Hace 23 años
Londres 1983
—No hablaré de mi vida si no me muestras la tuya—dijo ella sabiamente, el lobo curvó sus labios tentándola.
—Soy todo lo que soy.
—'Todo' es demasiado complejo, creo que eres un poco menos.
—Eres demasiado complicada para ser tan joven—estalló con una carcajada.
…
La noche que Sir Arthur Weasley celebraba su trigésimo tercer cumpleaños fue todo un acontecimiento. Inglaterra se revolucionó e invitados de todos los rincones, de la nobleza y del gobierno asistieron al gran evento que se celebraba en su hermosa mansión en Lancaster. El Duque, como rezaba su título de noble, acababa de lograr que se firmara un importante tratado de comercio con China cuyo fin era solucionar el problema económico que enfrentaba Gran Bretaña, y la celebración para ello coincidió afortunadamente con su natalicio.
Arthur Weasley provenía de una cuna humilde y nunca ostentó lujos ni siquiera cuando fue capaz de poseerlos. Nunca estuvo cerca de un titulo de nobleza, no obstante sí conocía a una familia que lo había poseído: Los Diggori.
El Duque original de Lancaster, Amos Diggori, falleció la noche de un diez de julio hacía ya seis años producto de un atentado en Versalles. Ambos habían sido grandes amigos y por supuesto que Sir Arthur lloró su muerte hasta el último momento sin vergüenza. Sin embargo la reina Isabel al verse en la obligación de llenar el vacío legal que dejaba su muerte en la nación, le otorgó el título al único hombre que aparecía en el testamento del Duque. Así fue como Arthur Weasley, quien en esos momentos acababa de recibirse como cientista político, pasó a ser el nuevo Duque de Lancaster. Y para sorpresa de toda una nación, el hombre de quien nadie esperaba nada, se convirtió en uno de los nobles más queridos y respetados por su nación.
La humildad fue lo que atrajo a tanta gente al evento. La humildad y solidaridad de una familia que llevaba a la cabeza el rostro de un hombre cuyos méritos se resumían a sonrisas amables y palabras de aliento. Un padre de familia a quien no le avergonzaba mostrar su gran cantidad de herederos y mucho menos bailar con ellos en la pista.
Todos sus hijos eran pelirrojos, como él y su mujer, seis hombres y una bebita que correteaba por los rincones perseguida por su madre.
Eso era lo que llamaba la atención, y eso era justamente lo que convertía al Duque de Lancaster en una persona tan preciada. Él valoraba a la familia y a los amigos, era simplemente un hombre a quien la vida le había dado un golpe de suerte.
En esos momentos la banda tocaba un hermoso vals. Sir Arthur y su mujer, la duquesa a quienes todos ser referían como Lady Molly, bailaban al centro de la pista rodeados por sus invitados. Los cinco hijos mayores se encontraban observando a sus padres desde un estrado decorado con tronos de terciopelo. Atrás, un estandarte con el escudo de la familia cruzado por el símbolo de la realeza británica decoraba la pared. Cinco varones permanecían sentados en cada uno de los tronos. El mayor, un jovencito de trece años se mantenía al centro mientras que los otros se asentaban hacia los costados. A su izquierda estaba un muchachito larguirucho y desgarbado que lo superaba en altura, mientras que a la derecha se situaba un jovencito presuntuoso y con lentes que a cada instante era acosado por las burlas de dos chicos idénticos. Ambos, los gemelos, eran delgados, de nariz larga y sonrisa contagiosa, más de una vez le provocaron a Sir Arthur alguna vergüenza pública.
No obstante, los únicos que no podían disfrutar de la comodidad de un trono eran los más pequeños: un niñito rechoncho y pecoso de nariz tan larga como la de sus hermanos, y la única niña que en esos momentos dormía apacible en los brazos de la elegante Dama Macgonagall.
El vals terminó y el hijo mayor se acercó a su madre para sacarla a bailar. La mujer le sonrió complacida mientras la Dama le entregaba la niña al Duque recibiéndola gustoso en sus brazos.
Los flashes de las cámaras captaron cada movimiento y sonrisa, todo era esplendor y regocijo. Un par de invitados de la socialité inglesa bebían Brandi cada vez que un camarero cruzaba la estancia con una bandeja; y las mujeres, todas elegantemente ataviadas con sus sombreros, cuchicheaban sobre lo guapo que esa noche se presentaba el Duque. Era de conocimiento público que un grupo había asistido sólo para hacer acto de presencia, sin embargo, había otros invitados que realmente estaban ahí para hacerle compañía.
A excepción de uno.
Repentinamente una fría ventisca atravesó la pista de baile y los invitados se echaron hacia atrás producto de la sorpresa. Frente a la puerta abierta de roble macizo había un individuo alto, joven y vestido de negro, que contrastaba contra la gélida imagen que se proyectaba del exterior.
La música se detuvo de súbito, las mujeres de inmediato comenzaron a cuchichear, las risitas se disiparon entre las más jóvenes, y otros blasfemaron ante tal falta de respeto por entrar sin avisar. El recién llegado era un muchacho alto, de espalda ancha y brazos largos, y cuyo traje negro resaltaba sus maravillosos y brillantes ojos azules. Parecía un fantasma sacado de esos poemas donde la muerte era representada por un hombre hermoso. Su piel era blanca y su cabello tan negro como la noche. Sir Arthur lo contempló con furia y respeto, le susurró a Minerva algo al oído y ésta cuidadosamente recibió a la niña que aún seguía dormida.
El individuo se detuvo frente al Duque y echando hacia atrás su capa de terciopelo negro hizo una exagerada reverencia en son de burla.
—¿Qué haces aquí? Sabes que no eres bienvenido—le espetó. El joven sonrió dejando ver una línea de perfectos dientes blancos, algunas muchachitas suspiraron.
—Creí considerado de mi parte traerle un regalo a quien fuera mi jefe por tanto tiempo—contestó con la voz fría y con una amabilidad desbordante en lo absurdo.
—No me interesan regalos de un traidor—espetó Sir Arthur con paciencia dejando entrever su importancia elevando el mentón.
La sonrisa encantadora del joven no se hizo esperar. Sin embargo sus ojos destellaban una luz que acusaba peligro. Lady Molly se acercó a su marido y lo tomó por el brazo en señal de apoyo.
—Vete de aquí Tom, no queremos problemas—le pidió la dama cortésmente. Pero él sólo inclinó la cabeza viéndola con burla.
—Mi Lady, yo sólo quiero hacer entrega de mi obsequio.
—Llamaré a los guardias—interrumpió un hombre a espaldas del Duque que tenía la piel ceniza y unas marcadas ojeras marrón.
—Veamos qué es lo que tiene que decir, Remus—dijo el otro mirando al joven con desprecio—pero luego te marchas—amenazó.
El joven agrandó su sonrisa pero esta vez no tenía nada de encantadora, era diabólica y siniestra.
—Ahora que tengo su permiso señor—dijo con un tono cargado de burla— le hago entrega de mi más preciado obsequio que espero disfrute en familia.
Y ante la sorpresa de todos los presentes un grupo de soldados armados del Scotland Yard entraron por diferentes alas de la mansión. Todos cargaban con una mueca de odio y rodearon al Duque y a su esposa.
—Arthur Weasley, ha sido acusado de alta traición por el asesinato del Duque legítimo de Lancaster Sir Amos Diggori —acusó el que estaba más cerca.
El Duque abrió los ojos sin poder creerlo mientras el muchacho sonreía con la maldad cargada en sus labios. Las mujeres gritaron, los hombres fueron apartados, y al pobre Sir Arthur lo maniataron por la espalda dejándolo de rodillas en el suelo.
—Te dije que si me sacabas de tu vida no te quedaría mucho tiempo, ni a ti, ni a tu mugrosa familia—masculló Tom muy bajito, casi chocando su nariz con la del Duque.
—¿De qué rayos estás hablando Riddle? ¡James, libérame en este instante! ¡Es una orden! —Gritó al capitán del Scotland Yard, pero éste simplemente no le hacía caso—¡Potter! — exclamó, pero sus pupilas estaban totalmente dilatadas bordeadas de una fina línea roja.
—Te dije que no te metieras conmigo—le susurró el joven con odio— tenías un muy buen aliado de tu parte, no te convenía alejarme de los negocios con China, un poco de radiación no le hacían daño a nadie—gruñó agarrándolo con fuerza por el hombro. El Duque intentó balbucear algo pero Potter ya lo había puesto de pie de manera brusca haciéndole crujir los huesos de la espalda.
—¿Quién eres? —logró preguntar en un jadeo. La sonrisa del muchacho se agrandó más de lo posible y un frío glacial recorrió su espalda al ver como se le deformaban las facciones en algo que sólo había visto en películas de horror.
—Tu peor pesadilla—siseo como serpiente antes de cubrirse la cabeza con la capucha y desaparecer cuál fantasma ante sus propios ojos.
Enero 1984
Durante el año en el que se llevó a cabo el juicio, el Duque se sumió en la locura soñando con serpientes y hombres con rostro de reptil.
Sólo él, su mujer y cinco de sus hijos cayeron en prisión domiciliaria luego de que lograran sacar a escondidas del país a los más pequeños gracias a Sir Remus Lupin y la Dama Mcgonagal.
Ni siquiera un par de brutales torturas —de las que el mundo jamás se enteró—, le hicieron hablar sobre el paradero de sus dos hijos, aunque él tampoco sabía dónde se encontraban.
La mañana del diez de Enero de ese año el veredicto fue dado a conocer. La gente protestaba contra el Duque y exigía su exilio, o peor, su muerte, y en pleno siglo veinte. La familia jamás comprendió qué le había sucedido a la gente "parecen embrujados" había dicho su hijo mayor Bill con desesperación. Y Arthur no tuvo otra opción que darle la razón.
Sin embargo el deseo de muchos fue escuchado, y aunque la pena de muerte había sido abolida hace años, misteriosamente para ellos se hizo una excepción: el Duque y su familia fueron condenados finalmente a la pena capital.
El veinte de Enero de 1984 el Duque de Lancaster Arthur Weasley, su esposa y sus cinco hijos varones fueron víctimas de la inyección letal.
No obstante así como sucedieron los hechos fue como también de un momento a otro los cargos contra el Duque fueron retirados. El pueblo lloró sin comprender lo que había sucedido y eximió al hombre y a su familia de toda culpa honrándolo con una estatua en el centro de Lancaster.
Diez años después al sur Rumania, Remus Lupin, tutor legal de Ronald Weasley de doce años, reveló la identidad del muchacho y la realeza lo reconoció como el heredero legitimo del Duque.
El quince de Octubre del año dos mil el joven ya con dieciocho años tomó acción legal como el Duque oficial de Lancaster, y junto a la ayuda de su tutor inició las investigaciones para hallar al sujeto que envió a su familia a la tumba, y también a su hermana perdida.
Notas:
Esta es la información que necesitan saber para comprender lo que continuará en el futuro. Como ven, hay mucha similitud con la historia de los Romanov, pero es sólo el contexto, porque la historia en sí tiene mucho más de mi propia cosecha.
En cuanto a la parte "mágica", bueno, Rasputín en la película tenía un pacto siniestro con el cola larga, así que Tom Riddle calza a la perfección en todo este lío.
Gracias a quienes se dieron el tiempo de leer el prefacio.
Anya.-
