Debido a futuros cambios, por un asunto más profesional he cambiado mi nick tradicional Anya Naivea, en un seudónimo. Ahora me pueden encontrar como KATHLEEN COBAC.

Si me siguen por Twitter pueden encontrar más información.


Capítulo VI

Señorita Black

Bello rostro ese que ocultas detrás de las sombras.

¿Cómo sabes que es bello si no puedes verlo?

Una sonrisa como el viento asoma en sus labios y los colmillos brillantes chorrean baba lujuriosa.

Me basta con observar ciertos montes que a la luna deslumbran mi horizonte visual para saber que tu belleza debe seguir por el mismo camino.

Su boca se abre con sorpresa fingida y con una mano se descubre la sombra que oculta su rostro.

No halagues tanto que te puedes decepcionar.

No. Aunque vistieras harapos seguirías fascinando a la luna.

...

Harry literalmente quería agarrar a Sirius por el cabello y estamparlo contra las líneas del tren. Batalló por horas por conseguir el maldito pasaporte que lo sacaría del país, y su obsesión por sentirse perseguido y observado no dejaba de atormentarlo.

La gitana parecía reacia a querer entrar en la estación y mucho menos a ser registrada por seguridad por su apariencia. Por supuesto la lengua viperina de la muchacha no se quedó en silencio y exclamó un par de groserías que casi los deja detenidos en la estación.

Aún así, Harry no recuperó su pasaporte y el guardia no les quitó un ojo de encima. Finalmente Sirius solucionó el problema con su labia encantadora y agarró a ambos muchachos por el brazo alejándolos de los guardias.
Se sentaron en una mesita pequeña frente a una cafetería, Sirius pidió tres tazas de café y algunos pastelillos y luego se alejó con rapidez advirtiendo que regresaba pronto. A Harry no le gustó nada que lo dejara solo con la ladronzuela, que parecía ser más peligrosa que él mismo.

—Mira, de verdad necesito que me entregues los documentos—le dijo casi implorando—, ¿qué obtienes quedándote con ellos?

Ella lo miró de reojo mientras jugaba con una pluma de su pelo. Ni siquiera tocó su café, parecía tener todos los sentidos alertas para salir arrancando.

—Es mi boleto de seguridad, ¿cómo sé que no me están engañando? —inquirió recelosa, Harry resopló y se pasó una mano por la cabeza, no tenía respuesta para ello, y a decir verdad ya estaba bastante cansado de mentir por Sirius.

—No te lo repetiré de nuevo—dijo quitándose los lentes para pasarse una mano por la cara—, nadie te está engañando—dijo poco convencido, pero estaba tan cansado que el tono de fastidio camufló la farsa—, sólo quiero que me devuelvas los documentos para evitarnos más problemas.

Ella siguió viéndolo de reojo y recogió un Scone del platito que tenía al frente, Harry se recostó en la silla inclinando la cabeza hacia atrás, era como hablar con una puerta.

La cabeza se le estaba partiendo y la muchachita seguía jugando a la difícil desinteresada que chantajeaba por un pasaje a Londres. Lo que más le preocupaba era que ella escapara cuando pisaran tierras inglesas y perdieran la oportunidad de engañar al Conde. Aunque viéndolo desde su perspectiva y observando a la muchacha detenidamente, si se presentaba tal cual no iba a tener ni las mínima posibilidad de ser reconocida por el magnate. Aunque era una chiquilla joven y cuyos rasgos se alejaban bastante de los gitanos tradicionales, había demasiada calle en ella como para convertirla en una heredera digna de los modales elitistas de la realeza. Además, ¿de dónde diablos sacarían la información para educarla?, ¿cómo engañarían al Conde si no sabían nada de su vida?

Harry sintió un nuevo dolor de cabeza punzándole justo sobre la nariz. Pensar le cansaba y aumentaba sus jaquecas. Para esas alturas deseaba haber muerto por una de las balas que portaba el arma de Malfoy, tal vez así los problemas se habrían simplificado.

No pudo ni siquiera beber su café que a decir verdad olía bastante bien. La gitana se comió todos los Scones así que no le dejó nada para cuando sus tripas comenzaron a sonar, pero tampoco se iba a poner a discutir, tal vez si se moría de hambre podría salir más rápido del problema.

Sirius regresó una hora después; la tensión y el silencio se podían cortar con tijeras. La gitana parecía demasiado interesada en sus plumas y en un cuarteto musical que se había colocado frente a la cafetería, Harry agradeció que su atención fuera a parar justo encima de ellos para no tener que dirigirle la palabra. Sirius se situó frente a la mesita y dejó caer un par de bolsas elegantes encima. Harry levantó su mirada cansada y la muchacha se volteó al escuchar el ruido.

—¿Qué es esto? —cuestionó Harry con el ceño fruncido.

—Ropa para la dama—dijo sonriéndole a Ginny, Harry tardó en darse cuenta que su propia boca estaba demasiado abierta.

—¿QUÉ? —estalló, algunos pasajeros en transito lo miraron con curiosidad, Sirius le puso una mano en el hombro y apretó con fuerza.

—No hagas un escándalo querido— masculló con una sonrisa apretada—, la niña necesita vestirse apropiadamente para subir al tren, o no la dejarán pasar.

—¡Eso es racismo!—acusó ella sorprendida—, que me vista como mi madre no quiere decir que no sea digna de subirme a un tren.

—Nadie opina lo contrario tesoro—dijo Sirius con pomposidad—, pero si quieres llegar a Londres deberás usar lo que te compré.

—¿No me dirás que gastaste lo que tenías en esta bruta? —recriminó Harry, la gitana lo miró con odio.

—¿Cómo me llamaste?

—Bruta, ¿tienes algún problema?—contestó el otro viéndola con rabia, la gitana se puso de pie con intenciones de golpearlo pero Sirius se interpuso entre los dos.

—¡Ya basta! —los regañó—, no hagas esto más difícil—masculló a Harry—, sólo gasté un poco más de lo que teníamos ahorrado para hacerla ver más decente, pero pronto tendremos el doble gracias a eso. ¡Piensa idiota!

Harry se sobó la nuca después de que su padrino le diera un golpe con la mano. La gitana los veía con desconfianza. Sirius se volvió hacia ella como si nada hubiera sucedido y le sonrió encantadoramente.

—Mi querida niña, ¿me harías el favor de colocarte lo que traje en esas bolsas? —le preguntó, ella achicó un ojo.

—¿Qué?, ¡no! No quiero quitarme el vestido—dijo molesta, Sirius suspiró profundamente y se sentó frente a ella viéndola con atención, como un padre interrogando a su hija.

—Querida, lamentablemente si quieres entrar a Londres vas a tener que cambiarte, lo sé, lo sé—agregó con rapidez cuando ella abrió la boca para protestar—, ¡es racista! ¡Horrible! —exclamó llevándose una mano en la cara con pesadumbre, Harry rodó los ojos—, pero es el único modo querida mía para poder salir de este condenado país y volver a casa.

Ella lo miró fijamente mientras él le agarraba las manos viéndola con ojos suplicantes. Harry hizo una mueca de arcadas tras de ellos, esa muchacha debía ser lo suficientemente idiota como para caer en una actuación tan mala como esa. Pero para su sorpresa ella simplemente resopló enojada y agarró las bolsas alejándose de las mesitas.

—Síguela—le ordenó Sirius, Harry abrió los ojos como platos.

—¿Qué?

—Síguela, no vaya a ser que se nos escape—ordenó cogiendo la tacita de café que él no había tocado.

—Eres un…

—Ah, ah, ah, nada de insultos querido ahijado, recuerda que la mocosa tiene tu pasaporte.

Harry dejó caer los hombros derrotado y se levantó de la silla pateando un Scone tirado en el suelo. Si en algo odiaba a su padrino era que el idiota a pesar que lo metía siempre en problemas también conseguía ganar las batallas con la razón.

Se alejó de la mesita caminando entre los pasajeros para seguir a la muchacha. Se mantuvo a una distancia prudente para que no lo viera. Cuando notó que se metía dentro de un baño se dedicó a mirar interesadamente una maquina de bebidas expendedoras. Se pasó una mano por la boca sintiéndola seca, debió haberse tomado su café.

Sus ojos no se separaron ni de la maquina ni de la puerta del baño. Para cuando ya habían pasado veinte minutos se impacientó y se acercó a una mujer que salía por el pasillo con una maleta.

—Disculpe Madame—pronunció en francés, la mujer lo miró con inseguridad—, sólo necesito preguntarle si ahí dentro se encuentra una chica pelirroja—explicó, pero ella se aferró con fuerza su bolso y maleta, así que viendo que no iba a convencerla inhaló profundamente y pronunció lo que jamás creyó decir—: es mi novia y tenemos que abordar un tren. Llevo esperándola treinta minutos—suplicó impaciente.

Ella relajó su expresión y sonrió comprendiendo.

—Oh, ouí—dijo señalando hacia dentro—, lleva un buen gato fgente al espejo.

Harry cerró los ojos impaciente.

—Muchas gracias—dijo, la mujer sonrió a medias y se alejó con rapidez.

Sospechando que probablemente la gitana no saldría del baño vestida con lo que le habría comprado Sirius, se envalentonó para golpear la puerta. Pero justo entonces una mujer morena chocó contra él y le gritó algo en un idioma que no conocía.

—¡Perdón! —exclamó y aprovechó el vuelo de la puerta para poner el pie. Se apoyó en la pared en una posición sumamente incómoda para no mirar hacia dentro e inclinó la cabeza para hacerse escuchar: —, ¿estás ahí…—cerró los ojos intentando recordar su nombre, pero sólo recordó el dije de la pulsera— Ginny?

—¿Qué quieres? —le espetó, suspiró aliviado cuando le contestó de vuelta, significaba que no había escapado.

—Se nos hace tarde para tomar el tren—dijo molesto notando la rudeza en el tono de voz de la muchacha.

—Podremos tomar el que sale más tarde—replicó—, no pienso salir vestida con esto. ¡Luzco ridícula!

Harry se pasó una mano por la cara completamente fastidiado. Estaban perdiendo un día completo por las absurdas ideas de Sirius. Debían estar planeando asaltar un banco o alguna estafa que les ayudara a recuperar el dinero necesario para pagarle a la mafia, pero no, estaba ahí escuchando las quejas de una gitana que decía lucir ridícula con algo que seguramente era muchísimo menos vistoso que su vestido con borlas y plumas.

—Seguro que no es así—dijo cansado—, por favor vamos a perder el tren y tenemos que llegar a Londres antes que anochezca.

Un ruido sordo se escuchó desde dentro seguido de varios golpes, como si peleara con el mármol de los lavamanos. Se alejó de la puerta cuando un grupo de mujeres quiso entrar al baño, por supuesto que lo quedaron viendo con mala cara, pero él se defendió elevando las manos como si se hubiera quemado.

Del otro lado un bufido de rabia hizo eco y la puerta se abrió de inmediato con un fuerte azote contra la pared. Harry dio un salto creyendo que una de las mujeres que había entrado le haría frente, pero lo que vio fue en absoluto otra cosa.

La gitana había salido sin su vestido. Se tomó un minuto para comprender la idea que Sirius tenía en mente mientras la observaba pelear con unas sandalias de playa. Sonrió imaginando que el dinero escurría por sus manos. Su padrino no mentía cuando decía que tenía buen gusto para la moda, aunque en él no aplicaba la regla. La chiquilla se había cambiado y no usaba ese enjambre de telas que parecían retazos de cortinas viejas, ahora llevaba un pantalón de mezclilla ajustado hasta el tobillo y una blusa de satén rosa sin mangas que le llegaba justo al borde de la pretina. Cargaba su vestido al hombro, los pañuelos habían desaparecido probablemente dentro de las bolsas, se veía enfadada y molesta, estaba seguro que ya se estaba arrepintiendo. Notó que al moverse sus manos aún tintineaban, pero aquel toque de sus múltiples pulseras y collares también ayudaban a que su atuendo se viera más moderno. La chica pasó por su lado como un cohete y caminó enrabiada entre la multitud hasta llegar a la cafetería. Harry corrió tras ella para no perderla de vista y se sorprendió cuando le lanzó encima todas las bolsas a Sirius, incluyendo su vestido.

—¡Parezco un payaso! —gritó, Sirius se quitó un pañuelo de la cabeza y abrió los ojos sorprendido mirándola descaradamente de pies a cabeza—, ¡No me mires así! ¡Eres un pervertido!

Harry guardó distancia para observar la reacción de su padrino. Se llevó una mano al mentón y cubrió sus labios con los dedos para aguantar la risa. Nada era mejor que ver a Sirius lidiando con una mujer enojada.

—¡Pero si te ves perfecta querida! —exclamó poniéndose de pie y quitándose las bolsas de encima. Con un rápido movimiento sacó su celular del bolsillo y tomó una fotografía de la chica que apenas alcanzó a parpadear—, ahora sí que podremos ir a Londres.

Ella parpadeó aturdía ante la luz del flash.

—¿Pero qué haces?

—No te quejes preciosa, no la usaré para mal—dijo mirándola de reojo. Harry notó como intentaba intercambiar una mirada lasciva con él y no pudo evitar sentir asco—, ya verás que tu hermano estará orgulloso.

La chica frunció los labios, y achicó los ojos cruzándose de brazos.

—No es mi hermano, yo tengo una familia—dijo con tranquilidad, como si el tema fuera trillado. Harry inclinó la cabeza con curiosidad.

—Claro, sobretodo el afroamericano que corría contigo calle abajo—dijo con ironía—, me pregunto quién será, tu hermano, primo, padre ¿tal vez?

Ella arrojó fuego por los ojos y le apartó la mano de la barbilla de un manotazo. Harry exclamó con dolor y se acarició los dedos rasguñados por las uñas de la chiquilla.

—Bruta y animal, tienes razón Sirius, el Conde estará orgulloso de su hermana.

Ginny lo sulfuró con la mirada y en medio de una calma inesperada le golpeó la canilla con el pie. Harry aulló de dolor, la chiquilla se alejó sin voltearse a recoger las bolsas y Sirius sonrió.

—¿De qué te ríes imbécil? —gruñó Harry sobándose la zona adolorida—¡Dios! Esto se va a poner morado.

—¡No seas marica! —rió Sirius sin quitarle los ojos de encima a la gitana que se alejaba entre la multitud— de bruta no tiene nada, pero de animal… ¡qué leona Dios mío!

Harry rodó los ojos.

—Eres un depravado—le espetó con asco, Sirius le guiñó un ojo—, un momento… nos dejó sus cosas…

Sirius parpadeó y miró hacia el frente donde la multitud se dispersaba delante de sus ojos.

—¡Mierda, el tren! —gritó cuando una gran pantalla sobre sus cabezas anunciaba la salida del Rail Europe de las cinco con destino a Londres.

—¡Mi pasaporte! —gritó Harry agarrando una bolsa y saltando olímpicamente la mesa agarrándose de una silla. Sirius agarró el vestido de la chiquilla y otras bolsas y corrió tras Harry mientras éste se perdía por entre la multitud.

Sirius gritó algo, pero Harry no lo escuchó, en su mente tenía la viva imagen de su pasaporte que por ningún motivo debía perder. Y estaba a punto de suceder.

Corrió con todo lo que le dieron sus piernas y estuvo seguro que en un par de intentos por esquivar turistas perdió una que otra bolsa en el camino, pero no le importó. Tenía que llegar a las casetas de la policía.

Dio un par de giros para no tropezar y agarró una escalera mecánica que lo llevó a un segundo piso. Ante la rapidez olvidó subir por la escalera correcta así que comenzó a correr como un idiota por la que iba en bajada. La gente le gritó uno que otro insulto y en variados idiomas. Una pareja de japoneses lo grabaron con la cámara de un celular, sabía que pronto su cara aparecía en un famoso sitio de internet para que todo el mundo se riera de sus hazañas.

Llegó a trompicones al rellano del segundo piso y divisó a varios metros de distancia una blusa rosa que esperaba pasivamente en una fila de gente. Harry tomó aire y la siguió, sus pies resbalaron en el suelo de cerámica pero logró mantener el equilibrio antes de caer de rodillas a los pies de la chica. Ella abrió los ojos como platos viéndolo con sorpresa.

—Vaya, si vas a pedir disculpas de rodillas creo que lo pensaré—se burló Ginny, Harry frunció el ceño.

—¡Muy graciosa! ¿Quién te crees que eres arrancando así? —le espetó furioso, la gente de la fila se giró con curiosidad. Se puso el pie con rapidez sacudiéndose los pantalones con las bolsas maltrechas, los ojos de la chica lo miraron impasibles.

—¿Arrancando? Me apresuré en hacer la fila para tomar el tren—contestó con calma levantando los hombros, Harry se percató que en sus manos llevaba un librito azul, ¡su pasaporte!

—Entrégame eso—le ordenó estirando su mano. Ella bajó la mirada con suma lentitud.

—¿Esto? —dijo ella colocando el pasaporte frente a su nariz y alzando una ceja— no lo creo, aún no oigo tus disculpas.

Harry rechinó los dientes, ¡maldita cría!

—Escucha —gruñó atragantándose con un par de insultos—, ya te saliste con la tuya, te llevaremos a Londres y te puedo asegurar que en un par de días disfrutaras de verme con una úlcera gigante comiéndome el estómago. Así que por favor, entrégame mi pasaporte.

Ella achicó los ojos y movió la cabeza.

—No te daré nada hasta no estar en el tren—le dijo impasible, Harry no lo podía creer—, ya te lo dije, es la única garantía que tengo de que me sacaran del país.

Harry arrojó las bolsas al suelo y se llevó las manos a la cabeza

—¡Por Dios mujer! ¿Por qué Sirius te habría comprado ropa si no fuera por eso? ¡Es un idiota pero no tanto como para gastar cincuenta Euros en un par de pilchas para algo que no nos va a servir!

—¿Nos? —inquirió ella arqueando aún más su ceja, Harry se mordió la lengua—¿Qué ganan ustedes con comprarme ropa?

—Evitarnos la vergüenza de viajar con una harapienta en un tren de primera clase—dijo Sirius detrás de ella asesinando a Harry con la mirada—, aquí tienes tu pase al país de las maravillas—agregó entregándole de mala gana otro librito azul, ella parpadeó confundida.

—¿Qué es esto?

—Tu pasaporte, ¿cómo pretendías viajar si no? —ella no pareció entender porque parpadeó muchas veces.

—¿Cómo lo conseguiste? —preguntó sorprendida con un tono completamente diferente al usual, Sirius sonrió con petulancia.

—Tengo mis contactos—contestó sin ninguna gota de simpatía, Harry lo miró, su padrino aún lo veía con rabia—, devuélvele su pasaporte si no quieres que te lo quite y te dejemos aquí.

Ella suspiró y le entregó a Harry el suyo de mala gana. Cuando lo tuvo en sus manos repentinamente dejó de sentirse desnudo, era como si por un par de amargas horas no hubiese existido.

—¿Ginevra Black? —preguntó ella leyendo el interior del pasaporte, una ficha pequeña con la fotografía tomada en la cafetería adornaba una de las páginas con cientos de datos inventados.

—Ginevra Marie Black, serás mi hija por un par de horas—explicó Sirius con una mueca obvia de disgusto ante la idea.

—¿Por qué no le hiciste un pasaporte a nombre de Weasley, idiota? —preguntó Harry mirando la ficha de Ginny por encima del hombro de la chica— cuando llegue a Londres no podrá demostrar que es la hermana del Conde.

Sirius hizo un ruido con la boca, la fila avanzaba.

—No me digas idiota, idiota—gruñó éste—, y claro que no le coloque su apellido real—dijo acentuando la apalabra "real" con un siseo—, si el pasaporte ya es ilegal, haber colocado el único apellido que en estos momentos está en la palestra nos habría costado todos los ahorros en pagarlo.

Harry puso los ojos en blanco y Ginny frunció los labios.

—¿Cómo sé que voy a poder pasar por policía internacional?

Esta vez Sirius sonrió.

—Vas a pasar por delante de mí, Harry cruzará primero, no te dejaremos atrás preciosa.

Un nuevo siseo con aires de perversión entre los dientes de Sirius causó un escalofrío en Harry. Sabía que era mujeriego como ninguno, pero nunca lo había visto involucrado con mujeres menores de treinta, y la chiquilla era prácticamente una niña. Sacudió la cabeza para quitarse las imágenes que comenzaban a amenazar su cordura, tener en su mente a Sirius desnudo no ayudaba a que se relajara.

—¡Harry! —llamó Sirius. El aludido parpadeó antes de comprender que se había quedado parado en medio de la fila que ya había avanzado. Estaban a tres personas de cruzar la barrera de seguridad. Sus ojos se fueron directamente a las manos de la gitana que retorcía el pasaporte en sus manos—. Tengan —dijo entregándoles unos papeles con líneas.

—¿Qué es esto? —preguntó Ginny mirando el papel, Sirius le entregó un lápiz.

—Es una ficha que hay que llenar con los motivos del viaje, todos coloquen regreso a casa.

Por primera vez Harry y Ginny intercambiaron una mirada dubitativa, pero le hicieron caso al hombre. Después de todo, ¿qué más opciones tenían?

Para cuando llegó su turno Sirius empujó a Harry para que se colocara delante de él. Dejó su bolso y mochila encima de una banda magnética, se quitó los metales que cargaba y cruzó la puerta que delataba si portaba algo peligroso. Por suerte la alarma no sonó, entregó su pasaporte al policía que estaba en la caseta y éste se la timbró sin siquiera mirar atentamente sus datos.

—Tenga un buen viaje señor Potter.

Harry sonrió apretando los labios y se movió con rapidez para recoger sus cosas sobre una mesa donde la banda se detenía.

Mientras se acomodaba la mochila observó por el rabillo del ojo como la gitana se retorcía sus manos imperceptiblemente mientras el policía revisaba su pasaporte. Por un momento pensó que todo se iría al carajo cuando ella cruzó la puerta y sonó la alarma, pero tuvo suerte que la mujer a cargo le indicara que se quitara sus pulseras. Claramente se veía reacia a hacerle caso, pero Sirius con una mirada elocuente de padre controlador la convenció de hacerlo.

Finalmente se reunió con él al otro lado de la barrera. Parecía nerviosa y choqueada, como si no creyera lo que estaba ocurriendo.

—Tarde para arrepentirse—le dijo cuando ella se acomodaba las últimas pulseras.

—No lo estoy—dijo con amabilidad, Harry se sorprendió de su tono—, simplemente no puedo creer que esto esté pasando.

No pudo evitar sonreír con simpatía, verla con la guardia baja le causó cierta ternura.

—Estarás bien—le dijo con ánimo—, ese es nuestro tren.

Frente a ellos se desplazaba un pasillo largo que bajaba a un inmenso andén. Grandes vidrios verticales los separaban del otro lado, donde se podían ver desde arriba todos los trenes agolpados en las líneas. Una gran máquina gris con líneas rojas recibía gente que corría para poder subir.

—¿Qué hacen aquí? —apremió Sirius con impaciencia— ¡corran o perderemos el tren!

Sirius corrió delante de ellos metiéndose por el pasillo, Harry y Ginny se miraron y corrieron tras él. La chica sonreía, y eso era algo nuevo e inesperado. Harry se dio cuenta entonces cuánto había esperado ella una oportunidad como ésta. De repente sus piernas se detuvieron, la chica siguió corriendo y la observó desde la distancia desaparecer tras Sirius por una escalera, y fue cuando sintió que la amargura se acogía en su pecho advirtiéndole que estaba haciendo algo realmente malo.

Pero entonces recordaba el arma de Malfoy, y la amargura era remplazada por alivio. Corrió, tenía un tren que tomar.


Notas:

Lamento el tremendo retraso con este fic. Desde ahora los capítulos saldrán mucho más rápidos porque por suerte son cortitos.

En el siguiente veremos el viaje en el tren y cómo la vida de ella se ve amenazada por alguien del pasado.

Un aviso de utilidad pública: Dentro de estas semanas cambiaré mi nick, lo haré saber por Twitter, así que atentos.

Gracias a todos por leer.

Anya.-