté nadando alrededor de él. Incluso si está consciente hasta el final, la comunicación será difícil. Lo aterrará; su enfermedad causa ansiedad debido a la alteración de la respiración."

Dean cerró sus ojos y luego los abrió de nuevo, cansadamente. No tenía la energía para sentir nada. Quería volver a la habitación.

"¿Así que su memoria?"

"Lo has visto por ti mismo."

Quería ir a ver a Cas, porque estaba vivo, y necesitaba mirarlo.

No sabía si Cas lo sabía o no.

"Solo dígame qué hacer," suspiró, "y lo haré."

El Dr. Éter tomó un hondo respiro y lo dejó salir lentamente.

"Habla con Tessa. Ella te dirá todo. Me temo que necesito volver a trabajar."

Justo así, la conversación terminó y el Dr. Éter cerró la portada del archivo y lo deslizó bajo su brazo. No hubo despedida, ningún intercambio real. Dean sabía que era porque sería redundante. No había nada más para ser dicho.

El Dr. Éter se levantó y se fue, y Dean se mantuvo mirando la fila de personas. Después de unos pocos minutos se puso de pie temblorosamente y fue y compró una naranja y la llevó de vuelta a la habitación de Cas. Se paró en la puerta cuando llegó ahí, vio a Tessa liándose con la sonda intravenosa; Cas abrió sus ojos y le sonrió bajo su máscara de oxígeno.

"Te fuiste por un rato," dijo Tessa con una sonrisa, habiendo regresado, expresando en voz alta lo que el rostro de Cas solo podía mostrar. Ella estaba mirando por sobre su trabajo, estudiando a Dean. Dean se encogió de hombros débilmente y fue a la silla a un lado de la cama. Cas buscó su mano automáticamente y acarició sus dedos, mirando la naranja. No quería verla poniendo más morfina en la bolsa.

"¿Quieres un poco?" preguntó Dean y Cas sonrió. Dean lamió sus labios y se dispuso a pelarla, sacando su cuchillo de su bolsillo para comenzar. Cas observó sus manos todo el tiempo, aún sonriendo.

"¿La naranja es tu favorita, Cas?" preguntó Tessa y Dean se rompió un poco ante eso. Oyó el susurro de Cas sacudiendo su cabeza sobre la almohada.

"Arándanos," respondió Dean. "Los come por toneladas." Los comía, corrigió su mente. Sus dedos casi se deslizaron mientras estaba apartando el cuchillo.

"No… están… en temporada," dijo Cas lentamente, apartando su mascarilla hacia un lado antes de que no pudiera mantener su mano arriba por más tiempo. Sonrió tímidamente y Tessa palmeó su hombro, riendo.

"Bueno, quizás yo pueda reunir algunos para ti."

Dean no respondió, solo continuó pelando la naranja, arrojando las cáscaras sobre la mesa a un lado. Oyó la puerta cerrarse cuando Tessa se fue y encontró que su mano ya no estaba moviéndose.

"…Shh," oyó decir a Cas y sonaba como si estuviera al otro lado de la habitación. "Dean…"

"Lo siento," sollozó Dean. "Lo siento, mierda – no quise hacer esto."

Apartó la naranja, seccionándola, pero no podía ver lo que estaba haciendo.

"Mierda."

"Dean."

"Lo siento."

Se quedó mirando la naranja, y había jugo sobre toda su mano. Se rió, patéticamente, y la lanzó junto con las cáscaras, limpiando sus palmas en sus jeans, y mientras estaba haciendo eso su cuerpo se dobló hacia delante sobre sus rodillas; simplemente ya no podía sostenerse.

"¡Lo arruiné, lo siento!" Sollozó contra sus dedos pegajosos. Olían dulce.

"Está bien," dijo Cas calmadamente. "No te… preocupes por eso."

"¡No me digas que no me preocupe por eso!" lloró Dean. "Yo solo– estoy realmente triste, ¿de acuerdo? Estoy realmente… Estoy realmente triste."

"¿Dean?"

Dean esnifó y alzó su cabeza, hipando ligeramente.

"Quiero… Quiero decirte," dijo Cas, sus palabras lentas y meditadas. "Quiero decirte… por qué quería que… vinieras… y me vieras."

Cas sostuvo su mirada y ubicó ambas manos sobre las de Dean.

"Tienes… Tienes que parar," continuó, su voz baja y grave y débil, "…tienes que dejar… de culparte."

"Ya hemos hablado de esto, Cas," murmuró.

"Bueno… escucha."

Levantó la mirada hacia Dean desde sus almohadas, su suéter todo fruncido alrededor de su cuello, su camisa arrugada. Su rostro estaba amarillo bajo la luz de la lámpara del lado y Dean sabía qué estaba intentando decir.

"Tienes… tienes… que prometerme," acalló a Dean, "…mírame…"

Dean, cuyos ojos se habían apartado, devolvió la mirada.

"…No te escondas más. No corras más… quiero que seas feliz… quiero… quiero que seas feliz sin mí."

Dean lo intentaba. Realmente lo hacía.

"No me pidas eso," gimió. "No me pidas que haga eso."

"Dean," dijo Cas, severamente, forzándolo a seguir mirándolo a los ojos. "…Dean, estoy muriendo… y… yo…" sacudió su cabeza sobre la almohada, sus ojos cerrándose, pero no lloró. Era como si se rehusara a hacerlo. "…No quiero. No… pero tú… no estás muriendo… no estás… tú no estás muerto… así que deja de actuar como si lo estuvieras."

"¿Cómo se supone que sea feliz sin ti?" dijo Dean con voz rasposa. "¿Cómo hago eso? Tú eres todo. Siempre has sido todo."

"Tienes… que tratar," respondió Cas. "Tienes… que tratar… o nada de… esto… lo valdrá."

"Yo no lo valgo – nada de eso lo valía," interrumpió Dean. "Mira lo que te hice. Mira dónde nos llevó."

"No lo hagas- ¡Nunca!" dijo Cas furiosamente, pasmando a Dean. Sus ojos estaban claros y furiosos, tan coherentes como lo habían estado en días. "Nunca te disculpes por… nosotros."

Tuvo que pausarse para recuperar nuevamente el aliento, y sus ojos se suavizaron.

"No… no te disculpes por… quienes fuimos."

Dean sacudió su cabeza y Cas trajo su mano a su rostro.

"Me hiciste… tan feliz, Dean," suspiró. "Hicimos lo mejor… le dimos… nuestro mejor esfuerzo… y fue… realmente hermoso."

Dean asintió, no completamente convencido, pero entendía lo que Cas estaba diciendo. Solo deseaba que alguien se lo explicara a su corazón.