Clases de Danza

Si de improvisar se trata, entonces dejadme guiar tus pasos.

No dejas de sorprenderme —dice asombrada, el pelaje se hunde entre sus dedos como finas hebras de terciopelo y ceda.

Qué bella capacidad de asombro mi lady—Murmura cerca de sus labios mientras se arrastran paso a paso por encima de la nieve brillante. Ella se estremece pero no teme a sus fauces filosas.

No soy una mujer fácil —espeta ofendida deteniendo su andar, los ojos amarillos brillan y la intensidad se hace presente ante el silencio.

¡Os siento ofendida!, disculpadme si he menospreciado vuestro honor con mis palabras.

No mi honor ni mi orgullo —murmura colocando una garra en torno a su talle, un rugido gutural escapa entre los colmillos y ella entrecierra los ojos con una sonrisa— pero basta con que me tratéis como una mocita fácil de asombrar para dadme a entender que no soy digna de vos.

¿Y quién osa decir que no sois digna, si aquí el único maldito es vuestro servidor? En tal caso yo no soy digno de vuestra belleza.

Una simple sonrisa y acorta las distancias, la danza ya no es danza pero se torna vaivén cuando la bestia desaparece por entre la capa roja.

Ginny se levantó esa mañana completamente descansada. La cama de Harry no era un lecho de rosas, de hecho el colchón era bastante duro, pero nada se comparaba en cuanto a dormir en la calle. Las sábanas tenían aroma a limpio, el edredón estaba tibio y la colcha que la cubría hasta la cabeza la había apaciguado en un sueño que no la despertó hasta pasado el medio día.

Un tenue rayito de sol se filtró por la pequeña ventana sobre su cabeza, parpadeó para quitarse la molesta lucecita de la cara y entonces lo escuchó.

Un par de gritos iban y venían desde la sala y el sonido de algo pesado moviéndose por el suelo retumbó en sus oíos obligándola a levantarse.

—¡Pero qué diablos! —se quejó poniéndose de pie y agarrando lo primero que encontró para cubrirse. No quiso hacer preguntas, pero la noche anterior poco antes de acostarse Sirius apareció con una maleta repleta de ropa de mujer, no dio explicaciones, ni siquiera a Harry quién parecía tener un signo de interrogación tatuado en mitad de la cara, sin embargo le sirvió para encontrar una camisa apropiada para pasar la noche.

Salió de la habitación con los ojos entrecerrados y sintiendo una maraña de cabello sobre su cabeza. Sopló una pluma que se cruzó encima de la nariz y caminó hasta la sala. Se rascó los ojos y bostezó conteniendo una exclamación.

—¿Qué rayos hacen? —quiso saber intentando contener su expresión de conmoción a duras penas. Sirius y Harry habían dado vuelta la sala quitando los muebles del lugar donde se encontraban, dejando todo el centro libre de cualquier obstáculo.

—¡Buenos días preciosa! —saludó Sirius con una sonrisa impoluta. Ambos varones estaban vestidos impecablemente a excepción de ella, quien sin premeditarlo se puso roja como un tomate.

—Buenas…—saludó moviendo la cabeza, Harry la miró con el ceño fruncido, parecía que estuviese enojado, aunque en realidad desde que lo había conocido en el Sacre Cour que tenía la misma cara—. ¿Me pueden decir qué están haciendo?

Sirius dejó de mover la mesa de centro y Harry casi se cae yéndose hacia delante con el peso.

—¡Idiota!—exclamó al soltarla sin avisar, pero su padrino ni lo notó.

—Estamos preparando tu primera lección de hoy —explicó Sirius a la gitana, la otra se cruzó de brazos.

—¿Cómo remodelar un departamento? —bromeó, Sirius soltó una risita.

—Encantadora y bromista incluso recién levantada —la elogió, la muchacha alzó una ceja—. Pero no, hoy iniciaremos tus clases de danza, ¿recuerdas? — a la chica le brillaron los ojos.

—Por supuesto —dijo con entusiasmo mal camuflado.

—Y aún no comprendo cómo lo vas a conseguir si con suerte tienes dos pies izquierdos —masculló Harry, Sirius caminó hacia la chica empujando a su ahijado sobre la superficie de la mesa— ¡ey! —exclamó enojado sintiendo un agudo dolor en su trasero.

—No seas aguafiestas y ayuda —le gruñó al oído—, es nuestro boleto a una nueva vida.

Harry evitó girar los ojos para no ser repetitivo en sus reacciones. Estar metido en esa farsa era peor que escapar de Malfoy.

—¿Y qué vamos a bailar?, ¿flamenco, paso doble, tango? —preguntó interesada, pero ante

la sonrisa socarrona de Sirius de inmediato sus alusiones se vieron opacadas.

—¿Qué?, —rió—, ¡no!, ¡eso no es digno de la hermana del Duque!

Ginny pareció desconcertada.

—¿Entonces qué…?

—Lo que vas a aprender hoy, mi querida, será el vals —dijo diplomático, a Harry se le desencajó la mandíbula.

—¿Qué caraj…?

—Y tú no te alarmes querido que vas a hacer de guía —apuntó Sirius guiñándole un ojo. Harry sintió que su vejiga repentinamente se inflaba y tuvo que apretar las piernas para no hacerse ahí mismo.

—¿De qué mierda hablas Black? ¡Yo no sé bailar! —exclamó con la cara roja, Ginny movió la cabeza de un lado a otro.

—Nunca he bailado el Vals —interrumpió sorprendida—, ¿es necesario?

—Sí, ¿es necesario? —repitió Harry sudando, Sirius no pudo evitar esconder su sonrisa detrás de su barba bien peinada.

—Por supuesto, todos los años el Duque ofrece bailes, ¿qué va a decir la gente si la heredera no sabe bailar?

Ginny rodó los ojos pero Harry sabía que Sirius hacía todo eso para molestarlo. Las clases no eran necesarias, sin embargo había tal insistencia en su padrino que no lograba quitarse de la cabeza que ahí había gato encerrado.

—¿Qué sabes tú sobre el vals de salón? —masculló colocándose a su lado—, no eres un bailarín, no eres parte de la nobleza, ¿qué rayos ocurre contigo?

—¿No te dije que hay cosas de mí que te pueden sorprender? —contestó repentinamente serio—, pues, este es el momento para sorprenderte.

Cogió el control remoto de una radio pasada de moda y apretó el botón "play". En instantes una suave música comenzó a sonar, alzó su mano hacia la muchacha y ésta con reticencia alargó la suya.

—Los pasos básicos del vals se resumen en el un, dos, tres, cada compás se acentúa con un nuevo paso, y por supuesto, debes seguir a tu guía, es decir, al hombre.

—¿Por qué no me sorprende? —dijo irónica, Harry sonrió a medias.

—Si eres una buena bailarina sabrás que el baile es una forma de cortejo, por ende el hombre es quien debe hacer lo posible porque la mujer se sienta conquistada —explicó aferrándola por fuerza de la cintura y agarrando su mano derecha, ella se tensó—, tu mano izquierda en mi hombro derecho —le indicó. Más nerviosa que de costumbre la muchacha siguió cada indicación, la música comenzó a tocar acordes más largos. Harry alzó una ceja.

—¿Por qué sabe todo esto? —se preguntó mientras veía que su padrino comenzaba a guiar a la chiquilla por el escaso espacio que tenían en la salita.

—Mírame —le pidió. Ginny había mantenido sus ojos fijos en la mano que Sirius tenía agarrada, se sentía torpe y lenta, sin embargo al hacer contacto visual sus pies de inmediato cambiaron el ritmo—. Mantener la vista fija en tu pareja te ayudará a guiarte mejor—dijo. Efectivamente después de un par de minutos Sirius y Giny se desplazaban por lentitud a través de la sala con leves pasos de vals, nada complicado, un simple paso adelante y otro atrás, siempre siguiendo la misma rutina.

—Es bastante simple —reconoció una vez que le agarró el ritmo, Sirius rió.

—¡Oh, querida! Este es simplemente el paso, el verdadero baile comienza ahora —dijo soltándola y agarrando a Harry por el brazo.

—¿Qué demo…?—exclamo. Había estado pendiente de sus propias cavilaciones cuando su padrino lo sorprendió tirando de él hacia la chica —¡Te dije que no sé bailar!

—No tienes que saberlo —dijo Sirius con tono de fastidio, aunque en realidad detrás de su gesto se escondía una burla sardónica.

Cuando ambos jóvenes estuvieron uno frente a otro ambos desviaron su mirada. Sirius parecía disfrutar con su incomodidad, así que para fastidiarlos más los empujó hasta dejarlos bien pegados.

—No es necesario que hagas esto —masculló su ahijado, Sirius apretó los labios aguantando las obvias ganas de reír.

—La duquesa tiene que recordar cómo bailar —dijo elegantemente, la chica se sonrojó y Harry rodó los ojos—, ahora, tómala por la cintura, y agarra su mano derecha. Ambos, mírense a los ojos.

Con toda la reticencia que podía existir entre ambos Sirius finalmente logró que hicieran lo que pedía. Aunque podría haber influido también su advertencia en el oído de Harry:

—Piensa en el dinero que nos salvará de Malfoy y en tus vacaciones en Montearlo —le había murmurado.

Con una nueva energía y algo más animado Harry agarró con más fuerza de la pensada la cintura de la gitana, quien de inmediato se tensó en sus brazos. Con todo el esfuerzo que podían acumular se sostuvieron la mirada y luego Sirius comenzó a dar las indicaciones específicas del Vals Vienes, un conocimiento del que Harry aún se sorprendía.

—Cuando el compás comience a alargarse además de dar un paso adelante y otro hacia atrás, comenzarán a girar en círculos.

—Como en las películas —dijo Ginny levemente ensoñadora, Sirius sonrió con ternura.

—Exacto. Como en las películas —sonrió condescendiente—, bien, comencemos, Harry guía un paso adelante, Ginny, tú simplemente lo sigues, lo demás déjenlo a mis órdenes.

Harry comenzó con dos pies izquierdos y ambos tropezaron más de una vez, la gitana resoplaba a cada momento que sus pies chocaban, tuvo suerte que no la pisara.

—Vista al frente, tienen que mirarse a los ojos —ordenó Sirius. Harry despegó la vista de sus propios pies y Ginny hizo lo mismo quitando la atención de su mano.

Ambos respiraron profundamente y Harry sin quererlo percibió el suave aroma a canela que desprendía la chiquilla. Parpadeó rápidamente para sacudir la idea de su cabeza, ella lo miró frunciendo el ceño.

—¿Por qué me guiñas los ojos? —le preguntó irritada, él sacudió la cabeza.

—Me entró algo —mintió.

—Ahora va a subir el compás —indicó Sirius elevando el volumen de la música— ahora, comiencen a girar hacia la derecha.

Sin proponérselo Harry comenzó a guiar a la chica con ligereza. Por un momento quedó prendado de los ojos castaños que lo miraban fijamente, como si quisieran penetrarlo. La chica sí sabía bailar, se movía con rapidez, sus pies nunca tocaron los suyos a pesar de que él estuvo a punto de pisarla muchas veces. La sentía relajada y entregada en sus brazos, algo que hacía pocos minutos era impensable ya que se había puesto rígida apenas se tocaron.

Para ella algo en aquel compás del * "Segundo Vals" interpretado por Andre Riu le brindó un poco más de inspiración. Harry la guiaba y ella también se dejó arrastrar y dirigir a la vez. Algo en su cabeza dibujó largos vestidos, peinados elegantes y música de orquesta. La salita a su alrededor se desvaneció transformándose en un gigantesco y elegante salón de baile con lámparas de lágrimas colgando del techo abovedado. Su camisón también desapareció, y se vio a sí misma ataviada con un largo vestido rojo de satén cuya espalda iba descubierta. Harry frente a ella se veía cambiado, no era el muchacho desordenado y desgarbado con el que bailaba, sino que un elegante caballero, un joven con su mismo rostro y lentes redondos, pero el cabello lo llevaba peinado y vestía un elegante smoking con cola. Se sentía anonadada, observada, bella, elegante. Importante y poderosa. Ella era la duquesa, la mujer por la que todos esperaban, la mujer que de lejos era observada por dos penetrantes ojos azules.

Sus miradas se encontraron y entonces todo se oscureció, el pánico se apoderó de ella y sin premeditarlo empujó a Harry lejos.

—¡Mierda! —exclamó éste adolorido desde el suelo cuando chocó contra un jarrón que se rompió en su mano. Ginny agitó la cabeza.

—Yo… lo siento, no sé qué me pasó, tú… ¡Ay por Dios!, ¿te hice daño?

—¿Qué crees estúpida? —le espetó con los dedos ensangrentados. Sirius detuvo la música.

—¿Qué rayos fue eso? —quiso saber— ¿acaso tocaste algo que no debías? —le dijo a Harry, pero el aludido simplemente se puso de pie enrabiado y empujó a su padrino con el hombro bueno.

—Quítate de mi camino Black —gruñó, Sirius miró a la muchacha pero ésta simplemente respiraba agitada.

—¿Qué diablos te ocurrió? —la cuestionó molesto, pero la chiquilla aún tenía los ojos azules en su cabeza. Sin decir nada se llevó una mano a la boca y corrió a encerrarse en el cuarto de Harry.

Sirius se pasó una mano por la cabeza, mientras ambos bailaban fue imposible eliminar ciertos recuerdos de su mente.

En su mansión, la siniestra figura del hombre con nariz de serpiente observaba anonadado la última visión. En el suelo de su lúgubre despacho, dibujado sobre la madera podrida, había algo parecido a una laguna repleta de imágenes. La última le mostraba a una hermosa muchacha vestida con un traje rojo. Sólo una vez había conocido una belleza como esa y la había despechado por su hambre de poder. Vender su alma a la oscuridad la había alejado de la única mujer que había amado y tarde fue para arrepentirse cuando descubrió que ella se había casado con otro. No se parecía físicamente a la pelirroja, pero aunque poco le quedaba de humano aún podía sentir las entrañas arder por ver a una mujer.

Repentinamente sonrió y rió, rió fuerte. Ella lo había visto y cortado el enlace por su presencia. Era tan fácil. Destruir a su enemigo tenía una salida obvia y nunca la había visto.

—Muy hermosa para morir… —masculló—, pero lo suficiente para hacer caer a su propia estirpe…

Harry se encerró en el baño con la mano derecha hecha un puño. Sus nudillos sangraban y ardían. Metió la mano bajo el grifo y dio el agua para lavarse los restos. Se miró al espejo, su cara estaba roja de rabia. Dio un puñetazo en la pared con la otra mano y gruñó con fuerza. No quería admitirlo, no tenía ninguna intención de hacerlo, pero la rabia no se debía precisamente a que ella lo hubiese empujado, sino al embelesamiento que sufrió por unos segundos cuando la tuvo tan cerca. Se dejó llevar por la música, por su ligereza, por su aroma a canela que tanto le recordaba al hogar. No tenía el más mínimo sentido, siempre había sido un ermitaño, no tenía un hogar fijo. Sin embargo ella le traía aquel recuerdo a su memoria sin que existiera realmente. ¿O sí?

Enojado lanzó otro gruñido mientras su mano disminuía la sangre a medida que el agua corría a través de sus dedos.

—¡Mierda, mierda! —murmuraba enrabiado golpeando la pared con la palma buena— ¡Mierda!

—¿Es muy grave? —preguntó Sirius desde el otro lado de la puerta, Harry se pasó la mano buena por la cara aguantando la frustración.

—No —dijo más tranquilo—, sólo unos cortes superficiales.

—¿Me puedes decir que mierda ocurrió entonces? —dijo entrando, Harry apagó el agua y se arremangó una toalla en la mano herida.

—No sé —dijo con cierta frustración. Se sintió terriblemente idiota, ¿por qué estaba molesto?, sí, se había cortado los dedos, y sí, la gitana era una idiota, pero ¿y eso qué? Parecía que su rabia iba más allá de cualquier circunstancia normal—, estábamos bailando, nunca le quité los ojos de los suyos como dijiste y entonces… me empujó.

Sirius frunció el ceño.

—¿Estás seguro que no le hiciste nada?

Harry lo hizo a un lado con un empujón para salir del baño.

—No soy un pervertido —le dijo—, simplemente a la imbécil no le gustó bailar conmigo.

Sirius esbozó una mueca indescifrable que Harry no comprendió o no quiso entender.

—Anda a contarle ese cuento a otro…—masculló su padrino sonriente.

—Creo saber lo que estás pensando, y te lo digo en serio Black, escúchame bien —amenazó girando su cabeza por encima del hombro izquierdo—, déjate de payasadas, la gitana no es una duquesa y nunca lo va a ser, debes dejar de creer que puedes transformarla, es un caso perdido, jamás será una Weasley.

Sirius repentinamente se puso pálido y Harry, sintiendo un escalofrío a su espalda, se giró con lentitud. Ahí, parada en la mitad del pasillo se encontraba la chiquilla, con sus ojos entrecerrados y los labios fruncidos en una mueca que delataba sus ganas de llorar.

—Les dije que no era la mujer que buscaban—balbuceó apretando los puños. Sin decir otra palabra se giró con toda la dignidad que sus hombros le permitieron para mantenerse erguida, y se alejó encerrándose en la habitación de Harry.

—Serás imbécil —gruñó Sirius corriendo tras la muchacha—, ¿cuándo aprenderás a quedarte callado?

Harry vio a su padrino alejarse manteniéndose mudo por un instante. En su cabeza procesó las palabras que la rabia había aflorado. Se odió a sí mismo sin saber por qué. ¿En qué minuto su mundo se volteó? Sintió los dedos de su mano arder y observó como la toalla que los envolvía se manchaba de rojo. Cerró los ojos y su baja espalda se tenso enviándole descargas eléctricas a través de la columna, erizando los cabellos de su nuca. ¿Qué mierda había hecho?

Se detuvo un instante frente al gran salón decorado para la cena de esa noche. Nunca le gustó la mansión de invierno, aquella pequeña casa de descanso que solía usar la realeza y que en esa ocasión se dispuso a sus órdenes para celebrar su cumpleaños. Aunque "disponer" distaba mucho de sus propios deseos ya que prácticamente sus asesores lo habían obligado a celebrar sus veintiséis años de vida. Suspiró viendo pasar a los encargados de la decoración y al grupo de mucamas que iban de un lado a otro arreglando las mesas y las flores. Por suerte acercándose ya la primavera la variedad de flora en la región era fructífera, sin embargo ni los tulipanes ni los gladiolos pudieron levantar su ánimo.

—¿Qué te parece Perfait para postre? —le consultó una voz masculina y levemente ajada, el duque se giró con las manos en los bolsillos y levantó los hombros.

—Elige lo que quieras, me da igual.

—Ron —dijo su acompañante con ternura paternal— es tu cumpleaños…

—Y es otro igual que el anterior, caras que no conozco, sonrisas falsas, conversaciones insulsas, ¿por qué no podía arrancarme sólo por esa semana con mi mujer fuera de la ciudad?

Su interlocutor sonrió y le colocó una mano en el hombro.

—Grandes títulos conllevan grandes responsabilidades, lamentablemente portas el apellido de tu padre y por ende debes responder ante la comunidad.

—¿Y si no quiero? —espetó quitándose la mano de encima—, ¿alguien se ha puesto en mi lugar?, ¿alguien piensa en mí como ser humano y no como figura pública?

El otro rió con gracia.

—Te están poniendo dramático, hijo —dijo sonriendo—, míralo de forma positiva, el banquete estará increíble.

El otro resopló.

—No lo creo, ¿sabes?, siento que estoy siendo bastante realista, y si el dramatismo viene de la mano con mi vida no es mi culpa.

El hombre notó como el joven duque se aferraba a aquella gargantilla colgada de su cuello con una gran letra "R" tallada en oro, un detalle típico que reflejaba sus nervios y temores.

—Ron, escucha —dijo tomándolo por ambos hombros y girándolo para verlo a la cara. El muchacho era tan alto como él mismo y su espalda ancha imponía ese respeto hacia la gente no propio de la época actual—, comprendo que ahora que has dejado la búsqueda nada parezca prometedor a futuro. Pero vamos, qué será tu cumpleaños, todos tus amigos estarán aquí, te ayudarán a olvidar por un momento.

—¿Amigos o interesados? —bufó el otro—, porque déjame decirte que después de revisar la lista una diez veces aún no logró recordar ni la mitad de los nombres que Hermione me pidió aprender.

El hombre suspiró.

—Honestamente ya no sé qué decirte —dijo molesto—, creo que con Hermione hemos hecho hasta lo imposible por levantarte el ánimo, pero ya veo que es un caso perdido, simplemente no quieres salir del agujero.

—¿Yo no quiero, lo dices en verdad? —gruñó de vuelta—, permíteme aclarar el asunto, porque si bien eres mi padrino aquello no te da el derecho a solar tamaña acusación.

—Es que no…

—¡Nada! —gritó, y a su alrededor el silencio se tornó inmediato dejando a mucamas y obreros detenidos en medio del salón—, ¡tú no eres el que perdió a su hermana, tú no eres el que la ha buscado durante años perdiendo tiempo, sudor y vida en una estupidez que no me ha dado ningún resultado! ¡Y me vienes a decir que no quiero salir del agujero! —rió déspota—, no, no, yo vivo en el mundo real Remus, pero eso no significa que no viva con la incertidumbre sobre el paradero de Ginevra. ¡Esa incertidumbre de mierda que me ha impedido ser feliz!

Y sin más se alejó de su padrino dando largas zancadas hasta el otro lado del salón, donde su mujer, Hermione, que iba entrando ni siquiera alcanzó a detenerlo. Ambos, su esposa y su padrino intercambiaron aquella mirada que tantas veces implicaba los mismos pensamientos, preguntas y respuestas. Sin más ella se giró y fue tras su esposo, Remus se pasó las manos por la cabeza y cerró los ojos recordando las pocas imágenes que tenía de aquella bebita pelirroja.

—¿Dónde estarás?

Sirius había salido durante la tarde y no había regresado. Entrada ya la media noche Harry sabía que su padrino había huido a ahogar las penas a algún bar de mala muerte y que probablemente llegaría al amanecer. Se había quedado solo y cocinado un huevo por falta de conocimientos en la cocina. Aunque si bien no estaba completamente solo, así parecía. Ya que la gitana no había salido de su propia habitación en todo el día, y no parecía querer salir.

Aburrido de su inmadurez —tomando en cuenta que su propio crecimiento mental era de un niño de diez años—, se dirigió hacia el cuartito y tocó la puerta. No lo había hecho en todo el día y la verdad estaba aburrido de no tener a alguien cerca con quien discutir.

—¡Vete! —exclamo ella desde el otro lado, Harry suspiró y se quejó al sentir un tirón en sus dedos heridos.

—¿Puedes al menos escucharme?

—¡Vete a la mierda! —exclamó una vez más.

Harry gruñó e intentó girar el pomo, pero como era obvio, no cedía.

—Por favor, ¿podemos comportarnos como adultos? En verdad lo siento, no quise decir eso.

—¡Pero lo hiciste! —exclamó ella, y de fondo varios ruidos llamaron su atención.

—¿Qué estás haciendo?

Y antes que pudiera quitarse, la puerta se abrió y la chiquilla lo empujo cargando todas sus bolsas y la maleta que Sirius le había prestado con ropa.

—¡Aléjate de mí! —gruñó, Harry trastabilló contra la pared contigua y luego corrió hasta agarrarla del brazo.

—¿Dónde crees que vas? —la atajó, ella se giró enfurruñada.

—Suéltame —ordenó, él sostuvo la mirada pero ella no se la devolvió.

—¿Cómo puedes ser tan infantil para escapar por algo que dije en un momento de rabia?

—Sé que lo dijiste en serio, y yo también lo creo —dijo, y levantó la mirada encontrándose con los ojos de Harry. El muchacho no supo cómo reaccionar al ver aquellos ojos castaños rojos e hinchados.

—No espera, —intentó explicarse—, la verdad es que sí creo que eres ella—mintió intentando sonar convincente—, es sólo que la búsqueda ha sido exhausta, nos hemos encontrado con cada mujer que dice ser la heredera…—pausó. No sabía de dónde estaba sacando semejante discurso pero al menos había captado la atención de la muchacha—, cuando te vimos en aquel callejón simplemente lo supimos, eres tú.

Si Sirius hubiese estado ahí probablemente le habría hecho una reverencia y aplaudido desde un palco, porque fue la mejor actuación de su vida. ¿De dónde había sacado la labia?, no tenía idea, pero al menos la gitana repentinamente se veía inmersa en sus propios pensamientos.

—¿Por qué dijiste todas esas cosas si sabes supuestamente quién soy? —un frío lacerante corrió la espina de Harry al notar ese leve dejo de esperanza en las palabras. Tragó saliva.

—Estaba celoso —soltó, y se sintió como un rematado imbécil al ver la sorpresa en el rostro de la chica—, sí es que… Sirius es mi padrino, ¿sabes? El me crió, y verlo cariñoso y paternal con alguien más siendo que conmigo nunca lo fue…

—¿Lo dices en serio? —rió ella disimuladamente, Harry sintió que sus mejillas se calentaba, ¡malditas clases de mentira de Sirius!

—Sí—masculló humillado. Ella sonrió apretando los labios y observó la mano que agarraba su brazo, los dedos heridos de Harry estaban cubiertos de parches.

—Lamento lo de tu mano— le dijo, y el tono de honestidad empleado impresionó al muchacho.

—No… no es nada, fue un accidente —dijo quitando la mano, ella movió la cabeza dejando las bolsas en el suelo junto a la maleta.

—No, no lo fue —confesó suspirando—, creo que te he traído muchos problemas, ¿no? —Harry la miró—, primero te robé, luego me quedé con tu habitación, y todavía te rompo los dedos, en verdad lo siento.

—Insisto, no tienes nada de qué disculparte —dijo él intentando sonar parco, pero su tono amigable lo delató.

—¿Puedo ofrecerte un remedio gitano? Cicatrizara rápido —agregó con rapidez al ver la expresión de Harry.

—No, no es necesario —dijo sintiéndose nervioso y en extremo imbécil, ¿qué ocurría con él? Parecía quinceañera.

—Claro que lo es, puedo hacer un ungüento.

Sin esperárselo Harry fue agarrado por la muñeca y alejado del pasillo hasta la pequeña cocina americana a un costado del departamento. La chica revisó el refrigerador y sacó algunas cosas, Harry simplemente la observó trabajar arduamente en algo que parecía una pasta con huevo.

—Listo, te prometo que te recuperarás rápido —le dijo sentándolo en el viejo sillón que decoraba el lugar. Le quitó con cuidado las vendas y Harry sintió el tacto de la mano de ella contra la suya. Se sentía callosa y áspera, pero evitó hacer preguntas. Curiosamente en esos instantes sus ojos estaban fijos en el trabajo de la chiquilla sobre sus dedos que se deslizaban como mantequilla a través del ungüento amarillo verdoso.

Impresionado repentinamente el ardor que lo había perseguido durante el día se había esfumado.

—Vaya… —dijo moviendo los dedos sin podérselo creer, ella sonrió de costado.

—Lo solíamos usar en la tribu —contó—, era el remedio más práctico para las cortadas, sobre todo para quienes trabajaban con maderas y herramientas pesadas.

—Increíble —admitió sorprendido.

—No, no lo es, es un simple ungüento de huevo y verduras, nada mágico —Harry no contestó, simplemente la observó vendar su mano con sumo cuidado—. Listo.

—Gracias.

—No me las debes, después de todo yo te hice esto…—admitió avergonzada—, de verdad lo siento.

Harry levantó la mirada de u mano y se encontró con ella observándolo. La mano efectivamente había dejado de arder, pero había algo más allá del cosquilleo de sus dedos sanando que lo tenían definitivamente confundido. Ahora que la observaba de cerca debía admitir que la chiquilla tenía su encanto, y apenas había notado la cantidad de pecas que cubrían su rostro. No era para menos asustarse o sentirse agitado por el sólo hecho de descubrir que sentía tranquilo con su presencia cuando hacía menos de cuarenta y ocho horas ni siquiera podían compartir el mismo espacio.

Ella había ralentizado su respiración, y de forma automática se colocó un mechón detrás de la oreja izquierda revelando un par de pendientes a lo largo del lóbulo. Harry sintió nuevamente su cara arder sin saber exactamente las razones que lo llevaban a pensar cosas relacionadas a algo tan simple como lo linda que se veía una oreja vestida de piedras.

Sus dedos cosquilleaban, su boca estaba seca y las venas de su cuello emitían palpitaciones intermitentes a lo largo de su cabeza. ¿Qué ocurría con él?, probablemente se debía a que él era hombre y acababa de notar que frente a él tenía a una mujer bastante bonita que no dejaba de mirarlo.

Sabía que debía atenerse a un plan estúpido como lo que su padrino había mentalizado, pero solo por ese instante deseaba ser simplemente un muchacho joven sin responsabilidades, con la libertad de hacer lo que quisiera… si no fuera objetivo de la mafia, claro.

El silencio repentinamente se tornó incómodo y el aire escaseó. ¿Por qué lo seguía mirando?, ¿qué pasaba con ella?, deseaba que le hablara de algo, que dejara de verlo cómo lo hacía.

—¿Sucede algo? —le preguntó, su voz sonó ronca y áspera.

—Nunca me había fijado en el color de tus ojos —susurró ella, Harry se tensó.

—Sirius dice que tengo los ojos de mi madre…

—Debe ser una mujer muy bonita— dejó escapar ella, aparentemente sin pensar porque sus mejillas se tornaron rojas. Harry dejó de respirar por un instante. Ni siquiera en sus más locas aventuras una mujer se había ruborizado de esa forma delante de él, y eso que había conocido a varias.

—Eso decían…No la conocí, murió cuando era niño—balbuceó.

—Lo siento...—se apenó ella.

—No, no lo sientas...

No se había dado cuenta, pero aquel escaso aire que faltaba se debía a que cada vez estaban más cerca uno del otro. Ahora podía contar sus pecas con detalle y notar que las pestañas eran tan pelirrojas como su cabello. Su cuerpo por un segundo dejó de responder y ella no se movió del lugar cuando él sin pensarlo comenzó a acercarse.

Su pecho latía, sus brazos, piernas, sentía un pitido dentro de la cabeza y la boca pastosa. ¿Podía cometer tamaña locura?, no lo sabía. Tarde era para arrepentirse porque los movimientos de su cuerpo eran absolutamente involuntarios. Inhaló profundamente cuando ella comenzó a cerrar los ojos, pero no había parpadeado siquiera cuando la puerta se abrió con estrépito.

Ambos saltaron del sillón dejando caer el pocillo con el ungüento al suelo. Sirius se aferraba a la puerta como si fuera un chaleco salvavidas, tenía la nariz roja, el cabello enmarañado y la ropa sucia y mojada con algo que Harry prefería no saber.

—Yo... iré a devolver las cosas al cuarto —dijo ella nerviosa y sin mirarlo— buenas noches.

Harry no alcanzó ni a responder cuando Sirius estampó su cara contra el suelo.

—Mierda —susurró y corrió a socorrerlo.

Por un momento pensó en lo que había estado a punto de ocurrir y su corazón volvió a martillar su pecho. Recogió a su padrino que balbuceaba cosas sin sentido y se preguntó si ella sabría preparar algo para la resaca.


Notas:

Sé que es un capítulo corto, bien saben que esta historia no tiene capítulos de más de diez páginas (a no ser que lo amerite). Sin embargo también sé que al ser tan cortitos no merezco disculpas por el semejante retraso.

He estado con tantas cosas que la verdad no me da tiempo de escribir, y si quiero hacerlo la musa simplemente no se presenta. Ustedes saben que escribir por escribir no da como resultado una buena historia, y por eso mismo hay que esperar a que la inspiración aparezca (si no es que le da por irse de vacaciones).

En fin espero que este capítulo les haya gustado. Primer acercamiento H/G de muchos que se vendrán. Ya apareció Remus, así que la cosa se pondrá interesante. Y sí, Voldemort no es una blanca palomita y si bien el sujeto tiene algo extraño relacionado con la magia (en un mundo donde supuestamente no existe), podremos esperar muchas cosas de él. Aunque lo peor aún no sucede, y es que a nadie le gusta imaginarse que el villano repentinamente se muestre interesado en la protagonista, y no como víctima precisamente.

Bueno, espero que les haya gustado. Ya saben, cualquier duda me pueden seguir por Twitter, intentaré responder todas las preguntas que sean posibles.

Kate.-