Supongo que después de cuatro largos meses (uff), muchos que leían el fic habrán perdido en algo el hilo de la historia. Por eso les dejaré un micro resumen para recordar algunos detalles:
Harry y Sirius son perseguidos por la mafia Francesa producto de una deuda monetaria. Para poder pagarle a los Malfoy (algo así como los Alcapone), Sirius decide engañar a una gitana que se parece mucho a la hermana perdida del Duque de Lancaster (Ronald Weasey), en Inglaterra. Con ella planea saldar la deuda con la mafia en treinta días cobrando la recompensa por su rescate. Sin embargo aparece en el juego el jefe de los Malfoy, un sujeto llamado Tom Riddle y el cual posee poderes sobrenaturales y un pasado escabroso relacionado con la familia del Duque. Riddle quiso acabar con la familia para poder quedarse con el título que creía debía corresponderle por derecho, para ello vendió su alma a la oscuridad, transformándolo en un ente desfigurado. Al eliminar a toda la familia olvidó a los dos menores, Ronald, que en este punto de la historia es el famoso Duque, y a la hermana menor de éste, Ginevra, que desapareció durante muchos años, y que Sirius y Harry han conocido como la gitana que les ayudará con su deuda, (ellos por supuesto desconocen que han encontrado a la verdadera heredera). Riddle intenta acabar con ella porque es la única descendiente de la familia Weasley que puede concebir herederos (Ronald y su mujer, Hermione, son infértiles). Sin embargo a mitad del plan para exterminarla descubre que le gusta, y lo que ya se vio en los capítulos anteriores es que Riddle ha decidido enamorarla, y no matarla como lo había planeado. Así, finalmente se transformará en Duque por relatividad y saldará su propia deuda con la oscuridad.
Disculpando la tardanza (leerán mis disculpas al final), los dejo con este emocionante capítulo que espero valga la pena la espera.
El Caballero Desconocido
—¿Por qué habéis arrancado de mis brazos?
—Porque he descubierto que llevas encima una piel de oveja.
—Jamás os dije que era noble, para vivir debo engañar.
—¿Y osasteis haberlo hecho conmigo?
—Por favor, no lloréis, mirad, he aquí la piel de oveja, sobre la nieve a vuestros pies.
—Ya no sé si creeros, lo que me ha encantado fueron vuestras palabras teñidas de blanco, ahora solo veo gris, mugre y mentiras encantadoras.
—Os engañé con la piel, pero mis palabras son las mismas, heme aquí, como la bestia que vos conocéis.
—No quiero escuchar, prefiero la oscuridad del bosque a la máscara noble.
—¡No, esperad!
—¡Dejadme, bestia! Y seguid el rumbo de los caídos que a mí no me volveréis a tened.
…
Harry se sorprendió a sí mismo mientras terminaba de devorarse el cuarto panqueque de ese desayuno improvisado. Jamás imagino que podría comer algo hecho por Sirius sin caer hospitalizado.
La muchacha sin embargo, aunque comió su primer bocado, no terminó de desayunar por completo y aquello no dejaba de perturbarlo. Físicamente se veía bien, pero había algo en sus gestos y en el ceño levemente fruncido que le causaban una fuerte incertidumbre.
Sacudió la cabeza, ¿qué rayos le importaba? Intentando quitarse alguna idea boba de la cabeza miró a su padrino, pero Sirius estaba con la cabeza enterrada sobre un cuaderno viejo de hojas amarillas escribiendo rápidamente con un lápiz gastado.
—¿Qué escribes? —preguntó comiendo el último pedazo de su delicioso e inusual desayuno. Sirius levantó la mano izquierda en señal de espera, Harry alzó una ceja — ¿Te comió la lengua el ga…?
—¡Listo! —exclamó el otro repentinamente, Ginny dio un leve salto que solo fue percibido por Harry, éste mantuvo su expresión incrédula, la muchacha andaba muy nerviosa.
—¿Qué tienes ahí?
—Estaba haciendo algunas anotaciones, que a ti, querido, no te incumben.
Harry frunció el ceño.
—Si es sobre el Duque, debería, ya que ambos le prometimos encontrar a su hermana — masculló apretando los dientes. Su padrino a veces se olvidaba de todo ese teatro y que tanto él como Sirius debían remar hacia el mismo lado.
Sirius abrió al máximo sus ojos con sorpresa y carraspeó para disimular; la gitana aún parecía inmersa en sus propios pensamientos y Harry comenzó a preocuparse. Ya no podía fingir su desinterés, le gustara o no, la muchacha lo tenía intrigado, y su inusual comportamiento lo estaba incomodando.
—Estoy anotando algunos nombres que Ginny tiene que recordar.
—¿Nombres? —preguntaron los jóvenes a la vez, por primera vez esa mañana la muchacha mostraba interés en algo.
—¡Por supuesto! No llegarás a ver al Duque sin saber sobre la familia, por algún lado tienes que ganarte su confianza.
—Pero me crié en la calle —masculló la chica— ni aunque fuera la reina de Inglaterra podría ser lógico que supiera el linaje de toda una familia, ¿cómo le explicaremos al Duque que lo sé?
—Sí, Sirius, ¿cómo? —insistió Harry con una sonrisa apretada, pero su padrino elevó el mentón y sonrió con petulancia.
—¿Me creen idiota, cierto?, ¡Por supuesto que tengo una carta bajo la manga! Porque tú, mi querida, vas a decir que fuiste criada por tu madrina en Paris, una mujer íntegra que te enseñó todo sobre el Duque hasta que le falto memoria. Luego, fuiste llevada a un refugio donde te internaste en una escuela para menores de escasos recursos hasta que cumpliste los dieciocho años y decidiste emanciparte, encontraste trabajo en una cafetería y con lo que ganaste pagaste tus estudios de ciencias políticas que finalizaron a los… ¿qué edad tienes?
—Veintitrés…—dijo bajito.
—¡Veintitrés! —exclamó anotando algo más en el cuaderno—, y es cuando un día pasando por ahí, te vimos. Renunciaste a tu empleo y te viniste con nosotros con lo poco que te enseñó tu madrina, dispuesta a convencer al Duque que eres su verdadera hermana.
Sirius inhaló profundamente después de una larga perorata sin tomar aire, Harry tenía la boca abierta y la ceja arqueada, y la muchacha los labios entreabiertos como si no supiera qué decir.
—¿Y tú cómo sabes tanto sobre él, Sirius? —cuestionó Harry desconfiado—, bien podría ella investigar en internet y sacar la información que necesita. Te puedo asegurar que el nombre de Ronald Weasley está en Wikipedia con toda la historia de la familia.
Sirius entonces ensombreció su mirada a tal punto que a Harry se le erizó la espina.
—En Internet está la historia, pero yo —dijo señalando el cuaderno— tengo los detalles.
—Me pregunto cómo es que sabes tanto sobre la nobleza Black —murmuró intrigado, pero Sirius mantuvo su seriedad y sombra tatuadas en el rostro.
—Ya te lo dije —dijo poniéndose de pie llevándose la taza a los labios y bebiendo de un sorbo lo último que quedaba de café—, hay cosas mías que no sabes. Además, si piensas con lógica, si la muchacha busca lo que existe en internet no tiene ni una oportunidad de llegar al Duque, porque probablemente todas las impostoras han llegado a él con esa información. Pero esto —dijo agitando el cuaderno—, es oro puro, querido —siseo.
—Pero… —balbuceó ella.
—Nada querida, déjamelo a mí —dijo dando la espalda—, apresuren el desayuno que tenemos mucho que hacer hoy.
El hombre desapareció por el corredor y se escuchó la puerta de la habitación cerrar. Ginny y Harry quedaron con la vista fija sobre la estela que el hombre había dejado tras él. Harry frunció la nariz. La gitana aún era muy ingenua como para darse cuenta que los dos eran tremendos mentirosos y a Sirius se le había escapado más de una vez que él sabía cosas que supuestamente no debería, aunque aún así ¡no debiese saberlas!
¿Cómo podían seguir con esa mentira? La pobre muchacha había sido alejada de su casa y familia gitana con el fin de hacerle creer que era alguien importante, una persona querida y buscada. Eso lo hizo sentir terrible, ¿cómo podía ser tan desgraciado?, ella realmente quería encontrar a su familia, pero ellos estaban complicando aquella historia más de la cuenta, ¿y si el duque ya no quería saber más sobre su hermana?, ¿cómo se presentarían ante él si ni siquiera trabajaban para él? Si Sirius tenía algo pensado debía estar muy bien planeado, porque poco a poco el plan se escabullía de sus manos y si bien la muchacha aún no se daba cuenta de la mentira, no faltaba mucho para que los descubriera.
—¿Estás bien? —preguntó para romper el hilo y, a modo de sosiego, poder sentirse mejor con su alma.
Ella se giró a verlo, sus ojos lucían cansados y los parpados estaban caídos.
—Sí, —contestó apretando los ojos y aguantando un bostezo—, no dormí bien anoche.
Intrigado se reacomodó en el asiento para verla mejor. Un estremecimiento recorrió su estómago. Por su cabeza cruzaron recuerdos de la noche anterior y sintió unas súbitas ganas de sonreír.
—Lo siento —dijo al no ocurrírsele nada más lógico que contestar a eso—, si te hace sentir mejor, yo tampoco pude dormir.
Ella esbozó una sonrisa floja.
—También lo lamento —dijo cerrando los ojos con cansancio, suspiró profundamente y los volvió a abrir—, ¿sabes que planea Sirius?
Harry notó el cambio brusco de tema como una bofetada, sin embargo estaba tan intrigado como ella.
—Ni idea.
—¿No deberías saberlo? —preguntó curiosa—, después de todo trabajan juntos, ¿qué les pidió el Duque de mí?
Harry sintió que al aire se esfumaba de sus pulmones y que el estómago se retorcía, ¿qué cosa?
—Desconozco todo lo que el Duque necesita de ti, yo solo soy un asistente —masculló.
—Debes ser más que un asistente si te pidieron que lo acompañaras en mi búsqueda—dijo, por su expresión parecía sorprendida de sus propias palabras, y Harry también.
¿Acaso acababa de reconocer que se estaba creyendo la historia de Sirius?, ¿estaba existiendo la posibilidad que se considerara a sí misma la duquesa perdida?
—Sí, bueno… como es mi padrino, supongo que era mejor idea que yo lo acompañara, después de todo conozco sus debilidades—dijo al final con un leve suspiro, ella movió la cabeza.
—Me lo imaginaba—sonrió ella con dulzura—, Sirius se ve muy impulsivo, ciertamente fue una buena idea enviarte a ti a acompañarlo, eres mucho más sensato.
Harry sintió que sus mejillas se calentaban y se vio obligado a desviar la mirada.
—No pensabas eso cuando nos conocimos en Paris—masculló. Ella sonrió de costado.
—Cierto, en ese momento eras solo un turista idiota.
—¡Oye!
—Pero, después de todo lo que he visto, creo que te juzgué mal —dijo ampliando la sonrisa. Harry quiso tragar saliva, pero se le atascó en la garganta.
—No fue la forma ideal de conocernos—coincidió—, pero si no nos hubieras robado…
—Sé la historia, no me la repitas —ambos rieron.
Harry pudo finalmente dejar que la saliva bajara por su tráquea, pero aún así el ardor en el estómago lo inquietaba. Ahí estaba ella, una inocente gitana elegida para ser la carnada de la estafa más espectacular que hubiese realizado en su carrera, y todo para engañar a un pobre idiota y de paso salvar su pellejo de Malfoy.
Pensar en el rubio oxigenado le erizó la espina. Había prometido treinta días y ya llevaban una semana en Londres, aquello significaba que quedaban tres semanas para presentar a la muchacha al Duque, cobrar la recompensa y pagarle a la mafia, de lo contrario sus días definitivamente estaban contados.
—¿Te sientes bien? Te pusiste pálido —observó ella, Harry se tocó el estómago con una mano al sentir que éste se revolvía.
—Sí, —mintió—, definitivamente Sirius no es tan buen cocinero como parece.
—¿Seguro que estás bien?
Harry se estremeció. Por su mente se cruzaron imágenes de Malfoy, Gabrielle, París, fiestas, dinero volando por los cielos y un par de ojos azules que le causaron escalofríos.
Sacudió la cabeza para eliminar el último pensamiento de un rostro siniestro. Estaba hundido en la misma mierda, y si Sirius no hacía algo pronto, la muchacha, que no tenía nada que ver, se hundiría con ellos.
—Sí, descuida, es solo una molestia estomacal —gruñó. No le gustaba nada, no toleraba aquella situación, y que ella lo mirara con aquellos ojos preocupados le estaba produciendo urticaria.
—¡Listo! —exclamó Sirius apareciendo con los ojos abiertos al extremo y una expresión de júbilo poco habitual en él.
—¿De qué hablas? —se quejó Harry, imaginando que tal vez la molestia estomacal era en realidad eso y no una somatización de la culpa.
—Tengo lista la información y el historial que necesita nuestra querida invitada para recordar a su familia.
Ginny entrecerró los ojos con desconfianza, y Harry se recostó en uno de los sofás comenzando a preocuparse por la molestia en el estómago.
—¿Disculpa? —se molestó Ginny observando la larga lista de garabatos anotados en el cuaderno viejo de Sirius— ¿quieres que aprenda todo esto?
—Tienes que hacerlo querida, el Duque querrá saber si sabes cosas que sólo él conoce.
—Sirius…—amenazó tediosamente Harry con la cabeza colgando del sofá. ¿Qué estaba inventando su padrino ahora?
—No lo escuches —le dijo Sirius a la chica—, el duque nos confió tu búsqueda, así que te enseñaré lo que debes saber.
Harry alzó la mirada con el ceño fruncido. A veces le sorprendía y preocupaba lo seguro que se escuchaba su padrino con respecto al tema de los Weasley.
—Bien, ¿qué debo aprender? —se resignó la gitana. Sirius sonrió de oreja a oreja.
—Primero, lo primero — dijo entusiasmado—hay que empacar porque partimos hoy mismo hacia Lancaster.
—¿QUÉ? —exclamó Harry cayendo del sofá, Ginny pareció confundida.
—No entiendo, creí que querías que aprendiera los nombres primero —objetó preocupada.
—¿A Lancaster, hoy? ¿Te volviste loco? —gritó Harry desde el suelo. Sirius rodó los ojos.
—No seas idiota —dijo con calma—, para no levantar sospechas de que llevamos a la heredera con nosotros iremos por paradas, no llegaremos a Lancaster hoy, ¿qué crees? Nuestra invitada debe conocer algunos lugares antes de llegar al destino final —agregó girándose hacia ella—, es por esta razón que estudiaremos en el camino, y no antes, preciosa.
—¿Y cuál es la primera parada, genio? —masculló el otro levantándose del suelo sin mirarlo, Ginny parecía inmersa en sus propios pensamientos. Su padrino se había vuelto definitivamente loco, no podían seguir gastando el dinero del último trabajo. Viajar por Inglaterra hasta llegar a Lancaster les costaría un buen saldo de sus "ahorros", ¿en qué se estaba metiendo, por Dios?
Sirius frunció el ceño y miró la lista de nombres que tenía anotados, una sonrisa surcó sus labios. Harry resopló frustrado, conocía esa mueca, y no le gustaba.
—Northampton —respondió éste ampliando la mueca, la gitana frunció el ceño.
—¿Qué hay allá? —quiso saber.
—Allá, encanto, están las raíces de tu madre —anunció, Harry sintió que el aire se esfumaba de sus pulmones al ver la expresión de sorpresa en la cara de la chica. Sirius no estaba siendo cruel, sino maligno. ¿Cómo podía jugar así con las ilusiones de una persona? ¡Y qué diablos le importaba a él! ¡La situación lo estaba volviendo loco!
—¿Qué demo…?—masculló, Sirius y la gitana se voltearon a mirarlo, pero se vio obligado a comerse sus palabras. ¿Qué podía hacer? No iba a exclamar a los cuatro vientos lo que pensaba sobre el descabellado plan de su padrino frente a la muchacha. Aunque no dejaba de inquietarle el hecho de que el hombre hablara tanto sobre un tema que desconocía, o al menos, eso pensaba él— ¿Puedo hablar un segundo contigo, Sirius? —dijo con los dientes apretados, el otro lo miró de reojo.
—¿Ahora?, estoy explic…
—Sí, ahora —insistió apretando aún más los dientes y puños.
Sirius intercambió una mirada de intriga con la muchacha cuando se alejó con Harry hacia el pasillo donde daban las habitaciones.
—¿Qué mierda te ocurre Black? —escupió Harry cuando quedaron fuera del alcance de Ginny.
—¿Qué mierda te ocurre a ti, mocoso? Más respeto que hablas con el hombre que te crió.
—¡Qué me crió, y un cuerno! ¿Qué mierda estás haciendo con ella?, ¿qué significa eso de aprender los nombres de su familia y de llevarla al pueblo de su madre? —dijo colérico remarcando las palabras "su madre" con los dientes apretados.
Para su sorpresa Sirius ensombreció la mirada.
—Si te pido que confíes en mí ciertamente no lo harás, pero quiero que sepas que sé exactamente lo que hago.
Harry se llevó las manos a la cabeza intentando hilar las palabras que pugnaban por salir de su boca, pero sólo conseguía balbuceos.
—Estás demente, Malfoy te volvió loco —gimió—, no sé qué está pasando por tu cabeza, pero jamás te creí tan maquiavélico como para meter a Ginny en el enredo en el que la estás metiendo. ¡La pobre se está creyendo tu historia!
—¿En serio? ¡Fabuloso! —exclamó Sirius con una sonrisa de oreja a oreja—, espera, ¿Ginny? —agregó socarrón— ¿desde cuándo que tienes tanta confianza con ella?
Harry sintió sus mejillas arder y el dolor de estómago —que había olvidado— volvió a remecer sus entrañas.
—No me jodas Black —dijo molesto—, ¡tengo el culo en las manos por nuestra vida! No sé en qué nos estás metiendo y conociéndote como lo hago sé que estás tramando algo y no me lo quieres decir.
Sirius cambió su mueca por una adusta y molesta, Harry no supo descifrar aquel cambio, pero sí descubrió algo nuevo, y es que en los ojos de su padrino se estaba reflejando un dolor que no había visto jamás.
—Sólo te pido que confíes en mí, ¿sí?, sé lo que hago.
—¿Cómo quieres que confíe si no me cuentas lo que sabes? ¡Te recuerdo que mi vida también está en juego!
Sirius se llevó ambas manos por la cara despeinando su barba rizada.
—Todo a su tiempo, Potter —suspiró palmeándole el brazo, Harry dio un paso hacia atrás perdiendo la paciencia.
—Deja de joderme Black.
—Y tú deja de comportarte como un idiota si no quieres que ella sospeche —susurró palmeándole la mejilla con fuerza poco medida, alejándose. Harry cerró los ojos y suspiró contando hasta diez. Sentía sus bolsillos vacíos, los ojos de Malfoy en la espalda y el estómago revuelto. Estaba hasta las pelotas.
—Si a fin de mes salgo con vida de todo esto me compraré un billete de lotería—murmuró suspirando.
...
Salir del departamento le costó horrores a Harry. Abandonar el cuartito y el pequeño espacio donde se sentía seguro aumentó su malestar estomacal al punto que terminó vomitando en la estación de tren.
—Dios mío…—suspiró Sirius mirando al cielo mientras su ahijado mantenía la cabeza enterrada en un tarro de basura.
—¿Qué mierda le pusiste a esos panqueques? —se quejó elevando la cabeza— no te desharás de mí tan fácilmente.
Sirius soltó una risa y miró el reloj de su muñeca, el único artefacto que parecía carísimo y elegante, pero que ni aunque se estuviera muriendo de hambre sería capaz de vender.
Ginny miró de reojo el semblante cetrino de Harry y frunció las cejas con lástima. A pesar de la poca cantidad de gente que abordaba el tren a esa hora seguían siendo particularmente llamativos, y con uno de ellos vomitando escandalosamente, era obvio que no serían bien vistos.
—Aun no comprendo por qué te colocaste la falda —regañó Sirius a la muchacha—, te compré ropa para que pasaras desapercibida.
—Soy una gitana —dijo tajante—, uso lo que me dé la gana. Esta soy yo, esta es mi ropa, no tengo por qué pasar desapercibida para nadie.
—No es digno de la duquesa —insistió Sirius molesto—se supone que no debes llamar la atención.
Ginny bufó y se cruzó de brazos desviando la mirada, Harry se pasó una mano por la boca y suspiró.
—No jodas Sirius—se quejó— deja que vaya vestida así y en Lancaster le compras ropa.
Sirius lo asesinó con la mirada, probablemente lo que menos deseaba era llamar la atención con "Campanitas", ya que la muchacha había vuelto a colocarse los brazaletes y collares tintineantes.
—El Duque no me conoce, si soy su hermana y me anda buscando deberá aceptarme por lo que soy, yo no me críe en un palacio —zanjó la muchacha mostrando indiferencia hacia Sirius. Éste pareció molestarse más de lo que ya estaba y Harry lo escuchó hacer crujir sus nudillos.
—Vaya guardián que resultaste ser —bromeó Harry con la voz rasposa—, controla ese genio Black.
—Y tú deja de defenderla —dijo Sirius perdiendo la paciencia. Sus ojos se enfocaron en un tren que justo en esos instantes arribaba a la estación—, vamos.
Dando largas zancadas Sirius se instaló frente al tren esperando que éste abriera sus puertas. Harry y Ginny intercambiaron una mirada suspicaz y lo siguieron hasta la maquina.
El viaje no fue el más armonioso de la historia. Sirius se estrujaba las manos, tomaba el periódico del día, lo leía, doblaba, desdoblaba y lo volvía a leer. Harry había solucionado por tercera vez el mismo puzle que venía en una revista, mientras Ginny simplemente se dedicaba a mirar por la ventana y a levantarse de su asiento para caminar por el pasillo como si le dolieran las piernas. Cada parada desde Londres hasta Northampton se hacía eterna y el silencio incómodo. No es que estuvieran enojados entre ellos, sino que sencillamente no podían comportarse como personas civilizadas al estar en desacuerdo.
La hora y media de viaje se hizo eterna, y aunque Sirius en algún momento logró entablar contacto con Ginny para enseñarle lo que debía saber sobre la familia del Duque, la chica seguía sin mirarlo a los ojos.
Para cuando descendieron al andén de Northampton las asperezas no se habían limado. Ginny anduvo a los codazos con Sirius el camino que los llevó a alojarse en una modesta posada en el centro de la ciudad mientras Harry los seguía desde lejos.
Sentía ese vacío mezcla extrañeza, mezcla desconcierto. Sirius se había pasado parte del trayecto intentando que la muchacha se aprendiera nombres y lugares que él jamás había escuchado ni siquiera en libros de historia —si es que alguna vez tuvo uno en sus manos—. Poco a poco la idea del engaño se tornaba pesada y su conciencia no aguantaba más el peso, pero luego recordaba los ojos gélidos de Malfoy y la pistola disparando a sus pies y la conciencia volvía a refugiarse en algún recóndito lugar de su alma.
Sirius y Ginny se perdieron al interior de aquella bella casita de ladrillo de ventanas y pórtico blancos decorados con maceteros repletos de flores pintorescas. La calle era tranquila y en la esquina más cercana se encontraba una coqueta cafetería de mesitas redondas. Su desconcierto se acrecentó aún más. Viviendo en aquel departamento pequeño en pleno Londres y en uno de los peores barrios, jamás imaginó que en pleno viaje a engañar a un multimillonario se alojarían en un hostal como ese. Miró hacia todos lados y repentinamente una fría ráfaga se apoderó de su espalda. Se estremeció sintiéndose observado, aunque en aquella calle no había más que gente caminando de un lado a otro, estaba seguro que alguien lo estaba siguiendo.
—¡Potter! —la voz de Sirius lo sobresaltó dejando el corazón en su tráquea—, ¿qué haces ahí parado como idiota?, ¿esperas algún cliente princesa?
Harry apretó los puños y reacomodándose su bolso siguió a su padrino al interior del Hostal. Para su sorpresa resultó ser tan acogedor como se veía desde el exterior, ¡tenía hasta chimenea! La recepción era un adorable mesón de madera que se encontraba justo frente a la puerta, tras éste había una escalera que se perdía en el segundo piso, y a ambos lados dos salas que llevaban al comedor y a la sala de estar.
—¿Me puedes decir qué dinero estás usando para pagar este lugar? —masculló Harry, Sirius mantuvo la vista al frente y apretó los dientes.
—Se cuenta el milagro pero no el santo, ahijado —murmuró— agradece que hoy dormirás en una cama de verdad.
Harry alzó una ceja con desconfianza observando como una atenta anciana terminaba por timbrar una serie de papeles antes de entregarles dos juegos de llaves.
—Para la señorita, su habitación está hacia el Ala Oeste —dijo entregándole una llave a Ginny—, y para usted y su hijo, el Ala Este cuenta con una habitación disponible al final del pasillo. El desayuno se sirve entre ocho y once de la mañana en el comedor, después de las veinte horas se convierte en bar. Si necesitan algo solo deben llamar a recepción. Espero que tengan una linda estadía en "Esther House".
Sirius asintió amablemente sonriendo con aquella típica sonrisa de galán tatuada en el rostro, Harry rodó los ojos mientras Ginny mantenía la vista fija al otro lado el ventanal que iluminaba el comedor.
Harry achicó los ojos para enfocar lo que ella estaba mirando, pero solo se veía la cafetería de la esquina y un par de personas comiendo en las mesitas que daban a la calle.
—¿Qué miras tanto? —preguntó curioso, ella sacudió la cabeza y se volteo a mirarlo.
—Nada —contestó con rapidez, miró las llaves en sus manos y se alejó hacia las escaleras subiendo con rapidez arrastrando su bolso por ellas. Harry frunció el ceño enfocando la mirada en el horizonte donde se encontraba la cafetería, y entonces aquel estremecimiento reapareció cuando un sujeto de gabardina negra se encontró con sus ojos.
—¿Qué esperas Potter? —lo llamó Sirius, Harry dio un salto y se giró sobresaltado. Su padrino lo llamaba desde el relleno con su bolso al hombro y la maleta en la mano.
Harry suspiró resignado y lo siguió hasta el segundo piso. Sin embargo la sensación de temor aún no desaparecía de su espalda.
...
Desde aquella distancia pudo sentir su corazón desbocarse al encontrar aquellos ojos castaños mirándolo desde lejos.
—Bonita…—suspiró.
El contacto con el aire entrando a sus pulmones se sintió como algo ajeno, nuevo. Aún le costaba acostumbrarse a aquel cuerpo que por ley debía de pertenecerle pero que por avaro había perdido la oportunidad de poseer. Sus movimientos eran torpes y sus dedos finos y largos se enredaban con facilidad al tomar la cuchara para revolver su café. Escondido bajo una gruesa gabardina negra y un amplio sombrero de Fedora, los ojos azules del apuesto caballero se filtraban irradiando una luz misteriosa. Sin embargo cuando aquel muchacho enfrentó la ventana algo picó muy dentro de él, y una sensación ácida se apoderó de su pecho.
—Ese rostro… ¿dónde te he visto, muchacho?
Apenas Harry se alejó de su punto visual algo ensombreció su mirada. No le gustó haberlo visto tan cerca de la joven y tampoco la forma en que la miraba.
Cerró sus ojos y se enfocó en ella. La veía recostada de espalda sobre la cama de su habitación con el semblante aburrido. El bolso estaba en el suelo y sus ojos castaños enfocados en el ventilador de aspas que colgaba el techo y el cual se mantenía apagado.
Sonrió, estaba sola, desprotegida e indefensa a sus hechizos. Con un movimiento suave de su mano la muchacha cerró los ojos lentamente encontrándose repentinamente en medio de un puente iluminado en medio de la noche. Todo a su alrededor brillaba, los árboles, arbustos y rosales. Un suave riachuelo cruzaba bajo sus pies haciendo un delicioso sonido. Él la miraba de lejos, contemplándola embelesado. Ella llevaba un largo vestido negro y un grueso collar dorado pendía de su cuello. Parecía perdida, no entendía dónde estaba y qué había pasado. Sonriente, se acercó con suavidad por el costado izquierdo del puente apareciendo desde detrás de un árbol. Ella mantuvo sus ojos abiertos como platos y giró la cabeza para mirar quién había producido el ruido contra la madera.
Algo parecido a júbilo y placer se apodero de él al verla tan frágil y bella frente a él. Estaba asustada, pero no era nada que sus encantos no pudieran solucionar.
—Buenas noches, querida.
—¿Thomas…?—susurró ella incrédula.
—¿Qué hace una mujer cómo tú tan sola en este lugar?
Ella pareció dudar.
—Yo… no…
—¿Gustas que te acompañe?
Ella vaciló.
—Claro, ¿por qué no?
Él se acomodó a su lado apoyándose en la barrera del puente, ella lo imitó. Una suave y fresca brisa acarició su cabello rojo.
—Permíteme decir que te ves hermosa esta noche.
Ella volvió a dudar.
—Gracias —murmuró—, ¿te puedo preguntar algo?
Él sonrió encantador.
—Claro —contestó con suavidad.
—Te pareceré una idiota, pero… creo que he olvidado lo que hago aquí.
El hechicero amplió su sonrisa y soltó una risa encantadora. Ella se ruborizó frunciendo el ceño como niña pequeña.
—No eres ni me parecerás idiota jamás, querida. El idiota debería ser yo que no sé tu nombre —mintió, ella se cruzó de brazos.
—Si no vas a ayudar entonces me marcho.
Palideció al verla dispuesta a marcharse y no vio otra opción más que agarrarla por el brazo. El contacto fue suave, delicado, no pudo evitar cerrar los ojos al sentir la piel tibia de la muchacha contra sus finos dedos.
—Perdóname si te ofendí —dijo con un leve ronroneo. Ella tembló y sus ojos brillaron con pánico. Ahí estaba, nuevamente ella temía de él sin ser consciente del por qué. Aún podía aprovechar esa ventaja—, aún parece sorprendida con mi presencia. Tal vez debí ser un poco más sutil.
Ginny quitó su brazo del agarre e hizo una mueca torcida con los labios.
—Me llamo Ginny —dijo ella, él alzo una ceja con curiosidad, la muchacha ni siquiera conocía su verdadero nombre.
—¿Ginny? —preguntó, ella se ruborizó.
—Así me dicen —agregó con rapidez, él achicó los ojos con curiosidad.
—¿Así te dicen?
Ella volvió a vacilar y sacudió la cabeza.
—Dejémoslo así —dijo nerviosa mirando a su alrededor—, ¿estoy soñando, cierto?
Él hizo una mueca mirando al cielo.
—A mí me parece muy real —sonrió, y ella se pasó las manos por la cabeza.
—Entonces ¿por qué no recuerdo cómo llegue aquí?
Él sonrió seductoramente y se acercó con lentitud agachándose un poco para alcanzar su altura.
—Seguramente tienes muchos problemas en la cabeza y vienes a este lugar cuando quieres paz —le dijo volviéndose a apoyar en la barrera—, ¿no te parece mágico?
Ella lo imitó apoyándose cerca de él y finalmente sonrió.
—Tienes razón, este lugar me calma.
Él amplió su sonrisa y sus ojos pasaron de un fugaz azul a rojo sin que ella lo notara.
—A mí también—dijo mirándola de reojo, ella parecía encantada con las luciérnagas que bailaban sobre la superficie del agua—, tenemos mucho en común.
Ella elevó su mirada para encontrarse con aquellos ojos azules y profundos. Él la vio estremecerse, y entonces con una sonrisa de triunfo abrió los ojos encontrándose en medio de la calle sentado en la mesita de la cafetería.
—Estás lista para conocerme preciosa.
...
Ginny abrió los ojos encontrándose con el ventilador apagado sobre su cabeza. Tenía una extraña sensación en su pecho mezcla emoción, mezcla miedo.
Aquel desconocido que sólo había visto en sueños y que en un principio le causaba rechazo se había convertido misteriosamente en alguien amigable y de confianza. Su estómago se retorció y una cosquilla invadió sus piernas. Si el sujeto era un invento de su imaginación, ¡vaya qué imaginación tenía!
Un par de golpes en la puerta llamaron su atención, se levantó de la cama y la abrió encontrándose con Sirius apoyado en el marco.
—¿Todavía no te cambias para salir?
—¿Ah?
—No le hagas caso —dijo Harry apoyado en la pared del pasillo—, vamos a ir a almorzar.
—Pero luego de comprarte algo decente para vestir.
—¿Disculpa? —se quejó Ginny cruzándose de brazos.
—Querida, aún se te olvida que te estamos preparando para presentarte ante tu hermano, no puedes vestir con esos trapos.
Ella frunció el ceño.
—Y yo ya te dije que no voy a dejar de ser quien soy para gustarle a mi propio hermano, ¿no debería quererme por el solo hecho de saber que soy su hermana?
Harry apretó los labios aguantando una carcajada mientras Sirius hacía lo mismo pero aguantando un par de improperios que lanzarle a la muchacha. Tomó aire profundo y se pasó una mano por la barba.
—Escucha, preciosa —dijo con extrema calma, como si hablara con un niño—, comprendo perfectamente tus ideales, pero créeme, para entrar a la casa del Duque debes vestir apropiadamente.
Ella rodó los ojos y se alejó cerrando la puerta frente a la cara de Sirius.
—¿Qué mierda? —se quejó, y golpeó la puerta con rudeza —¿Qué te crees mocosa cerrándome la puerta en la cara?
Sin embargo mientras Sirius se quejaba, Harry estallaba en una carcajada.
—Se te está escapando la fiera.
—¿Te crees muy gracioso, cierto? —dijo golpeando con más fuerza— ¡Abre la puerta mujer!
Harry nuevamente tuvo que aguantar una carcajada cuando su padrino casi se va de bruces contra el suelo en el momento que Ginny abrió la puerta vistiendo un atuendo completamente diferente.
—No tienes por qué hacer tanto escándalo —dijo ella pasando por el lado, sus ojos se encontraron con Harry y éste sonrió.
—Si no termino con una úlcera a fin de mes será de milagro —masculló Sirius cerrando la puerta. Harry simplemente lo miró de soslayo siguiendo a la chica por el pasillo.
Cuando salieron del hostal se detuvieron en varias tiendas y bazares callejeros. Cada libra que Sirius gastaba le dolía horrores a Harry en el bolsillo. Sus preciados dólares que en algún momento se mantuvieron ocultos bajo la cama de bronce en aquel viejo hotel de Paris repentinamente se convertían en la moneda de la reina, solo para ser gastados en una desconocida. Estaba seguro que podrían haber ahorrado ese saco de oro para pagar la deuda con los Malfoy, pero Sirius estaba completamente cegado con la recompensa que planeaba ganar con la gitana.
Durante todo el día recorrieron cada rincón de la ciudad buscando atuendos apropiados para vestir a la muchacha. A Harry le rugían las tripas. Creyendo ilusamente que se detendrían a almorzar en algún momento, tuvo que contentarse con unos pequeños bocadillos que compraron en la calle. Muerto de hambre tuvo que seguir a su padrino y a la víctima en sus hazañas por convertirla en noble. Cada cuadra que avanzaban Sirius le preguntaba a Ginny sobre nombres y ciudades que ni siquiera él había escuchado.
—¿Cómo se llamaban los hermanos de tu madre? —Harry alcanzó a escuchar que le preguntaba con cautela, la chica frunció la nariz.
—Fabian y Gideon… —cerró un ojo concentrando sus fuerzas y luego murmuró: — ¿Prewett?
—¡Excelente! —celebró Sirius, Harry arqueó una ceja, se notaba demasiado jubiloso—, ¿y tus hermanos?
Ginny suspiró cerrando ambos ojos mientras se detenían en una esquina esperando a cruzar la calle.
—William, Charlie, Percy…este… los gemelos Fred y George y Ronald, quien es el Duque.
La muchacha hizo una mueca extraña que Harry pudo notar mientras Sirius se jactaba de sus logros.
—¡Excelente, querida! ¡Muy bien!
La luz verde dio paso a los peatones y ella caminó mirando el suelo.
—¿Te puedo hacer una pregunta?
Sirius asintió.
—Claro, preciosa.
—¿Por qué Ronald es el Duque?, no me has contado qué sucedió con mis hermanos y mis padres.
Fue en ese mismo instante que Harry descubrió un sentimiento más fuerte que su miedo a los Malfoy e iba dirigido hacia esa muchacha. Después de tantas mentiras y de los conocimientos sin respaldo de Sirius, finalmente ella hacía la pregunta que ni siquiera él era capaz de contestar, porque aquella historia de la familia Weasley era demasiado dolorosa e injusta como para comentarla así, sin más.
Sirius intercambió una mirada con él provocándole una sensación vertiginosa en el estómago. Estaban llegando al Hostal y esperaba poder arrancar antes que su padrino se fuera de lengua contando aquella historia. No sabía que sucedería con la chica después de escucharla. Si ya tenía sentimientos encontrados por pisar la ciudad donde su madre nació —creyendo ilusamente que la Duquesa asesinada era su madre—, lo que sucedería con ella después de saber la muerte de todo un clan que creía su familia, podría cambiar su mundo completamente. Podría destruirla.
—Sirius, ¿puedo hablar contigo un momento?—, preguntó Harry con suavidad, Sirius lo miró de reojo con semblante curioso mientras la chica aún esperaba respuestas.
—Querida, ¿nos esperas en el bar? —le pidió mientras entraban al Hostal y le entregaba las bolsas con las compras—, reserva una mesa, nosotros ya vamos.
Ella alzó una ceja con desconfianza.
—Está bien, pero no se les ocurra arrancar porque los encontraré donde sea —amenazó con dos dedos apuntando a sus ojos y después a ellos.
Cuando la chica desapareció de su vista Harry soltó un respiro.
—Sirius, esto se te está escapando de las manos, ¿te das cuenta del daño que le estás haciendo a esta muchacha? —bajó la voz— ni siquiera sabemos si es la verdadera heredera y la estás encariñando con una historia que no le corresponde. Si le cuentas lo que sucedió con los Weasley vas a destruirla.
Sirius por primera vez mostró algo de preocupación al oscurecerse su semblante.
—Lo sé hijo, pero la historia existe, es parte de nosotros, de todo Reino Unido, está en los libros de Historia, está en internet, está en todas partes. Si no se la cuento lo sabrá de todas formas, y a estas alturas hemos avanzado lo suficiente como para inventarle una excusa. Si después lo descubre por su cuenta va a renunciar a seguir con nosotros.
Harry se pasó ambas manos por la cabeza, se sentía atrapado.
—Nunca debimos haber hecho esto —se quejó—, somos unos desgraciados, nada de lo que hemos hecho se compara con esto. Le podemos destruir la vida a alguien, y no me refiero a que pierda un poco de dinero, me refiero a su autoestima, a sus valores. ¿Qué quedará de ella cuando descubra que no es la heredera, cuando nosotros huyamos con la recompensa y todo se destape?, ¿qué ocurrirá con el Duque? No estamos siendo traviesos Sirius, estamos siendo malos. Malos de verdad.
—No lo digas de ese modo —suspiró Sirius—, no somos tan malos…—dudó.
Harry resopló.
—Mira, ya estamos metidos en esto —dijo desordenándose el cabello—, sólo ten tacto, ¿sí? Es un tema delicado.
Sirius asintió y ambos hombres entraron a la cafetería que había sido ambientada en un bar. Pero lo que Harry no esperaba encontrarse era a Ginny conversando con un extraño. Un extraño que le puso la piel de gallina.
...
Mientras esperaba a que los hombres entraran pidió un agua de limón para saciar la sed acumulada durante el día. Las bolsas yacían arrojadas a sus pies mientras disfrutaba de su agua sentada en la barra. Había poca gente en el lugar, solo un par de figuras se movían alrededor.
—¿Qué hace una joven como tú tan sola? —dijo una voz.
Con el corazón en la mano Ginny se giró lentamente encontrándose cara a cara con el desconocido de sus sueños. Miró alrededor, todo se veía muy normal, y sin que él lo percibiera, se pellizcó el brazo.
—Yo…
—Oh, disculpa, qué modales los míos —dijo con amabilidad—, me llamo Thomas, ¿te molesta si te acompaño?
Ella parpadeó varias veces. Era el hombre de sus sueños, no un desconocido cualquiera, y sin embargo lo sentía como tal.
—No, claro que no —dijo nerviosa haciéndose a un lado. Él se quitó la chaqueta y la colgó en el respaldo de la silla frente a la barra.
—¿Puedo saber tu nombre?
Ella vaciló.
—Ginny —contestó parca.
—¿Ginny...?
—Así me dicen —dijo con rapidez. Todo le parecía sumamente inverosímil.
—Es un placer —dijo con una sonrisa encantadora que a ella le erizó los vellos de la piel—, ¿puedo ofrecerte algo para beber?
—Tengo, gracias —dijo apoderándose de su vaso de agua con limón como si fuera la única posesión valiosa del lugar.
—Disculpa, ¿te estoy incomodando?
El tono de voz del hombre fue tan suave y avergonzado que causó en ella una sensación de lástima. Finalmente lo miró de frente y sonrió ampliamente.
—No, discúlpame, no acostumbro a hablar con extraños.
Él la observó de pies a cabeza y ella se sintió cohibida, sin su vestido gitano se sentía indefensa. A mala hora le hizo caso a Sirius y ahora debía aguantar la mirada de un sujeto desconocido mirándole las piernas.
—Eres muy joven para estar sola por estos lugares —dijo él con tono preocupado, ella negó con la cabeza.
—No estoy sola, ando con unos amigos —agregó con seguridad.
—¿Y dónde están que no los veo? —dijo mirando alrededor, Ginny suspiró e imitando al hombre buscó a sus socios por el lugar.
—Buena pregunta —masculló apretando los puños—, deben estar por llegar —agregó con rapidez.
—Mientras los esperas, ¿puedo invitarte a cenar?
Ella apretó los labios. No había comido casi nada en todo el día y el aroma que salía de la cocina le estaba haciendo agua la boca.
—Está bien —aceptó. Curiosamente aún estaba esperando a despertar, pero el hombre frente a ella se veía mucho más real que en sus sueños.
Él sonrió con encanto y le pidió a uno de los camareros algo para comer. Ginny no alcanzó a escuchar el pedido, estaba demasiado ensimismada en lo que estaba ocurriendo.
—¿Te puedo decir algo? —preguntó él con timidez.
—Claro —contestó ella un poco más relajada.
—Te pareceré un idiota y realmente entenderé si lo piensas, pero, siento que te he visto antes —dijo con ilusión, ella tragó saliva en grueso—.No quiero asustarte, pero creo que he soñado contigo.
Sintiendo frío en el estómago y un fuerte estremecimiento en su espalda, se vio obligada a sonreír con los labios apretados. ¿Qué le podía decir?, ¿qué también había soñado con él?
—No es idiota —dijo finalmente—, es una idea romántica.
Su corazón se desató cuando él se ruborizó y sonrió con amplitud. Repentinamente el fuego gitano había desaparecido dando paso a una personalidad sofisticada que ella desconocía de sí misma.
—Me agrada que piense así —dijo él acercándose, Ginny alzó la mirada retrocediendo con suavidad justo cuando el camarero depositaba entre ambos una bandeja con varias muestras de comida para compartir.
—Gracias por la invitación, moría de hambre —dijo ella sirviéndose un pequeño burrito.
Él achicó sus ojos y se sirvió un poco de queso.
—Ya que hablamos de ideas románticas, no niego que me gustaría que usted hubiese soñado conmigo, aunque siento que estoy siendo impertinente.
Ella se atragantó y tuvo que beber de su agua para reponerse. ¿Qué le podía decir?
—Dejémoslo a la imaginación.
El sonrió mostrando los dientes.
—Me gusta como piensa —dijo seductor. Ginny sintió que la comida había quedado atascada en su traquea. El hombre frente a ella era un caballero, apuesto y elegante. Pero le llevaba ventaja en cuanto a la edad y se le hacía complicado imaginar y sentir cosas hacia él.
No le quedó más que sonreír con los ojos mientras escondía sus labios detrás del vaso. Justo cuando entraban al bar sus dos protectores.
—¿Pero qué demo…? —exclamó Sirius.
—Ginny…—susurró Harry.
—¿Dónde estaban? — preguntó aliviada. Su acompañante sin embargo no se veía muy a gusto con sus dos nuevos invitados.
—Arreglando una situación —dijo Harry—, ¿no nos presentas? —masculló mirando al desconocido.
Cuando los tres hombres se miraron algo pasó en las caras de Harry y Sirius. Estaba segura que ella se había visto igual a ellos cuando se encontró con Tom en el bar y comprendió que no era un sueño.
—Un placer, soy Thomas Gaunt —saludó el hombre amigablemente estrechando la mano de Sirius—, pero me dicen Tom.
—Sirius Black —dijo el otro con tono frío apretando la mano con fuerza. El caballero desconocido achicó sus ojos.
—¿Sirius Black? —dijo éste alzando una ceja— curioso nombre.
Sirius frunció el ceño quitando su mano con rapidez, pero fue Harry quien haciéndose notar alzó su brazo para saludarlo también.
—Harry Potter —dijo estrechándole la mano, y algo parecido a una corriente eléctrica estalló en ambos hombres que se quedaron viendo fijamente. Uno con pánico y otro con sorpresa.
—Un placer, joven —dijo Tom apretando los dientes.
—¿Desean comer con nosotros? —interrumpió Ginny con ojos suplicantes. Aunque Tom era un encanto no dejaba de ponerle nerviosa su presencia, mucho menos después de la serie de acontecimientos ligados a él.
—Por mí no se preocupen, —dijo Tom poniéndose de pie y quitando su chaqueta del respaldo de la silla—, yo me retiro. Acabo de llegar de un viaje largo y estoy muy cansado. Buenas noches preciosa —dijo dándole un beso en la mano. Un crujido sonó cerca de Harry que Ginny no supo interpretar —. Caballeros—dijo moviendo la cabeza.
Sirius y Harry imitaron su movimiento y luego miraron a Ginny con espanto.
—¿Qué hacías hablando con ese extraño? —la regañó Sirius, Ginny lo miró enojada.
—Para tu información ese extraño fue un caballero, mira lo que me invitó a comer.
Ambos vieron la bandeja repleta de bocadillos y salivaron. Sin embargo aún así estaban pálidos.
—¿Qué quería? —preguntó Sirius sentándose en la misma silla donde había estado el sujeto, mientras, Harry se sentaba al otro lado de la chica.
—Nada, solo conversamos —dijo ella sirviéndose una aceituna con desinterés. Sirius le agarró la mano antes que la oliva tocara su boca—, ¿qué te ocurre?
—¿No le dijiste quién eras, cierto?
Ginny quitó su mano y se puso de pie con furia.
—¡Por supuesto que no! —replicó ofendida— ¡no soy idiota! A diferencia de ustedes…
—¿Qué quieres decir? —protestó Harry. Ginny sintió que su corazón se apretaba al encontrarse con esos ojos verdes más oscuros de lo normal.
—Tom fue un caballero y ustedes lo único que hicieron fue incomodarlo —dijo, Sirius se cruzó de brazos mirando un punto fijo al vacío mientras Harry desviaba la mirada hacia el Barman.
—Eres una persona valiosa en este instante Ginevra, no puedes dejar que cualquiera se te acerque —le dijo Sirius con seriedad—, mucho menos cuando nos vamos acercando a Lancaster.
Harry desvió sus ojos hacia Sirius pero no dijo nada. Ginny suspiró exasperada y terminó dejando la aceituna a un lado.
—Me voy a dormir —anunció molesta agarrando las bolsas del suelo.
—¿Sola? —la increpó Sirius, ella hizo una mueca de hastío.
—¿Quieres acompañarme? —Dijo poniendo los brazos como jarras en sus caderas. Por un momento creyó que Sirius se había quedado sin habla porque la miraba como si no pudiera creer lo que estaba viendo— ¡ey!
El hombre parpadeó y agitó la cabeza.
—No digas estupideces mujer, si quieres ve a dormir, pero no se te ocurra hablar con extraños.
—Especialmente con ÉL extraño —dijo Harry sumergido en sus propios pensamientos. No la miró mientras le hablaba lo que le causó un desconocido malestar en sus entrañas.
—Hablo con ustedes todos los días, no hay nada más extraño—dijo rodando los ojos—. Buenas noches padres —agregó medio en broma medio en serio haciendo una reverencia antes de retirarse del lugar. Ambos, padrino y ahijado se quedaron solos en el bar contemplando la bandeja de bocadillos sin apetito.
—Y pensar que esperé todo el día por esto —dijo Harry mirando la bandeja que ya no le causaba ningún interés. Sirius sin embargo parecía inmerso en sus propios pensamientos.
—Chico —llamó al barman—, una cerveza, por favor.
—¿Negra?
—Sí, gracias.
—¿Cuándo le vas a contar la historia? —preguntó Harry aún con el escalofrío de haber visto a ese sujeto de cerca. Aquellos ojos azules le ametrallaban su mente como si de sus pesadillas se tratara. Pero no le iba a contar aquello a Sirius.
—Ese es nuestro menor problema ahora —dijo su padrino tomando una brocheta de carne de la bandeja.
—¿A qué te refieres? —quiso saber, pero éste mantuvo la vista perdida en su brocheta.
—Nada, no importa —dijo, y comenzó a comer.
...
Aunque no se estaba alojando en el mismo lugar, la vista desde el techo de la catedral que se erguía al otro lado de la calle le otorgaba la vista perfecta de la ventana de la muchacha.
Sentía su corazón, labios y manos arder. Volver a ser humano significaba volver a vivir las emociones y había olvidado lo que era sentirlas.
Sin embargo su sed de poder era más fuerte y el placer carnal se había hecho presente con solo tenerla cerca.
—Déjame entrar en tus sueños Ginevra, y seré pronto parte de tu vida, preciosa.
Notas:
Aferrándome a lo que dije al principio, de verdad, lamento esta demora. Lo normal es publicar todos los meses, pero desde Agosto (ufff) que fue la última vez que publiqué hasta ahora, me han pasado mil cosas (todas buenas, ¡por suerte!).
En fin, sé que cuesta agarrar el hilo después de varios meses de retraso, pero espero que sea compensado.
Los que esperaban el acercamiento HG, ya viene. Paciencia. Los reconfortaré con escenas emocionantes en los próximos capítulos.
Ahora sí que sí espero no demorarme en la siguiente publicación, porque como estoy con la inspiración a full, voy a publicar este y a comenzar el siguiente de inmediato.
También quiero rescatar que parte de este retraso se debe la novela que estoy haciendo y que será publicada online de forma gratuita para todos ustedes.
Obviamente como el otro es un proyecto personal le estoy dando más prioridad, por lo mismo pido paciencia y respeto
Quiero agradecer a todos quienes se mantienen fiel a la historia, de verdad, muchísimas gracias.
Recuerden que cualquier duda puede ser respondida por twitter (arroba KathleenCobac)
Cariños y saludos a todos.
¡Espero que sea un gran comienzo de año para todos!.
Kate.-
