Lancaster

Indefenso estáis, ¿qué esperáis?

Matadme si podéis, el sufrimiento es una cruel agonía.

¿Debería esperar?

Sin ella no hay maldición que soporte ni futuro que tenga esperanza.

Lo merecéis por fijaros en una humana.

La carne es débil.

Vos no sois carne.

Pero sí mi corazón.

No me convenceréis con vuestros ojos pálidos y lengua lánguida.

¡Os suplico, matadme! ¡Por piedad gentil cazador!

Calma bestia, que prefiero disfrutar del espectáculo antes de enterrar mi daga sobre vuestro pecho.

—¿Tienes todo? —preguntó su mujer con la cabeza metida dentro del armario.

—Creo que sí —respondió él colocándose un abrigo de viaje.

—¿Llevas el traje?

—Llevo los dos, el de mi padre y el que usé para mi cumpleaños la semana pasada —respondió con melancolía ante un espejo. El reflejo de ella a su espalda salió del armario sonriéndole con ternura.

—Recuerda que la última vez que usaste el traje de tu padre estabas más delgado, ¿seguro que te queda bien?

—¡Claro que sí! —dijo con tono ofendido mirando su estómago a través del espejo. Ella sonrió y se acercó abrazándolo por la espalda. Sus ojos se encontraron en el reflejo.

—¿Vas a estar bien? —le preguntó con cautela— desde la celebración que no luces muy animado, Remus me contó que discutieron.
Él se giró para verla de frente. Chocaron sus frentes.

—Lo estoy —dijo firme con un suspiro—, es sólo que el tema de Ginevra me saca de quicio. Por eso desde ahora todo lo que haré será por y para nosotros.

Ella pareció triste.

—Espero que no estés olvidándola.

Exasperado se alejó de ella llevándose las manos a la cabeza.

—¡Ya hablamos de esto Hermione!, ¡estoy cansado de repetirte a ti y a Remus lo mismo! ¡Yo no tengo hermana! Está en el pasado, la dejé en el pasado. Si existió o si existe no me importa. Ni siquiera la recuerdo de todas formas.

—¿Y si ella anda en busca de su familia? —él abrió la boca para protestar— ¡Sé que hemos hablado antes de esto pero tienes que pensar que ella puede querer saber de dónde viene!

—¿Y si no es así, amor?, ¿y si murió, si se la llevaron lejos y murió producto de fiebre amarilla, cólera, peste?

—¿Y si no?, ¿vas a dejar de buscar y vivir con la incertidumbre de dónde puede estar toda la vida?

—¡Eso tampoco es vida Hermione! Remus gastó veinte años de la suya buscando a la chica y yo siempre he estado tras esa búsqueda escuchando historias sobre una muchacha que no conozco. A veces me pregunto si es real.

—Claro que lo es, tienes la fotografía con tu familia el día del cumpleaños de tu padre —dijo Hermione—, ella sale a tu lado, ¡es muy real Ron!

Él se pasó las manos por la cabeza y luego por la cara. La miró de soslayo y pensó en sus palabras con cautela.

—Vivir con la incertidumbre y desperdiciar mi vida buscándola es lo mismo —dijo lentamente—, la diferencia es que si la dejo de buscar al menos podré seguir con mi vida y no desperdiciaré mi tiempo.

Dando largas zancadas se acercó hasta la maleta sobre la cama y la cerró con fuerza. Hermione se llevó una mano a la boca aguantando un gemido de disgusto. El joven Duque se acomodó su abrigo, recogió la gran maleta negra sobre la cama, se acercó a su mujer y la besó con suavidad tomándola por la barbilla.

—Volveré en dos semanas —dijo con un suspiro— no quiero enterarme cuando regrese que estuviste indagando, te quiero alejada de ese tema.

—Pero…

—Pero nada, basta ya cariño, olvídala —susurró y se alejó hacia la puerta de la habitación—. Despídeme de Remus.

Y sonriendo con tristeza salió de la habitación dejando a su mujer abrazada a sí misma y con los ojos llorosos.

—¡Pero qué cabeza dura por Dios!

Habían pasado tres días desde el incidente con el desconocido. Harry no había podido conciliar el sueño desde entonces. Siempre alerta, incómodo, espiando por los rincones, estaba seguro que el sujeto acechaba, aunque no se habían vuelto a topar con él en el hostal. Durante el tiempo que se mantuvieron en el pueblo Sirius llevó a Ginny a recorrer lugares donde había nacido y crecido su supuesta madre, cada paso que daba lo mataba un poco, hasta llegar al punto de cuestionarse los por qué de sus propios sentimientos.

Todo cambió radicalmente cuando un día a Sirius le dio por hablar sobre lo generosa y dulce que había sido la Duquesa y lo mucho que la gitana se parecía a ella. Poco a poco la muchacha comenzó a tener más confianza y estar en Northampton ayudó seguramente a que se creyera un poco más la mentira. Hasta su forma de hablar se había sofisticado y no dejaba de preguntarse de dónde diablos Sirius sacaba tanta información, dudaba que anduviera con una enciclopedia bajo el brazo, porque además odiaba leer.

Al tercer día de pasear por los condados que rodeaban la ciudad viajando a través de típicas campiñas inglesas, Ginny finalmente se acercó a hablar con él mientras caminaban por una pintoresca callecita.

—Sirius es un gran tipo —dijo tímidamente, Harry, que caminaba con las manos en los bolsillos la miró de soslayo. Si supiera.

—No es para tanto, a veces se comporta como idiota—atajó, pero ella rió.

—Puede ser —sonrió—. Pero, aún así…Harry —lo llamó, él la miró—, yo nunca tuve un padre y Sirius en tan poco tiempo se ha convertido en eso para mí, me gusta que se preocupe como lo hace —dijo con las mejillas levemente tintadas—. ¿Te confieso algo? —él sintió su corazón bombear con más fuerza cuando le sonrió curvando sus labios hacia un costado, asintió—me alegra que me hayan convencido de hacer esto.

La sangre se le congeló.

—Claro…—dijo sin saber qué decir.

—Aún me cuesta creer que tengo un hermano que me busca, debe ser lindo sentirse así de apreciada —murmuró, Harry simplemente asintió con un leve "mmm" —. Con los gitanos no siempre fue así, aunque mi madre no era tan ruda cuando estaba de buen humor.

Lo único que deseó en ese momento más que nada era que apareciera un agujero en la tierra y se lo tragara completo, jamás le pidió saber sobre su vida, mucho menos estando ese estado de culpabilidad.

—Es… nuestro trabajo—dijo fingiendo serenidad, ella lo sujetó por la muñeca para detener el paso, a él le ardió la piel con el rose.

—Gracias —le dijo mirándolo a los ojos, Harry sintió que sus orejas se calentaban.

—Ni lo menciones —masculló. Miró levemente hacia el costado, Sirius los había adelantado y se dedicaba a observar un bazar de antigüedades.

—Creo que ustedes han sido lo más emocionante que me ha pasado desde mi último robo —dijo bajito soltando la muñeca de Harry y se colocó un mechón tras su oreja.

Él no pudo evitar sonreír.

—Debió haber sido un robo intenso —bromeó. Pero se detuvo en seguida cuando un escalofrío recorrió su espalda, con fuerza se giró para encontrarse con su observador pero sólo descubrió una hilera de casitas coloniales.

—¿Estás bien?

—Sí…—masculló. Y entonces la imagen del desconocido volvió a su mente. Sus hombros temblaron cuando una corriente fría los rodeó, a ella se le agitaron las plumas del cabello y sus collares tintinearon. La miró. Ambos veían hacia el mismo lugar.

—Vaya —parpadeó confundida achicando los ojos para ver mejor. Harry la imitó, tras ellos un caballero de más edad cruzaba la calle con un bastón, ella rió como si se hubiera acordado de algo gracioso.

—¿Qué ocurre?

—Creí ver a Tom —soltó, y digo soltó porque Harry de inmediato descubrió que ella no pensaba decirlo.

Y fue ahí cuando la sangre comenzó arder en cada poro de su piel, se crisparon sus músculos, se entumecieron sus dedos y sus dientes rechinaron. ¿Si estaba bien?, no, no lo estaba, y detestaba pensar en las razones.
Esa tercera noche se fue a dormir con el estómago vacío, y aunque las tripas le rugían en medio de la habitación, nada le importaba menos. Varias habitaciones se interponían entre la de él y la gitana. ¿Quién sabría dónde dormía aquel extraño?, incluso lo sentía respirar tras su nuca. No lo habían vuelto a ver luego del incidente en el bar, sin embargo se erguía presente como una sombra al acecho dónde quiera que iba, peor, ella lo recordaba… y con gracia.

Cerró los ojos con fuerza en medio de la oscuridad y agradeció por primera vez los ronquidos enfermizos de Sirius que no dejaban oír sus movimientos incómodos.

Ese hombre, esos ojos. Su estómago rugió y sintió pánico de sólo recordar al sujeto. Temía pensar la cantidad de veces que había soñado con esos ojos cuando niño. Sus pesadillas solían ser recurrentes, siempre temblando, gritando en mitad de la noche, siendo consolado solamente por su padrino quién en ese entonces se comportaba como un verdadero padre y no como el pelotudo estafador que era en ese momento.

Su corazón latía deprisa, le sudaban la cabeza y las manos, no podía ser el mismo sujeto, aquellos ojos eran su perdición, un temor oculto e inconsolable que se escondía en lo más recóndito de su pecho.

—¿Quién es ese idiota?

Todo le molestaba, le raspaban las sábanas y la almohada hundía su cabeza. A pesar de las comodidades nada lo confortaba. No hacía calor y sin embargo tenía el pecho empapado. Se levantó caminando con paso largo hacia el baño, cruzó por frente de la cama de Sirius que dormía destapado y con las piernas posicionadas en cualquier dirección. Se encerró sin encender la luz y se mojó la cabeza y la cara completamente. Se miró al espejo intentando ver algo con la poca luz que se filtraba de la luna por una pequeña ventana, observó sus ojos de un verde intenso y con la pupila completamente dilatada producto de la oscuridad. Los ojos de su madre solía decir Sirius.

Sin embargo repentinamente aquellos ojos verdes se transformaron en unos azules brillantes, trastrabilló y chocó contra la puerta a su espalda. En el espejo estaba él, el desconocido. Un sujeto que con cada parpadeo cambiaba sus ojos de color pasando del azul al rojo. Con el corazón en la mano abrió la puerta desesperado. Sirius aún roncaba, ni siquiera se había percatado que Harry tenía la piel de gallina.

Se sentó en el borde de su cama respirando con rapidez.

—¿Dónde he visto a ese sujeto?

Se secó el agua de la frente con el dorso de la mano y miró por la ventana la luna que brillaba radiante esa noche. Una imagen poco usual para un clima comúnmente nublado.

Su cuerpo temblaba, sus dedos temblaban y algo fuerte y acido había comenzado a recorrer su pecho expandiéndose por todos lados.

Jamás había sentido una cosa así, una sensación asfixiante y al mismo tiempo eufórica. Era como si un monstruo habitara en sus entrañas y estuviese despertando después de dormir durante siglos.

La imagen de la gitana apareció en su mente hablando con el extraño y el monstruo rugió más fuerte.

—No puede ser…—gimió intentando calmar el ardor.
Jamás planeó compartir su vida con alguien, aunque sí le gustaban las relaciones estables y duraderas con chicas de las cuales pudiese sentirse orgulloso. Había estado con Parvati a los quince años, una guapa muchacha del sur de la India de tez morena y ojos verdes, pero fue él quien le rompió el corazón cuando después de dos años de relación conoció a Romilda, una Austriaca de rasgos exóticos y cabello caoba, fue un bonito recuerdo de las vacaciones pagadas por Sirius después de una estupenda estafa realizada en Viena. La relación solo duró dos meses pero terminaron como si de un amor de verano se tratara. Sin embargo la última lo volvió loco, Gabrielle Delacour, aquella francesa despampanante loca por las fiestas que conoció en el bar del hotel donde planeaban estafar a un famoso futbolista y del cual sacaron increíbles regalías.

No recordaba haber sentido algo tan fuerte por alguien. Fueron sólo seis meses, seis meses en los cuales ella se encargó de llevarlo al cielo y tocar la gloria sin jamás habérsela imaginado; jamás creyó que conocería el paraíso tan de cerca. Aquella francesa fue su mundo. Rió al recordar cómo en un arrebato de locura le había comentado a Sirius que se casaría con ella y cómo su padrino casi lo amarra a la cama del hotel para no cometer tal locura. Miró hacia atrás para verlo dormido y sonrió. El tipo podía estar loco y cometer locuras, pero era sensato y se comportaba como padre cuando lo necesitaba. Siempre tuvo razón cuando le dijo que la francesa no era para él, y sin embargo tuvo que escucharlo de ella para finalmente creer la verdad. Menos mal que no había alcanzado a pedirle matrimonio.

Pero ahora…

Era la hora de la cruda realidad. Llevaban tres semanas viviendo juntos, literalmente, y aún así era poco tiempo para conocer a alguien. No obstante, aunque siempre le gustó que miraran a sus trofeos no toleraba la idea que alguien más pusiera los ojos sobre ella. Su miedo, su pánico era sentir aquello que sentía. Una sensación de ardor y angustia en su pecho, esas irremediables ganas de llorar por temor a perder algo que se quiere y desea. Se golpeó en la frente con ambas manos, ¡él no podía estar viviendo ese infierno!

—No… no puede ser, por favor… —suplicó al aire—, no puede ser ella, no ella, por favor…no la carnada.

Se agarró la cabeza apoyando los codos sobre las piernas. La carnada, aquella muchacha ilusa, de la calle, una gitana, una ladrona, una estafadora como ellos, pero con gracia, con actitud, con simpatía, encanto y belleza. ¿Cuánto había tardado en notarla? No podía asegurarlo. La chica era bonita, y descubrió que siempre lo supo, desde el momento en que sus ojos la vieron en la plaza del Sacre Cour bailando frente a una multitud. Durante todo el camino le pareció una molestia, y sólo hasta ese minuto se daba cuenta que lo que le molestaba era sentirse atraído hacia una persona a la cuál pronto acabarían destruyendo. Siempre lo supo. La chica le agradó desde el primer minuto. La ingenuidad y el deseo por saber de dónde venimos siempre son más fuertes que la avaricia por el dinero. Y él lo sabía. Por eso no quería que ella fuera la carnada, porque ella, a diferencia de las otras, era como él, una huérfana sin pasado. La única persona que lo había calado hasta los huesos.

Agradeciendo que Sirius siguiese roncando aprovechó de derramar un par de lágrimas de rabia. ¿No podría haberse interesado en otra persona?, ¡tenía que ser ella!, ¿qué podía hacer?

Se dejó caer hacia atrás sobre la cama sintiendo al monstruo rugir con hambre en su estómago. El deseo había despertado y tenía los ojos puestos sobre una gitana pelirroja que dormía a seis habitaciones de distancia.

—Soy un reverendo imbécil —susurró angustiado—, no puede ser ella, no puedo hacerle esto a ella…

Pero ya era tarde. No existía ni magia ni hechizo que cambiara sus sentimientos, y si tenía que comenzar a admitir verdades, la primera sería la más obvia de todas:

—¡Diablos!… me gusta esa mujer…—masculló horrorizado—, ¿qué mierda voy a hacer?

Por sus caras al amanecer ciertamente ninguno lucía despampanante, a excepción de Sirius. Instalados en el comedor que tres noches antes había sido el lugar de encuentro para la gitana con el extraño, Harry se sirvió un café con poca agua y sumamente cargado para poder despertar. Todo en aquella casita le traía un pésimo recuerdo y un amargo sabor de boca que ni siquiera la bebida marrón podía reemplazar.

Cuando se reencontraron esa mañana para servirse el desayuno Harry no quiso mirarla. Mirarla le molestaba y cargaba su estómago como un arma vacía a punto de estallar. Vivía una crisis existencial que hasta ese momento ni siquiera sabía lo que era. Pero inevitablemente la observó de reojo deslizarse con andar lento y pesado hacia el mesón de comida, por sus ojeras moradas dedujo que tampoco había tenido una buena noche.

—Tal vez pensando en ese tarado…—murmuró para sí mismo.

—¿Dijiste algo? —preguntó Sirius mientras se metía a la boca un trozo de pastel. Harry negó con la cabeza.

—Nada…

—¿Qué haremos hoy? —quiso saber Ginny instalándose a un lado de Harry. Éste sintió su rostro colocarse súbitamente rojo y desvió la mirada evitando verla directamente, Sirius por suerte, no lo notó.

—Hoy te contaré la historia de tu familia —dijo Sirius lentamente, Harry dejó su taza de café para verlo con sorpresa.

—¿Lo dices en serio? —exclamó emocionada.

—Claro que sí, y luego practicaremos tus movimientos.

—¿Mis…? ¿Qué tiene de malo como me muevo?
Harry sonrió con dulzura imaginándose que en realidad sus movimientos eran perfectos en todo lo que hacía, pero al parecer Sirius no pensaba igual.

—Mi niña, no hay nada de malo contigo, pero debes aprender a dirigirte y moverte como una noble y no como… bueno, como lo haces normalmente—explicó señalándola con una tostada mientras se la servía con mantequilla.

Ginny entrecerró los ojos de forma amenazadora y resopló con la nariz.

—¿Y tú qué sabes de movimiento si apenas te sostienes en pie cuando bebes una copa de vino?

Touché —rió Harry, Sirius lo miró de reojo, pero no le contestó. Aún con la tostada en la mano se dirigió a la gitana.

—Preciosa —dijo con la voz rasposa, estaba comenzando a perder la paciencia—, nosotros trabajamos para el Duque, nos compenetramos con ese mundo, sé exactamente de lo que te hablo —dejó la tostada a un lado y con sus manos tomó las de la gitana para indicarle cómo tomar el tenedor correctamente—. Así se come correctamente.

La muchacha lanzó un bufido gutural que llamó la atención de Harry y de varios comensales a su alrededor. Sirius se mantuvo impávido y volvió a su tostada dándole un mordisco.

—A eso me refiero —dijo tranquilamente, Ginny entrecerró los ojos.

—Me lo dice el que habla con la boca llena —contraatacó, Harry intentó disimular una carcajada pero Sirius levantó un dedo frente a su nariz.

—Ni se te ocurra —lo amenazo, Ginny se cruzó de brazos alejando el plato con comida.

—Ya no tengo apetito —anunció y Harry se sintió increíblemente miserable por no poder ponerse de su lado de una forma más obvia.

—¿Puede ser posible que tengamos un desayuno tranquilo? La cabeza me está matando —dijo intentando sonar irritado, al menos así ni su padrino ni la chica volverían a pelear y no tendría que escuchar cómo se humillaban mutuamente.

—¿Y a ti qué bicho te picó? —comenzó Sirius, Harry rodó los ojos intentando sumergir la cabeza en su tazón de cereal.

—Sólo pasé una mala noche —se quejó sin mirarlo, sintió cómo Sirius lo penetraba con sus ojos a través de la nuca.

—Claro… —dijo el otro sin creerle ni una palabra.

—¿Entonces, qué me vas a decir de mi familia? —preguntó ella a regañadientes.

Sirius sonrió y levantó un maletín—que no tenía idea de dónde lo había sacado— cuyo interior contenía diversas carpetas de colores. Todas cayeron frente a la muchacha quien se hizo para atrás apenas se vio rodeada de archivos.

—Esto es lo último que debes aprender además de los movimientos finales —dijo serio, Harry alzó una ceja con curiosidad—, ahí está la información necesaria, lo último que debes saber antes de ser llevada ante tu hermano.

Las mejillas de la gitana se arrebolaron y Harry pudo sentir la presión que aquello ejercía sobre ella. Con desconfianza la chica tomó una de las carpetas cuyo contenido eran varias hojas con fotografías.

—Así eran tus padres y tus hermanos, míralos bien —dijo Sirius sin mirarla mientras tomaba un poco de café.

Ginny alzó las cejas al concentrarse la fotografía de una mujer sonriente y carismática de mirada y facciones amorosas. Harry sintió un nudo en el estómago, lo que Sirius estaba haciendo era crueldad pura. Lo miró intentando llamar su atención, pero él tenía los ojos encima de los archivos. Frunció el ceño cuando notó algo que jamás creyó ver, ¿era eso lástima en el semblante de su padrino?

—Sirius…—llamó suavemente, su padrino elevó la mirada—, ¿qué…?

Con un movimiento de la mano indicando que se detuviera, Harry guardó silencio. La chica tenía los ojos puestos encima de la mujer casi como si fuera su verdadera madre.

—Ella es tu madre —dijo Sirius con la voz levemente ahogada. En su rostro se podía vislumbrar un leve dejo de arrepentimiento, como si no se sintiera bien haciendo aquello que le estaba generando a la gitana un caos emocional.

Ginny suspiró y asintió en silencio. Cada página narraba la historia completa de cada integrante de la familia y cómo había sido su deceso. Todas causaron el mismo efecto y un extraño mutismo entre los tres. Harry no supo distinguir si aquello se debía a que estaban en frente de un gran número de personas fallecidas o si era por jugar con ellos. Prefirió pensar que su propio silencio era por respeto y no por vergüenza, aunque ambas cosas le estaban martillando el pecho como si hubiese sido él mismo el asesino de todo aquel familión.

—Esto es… horrible —murmuró la chica muy bajito, sus ojos estaban brillantes.

Sirius suspiró y Harry captó en ese leve gesto que le estaba costando mantener la mentira. Era como si hubiese descubierto que metió la pata con un tema muy delicado.

—Necesitas verlos para generar empatía, así será más fácil hablar con el Duque cuando te pregunté por ellos—indicó con suavidad paternal.

Ginny asintió nuevamente y pasó sus dedos por encima de la fotografía de dos muchachos iguales.

—Qué pequeños eran…—dijo con la voz temblorosa, entonces Harry descubrió que a la chica se le habían humedecido los ojos—, ¿Son Fred y George, verdad? —Sirius asintió imperceptiblemente —¿quién puede ser tan monstruoso para asesinar a toda una familia con niños tan pequeñitos?

Harry se llevó una mano a la boca de forma disimulada como método de protección para no decir algo inapropiado. Sin embargo Sirius se plantó al lado de ella y de forma paternal pasó sus brazos por los hombros.

—Lamento tener que mostrarte esto —dijo cohibido y Harry se impresionó con lo que estaba viendo. Sirius nunca era así con nadie, ¿significaba aquello que la conciencia lo estaba matando?—, pero es la historia de… tu familia…debes saberla.

Ella asintió derramando una solitaria lágrima que se la secó rápidamente con la palma de la mano derecha.

—Entiendo.

Se hizo un silencio incómodo mientras ella mantenía sus ojos fijos en la fotografía de los pequeños gemelos. Harry había perdido completamente el apetito, además, el yogurt que estaba comiendo tenía un sabor extraño, así que fue la mejor excusa para dejar el cereal de lado.

—Yo… tengo que ir al baño, disculpen —susurró ella sin mirar a nadie levantándose abruptamente de la silla.

—¿Era necesario? —susurró Harry una vez que Ginny se perdió en el pasillo contiguo—, ¿viste su cara?

Sirius no contestó de inmediato. Se limitó a mirar los archivos como si fuera algo que nunca debió haber salido a la luz.

—Lo era…—contestó con suavidad, ni siquiera lo miró. Suspiró profundamente y cerró las carpetas—, tenía que hacerlo.

—¿Para qué? —indagó Harry preocupado—, ¿para hacerle creer que toda esta mierda tiene que ver con ella?, ¿cómo te sentirías tú si descubres de un día para otro que eres hijo de alguien más y que están todos muertos?, más aún, qué tienen pruebas para sacártelo en cara.

Sirius pasó las manos por la cara y se apoyó contra el respaldo de la silla.

—¡Ya, sí, la cagué! —gruñó—, pero… ¡había que hacerlo!, ahora se siente triste y nosotros algo culpables, pero una vez que la entreguemos en Lancaster y nos den la recompensa todo habrá sido olvidado y nos alejaremos de ella para siempre. Si después la descubren va a ser problema de ella y no de nosotros que vamos a estar lejos disfrutando tal vez en algún lugar del Caribe.

Harry sintió la sangre arder en cada lugar de su cuerpo. La rabia hervía llevando la energía a la punta de sus dedos dispuesto a golpear a quien fuera que estuviera cerca. En este caso, a Sirius. ¿Cómo podía ser tan insensible?, ¿qué acaso no veía las cosas cómo él?, ¿cómo no sentía un mínimo de culpa por lo que estaban haciendo con la muchacha?

—Dime que imaginé lo que dijiste —masculló cerrando los puños sobre sus piernas, Sirius lo miró sin entender.

—¿A qué te refieres? —preguntó tomando su taza de café. Sintiendo la rabia colarse por sus huesos agarró a Sirius por la muñeca de la mano que sostenía la taza. Éste lo quedó viendo con sorpresa—¿Pero qué te pasa?

—No sigas con esto —le pidió con compasión, sin embargo la fuerza de sus dedos denotaba algo más intenso en su petición—, basta Sirius. La estás destruyendo lentamente, le estás inventando un mundo que no existe, si la desconocen y la rechazan terminarás matándola en vida.

Sirius abrió los ojos como platos y depositó la taza de café en el plato sin que Harry soltara su muñeca. Una mueca burlona asomó de sus labios bajo la barba negra y bien peinada.

—¿Acaso siento un leve tono de cariño, eh Potter?

Harry sintió que sus orejas ardían, pero no soltó el agarre.

—No digas imbecilidades—se defendió levemente azorado—, a diferencia de ti no soy un bruto insensible y me doy cuenta el daño que le estás provocando.

Sirius se puso ligeramente serio y quitó su mano una vez que Harry en un descuido aflojó la suya. Se la pasó por la cabeza y suspiró sonoramente.

—Ahijado, entiendo tu postura, pero ya llegamos a este punto. Queda una semana y no tenemos nada con qué pagarle a los Malfoy, ¿realmente quieres dejar esto? Estamos así —dijo juntando el pulgar y el índice de la mano derecha sin tocarlos— de conseguir la recompensa. Lo siento mucho, pero mi vida pesa más en estos momentos.

—No pensaste en tu vida, ni en la mía, cuando te endeudaste con ellos—masculló, Sirius movió la cabeza.

—Lo sé, y lo lamento —dijo mirándolo fijamente, Harry creyó ver algo de sinceridad en sus ojos negros—. Pero ya entré en su juego y ahora tengo que salir, y la única opción que tenemos está en el baño.

Harry asomó la cabeza por el costado del hombro de su padrino para ver hacia el pasillo que llevaba a los baños. La chica llevaba un buen rato encerrada ahí, y por lo poco y nada que tocó su comida dudaba que la estuviera devolviendo.

—Lleva mucho rato ahí dentro —se preocupó. Sin poner atención a una pregunta que Sirius dejó en el aire se dirigió hacia el pasillo de los baños, pero lo que vio le heló hasta la punta del cabello más pequeño.

La muchacha permanecía recostada en la pared del pasillo hablando animadamente con el desconocido de la otra noche.

—¡Ginny! —exclamó furibundo con la sangre en su punto máximo de ebullición. La chica dio un salto despegándose de la pared, sin embargo el desconocido, que se sostenía apoyado por encima de su cabeza con un brazo en una postura demasiado sugerente, solo lo miró con cara de pocos amigos.

—Harry…—susurró ella, y luego miró al desconocido— ¿recuerdas a Tom?

—Claro que sí—dijo con los dientes apretados. El sujeto sonrió mostrando una hilera de dientes blancos y perfectos—, ¿cómo estás?

—Estaba muy bien —dijo sonriendo con sorna—, hasta que nos interrumpieron—Harry hasta ese punto creyó que sus manos tenían vida propia, menos mal que su voluntad era más fuerte para evitar encertarle un puñetazo en la boca, aunque ganas no le faltaron—. Bien preciosa, creo que tendremos que seguir nuestra charla en otro momento.

Y ante la sorpresa y odio de Harry el tipo le dio un beso en la mejilla demasiado cerca de la boca. La muchacha parecía un tomate maduro, el sujeto pasó por su lado sin borrar la sonrisa y lo golpeó sutilmente con el hombro.

—¿Qué crees que haces? —dijo respirando agitado acercándose a Ginny, la chica elevó sus ojos con espanto.

—¿Qué creo que hago de qué?

—No te hagas la inocente, ¿qué te dijimos sobre hablar con extraños? —Ni él mismo se comprendía. Por un lado había comenzado a detestar el plan, sin embargo en ocasiones como esa le caía como anillo al dedo—, eres la duquesa, no puedes dejar que nadie se te acerque, ¿y si es un espía?

Ginny dibujó una sonrisa divertida y se cubrió la boca. Harry parpadeó confundido.

—¿De qué mierda te ríes? —espetó sintiendo su rostro arder.

—¿Espía? —rió—estás viendo muchas películas de James Bond, Harry.
Con la clara intención de alejarse de ahí para no dar explicaciones, Harry la jaló por el codo y la estampó contra la pared de una forma muy poco delicada.

—¿Pero qué te pasa, imbécil? —exclamó enojada. Harry se acercó a ella con los ojos furiosos. La escena del tipo besando su mejilla aún ardía en su mente y estaba seguro que no desaparecería con facilidad.

—¿Qué fue lo que te dijo ese idiota? —ella parpadeó con las mejillas levemente encendidas— ¡Responde!

—¿Y a ti qué te im…?

—¡Me importa! —gritó, pero luego bajó la voz justo cuando un huésped salía del baño—. Ya te lo dije, eres la duquesa, no puedes andar hablando con cualquier extraño, no sabemos sus intenciones.

Hasta ese momento ni siquiera se había dado cuenta que había descendido su mano desde el codo hasta la muñeca y la tenía suavemente agarrada por ella, y tampoco que además había adquirido la misma posición que el extraño sobre la chica, acorralándola con un brazo por encima de la cabeza.

—Lo lamento —dijo ella finalmente desviando la mirada, Harry estaba demasiado cerca de ella y ni cuenta se había dado—, Tom es un sujeto muy agradable, nos encontramos en el pasillo y me preguntó si estaba bien —admitió acongojada desviando la cabeza para mirar a otro lado. Harry aflojó su expresión sintiéndose miserable.

—¿Y qué le dijiste? —preguntó con la voz grave, aún no podía evitar sentirse furioso por lo que acababa de presenciar.

—Que había recordado a mi familia que falleció en un accidente —dijo, y levantó los hombros. A Harry se le secó la boca al escuchar aquella confesión, ella aún no lo miraba a los ojos—. Cuando vi esas fotografías yo…los sentí.

—¿Cómo dices?

—Los sentí —dijo cerrando los ojos y girando la cabeza hacia a él—, sentí a la mujer como mi madre, a los gemelos como mis hermanos, y a todos esos muchachos. Los sentí en mi corazón.

Harry notó con congoja como dos lágrimas débiles se escurrían por las mejillas moteadas y sin pensarlo se las secó con delicadeza con la mano que sujetaba la muñeca. Ella abrió los ojos cuando se detuvo en su mejilla.

—No llores—le pidió sintiéndose una mierda—. Es normal que te sientas así, son…—tragó saliva con rudeza sintiendo que cada vez estaba más cerca de ir al infierno por desgraciado—, son tu familia.

Ella suspiró y asintió lentamente.

—Es terrible saber qué sucedió con ellos, cómo acabó aquella historia. ¿Sabes cómo fue que yo y mi hermano el Duque nos pudimos salvar?

Harry mantuvo los ojos abiertos con espanto, quitó la mano de la mejilla, su espina se heló. ¿Qué mierda sabía él?

—Esas cosas son mejor preguntárselas a Sirius —acotó nervioso—, él está más enterado de la historia que yo.

Y sorprendentemente se dio cuenta de cuánto de cierto había en sus palabras, ya que por alguna razón que él no comprendía Sirius sabía más de lo que aparentaba sobre aquella familia.

—Está bien—dijo resignada. Ambos se miraron y se pusieron rojos al verse tan cerca uno del otro. De inmediato Harry se dio cuenta de su postura y se irguió con rapidez alejándose varios pasos de la muchacha.

—Ven, Sirius nos debe estar esperando.

Ella asintió lentamente y con un suspiró se separó de la pared adelantándose por el pasillo, Harry quedó paralizado viendo su espalda. El cabello anaranjado se balanceaba con todas esas plumitas y listones que tanto le gustaba usar. Suspiró y su estómago se apretó. Si seguía así terminaría con una úlcera descomunal. Por suerte quedaba sólo una semana para acabar con toda esa mierda. Sin embargo pensar en eso llenó su pecho de angustia. ¿Qué pasaría con él cuando todo ese teatro acabara?

Se alejó de la casa tanto como pudo. Su andar era volátil y sofisticado, nadie dentro del lugar se cuestionó si era o no un huésped, después de todo con aquella apariencia podía ser considerado incluso el dueño.

Sus manos temblaron y se las pasó por la boca cuando ya no podía ser observado por nadie. El tacto de su piel áspera no tenía comparación con la mejilla de la muchacha que acababa de besar, suave, cálida, dulce.

Un temblor invadió su cuerpo y liberó un suspiro profundo que le produjo un dolor intenso en el pecho. Se sujetó de una pared en medio de un callejón repleto de contenedores de basura, la otra mano fue directamente hacia su corazón. El aire comenzó a escasear, sentía los bombeos de la sangre a ritmos irregulares. Sofocado llevó la mano hasta el cuello metiéndola dentro de la camisa para sacar un collar con una pequeña esfera colgante. La esfera contenía un líquido verde mohoso que se pegaba a las paredes dejando restos de sustancia. Aún le quedaba suficiente para una semana, sin embargo comprendió de inmediato que aquellas sensaciones asociadas hacia la chiquilla que tantos estragos le causaban provocaban que el contenido se vaciara más rápido.

—¡Mierda! —gruñó soltando la esfera para morderse los nudillos. Sintió sus ojos enfriarse intermitentemente. Se agachó con desesperación recogiendo un espejo quebrado tirado en un basurero y se miró en él. Su reflejo dividido en varios fractales le devolvió la imagen de los ojos cambiando del azul al rojo rápidamente— ¡Mierda! —exclamó nuevamente arrojando el espejo lejos haciéndolo añicos— Denme una semana… solo una semana para saldar mi deuda. Les juro, la mujer será mía y… me convertiré en Duque por fin —suplicó entre jadeos.

Se agazapó en el suelo aferrándose como un niño a la esfera, lentamente comenzó a sentir que el ardor de su pecho disminuía y el oxigeno llenaba nuevamente sus pulmones, inspiró agradecido. Lentamente se puso de pie con ayuda de la pared, su semblante irradiaba furia, furia hacia sí mismo por ser tan débil.

—No volveré a recaer, lo juro… Sus encantos no me volverán a confundir.

"Estaremos esperando que cumplas lo prometido…"

La voz de ultratumba retumbó al interior de su cabeza causándole un escalofrío. Pero estaba acostumbrado a vivir con ella, la había escuchado durante tantos años que una advertencia más no lo atemorizaba.

Harry volvió a sentarse a un lado de Sirius mientras éste lo miraba a él y a la chica con una ceja alzada.

—¿Por qué demoraron tanto? —preguntó suspicaz, Ginny levantó los hombros desentendida.

—No sé de qué hablas —dijo volviendo a su desayuno con un apetito raramente renovado—, yo estaba en el baño.

La ceja de Sirius se alzó aún más, Harry cruzó los brazos sobre la mesa y tomó su taza de café, le dio un sorbo y de inmediato se arrepintió. La bebida estaba fría, pero ante el escrutinio de su padrino era mejor seguir tomando aunque estuviera a punto de devolverla.

—¿Estás mejor preciosa? —preguntó con verdadero interés, Harry lo miró de reojo.

—Sí…—suspiró—, estoy algo choqueada aún —agregó con una sonrisa ladeada. Harry notó por la expresión de su padrino que éste se debatía con su conciencia en una batalla campal.

—Bueno, poco a poco lo irás asimilando, más aún cuando veas a tu hermano por fin—la animó, Harry nuevamente había perdido el apetito.

—Sirius…—lo llamó ella con suavidad, éste la quedó viendo fijamente—, me has contado la historia de toda la familia menos cómo me fue que escapé con el Duque, porque si no fuimos asesinados eso quiere decir que… escapamos de alguna forma, ¿no?

Sirius tenía una expresión de sorpresa innegable. Seguramente no se esperaba esa pregunta y Harry temió que de toda la información que guardaba una de las respuestas claves no las supiera.

—Los… los sacaron del palacio —murmuró incómodo, Harry frunció el ceño más de lo que podía—, por orden de sus padres, los sacaron del palacio.

—¿Quiénes? —quiso saber ella, Sirius intercambió una mirada con Harry como si éste supiera la respuesta, por supuesto su expresión de "no me jodas, tú te metiste en esto" fue lo primero en dibujarse en sus facciones.

—Eh…—suspiró. Harry comenzó a ponerse nervioso y por un segundo deseó que su padrino aún tuviera algo de información escondida bajo la manga. Finalmente cerró los ojos y apretó los labios. La miró fijamente—, nadie lo sabe.

La luz que parecía iluminar el rostro de Ginny se apagó instantáneamente, pero Harry sospechó que Sirius no estaba siendo del todo honesto.

—Bueno, al menos alguien se preocupó por mantenerme con vida, qué pena que no hayan podido hacerlo con los demás —Susurró con tristeza.

Sirius comenzó a rascarse la cabeza y Harry adivinó de inmediato que se sentía acorralado.

—Hay cosas que es mejor dejarlas como están. Estás viva y eso es lo único que importa —masculló, ella movió la boca dispuesta a decir algo pero Sirius se adelantó—, no te preocupes por aquello. Si te preguntan simplemente di lo que es obvio, eras una bebé, no tienes por qué recordar a tu rescatista. Sólo di que terminaste en un orfanato, te adoptó tu madre gitana y el resto ya lo sabes.

Ella se quedó en silencio, Harry notó que estaba pensando algo con mucha intensidad porque su boca estaba fruncida. Fue ahí cuando se dio cuenta que le estaba poniendo demasiada atención por el sólo hecho de comprender sus gestos.

—Ya veo…—suspiró—, entonces ¿no hay nada más que deba saber?

Sirius se puso tenso en la silla y Harry comenzó a sudar frío cuando lo vio tan incómodo.

—Como te dije—murmuró—, no es de importancia, atente a lo que te acabo de decir.

Harry se preguntó cómo diablos entre tanta información aquello no podía importar, pero luego pensó que si el rescatista había muerto siendo ella muy niña entonces realmente no importaría saber quién fue, aunque la duda le carcomía las entrañas.

—Creo que es momento de que marchemos—anunció su padrino de repente. Lucía incómodo y no miró a nadie, Ginny dio un pequeño respingo al verse sorprendida por el movimiento repentino.

—Pero si llegamos hace cuatro días —se quejó Harry.

—Tiempo necesario para que Ginny aprendiera lo que debía —dijo muy serio, Harry suspiró enojado—, mientras antes salgamos de esto, mejor —masculló a su oído.

Harry lo vio alejarse hacia el vestíbulo donde comenzó a conversar con la señora a cargo de las reservaciones. Probablemente pagaría el Hostal con sus ganancias privadas —que de honradas no tenían nada—, pero eran lo que tenían para vivir cómodamente.

Cuando llegaron a la estación de tren ninguno supo distinguir quién lucía más nervioso. El viaje de Northampton a Lancaster no duraba más de una hora, lo que implicaba no tener tiempo para procesar la situación. Había llegado el día y Ginny se presentaría ante el Duque para convencerlo que era su hermana. Sus manos sudaban y todo en él gritaba "¡auxilio bájenme del tren y arróllenme!". Sin embargo si él estaba nervioso, la muchacha era peor. Ginny estaba sentada frente a él con sus ojos perdidos al otro lado de la ventana. Entre sus manos retorcía un inofensivo papel que apoyaba sobre sus rodillas. La miró preocupado. Sirius había insistido en que tenía que verse diferente y la había obligado a llevar una trenza y a vestir un vestido floreado que le llegaba hasta los talones. Sonrió como idiota, la prenda le sentaba de maravilla.

—Oye…—la llamó con suavidad, ella giró la cabeza—, todo va a salir bien —aunque las palabras iban dirigidas a ella en realidad era un vago intento de convencerse a sí mismo—, tranquilízate.

Ginny volvió a mirar por la ventana suspirando. Sirius compraba algunos bocadillos en una tienda.

—Tengo miedo de que el Duque no me reconozca —gimió, Harry sintió un vacío en su tráquea que se vio obligado a mantener a raya para no vomitar, ella bajó la voz—, tantas ilusiones para nada…—tembló.

Harry dio por sentado que una reserva en el infierno ya tenía su nombre en la Suite más costosa. Suspirando para no sentirse una mierda le tomó las manos donde el cuerpo del delito —el papel— yacía hecho pedazos.

Las mejillas de la gitana súbitamente se tiñeron de rojo, pero aunque Harry sintió al monstruo rugir no quitó las manos.

—No va a pasar nada —dijo con tranquilidad creyendo que tal vez así ganaría un pedacito de cielo, aunque estaba escupiendo sobre su cabeza—, cualquier cosa que suceda voy a estar ahí para protegerte —susurró. Ambos se quedaron mirando como dos idiotas hipnotizados por los ojos del otro.

—Gracias —dijo ella finalmente liberando un suspiro.

—El tren sale en dos minutos —anunció Sirius deteniéndose en medio del pasillo—, ¿me perdí de algo?

Ambos se irguieron en el asiento separando las manos. Harry sentía las orejas calientes e imitó a la chica desviando los ojos hacia la ventana. Su padrino se sentó al lado mientras una mujer que vestía de oficina tomaba lugar al lado de la muchacha.

Ninguno se atrevió a decir nada en todo el viaje.

Hermione se dedicó a ordenar la biblioteca, un pasatiempo que le encantaba porque además se entretenía encontrando libros antiguos que ocupaban su tiempo con interesantes historias. A su alrededor se disponían diversos estantes que rodeaban la sala. En ella se podía encontrar una chimenea, mullidos sillones y poltronas de cuatro patas, y una mesita pequeña sobre una alfombra persa. En uno de los costados había un gran ventanal con una jardinera de flores que dejaba entrever el gran jardín al otro lado, y en el otro extremo, un escritorio con un globo terráqueo indicaba que aquella sala se ocupaba únicamente para lo que parecía, estudiar, leer y relajarse.

Una gran puerta doble permanecía semi abierta, dos golpes tenues se escucharon.

—Pase —invitó con voz dulce. Un sujeto con cicatrices en la cara hizo aparición vistiendo una larga túnica con el escudo real cocida al costado derecho. Hermione sonrió y se levantó de una de las poltronas— Remus, ¿qué tal la reunión?

Emitiendo un quejido, el padrino de Ronald Weasley se quitó la túnica dejando entrever un vistoso traje de dos piezas de color gris.

—Terrible, estos sujetos de la corte suprema siempre hablan idioteces —reclamó sirviéndose una copa de Brandi de uno de los estantes—, insisten en que el Duque debe tener a alguien a quien dejarle su lugar y que no dejemos de buscar a la muchacha en caso de ser necesario un heredero.

Hermione bufó apretando sus nudillos.

—¡Esos idiotas! —exclamó sentándose nuevamente en una de las poltronas, Remus la imitó—, Ron cesó en su búsqueda y no es posible un heredero, ¿cómo hacerles entender que el linaje acaba con él?

El hombre la miró con tristeza dejando la copa sobre la mesita para tomarle sus manos.

—No dejarán de insistir —dijo con tristeza—, a la corona le conviene que uno de los Duques con mayor prestigio de la nación tenga a quien ceder su título, de lo contrario la culpa recaerá sobre la reina por haberle otorgado un título de importancia a quien no se lo merecía. Sería una burla a la corona.

—¡Y qué me importa a mí lo que suceda con ellos! ¡No somos títeres de nadie! —exclamó poniéndose de pie con furia y los ojos húmedos— ¡Estoy cansada que nos vean como muñecos moldeables a sus propios intereses! ¿Qué acaso no se dan cuenta cuánto nos duele no poder concebir hijos?, ¿acaso o ven cómo sufre Ron con toda esta historia? ¡Maldita la hora en que aceptó seguir con lo que su padre dejó!

Remus la miró con sorpresa, probablemente en todos esos años jamás la había visto perder la compostura como en ese momento.

—Hermione aguarda —le pidió poniéndose de pie y sujetándola por los hombros—, no te exaltes, recuerda que te baja la presión con facilidad —ella asintió inspirando profundo— ten, bebe un poco —dijo pasándole la copa con Brandi, ella negó con la cabeza.

—No lo necesito —susurró—, lo que necesito es que nos dejen en paz.

Y como si los Dioses estuvieran en su contra —o a favor, tal vez—, el teléfono que avisaba visitas resonó por toda la casa. Ambos se miraron con curiosidad.

—¿Esperas a alguien? —le preguntó Remus, ella movió la cabeza negativamente—, iré a ver, espera aquí.

Sirius guió a Harry y a Ginny por unas estrechas callecitas rodeadas de lindas casitas de dos pisos. Las calles eran adoquinadas y todas iban en pendiente. La muchacha quedó absolutamente fascinada cuando el taxi que tomaron en la estación de tren se dio el tiempo de recorrer cada rincón de la ciudad. Un enorme castillo se imponía en el centro con imponentes barreras de piedra resguardando la seguridad de los intrusos. Todo a su alrededor irradiaba magia. Harry también había quedado atolondrado con la ciudad, jamás creyó que Lancaster sería mejor que en su imaginación. Creía que se encontraría con un condado aburrido y rodeado de montañas grises. Sin embargo había entrado a una ciudad que parecía sacada de un cuento —esperaba que Sirius no entrara a su cabeza para escuchar aquello—. Lo miró de soslayo, creía que vería a su padrino tanto o más entusiasmado que él, pero por el contrario lucía pálido y hasta aburrido.

—¿Te encuentras bien? —preguntó, Sirius tardó en reaccionar.

—¿Dijiste algo?

Harry frunció el ceño.

—¿Estás bien?

Sirius sonrió, una sonrisa extraña que no supo descifrar.

—Sí… lo estoy.

Sin hacer más preguntas el taxi los dejó en un lugar que Sirius le había indicado. Cuando el vehículo se marchó Harry se vio caminando por una calle empinada rodeada de casas elegantes y bien cuidadas. Limusinas y autos blindados repentinamente hicieron aparición llamando su atención. Sirius llevaba la maleta de él y de la gitana cuyas rueditas hacían ruidos en los adoquines, mientras que Harry cargaba su propio bolso y arrastraba su vieja maleta sin ruedas de apoyo.

Llegados a un punto en la cumbre de la ladera por la que iban subiendo, una calle perpendicular se expandió ante sus ojos. Tuvo que parpadear varias veces para creer lo que estaba viendo. Sendas mansiones protegidas por enrejados de bronce se disponían a lo largo de la calle. Sirius carraspeó e inhaló profundamente. Harry notó que se veía incómodo, mientras que al otro lado, la chica parecía tan anonadada como él con las mansiones, aunque no por eso menos nerviosa de lo que estaba al principio.

Caminaron por aquella calle larga repleta de casas a un lado y de tiendas al otro, hasta que Sirius se detuvo en seco frente a una de las rejas vigiladas por dos guardias de espalda y pecho ancho. Los tres se miraron y Harry tragó saliva. Era ahora o nunca. Podía salir corriendo y volver a tomar el tren de regreso a Paris para que Malfoy le asestara un tiro en la frente, o, quedarse donde estaba y esperar a que los pillaran y llamaran a la policía. Después de todo estar en la cárcel era mejor que ser asesinado.

Por supuesto ninguna de las dos opciones le favorecía, pero ya estaba ahí, así que se quedó.

Los guardias lo miraron con el entrecejo fruncido y Sirius, alzando el pecho mostró algo que traía escondido bajo su chaqueta que Harry no alcanzó a ver.

—Vengo a una entrevista con el Duque, si es tan amable —uno de los guardias negó con la cabeza mostrando algo de sorpresa en sus ojos.

—¿Tiene cita con él?

—Por supuesto, me debe estar esperando—dijo tajante, Harry sintió que sus pies se clavaban al suelo. ¿Qué estaba haciendo Sirius? Ginny tampoco se veía tan segura de sí misma como los últimos días.

El guardia lo estudio fijamente y miró aquello que Sirius le mostró colgado en la solapa de su chaqueta.

—Sólo está la Duquesa Granger —dijo con serenidad el otro guardia—, el Duque está de viaje.

La decepción pareció reinar en los ojos de la muchacha aunque Sirius sonrió con condescendencia, ¿qué estaba tramando?

—¿Sería tan amable de dejarme hablar con ella? Es un asunto urgente —dijo con algo más de rudeza, ambos guardias se miraron.

—¿Sabe ella que tiene cita con el Duque?

Sirius amplió su sonrisa.

—Dígale que Sirius Black ha venido desde muy lejos para traerle una sorpresa —dijo empujando a Ginny delante de los guardias. Los sujetos miraron a la chiquilla con sorpresa, se dijeron algo entre ellos y uno levantó los hombros.

—Tal vez ella la deje pasar —le dijo a su compañero—, déjeme ver qué puedo hacer.

Uno de los guardias entró a una caseta cerca de la reja y llamó por teléfono. Dijo algo y la cámara de seguridad que estaba clavada en la pared se movió hacia Sirius. Después de un instante que a Harry le pareció eterno el tipo salió de la caseta y con un control remoto abrió la reja.

—Puede pasar.


Notas:

No pueden decir que me demoré. No esta vez. La última actualización fue el 7 de enero. Poco más de dos semanas. ¡Así que no aceptaré tomatazos por el retraso esta vez!

Por una cosa llamada "musa" he adelantado varios capítulos por trozos, siendo uno de estos el capítulo 16 (por twitter dije que era el 17, pero me equivoqué). Para que se hagan una idea éste es el 14, el 15 creo que saldrá antes de la próxima semana porque ya llevo más de la mitad.
En fin, al paso que voy si la creatividad sigue como va tal vez termine la historia completa en Marzo, para POR FIN, poder comenzar a publicar el libro online (ya daré más detalles pronto). Pero como decía depende de las ganas que tenga para escribir. Los siguientes capítulos son cruciales, así que atentos.

Muchas gracias a todos por ser tan fieles con esta historia.

Ya saben, cualquier duda o detalle que se me haya pasado me avisan para arreglarlo.

Cariños a todos.

Kate.-