Capítulo V
El Trueque
—…Podrías domesticarme...
—¿Por qué alguien salvaje como tú desea un amo que lo gobierne?
—Porque la soledad no hace a un hombre feliz, y una mujer alimenta los sentidos.
—Tú no eres hombre—ríe.
—¿Estás segura?
...
Harry y Sirius intercambiaron una de sus típicas miradas cuando ambos piensan lo mismo, sólo que esta vez su padrino movió la boca modulando claramente "déjame esto a mí".
No lo comprendió a la primera porque repentinamente éste había cambiado su actitud de insidiosa a pasiva, y se habría atrevido a decir que incluso a deprimida. Le dio un empujón quitándolo del camino y se inclinó dándole la mano a la chiquilla para que se la tomara. Harry levantó una ceja viendo cada movimiento de su padrino como un mero espectador. La gitana levantó el labio superior enseñando sus dientes y Sirius lanzó un quejido demasiado sobreactuado para ser real.
—¿Será posible Dios mío? —susurró sin quitarle los ojos de encima— ¡Cómo no nos dimos cuenta antes, Harry!
Harry hizo una mueca.
—¿De qué estás…?
—¡Por Díos mi niña, ven aquí y dame tu mano! —le dijo a la chica sin escucharlo, estiró aún más el brazo pero ella no le hizo caso y se puso de pie por su cuenta.
—Quítate del camino—le ordenó apretando los puños, Harry se llevó una mano a la barbilla observando todo con curiosidad. Sirius repentinamente había cambiado su expresión sobreactuada por una de intriga hacia la gitana.
—No, espera…—susurró tomándola por los hombros, Harry adoptó una pose a la defensiva sólo por ver la expresión "escupe fuego" de la muchacha.
—¡No me toques! —gruñó ella como animal al acecho quitándose las manos de Sirius de encima.
—No, espera, espera…—insistió éste, Harry había abierto la boca para protestar por su billetera pero tuvo que quedarse con las ganas cuando vio a su socio llevarse ambas manos a la boca como si rezara—, ¿eres tú? ¿Será posible Dios mío?
Fue el único momento en que ella y Harry intercambiaron una mirada de incredulidad planteándose la misma interrogante, ¿de qué diablos hablaba Sirius? Para su sorpresa ella esbozó una mueca bastante graciosa y se hizo a un lado tratando de esquivar a Sirius.
—No sé de qué hablas—dijo con la voz rasposa, Harry sospechó que acababa de aguantar una risa.
—No, por favor—dijo Sirius suplicante, y Harry quiso vomitar ahí mismo tras los basureros. Su padrino podía intentar actuar pero nunca sería buen actor. Le tomó la mano a la chica con las suyas y siguió con la mueca de perrito perdido.
—¿Qué quieres? —se quejó ella intentando zafarse de Sirius.
—Mi billetera—dijo Harry, ella achicó los ojos peligrosamente y luego sonrió con malicia.
—Sólo si me llevan a Londres.
Harry alzó los brazos con hastío y dio un giro llevándose las manos a la cabeza, ¡no podían salir de Paris! ¡La mafia estaba tras ellos!
—Y allá te llevaremos mi niña—asintió el otro, Harry estuvo a punto de atragantarse con su propia saliva.
—¿Qué? —chilló, Sirius se giró a verlo con una clara mirada de advertencia.
La gitana repentinamente parecía interesada y ya no forcejeaba por tratar de salir de ahí.
—Lo… ¿lo dices en serio? —preguntó escéptica, Sirius asintió. Harry se preguntaba qué rayos tramaba su padrino porque no le encontraba sentido a su "déjamelo a mí".
—Lo mismo quiero saber—dijo cruzándose de brazos. Sirius rodó los ojos y volvió a sujetar a la chica por los hombros, sólo que esta vez ella no hizo ningún intento por escapar.
—Nosotros venimos de Londres—le contó—, y estamos aquí hace mucho tiempo en busca de una muchacha desaparecida a quien le perdieron el rastro cuando era una niña.
La chiquilla se volvió a separar de las manos de Sirius y también se cruzó de brazos.
—Déjame adivinar, ¿crees que soy yo? —dijo con burla, Sirius movió la cabeza—, ¿Están locos? ¿Qué les hace pensar que yo soy la persona que buscan? —dijo divertida. Harry sintió una curiosa cosquilla en el estómago y también rió. Sirius salía con cada estupidez que dudaba que la gitana se tragara el cuento.
Sirius frunció el ceño y agarró el periódico sobre el basurero estampándole a la chica la imagen del Duque en la cara.
—Trabajamos para él—dijo, y la sonrisa de Harry desapareció de su rostro—, el pobre chico perdió a toda su familia cuando era un niño y sólo sobrevivió la hermana, la ha buscado por años, no tienes idea de cuánto a sufrido.
La muchacha parpadeó un par de veces mientras alejaba su nariz de la fotografía para verla mejor. Harry en cambio comenzaba a sentir pánico. Sirius no sólo lo había involucrado con la mafia sino que además ahora se estaba metiendo con política.
La carcajada de la gitana lo sacó de su trance.
—¡Están locos! Yo tengo familia, vivo en Paris desde los cinco años, lo siento, pero no hay trato—dijo empujando a Sirius para salir de ahí, pero el hombre le volvió a cerrar el paso, esta vez más desesperado que antes.
—No, no lo estoy—dijo, y la miró de pies a cabeza.
—¡No me mires así!—dijo enojada, Harry quiso interponerse para pelear por su billetera que en esos instantes era lo único que importaba pero Sirius parecía enfocado en querer conseguir su objetivo.
—Si vives desde los cinco años en Paris ¿cómo es que hablas tan bien el inglés?—dijo viéndola fijamente, ella frunció el ceño.
—No te importa—bufó mostrando nuevamente los dientes. Las plumas de su pelo se habían enredado otorgándole un aspecto andrajoso.
—¿Por eso quieres ir a Londres? —preguntó Harry repentinamente, la chica lo miró— Si sabes hablar inglés perfectamente es porque eres inglesa, tu familia vive en Inglaterra, ¿por eso quieres volver?
Repentinamente ella pareció intimidada.
—¡No les importa! —repitió enojada— ¡Déjenme ir!
—No eres una gitana—comprendió Sirius finalmente con los ojos brillantes, parecía que acababa de ser nombrado ganador de la lotería—, déjame adivinar. Creciste en Inglaterra pero algo sucedió en tu vida que te viniste a Paris y desde entonces no haz encontrado la forma de volver.
La chica respiraba agitada, pero no contestó. Harry unió piezas con rapidez y por primera vez se fijó que en su mano izquierda llevaba colgada una pulsera de oro cuyo dije deletreaba "Ginny" con letra manuscrita.
—Bien querida, si quieres ir a Londres primero tendrás que acompañarnos—dijo sintiendo un cosquilleo ambicioso en su estómago. Sospechó que tal vez esa era la sensación que Sirius le comentaba cada vez que veía una oportunidad de dinero fácil.
La gitana mostró los dientes y escupió fuego por los ojos. Se cruzó de brazos apartándose de Sirius y resopló por la nariz como un toro.
—¿Qué me estás pidiendo? —masculló enojada, Harry miró a Sirius de soslayo. Por su cabeza se cruzaron líneas y palabras como si de un guión se tratase. Siempre que había que inventar alguna historia él era el creativo. Era momento de poner el taller de su cerebro en acción.
—Hace años que el Duque busca a su hermana—dijo tratando de sonar convincente— y ya que tú no nos negaste tu descendencia sospecho que sí eres inglesa, y que puedes ser la chica que buscamos. Seguramente esos sujetos con los que andabas no son más que una fachada.
—¡Ellos son mi familia! —dijo con los ojos brillantes, pero no lloró— ¡Ustedes no saben nada de mí par de idiotas!
Harry puso a su cerebro a trabajar a toda marcha. ¿Y si esa chica realmente pertenecía a un largo linaje de gitanos? ¿Si de verdad era gitana? Entonces no habría forma de convencerla de lo contrario porque ciertamente ella jamás habría sido adoptada.
—Escucha—dijo con tranquilidad y la miró con atención. Toda su cara era un mapa de pecas y su cabello demasiado naranjo como para pertenecer a la familia bronceada con la que andaba. Sirius le había comentado alguna vez que la mayoría de los gitanos tenían sangre africana, y le hacía sentido puesto que la muchacha de morena no tenía absolutamente nada—, lo que estamos haciendo es darte una oportunidad de reencontrarte con la que tal vez sea tu familia real—dijo con lentitud, ella iba a abrir la boca pero Harry se apresuró a interrumpirla— ¡sabemos que eres una gitana y que ellos son tu familia! ¡Pero admite linda que de ellos no tienes nada más que la ropa!
Si las miradas matasen tal vez los ojos de ella habrían sido más rápidos que el arma de Malfoy. Sin embargo permaneció silenciosa, estudiando lo que sucedía. Sus ojos oscuros, castaños en realidad, se posaron en él y Sirius, por su expresión no se veía del todo convencida.
—¿Cómo puedo confiar que me van a llevar a Londres y que no me están engañando?
Sirius resopló.
—Si hablamos de engaño linda tú te llevas el premio mayor—dijo señalando con el mentón la billetera de Harry que sobresalía del pañuelo atado en su cintura. Ella se llevó la mano para cubrirla y volvió a resoplar.
—No les incumbe saber nada de mí—dijo enojada—, y tampoco les interesa porqué debo ir a Londres—pausó y sonrió a medias—, sólo les entregaré la billetera cuando estemos en tierras inglesas.
Harry abrió la boca indignado.
—¡Eres una tonta! —gritó— En esa billetera tengo mis documentos, ¿cómo mierda te sacaremos de París si no tengo mi pasaporte?
Ella pareció pensarlo y volvió a curvar una sonrisa maligna.
—Te la entregaré cuando estemos tomando el tren.
Harry iba a protestar pero fue entonces cuando se dio cuenta de lo que habían conseguido. ¿Acaso había aceptado ir con ellos a Londres? Miró a Sirius, su padrino parecía tan impactado como él. El problema ahora era ¿cómo llegar al duque con la falsa heredera? La única forma de conseguir el gran botín era preparándola para que pareciera la legitima duquesa de Lancaster. Sus ojos la recorrieron de pies a cabeza y frunció los labios en una mueca. Había mucho trabajo por delante y sólo tenían treinta días, si es que no eran menos.
—Piensa que tienes una ventaja a tu favor niña, —dijo Sirius con una sonrisa demasiado feliz para su gusto—, si no eres la chica que buscamos al menos habrás llegado a Londres. Después podrás seguir tu camino por donde desees.
Esta vez fue ella la que sonrió y estiró la mano que Sirius agarró con fuerza. Harry sopesó las últimas palabras de su padrino y quiso saber qué diantres quería conseguir. Sin la chica no podrían engañar al Duque, y sin embargo le estaba dando la posibilidad de quedarse en Londres aún si ese tal Ronald Weasley no la reconocía como su hermana (lo que era más probable).
—Señor, acaba de hacer un trueque digno de la hermandad Gitana—dijo, la sonrisa de Sirius se agrandó.
—Por favor, llámame Sirius—se presentó éste con parcimonia dándole un beso en los dedos. Ella quitó la mano y se agarró el dije en la muñeca.
—Ginny—dijo, Harry los miró a los dos y algo parecido a un líquido frío le bajó por la espalda. Agarró a Sirius por el codo y sonrió apretando los dientes.
—Harry—se presentó con rapidez restándole importancia— ¿Nos disculpas un segundo? —agregó girándose, Sirius se agachó aún con la sonrisa en la cara para alcanzar su altura— ¿Qué diablos haces? ¿Por qué le dijiste que la dejarías libre si el Duque descubre que no es la heredera?
—Es un juego sicológico—explicó rodando los ojos— si ella cree que no tendrá responsabilidades será más fácil hacerle creer que es su hermana.
—Es que no lo es—remarcó cayendo en la cuenta que la situación se le estaba saliendo de las manos—, no podemos engañar a la nobleza Sirius, no quiero más problemas, con la mafia pisándonos los talones me basta.
Para su sorpresa Sirius cambió el semblante a uno demasiado serio, con la mirada perdida en algún lugar.
—Confía en mí, engañaremos al duque—dijo convencido, Harry arqueó una ceja.
—¿Cómo estás tan seguro?
Él sonrió misteriosamente.
—Sé más cosas de la nobleza de las que te imaginas—susurró— la transformaremos en una Weasley.
Ambos se giraron y Sirius abrió los brazos como si quisiera dar un abrazo.
—¿Lista preciosa?, porque nos vamos a Londres a encontrar a tu hermano.
Notas
Lamento el retraso para publicar este capítulo. Lo tenía escrito pero no tenía el Office para editarlo.
Espero que les guste y le estén encontrando algo de sentido a la historia (que en verdad es bien disparatada).
Gracias por leer.
¡Cariños!
Anya.-
