Disculpen el retraso en actualizar, no tenía computador.
Gracias a todos quienes siguen esta historia y e quedaron con ella.
Capítulo IV
Medidas Desesperadas
—¿Lobo? ¿Dónde estás?
—Muy cerca de ti.
—Te siento, pero no te veo.
—Es que no tienes mis ojos.
—Pero siento tu aroma.
—¿Ahora me ves, bella princesa? —ríe gutural y sensualmente cerca de su nuca.
—No soy princesa, sólo una chica.
—Tierna y blanda…
...
El vendedor alejó los souvenirs y le lanzó un insulto en francés—o una mezcla extraña con árabe— que no comprendió. Sirius descendió el trecho que había subido y se detuvo frente a él con cara de hastío.
—¿Qué estás esperando? —le dijo, Harry se llevó una mano a la cabeza y comenzó a buscar en el suelo y a mirar a la gente, en algún lugar debió haber perdido su preciada billetera.
—¡Me robaron Sirius! —gritó, su padrino palideció.
—¿Cómo que te robaron?
—¡Mi billetera no está!
Sirius hizo un gesto con la mano.
—Seguro la dejaste en el hotel—dijo despreocupado, Harry agitó la cabeza.
—¡No, no! Tuve que pagar el pasaje del metro y la saqué del bolsillo—dijo alarmado sin quitar la vista de la calle y de caminar de un lado a otro.
—Entonces se te cayó—concluyó Sirius rascándose la frente, Harry volvió a llevarse las manos a la cabeza.
—¡Mierda! ¿Qué voy a hacer?
—No seas dramático, te compras otra y listo.
Harry lo miró con ganas de matarlo.
—¡Imbécil! ¡Tenía mi pasaporte ahí! —gritó, y un turista que sacaba fotografías a su familia se alejó viéndolo con mala cara. Recién ahí Sirius cambió su semblante.
—¿Y me dices imbécil a mí? —lo regañó— ¿Qué mierda hacías con el pasaporte en la billetera?
—No tengo más documentos, ¡sin él no tengo identidad!—dijo nervioso moviéndose en círculos como gato enjaulado, Sirius se pasó ambas manos por la cara.
—Serás idiota—masculló, y le colocó una mano en el hombro— calma, pensemos, ¿cuáles fueron tus últimos pasos? Si dices que pagaste el pasaje entonces la perdiste cuando llegamos aquí.
Harry se colocó las manos en la cintura y frunció el ceño contemplando hacia el horizonte la ciudad de París en miniatura.
—Debió ser cuando nos mezclamos con la multitud—dijo angustiado— podría haber sido cualquiera.
—O tal vez no…—Masculló Sirius, Harry lo miró.
—¿En qué piensas?
Sirius comenzó a mover las manos como si tratara de armar algo en el aire.
—La gitana—dijo agitando el dedo índice con rapidez—te manoseó por todos lados, ¡debió ser ella!
No quería admitirlo pero Harry debía aceptar que tenía un punto bastante lógico. Además, si lo que Sirius decía sobre los gitanos era cierto, entonces sí había sido robado por una de ellos.
—¿Y si no fue ella? —preguntó respirando hondo, Sirius agitó la cabeza.
—¿En qué bolsillo tenías guardada la billetera? —Harry índico el lado izquierdo, justo donde una hebilla decorativa con el nombre de la marca de su bermuda afirmaba el hueco de bolsillo. —Entonces fue ella.
—¿Cómo puedes estar tan seguro?, ¿no estarás siendo prejuicioso?
Sirius negó rápido con la cabeza.
—Piensa ahijado—dijo pomposo—, el bolsillo tiene una hebilla, cualquier cosa que metas dentro…
—Se atasca cuando hay que sacarla—comprendió Harry— ¡tienes razón! Por eso la guardo ahí.
—Por lo tanto la única forma de robarla es separando la hebilla de la hendidura y esa mocosa tuvo tiempo de sobra para hacerlo.
Harry infló los labios, la muchacha había arrancado con sus músicos por la calle, no por la pendiente.
—¿Podremos alcanzarlos?
Sirius levantó los hombros.
—Y si no, vas a tener que subir a la basílica para rezarle a Dios o a quien quieras, porque nadie te va a poder ayudar con este problemita.
Tratando de seguir alguna pista Harry se detuvo en cada tienda y bazar que encontró para preguntar si habían visto a un grupo de gitanos, incluso hasta a los vendedores ambulantes.
Por suerte, muchos decían haber visto pasar un grupo de gente cargada con instrumentos y también todos señalaban el mismo camino.
No se dio cuenta cuando comenzó a bajar de nuevo. El camino lo llevó hasta la entrada del Moulin Rouge que se encontraba cerrado por la hora. Sirius se apoyó contra un semáforo y se agarró el estómago.
—Espe…espera—jadeó— recuerda que no soy tan joven.
—¡No me digas! —Ironizó— Ya te has detenido en cada esquina para tomar aire, ¡el tiempo es oro Sirius!
Harry volvió a apurar la marcha y Sirius se quejó como un niño mientras trataba de seguirle el ritmo. El muchacho se detuvo frente a un grupo de turistas y agradeció mentalmente cuando descubrió que el hijo menor de una pareja portaba una banderita de Inglaterra en un llavero.
—Disculpen—dijo cansado, el padre de familia de inmediato lanzó muchos "no" alejándose con rapidez— ¡no espere! ¡Necesito ayuda!
—Querido, es inglés—dijo la mujer. El niño que caminaba con ella lo vio con curiosidad.
—No voy a comprarle nada—dijo el hombre tajante, Harry agitó la cabeza.
—No, no, sólo les quiero preguntar si han visto a un grupo de gitanos pasar por aquí.
La pareja se miró interrogante, pero fue el niño quien agitó su mano apuntando hacia una callejuela.
—Vi a un hombre vestido como pirata meterse por esa calle—dijo inocentemente, Harry sonrió de oreja a oreja.
—¡Gracias amigo! —dijo con una sonrisa—¡Sirius! —llamó. Su padrino movió la mano para agradecer a los turistas y volvió a quejarse sin soltar su estómago mientras seguía a Harry por una calle con tiendas cerradas.
Ambos se detuvieron en la entrada de un viejo callejón peatonal.
—Qué pena que esté de día—dijo Sirius con tono lastimero mientras contemplaba las vitrinas cerradas de los sex shop.
—Concéntrate, ¿quieres?
Harry comenzó a caminar hasta detenerse al costado de una vitrina con juguetes y lencería bastante sugerentes. Risas y burlas se escuchaban desde la calle que atravesaba justo la esquina donde él estaba parado.
No escuchaba lo que decían, pero sí oía perfectamente los sonidos tintineantes de muchas pulseras.
Se asomó con cautela y la vio. Reía, y con ganas. La sangre le hirvió, seguramente se estaba burlando de él por lo fácil que había sido arrebatarle sus documentos. La ira lo invadió y dio un paso al frente.
—¡Tú, ladrona! ¡Devuélveme mi billetera!
Uno de los gitanos lanzó una exclamación en francés y salió corriendo junto con los otros en diversas direcciones, pero la chica fue más lenta y salió corriendo por el mismo camino.
—¡Alto! ¡Ayuda! —gritó Harry intentando llamar la atención de los vecinos, pero nadie salió a su encuentro.
—¡Harry! —gritó Sirius a lo lejos.
La chiquilla era ágil, saltaba y evadía obstáculos como si supiera que estaban colocados ahí. Más de una vez Harry tropezó pero eso no impidió que dejara de seguirle el rastro. Hasta que finalmente ella dobló por una esquina y una maldición en francés salió de sus labios. Era un callejón sin salida.
Harry se detuvo frente a ella, la gitana miraba hacia las paredes buscando una forma de huir, de trepar. Una sensación de júbilo y de alivio se apoderó de sus entrañas.
—¡Harry! —gritó Sirius quien ya a esas alturas venía morado de tanto correr— ¿Ya la… la…—respiró profundamente apoyándose de la pared—, la atrapaste?
Pero Harry no lo escuchó. Se acercó con rapidez hacia ella y la agarró por el brazo.
—¿Dónde está? —exigió saber, ella hizo fuerza tratando de zafarse— Sabes que no tenía dinero, así que devuélvemela.
Ella dijo algo en francés. Harry no entendió, pero por la mirada de odio que tenía supuso que no era un cumplido.
—Vamos niña—dijo Sirius cansado—pásale la billetera y terminemos con esto.
—Suéltame—habló entonces. Su inglés fue perfecto, Harry achicó sus ojos.
—No, hasta que me devuelvas mi billetera.
—No la tengo—dijo con ese tono de "me importa un carajo", Harry se estaba empezando a desesperar.
—Mira imbécil, tengo mis documentos en esa billetera, así que entrégamela o llamo a la policía.
—¡No! —gritó Sirius, y Harry se volteó a verlo con cara de "¿What?"—digo, no, no llamemos a los azulados, podemos arreglarlo de otra manera, —y miró a la chica— anda preciosa, devuélvele la billetera y todos somos felices sin tener que acudir al Scotland Yard.
—¡Suéltame! —insistió la gitana ignorando a Sirius, Harry la aferró por ambas manos y ella empezó a gritar en francés.
—¡Deja de gritar! ¡Nadie te va hacer daño!—le gritó Harry zamarreándola por los brazos, pero ella seguía retorciéndose.
—Eso no lo creerán los vecinos cuando vean a dos hombres acorralando a una mujer indefensa—masculló y luego volvió a gritar.
Harry le dio la razón y optó por lo sano: Taparle la boca. Ella lo fulminó con la mirada pero él no se intimidó.
—Escucha, sólo devuélveme la billetera y te dejamos ir, no habrá policía ni problemas—dijo— créeme, tampoco lo queremos.
Ella resoplaba por encima de su mano. Harry la miró detenidamente mientras el silencio se prolongaba; tras ellos Sirius seguía jadeando.
—¿Y bien? —insistió perdiendo la paciencia, ya podía contar ese día como el peor de su vida.
La chica cerró los ojos en calidad de rendición y Harry comenzó a soltarle la boca, pero fue un error confiar demasiado rápido. Sin preverlo ella levantó la rodilla y le hizo ver lucecitas de todos colores dejándolo de rodillas en el suelo.
—¡Hija de…! —gritó llevándose las manos a su entrepierna, la chica sabía patear y duro— ¡Sirius!
Sirius, que por su puesto tenía todos sus sentidos puestos en recobrar el aliento, apenas vio que una mancha roja se le lanzaba encima. Harry sintió movimientos y ruidos tras él. Se giró con dolor para ver qué sucedía y se sorprendió cuando descubrió a su padrino cargando a la chica sobre su hombro.
Cuando llegó hasta él la arrojó al suelo sin hacerle caso a sus quejas en chino —o lo que fuera—, provocándole uno que otro golpe en el trasero.
—Anda niña, no tenemos todo el día—le dijo, y se llevó las manos a su propia espalda haciéndola crujir— pásale la billetera o me va a joder la existencia durante semanas y no tengo ánimos de cargar con otro problemita.
La gitana expedía fuego por los ojos, Harry logró a duras penas ponerse de pie bajo la atenta y burlona mirada de su padrino.
—¿Quieres algo a cambio? —le soltó cojeando, estaba desesperado— ¡dime qué mierdas quieres a cambio de mi billetera!
El silencio volvió a prolongarse mientras ambos hombres acorralaban a la chica contra un rincón atestado de basureros. Ella resopló frustrada.
—Quiero ir a Londres—dijo con una sonrisa ladina, y Harry tuvo unas ganas tremendas de golpearse la cabeza contra la pared.
—¿A Lond…?
—Espera—dijo Sirius muy serio viendo por encima de los basureros, Harry se giró enojado.
—¿Qué? —le espetó perdiendo la paciencia, pero Sirius no quitó los ojos del frente, Harry lo imitó y su corazón dio un vuelco. Frente a ellos tirado sobre un basurero y con fecha de una semana estaba un ejemplar de Le Monde con un gran titular en rojo:
"Duque de Lancaster da por finalizada la búsqueda de su hermana después de veintitrés años de investigación"
Y más abajo:
"Ronald Weasley, último Duque de Lancaster, emitió un comunicado esta mañana refiriéndose a la desaparición de su hermana menor Ginevra Molly Weasley. Después de veintitrés años de búsqueda el duque dio por finalizada la investigación. El banco se mantiene hermético en cuanto a dar declaraciones sobre las cincuenta mil libras que estaban destinadas a recompensar a quien la encontrase—: dudo que la podamos hallar después de tantos años, ignoro si está viva o muerta, y agradeceré a la prensa de no inmiscuirse más en este asunto que tanto daño nos ha hecho como familia— expresó. Esta mañana será confir…"
Las manos le sudaron y el corazón comenzó a latir como loco. Su cabeza trabajaba a toda maquina pero sólo había podido rescatar un enorme detalle: Ese sujeto era pelirrojo.
Notas:
Sí, Harry y Sirius están un poco desesperados. Pero si la mafia los tiene en la mira les será difícil quitárselos de encima.
Como se puede leer poco a poco salen las comparaciones con "Anastasia", pero así como expliqué al principio es solamente el contexto, porque estos personajes irónicos, mal hablados, torpes y osados creo que son más entretenidos.
Espero que les guste la idea de Ginny como gitana, porque hasta el momento no he leído un fic que la describa así (¡y si existe háganmelo saber para leerlo!)
Gracias por seguirme, por los follow y los reviews.
Cariños.
Anya.-
