Quiero agradecer a todos quien están leyendo esta historia.
Les cuento que los capítulos los tengo avanzados hasta el 10 (esa es la razón por la que actualizo rápido), pero eso no significa que sea seguido. Daré un tiempo necesario entre un capítulo y otro para que puedan leer este fic con calma.
También quiero mencionar que aunque me esté basando en la historia de Anastasia no será igual. Sólo estoy tomando algunos detalles, lo demás es completamente de mi invensión.
Capítulo I
Los Socios
Paris 2006
—Ya he probado la carne fresca y suave de jovencitas antes—susurró suavemente, ella sonrió ladeando la cabeza.
—Eso demuestra lo poco inteligente que eres.
—La carne es sabrosa.
—Pero hay cosas más placenteras que la carne.
…
Harry estaba sentado en una coqueta mesita para café mientras ocultaba sus ojos dormidos detrás de unos lentes oscuros. Apenas podía sostener la mirada sobre el titular del diario que estaba leyendo. Tenía la cabeza apoyada en una mano y ni siquiera se preocupó por alguien que removía una de las sillitas para sentarse. El aroma a café impregnó sus sentidos y lentamente se enderezó.
—¿Mala noche? —bromeó su acompañante, Harry arrugó la nariz mientras vertía casi todo el frasco de azúcar en la pequeña tacita de café.
—Nunca más vuelvo a beber absenta*—dijo soñoliento, se llevó la tacita a la boca y de inmediato escupió lo bebido—, ¿pero qué porquería es ésta? ¡Está dulce!
—Serás idiota—dijo el otro con calma limpiando su chaqueta de los escupitajos de Harry—, le vertiste casi todo el azucarero.
—No hice eso, tendría que ser idiota.
—¿Y qué fue lo que dije? —respondió el otro con una risita, Harry le dio un fuerte golpe en el brazo y luego bostezó.
—¡Qué noche, Dios mío! Ni siquiera recuerdo cómo fui a parar a la ducha.
Su compañero apretó los labios para no reír. Cuando Harry estaba en esos estados deplorables después de que su orgullo varonil fuese pisoteado no había forma de levantarle el ánimo.
—¿Al menos recuerdas la cara de la chiquilla que tan amablemente me dio los buenos días cuando abrí la puerta de la habitación?
Harry se maldijo mentalmente. ¿Cómo había llegado esa chica al hotel? Su cabeza latió como un bulbo y la aferró con ambas manos, recordar le dolía, no en el alma, sino que en cada uno de sus músculos.
—No la recuerdas—afirmó el otro haciendo un gesto que delataba que ya lo sabía.
—¿Cómo voy a recordarla? —refunfuñó Harry pasándose una mano por el pelo— si apenas recuerdo cómo yo terminé en esas condiciones.
—Tengo una teoría—expuso el otro levantando el dedo índice cómicamente—: la francesita se deshizo de ti, y tú para desquitarte no conseguiste nada mejor que abrir el frigo bar, beberte hasta el agua del caño y de paso contratar a alguien que te hiciera el favorcito para olvidarte de ella —finalizó sorbiendo su café con elegancia. Una mujer que pasaba por ahí desvió su mirada un segundo hacia la mesa y éste le cerró un ojo.
—¡Basta Sirius! —se quejó Harry frunciendo el ceño tras sus lentes oscuros— No sólo me basta con que me sermonees si no que además debo aguantar tu desfachatez con mujeres que podrían tener la edad de mi madre. ¡Oh Dios, quiero una cama y morir ahí! —masculló hundiendo la cabeza bajo sus brazos.
Sirius arqueó una ceja.
—Menos mal que lo único que tengo que aguantar de ti son sólo risitas coquetas y ramos de flores—ironizó rodando los ojos— Y no. No vas a dormir. Como castigo me acompañarás al Barrio Latino, hay un tipo con el que debo conversar.
—¡Pero eso queda lejos! —se quejó Harry recostándose en el respaldo de la silla— ¿no prefieres que te espere en el hotel?
Sirius sonrió.
—No—zanjó disfrutando la situación—, te quiero ahí por si necesito refuerzos.
Harry inclinó la cabeza y los lentes le resbalaron por la nariz, su mirada escéptica fulminó a Sirius quién simplemente se hizo el desentendido.
—¿Negocios turbios de nuevo, Black?
Sirius negó con la cabeza volviendo a tomar su café.
—No, sólo es por precaución, con Draco nunca se sabe.
—¿Draco? —repitió Harry frunciendo los labios. Se reacomodó los lentes y bostezó sonoramente estirando los brazos— ese es nuevo.
Sirius levantó los hombros dejando la taza en el plato.
—Tú haces tus citas, yo las mías—dijo con misterio, Harry sonrió.
—La diferencia es que las mías son con chicas.
Sirius le dio un zape en la cabeza y los lentes cayeron sobre la mesa. Harry se sobó mientras el hombre terminaba su taza de café de un solo trago y se ponía de pie para ponerse su chaqueta. Se estiró los pliegues con las manos, se peinó la barba y sacó un cigarrillo de una cajita de metal.
—Por la forma en la que te arreglas pareciera que te fueras a citar con alguna de esas viejas demacradas— dijo viéndolo a contraluz y con los ojos a medio cerrar.
—Más respeto muchacho, no seré tu padre pero soy tu padrino y merezco el mismo trato—espetó el otro ajustándose la solapa con el cigarro aún en la boca.
—¿Realmente necesitas hacer otro negocio? —preguntó cansado—. Después del golpe que dimos tenemos de sobra para vivir con tranquilidad un año si queremos.
Sirius pareció incómodo e hizo una mueca que Harry no logró descifrar.
—Tengo un buen presentimiento—dijo. Harry podría haber estado con el hacha tatuada en la cabeza pero estaba lo suficientemente despierto como para darse cuenta que su padrino no estaba del todo seguro con lo que estaba a punto de hacer.
—Te acompañaré solamente porque quiero despejar mi cabeza —aceptó, aunque en verdad lo haría para cuidar que no metiera la pata hasta el fondo.
...
Durante el trayecto —que Sirius hizo a pie adrede— Harry tuvo tiempo de despertarse. Más de una vez se quejó como crío cuando pasaron por el lado alguna entrada del metro subterráneo. Sus ojos apenas soportaban la luz a pesar de los lentes oscuros y como era pasado medio día el calor se estaba volviendo sofocante. Apenas llevaba unos bermudas gastados, una camisa descuidada fuera de la pretina y las sandalias le estaban causando un dolor de pies que le sacaban callos morados.
—La próxima vez me hago el muerto—masculló cuando atravesaban el puente que unía un extremo de la calle con el inicio de su destino.
Sirius por su puesto no se dignó en dirigirle la palabra, aunque Harry por un lado agradeció el gesto. Sin embargo su padrino andaba más nervioso de lo usual, y si no era debido a la policía que andaba cerca entonces tenía que ser por el encuentro programado.
—¿Cómo me dijiste que se llamaba? —preguntó curioso, Sirius sacudió la cabeza, como si estuviera metido en sus propios pensamientos.
—¿Quién? —preguntó descuidadamente, Harry resopló.
—¿Cómo que quién? ¡El tipo con el que te vas a encontrar!
Sirius lo chistó.
—Eso, grítalo para que te escuchen hasta los pinguïnos—bufó, y lo agarro por el brazo—Draco—masculló.
—Eso ya lo sé, ¿pero el apellido?
Sirius se tensó.
—Eso da lo mismo.
—¿Cómo que d…?
—¡No importa! —se enfureció— El idiota tiene dinero y eso es bueno, ahora déjate de hacer preguntas o no tendré ningún inconveniente con arrojarte al río.
Harry miró hacia un costado donde el Sena se abría ante sus ojos con pequeños cruceros que navegaban con turistas. En aquel momento estudió las posibilidades y la amenaza no le pareció tan mala idea.
El silencio reinó entre los dos un largo rato mientras cruzaban por las atochadas calles del Barrio Latino. Cientos de turistas picoteaban como moscas todo lo que veían y vendedores ambulantes intentaban regatear con compradores que no eran fáciles de engañar. Harry hizo un esfuerzo sobrehumano para reponer su salud mental antes de que su padrino cometiera una estupidez. Por suerte, mantener su cerebro activo para no tropezar con ningún vendedor le sirvió de algo.
Finalmente llegaron a unas tiendas de dudosa reputación. Harry no se dio ni cuenta cuando se internaron por unos estrechos callejones que los llevaron a través de un laberinto hacia las puertas traseras de los restoranes.
Sirius se detuvo al lado de una escalera de incendio y miró el reloj. Harry se quedó a su lado sintiendo el olor a putrefacción de la basura y tanteando con los dedos de los pies el agua que escurría de un desagüe.
—Nunca me he quejado del lugar para tus encuentros, pero esta vez te pasaste con lo asqueroso—se quejó levantando un pie con asco—, ¿de qué te tienes que ocultar? ¿No podíamos juntarnos en el restorán de algún hotel o en algún casino como siempre?
Sirius no lo miró, sólo le hizo un gesto con la mano pidiendo silencio. Harry le hizo caso y para su mala fortuna logró escuchar el gorgoteo de la cañería y un par de chillidos que provenían de unos agujeros en la pared.
—Él me pidió venir aquí—susurró. Harry entrecerró los ojos.
—Ajá… me parece estupendo que un tipo del que no sabes nada te cite en medio de un callejón como si fuera lo más normal del mundo… sí, supongo que eso es común para cualquiera de nuestros prospectos—dijo irónico. Se estaba poniendo nervioso y eso Sirius lo notó.
—Deja de comportarte como mariconcito—lo chistó—, tenemos que trabajar.
—¿Sabes? Normalmente estoy acostumbrado a ser yo quien jode a los otros, no a ser el jodido—masculló mirando los agujeros de la pared—. En serio me acojona que este tipo del que no sabes nada pueda cagarnos.
—No va suceder nada, confía en mí—insistió Sirius irritado y miró su reloj nuevamente—. Ya debe estar por llegar.
Y así fue efectivamente. Un segundo después apareció en medio del mismo callejón un sujeto que debía ser tan joven como él. Su miedo comenzó a desaparecer. Si el tipo tenía su edad joderlo sería aún más sencillo de lo que esperaba.
Notas:
Los capítulos serán así de cortos. Tal vez alguno sea más largo que otro, pero sólo narraré una escena específica por capítulo.
En cuanto a la Absenta (también conocida como ajenjo), les comento que es un licor de muy popular en Francia hecho en base de anís y hierbas con altos grados de alcohol (¡entre 45° y 89°!). Se toma con cubos de azúcar porque es sumamente amarga y como podrán adivinar debido a su grado alcohólico puede causar estragos a niveles alarmantes si no se toma con precaución.
Aclaro que yo nunca la he tomado (de hecho no bebo alcohol), pero sí he visto gente en condiciones post-absenta y es terrible.
Si quieren más información busquen en Wiki.
Gracias por leer.
Anya.-
