Parece mentira, pero en menos de tres días les traigo actualización. No los aburriré con mensajes extras, para eso están las notas finales. ¡Disfruten la lectura!


El Secreto de Sirius

Dejad de llorar, os suplico.

La luz del cielo brilla opalina y los ojos negros acompañan el aullido que se pierde en la noche.

Fácil es decirlo para vos que vivís en el cielo y no tenéis que sufrir el tormento de un corazón destrozado.

Vos sois bestia, no poseéis corazón.

Pues existe y arde.

Entonces dejad de sentid.

¡Basta de burlas! Soy bestia pero poseo alma, el dolor me lacera como la daga de mi enemigo sobre la carne.

Entonces bestia, corre y ve por ella antes que aquel que porta el arma de plata termine de destruir lo poco que tenéis de corazón.

Remus se quedó un segundo con el auricular en la mano. Sus ojos estaban fijos en la pared que sostenía el aparato cuya caja estaba repleta de botones y luces.

—¿Quién era? —preguntó Hermione encontrándose con él de pie frente a la gran puerta de entrada—, ¿qué sucede?

Remus colgó el auricular finalmente y se giró hacia la muchacha con los ojos cargados de sorpresa.

—Déjame resolver esto a mí —dijo sereno.

—No comprendo, ¿qué ocurre? —insistió nerviosa, él agitó la cabeza.

—Ten… tenemos una visita inesperada —susurró y ella frunció el ceño.

—¿Es peligroso?

Al parece la pregunta lo tomó por sorpresa, pero para tranquilidad de la chica, le sonrió.

—No, no lo es —dijo con un tono cercano a la melancolía. Ambos se quedaron en silencio un segundo y dieron un salto cuando en la puerta sonaron dos golpes.

—¿Quieres que me vaya? —preguntó ella preocupada, él negó con la cabeza.

—Espera en la Biblioteca —dijo suspirando—, pide que preparen té, puede que esto sea largo.

Hermione frunció el ceño pero asintió y se alejó con una clara mueca de sospecha. Remus suspiró y estirando la mano abrió la puerta. Sus ojos se encontraron con otro par negro que se sorprendieron con su presencia, ambos se quedaron en silencio y luego sonrieron.

Sirius guió a Harry y a Ginny por un camino adoquinado que terminaba en una curva justo en la entrada principal de la mansión. La chica parecía anonadada con el enorme jardín que se extendía alrededor y quedó fascinada con la laguna Zen dónde se vislumbraban flotantes flores de loto.

Harry no obstante quedó maravillado con la cantidad de autos que estaban estacionados bajo el porche, no le importó parecer un estúpido baboso cuando vio un hermoso descapotable rojo.

—Qué belleza —jadeó contemplándolo con admiración. Estaba seguro que ni en sus más locos sueños y ni aunque estafara al sultán más rico de medio oriente podría conseguir un auto como ese.

—Qué bonito lugar —interrumpió la chica sacándolo de sus pensamientos. Harry la miró y sonrió mentalmente imaginándose a sí mismo manejando aquel auto con la chica sentada a su lado y su cabello al viento.

—Sí —dijo Sirius, pero por su tono de voz Harry detectó de inmediato que algo no andaba bien.

—Estás pálido —observó, Sirius levantó los hombros.

—Hemos caminado mucho y estamos a punto de hacer algo grande —dijo mirándolo de reojo. Recién en ese momento Harry comprendió que todo lo que estaba sucediendo podía ser su sentencia de muerte.

No entendía nada. Creyó que llegando a Lancaster comenzarían sus problemas, pero a diferencia de lo que se esperaba, los guardias dejaron entrar a su padrino sólo con decir el nombre. ¿Qué le ocultaba?, ¿acaso conocía a alguien dentro de aquella mansión?, ¿una criada, tal vez?

Sus preguntas lo llevaron a divagar en lo que sucedería cuando la muchacha fuera entrevistada, ¿y si todo salía mal?, ¿tendría que salir arrancando sin dar explicaciones y no volver a verla nunca?, además tenía que tener en cuenta que la mafia los perseguiría por todo el mundo hasta hallarlos y darles de balazos en la cabeza.

Estaba tan metido en sus ideas que no se dio ni cuenta cuando se detuvieron frente a una enorme puerta con dos aldabas de bronce. A los costados, de forma hexagonal y del mismo tamaño de la puerta, dos ventanas cóncavas y empavonadas entregaban la ilusión de movimiento dentro de la mansión. Un ruido suave se filtraba, pero no alcanzó a distinguir los sonidos.

A su lado, la gitana se agazapó como un cachorro asustado. Harry la miró de reojo y no pudo evitar sentir ternura. Mirando hacia el frente le tomó la mano sin pensar bien en lo que hacía y notó con algo de gusto cómo sus mejillas se teñían levemente de rojo.

—Tranquila, todo va a salir bien —la calmó. ¿De dónde sacaba tal seguridad? Ni idea, si todo salía mal y descubrían la mentira nada de lo que dijo podría definirse como "sensato". Aunque sabía que lo estaba haciendo para darle ánimos sólo esperaba que se creyeran la mentira, al menos, para terminar el espectáculo lo antes posible. Después vería qué hacer con su vida.

Ella asintió con la cabeza.

—Gracias, eso espero.

Jamás la había visto tan entregada y sumisa, era obvio que estaba nerviosa hasta la médula. Extrañaba sus comentarios ácidos, verla así de débil le causaba terror. ¿Dónde estaba su carácter y rudeza?, necesitaba que le dijera algo antipático, prefería mil veces ser bañado de improperios antes de verla tan… dócil.

Sirius se acercó hasta la puerta, inhaló varias veces antes de estirar la mano y se giró hacia ellos sonriendo en un vago intento por brindarles ánimo con la sonrisa más deforme que hubiera visto.

—Déjenme hablar a mí, no digan nada —ordenó. Los otros dos simplemente asintieron.

Finalmente los golpes hicieron eco en su cabeza, era ahora o nunca. La estafa había comenzado. Unos últimos murmullos se escucharon del otro lado y luego pasos lentos que traqueteaban contra el suelo. Harry tragó saliva y la chica apretó su mano. La puerta se abrió. Frente a ellos hizo aparición un hombre de mediana edad cuyo rostro estaba curtido por largas cicatrices, tenía el cabello claro con varias canas y una barba y bigotes amarillentos, que, aunque poblaban su rostro, no se notaba en demasía.

—¿Sirius? —preguntó el tipo sin poder creerlo, su padrino se rascó la cabeza.

—¿Qué tal, Remus? —dijo algo cohibido, Harry miró a los dos hombres de uno a otro sin entender absolutamente nada, ¿por qué el tipo cicatrizado conocía a su padrino?

—Es… quiero decir, ¿qué haces aquí? —preguntó el tal Remus con algo de reticencia en su voz, Harry intentó tragar saliva pero descubrió que su lengua estaba seca.

—Tenemos que hablar —contestó Sirius volviendo todo más confuso para Harry, aunque la gitana permanecía impávida viendo lo que sucedía. Claro, ella debía suponer que el acontecimiento delante de sus ojos era normal.

—Claro, pero…—Remus miró tras el hombro de Sirius y fijó sus ojos en Harry y en la pelirroja. El chico jamás creyó ver a alguien en tal estado de shock—Por Dios…—murmuró y salió a su encuentro. Harry sintió que sus músculos se contraían, todo su cuerpo estaba rígido como una tabla—, ¿Harry? —murmuró. El aludido parpadeó sin entender.

—¿Eh?

—Claro que eres Harry —sonrió Remus, Harry no entendía nada—, si eres igual a James, ¡por Dios cómo ha pasado el tiempo! —dijo esbozando una sonrisa melancólica. Delante de ellos Sirius no se volteó a ver qué sucedía, sin embargo Harry rogaba que lo mirara a los ojos para que contestara todas las dudas que probablemente tenía tatuadas en la cara.

Aquello era un lío, y de los peores. No conocía a ese sujeto, sin embargo, recapitulando la idea del plan sobre el engaño a la gitana, debía pretender que sí sabía quién era aunque lo carcomieran las dudas. Después de todo, según su brillante padrino, ellos habían sido enviados por el Duque a buscar a la heredera perdida.

—¿Qué tal? —dijo entregándole la mano. A Remus se le humedecieron los ojos y tiró de él una vez que la estrechó para abrazarlo con fuerza.

¿Pero qué mierda?

—¡Cómo has crecido muchacho! —exclamó emocionado. Lo alejó sujetándolo por los hombros y suspiró— ¡pero si son los ojos de tu madre!

¿Qué mierda, qué mierda, qué mierda? ¡Sirius!

—Eso dicen —carraspeó. Aún incómodo esperó a que Sirius reaccionara, por suerte pareció salir pronto de su letargo y se acercó con rapidez a la chica que por su aspecto parecía no entender nada.

—Necesitamos hablar —insistió Sirius, sin embargo Harry notó algo extraño en sus ojos y en todas sus facciones. Si no se equivocaba éste estaba cargando con una dura y pesada culpa sobre sus hombros. ¿Se habrá dado cuenta por fin que aquello era una locura? Si era así, qué pena que se haya dado cuenta tan tarde.

Remus miró por encima del hombro de Harry y pareció recién reparar en la muchacha. Con más sorpresa aún de la que podía demostrar lo liberó de su abrazo y caminó lento hacia ella. Ginny miró a Sirius pero éste simplemente movió la cabeza.

—¿Disculpa?, ¿acaso nos conocemos? —preguntó un poco cohibido, Ginny se sonrojó.

—No lo creo, vengo con ellos, soy Ginny —dijo bajito, Harry rogó a todos los dioses que existían en cada rincón del mundo que por favor le devolvieran el carácter a la chica, aquella timidez lo estaba desesperando.

—¿Gi…?—Remus miró a Sirius y éste levantó los hombros.

—Necesitamos hablar con el Duque —masculló tajante remarcando las palabras con los dientes. Harry nuca había visto a su padrino con aquella expresión tan dura y…tan… ¿desesperada?

—Claro…—dijo Remus mirando a la chica fijamente—, pero Ronald no está —agregó volviendo a mirar a Sirius— voló a Paris esta mañana.

—¿Paris? —dijo Ginny saliendo de su letargo—, genial, podríamos habernos quedado allá.

Sirius le dio un codazo a la chiquilla que no pasó desapercibido para Harry. Los dos gruñeron en señal de desaprobación pero fue Remus quien interrumpió con una sonrisa.

—El Duque tiene muchísimas cosas que hacer en representación de la corona —explicó—, pero creo que es mejor que no lo veas aún…—dijo estudiando a la muchacha—. De hecho, creo que sé exactamente a lo que vienes.

Ella se sonrojó.

—No recorrimos tanto para quedarnos aquí esperando Remus —dijo Sirius con parsimonia, a Harry le chocó un poco escucharlo hablar con un acento mucho más pronunciado al que estaba habituado—, tenemos que hablar alguien —suplicó. Harry parpadeó y sacudió la cabeza. ¡¿Qué estaba pasando?!

Remus pareció pensarlo un segundo y luego sonrió enigmáticamente.

—El Duque no se encuentra pero sí la Duquesa regente, su esposa —dijo alzando una ceja como señal de que había algo prohibido que se estaba infringiendo. Sirius asintió con rapidez.

—Entonces déjanos hablar con ella —pidió con un dejo de desesperación. ¡Qué rápido cambiaba de personalidad ese hombre!

Remus finalmente sonrió y se hizo a un lado para dejarlos pasar.

—Todo lo que sea por un viejo amigo —dijo con amabilidad, y Harry sintió que algo bajo sus pies se abría y se lo tragaba dejando su cabeza agarrada de la superficie para ser pisoteada. ¿Qué acaso esos dos habían sido amigos? ¿Qué más secretos tenía su padrino bajo la manga?

Cuando entraron a la mansión Harry y Ginny se quedaron prendados de la magnificencia del interior, pero no tuvieron tiempo de contemplar ya que de inmediato Remus les indicó seguir por un pasillo hasta donde se encontraba una gran puerta doble a medio abrir.

—Esperen aquí por favor —les pidió, y desapareció por la puerta. Harry finalmente abrió la boca.

—¿Sirius qué…?

—Ahora no —masculló con los dientes apretados.

—¿Qué sucede? —preguntó Ginny bajito, Harry movió la cabeza.

—No tengo idea —admitió por primera vez con honestidad. A su lado la chica se tensó—. No te pongas nerviosa…—agregó con suavidad, Sirius lo miró de reojo y sonrió divertido.

—Parece que no soy el único que debe una explicación —murmuró inclinando su cabeza hacia él, Harry alzó una ceja.

—No sé de qué hablas —dijo enojado. No estaba de ánimos para discutir por idioteces.

Justo cuando Sirius iba a decir algo, la puerta se abrió con rapidez. Ante ellos no estaba el hombre que los había recibido, sino, que una muchacha como de su edad, alta, vestida como bibliotecaria y con una enorme cantidad de cabello rizado que le caía por los hombros.

—No puede ser…—dijo fijándose especialmente en Ginny, Harry sintió que su espalda se congelaba—, ¿será…? —Miró alrededor como si estuviera siendo vigilada, con rapidez agitó su mano. — pasen, pasen, rápido.

Los tres entraron sin abrir la boca. Protestar o preguntar podría haber delatado su posición en el juego que poco a poco se iba poniendo más bizarro. Ante Harry se expandía una sala de estar repleta de libros y de muebles elegantes. En el mismo centro, sentado en uno de aquellos cómodos sillones se encontraba el hombre que los había recibido sirviéndose una taza de té.

—Siéntense por favor —pidió la chica con un inevitable tono de entusiasmo en la voz. Sirius se acomodó sin vergüenza en uno de los sillones individuales mientras que Harry y Ginny eran obligados a sentarse juntos en el único sitio que quedaba vacío.

—Bien —dijo finalmente la chica de cabello rizado—, creo que no nos hemos presentado apropiadamente, soy Hermione Weasley, Duquesa regente de Lancaster, esposa del Duque Weasley.

Harry sintió que aquellas palabras taladraban sus oídos y su estómago. No sólo engañarían al Duque sino que además a su esposa y al extraño sujeto amigo de Sirius.

—Creo que nos deberían explicar a qué han venido —pidió Remus, Sirius lo miró con el ceño fruncido haciendo una pregunta que el otro supo entender perfectamente—, soy el secretario y padrino del Duque, así que estamos en confianza —explicó contestando lo que Harry quería saber—, mi nombre es Remus Lupin.

Sirius esbozó una sonrisa enigmática y Harry quiso tirarse de los cabellos.

—Gracias por tan amable recibimiento —dijo con la misma pomposidad tan atípica de él. Hermione sonrió con amabilidad.

—¿Té?

—Gracias —aceptó Sirius. La muchacha se dirigió a Harry y a Ginny pero ambos negaron con la cabeza.

—Bien, creo que tienen algo que decirnos —dijo ella ofreciéndole la taza a Sirius, éste miró a Harry quien aún no podía tragar saliva. Ya estaba, era ahora o nunca.

—Nosotros…—suspiró—, después de mucho buscar…—pausó, Remus alzó una ceja sin comprender—, nosotros… hemos encontrado a la heredera.

Los ojos fueron a parar directamente sobre Ginny quien volvía a estrujar su vestido, su pecho subía y bajaba con rapidez. Harry comenzó a incomodarse, ¿qué podía hacer para salir de ahí? La ventana más cercana era una sola y no veía la palanca para abrirla por ninguna parte.

Hermione inspiró profundamente mientras Remus estudiaba a la muchacha con detalle sin perder la dulzura en su mirada.

—Esto es….inesperado, pero…me temo que no podré entrevistarte —dijo la Duquesa con tristeza, Sirius abrió los ojos con espanto—, el Duque ha exigido tajantemente que no me meta en el tema de su hermana, es algo muy doloroso para él. Hace meses dio un comunicado dando por terminada la búsqueda.

Harry vio entonces como Sirius con desesperación caía de rodillas suplicante tomando las manos de la Duquesa. El acabose definitivo. Ahora sí que estaban fritos.

—No, no nos haga esto, venimos desde Paris para poder ver al Duque, necesitamos que la escuche.

—Hermione —le pidió Remus—, déjala hablar, después de todo Ronald no tiene que enterarse.

Sirius agradeció a su supuesto amigo con una mueca de alivio absoluto. La chica pareció pensarlo un instante.

—Está bien —dijo mordiéndose el labio—, pero si no es ella les prohíbo que toquen el tema y les ordenaré que desaparezcan de nuestras vidas.

—Como diga —dijo Sirius esperanzado—, le prometemos que no le fallará.

Hermione miró a Remus con los labios fruncidos y cerró los ojos.

—Bien, este… —lentamente los volvió a abrir y la miró fijamente—, antes de hacer la entrevista tienes que saber que si eres la persona que andamos buscando deberás someterte a un examen de ADN para comprobar tu identidad.

La chica abrió la boca con espanto, Harry sintió finalmente que el mundo alrededor se desmoronaba, era imposible conseguir una miserable libra si el examen salía negativo. ¡Tanto esfuerzo para nada! ¡Tanto sufrimiento para nada!, ¿cómo pudo a Sirius escapársele aquel detalle?

—Claro, lo haré —dijo con resignación, Harry escuchó un traqueteo, miró de soslayo y vio que la taza de Sirius temblaba en sus manos. ¡Hasta que el muy imbécil se dio cuenta!

—Muy bien…—dijo Hermione con algo más de entusiasmo. Remus se recostó en el sillón cruzando los brazos y una pierna. Parecía entretenido con algo que Harry desconocía—, entonces… partamos por lo básico. ¿Tu nombre?— Ginny miró a Sirius pero éste movió la cabeza—, mírame a mí por favor.

La gitana se cohibió.

—Gi... Ginny —dijo con la voz temblorosa, Hermione arqueó una ceja.

—¿Ginny?

—Así me dicen —dijo la gitana con un poco más de humildad, Hermione apretó los labios.

—Muy bien… pero necesito saber tu nombre completo.

—No tengo apellido —agregó con rapidez, Harry volteó a verla con el ceño fruncido, Hermione, Sirius y Remus hicieron lo mismo—, quiero decir… me llamo Ginevra.

—Bueno, primera coincidencia, pero… nada que no pueda sacarse de internet, ¿cierto? —dijo con algo de sorna, Harry apretó los puños.

—Pero si ese es mi nombre —insistió la gitana abrumada, Remus le hizo una seña para que se tranquilizara.

—¿Por qué no tienes apellido? —preguntó con algo más de brusquedad la duquesa poniéndose de pie. Fue hacia uno de los estantes y extrajo un cuaderno. Volvió a sentarse y espero a que Ginny le contestara para poder anotar la respuesta.

—Porque… —el corazón de Harry estaba ya en su lengua, un poco más de presión y lo vomitaba todo sobre la alfombra persa del Duque—, porque me críe con gitanos —dijo finalmente, la expresión de Sirius cambió de una estresada a una de "Imbécil, no tenías que decir eso" que Harry pudo leer con claridad.

—¿Con gitanos? —preguntó Remus sin comprender, Ginny asintió.

—Me… —suspiró. Harry descubrió de inmediato que todo lo que Sirius le había enseñado no serviría de nada en ese momento, porque la respuesta siguiente no se parecía en absoluto a lo que alguna vez le pidió que dijera—, me críe con gitanos desde muy pequeña. Viví con mi madrina Minnie hasta los cinco años en una vieja posada en Paris. El día que falleció me dejó a cargo de una amiga llamada Muriel, la matriarca del clan de los gitanos donde me asenté.

—¿Madrina? —susurró Remus.

—¿Y por qué te dejó con los gitanos y no en un orfanato donde podrías haber sido adoptada por padres más estables? —preguntó Hermione con algo más de dulzura en la voz, aunque Harry detectó aquel tonito de investigador privado hinchapelotas.

—Porque dijo que era peligroso —dijo frunciendo el ceño como si recordara. A su memoria vino aquel recuerdo que tuvo en el tren de Paris a Londres. La trenza que colgaba encima de su hombro se había convertido en un objeto ideal para liberar su estrés—, dijo que con los gitanos podría ir de un lado a otro, nosotros no toleramos estar entre paredes por mucho tiempo —explicó, Harry no sabía aquello porque lo tomó como novedad—, por eso mismo creyó que sería mejor que me estuviera moviendo.

—¿Por qué querías que te mantuvieras en movimiento? —preguntó Hermione intrigada, a esas alturas Harry y Sirius también lo estaban, sin embargo algo acido había comenzado a quemar las entrañas del chico que sabía no tenía nada que ver con el temor a ser descubierto.

—Para no ser atrapada —dijo sorprendiéndose con su propia respuesta. Sirius y Harry se miraron, ambos tenían los ojos opacos y la boca seca.

—Aguarda preciosa —agregó Remus liberando sus brazos e inclinándose hacia delante—, ¿siempre fuiste gitana?

—Dije que desde los cinco años —contestó fastidiada, Remus asintió con rapidez.

—Pero… ustedes… ¿ustedes no tienen leyes sobre la elección del matriarcado?

Harry no entendió la pregunta, Sirius por su expresión parecía entender menos. Sin embargo Hermione de inmediato sacudió la mano.

—No cre…

—De hecho mi clan era muy apegado a las leyes —interrumpió Ginny sonrojada hasta las orejas, Harry tenía un nido de dudas en su cerebro.

—¿Entonces tú…? —preguntó Hermione incrédula sin poder terminar lo que quería decir. Ginny sonrió avergonzada.

—Sí, estuve casada —admitió. Tanto Harry como Sirius abrieron la boca desencajando completamente la mandíbula, Hermione parecía estar en el mismo estado de incertidumbre—, pero falleció hace muchos años, ya no tiene importancia.

Las piernas de Harry se calentaron llevando impulsos brutales de sangre hasta su cabeza. Quería correr, arrancar, tirarse por un barranco. ¿Cómo no se les ocurrió pensar en eso?, ¿la muchacha que lo traía de cabeza había sido de otro legalmente?

¡MIERDA!

—¿Y por qué falleció? —quiso saber Hermione, Ginny suspiró.

—Realmente no tiene importancia. ¿Le sirve al Duque saber que estuve casada? —preguntó con tono cansado—, es un pasado que quiero olvidar, fue hace muchos años.

—Está bien querida, no es de importancia —dijo Remus viendo con severidad a Hermione quién parecía querer seguir haciendo preguntas sobre el tema. —Sólo dinos —pidió con extrema suavidad en la voz—, ¿la persona que te entregó a los gitanos sabía de estas leyes en el clan?

Ginny pareció pensarlo y elevó los hombros con incredulidad.

—Supongo, si me quería mantener en movimiento un marido era el mejor modo de pasar de un clan a otro.

Hermione y Remus se miraron. La Duquesa se veía nerviosa y había dejado de anotar cosas en su cuaderno.

—Ginny —la llamó Hermione, ambas se miraron—, ¿sabes cómo escapaste de la fiesta la noche del atentado?

Sirius no pudo mantenerse callado.

—Era una bebé cuando eso pasó mi lady —dijo con solemnidad—, ¿cómo va a saberlo?

—Lo sabrá si quién la sacó de la fiesta le contó la historia —dijo Hermione tajante clavando sus ojos en la muchacha. Sirius tragó saliva en seco. Nunca creyó que el nombre de la madrina de la chiquilla tuviera importancia, ¡era una bebé y la vieja una anciana!, no existía ninguna posibilidad que la recordara si fuera realmente la heredera, cosa que en este caso tampoco era cierto.

—Lo lamento —dijo con la voz ronca—, no sé cómo me sacaron del lugar. Mi… mi madrina nunca me dijo cómo llegamos las dos a vivir solas en Paris, —cerró los ojos recordando nuevamente aquel recuerdo que vino a su mente en el viaje del tren— sólo me dijo que debía venir a Londres, que un hombre había tratado de matarme a mí y a mi hermano y que tenía que venir a buscarlo, que aquí estaba mi pasado y que mis padres eran gente influyente. Sé que pertenezco a esta nación, sólo que… no sé a dónde.

Harry comenzó a hiperventilarse, ¿qué estaba ocurriendo?, algo en todo ese cuadro ante su nariz no calzaba con aquel plan. Sirius jamás le enseñó aquello, nunca le pidió que dijera eso, sin embargo ahí estaba, ¿mintiendo tal vez?, ¿de dónde había sacado toda esa historia? Su padrino parecía fascinado.

¿Acaso habían mentido tan bien que la chica creía que las personas que vivieron a su alrededor toda la vida pertenecían a esa historia? Si decía el nombre de la madrina estaban jodidos, porque claramente no era ella, aunque así lo creyera. Comenzó a prepararse mentalmente para recibir el balazo de Malfoy, aunque tal vez no dolería tanto como el rechazo de la gitana cuando se enterase que había sido vilmente engañada.

—Ya veo… —dijo Remus tranquilamente, ella lo miró a los ojos.

—¿Cómo se llamaba tu madrina? —interrumpió Herimione.

Ginny derramó una lágrima, Harry sintió compasión, tal vez la había recordado.

—Mi…—inspiró hondo y se pasó la mano con violencia por la mejilla—, mi madrina siempre me pidió que le dijera Minnie para no levantar sospechas, así que nunca supe realmente su nombre —dijo frunciendo otra vez el ceño, probablemente porque no entendía las razones de esa orden—. Pero hace un par de años en el tráiler de mi madre encontré el acta de adopción firmado por ella, decía…—frunció el ceño tratando de recordar—… decía…. Minerva Mcgonagall.

Sirius, Remus y Hermione abrieron los ojos como platos. Harry no entendía nada, sólo estaba esperando que le llovieran los insultos y los llamados a la policía. Sin embargo el silencio fue todo lo que reinó en el lugar.

—Ginny…—susurró Hermione con los ojos húmedos, a su lado, Sirius se mantenía con la boca abierta como si hubiese recibido alguna noticia de impacto.

—Permiso, creo que el viaje en tren me revolvió el estómago —pidió poniéndose de pie con una reverencia muy atípica de él.

—¿Sirius? —llamó Harry— ¡Sirius!

Sin saber qué hacer imitó la reverencia de su padrino torpemente y con un escueto "permiso" salió tras él. ¿Acaso pensaba arrancar el muy pelotudo y sin él?

Sin embargo cuando salió por la puerta principal lo encontró dando vueltas sobre sí mismo yendo de un lado a otro con las manos en la cabeza y una mueca indescriptible.

—¿Sirius, qué…?

—Es ella —jadeó, Harry no comprendió.

—¿De qué es…?

—¡Es ella! —repitió agitado—, ella, la gitana, Ginny, ella…ella es la heredera legitima de Lancaster.

Cuando Harry escuchó aquello algo en su interior pareció derramarse. ¿Alivio, tal vez? No tendría que sufrir por imaginar su cabeza colgada en la salita de estar de los Malfoy, pero sabía que no era eso, era algo más fuerte. ¿Temor, incertidumbre? No, ¿rechazo?

Las palabras de su padrino calaron en él hasta el punto de hacerle ver con claridad todo lo que estaba ocurriendo. ¿Realmente y sin querer habían encontrado a la heredera legitima? Algo en él no quería aceptarlo. ¡No podía!

—¿Qué me estás diciendo?

—La gitana, Ginny, la mocosa, la que estuvo viviendo todos estos días con nosotros… esa… ¡es la hermana perdida del Duque! —dijo eufórico exclamando sin exaltar la voz.

—¿Cómo sabes eso? —preguntó angustiado bajando sus defensas. Realmente no quería saber la respuesta, esperaba que el hombre a quién alguna vez tildó de "padre" le dijera que estaba divagando, que no sabía lo que decía.

—Esa mujer…jamás le pregunté el nombre de su madrina, ¡Dios! —explicó rápidamente—, la bebé no alcanzó a ser bautizada por lo tanto no hay información que registre a Minerva Mcgonagall como la madrina, no está en internet, no está en los diarios, ni en las bibliotecas, no está en la historia… eso sólo podía saberlo la familia, los cercanos y…

—…La heredera legítima —jadeó Harry finalmente comprendiendo sus propias emociones. Mil ideas apabullaron su cerebro siendo la más sensata huir y ser asesinado por Malfoy—, entonces… encontramos a la Duquesa —susurró acongojado—, Ginny encontró a su familia.

Qué terrible era aquella sensación. Por primera vez había hecho algo bueno creyendo que hacía algo malo y sin embargo no podía sacar ninguna recompensa de aquello, bueno, tal vez sí, pero no lo que quería.

—¡Nos salvamos! —dijo Sirius eufórico zamarreándolo por los hombros— ¡Nos salvamos!

Harry no quiso sonreír, no podía. Sí, iban a recibir las cincuenta mil libras, pero… ¿y eso qué?, salvarían su pellejo y seguirían con la vida de estafadores que tanto les acomodaba, pero sin algo que le diera sentido.

—Genial…—masculló fastidiado, Sirius finalmente se detuvo y lo miró fijamente.

—¿Qué te ocurre?, ¿por qué no celebras conmigo?

Harry desistió, finalmente descubrió que no sacaba nada con esconder lo que sentía, ya había perdido de todos modos.

—¿Realmente necesitas que te lo explique? —dijo molesto soltándose del agarre de su padrino.

—Me extraña ver que no celebres que al fin nuestro pellejo está fuera de peligro —bromeó éste, Harry se pasó una mano por la cabeza y se sentó en las escaleras que daban a la puerta.

—¿Podrías comportarte por una vez como el padre que eras cuando era niño? —le pidió exhausto—, ¿realmente necesitas que te explique todo lo que sucede?

Sirius obedeció y se sentó a su lado con la vista fija en el jardín que los rodeaba. Un profundo suspiro escapó de sus labios.

—¿Te gusta, cierto?

—No, no me gusta —corrigió con agonía—, me tiene vuelto loco.

Sirius lo abrazó con cariño paternal y se lamió los labios intentando buscar una respuesta apropiada.

—Harry, ¿cuántas veces has pasado por esto, cuántas mucha…?

—¡Esto es diferente! —estalló pasándose ambas manos por la cabeza, Sirius sacó la suya del hombro—, no quiero que sea una entretención, no quiero que sea la chica trofeo, quiero que sea más que eso. Desde el momento en que descubrí que este plan era una mierda me di cuenta que sentía algo más por ella, ¿qué persona en su sano juicio gozaría con engañar a alguien que quiere de la forma en que lo hice?, no sé qué pensar. Y Ahora, es un alivio saber que no me odiará por haberle mentido pero…

—¿Pero…?—susurró Sirius cuando Harry se quedó mudo, éste suspiró con los ojos llorosos sorprendiendo a su padrino.

—Pero ella es una Duquesa y en este mundo de nobles no hay cabida para un estafador como yo, la vamos a entregar al Duque, esperaremos la recompensa y saldré de su vida para siempre —dijo poniéndose de pie, Sirius lo miró desde el suelo.

—Hijo, yo… no sabía…

—No importa —dijo pasándose el antebrazo con furia por los ojos—, vamos a despedirnos de ella.

Pero no alcanzo a dar ni un solo paso cuando Remus apareció justo tras ellos con una sonrisa de oreja a oreja y los ojos llorosos. Sirius se puso de pie.

—No tienen idea cuánto les debemos por hacer lo que hicieron —dijo riendo con gratitud a la vez que lloraba, a Harry le pareció de lo más extraño—, tantos años y justamente tú, Sirius, nos traes a la muchacha —agregó con solemnidad abrazándolo por los hombros, el chico seguía sin entender nada—. No tenía idea que desapareciste para buscarla, de haber sabido habría enviado ayuda.

—Espera… ¿desapareciste? —Harry agitó la cabeza y repentinamente algo hizo "click" como si un rompecabezas comenzara a tomar forma. ¿Cuánto realmente creía conocer a su padrino? —, Sirius… ¿de dónde se conocen ustedes?

Remus lo miró sin comprender.

—¿De qué hablas? —preguntó curioso—, ¿acaso Sirius nunca te habló de mí?

Harry negó con la cabeza.

—Ni siquiera sabía que existías —le dijo cruzándose de brazos.

—¿Nunca le hablaste a Harry de nosotros?

—¿Hablarme de qué? —preguntó aturdido, Sirius se pasó una mano por la barba.

—Es complicado…

—Tengo todo el tiempo del mundo—dijo sonriendo con malicia, Sirius elevó los ojos al cielo como si pidiera a los ovnis que bajaran para llevárselo.

—¿Nunca te preguntaste por qué sabía tanto de la familia Weasley? —le preguntó con tono cansino.

Harry levantó los hombros.

—Algunas veces —respondió con sarcasmo cruzándose de brazos. Al interior de la mansión se escapaban ruiditos y cuchicheos. Su cabeza estaba hecha un lío. Suspiró—, anda, suelta ya.

Sirius miró a Remus quien seguía sus movimientos con algo muy parecido a decepción en los ojos. Fue inevitable compadecerse del hombre. ¿Quién olvida a un amigo así de fácil?

—Yo…—Sirius se pasó una mano por el pelo como por centésima vez ese día, se entretuvo jugando con unas peonías que decoraban el pórtico y comenzó a relatar: —, hace treinta años tuve la mala suerte de ser llamado para ofrecer servicios a la corona como militar. Jamás me gustó la política y estar metido en la armada implicaba ir a la guerra—explicó con tono aburrido—, yo era joven, estaba terminando la universidad, tenía una novia… —sonrió con melancolía—, todo acabó cuando en una fiesta un compañero de fraternidad llegó con algunos ácidos…

Harry sacudió la cabeza.

—¿Qué? —exclamó sorprendido— ¿te drogabas?

No le habría parecido extraño si no fuera porque jamás le permitió acercarse siquiera a un cigarrillo.

—¡No! —dijo enojado—, aunque probé algunas cosas nunca caí en el vicio—prosiguió—. En fin… esa noche alguien denunció el tráfico y yo, que era el dueño del departamento fui apresado.

—Déjame adivinar —dijo Harry masajeándose el tabique—, estabas tan borracho que te violentaste contra la policía.

—¡No seas idiota! —replicó, Remus frunció el ceño impactado—, no me mires así, estamos acostumbrados a tratarnos de esa manera —le explicó, su amigo pareció no creer aquello.

—¿Y bien? —insistió Harry ansioso. Sirius resopló.

—¡A eso voy! —exclamó— cuando fui apresado, como estaba en la edad perfecta para cumplir los ideales de la nación me ofrecieron un trato: o iba a la cárcel, o me unía a la marina.

Harry se quitó los lentes para poder abarcar su frente y ojos.

—¿Y qué sucedió después? —quiso saber. Sirius suspiró.

—Por supuesto no tenía dinero para pagar la fianza y los cargos por tráfico podían ser condenables a cadena perpetua—contó rascándose la cabeza—, no tenía cómo probar que era inocente, así que finalmente me uní a la marina.

Harry se imaginó a su padrino bailando como los Village People portando sólo el gorrito marinero y una tanga. La imagen, aunque era perturbable, estuvo a punto de sacarle una carcajada.

—¿Ahí se conocieron? —preguntó Harry a Remus, éste negó con la cabeza.

—Pronto —dijo lacónico observando a Sirius fijamente.

—Odiaba esa mierda —masculló el aludido—, habían solo mariconcitos en ese barco, cuál de todos más odioso —dijo estremeciéndose, Harry sonrió—. Fue ahí cuando nos detuvimos en Newcasttle. Busqué emborracharme en un bar con la esperanza de que pudiera volver a la cárcel y alejarme de ese mundito aberrante, pero antes de matar a todo el mundo a golpes y ofrecer un escándalo, alguien me sacó por los brazos y me llevó a la calle— contó. Harry comenzó a armar poco a poco una idea en su cabeza, algo muy dentro de él vibraba a una sintonía más alta—. Ese alguien, fue James, tu padre.

Harry abrió la boca sorprendido.

—¿Mi… mi padre era marino?

—No, era agente del Scotland Yard—le explicó, y la llamita del orgullo se extendió por su pecho al escuchar aquello. Sabía que su padre había trabajado en un cargo público, pero jamás imaginó que sería algo grande.

—¿Agente…?

—En ese tiempo era sólo un oficial menor —dijo Sirius—, fue él quien me ayudó esa noche. No sé bien cómo surgió esa amistad, sólo sé que me salvó de una paliza.

—¿Es eso cierto? —le preguntó Harry a Remus, éste asintió con una sonrisa triste.

—Fue James quién me sacó de la marina—continuó Sirius con melancolía volviendo a sentarse en la escalinata—, él… me ayudó a limpiar mi nombre, dejó que mi expediente quedará libre de cualquier lío relacionado con el tráfico.

—¿Y qué pasó contigo?, ¿cómo fue que se conocieron? —preguntó a Remus. Pero Sirius fue el que contestó.

—No todo sale gratis en esta vida, así que para quedar completamente limpio de cualquier acusación, James me consiguió un cupo en el Scotland Yard —dijo juntando las manos en la boca con un tono cargado de tristeza que jamás creyó escuchar en él.

—¿Fuiste miembro del Scotland Yard?

—Por veinte años—contestó Remus—, ahí nos conocimos. Yo y James fuimos amigos desde la universidad, cuando Sirius llegó los tres nos volvimos inseparables.

Harry miró a su padrino, el corazón se le llenó de una sustancia que no sabía describir. Sirius derramaba lágrimas silenciosas.

—Esa noche debí haberme quedado con él…—susurró entre sollozos, Remus se sentó a su lado.

—¿De qué estás hablando? —dijo Harry poniéndose de cuclillas. Sirius lo miró a los ojos y le dio un par de palmadas en la mejilla.

—Tu padre ascendió a capitán del Scotland Yard —le dijo, Harry lo miró fijamente—, y nosotros a oficiales de primera categoría —le sonrió a Remus, éste le devolvió el gesto.

—¿Por qué dijiste que debiste haberte quedado con él, qué ocurre? —preguntó Harry entendiendo finalmente por qué ese tal Remus conocía a su padrino y a su padre. La expresión del segundo se tornó sombría.

—James era muy amigo del Duque Arthur Weasley—le contó con suavidad sin verlo a los ojos—, el tipo era muy sano, buena gente. James nos contaba historias sobre un sujeto que acosaba al Duque y que solía ser su mano derecha. Finalmente Arthur descubrió un ardid para dejarlo mal frente a la corona y James lo apresó.

La pausa de Sirius fue tan prolongada que a Harry se le acalambraron las piernas. Cayó sobre su trasero relajando las rodillas sin quitar la atención de la historia.

—Remus…—suplicó. A Harry no le dio cabida aquel tono lleno de suplicio, el otro suspiró y continuó.

—El asistente del Duque fue apresado cuando se descubrieron sus planes y prometió vengarse —dijo levantando los hombros—. Así fue como planifico el atentado para el cumpleaños del Duque.

—Y a petición particular, Arthur le pidió a James que vigiláramos el palacio esa noche—agregó Sirius—, algo sospechaba.

Harry recordó el enorme castillo en medio de la ciudad.

—Pero todo lo que sucedió después fue desconcertante —dijo Remus—, yo no estaba en servicio porque como padrino del hijo menor, Ronald, tenía que quedarme con él esa noche.

Harry cerró los ojos intentando hilar el puzle, juntar las piezas, comprender en algo aquel absurdo. Si su padre había sido amigo del Duque entonces él sí tenía mucho que ver con la vida de la gitana.

El silencio se prolongó aún más —si se podía—, Harry no toleró la situación.

—¿Sirius? —insistió ansioso.

—Aunque agradezco cada día de mi vida lo que James hizo por mí, aquello no cambió mi naturaleza —se llevó una mano a la cara y se la cubrió avergonzado—, esa noche estaba de guardia en la entrada principal y me emborraché —Harry lo miró con espanto— ¡sé que fui un reverendo imbécil, pero jamás imaginé que iba a pasar lo que pasó!

—¿Qué… qué ocurrió realmente, Sirius? —preguntó Harry con lentitud, Sirius suspiró profundamente. Las lágrimas habían humedecido su barba negra.

—Me quedé dormido…—jadeó—y…y….

—Tom Riddle entró al palacio—interrumpió Remus en su lugar.

Harry sacudió la cabeza y se pasó ambas manos por la cara.

—¿Qué?, ¿quién? —exclamó.

Sirius se abrazó a sí mismo como intentando bloquear aquellos recuerdos.

—No sé qué me ocurrió, sólo me desvanecí y no había bebido tanto ¡lo juro! —exclamó tembloroso y con los ojos perdidos en algún punto del jardín—, pero… cuando desperté, descubrí que el Duque y su familia estaban siendo atacados. Me escabullí por los pasillos y vi a James…él…—su ceño se frunció.

—James no era el mismo, él fue quien atacó a Arthur por la espalda —dijo Remus con angustia y los ojos levemente entrecerrados, como si intentara analizar su comportamiento.

—¿Mi padre hizo qué? —preguntó Harry con espanto, repentinamente el orgullo se había desinflado.

—Pero no actuaba como él mismo —dijo Sirius abatido—, sus ojos estaban ciegos, extraños, no escuchaba a nadie, no reaccionaba con nada…—lentamente se giró para ver a Harry—, fue entonces cuando noté a una mujer anciana correr con una niña en brazos— susurró, el corazón de éste se desbocó—. Estaba desesperada y apenas podía sostenerse en pie con la bebé.

—Ginny…—adivinó acongojado.

—Dios mío… ¡fui yo quién sacó a la niña del palacio! —dijo sorprendido, Remus lo miró perplejo—, ella quiso escapar de mí y suplicó piedad, pero yo le dije que conocía una salida.

Sirius se puso de pie y Harry lo miró moverse de un lado a otro con rapidez.

—¿Entonces fuiste tú? —susurró Remus.

—No sabía el nombre de la mujer —dijo exasperado—, la llevé hacia unos tapices que ocultaban las salidas de emergencia, por ahí escapó con la niña—cerró los ojos con fuerza como si le costara un gran esfuerzo recordar—. Antes de huir me pidió que te dijera literalmente que "Minerva Mcgonagal estaba fuera de peligro con la niña" —dijo moviendo los dedos como comillas—, pero para cuando fui en tu búsqueda, ya no estabas —le dijo viéndolo con cansancio.

—Había huido con Ron por la otra salida —dijo anonadado—, ¿entonces fuiste tú? —repitió emocionado—, no sólo le salvaste la vida sino que además la trajiste de vuelta.

Sirius abrió la boca inhalando con fuerza, seguramente no se había dado cuenta de lo que había hecho.

—Espera, pero… ¿por qué nunca le dijiste a Ginny el nombre de la mujer? Si hubieras descubierto que coincidían las versiones habríamos sabido desde hace mucho que ella era la heredera —dijo Harry.

—Había olvidado su nombre, tenía un vago recuerdo, en ese momento estaba ebrio, ¿qué podía recordar? —susurró—, descubrí que era ella cuando mencionó su nombre hace un instante, fue como un balde de agua helada para mi cerebro, las imágenes revivieron de forma instantánea.

—¿Y jamás se te ocurrió pensar que ella podía ser la heredera?, ¿nada te llamó la atención? —Harry no cabía de sorpresa. Su padrino tenía todo que ver en esta historia, y sin embargo se había saltado esos detalles olímpicamente.

Sirius pareció pensarlo, Remus lo miró con atención.

—La primera vez que la vi en aquel callejón en Paris me pareció ver algo levemente conocido, pero ¿qué iba a saber?, cuando la mujer escapó la niña apenas tenía un año, ni siquiera la pude mirar bien a la cara.

—¿Y qué sucedió luego con mi padre? —quiso saber recordando que en todo ese embrollo James Potter atacaba sin saber por qué al Duque. Sirius apretó los labios.

—Cuando volví del escondite y llegué al salón yo…—el hombre se agarró a una de las paredes de la casa y se sujetó el estómago, Harry se puso de pie con violencia y se acercó a él asustado.

—¡Sirius! ¿Qué te ocurre?, ¿estás bien?

Pero la congoja en los ojos de su padrino era demasiado profunda para expresarla sólo con palabras.

—Será mejor que dejes eso para otro día —dijo Remus preocupado, pero su amigo negó con la cabeza.

—No. He pasado demasiados años de mi vida intentando quitar esas imágenes, Harry merece saberlo, tal vez así se marchan de una vez.

—¿De qué hablas? —dijo asustado. Sirius colocó la mano que tenía en el estómago sobre su hombro y se lo sujetó con fuerza.

—Cuando…. Cuando volví al salón, todo el equipo enviado a vigilar el palacio estaba…estaban todos muertos —lloró—. James, mi mejor amigo, estaba sobre una pila de cadáveres con la boca abierta y los ojos llorosos —gimió al recordar aquella escena—…sólo sé que Riddle tuvo que ver en todo esto.

Harry sintió el nudo en su garganta y no evitó soltar lágrimas de desdicha.

—Todos estos años me dijiste que mis padres habían muerto en un accidente en la carretera…

—¡Sirius! —exclamó Remus sin poder dar crédito a lo que Harry había dicho—, ¿en serio le dijiste tal cosa?

—¿Y qué le iba a decir? —explotó—, ¿qué por mi culpa asesinaron a su padre y a toda la familia del Duque? —Remus iba a protestar pero lo interrumpió—, ¡sabes que así fue! ¡Me relegaron de mi cargo por haberme emborrachado y me quitaron la placa!

—No puedo creerlo —dijo Harry choqueado—, ¿pero… y mi madre?

Esta vez fueron los ojos de Remus los que se oscurecieron.

—Cuando logré huir con Ron recordé que tu madre estaba sola contigo en uno de los jardines —Harry frunció el ceño—, así es, tu madre estaba en esa fiesta contigo, lejos del barullo. Me escondí tras un pilar, intenté llamarla para que viniera conmigo, entonces apareció él…

—¿Tom Riddle? —masculló Harry.

—El mismo—susurró Remus—, todo sucedió demasiado rápido. Yo aún… no sé qué fue lo que hizo.

—El sujeto era extraño —interrumpió Sirius—, James creía que hacía brujería.

—¿Qué? —esta vez la burla en los ojos de Harry se hizo presente.

—Puede sonar absurdo, pero tu padre y todos los miembros del Scotland Yard actuaron bajo sus órdenes.

—¿Y qué tiene que ver eso con mi madre? —preguntó preocupado.

—Desafortunadamente tu madre estaba en un mal lugar en el peor momento, justo se encontró con él cuando iba escapando—dijo Remus acongojado—, y… algo hizo. Tu madre siempre fue muy lista, nos dijo muchas veces que había maldad en él. En ese momento trató de protegerte, entonces… algo brillante me cegó por un instante, lo siguiente que vi fue a ti llorando en el suelo sobre los brazos de tu madre desfallecida.

El corazón de Harry se estrujó.

—¿Ese hijo de puta mato a mi madre a sangre fría?

Sirius se acercó e intentó abrazarlo pero Harry no se dejó. En su cabeza las frías y aterradoras imágenes de un par de ojos azules le calaron los huesos.

—Yo llegué justo en ese instante —intentó explicarle Sirius—, salí a buscar ayuda, pero en el jardín no había nadie más que tu madre desmayada, y tú, llorando.

—Cuando recobré la conciencia me acerqué a Sirius y le pedí que te sacará de ahí —dijo Remus cerrando los ojos como si le costara recordar—, como era tu padrino estaba en todo el derecho de hacerlo. Después de ver todo lo que había sucedido acordamos llevarnos a ti y a Ronald lejos de Lancaster por un tiempo hasta que todo se solucionara.

—Pero no se solucionó—dijo Sirius amargamente—. Además de haber sido destituido, esa misma semana toda la familia Weasley fue sentenciada a muerte.

—¿Por quién? —quiso saber Harry, Remus movió la cabeza.

—El Juez de la suprema corte —sentenció—. La pena de muerte había sido abolida hace años pero por alguna razón creyeron que Arthur era un terrorista y que tenía a toda su familia metida en el tráfico de armas. No hubo caso de convencer a la corte que niños tan pequeños no tienen la integridad ni razón para hacer algo así, la sentencia fue absoluta…

—La familia entera murió en una cámara de gas —murmuró Sirius en un susurro apenas audible. Harry no se había dado cuenta que derramaba lágrimas silenciosas.

—¿Fue Riddle, no? —dijo apretando los puños—, sé el resto de la historia. "Una nación completa llora la pérdida de su más noble Duque" —recordó Harry haber leído en algunos periódicos cuando investigó sobre la familia—, ¿por qué los sentenciaron si después se iban a arrepentir?, suena como si hubieran estado siendo…

—Controlados —dijo Sirius con aquella expresión que verificaba que pensaban lo mismo.

—Sí…—dijo Remus—, eso explicaría muchas cosas pero no es válido, ¿cómo se controla a alguien?, ¿cómo puedes obligar a todo un escuadrón de policías a actuar en contra de quién pidió protección?, ¿cómo controlas a todos los jueces para que dicten sentencia en tu contra?

Harry entrecerró los ojos y recordó el color azul intenso con un escalofrío.

—No sé si la brujería existe —susurró—, pero sí sé que él está metido en esto…—y súbitamente el rostro del extraño de la otra noche invadió su cabeza, sus ojos se abrieron con mesura— ¡mierda!

—¿Qué te ocurre? —preguntó Sirius.

Harry se llevó las manos a la cabeza con desesperación.

—Ginny dijo que su madrina la quería alejar de un hombre… pero, ¿y si ese sujeto no desapareció?, ¿si la ha estado acosando todo este tiempo?... ¿si… es el mismo tipo del bar la otra noche?

Remus lo miró sin entender.

—¿Quién, ese Thomas Gaunt? —Sirius agitó la mano en el aire—, no… si fuera él tendría nuestra edad, no se vería tan joven.

Sin embargo a pesar de la tranquilidad con la que su padrino dijo esas palabras, Remus pareció entrar en un estado catatónico.

—¿Qué dijiste? —jadeó.

—¿Qué dije de qué?

—¿Cómo se llama ese sujeto que conocieron?

—Thomas Gaunt —contestó Harry sintiendo que su corazón comenzaba a latir con desesperación.

—Dios mío…—susurró Remus llevándose una mano a la boca—, ese era el apellido de su madre…

Sirius y Harry se miraron estupefactos justo en el instante preciso que Ginny salía al jardín con los ojos llorosos y se lanzaba al cuello de Sirius.

—¡Gracias! —lloró emocionada, Harry tropezó hacia atrás—, ¡gracias por todo!

—No… no hay de qué —dijo Sirius devolviéndole el abrazo mirando por encima de su cabeza a los otros dos que aún tenían los rostro tatuados de espanto. Harry notó como su padrino le devolvía un abrazo más apretado.

Ella se liberó sin dejar de llorar hasta que finalmente miró a Harry.

—No sabes cuánto te agradezco que hayas estado en el Sacre Cour ese día —le susurró pasando los brazos por debajo de los suyos y apoyando la cabeza en su pecho—, me han regalado una vida que no creí tener jamás.

Harry torpemente pasó sus brazos por encima de ella. La cabeza apenas le llegaba un poco más debajo de la barbilla. ¿Qué había dicho hace un instante?, ¿qué planeaba marcharse para dejarle el camino libre? No, claro que no. Apretó más el abrazo en torno a su figura y recordó aquellos ojos azules.

"Riddle, Gaunt, o quien seas, ni te atrevas acercarte un milímetro a ella, porque juro que estaré aquí esperando para acabar contigo. Ahora es personal."


Notas:

Como dije. Ahora sí que no pueden quejarse, porque fueron solo tres días, ¡tres días! Entre la publicación del capítulo 14 y éste.

Ahora ya saben cuál es el secreto de Sirius, y quién por ahí descubrió que había sido el responsable de salvar a Ginny, bueno, pues le acertó.

Para todos los H/G fans, les aviso que el próximo capítulo será intenso, así que prepárense para lo que viene. Y bueno, como la musa anda inspirada, no se extrañen si el nuevo capítulo sale alrededor de los próximos días. Pero ojo, no se acostumbren, esta inspiración es momentánea.

Gracias por sus mensajes de ánimo y por ser tan fieles con esta historia.

Cualquier novedad la pueden seguir por twitter (visiten mi perfil de Fanfiction).
Saluos a todos.

Kate.-