Capítulo II

Últimatum

Astuto eres pero no te escapas, no tendré tus orejas ni tu oído, pero mi instinto no falla.
—Humano tenías que ser. Tu soberbia te engaña y crees conocer más que yo mismo el bosque que habito. ¡Qué equivocado estás!

Soberbio eres tú, bestia, que olvida el poder de mi rifle.

Y tú olvidas que soy hijo de la noche y que mis colmillos derraman sangre.

—¿Y cómo me dices que se llamaba tu madrina? —preguntó con voz cansada un hombre joven sentado tras un escritorio. La muchacha que tenía frente a él lucía un cabello rojo centelleante y unos rizos de fantasía que se torcían magistralmente en las puntas. La chiquilla sudaba.

—Ma… ¿madrina? —susurró ella sujetando ambas manos en su regazo, él la penetró con sus fríos ojos azules y cerró una libreta con fuerza.

—Vete, por favor…—le suplicó cansado, la chica parpadeó confundida.

—Pero si soy…

—¡Largo!

Ofreciendo una espectacular actuación la chica se llevó una mano a la boca y exclamó un doloroso quejido para luego salir corriendo de la habitación. El joven suspiró y se recostó en su asiento apretándose los ojos.

—¿Otra impostora? —preguntó una voz femenina, él asintió.

—Entra—le pidió. Ella hizo caso y empujó la puerta con el hombro cargando una bandeja con una tetera y dos tazas de té, tenía el cabello abultado en rizos castaños y la nariz puntiaguda. Observó la liberta gastada, dejó la bandeja sobre el escritorio y le colocó a él una mano en el hombro.

—Debes dejar de presionar, ya va a aparecer—le dijo con dulzura.

—¡Ya basta! —gritó, y ella dio un salto— disculpa, disculpa, no quería gritarte.

—Debes controlar ese temperamento, te ciega—le reprochó cruzándose de brazos, él se levantó de su asiento y se pasó las manos por la cabeza.

—Ya han pasado más de veinte años Hermione, y todavía no aparece…

—Ya lo hemos hablado mil veces Ron, sólo sabemos que la Dama Mcgonagall falleció cuando tu hermana era muy pequeña, ¿cómo pretendes que ella misma sepa quién es? —dijo con cansancio, y se giró para ver un gran mapa colgado en la pared—. Debe andar por ahí, en algún lugar del mundo sin saber que es la heredera legitima de Lancaster.

—Pero supongamos —puntualizó exasperado—, si es inteligente y sabe que es huérfana entonces ¿por qué no investiga?, ¿por qué no ha llegado a mí? —exigió saber Ronald, Hermione suspiró levantando los hombros.

—Tal vez tiene una vida en algún otro lugar y no necesita buscar la que perdió—le explicó con tranquilidad, aunque en su tono se notaba el cansancio de haber repetido esas palabras un centenar de veces.

—Si así es como parece entonces no la buscaré más—zanjó él con una dura mirada en sus ojos—. Ya me cansé, me cansé de las impostoras y de que todos quieran llegar a mí por el dinero. Estoy harto de que sigan jugando con mis sentimientos. ¡No más, Hermione! No quiero más mujeres que se hagan pasar por mi hermana—gritó enojado, pero en su tono de voz se notaba debilidad—. Desde hoy en adelante daré a Ginevra por muerta.

—Ron, tú no puedes…

—Sí puedo. No quiero más impostoras. Nosotros dos podemos llevar el legado de los Weasley lo que nos quede de vida.

Hermione lo miró con ternura.

—Pero no tendrás herencia—susurró con tristeza— tu hermana era la única opción de prolongar el apellido de la familia.

—Pero no así Hermione, llevo años buscándola y estoy agotado—susurró acercándose a ella. La tomó por los brazos y movió sus manos a lo largo de ellos—. No gastaré mi vida yendo tras ella cuando tal vez, como tú dices, tiene una vida mejor en otro lado. Quiero vivir en paz todos los años que me quedan por delante, no lo sé, tal vez podemos viajar.

Ella asintió con una mueca dolorosa y una solitaria lágrima resbaló por su mejilla.

—Aún podemos intentar la adopción—susurró esperanzada, él le dio un beso en la frente.

—Eso ya lo hablamos linda, la corona lo vería como un bastardo. Si tenemos un hijo adoptivo no quiero que sufra por discriminación toda su vida. Es mejor así, si queremos mantener el apellido de la familia sólo nos necesitamos tú y yo—masculló, y aunque trató de evitarlo las lágrimas también abandonaron sus ojos.

El sujeto se detuvo delante de Sirius ofreciéndole a Harry una mueca desdeñosa, éste lo miró fijamente. Tenía la piel pálida, como si jamás hubiese visto el sol, la nariz respingada, pómulos marcados y el cabello rubio peinado hacia atrás. Harry creyó que medía su estatura pero viéndolo de cerca comprendió que era más alto y hasta seguramente tenía mejor forma. Por un momento se avergonzó de sí mismo al verse desarreglado porque el invitado en cuestión portaba un traje de lino gris impecable. Le sudaban las manos de ansiedad, ese cabrón debía tener mucho dinero.

—Draco—saludó Sirius cortésmente con la mano, el otro, impertérrito, sólo la miró.

—Vamos al grano Black, hablemos de negocios—dijo arrastrando las palabras. Harry arqueó una ceja, ¿por qué un tipo cómo él, que vestía con ropas caras y hablaba como si perteneciera a la alta sociedad, citaba a su padrino en un callejón cómo ese? Algo no andaba bien.

—Está bien—Sirius sacó de debajo de su chaqueta un paquete hecho con papel de periódico, Harry abrió los ojos sorprendido, ¿cómo no lo había notado?

Draco lo recibió y se tomó su tiempo en desenvolverlo. En el interior había un grueso fajo de billetes. Dólares, precisamente.

Harry se mantuvo en silencio, ese fajo de billetes se le hacía conocido, su estómago se retorció.

—Sirius…

—Shht, calla—masculló el otro apretando los dientes.

Draco no dijo nada, simplemente guardó el fajo dentro del bolsillo interior de su chaqueta extrayendo a la vez una pistola. Ambos dieron un salto hacia atrás.

—No es lo que conversamos, Black—dijo con calma cargando el arma, Harry comenzó a sudar frío.

—¿Qué mierda está pasando? —exigió saber, Draco arqueó una ceja.

—¿No le dijiste? —dijo balanceando la pistola hacia Harry, éste hizo una mueca tratando de no parecer intimidado.

—¿Decirme qué? —preguntó, Sirius tragó saliva.

—Tú amigo me debe dinero, veinte mil dólares precisamente—explicó Draco arrastrando las palabras, a Harry se le desencajó la mandíbula.

—¿QUÉ? —jadeó— ¿Veinte mil? ¡Pero qué mierda! ¡Sirius!

—Necesitaba el dinero para poder pagar otras deudas, sabes que no nos ha ido muy bien estos últimos meses—explicó nervioso, Harry comenzó a sudar, la espalda la sentía fría. ¿Le había bajado la presión? Porque con cuarenta grados a la sombra sus manos eran dos cubos de hielo.

—¿Y por eso le pediste a este sujeto un préstamo? —dijo choqueado— ¿todavía no aprendes que no hay que hacer negocios con gente que lleva una pistola en los pantalones?

—Tu amigo parece nervioso—se burló Draco, y luego apuntó a Sirius con el arma— vamos, sé que tienes más que estos míseros diez mil, ¿dónde están?

—No… no los tengo —tartamudeó Sirius— pero te los pagaré, te lo juro, encontraré la forma de hacerlo.

Draco achicó los ojos e hizo el ademán de apretar el gatillo.

—¡No, alto! —dijo Harry interponiéndose entre su padrino y el arma, sudaba como condenado pero tenían que salir vivos— ¿Cuánto tiempo le diste para que juntara el dinero?

Draco frunció el ceño.

—Tres meses—masculló— el tiempo suficiente para estafar a un sin número de magnates—dijo arrastrando aún más las palabras otorgándole un extraño acento.

—Danos un mes y te entregaré personalmente treinta mil dólares—dijo, Sirius lanzó un grito.

—¿Te volviste loco?

—¿Prefieres que nos maten? —Dijo respirando con rapidez y con su cabeza trabajando a toda máquina. No sabía qué hacía, ni siquiera tenía idea cómo conseguiría todo ese dinero.

—¿Un mes? —Draco pareció pensarlo y bajó la pistola con lentitud, observó su reloj con calma y sonrió torciendo la boca— hoy es veinte de Junio—dijo—, te espero el veinte de agosto aquí con mi dinero, sino…—y los apuntó nuevamente con la pistola lanzando un disparo muy cerca de los pies de Harry.

Ambos saltaron y Sirius cayó al agua fangosa.

—¡Mierda! —gritó Harry con el corazón en la garganta, Draco levantó el labio superior mostrando sus dientes.

—Nadie se mete con un Malfoy y sale vivo para contarlo—amenazó—, un mes cabrones, y si no aparecen, ya saben que no escatimaré en gastos para buscarlos por cielo, mar y tierra.

Y sin más se guardó la pistola en el pantalón y se alejó del callejón caminando con las manos en los bolsillos.

Harry respiraba agitado. Su pecho subía y bajaba, transpiraba como condenado y cada músculo de su cuerpo dolía como la mierda. Sirius lanzó un silbido de relajo.

—Estuvo cerca ¿no?

Harry se giró y lo miró con ganas de matarlo.

—¡Idiota! —gritó llevándose una mano a la cabeza— ¿Un Malfoy? ¿Me estás jodiendo? ¿Te cagaste a un Malfoy? ¡La puta madre, Sirius!

—¡Ey, no me mires así! Parecía un buen tipo cuando le pedí el dinero—dijo afirmándose de la escalera de incendios para ponerse de pie.

—¿Un Malfoy imbécil? ¡Esos cabrones son el diablo! ¡Ahora la mafia tiene los ojos puestos en nosotros por tu culpa! —jadeó— jodieron mis vacaciones en Montecarlo, ¿dónde mierda vamos a conseguir treinta mil dólares?

Sirius se miró la ropa empapada e hizo una mueca de asco.

—¡No seas dramático! Ellos serán la mafia pero estás olvidando con quienes se metieron ellos.

—Claro que no, ¡con dos pelotudos! —gruñó— ¡Mierda, nos van a matar!

—¡Deja de comportarte como un pendejo y salgamos de aquí! —se quejó Sirius restándole importancia al asunto, Harry lo miró sopesando las posibilidades de estrangularlo—. En el hotel veremos qué hacer, además, necesito una ducha urgente—agregó oliéndose las axilas y poniendo cara de asco.

Harry se pasó ambas manos por la cara. Su corazón latía en cada lugar del cuerpo propinándole zumbidos en la cabeza y los oídos. Tenía literalmente treinta días contados de vida. Si llegaban a escapar dudaba no ser encontrado, porque el ojo de los Malfoy podía distinguir a su presa incluso aunque cambiara de sexo y se llamara Rita.


Notas:

Sé que es un fic que se sale de lo que siempre escribo. Pero quería hacer algo más relajado para leer. El personaje de Sirius es el detonante cómico de esta historia, espero que disfruten con su aparición a lo largo del fic, porque la verdad es que me divierte muchísimo escribir de él.

Y sobre Malfoy, bueno, quise dejarlos como la Mafia francesa. Así que como verán los dos están en un serio problema.

¡Gracias a todos por sus reviews, favoritos, twits y mails!

Anya.-