Advertencia: Capítulo lemon (o lo que sea). No quiero herir susceptibilidades. Recuerden que el fanfic es T.


Encanto Gitano

En el paraíso estáis, inhalando con fervor aquella capa roja que cubre su piel desnuda y nívea sobre la nieve. No hay fauces, no hay bestia, sólo un alma que aúlla al cielo clamando por más tiempo. Estáis agradecido porque he brindaos aquella belleza noble y de corazón de oro esta noche de San Juan. Pero no os acostumbréis, porque podréis perderla si dais un solo paso en falso.

Os digo como tu madre, tu guía, tu perdición pura y blanca.
La luna.

"Si el pasado te enseñó a besar así… bendito sea el que estuvo antes de mí…"

(Tu Reputación. Ricardo Arjona)

Desesperación no era suficiente para describir cómo se sentía, si es que alguna vez sintió algo. Se paseaba de un lado a otro con lentitud, arrastrando los pies, pero con la ansiedad curtida en cada uno de sus movimientos.

Frente a él, utilizando el espejo de aquel baño del hotel donde se hospedaba, apareció finalmente la imagen de un despacho oscuro y en decadencia. Dos individuos levemente parecidos pero radicalmente distanciados en edad aparecieron frente a sus ojos.

—Mi señor…—masculló el de más edad con una reverencia—, pero qué bien se ve—alabó, el que estaba frente al espejo rodó los ojos.

—Deja de lamerme las botas, Malfoy — se quejó Riddle con hastío—, no tengo tiempo así que escúchenme, par de idiotas. —Ambos hombres al otro lado, el Malfoy más viejo y otro más joven, que vestía un traje gris impecable, lo vieron con temor—. A diferencia de ustedes no me quedo holgazaneando en el despacho y he encontrado a los estafadores, están en Lancaster.

—¿Lancaster? —exclamó Draco, el más joven—, ¿acaso la chica es…?

—¡Es! —exclamó furibundo, sus ojos se tornaron rojos y se los cubrió de inmediato para no seguir gastando la magia de la esfera colgada en su cuello—¡Es la misma heredera par de imbéciles! ¿Cómo nunca se dieron cuenta?, ¿cómo dejaron que esos idiotas llegaran tan lejos?

—Pero si usted nos dijo que…

—¡Cierra el pico! —exclamó furibundo, el Malfoy mayor movió la boca como pez fuera del agua— ¡Su trabajo era detener a esos idiotas!, ¿no les deben dinero?, ¿qué esperan que aún no salen a buscarlos? ¡Están aquí, en Lancaster!

—¿Quiere que vayamos ahora? —preguntó Draco, Riddle cambió su expresión a una de completo espasmo—, quiero decir…

—¡Calla! —exigió. Draco apretó los labios y su padre lo quedó viendo como reprochándole su conducta. Riddle se llevó una mano al mentón y sonrió curvando los labios, se le había ocurrido una idea mejor—, aún no. Tengo un plan.

—¿Y cuál sería ese, mi señor? —Riddle volvió a rodar los ojos.

—En una semana el Duque asistirá a una Ópera en Paris—explicó curvando sus labios—, van a traer a la chiquilla de regreso. Mataremos dos pájaros de un tiro —dijo enigmáticamente, los dos Malfoy arquearon una ceja—¡Idiotas! ¿Qué no lo ven? En una semana se acaba el plazo de los estafadores, ese mismo día irán donde el Duque a presentarle a su hermana y pedirán la recompensa, entonces ahí, aparecerán ustedes. Se los llevarán, quedarán en evidencia, el Duque no tendrá cómo comprobar que ella es la heredera y entonces yo jugaré mi última carta.

Dijo todo demasiado rápido. Los otros dos no pudieron comprenderlo a la perfección y él lo había notado. La ansiedad había nacido en su pecho provocándole extrañas sensaciones. La imagen de la chiquilla retorciéndose en sus brazos repentinamente le pareció delicioso.

Debe ser este cuerpo. Pensó.

Sus ojos volvieron al espejo y fulminó a los dos idiotas con la mirada.

—¿Qué esperan? ¡Preparen todo para la llegada de estos imbéciles! —exclamó. Los otros dos ante el susto por recibir el grito repentino corrieron en direcciones contrarias chocando entre sí. Riddle suspiró y con una mano hizo desaparecer la imagen en el espejo volviendo a reaparecer su reflejo. Suspiró aliviado, seguía siendo apuesto.

Cuando regresaron al interior de la mansión Hermione pidió a sus empleados que hicieran un gran banquete. Harry la escuchó hablar por teléfono fijando una fecha para algo que no sabía aunque entendió la palabra ADN.
Aún tenía los pelos de punta. Cuando Ginny se deshizo de su abrazo esa tarde y desapareció de su vista por unos instantes, Remus les pidió a él y a Sirius que le detallaran cómo era el hombre que habían conocido y dónde. Para cuando se sentaron en la gran mesa de madera que abarcaba la mitad del comedor, Remus ya había enviado a varios policías del Scotland Yiard tras la pista del sujeto.

—Esperemos que lo encontremos pronto —susurró cuando se sentaron a comer.

Harry no tenía hambre, francamente sentía un nudo en el estómago, todo había dado un giro demasiado grande y su mundo se había volteado dejándolo con los pies en el cielo.
Remus y Sirius se habían sentado hacia su costado izquierdo mientras él tomaba lugar al lado de Hermione, quién, posicionada en la cabecera hablaba animadamente con quien sería su cuñada, sentada justo frente a él. Ginny levantó la mirada y sus ojos se encontraron con los de él que a su parecer brillaban como nunca. Las mejillas le ardieron y desvió la vista hacia otro lado. Estaba seguro que quería protegerla, pero eso también implicaba olvidarla. No se quedaría por más tiempo a su lado, sólo hasta que ella se reencontrara con su hermano.

—Quisiera proponer un brindis —dijo Hermione entusiasmada sacándolo de sus pensamientos, levantó su copa de vino—, por Ginevra, mi cuñada, bienvenida.

Los otros cuatro levantaron sus copas. A Harry le temblaba la mano, bajó la copa con rapidez, Ginny lo notó y arqueó una ceja. Estaba tenso, se pasó una mano por el cuello y luego por el cabello, la impaciencia lo carcomía y no sabía por qué. ¿Desde cuándo lo ponía nervioso una mujer? Ah no, era la situación.

—Como agradecimiento quisiera que se quedaran con nosotros hasta que Ginevra se reencuentre con Ronald, será el Jueves de la próxima semana, en la Ópera de Paris —dijo Hermione, un nuevo estremecimiento atacó a Harry.

—No es necesario, no queremos incomodar—respondió rápidamente sin pensar en las necesidades de Sirius, quería arrancar. No podía seguir cerca de ella. La vigilaría, la cuidaría, pero no seguiría viviendo con ella bajo el mismo techo.

Sintió una patada bajo la mesa que no pasó desapercibida para Remus que frunció el ceño.

—No le hagas caso querida —interrumpió su padrino—, nos quedaremos con ustedes encantados y los ayudaremos con el Duque.

Harry quiso protestar, le dolía la canilla y se vio obligado a aguantar un gemido de dolor. La punzada lo alcanzó hasta la cadera.

—No se vayan —pidió Ginny con ojos suplicantes—son las únicas personas que conozco. No es que no me sienta segura con ustedes—le dijo a Remus y Hermione que sonrieron—, pero Harry y Sirius son como un padre y un hermano para mí.

Harry escuchó claramente como su corazón y orgullo caían al suelo haciéndose añicos, desparramándose los trocitos en todas direcciones. Ella lo veía como un hermano, ¿qué podía hacer? Suspiró y sintió la mirada penetrante de su padrino sobre la cabeza. No quería verlo, sabía que le estaba teniendo lástima y no quería sentirse más miserable.

—Entonces está acordado —se entusiasmó Hermione—, les pediré a Lavender y Parvati que preparen su habitación.

A Harry le llamó la atención que tanto las mucamas como los mayordomos no vistieran uniformes. El trato de Hermione para con ellos era bastante informal y más de una vez la oyó regañar a una de las muchachas por tratarla de "My laidy" insistiéndole que podía llamarla por su nombre.

Harry reconoció a las dos criadas vestidas con pantalón y camisa mientras asistían las peticiones de la Duquesa con suma tranquilidad. La más morena le dirigió una mirada sugerente que él trató de pasar por alto. Tal vez en otro momento se habría aprovechado de la situación, pero después de tres semanas de vivir con la gitana ya la sola idea le parecía descabellada. Además, que su interés estaba dedicado solamente a ella, a quién curiosamente descubrió mirando de extraña manera a la criada que le había guiñado el ojo. Tal vez era un delirio mental, pero ese ceño fruncido no era normal en alguien que lo veía como un hermano.

Cuando se pusieron de pie para salir del comedor siguiendo un arduo protocolo de esperar a que retiraran el último plato, ya habían dado las diez de la noche.

—Bien, me retiro, ya es tarde y quiero descansar de emociones por hoy —anunció Hermione—, las habitaciones están en el segundo piso. Ginevra, tu hab…

—Por favor, llámame Ginny —dijo con un escalofrío—, no me gusta cómo suena mi nombre de pila.

Hermione sonrió.

—Y agradezco que me des esa confianza, Ginny —dijo sonriendo, la gitana le devolvió el gesto—. Como decía, tu habitación es la primera a la izquierda. Caballeros, las de ustedes están a la derecha por el mismo pasillo. Harry la tuya es la que se encuentra frente a la de Ginny —volvió a sonreir—, y la de usted señor Black es la contigua a la de su ahijado.

—Puedes llamarme Sirius —dijo éste coqueto cruzándose de brazos al recostarse contra el respaldo de la silla, las mejillas de Hermione se tiñeron y giró la cabeza.

—Intentaré acostumbrarme señor Bla…Sirius —dijo titubeante, Harry sonrió.

—Bien, espero que tengan un buena noche, que descansen —se despidió. Harry la sintió alejarse cuando pasó detrás de su silla. Frente a él Ginny se miraba las manos que probablemente agarraban la falda entre los puños, otra vez.

—¿Estás bien? —quiso saber, ella elevó los ojos.

—Sí —suspiró—, creo que también me iré a dormir, tengo mucho en qué pensar.

Con un escueto "Buenas noches", la chica se retiró del comedor sin mirar atrás. Ni Remus ni Sirius dijeron nada.

—Déjala, debe estar cansada —susurró Sirius a su lado. Harry volvió a sentir ese vacío en el estómago que creyó que podía sustituir con comida, pero nada pasó, seguía ahí.

—También me iré a dormir—le dijo. Pero apenas se puso de pie, Sirius, con una risita extraña, lo detuvo por la muñeca. Aprovechando que Remus estaba distraído hablando algo con la cocinera, una mujer robusta de nombre Pomona, se miró la mano bajo el puño de su padrino—. ¿Qué te ocurre? —inquirió, Sirius amplió su sonrisa.

—Recuerda cuál es tu habitación, ¿eh?

Harry bajó la voz sintiendo la nariz caliente, se acercó a su padrino hecho una furia.

—¿Y qué te hace pensar que voy a desviarme?—La mueca de Sirius le heló la sangre.

—¿Qué te hace pensar que no? —dijo con la sonrisa digna del Huasón, o del gato de Cheshire.

Su corazón latió deprisa. Estaba loco, y lo peor, era que realmente en algún momento creyó buena idea mandar todo al carajo y desviar su camino apenas la muchacha se retiró de la mesa.

Sin querer seguir con la discusión se alejó de ahí hecho una bestia. Tras él oyó a Remus invitar a Sirius a tomarse una copa de Cognac en la biblioteca para rememorar viejos tiempos. Al menos iban a estar lejos de él un buen rato.
Cuando subió al segundo piso se distrajo un momento observando la puerta cerrada al costado izquierdo. Una luz se filtraba por debajo del resquicio, Ginny ya debía estar adentro quizás pensando en el día de locos que habían tenido. Necesitaba dejarla sola.
Siguiendo las indicaciones de Hermione abrió la primera puerta a la derecha que coincidía justo frente a la de Ginny. Su boca se desencajó cuando encendió la luz. Había una enorme cama donde podían caber más de tres personas con total libertad. El edredón era café oscuro y las sábanas blancas. Las almohadas eran más grandes que en los hoteles donde había estado. A cada lado de la cama había dos veladores con lámparas rectangulares y del techo colgaba una esfera empavonada de color blanco que iluminaba sutilmente. Frente a él, una enorme televisión abarcaba la pared. Situados en el centro había una mesa pequeña con revistas y dos sillones mullidos. Al costado izquierdo de la cama se encontraba una ventana con balcón cubierta con cortinas transparentes, se repetía lo mismo al costado de la salita con la mesa. Cuando se giró descubrió tras él dos enormes armarios de puertas blancas, y un poco más allá, cerca de la televisión, estaba el baño. Cuando entró sus ojos quedaron prendados de la enorme bañera.

La habitación era más grande que una suite.

—Podría acostumbrarme a esto —pensó en voz alta.

Salió del baño y se quitó los zapatos. Su bolso de viaje había sido dejado a un costado de la cama, pero no lo abrió. A decir verdad no tenía sueño, pero le hacía bien estar un rato a solas. Sin pensar mucho en sus acciones apagó la luz y se lanzó sobre la cama, el colchón hundió su cuerpo. Se rió igual que un niño.

—¡Esto es genial!

Repentinamente guardó silencio. Se quedó un rato mirando el techo a oscuras hasta que los pensamientos atacaron su mente. Sus ojos vagaban fijos en las sombras que proyectaba la luna sobre la pintura. Era mejor así, a oscuras la cabeza pensaba mejor y podía dejar las ideas en orden.
¿Cómo podría haber cambiado tan drásticamente su vida de un día para otro? Hasta hacía sólo un par de semanas peleaba con Malfoy en un callejón oscuro de Paris y ahora se hallaba en una lujosa mansión en medio de Lancaster sintiéndose el ser más miserable del planeta. Sintió que sus ojos se humedecían pero aguantó las lágrimas. Hubo una época, hacía muchos años que había llorado lo suficiente por culpa de su miseria creyendo que algún día encontraría la puerta de las oportunidades para él y su padrino, día que nunca llegó. Hasta ese momento.

Enredó sus dedos en el edredón. Entonces Sirius sí conocía bien a la familia Weasley, más aún, él y su padre habían trabajado juntos para el Duque. Parte del Scotland Yiard.

En conclusión, él finalmente tenía todo que ver en esta historia. Definitivamente las cosas pasaban por alguna razón.
Suspiró.

Y como si fuera poco la guinda del pastel, aquella novedad que le había quitado el aliento. Una sorpresa que implicaba millones de opciones en el futuro: Ginny era la heredera pérdida.

¿Qué significaba aquello? Bueno, él ya no sería un maldito desgraciado que la había engañado para robarle su herencia —de un punto a esta parte ya se le había olvidado para qué necesitaba el dinero, sólo le importaba liberarla del castigo que proporcionaría su traición—, sin embargo seguía siendo una opción inamovible, al menos si quería seguir con vida.

Pero aquello implicaba más preguntas que respuestas. Llegado aquel momento hasta se cuestionó si sería capaz de entregarse a los Malfoy para alejarse de ella y dejarle el camino libre para que rehiciera su vida. Sin embargo la necesidad y el deseo de tenerla cerca eran mucho más fuertes.

Salió de su martirio cuando la puerta recibió un par de golpes suaves.

—¿Harry, estás ahí?

Su cuerpo se tenso y el monstruo de su estómago ronroneó revolviéndole las entrañas. La voz de Ginny, aunque suave y susurrante, había perforado sus oídos dejándole un dolor agudo en sus extremidades. No podía moverse.

—Sí…—vaciló— ¿Qué sucede?

Silencio.

—¿Puedo pasar?

Tragó saliva. Debatirse entre lo correcto y lo fácil era una opción terrible.

—Pasa —invitó con los labios apretados. Se sentó en la cama y se acomodó la camisa que se le había movido.

La puerta se abrió. La silueta que se proyectaba ante el marco se veía fina y delicada. Suspiró como idiota, agradeció que estuviera oscuro para no hacer el ridículo.

—¿Por qué está tan oscuro? —preguntó Ginny con la intención de encender la luz, pero él de inmediato se incorporó para impedírselo.

—¡No! No la enciendas—le pidió, ella se detuvo a medio camino.

—¿Por qué no?

La verdad no tenía idea por qué le había pedido aquello. Pero repentinamente deseó quedarse por un momento a oscuras, sólo con la luz de la luna, no necesitaba más. Era una forma de camuflarse, no quería que lo viera a los ojos.

—¿Te sientes bien? —preguntó ella cerrando la puerta, Harry tragó saliva con rudeza.

—S...Sí —murmuró, ella se acercó más a la cama y cuando la vio de cerca se vaciaron sus pulmones. Había vuelto a vestir su falda larga y vaporosa hasta el suelo, sólo que esta vez una coqueta camisita decoraba la parte superior dejando ver algo más de piel, como aquel ombligo redondito que lo cautivó de inmediato.

—Te sentí extraño esta tarde —le dijo con suavidad—, ¿sucedió algo de lo que no me percaté?

Harry rió con ironía para sus adentros. ¿Qué no había sucedido? Esa era la pregunta correcta. Además de enterarse de su inverosímil conexión con la familia del Duque, tenía que hacerse la idea de que la chica que estaba frente a él era la heredera, una Duquesa, una mujer que no podría estar jamás con un plebeyo como él.

¿Qué podía decirle? Se suponía que él y Sirius eran parte de esta historia antes de que se enterase que era cierto. No podía confesarle lo que había descubierto si se presumía que así fue todo el tiempo.

—Sólo —pensó bien sus palabras—, es extraño que después de tantas cosas que nos sucedieron finalmente llegaras a casa —¿decepción camuflada Potter? Muy bien, sigue fingiendo que no te importa—, voy a extrañar nuestras discusiones.

Ella sonrió y se sentó junto a él. La luna comenzó a asomarse desde detrás de un árbol iluminándola de frente, su corazón se desbocó. Esperaba que no lo escuchara.

—Pero seguiremos siendo amigos, ¿verdad? —preguntó ella con un susurro tímido, él logró percibir algo de angustia en su voz.

—Por supuesto —le contestó acomodándose—, aunque recordando tus palabras, soy más como un hermano, ¿no? —dijo riéndose de su propio chiste cruel. Ella apretó los labios. ¿Decepción era lo que veía? No, debía ser idea suya.

—Claro —asintió ella mirando por la ventana. Harry observó su perfil enmarcado por la luz fijamente y recordó algo que lo había descolocado en aquella entrevista con Hermione.

—Ginny, ¿te puedo preguntar algo? —ella asintió lentamente, sabría que se arrepentiría después, pero tenía que hacerlo—¿cómo es eso de que estuviste casada?

La gitana sonrió divertida y cerró sus ojos como intentando recordar. Suspiró sonoramente y habló mirando a la luna.

—Sabía que me preguntarías eso—dijo mirándolo. Respiró hondo—. La ley gitana establece que al cumplir los dieciséis años si eres parte de una caravana debes sentar cabeza, es decir, casarte con algunos de los varones del clan—explicó—. Las mujeres no tienen derecho a elegir porque son los hombres quienes toman las decisiones —Harry asintió a regañadientes, siempre creyó que las leyes eran estúpidas y estas no se salían de la regla—. El juego cambia cuando se llega una mayoría de edad que sobrepasa la barrera de los sesenta y es cuando las mujeres se transforman en matriarcas. Finalmente ellas deciden quién se casa con quién —rió con sarcasmo—. Es divertido si lo piensas, porque finalmente es la matriarca la que decide qué hombre deberá elegir a su esposa dentro de una gran cantidad de opciones —dijo poniendo cara de desaprobación—. Pero al mismo tiempo son ellos quienes pueden elegir y no nosotras. Es una sociedad un tanto machista.

—¿Y tú eras una opción? —preguntó Harry algo incómodo al imaginarse una muchacha joven como ella casada con un viejo asqueroso.

—Lo era —suspiró— mi madrina, la que todos aquí conocen como Dama Mcgonagall, tenía una amiga, Muriel, mi… madre adoptiva —dijo moviendo la cabeza—. Cuando mi madrina falleció yo solo tenía cinco años. Muriel me adoptó como su hija antes de dejarme abandonada en la calle y decidió criarme como gitana. Ella no tenía hijos, y…era la matriarca de nuestro clan.

Harry comenzó a comprender a lo que iba. Se imaginó a una pequeña niña pelirroja vestida con aquellos vestidos llenos de telas y lazos. La ternura invadió su pecho.

—¿Eras como la princesa que debe ser desposada con el hijo del reino vecino? —bromeó, Ginny lo golpeó con el hombro dibujando una sonrisa.

—Algo así… —volvió a suspirar—. En el clan había un hombre, Horace Slughorn, el rey de los gitanos. El hombre tenía varios nietos y uno de ellos era el más fuerte de todos, me superaba solo por dos años.

—¿Y con él te casaron? —preguntó esperando la respuesta negativa, pero los ojos de Ginny le dijeron lo contrario.

—Así es —contestó abatida—, Dean Thomas era su nombre, pero le decían El Cuervo. Ya lo conocía, tenía una deuda con él de vida. Me salvó de unos borrachos que intentaron sobrepasarse— Harry tembló al oír aquello—. Siempre me tuvo en la mira, fue como un pacto no pactado, estaba destinada a ser su esposa después de aquello —la chica suspiró y Harry sopesó las palabras "destino" y "esposa", estúpidas leyes, pensó—. Era mayor que yo —continúo—, moreno, alto, guapo, fuerte…—Harry frunció el ceño y la dejó de mirar crispando sus nudillos en el edredón—. Era el favorito a candidato para las futuras novias. Pero ya me había dicho que me elegiría a mí.

—¿Y qué hiciste?

—¿Qué iba a hacer? —dijo elevando los hombros—, si me negaba me podían echar del clan, y no tenía donde ir. Así que acepté.

Harry no se quiso imaginar absolutamente nada de aquella situación. La muchacha se había casado a los dieciséis años, era una niña, ni siquiera mayor de edad, y sin embargo alguien ya la había tocado… poseído desde muy temprano. Su sangre hirvió de sólo pensarlo.

—Era un buen tipo —dijo Ginny con la mirada puesta sobre el árbol que se veía por la ventana. Su tono de voz tenía ese dejo de excusa, probablemente sabía qué estaba pensando—, pero también era vanidoso, y le gustaba mostrar su fuerza.

—¿Cómo murió? —quiso saber algo más animado, aunque de inmediato se sintió culpable.

Ella se colocó un mechón de cabello tras su oreja y una pluma oculta entre sus trenzas se escapó. Harry se sintió tentado de estirar la mano para volver a esconderla, pero se retractó.

—En una pelea callejera —dijo entrecerrando los ojos—. Yo… no se me da bien hablar mal de las personas, mucho menos si ya no están, pero…—Harry al verla tan abatida le tomó la mano sin pensarlo, ella lo miró apesadumbrada—.Nunca había hablado con nadie sobre esto —susurró, él movió la cabeza.

—No tienes que hacerlo si no quieres—se descubrió hablando bajito, ella soltó una risita cómplice.

—Tal vez te debo una respuesta —le dijo, él corazón de Harry se aceleró, ¿por qué razón a él le debería una respuesta?, ¿significaba aquello que ella pensaba hacia él del mismo modo? Sacudió los pensamientos que comenzaban a distraerlo y puso atención.

—Entonces cuéntame, no te voy a juzgar —volvió a decir bajito, ella nuevamente suspiró.

—Era un buen hombre, nunca me faltó al respeto, siempre me protegió, pero le gustaba mucho faltar a las reglas y habían veces que me daba miedo detenerlo —contó, Harry apretó más su mano sobre la de ella—. Había una pandilla de otro clan que amenazaron muchas veces con secuestrarme —Harry abrió los ojos como platos.

—¿Qué? —exclamó.

—Dean era el "líder" del clan, el nieto del rey —dijo moviendo los dedos de su mano libre como comillas—, yo era una suerte de trofeo —pausó—. En realidad, cualquier muchacha que se hubiera casado con él habría corrido la misma suerte. La mujer del líder es su orgullo.

—¿Y por ti fue a pelear con ese tipo? —preguntó Harry sin poder creerlo. Había escuchado que las leyes de los gitanos eran rudas pero nunca se imaginó a qué nivel.

—Así es —bajó la cabeza—, nunca lo amé, así que nunca supe realmente cómo tomé su muerte. A veces pienso que fue un alivio y me siento terrible, y otras que no se lo merecía.

Harry ablandó su gesto y suavizó su agarre con la mano. Sin darse cuenta de sus propias acciones con la que tenía libre la tomó por el mentón, la expresión de la chica era ilegible.

—Oye, no fue culpa tuya si es eso lo que estás pensando— le dijo con suavidad—, él fue a pelear por ti, sabía a lo que iba.

Ella suspiró y Harry sintió que el monstruo de su estómago se deslizaba hasta sus piernas cuando ella apoyó la mejilla en la mano que la sostenía por el mentón.

—Cuando falleció era de madrugada y recuerdo a mi madre vistiéndome con lo que había a su alcance para huir del clan.

—¿Huyeron?

—Yo era la mujer del líder, cualquier cosa que le sucediera a él repercutía en mí —sus ojos se cerraron y Harry abrió la boca intentando hacer entrar algo de aire a sus pulmones.

—¿Y qué sucedió después?

—Huimos hacia Montparnasse y nos quedamos ahí —contó—, nos ligamos a otro clan y me transformé en la menor de un grupo de varios hermanos. Nunca fue una relación muy amigable porque era una allegada, pero al menos nos gustaban las mismas cosas.

Harry creyó haber sacado conclusiones finalmente.

—¿El baile? —preguntó sonriendo con dulzura, ella imitó su sonrisa.

—Era un clan de ladrones. Tuve que aprender a ganarme la vida robando, engañando con espectáculos de baile, gracias a eso fue que te conocí…

Harry sintió algo especial en esa expresión tan personal de mencionarlo a él en su historia, como si fuera un hito importante.

—¿Y qué sucedió con tu madre? —preguntó para desligar sus pensamientos a otro rumbo, el corazón le latía deprisa.

—Mi madre falleció hace unos años —contó—. Me pidió que me radicará en Paris cuando mi clan de origen se hubiese esfumado a Portugal —agregó—, todas las primaveras lo hacían. Nos estuvimos moviendo por Francia intentando no ser detectadas por aquellos que mataron a Dean, pero finalmente descubrí que todos ellos habían terminado en prisión por varios delitos similares.

—Así que terminaste radicándote ahí —entendió Harry, ella asintió y tomó su mano aún con la mejilla apoyada en ella. El monstruo volvió a ronronear.

—Quería hacer algo de dinero para venir a Londres, mi madre y mi madrina siempre me dijeron que tenía que venir a buscar mi pasado aquí. Nunca fue mi intención seguir con los ladrones.

—Entonces caímos desde el cielo—bromeó con una sonrisa suave, no se había dado cuenta que se había acercado mucho a la muchacha.

—Sí —dijo ella elevando la mirada—caíste del cielo en verdad… es decir, tú y Sirius —se corrigió roja de vergüenza.

Harry tragó saliva nuevamente. Su tráquea estaba cerrada y dolía incluso respirar. Fue entonces cuando ella rosó su nariz con la de él, pudo contar las pecas que la decoraban. Todo su cuerpo estaba rígido, pero no iba a dar marcha atrás. Dejó que actuara el instinto. Suavemente se acercó milímetro a milímetro, sintió el aliento de ella sobre sus labios. Cerró los ojos y deslizó la mano que estaba en la mejilla de Ginny hasta la nuca. Antes que cualquiera pudiera pensar en lo que estaba sucediendo, la atrajo hacia él y la besó.

Fue suave, simple, y aún así al momento de separarse los dos estaban faltos de oxigeno. Se miraron, era difícil saber quién tenía los ojos más brillantes.

—Disculpame… yo…no debí…—Harry se alejó un par de centímetros quitando la mano de su cuello, sintiendo el cuerpo de gelatina. Ella lo miró con los labios separados y los ojos iluminados.

—No lo hagas…—susurró deslizándole los brazos por el cuello, lo abrazó hasta que sus bocas se volvieron a juntar. Harry se quedó estático un momento sin saber cómo reaccionar, hasta que suavemente cerró los ojos, el monstruo rugió satisfecho en su estómago, la descarga eléctrica que emitían los labios de ella disparaban en todas direcciones. Suspiró al sentirla animada y se sintió tentado a devolver el beso con más intensidad que la primera vez. Dejó que una mano viajara a la nuca y la otra a la espalda, ella se ciñó a su cuerpo.

Sin planearlo ambos se habían ensalzado en una batalla íntima que les causó cosquillas y hondas placenteras en todas direcciones. Sintió tener la ventaja asegurada cuando él pidió entrar a su boca, lo recibió animada, la lengua de la chica era juguetona y hambrienta. Un quejido escapó de la garganta de ella. Harry sintió como su cuero cabelludo recibía un par de tirones.

Animado, la mano que la sostenía por la nuca la enredó con aquel cabello rojizo, mientras que con la otra enterraba los dedos en cada resquicio de piel desnuda que dejaba aquella blusa en su espalda. Su propio cuerpo ardía mientras ella se dejaba acariciar suspirando ante cada toque, respondiendo con ímpetu al tirar de su pelo, atrayéndolo hacia ella. Suspiraron y lentamente se separaron dejando que sus bocas respiraran una sobre la otra para llenarse de oxígeno.

—Deberíamos parar —jadeó Harry con los ojos cerrados, ella se ciñó más a su pecho y abrió los ojos, él la imitó. Se miraron. Los tenía brillantes, húmedos, y los labios hinchados. ¿A qué estaban jugando?

—No quiero que seas como mi hermano —dijo de repente, Harry soltó una risa susurrante mientras acariciaba la espalda de la chica.

—No sé por qué crees que quiero serlo —su voz sonó demasiado ronca, toda su piel exclamaba a gritos más acercamiento.

Ella se encaramó un poco más haciendo desaparecer todo espacio entre ambos.

—No quería ser obvia —dijo riendo suavemente, Harry apretó las manos en torno a su figura y las subió y bajo por la espalda.

—Me queda perfectamente claro —susurró recorriendo con sus labios desde el mentón hasta detrás de la oreja para luego deslizarse por el cuello plantando largos y húmedos besos que llegaron hasta la clavícula.

Suaves exhalaciones comenzaron a emigrar de los labios de la chica y a Harry se le puso la piel de gallina cuando los suspiros acompañaron el agarre sutil en su cabello azabache. En algún punto sus piernas se enredaron cuando exigieron más cercanía. Estaban ávidos, podía sentir su ansiedad cuando las manos de ella bajaron por su espalda acariciándolo suavemente con las uñas. Ginny buscó sus labios y él la recibió gustoso, un beso intermitente y excitante que cambiaba de posición a cada instante. Harry la abrazó con fuerza agarrándola por la cintura con un brazo mientras con el otro la tomaba del muslo izquierdo por encima de la falda. Ejerciendo palanca la arrojó sobre la cama cayéndole encima. Por la posición en la que cayeron, Ginny aprovechó que Harry la tenía sujeta por el muslo para enredar ambas piernas en torno a su cintura, y él repentinamente sintió que algo le había comenzado a incomodar en el pantalón.

Se detuvieron, se miraron. Ambos jadeantes y expectantes. Era una locura, apenas se conocían hace tres semanas. Pero no existían dudas, ninguna.

—¿Estás segura de esto?

Ella le acarició la mejilla.

—Si no es ahora, ¿cuándo? —susurró, Harry no comprendió, ella lo vio en su mirada—. Si soy una Duquesa temo que me prohíban estar contigo sólo porque no tengas un título. No sé qué pase después… no quiero dejar de verte —dijo apretando el agarre de sus piernas, Harry jadeó.

Ella tenía el mismo miedo que él, se lo había confesado.

—¿Entonces tú…yo te gus...?

—Por alguna razón fuiste mi elegido el día que te robé —murmuró contra sus labios interrumpiéndolo, su corazón se disparó. Ella sentía lo mismo que él.

Con una sonrisa idiota en el rostro buscó su boca con desesperación y pudo sentir esa euforia al verse deseado al mismo nivel que él la deseaba.

Con el mismo brazo que la había alzado la sostuvo apegada a él por la espalda mientras que con la otra sostenía la pierna de ella entorno a su cintura.

La muchacha se arqueó cuando comenzó a recorrer con su mano el arco de la columna introduciéndola bajo la camisa que apenas la cubría. Su boca hambrienta se separó de la de ella buscando su cuello, recorrió con la lengua recovecos que se sentían deliciosos y perfumados al tacto. Ginny liberó un gemido.

Harry suspiró contra el cuello bajando por la clavícula, besando los hombros mientras subía la mano con la que tenía aferrada la pierna tocando todo lo que había en el camino hasta llegar al brazo, ella jadeó al contacto.

Con la mano abierta se deslizó hasta el abdomen ejerciendo presión mientras el brazo de la espalda la liberaba y se dedicaba a recorrer la pierna derecha subiendo la falda. Sus labios volvieron a la boca de Ginny mientras ella le entregaba acceso al muslo. La falda se deslizó arrepollada hasta las caderas, el roce íntimo era directo aún con pantalones, el contacto era instantáneo.

—Ginny…—suspiró él cuando ella acarició sus labios con la lengua de la forma más sensual y delicada posible.

Inesperadamente esta vez ella fue la que ejerció fuerza sobre él quedando a horcajadas sobre sus caderas. Harry se incorporó quedando sentado con ella encima. Uno frente a otro, ella un poco más arriba de su cabeza. Él atacó su boca nuevamente jadeando ante cada caricia. La falda cubría las piernas de ambos. Las manos de Harry yacían escondidas bajo la tela acariciando cada centímetro de piel de los muslos enredados en sus caderas.

Ella gimió dentro de su boca cuando sus manos comenzaron a subir hasta llegar al borde de su ropa interior. Harry separó sus labios y volvió a atacar el cuello de ella, quien, dejándose acariciar echó la cabeza hacia atrás para entregarle más acceso.

—Preciosa…—gruñó cuando ella aferró su cabello a medida que avanzaba por su cuello con la lengua.

Siguió deslizándose apasionadamente, intentando aguantar la presión dentro de sus pantalones que ya no resistían la fricción de ella por encima de la tela. Sus labios bajaron hasta la clavícula nuevamente y ante un movimiento suave de parte de ella comprendió que tenía permiso para avanzar. Con los labios descendió con delicadeza los pabilos de la blusa, deslizándolos por sus brazos. Su boca se seco cuando la tela fue arrastrada completamente hasta ser arrojada lejos y descubrió que la chica no usaba ropa interior que cubriera sus pechos. Con un delicado gemido que lo volvió loco, acompañado de una caricia de ella en sus cabellos terminó de deslizar la lengua por el valle de sus pechos hasta agarrar uno de los pezones con su boca.

La muchacha gritó, una exclamación cargada de placer. Harry gruño guturalmente, el monstruo de sus entrañas estaba alojado en su garganta.

—¡Harry…!—exclamó ella con voz ahogada, arqueándose sobre la cabeza del chico. Harry la apresó entre sus brazos subiéndolos por la espalda. Instintivamente ella comenzó a moverse sobre él con lentitud incrementando la fricción. Él gimió con fuerza.

—Me encantas… —jadeó elevando la cabeza para besarla con frenesí. La agarró con ambas manos por la nuca enredando sus dedos en el cabello rojizo.

Ella deslizó las manos con intensidad por sus brazos hasta llegar a su espalda. Harry se separó un poco para poder quitarse la camiseta con ayuda de la muchacha. Ambos quedaron con el torso desnudo y gimieron al unísono cuando las pieles se tocaron.

Ella buscó su boca y cuando se encontraron Harry volvió a arrojarla sobre la cama quedando encima de la chica.

Se apartaron para respirar, Ginny no desenredó las piernas de sus caderas, sin embargo se elevó un poco hacia delante para ayudarle con el botón del pantalón.

Con desesperación Harry logró quitarse la ropa quedando absolutamente desnudo encima de ella, la gitana sonrió con los ojos brillantes y las mejillas rosadas. Lo besó con suavidad mientras él le quitaba la ropa interior. Sin embargo cuando llegó la hora de quitar la falda ella lo detuvo con una sonrisa.

—Déjala… —susurró, Harry no comprendió, pero con aquella sonrisa hipnotizante podía pedirle que se lanzara por la ventana y lo haría sin pensarlo dos veces.

Con aquella expresión de desconcierto fue que ella lo pilló desprevenido y lo volvió a besar. Lo atrajo con las piernas para tenerlo más cerca y ambos sintieron como sus intimidades se rozaron. Harry respiró sonoramente gimiendo mientras ella deslizaba su lengua dentro de su boca. Definitivamente el matrimonio le había dado una experiencia que él se negaba a creer. Le costaba imaginar que aquella muchacha bajo su cuerpo hubiese sido de otro, o que al menos, se hubiese entregado con la misma intensidad.

—Dime que con el gitano no pasaste de la primera base —suplicó bromeando mientras con sus manos tanteaba entre los muslos. Ella arqueó la espalda y soltó una risita jadeante.

—Luego le agradecerás…Aprendí mucho con él—gimió—… ¡Oh!

Harry atrapó un pecho en su boca y succionó mordisqueando mientras sus dedos expertos hacían estragos en el interior de la chica. Ginny terminó de arquearse hasta quedar sentada bajo Harry en diagonal sobre las almohadas.

—¿Debo ponerme celoso? —gimió guturalmente mientras se deslizaba desde su pecho esparciendo besos por su abdomen, capturando su ombligo.

—Nunca…—exhaló ella con los ojos cerrados retorciéndose bajo su cuerpo.
Lo agarró por la cara obligándolo a regresar a su boca y lo besó nuevamente, Harry liberó la mano para poder estabilizarse al quedar encima de ella. Aquel brilló en los ojos de la muchacha le índico cuán lista estaba para recibirlo, entonces por su espalda pasó una corriente eléctrica cargada de frustración.

—Mierda…—jadeó, ella lo miró ceñuda.

—¿Qué ocurre? —preguntó con la voz agitada, él cerró los ojos con frustración.

—No tengo...

—¿Qué?

—Protección—masculló sintiéndose un imbécil.
Ella parpadeó y sonrió mirando de reojo por la ventana. La luna ahora entraba iluminando completamente la habitación.

—Descuida…—dijo besándolo lentamente, Harry volvió a gruñir.

—No hagas eso si no…

—¿Confías en mí? —preguntó jugando con su nariz, Harry sonrió.

—¿Debería?

Ella rió bajito.

—Deberías —dijo sonriendo como felina al acecho. Harry se atragantó, pero no alcanzó a decir ni hacer nada cuando nuevamente se encontraba bajo la muchacha, con ella sentada a horcajadas sobre sus caderas, sólo que esta vez él terminó acostado sobre los cojines. Se lamió los labios cuando sintió que los tenía demasiado secos. Ella se inclinó sobre él rosando su boca.

—¿Qué pretendes? —susurró ansioso. Ella se acercó a su oído desencadenando una serie de sensaciones que, de no haber tenido voluntad, hace rato que habría acabado con un accidente sobre la cama.

—Te voy a demostrar cómo nos enseñan a las gitanas a complacer—susurró. Harry tragó en seco.

—¿Y la pro…?

—Olvídate, —susurró elevándose a la altura de sus ojos— nosotras nos regimos por un ciclo lunar—sonrió juntando su nariz con la de él, ambos ahogaron un suspiro ante el contacto inminente—, hoy es luna llena —indicó mirando de reojo hacia la luna sobre la ventana—, tengo algunos días para hacer lo que quiera. (*)

Harry liberó el aire aguantado en sus pulmones, algo en esa confesión no le sonaba normal, pero siendo ella podía significar cualquier cosa.

—¿Estás seg…?

—Confía en mí—susurró besándolo con suavidad—, estamos fuera de peligro, con Dean lo comprobé durante tres años.

Harry se tensó, ¡tres años! y la sintió liberar una risita. Fue un idiota en imaginar que con aquel sujeto no hubiese sucedido nada, era una gitana, la entrenaron toda su vida para enseñar a complacer al marido. Pero fue con ese pensamiento que se dio cuenta de lo que iba a suceder. Ella iba a utilizar todo su encanto gitano para volverlo loco.

Jadeó.

—Ginny…

En algún momento volvió a ser consciente de sus movimientos y la agarró por la cintura. La falda vaporosa los cubrió como si de una sabana se tratara. Sobre él la chica se alzaba ante la luz de la luna con el torso desnudo y un millón de misterios bajo la tela que los cubría. Fue entonces cuando creyó que literalmente terminaría de volverse loco por ella.

La muchacha apoyó las manos sobre su abdomen y con un suave vaivén logró encajarse a la perfección sobre su cuerpo, ambos soltaron un gemido ahogado, él prácticamente gruñó como el monstruo de sus entrañas que acababa de emerger por su boca. La miró con la boca abierta intentando que algo de aire entrara a sus pulmones. Y comenzó el espectáculo de su vida, una imagen que jamás se borraría de su mente.
Se veía hermosa, más de lo que podía imaginar. Se sintió tentado a tocar la piel bajo la tela de la falda que los cubría, ella se estremeció y dejó soltar un gemido suave. Él ya estaba agitado y Ginny aún no hacía nada. Tenía una visión irreal frente a sus ojos, estaba completamente prendado cuando ella comenzó moverse con suavidad sobre él. Las descargas se emitieron desde su columna en todas direcciones, se vio tentado a apretar los dedos sobre las piernas de ella. Entonces el ritmo cambió. La observó fijamente, jadeó, Ginny comenzó a subir los brazos acariciándose a sí misma con una sensualidad desbordante hasta llegar a la cabeza y agarrarse el cabello. Sus caderas comenzaron a moverse de forma circular, como si estuviera… bailando.

Harry sofocó un grito y ella lo imitó. La muchacha seguía con los ojos cerrados. Llevaba el ritmo, suave, cadencioso, delicioso. En ningún momento se dejo de acariciar a sí misma, imagen que causó una corriente eléctrica superior entre sus piernas.

¡Qué mujer!

—¡Mierda, Ginny! —exclamó con un jadeo arqueando la espalda para clavarse más dentro de ella.
Ella gimió liberando un grito audible, Harry temió que fueran sorprendidos pero si Sirius se estaba emborrachando con Remus entonces podía estar seguro que nadie los descubriría, o al menos eso quería creer. Subió las manos hasta las caderas y la mantuvo firme intentando seguirle el ritmo, incitando la misma vibración que le estaba causando. La luz de la luna la iluminaba completamente, su piel se veía azul, aún tenía los ojos cerrados, la boca abierta y una mano enredada en su pelo y la otra sobre uno de sus pechos.

—Eres increíble—jadeó mientras la incentivaba a mover las caderas con más rudeza.

—Te dije… que confiaras—jadeó jugando con su pelo. Harry la miró embelesado, todo su cuerpo ardía, necesitaba tocarla, él quería jugar el rol de esas manos. Ella hizo un movimiento lento y apretado bajo la falda que los hizo gritar. Ginny se encorvó hacia atrás, diminutas perlas de sudor se habían comenzado a agolpar en medio de los pechos, Harry no aguantó más, se sentó y la buscó con desesperación, abrazándola con fuerza.

Con un movimiento rápido él terminó sobre ella, y con otro más violento, logró quitarle la falda que en esa posición era un completo estorbo. Ginny gimió exhalando un grito agudo y enroscó las piernas en su espalda. Se detuvieron y se besaron lentamente. El ritmo de Harry era calmado, no quería apresurarse aunque las ganas lo estaban matando.

—Dios mío…—gimió mientras ella enroscaba los brazos en torno a su cuello. Él la sostuvo por la espalda, manteniéndola pegada a él.

La fricción era exigente, tuvieron que separar sus bocas para poder darse impulso. Ella exhaló suspiros en su oreja mientras desparramaba besos en su cuello y su hombro. ¿Cómo podía ser tan cariñosa y a la vez tan incitante? No lo comprendía, sólo sabía que aquellas caricias lo estaban volviendo loco. Ginny enterró la nariz en su cuello y comenzó a moverse con exigencia, Harry perdió toda cordura. Ella quería más.

La necesidad se había colado entre ambos, ella gimió en su oído con tal sensualidad que sin hacer caso a la poca voluntad que le quedaba aceleró el ritmo comenzando a embestir con frenesí.

Gritó extasiado, ahogando el ruido en el cuello de la chica, quien en ese momento enterraba las uñas en su espalda.

—Exquisita—dijo buscando su boca, enredando sus lenguas con ansiedad—, deliciosa…

—¡Harry! —exclamó ella arqueándose.

Su nombre exclamado de tal forma lo volvió loco, nubló su criterio, ni siquiera se había dado cuenta cuando se agarró al respaldo de la cama con una mano para darse impulso, mientras con la otra mantenía a la gitana agarrada por la espalda.

—¡Demonios, Ginny!—rugió guturalmente sobre su boca sintiendo que no podría aguantar más tiempo. La fricción se había tornado intensa, violenta, arrebatadora— Me vuelves loco…

Ella le agarró la cara y lo besó intensamente, justo cuando la voluntad de Harry se quebraba dejando salir un grito intenso y potente dentro de la boca de la chica; a los pocos segundos ella hizo lo mismo.

—Dios mío…. Un día de estos me vas a matar mujer—susurró sobre sus labios. Ginny rió suavemente devolviéndole un beso suave, sensual y cargado de ternura. Harry se liberó del respaldo de la cama y la abrazó con posesión, aún manteniéndola bajo su cuerpo.

—Dios mío, eres…—jadeó ella sin encontrar palabras para describirlo, Harry dejó descansar su cabeza enterrándola en la curva del cuello.

—Eres extraordinaria—susurró besándole la oreja, irguió la cabeza y chocó su frente con la de ella—. Prométeme que mañana estarás aquí—le suplicó sintiéndose un imbécil por parecer débil ante una mujer. Ella desenredó las piernas de su espalda y las enredó con las suyas.

—Te prometo que me quedaré contigo si eso es lo que quieres—susurró quitándole un mechón de la frente que se había pegado producto del sudor. El corazón de Harry se desbocó cargado de una felicidad que jamás en su vida había sentido. Y la volvió a besar. Un beso lento y cagado de ternura. Rosó su nariz con la de ella. Ambos sonrieron atrapados en los ojos del otro.

—Eres de otro mundo —dijo saliendo de su cuerpo. Se recostó de lado y la atrajo con su brazo. Ella suspiró al sentir el movimiento y se acurrucó sobre su pecho.

—Tu corazón late con fuerza—observó. Harry la abrazó y volvieron a enredar sus piernas. Le dio un beso en la coronilla con la felicidad desbordando en cada poro de su piel.

—¿Y qué esperabas? —rió, ella se ciñó más a él apresándolo con una pierna. Acurrucándose.

—Me alegra haberte robado la billetera—murmuró dándole un beso en la barbilla.

Harry rió divertido acariciando su espalda desnuda.

—Me alegra que me hayas elegido como tu víctima.

Ella escondió el rostro bajo su cuello y él rió con suavidad intentando cubrirse con el edredón desordenado.

—¿Qué crees que suceda? —preguntó suavecito con voz soñolienta. Harry tenía el mismo temor sólo que no tenía valor de hacer la pregunta en voz alta.

—No lo sé —admitió con desazón, instintivamente la abrazó con más fuerza, como si alguien fuera a arrebatársela de los brazos. Jamás le había ocurrido aquello, ninguna mujer lo había tenido tan de cabeza como ella.

—¿Te quedarás conmigo cuando vaya donde el Duque? —le preguntó media dormida, Harry asintió con la cabeza olvidando que no podía verlo.

—Sí—dijo con la garganta seca, ¿y después qué? En su pecho creció la angustia. Ella le dio un beso sobre el corazón sorprendiéndolo. Esa muchacha era una cajita de sorpresas. Podía ser dominante y salvaje, y sensual y dulce a la vez.

—Ginny —llamó curioso, quería asegurarse de todas las formas posibles que lo que había sucedido no era algo fortuito, ella soltó un escueto "¿mmm?" —, ¿Por qué entraste a mi habitación?

El silencio se prolongó varios segundos, Harry creyó que se había quedado dormida, hasta que un susurro bajito llegó a sus oídos.

—Quería asegurarme que no te creíste el cuento del hermano—el susurro quedó en el aire, como si no tuviera fuerzas para hablar—, ya lo comprobé.

Y lo último que escuchó Harry antes de quedarse dormido fue una risita que lo acompaño toda la noche en sus sueños, donde una gitana pelirroja le hacía un baile privado, de esos que existen sólo para él.


Notas

¿Hace calor? Al menos aquí que estamos en verano está siendo un poco sofocante (jajaja)
Ya puedo sentirme satisfecha de haber finalmente dejado juntos a estos dos. Por si no lo notaron Ginny siente lo mismo, (a estas alturas sería raro que no lo fuera, ¿verdad?).

No soy muy dada a las escenas lemon o lime, ¡no porque no me guste hacerlas!, me cuesta escribirlas y que se lean bien, no atolondradas. Me gustan las escenas que tienen cuerpo (narrativo), contenido y contexto. Las que son sacadas de la nada siento que no erotizan mucho. Al menos el fin era que fuera una escena más erótica y sensual que sexual. Espero haber conseguido un equilibrio.
En cuanto al (*) les comento de qué se trata. Existieron culturas muy antiguas donde efectivamente el ciclo fértil coincidía con el de la luna (supongo que a partir de la edad moderna que nos llenó de tóxicos y remedios hizo que perdiéramos ese ritmo lunar que deberíamos tener por genética, pero en fin). Hay algunas tribus indígenas que aún lo mantienen y en efecto funciona. Los días que dura la luna llena son los días que las mujeres pueden tener relaciones sin temor a embarazarse (lo vi en el National Geografic, es un hecho jeje). Quise aplicar aquello a la historia de los gitanos con el fin de que la escena en sí se viera mucho más erótica con la luna como foco de iluminación. Además, coincide con la leyenda del inicio de Caperucita Roja.

Eso. Como se habrán dado cuenta no he demorado en actualizar. Espero que los siguientes capítulos sigan el mismo ritmo, y si no lo hacen, ya saben, paciencia. Ninguno de nosotros vive de publicar fanfics.
Y bueno, tomates, reclamos, denuncias las pueden hacer siempre y cuando sea con cariño y respeto, y si tienen algo lindo que decir también es bienvenido.
Si les interesa saber en qué va el fanfic y mis otros proyectos síganme por twitter (arroba Kathleencobac).
¡Gracias por leer!

Kate.-