Disculpando el retraso a pesar de las promesas, aquí está la primera parte del último capítulo. Lamento la demora. La segunda parte junto con el epílogo sale la semana del 10 de Enero.

NOTA: Este capítulo ha sido dividido en dos partes para separar dos hitos importantes.
Reitero las disculpas. Espero que les guste.


Voldemort

Parte I – El Rescate

Ha llegado vuestra hora…

Cual halo de un ángel la luz envuelve a la doncella con sutileza bañando sus rizos dorados. La bestia gime y su piel arde.

¿Por qué esperasteis hasta verme muerto', ¿es que nunca me amasteis?

Más que a nadie mi hermosa bestia.

Entonces, ¿por qué dejáis que me mate?

Porque nuestra naturaleza nos impide estar juntos y vuestra madre no querría a su hijo con alguien como yo.

Mi madre os ha aceptado y brinda su luz para bañaros con ella, ¿acaso no es suficiente?

Nada es suficiente en esta vida mi amado.

¿Realmente me dejareis morir?, ¿qué haréis sin mí?

La doncella llora y la bestia entiende, el dolor araña su alma. Ha llegado su fin.

Me quedaré con él.

La sangre mancha la nieve. Sobre el manto de hielo queda la evidencia de un pecho abierto y dolor cincelado, pero la doncella sabe que aquel corazón nunca será carne si ella aún lo posee.

Después que Ron le susurrara el resultado del examen de ADN Ginny tardó varios minutos en entender lo que le estaba diciendo. Fue un largo viaje mental. Su cabeza se llenó de imágenes rápidas de su infancia, su madrina, su madre adoptiva, Dean y los gitanos. El recuerdo de Harry la amargó profundamente al dar por hecho que tanto él como Sirius tenían razón, ellos sí la habían encontrado.
El miedo se apoderó de ella cuando recordó el rostro del muchacho gritando su nombre al ser arrastrado por la policía. ¿Qué estaba sucediendo?
No reaccionó, simplemente se dejó llevar. En el suelo, el examen de ADN indicaba el noventa y ocho por ciento de coincidencia con el cabello de Ron que había usado Hermione. No había más dudas, ella era la hermana del Duque, ella era la heredera perdida, ella era la Duquesa que todos estaban buscando.
Mientras Ron la abrazaba se desplomó echándose a llorar, no sabía si de emoción, miedo, nervios o tristeza. Era demasiado sureal.
Después de un largo rato ambos salieron de la estación sin hablarse. Ginny miraba el suelo, no quería poner atención en el entorno, estaba segura que en cualquier momento despertaría y súbitamente amanecería debajo de un puente cubierta con una manta como tantas veces sucedió mientras vivió en la calle.

Ron la abrazó por los hombros ejerciendo una leve presión hacia él, como si temiera que se arrancara. Lloró, lo sintió aguantar la respiración para no derramar más lágrimas, suficientes había derrochado en el andén. Pero sus convulsiones esporádicas solo le indicaron que estaba a punto de quebrarse en mil pedazos.

Para cuando llegaron al hotel Hermione y Remus ya estaban ahí, la mujer se levantó del sofá donde esperaba sentada, sus ojos estaban hinchados y su perfecto moño disparaba rizos hacia todas direcciones.
Remus se sostenía contra una pared al lado del ventanal de la habitación observando hacia afuera, su rostro palideció cuando los vio a ambos ingresar.

—¡Ron! Estabam… ¿Ginny? —susurró en un jadeo. Hermione retrocedió un paso chocando contra el sofá, sus manos se detuvieron en los brazos de éste para poder estabilizarse.

—¿Gi…nny? —jadeó. Sus ojos fueron directamente hacia los de su esposo—. Ron… ¿qué…?

Entonces Ron sonrió dibujando una mueca distorsionada, reafirmó a Ginny por los hombros y comenzó a llorar.

—Tenían razón… Era ella. Hermione, la encontré, encontré a mi hermana.

Desde ese momento el mundo de Ginny giro en trescientos sesenta grados, ya nada volvió a ser igual en su vida. Repentinamente todo se volvió un caos.

Harry abrió los ojos en medio de un lugar húmedo. El olor a moho y a putrefacción se sentía en el aire. Intentó moverse pero su cuerpo dolía horrores. Estaba tan oscuro como en el armario, pero esta vez yacía recostado sobre un suelo frío y mojado. Su rostro estaba empapado de gotas de humedad y el ruido estruendoso a un lado lo desconcertó por un momento.
Intentó moverse, pero sus manos y pies estaban atados. Se asustó.

—¿Qué mierda? ¡Sirius! —llamó. Un poco más lejos el eco de una voz gutural se prolongó a través de las paredes. Harry intentó enfocar. Leves destellos de luz provenían de un techo abovedado. Siguió con la vista el camino curvo que descendía hasta las paredes y entonces retazos de manchas oscuras y profundas se expandieron ante sus ojos separadas por leves distancias. Se estremeció, su corazón se desbocó y las ganas de llorar como un niño golpearon su pecho— ¡SIRIUS!

—¡Harry! —la voz amortiguada de su padrino le llegó a los oídos a través del ruido del agua cayendo de algún lado—. ¡Estás vivo, gracias a Dios!

—¡Sirius! —exclamó Harry aterrado— ¡Estos hijos de puta nos trajeron a las alcantarillas! ¡Nos van a matar! ¡Nos arrojaron al acueducto!

—Tenemos… ¡Tenemos que escapar! —tembló la voz de Sirius. Harry intentó soltar los amarres de sus manos pero estaban atadas con cadenas.

—¿Dónde estás? —jadeó Harry logrando ponerse de rodillas a pesar del dolor de las costillas y del brazo dislocado. A solo un metro de sus piernas estaba un profundo desfiladero. Estiró el cuello, su columna se estremeció. Justo bajo sus pies, litros y litros de agua caían como enormes cascadas hacia un agujero negro que se desviaba hacia los diversos túneles oscuros y profundos. Con suerte podía ver a través de los retazos de luz que provenían de quién sabe dónde.

—¡No lo sé, pero huele a mierda! —dijo Sirius elevando la voz.

—¡Esto está mal Sirius! ¡No hay por dónde escapar, hay agua por todos lados! —tembló.

Sirius gimió, el sonido de sus cadenas chocó contra el suelo de piedra.

—Disculpa hijo, disculpa —lloró. Harry se dejó llevar por el sonido de las cadenas, entornó los ojos hasta que visualizó un bulto recostado contra una pared. Gateó hasta él con los codos apoyados en el suelo.

Ambos se quedaron sentados, uno al lado de otro. Como un niño apoyó su cabeza en el hombro de su padrino, éste se quejó. Olía a moho, suciedad y transpiración.

—Moriremos aquí, ¿no? —dijo Harry, Sirius movió sus manos encadenadas.

—Si no es de sed al menos de hambre, y no pienso beber agua que viene de los retretes —dijo con tono distendido, Harry sonrió sin emoción—. Así que creo que puedo morir de ambos.

—Siempre sabes cómo levantar el ánimo en momentos como estos —murmuró Harry. Por su rostro se deslizaban lágrimas de dolor y vergüenza. Era su fin, ¿qué más podía hacer? —. ¿Qué sucederá con Ginny?

Sirius suspiró, luego tosió.

—Ol…Olvídala —suspiró—. Es lo suficientemente inteligente para comenzar una nueva vida sola. Más que nosotros dos, te lo aseguro.

Harry apretó los ojos. Había perdido la cuenta de los días y las horas. No sabía si era de día o de noche y su estómago ya estaba pidiendo a gritos algo que comer. Su boca poco a poco se iba secando. De vez en cuando se lamía los labios de manera inconsciente para humedecer su lengua con algo del rocío de agua que empapaba su rostro. Pero no era suficiente para calmar la sed que poco a poco iba secando su garganta.

—Malfoy debe querernos matar de desesperación —dijo con los ojos cerrados—. Si no bebemos agua, en algunas horas nos veremos obligados a sacar del drenaje y…

—Caeremos al vacío, eso es lo que quiere —adivinó Sirius—. ¡Mierda! —exclamó— ¡Tenemos que encontrar cómo salir!

Harry levantó la cabeza y miró el estrecho camino que conformaba el suelo en el que se sostenían. Acostumbrando la vista a la oscuridad, logró distinguir un pasaje cuyos techos cóncavos parecían una gigantesca boca de lobo en medio de la nada.

—Tenemos que avanzar, estos caminos deben llegar a algún lado…

Ginny intentó dormir, sin embargo, estuvo toda la noche mirando el techo pintado de la habitación. Hermione quiso hablar con ella, Remus quiso hablar con ella, todos querían hablar con ella, pero su estado de shock era tal, que prefirió alejarse y encerrarse con rapidez en la habitación que le habían alquilado por ese fin de semana. No habló con nadie durante todo el día, tenía demasiado en qué pensar, demasiadas cosas que ordenar en su cabeza.

Su corazón martillaba cada vez que se imaginaba a sí misma como poseedora de un título de nobleza, ella, que siempre perteneció a la calle y la bohemia. ¿Qué sucedería ahora?, ¿tendría que fingir buen comportamiento extremo y aprender a utilizar los cubiertos apropiadamente?, ¿Tendría que dejar de vestir sus cómodos y vaporosos vestidos?, ¿tendría que aprender a vivir entre cuatro paredes?
Durante la noche tembló ante cada recuerdo. Se cubrió la cabeza con la manta y apretó los ojos. Por su mente atravesaron vividas imágenes de las últimas semanas. Trató de evitar que las lágrimas escaparan de sus ojos, pero fue imposible. El pecho le dolía como si la estuvieran atravesando a fuego vivo. Necesitaba saber dónde estaba él, dónde estaba Harry. Su ingenio femenino la hizo analizar cada situación. Tal vez ellos sí la habían engañado y eso solo le hacía querer olvidar que había conocido a aquellos truhanes, pero cuando recordaba las últimas horas, el reconocimiento con su hermano, la prueba fehaciente del ADN, los ojos de Harry suplicando perdón, sólo se acrecentaban las ganas que tenía de volverlo a ver.
De un golpe se sentó en la cama despeinando a su paso el cabello envuelto bajo la manta. Sus ojos se enfocaron en un punto fijo, el rostro de terror en Harry le causaba un dolor en el pecho tan intenso que tenía que hallar el modo de solucionar lo que había sucedido. Tenía que hablar con él y con Sirius.

Con rapidez se levantó de la cama y sin preocuparse por su apariencia tomó lo primero que encontró en su maleta desarmada. Corrió por el pasillo de aquel lujoso hotel que parecía un laberinto. Cada vez que llegaba a una esquina se encontraba con otro pasillo que daba a más habitaciones, y lo que necesitaba era el ascensor.
Cuando finalmente llegó al lugar correcto se detuvo frente a las puertas de cuatro enormes ascensores de vidrio. Uno se detuvo en su piso y con rapidez se metió en el interior casi empujando a los turistas que iban saliendo de él. Pulsó el primer piso pero en lugar de bajar, comenzó a subir.

—¿Qué? —exclamó— ¡no, no, no! ¡Quiero bajar!

El ascensor se detuvo en el Pent House. Cuando las puertas se abrieron un grupo de personas entraron y Ginny salió. Por un segundo se quedó estática. Repentinamente se halló a sí misma deslumbrada ante un enorme salón arabesco cuya terraza poseía la piscina más grande que hubiera visto en su vida. Por un segundo se olvidó de buscar a su hermano o al resto y se dedicó a pasear por el lugar descubriendo a su paso un magnifico restaurante marroquí. Cuando ingresó para mirar mejor la ornamentación de una estatua dorada que arrojaba agua, llamó su atención el cabello anaranjado intenso de su hermano que estaba de espaldas a ella hablando con alguien que conocía muy bien, lamentablemente.

—¿Qué hace Ron hablando con él? —se peguntó impresionada. Sin que fuese vista se escabulló detrás de un pilar ancho y redondeado que llegaba hasta el techo y cuyo tapiz estaba tallado con arabescos dorados y rojos. Se puso de espaldas a ellos, y aunque el sonido de la cocina y los huéspedes en el restaurante no la dejaban escuchar con claridad, algo logró filtrar de aquella extraña conversación.

—…me llevaste a ella, por favor, tienes que aceptar…

—Vuelvo a decirle que no es necesario —la voz pausada le causó un escalofrío en su columna, un estremecimiento la recorrió de pies a cabeza—. Mi familia tiene dinero, no necesito el suyo.

Sonaba molesto, su hermano suspiró.

—Pues no dejaré que te marches hasta que pueda darte algo a cambio por todo lo que has hecho por nosotros —el tono tajante de su hermano la impresionó en cierta medida. Había un rictus de impaciencia en sus palabras.

El otro liberó una risita seductora que la hizo temblar aún más.

—Bueno, si insiste…—murmuró—. Hay algo que puede darme…

El corazón de Ginny palpitaba demasiado rápido, su corazón sabía que algo andaba mal pero sus piernas no querían salir arrancando, al menos, no aún.

—¿Qué?, ¿qué cosa? —insistió Ron.

—Quiero a tu hermana —contestó Tom sin inmutarse. Ginny se llevó una mano a la boca aguantando el espanto.

—¿Disculpa? —preguntó Ron con la voz aguda. El otro volvió a reír seductoramente. Gnny lo escuchó acomodarse en su siento.

—Lo que escuchó —dijo con caballerosidad—. Estoy enamorado de ella, sé que la vida nos quiso unir hasta que esos bastardos aparecieron y la alejaron de mí. Ronald, quiero casarme con tu hermana.

Ginny movió la cabeza con rapidez, eso no era cierto. A él lo había conocido después, jamás intercambiaron más de algunas palabras, a pesar de que extrañamente soñaba con situaciones demasiado reales donde él estaba muy involucrado. Volvió a agitar la cabeza con más fuerza. ¿Qué podía hacer? Se mordió el labio, su hermano no sería tan idiota de casarla con un desconocido, ¿cierto?, por supuesto le preguntaría antes, ¿cierto?, ¿y qué era aquello que Tom la llevó hasta Ronald?

—Esto no está bien… ¡Eso es mentira! —susurró muy bajito con el corazón latiéndole frenético.

El silencio se prolongó un largo instante hasta que Ron finalmente habló.

—Lo que me estas pidiendo es demasiado…

—¿Repentino?, sí, lo sé. Pero no puedo evitarlo Ronald, de verdad estoy fascinado con ella.

Ron suspiró.

—¿No deberías preguntarle a ella primero?

Ginny asintió, ella era la que la que tenía que tomar la decisión, no él.

—Por supuesto, pero usted es su hermano —dijo con un sutil arrastre de las palabras. Ginny tembló, ese siseo de serpiente le heló la espalda—. El modo correcto de hacer una petición formal de matrimonio es al padre de la novia, pero ya ve que mi única opción en este momento es usted, por favor… no me deje con esta angustia, acepte —suplicó. Ginny volvió a mover la cabeza, desesperada.

El silencio que prosiguió a la petición fue inquietante, Ginny temblaba, hasta que Ron finalmente habló:

—Por supuesto que yo acepto… —murmuró, el corazón de Ginny dejó de latir, una exclamación estalló de parte de Tom—… Pero debes hablar con ella primero. Insisto, la decisión no recae en mí. Aunque admito que serías un excelente cuñado.

Ginny se tapó los oídos y antes de escuchar la respuesta de Tom, arrancó. Corrió hacia el ascensor tropezando en el camino con algunas personas que la quedaron viendo con extrañeza. Apretó el botón de llamado como desquiciada, lo único que deseaba era salir de ahí. Cuando finalmente entró y las puertas se cerraron en su nariz, liberó un hondo suspiro y se llevó las manos a la cabeza. Seleccionó el piso correspondiente a su habitación sin pensar, sin procesar, sin saber qué hacer. ¡Ella no se quería casar!

Mientras descendía por su mente atravesaron las palabras de Tom confesando su amor desde el momento que la encontró. La ira y el temor la devolvieron a la realidad.

—¡Eso es mentira!

El ascensor se detuvo y las puertas se abrieron. Dio un paso afuera con rapidez sin pensar y se encontró cara a cara con Hermione. Tropezó y ésta la agarró por los brazos evitando que ambas cayeran de bruces al suelo.

—¿Ginny? —preguntó, la chica temblaba.

—Hermione, tenemos que ir a la policía, ¡ahora!

—¿Qué…?, ¿de qué rayos…?

—Hermione, escucha, Harry y Sirius son inocentes, ellos me encontraron, sabían que yo estaba viva, tenemos que ir con ellos —exclamó alterada. Hermione parpadeó con el ceño fruncido. El cerebro de Ginny procesó sus propias palabras, pero no consideraba adecuado contarle a Hermione que Tom estaba mintiendo, necesitaba encontrar a sus verdaderos rescatistas, aclarar el tema con ellos y luego dejar en evidencia a ese extraño sujeto.

—Espera, espera… ¿de qué rayo estás…?

—Hermione, tenemos que ir por Harry y Sirius, por favor —jadeó apunto de largarse a llorar. Su corazón palpitaba con fuerza, estaba aterrada.

Hermione movió la cabeza sin saber exactamente qué hacer. Respiró hondo y finalmente asintió.

—A mí también me parece extraño lo que ocurrió —dijo sujetándola por los hombros—, hablaré con Remus, será mejor que Ron no lo sepa. Al menos por ahora.

Ginny cerró los ojos agradecida y suspiró profundamente.

—Date prisa —suplicó. Hermione alzó una ceja.

—Haré lo que pueda.

Ambas desaparecieron por el pasillo. Hermione buscó a Remus y le explicó lo que Ginny deseaba. A la gitana no le sorprendió que el buen hombre aceptara la petición, después de todo, tanto ella como los demás deseaban saber la verdadera versión de la historia.

Decidieron no contarle nada a Ron, Hermione explicó que no lo había visto desde esa mañana y a Ginny se le heló la sangre al recordar a Tom hablando con el Duque. ¿Por qué no decirle nada a Hermione? Después de todo era su esposa y tenía que saber que aquel sujeto había hecho el papel de héroe sin merecerlo.
En algún momento creyó que sería conveniente contarle lo que estaba sucediendo, pero primero quería hablar con Harry. No. Quería ver a Harry.

Remus apareció en la habitación después de ir en busca de su abrigo e intercambió una mirada con Hermione, Ginny alzó una ceja.

—¿Y bien? —preguntó ansiosa.

—Hablé con el servicio de vigilancia, según el jefe de seguridad Finnigan, Ronald contrató a la comandancia norte para resguardar el teatro, están a pocas cuadras de aquí. Si vamos ahora tal vez podamos sacar a Sirius y a Harry de la cárcel antes que anochezca.

Ginny dio un respingo y se adelantó hacia la puerta.

—Vamos ahora, entonces —insistió alterada. Pero Remus movió la cabeza.

—Será mejor que te quedes aquí —dijo, Ginny abrió los ojos incrédula—. Está lleno de periodistas afuera, la secretaría de Londres ya envió el aviso que fuiste encontrada, están todos frenéticos por saber de ti. Si no queremos levantar sospechas lo mejor será que te quedes aquí, en el hotel.

Ginny apretó los puños y dio una patada en el suelo alfombrado. No había visto a los periodistas pero sí recordaba la cantidad de llamados telefónicos que atravesaban las paredes durante la noche. ¿Cómo era posible que las noticias circularan tan rápido?

—Está bien —dijo a regañadientes—. Pero apenas los encuentren avísenme, por favor.

Hermione sonrió, Remus asintió preocupado.

—Saldremos por atrás —dijo colocándose el abrigo—. Despistaremos a los periodistas con un grupo de turistas koreanos que se están juntando en recepción. Eso nos dará una ventaja de quince minutos antes que los periodistas descubran que salimos por otro lado.

—¿En qué momento hiciste…?

—Cuando quieres hacer algo sin que Ron se entere, debes hacerlo con cautela y rapidez —dijo sonriendo misteriosamente.

Hermione, dibujó una sonrisa torcida.

La estación de policía se encontraba a cuatro cuadras del hotel. Remus hábilmente logró zafar a los periodistas tal como lo había estimado en el momento justo que un gran número de turistas salía por la puerta principal. Llevó a Hermione por una salida trasera que daba hacia las cocinas y desde ahí caminaron en dirección opuesta hasta llegar a una avenida principal donde pudieron tomar un taxi. Hermione llevaba su rostro tapado con un pañuelo negro y Remus llevaba gafas oscuras a pesar del tenue sol del atardecer. El chofer no les hizo preguntas más de las necesarias aunque cada cierto tiempo observaba por el espejo retrovisor a aquellos extraños turistas.
Hermione se estaba poniendo nerviosa, sin embargo llegaron rápidamente hacia la estación de policía y pudieron bajarse antes que el tipo les comenzara a hacer preguntas demasiado personales.

Cuando entraron, ella se quitó el pañuelo y de inmediato mostró su placa entregada por la embajada Inglesa para poder acceder a permisos internacionales. Un oficial calvo y de intensos ojos claros asintió con rapidez y los derivó hacia una oficina trasera donde se encontraba una mujer extremadamente alta y delgada hablando por teléfono. Cuando Hermione le mostró la placa, de inmediato dejó de hablar y se puso de pie haciendo un gesto de saludo con la mano izquierda.

Bon soir mi Laidy, je suis oficial Maxime, ¿en qué la puedo ayudar? —preguntó en inglés en un marcado acento francés.

—Necesito ver a unos prisioneros —pidió Hermione con voz ronca. Remus arqueó una ceja, la mujer no estaba acostumbrada a utilizar su influencia como Duquesa para conseguir cosas. El tono de voz delataba su nerviosismo.

—¿Prisionners? —preguntó la mujer frunciendo el ceño con una extraña mueca. Tenía el cabello tan apretado con un rodete que le llegaba estirar los ojos, provocando una deformación en las comisuras de las cejas—. Excuse Madame, pero no tenemos prisionners en esta delegación.

Hermione sintió que algo se enfriaba en su estómago. Repentinamente los gritos de Harry pidiendo ayuda exclamando que los iban a matar, le nubló la vista.

—¡Hermione! —exclamó Remus tomándola por los brazos—. ¿Qué te ocurre?

¡Apportez de l'eau, vite!* —exclamó la mujer. Entre Remus y ella sentaron a Hermione en una silla. De inmediato el oficial calvo se acercó con un vaso de agua en las manos —Merci, Bastien.*

Hermione bebió el vaso con tranquilidad y se acomodó en la silla sin dejar ni que Remus ni la oficial la tocaran.

—Hermione —suspiró Remus—, ¿qué ocurrió?

Los ojos de Hermione vagaban del vaso de agua hacia la mujer. El oficial calvo, Bastien, la miraba preocupado.

—¿Cómo que no tienen prisioneros? —jadeó—. Anoche en el teatro mi marido llamó a los guardias que estaban resguardando el palco para llevarse a unos hombres que estaban molestando.

La mujer negó con la cabeza mirándola preocupada, Bastien intercambió una mirada con ella.

—No sé de qué me habla, Madame —dijo la mujer afligida—, anoche ninguno de mis hombres tuvo que actuar, por lo que sé todo salió como el Duque requirió.

—¿Entonces no apresaron a nadie? —esta vez Remus fue el encargado de sorprenderse, algo no cuadraba.

—No hemos apresado a nadie Monsieur—agregó Bastien cuya voz era áspera, como si fuera un fumador nervioso.

—Díos mío, ¿quiénes eran esos guardias que se los llevaron a rastras, entonces? —preguntó Remus al aire. Bastien frunció el ceño y le hizo una seña a su jefa.

—¿Guardias que acturaon sin nuestras ordenes? Me temo que sé de que pueden estar hablando —murmuró la mujer preocupada—. Hace mucho tiempo que la policía francesa anda tras la pista de unos mafiosos que han estafado a medio Paris. Tristemente la policía ha sido una víctima de aquellos sujetos, se han hecho pasar por oficiales más de alguna vez. No es la primera vez que alguien le reclama a autoridad por algo que nunca sucedió.

—¿Qué me está diciendo? —preguntó Remus alarmado—. ¿Se han hecho pasar por ustedes? ¡Son la ley!

—Es vergonzoso, pero ouí…—ijo la mujer cubriéndose los ojos con una mano, avergonzada.

—¿Y acaso no saben quienes son? —Gritó Hermione asustada. Le aterraba pensar que tanto Harry como Sirius estuvieran en manos de mafiosos.

—No podemos revelar esa informa…

—¡Anoche esos mafiosos se llevaron a dos personas! —dijo Hermione poniéndose de pie con violencia—, ¡dos ingleses!, si no hacen algo ustedes por encontrarlos me veré en la obligación de pedir ayuda a la embajada de Inglaterra y al Scotland Yard.

Maxime se vio visiblemente afectada ante la amenaza. El cuartel era pequeño y en esos precisos instantes solo estaba ella y Bastien.

—Por favor Madame, no se alarme, llamaré a fuerzas especiales para seguir la pista que tenemos, tal vez demos con el paradero de las personas que busca —dijo Maxime corriendo a coger el teléfono.

—¿Qué pista tienen? —exclamo Remus—, ¿por qué no la usaron antes?

—Sabemos que los mafiosos se mueven en el sector del Barrio Latino —dijo Bastien cuyo radio comenzaba a recibir información a la vez que Maxime hacía varias llamadas de emergencia—. Pero solo son pistas al azar de transeúntes y turistas que han visto movimientos sospechosos, no tenemos más que eso.

—¡No puedo creerlo! —exclamó Hermione llevándose las manos a la cabeza— ¡Son la policía! ¿Cómo dejan que algo así suceda ante sus narices?

—Hermione, cálmate, intenta…

—¡No! Necesito encontrarlos, se lo prometí a Ginny, y… Dios… —suspiró acongojada—. ¿Dónde estarán? —sus ojos se llenaron de lágrimas—. Remus… ¿y si los tiene la mafia? ¡Por Dios! ¿Y si los asesinaron?

La mujer estalló en llanto desesperadamente. Remus intentó tranquilizarla dándole torpes golpes en la espalda, Maxime y Bastien los miraban preocupados. El radio del oficial no dejaba de sonar con diversas llamadas. Repentinamente, la mujer colgó el teléfono y los miró con los ojos muy abiertos.

—El jefe de la estación poniente afirma que anoche llegaron llamados sospechosos desde un hostal en el sector de Montmartre acusando de ver a unos sujetos acarrear unos bultos dentro de una camioneta.

—¿Hay registros de la placa? —preguntó Remus aterrado al escuchar la palabra "bulto", Hermione lanzó una exclamación.

—Lo averiguaremos —dijo Maxime anotando la información en la computadora más cercana. Bastien llamó por radio hablando rápidamente en francés. Ni Remus ni Hermione entendían nada.

Unas voces contestaron en la radio, Bastien asintió.

—Las cámaras de seguridad captaron una placa no registrada en las cercanías del antiguo alcantarillado.

—¡Ahí están los acueductos cerrados hace siglos! —exclamó Maxime, la radio siguió informando en francés, Remus y Hermione se miraban entre ellos sin entender nada.

—¿Los habrán dejado ahí? —preguntó preocupada Hermione, pero Maxime ya estaba llamando a varias patrullas. Con lo poco que lograba comprender en francés alcanzó filtrar algo sobre que estaban siendo requeridos para rodear el sector del acueducto registrado por las cámaras. A ella solo le preocupaba que tanto Harry como Sirius estuvieran bien.

—Esperemos que sean ellos —susurró Remus—. Podríamos estar persiguiendo a otros sujetos.

—Lo dudo monsieur —dijo Bastien sin dejar de hablar por radio—. La camioneta es la que estábamos buscando. Si dicen que dos individuos fueron llevados a la fuerza por una pareja de oficiales infiltrados, definitivamente son los mafiosos que andábamos buscando.

—Dos patrullas van en camino —interrumpió Maxime en su rimbombante inglés—, Bastien, quédate e informa al resto de las estaciones para que envíen patrullas de apoyo, yo iré en otro vehículo.

—¡Nosotros vamos con usted! —exclamó Hermione, Maxime frunció el ceño.

—De ninguna manera, es muy peligroso madame —le dijo imponente, pero Hermione se puso de pie elevando el mentón.

—Soy autoridad internacional, ¡mis amigos están en problemas, incluso pueden estar muertos! —se desesperó— ¡yo voy con usted!

—¡Y yo! —dijo Remus—, luego solucionaremos este asunto con la embajada para llevar este tema a la justicia, ¡pero por ahora nosotros vamos con usted!

Maxime dudó, Bastien elevó los hombros. Ambos intercambiaron palabras en francés, la radio seguía resonando con frases sin sentido en el cinturón del oficial. Hermione temblaba, a Remus le sudaban las manos.

—Está bien —aceptó la mujer finalmente a regañadientes—, pero se colocarán la protección antibalas y me prometerán no salir del vehículo policial. Esto lo máximo que puedo hacer, si algo les llega a suceder, no quiero tener al embajador ni a la realeza detrás de mi pellejo por haber llevado dos nobles a una zona peligrosa.

Hermione infló el pecho y aceptó. Pronto ambos, junto con Remus, se encontraban dentro de una patrulla que arrasó con las calles de Paris a velocidad máxima mientras otras se reunían en el trayecto como balas rápidas.

—Creo que voy a vomitar —se quejó Hermione sujetándose el estómago. La patrulla, que manejaba Maxime, saltó bruscamente cuando pasó por encima de unas imperfecciones en la calle. Remus la abrazó por los hombros.

—Aguanta Hermione, ya estamos llegando.

Hermione perdió su mirada al otro lado de la ventana. Poco a poco la ciudad iba cambiando hasta convertirse en rincones y callejones oscuros con tiendas cerradas y uno que otro restaurante.

La radio de Maxime chilló y un montón de información en francés llenó la cabina del vehículo. La mujer soltó un improperio y dobló hacia la izquierda con violencia. Remus y Hermione chocaron uno contra el otro, el hombre se golpeó en la cabeza con el vidrio y Hermione gritó. La noche ya estaba cayendo, las escasas luces de los callejones apenas alumbraban el suelo por donde transitaban, por suerte las patrullas alumbraban con los focos delantero a medida que se unían a la búsqueda.

—¡Pero qué demonios le ocurre! —exclamó Hermione, la mujer contestó algo por radio, luego la miró por el espejo retrovisor.

—Encontraron rastros de una apertura en el acueducto —explicó—. Vamos para allá.

Hermione suspiró y se llevó una mano al pecho. Cerró los ojos y pidió perdón a alguna deidad sintiéndose más culpable que nunca.

"Si algo les sucede nunca me lo voy a perdonar…"

No llevaba la cuenta de las horas y prácticamente no lo iba a hacer. Su boca estaba cada vez más seca, y el esfuerzo lo deshidrataba aún más.

Sirius iba delante de él tanteando con sus manos encadenadas las paredes oscuras que se abrían a su paso, recorriendo con la punta de los pies el límite del camino para no caer al vacío. Harry se estremecía cuando cada ciertos tramos el agua rugía más fuerte, y más de una vez creyó escuchar gemidos y ruidos guturales que le erizaron cada punta de su cabello.

—¿Ves algo? —jadeó, Sirius tosió.

—¡Nada! —gritó por encima del ruido del agua—. ¡Debemos estar rodeados de mierda, el olor es insoportable! —tosió de nuevo y emitió una arcada.

Harry frunció la nariz y desvió el rostro hacia otro lado cuando Sirius vomito a sus pies. No lo veía y no sabía dónde había ido a parar la mugre, sin embargo nada podía ser peor que aquel aroma a putrefacto que llenaba cada centímetro de aquellas cavernas antiguas que solían servir de acueducto.

—No puedo respirar —resopló Harry—. Necesitamos encontrar una salida, estos idiotas nos trajeron aquí por algún lugar.

—Hay que seguir tocando las paredes, si mis clases de historia dieron frutos cuando niño, creo que estos acueductos tienen escaleras que nos pueden llevar a la superficie.

Con un poco más de esperanza Harry rogó por encontrar pronto una escalera. Sus piernas se estaban debilitando. Si llevaban un día o dos ahí abajo, no tenía como saberlo. Sin embargo sabía que si llegaba al tercer día sin agua era imposible sobrevivir.

—Andando entonces…—animó Harry con la poca energía que le quedaba.

Hermione había recuperado aquel mal habito de comerse las uñas. Ya iba en el dedo anular cuando un grupo de oficiales de policía de otros sectores de Paris descendieron por un gran agujero en el suelo donde antes había estado colocada una fuente de agua.

—¿Cómo es posible que no haya sabido la existencia de esto? —se preguntó impresionada. Su conocimiento de historia universal era vasto y rico debido a su educación en una de las mejores escuelas de Londres, sin embargo desconocer que las entradas a las antiguas alcantarillas de Paris estaban debajo de monumentos históricos la llenaba de vergüenza.

—Aparece en algunos folletos de turistas —dijo Bastien levantando los hombros, Hermione simplemente frunció los labios.

—¿Hace cuánto que bajaron? —preguntó Remus observando a Maxime que se situaba frente a él, a un lado de la abertura el suelo. La mujer tenía el ceño fruncido y no dejaba de mirar su celular y de escuchar por el radio. Un hombre alto y delgado vestido de gabardina observaba la situación a su lado.

—Hace una hora bajó el primer grupo —contestó Bastien, Hermione se abrazó a sí misma.

—Por favor que los encuentren pronto…—suplicó bajito.

Harry tosió y las arcadas aumentaron. Sirius trastrabilló un par de veces con el suelo mohoso. El olor a putrefacción era cada vez más intenso. Todo el cuerpo les dolía. La tensión en los hombros producto de los nervios y el terror no ayudaba a menguar el dolor de las costillas fracturadas y las articulaciones dislocadas.

Para cuando dieron finalmente con un cambio en la superficie el suelo algo de esperanza iluminó por un segundo sus almas como una rápida estrella fugaz. Sin embargo Sirius resbaló al no poder ver bien donde pisaba, su gritó aterró a Harry que se adelantó para ayudarlo, pero entonces también resbaló.

Gritó aterrado, era como deslizarse por un tobogán. Iban hacia abajo, no hacia arriba. Cerró los ojos y aguantó la respiración esperando caer dentro de uno de los ciclones de agua putrefacta que se revolvía a sus pies como sendas cascadas. Pero nada sucedió.

En lugar de caer al agua chocó con un bulto pesado y tibio.

—¡Sirius! —gritó, el hombre gimió.

—Creo que me romí un diente —balbuceó —o me corté la lengua. Mi boca sabe a sangre —dijo escupiendo.

—¿Qué mierda pasó?

Habían caído en una zona mucho más oscura, el agua se escuchaba cada vez más cerca. Como si hubiesen llegado al final del camino y no hubiera más que agua rodeándolos por todos lados.

—Debemos volver, tenemos que seguir por otro lado —insistió Harry, pero sabía que era inútil. Malgastaba su energía. No tenían como subir. Al tantear el suelo se dio cuenta de que no había cosa alguna. El camino por el que habían caído no era ni siquiera un camino, era un agujero. Ambos habían pasado de una cloaca a otro sector de aquel laberinto donde la oscuridad se cernía sobre ellos como boca de lobo.

Sirius volvió a gemir.

—Vamos a morir aquí —se lamentó—. Nunca nadie va a encontrarnos —se lamentó. Y luego gritó con furia desgarradora. Harry cerró los ojos y gritó junto con él. Llorando.
Era el fin. Todo había acabado. Ni siquiera podrían morir de sed o hambre, porque la desesperación los llevaría al suicidio antes de morir de inanición o sed.

—Perdóname Ginny…—susurró al cielo oscuro con lágrimas en los ojos y sintiendo el rostro contorsionado de dolor.

Sirius se aferró al brazo de Harry enterrando sus dedos y ambos se abrazaron buscando consuelo en el otro.

—Perdóname a mí, muchacho —lloró Sirius. Fui un pésimo padre.

Harry no contestó. Simplemente se aferró más al cuerpo e su padrino esperando por un milagro.

Entonces algo cayó desde arriba. Como si algún objeto hubiese desviado el sentido del agua del camino, Harry y Sirius fueron separados por una cascada inmunda. Ambos gritaron. Harry cerró los ojos y se dejó arrastrar por la corriente. Iba a morir.

Abrió los ojos una última vez para mirar el cielo oscuro de la alcantarilla y una luz cegadora le dañó los ojos.

"Era cierto que la muerte es indolora…" pensó.

Entonces un grito a lo lejos hizo eco en las paredes verdes de la alcantarilla.

—¡ICI, ILS, SONT! ¡ICI, ILS, SONT! *

Y perdió la consciencia.


Notas:

¡Al fin! Ya me disculpé de todas las formas que pude. Como dije, esta es la primera parte del final. La segunda será publicada sí o sí, LO JURO, antes del 10 de Enero.
Ya está bastante avanzada porque iba a ser parte de este mismo capítulo, pero debido a un retraso con las escenas finales decidí cortarla.
Va a salir publicada junto con el epílogo.

*¡Apportez de l'eau, vite! es "Traigan agua, rápido"

*Ici, Ils Sont es "Aquí están".

En cuanto a la conversación de Maxime y Bastien, me dio flojera escribir las "R" como "G", así que imagínense que hablan un inglés afrancesado.
Algunas ubicaciones en París no son exactas, ya que estuve allá hace más de dos años.
La información del acueducto es mitad ficción, mitad fantasía. Son mucho más turísticas y se pueden entrar y ver el funcionamiento del siglo XV. Yo las dibujé más dramáticas para la historia. Es probable que a estas alturas no tengan nada de agua. La estatua sobre la entrada a la alcantarilla es invención mía.

Gracias por la confianza y por la fidelidad con esta historia.
(Pueden seguirme por Facebook, sí, caí como todo el mundo. Búsquenme como "Kathleen Cobac" y denle "me gusta" a la página, o pueden ingresar a través de mi perfil)

¡Qué tengan un gran año 2015!
¡Felicidades y amor para todos!

Kate.-