Desde ya pido disculpas por cualquier falta de ortografía. Son 23 páginas que escribí en menos de una semana.
Gracias por el apoyo con esta historia.
Espero que lo disfruten.
Voldemort
Parte II – Héroes Bandidos
Y lejos, en la bóveda celestial, su arrullo lo besa y acaricia.
Lejos, el mundo no es más que una luz borrosa.
Lejos, ella gime y grita a luna.
Lejos, el justiciero se transforma en juez, y con la máscara cincelada en formas que no reflejan su alma, revela un enemigo.
Lejos, la bestia aúlla sin ser escuchada.
Lejos, ella no puede escapar de las garras del asesino.
Lejos, dos amantes han sido separados por su propia naturaleza…
...Ahora sólo queda un corazón en la tierra y otro en el cielo…
…
Harry abrió los ojos encontrándose a sí mismo rodeado de una gran cantidad de luz blanca.
Con la sensación de haber dormido una larga siesta, enfocó la mirada aturdido a su alrededor. Todo era demasiado blanco. Levantó su brazo derecho, pero lo sintió pesado y amarrado a algo duro, el izquierdo, sin embargo, lo elevó por encima de su cabeza. Se veía impoluto, blanco y limpio.
—Si esto es estar muerto creo que merezco una explicación…—susurró.
—¡Despertaste! —chilló la voz de una mujer emocionada.
Sus ojos volvieron a cerrarse un instante. Esperaba que fuera Ginny, pero algo dentro de él le decía que, a pesar de conocer la voz, no era ella. La frustración y decepción recorrió su pecho y se obligó a sí mismo a no abrir los ojos para no desilusionarse más. Entonces, un desvarío cruzó por su mente: en realidad sí estaba muerto, pero había cometido tantas estafas que su penitencia era yacer en una cama rodeado de ilusiones sobre la gitana que nunca más volvería a ver.
Agitó la cabeza cuando una sombra cubrió la luz sobre su cabeza.
—¡Aléjate de mí! ¡No me tortures más, por favor! —gimió. La voz hizo un sonido gracioso antes de responder.
—¿De qué estás hablando? —las manos de la mujer se sentían reales cuando ésta le tocó el hombro. Entonces se vio tentado a abrir los ojos—. ¡Harry! ¡Soy Hermione!
La imagen de rizos replegados sobre su propio rostro le hizo cosquillas en la nariz. Agitó la cabeza para quitárselos de encima y enfocó la vista en la figura borrosa de la Duquesa.
—¿Qué?, ¿qué ha pasado?
Poco a poco el entorno comenzó a cobrar sentido mientras sus ojos se iban acostumbrando a la luz. La mujer tenía las ojeras marcadas, la piel reseca y los ojos hinchados, como si hubiese estado llorando. Un chal de cachemira cubría sus hombros, ella era la única mujer presente en la habitación, o, donde fuera que estuviese.
—Me alegro tanto que estés con vida —suspiró con los ojos brillantes—, creí que estaban muertos, nunca me lo habría perdonado.
Por la cabeza de Harry se cruzó la imagen de la alcantarilla y Sirius cayendo. De un impulso intentó sentarse en la cama, pero le era imposible poder moverse.
—¿Y Sirius? —preguntó alarmado— ¡Sirius! ¿Dónde está mi padrino?
Harry se agitó sobre la cama sin entender por qué no podía moverse. Hermione lo sostuvo por los hombros, su mirada impávida lo tranquilizó.
—Sirius está en recuperación, tiene demasiados huesos rotos y sufrió una asfixia con la salida el agua —se lamentó—. Remus está con él, ya le sacaron el agua de los pulmones, la policía lo estaba interrogando.
—¿Recuperación?, ¿policía? —Harry movió la cabeza de un lado a otro hasta que descubrió su brazo derecho enyesado desde el hombro hasta la punta de los dedos y su tórax amarrado firmemente con sendas vendas.
—Sí, la policía quiere saber qué ocurrió anoche, Sirius estaba consciente —dijo Hermione preocupada—. ¿No recuerdas nada?
—Yo…—Harry cerró los ojos, lo vivido bajo la alcantarilla parecía una pesadilla borrosa—, no lo sé. ¿Qué ocurrió?
Hermione se sentó a los pies de la cama y lo miró intensamente.
—Fueron secuestrados por una banda de mafiosos. Los llevaron hasta un antiguo alcantarillado de Paris y los dejaron ahí —explicó abanicándose, como si le faltara el aire—. Fueron horas de búsqueda —suspiro—. Por suerte llegamos a tiempo y descubrimos que los oficiales que los habían apresado no eran los mismos que habían sido contratados por Ronald en la Ópera.
—¿Cómo nos encontraron? —preguntó recordando el largo túnel putrefacto por el que habían caído.
Hermione frunció el ceño y se llevó la mano derecha al mentón, pensando.
—Si mal no recuerdo hay varias salidas cerradas de los acueductos que se utilizaron durante los siglos quince hasta el diecinueve. Uno de ellos, y del cual no conocía su existencia —gruñó—, estaba oculto bajo una fuente de agua en una plaza de Montparnasse. Cuando la movieron a un lado apareció una de las salidas. Los oficiales bajaron por él varios metros antes de toparse con una camino de descarga de agua —su ceño se frunció aún más—. No entiendo mucho de la arquitectura subterránea, pero sé que hay varios niveles de túneles por los que fluctúan litros de agua estancada que cada cierto tiempo se filtra al Sena —pausó e inhaló profundamente, Harry tenía sus ojos fijos en ella—. Uno de los oficiales encontró un nivel que llegaba directamente al primero en el cual se encuentra una suerte de camino donde los obreros antiguamente se sostenían para limpiar el agua. Pero para llegar a ellos y poder transitar por el túnel principal necesitaban pasar por unos más antiguos, que, por lo que logré comprender, tenían las alcantarillas corroídas.
Harry asintió y creyó entenderlo.
—Al querer llegar al nivel principal rompieron el camino y se salió el agua de control, ¿no?
Hermione asintió vagamente.
—Algo así— admitió—. Varios oficiales quedaron suspendidos en el aire gracias al equipo de seguridad. Cuando trataron de medir los daños encendieron las linternas y…
—Dieron con nosotros—suspiró Harry sin poder creer su suerte—. ¿Los oficiales están bien?
—Por suerte sí —suspiró.
Harry frunció el ceño y su preocupación se incrementó. Tenía demasiadas preguntas que hacer y no sabía por dónde comenzar.
—¿Encontraron a los Malfoy?
Hermione arrugó la nariz.
—La policía tiene una pista, la están siguiendo desde esta mañana —sonrió—. Gracias a ustedes es probable que den pronto con ellos.
Harry tiritó.
—Si no los encuentran pronto es muy probable que vuelvan por nosotros —dijo suspirando. Ya no tenía nada más que ocultar. Había perdido a Ginny, por poco pierde su vida y si tenía algo de suerte, esperaba lograr salir con vida de Paris.
—¿Por qué los estaban buscando?
Harry se quedó en silencio un instante. No entendía muy bien qué estafa había cometido Sirius con los Malfoy, pero se dignó finalmente a contarle toda su historia y lo que sabía: Su infancia, la vida junto a Sirius, el inicio en las estafas, la amenaza de Malfoy por culpa de Sirius, el encuentro con Ginny y el plan para cobrar la herencia creyendo que ella era sólo alguien que se parecía mucho a la verdadera heredera. Cuando finalmente llegó al recuerdo del teatro, incluyendo además todo lo que pasaba por su mente y corazón con respecto a la gitana en ese momento, Hermione suspiró y se mantuvo en silencio por bastante rato.
—Sí que tienes una vida interesante, ¿eh? —dijo con un particular tono entre broma y reprimenda. Harry sonrió y se pasó la mano libre por su cabello. Con sorpresa descubrió una venda que no había notado antes sobre su frente.
—Si se le puede llamar interesante a huir todo el tiempo —farfulló. Hermione sonrió con dulzura, pero Harry notó algo más en sus ojos—. ¿Nos van a entregar a la policía, cierto?, digo, a la de verdad.
Ella lo miró con sorpresa y luego agitó la mano en el aire.
—¡Claro que no! ¡Qué cosas dices! —exclamó—. Gracias a ustedes finalmente la policía tiene una pista de dónde pueden estar esos mafiosos. No creo que los lleven a prisión.
El corazón de Harry súbitamente ralentizó su marcha. No se había dado cuenta de cuán nervioso estaba y aquella leve pausa fue como un nuevo respiro.
—¿Qué va a suceder con nosotros, entonces?
Hermione nuevamente se quedó pensativa, se bajó de la cama y caminó hasta una ventana cubierta con una cortina clara. Hizo a un lado uno de los velos y miró hacia afuera.
—Remus habló con Ronald después de que fueron ingresados al hospital —contó—. No está nada feliz de saberlos libres, pero está dispuesto a escuchar su versión, si con eso…
—¿Si con eso, qué?
—Si con eso se marchan y se olvidan de Ginny y él para siempre.
El corazón de Harry volvió a acelerarse. Sintió que algo en su estómago se apretaba y un dolor intensó se apoderó de su muñeca derecha. A pesar de que no veía los dedos, estaba seguro que había apretado tanto el puño bajo el yeso que algo se había vuelto a quebrar.
—No pienso marcharme —dijo adolorido por la punción del brazo—.Le contaré la verdad a tu marido, pero no quiero ir a ningún lado sin antes haber hablado con Ginny.
Hermione suspiró.
—No te dejará verla —dijo—. Algo está tramando Ronald —musitó gruñendo—. No sé qué es, pero tiene que ver con la presentación de Ginny en sociedad.
—¿La qué? —se quejó Harry intentando poder sentarse en la cama, lo que resultó imposible debido a las vendas y artilugios colocados por todos lados.
—Hará una cena en su honor, no sé cuándo. Ronald la presentará como su hermana y la nueva heredera al Ducado.
—¡Pero Ginny odia esas cosas! —exclamó, Hermione arqueó una ceja—. ¡Es una gitana! Lo quiera o no, él debe entender que Ginny se crió como gitana y los gitanos no soportan vivir recluidos entre cuatro paredes. No pasará ni un mes cuando ella se haya marchado. No puede obligarla a ser una Duquesa, ¡no le va a gustar!
Para su sorpresa, ella sonrió.
—Se ve que conoces muy bien a mi cuñada —dijo arqueando sus labios en una sonrisa torcida que de inmediato despareció transformándose en una mueca de incredulidad—. Sin embargo no te servirá de nada convencer a Ronald de aquello, no lo aceptará tan fácilmente, lo sé porque llevo casada con él el tiempo suficiente como para saber que no dejará a su hermana ir así como así. Sin embargo, debo admitir que me parece extraño este revuelo por una celebración tan ostentosa.
Súbitamente la mujer guardó silencio y miró a Harry fijamente—. Cuando veníamos al hospital tenía muchas llamadas perdidas de él al móvil.
—Tal vez deberías llamarlo —dijo desanimado por la falta de información, Hermione movió la cabeza sacando de un bolso con diseños marroquíes un moderno aparato telefónico.
—¿Me disculpas un segundo?
Harry asintió.
—Aquí estaré —suspiró.
…
Ginny estaba alterada. Iba y venía de un lado a otro, paseándose en el balcón de su habitación de aquel lujoso hotel en el que no toleraba estar más tiempo encerrada. Hermione y Remus no habían regresado la noche anterior, hecho que nuevamente no la dejó dormir.
Con los nervios de punta, apenas apuntando el alba, salió de la habitación presurosa para buscar a su hermano con firmes intenciones de aclarar el tema de Tom y Harry. Harry…. Sólo pensar en lo que le podría haber sucedido le provocaba pánico.
Cando logró hallar a su hermano, en el mismo restaurante donde lo había descubierto tramando su futuro con Tom, lo encontró hablando por celular. Intentó mantenerse alejada para no interferir en su privacidad, sin embargo, logró oír un grito de rabia seguido de tres palabras que la aterraron aún más: "los quiero presos".
Ella interrumpió alterada, él no la escuchó. Cuando la vio, se despidió con un cauto "hablamos después Remus" comprendiendo por fin que al parecer no habían llegado al hotel porque había sucedido algo, algo que sospechaba tenía que ver con sus verdaderos rescatistas.
Ginny pidió explicaciones, Ron se desenvolvió en palabras vagas.
—¿Qué es lo que ocurre? —quiso saber.
—No es asunto tuyo —dijo mirándola de reojo mientras revisaba su celular—. Por cierto, ¿qué sucedió ayer contigo? Llamé varias veces a la habitación y no respondiste.
—Estaba indispuesta —inventó ella con rapidez. Recordó los golpes insistentes en la puerta de su habitación la noche anterior luego de que Hermione se marchara con Remus. No quiso abrirle, no sabía cómo abordar el tema de su supuesto compromiso, le aterraba hablar de Tom. Con un escalofrío se abrazó a sí misma y elevó el mentón para escudarse —. ¿Qué sucedió con Remus y Hermione? ¿Por qué no han regresado? —preguntó sin bacilar.
Ron parpadeó mirándola aturdido, luego sacudió la cabeza y guardó el móvil en su chaqueta.
—Ya dije que no te entrometas, ¡caray! —se exaltó. Sin embargo, de inmediato le sonrió fraternal—. Qué bien que te veo —dijo cambiando el tema y pasando por alto la incertidumbre de Ginny—. Necesitaba hablar contigo de algo importante.
—¡Yo también necesito hablar contigo!, ¿qué está ocurriendo?, ¿dónde están Remus y Hermione?, ¿encontraron a Harry? —habló deprisa, sabía de qué quería hablar su hermano y no estaba en sus planes tocar el tema.
Esta vez Ron frunció el ceño.
—¿Harry?, ¿qué…?—agitó la cabeza y su nariz se arrugó—. Escucha Ginevra, tenemos que hablar.
—Pero yo quiero…
—¡Nada! Escucha… —dijo empujándola a través del restaurante hasta apartarla a una terraza sofisticada decorada con arbustos. Ginny tembló y se soltó de su agarré.
—¡Tú escúchame! ¡Necesito que…!
—¡No, Ginevra, pon atención! —dijo utilizando un tono rudo afirmándola con fuerza por los hombros. Ginny parpadeó, en ese instante pudo reconocer el Duque del que tanto hablaban—. Nos vamos a Londres, esta noche.
—¿Qué? —exclamó con la voz ahogada—. ¡No podemos irnos, tengo que…!
—¡Nos vamos, sí! —dijo apretando su agarre, Ginny sacudió los hombros, pero Ronald no la soltó— Mañana en la noche se hará un banquete en tu honor y te presentaré ante sociedad como la legítima heredera de Lancaster.
—¿Qué? —volvió a preguntar haciendo más fuerza hasta soltarse de su hermano, algo en su cuerpo sonó como campanitas ante el movimiento. Este la miró de pies a cabeza sorprendido repentinamente, juzgándola. Vestía su falda de variadas telas y colores, y su tobillo derecho estaba repleto de brazaletes. El escrutinio de su hermano le causó una leve repelencia. Irguió la espalda y apretó los puños a cada lado—. No me iré de Paris a ser presentada en sociedad, primero quiero ver a mis amigos— exigió desafiante, Ron hizo una mueca burlesca.
—¿Amigos? —rió—, ¿te refieres a esos delincuentes de poca monta?
Ginny apretó los dientes.
—Me alegro que pienses así —contestó con acides—. Entonces te encantará saber que tu querida hermanita es una ladrona profesional —espetó, y luego sonrió con malicia—. Me encantaría saber qué opinará la reina y tus amigos de la corte si saben que soy una callejera, y bastante orgullosa de serlo, por cierto.
El rostro de Ronald comenzó a colorearse.
—Eso era antes de encontrarte —gruñó con los dientes apretados—. Ahora que todos saben quién eres, nunca más volverás a esa vida —agregó con fiereza aferrándola por la muñeca, Ginny dio un paso, retrocediendo, chocando contra una pared—, eres una Weasley, eres la Duquesa perdida, ¡olvídate de esa vida! ¡Te vienes conmigo esta noche!
Ginny intentó zafarse nuevamente, pero el agarre de su hermano, que era más alto y grande que ella, era demasiado fuerte.
—¡No puedes obligarme a ser algo que no soy! —masculló.
—Nadie te está obligando a nada, —dijo con autoridad, luego suspiró y alivió el agarre—, solo quiero que representes a nuestra familia como corresponde. Eres la heredera al Ducado Weasley, todos estábamos esperando por ti, y ahora que estás conmigo no quiero perderte, quiero que todos sepan quién es mi hermana —suspiró y desvió la mirada hacia la ciudad que se expandía a lo lejos bajo el balcón—. Lo siento, pero ya no serás más una gitana. Dijiste que me andabas buscando, bien… me encontraste. Ahora debes saber que cargar con nuestro apellido tiene un precio y se paga caro.
Ginny frunció la nariz aguantando las ganas de llorar. Hacía mucho tiempo que no se sentía así. La humillación la corroyó recordándole cuando le anunciaron su compromiso con Dean, el gitano, y la coartación de su libertad que le causó el mayor pánico de su vida.
—Me puedes llevar de regreso a Londres, puedes vestirme con ropas caras, puedes hacerme una Duquesa, pero nunca voy a dejare ser quien soy, hermano —masculló resaltando las últimas palabras.
Sin esperar que Ronald contestara, arrancó de la terraza sintiéndose como una princesa a la que le impidieron casarse con el chico del establo. Su corazón se sacudió con fuerza al recordar la similitud de su vida con aquel pensamiento. Harry era un ladrón, y aunque ella era una chica criada en la calle, su nombre pertenecía al mundo de la realeza.
Esquivando todas las zonas del hotel finalmente llegó a un pasillo. Se metió en un resquicio en la pared donde había un tocador y se dejó caer bajo la mesa ratona. ¡No quería partir a Londres sin Harry y Sirius!
¿Qué iba a hacer?, ¿Dónde estaba Hermione?
…
Tom no podía dibujar su sonrisa encantadora frente al espejo. Sus secuaces habían escapado y todo Paris les seguía la pista. Si tenía suerte, tal vez esos idiotas habían finalmente acabado con la vida de Potter y Back, sus piedras del zapato.
Retorció los dedos frente al espejo dudando. No quería seguir utilizando la poca magia que le quedaba dentro de aquella esfera brillante. Pero era necesario.
Con los ojos cerrados dejó que sus dedos se deslizaran por encima de la superficie, que, cual piedra cayendo al agua, se deshizo en hondas que revelaron la imagen de una camioneta negra acorralada por varios vehículos policiales. Dos figuras desaliñadas eran desalojadas del vehículo y les obligaban a subir a una patrulla.
La ira lo recorrió por cada rincón de su cuerpo. Gritó con rabia y sin quererlo liberó una gran carga de energía que destruyó el espejo en cientos de vidrios brillantes.
La esfera que alojaba en el bolsillo interior de su chaqueta cayó rodando a suelo. Aterrado, corrió hacia ella antes de perderla, pero cuando su mano finalmente la enocntró, palideció. Su piel se había vuelto cetrina y sus uñas amarillas y torcidas. Gateando por el suelo agarró un pedazo de espejo, no podía ser que por culpa de esos imbéciles hubiese perdido lo poco que le quedaba de magia para llevar a cabo su venganza. Sin embargo liberó un suspiro de alivio cuando se vio a sí mismo con su aún apuesta apariencia. Se sentó en el suelo y se observó las manos, sólo la que había ocupado para realizar el encantamiento se había envejecido y vuelto a su verdadera apariencia. La cerró en un puño.
—No puedo tardar más… mañana la gitana será mía, cueste lo que cueste.
…
Hermione aguardaba en la sala del hospital, Remus hablaba por celular y caminaba de un lado a otro. A pesar de que la mujer intentaba concentrarse en una revista, su cabeza estaba al otro lado, en las habitaciones, donde dos inocentes estaban pagando culpas que no eran propias.
El tono exaltado de Remus llamó su atención y levantó la mirada de la revista con interés.
—¿Lo dice en serio? —preguntó, le hizo una seña a Hemrione, ésta se levantó de su asiento, acercándose—. ¿Cuándo sucedió? —esperó y asintió con la cabeza—. ¿Cómo los encontraron?... ¿Qué Sirius hizo, qué?, vaya —suspiró sorprendido—. Sí, sí, por supuesto, manténgame al tanto, gracias Olimpe.
—¿Qué ocurrió? —quiso saber preocupada.
—Los Malfoy fueron apresados —dijo Remus demasiado sorprendido mirando la pantalla del celular.
—¿Qué?, ¿Lo dices en serio? —preguntó feliz—¿Cómo ocurrió?
Remus sonrió.
—Dicen que la camioneta tenía un escape de aceite que dejó una huella que iniciaba en Pigalle y pasó por Montparnasse hasta el puerto.
—¿Pero cómo no lo vimos?
—Lo descubrieron esta mañana, con luz —dijo sonriente—. Gracias a la declaración de Sirius pudieron dar con ellos —dijo feliz. Hermione parpadeó.
—¿Gracias a Sirius?, ¿qué fue lo que declaró?—susurró apremiante.
—Según lo que me contó Olimpe, en palabras de Sirius, ambos fueron torturados antes de ser llevados a las alcantarillas, lo que explica los huesos rotos —susurró, Hermione liberó un gritito y se cubrió la boca con ambas manos—. Cuando los Malfoy creyeron que estaban inconscientes los amarraron y llevaron a un estacionamiento. Mientras abrían la puerta trasera de la camioneta donde los subieron, Sirius, que al parecer estaba en el suelo, utilizó las cadenas de sus manos para hacer palanca con la salida de aceite. Por suerte no lo descubrieron, se hizo el dormido y lo demás ya lo sabes.
—Eso es… ¡Horroroso! ¿Torturados? —gimió aterrada—, pero… con tanto daño y esas heridas, ¿cómo?, ¿cómo sabía qué hacer?, ¿en qué momento tuvo tiempo de pensar…? Es…es…
—Trabajó como ladrón un tiempo, querida—dijo con una mueca entre lamentación y gracia—. Si alguna vez hay que darle crédito a un ladrón es por su agilidad de salir de un problema sin ser descubierto. Luego le preguntaremos cómo lo hizo, lo importante es que apresaron a los verdaderos estafadores y que Sirius y Harry están con vida y a salvo —dijo liberando un hondo suspiro de tranquilidad—, ¿te das cuenta de lo que eso significa?
El cerebro de Hermione trabajó a toda prisa, una sonrisa luminosa se dibujó en su rostro.
—El día de la Opera Ron recibió una noticia sobre dos ladrones que habían estafado a casi todo Paris —pausó y sonrió entusiasmada—. ¡Podemos hacerle creer que los confundió con Harry y Sirius! Si le decimos que los ladrones ya fueron capturados… —se entusiasmó y levantó la voz—: ¡Harry y Sirius serán liberados y Ron los habrá perdonado! ¡Serán recompensados por haber encontrado a Ginny y…!
El celular de Hermione comenzó a sonar justo en ese momento. La mujer lo tomó y observó la pantalla. Le sonrió a Remus entusiasmada.
—¡Es Ron! —dijo contenta—, le contaré de inmediato.
…
La conversación entre Ron y Hermioine tomó por sorpresa a ambos, tanto a ella por las novedades como a él por su gran equivocación.
Sin embargo cuando se dirigió al hospital donde estaban todos reunidos, sin avisarle a Ginny, las cosas dieron un giro inesperado.
—¡Hermione! —exclamó Ron corriendo hacia ella seguido de un grupo de guardias armados. La mujer estaba pálida y sus manos se escondían bajo sus brazos cruzados, evidenciando su obvia preocupación.
—¡Ron! —dijo sin acercarse. Remus no estaba, aunque lo hubiera agradecido. Nada de lo que su marido le había dicho por teléfono tenía sentido, nada cuadraba—. ¿Y Ginny?
—Está en el hotel, no sabe que he venido.
—¿Le dijiste que…?
—No —dijo con rudeza—, no le he dicho nada y no quiero que sepa lo que está sucediendo, ¿dónde están?
Hermione frunció su ceño intensamente.
—Tiene que saberlo Ron —le aclaró—. Ella es la única involucrada en esto, pasó el último mes con ellos, ella…
—¡Eso es lo que tú y ella dicen pero no tiene sentido! ¡Quiero ver a esos ladrones! Dije que los escucharía, quiero librarme de ellos lo más pronto posible para que dejen a mi hermana en paz.
Un grupo de enfermeras que iban cruzando el pasillo con un enfermo en camilla les pusieron mala cara. Hermione bajó la voz.
—Tiene todo el sentido del mundo Ron, además… ¿realmente crees que vas a conseguir que Harry se aleje de ella?—se quejó, Ron se pasó una mano por la cabeza.
—Ella me habló de un tal Harry, pero no entiendo cómo puede querer saber de él—espetó con los labios fruncidos—. Tenía entendido que él y su cómplice la tenían secuestrada, y luego tú me dices que los estafadores no eran ellos sino otros que ya fueron apresados, entonces, ¿quiénes son esos imbéciles que secuestraron a mi hermana?
Hermione suspiró.
—Ron, nadie ha secuestrado a Ginny —dijo rascándose los ojos con cansancio. A su alrededor, en medio de la sala de espera, la gente los miraba con curiosidad mientras otros se alejaban de los guardias armados. Ron movió la cabeza.
—No tiene sentido, Tom dijo que…
—¿Tom?, ¿quién es Tom? —se preocupó ella, Ron rió con petulancia.
—Thomas Gaunt es el verdadero héroe, él fue quien estuvo con Ginevra todo un mes. Trató de dar conmigo pero entonces aparecieron estos dos ladrones y se la llevaron para exigir la recompensa.
Hermione parpadeó confundida.
—¿Ah? —fue lo único que se le ocurrió exclamar en el momento—. ¿De qué mierda estás hablando Ronald? Harry y Sirius conocieron a Ginny en pleno parís hace un mes, ella les robó los documentos y la persiguieron hasta que Sirius la descubrió —dijo alterada. Por supuesto varió un poco la verdad de la historia sólo para no meter en problemas a Sirius, ya que si Ron hubiese sabido de un principio la historia de la estafa que le contó Harry esa mañana probablemente no la contarían dos veces antes de ir a la cárcel.
—¿De qué mierda me hablas tú? ¡Fue Thomas quien la conoció!
—¿De qué Thomas me hablas? —exclamó con la voz aguda al tratar de bajar el tono de voz, la gente alrededor comenzó a inquietarse. Se pasó una mano por la cara alejándose un poco de la sala de espera—. Ellos llegaron con Ginny hace dos semanas a nuestra casa en Lancaster. Sirius le confesó a Remus que fue él quien ayudó a Minerva Mcgonagal a escapar junto con la bebé, de no ser por él, Ginny no estaría hoy contigo y mucho menos viva. ¡Harry y Sirius la encontraron! ¿Por qué crees que ella te habla de ellos?, ¿por qué crees que Sirius sabe sobre Minerva? No hay ningún registro con su nombre y sin embargo él sabía cómo se llamaba.
—Espera un momento…—susurró con los ojos muy abiertos—. ¿Metiste a esos delincuentes en mi casa?
Hermione gritó de frustración y un guardia de seguridad del hospital le llamó la atención, los guarda espaldas de Ron cobraron una postura desafiante.
—Pardón —dijo Hermione en francés sonrojándose, de inmediato se giró hacia su esposo—. Salgamos de aquí antes de que nos echen.
Ron siguió a Hermione pidiendo explicaciones en el trayecto que llevaba de la sala de espera hasta la salida del hospital. Una vez fuera, Ron la tomó por el codo y la giró con fuerza. Los guardias lo siguieron cual sombras y se pusieron a su lado, la mujer miró su codo y luego a los hombres que los rodeaban.
—Quiero privacidad —masculló con los dientes apretados, Ron les hizo una seña a los hombres que se alejaron bordeando un perímetro seguro. Una vez que se fueron quitó su brazo con rudeza de la mano de Ron—. ¿Quién te crees que soy para que me andes agarrando el brazo así?, ¿se te subió el título a la cabeza o qué?
—¡Respóndeme mujer!, ¿qué diablos hacían esos delincuentes en la mansión de mis padres?
—¡No tengo nada que responder, también es mi casa!
—¡ES MÍA! —explotó Ron agarrándose la cabeza— ¡Hermione, entiende de una puta vez que soy el Duque y merezco respeto! ¡Los medios van a hablar de mí, de mi hermana y tú metes a dos imbéciles a mi casa con quizás qué intenciones! ¿En qué mierda estabas pensando?, ¡La casa es mía, si vives en ella es sólo porque ere mi mujer, nada más!
Un sonoro "plaf" hizo eco entre el concreto del alto edificio que suponía el hospital y unas oficinas adyacentes. Ron se tocó la mejilla, los guardias se miraron entre ellos verificando si actuar o no. Hermione los miró amenazante.
—Es una cosa de parejas ¡no se metan! —exclamó con lágrimas en los ojos, Ron ni siquiera parpadeaba—. Escucha cabezota, si me casé contigo era porque te amaba no porque me gustara tu puta casa o tu título de imbécil —lloró—. Esos dos hombres pueden tener culpas a sus espaldas pero son quienes encontraron a tu hermana y la llevaron a Lancaster. ¡Sirius conoció a tus padres, conocía a Remus, fueron amigos, Sirius era parte del Scotland Yard junto con Remus cuando fueron jóvenes!, ¿es que acaso no te das el tiempo de hablar ni de escuchar a nadie? ¿Hablaste con tu hermana siquiera sobre cómo sucedió todo?, ¿cómo es posible que le hayas creído a ese Tom cómo se llame? —sollozó—. ¿Le crees a un extraño y no a tu mujer, a tu familia? ¡Y por si fuera poco me tratas como a una cualquiera que vino a invadir tu casa! —Gimió pasándose ambas manos por la cara, estaba exhausta, lo único que deseaba era que todo volviera a cómo debía ser, quería dormir, descansar, olvidar toda la aventura de la noche anterior y esas horribles palabras de su marido—. Te daré el beneficio de la duda, ve a hablar con ellos, entérate de una puta vez de la verdad y deja de jugar al Duque que no te queda.
Ron parpadeó confundido. ¿Qué había pasado?, ¿acaso él había insultado a su esposa?, repentinamente algo cobró claridad en su interior, como una luz resguardada en medio de una profunda oscuridad. La mujer se marchaba, él corrió tras ella y la sujetó de la muñeca completamente aturdido. Ella se soltó.
—¿Hermione, qué… qué fue lo que hice? —susurró. Ella lo miró sin entender.
—¿Me estás jodiendo?
—No, en serio… —susurró—. Desde ayer en la mañana siento que todo lo que sucede a mi alrededor no está bien, en algún momento todo lo que Tom decía me parecía tan sensato que…
—Ron, ¿quién es Tom? —pregunto Hermione preocupada al ver el rostro de su marido. Él movió la cabeza.
—Él me llevó a Ginny la noche que envié a los ladrones a la cárcel, me dijo que la había encontrado, que los otros dos la habían secuestrado para quedarse con la recompensa…
—Eso ya me lo dijiste.
Ron abrió aún más los ojos, como si hubiese despertado de un largo sueño.
—Tom quiere casarse con Ginny —susurró, Hermione exclamó un gritito—. Y yo le dije que tenía mi bendición.
—¿QUÉ TÚ, QUÉ?
—Lo sé, no sé porqué lo hice, le dije que debía hablar con ella primero, pero entonces… algo sucedió, de repente todo parecía tan lógico que… —miró a Hermione asustado y se sujetó de sus hombros—. Hermione, no sé qué me pasó… yo… tu golpe, es todo tan confuso.
Hermione movió la cabeza preocupada.
—Deberías ir a ver a un médico…—sugirió, el negó con la cabeza.
—Yo… necesito ir a hablar con ellos, con los ladrones.
Ella se sorprendió.
—¿Lo dices en serio?
Ron asintió lentamente mirando un punto fijo.
—Sí… llévame con ellos.
…
Harry fue llevado en la camilla hacia la habitación de Sirius. Su pobre padrino estaba enyesado hasta en los lugares más insólitos. Más de una vez hizo bromas sobre un hueso inexistente en su zona pélvica que estaba seguro que se le había fracturado. A pesar de que había enfermeras encantadas con él, más de alguna cambió su turno para no tener que escuchar sus insinuaciones sexuales que, por alguna razón, se habían incrementado con la morfina en lugar de calmarlo.
Harry lo miró, había visto a Sirius en situaciones similares, pero aquella rebasaba el absurdo. Cuando la puerta se abrió, una de las enfermeras más ancianas les preguntó en un inglés con muchas florituras debido al francés si estaban en condiciones de recibir visitas un poco más "bravas" de lo normal. Harry supuso que si Sirius estaba en un estado de momia embalsamada tal vez era mejor pedirle a la mujer que se quedara cerca, algo que aceptó sin problemas.
Por la puerta entró Hermione, quien, por suerte apareció con Remus. Tras ellos Ron entró con paso largo, como todo un noble. Los guardias quedaron fuera, protegiendo las puertas.
Los ojos de azul intenso del duque los miraron por largo rato. Harry no supo descifrar su expresión, parecía enfermo, como si acabara de pasar por un examen espantoso. Tomó una silla y se sentó en ella apoyando los codos en las rodillas, observándolos. Suspiró.
—Creo que tienen una historia que contarme —dijo con voz calma. Hermione y Remus se miraron, él alzó una ceja, ella apretó los labios.
—Si tiene tiempo…—bromeó Sirius con un balbuceo divertido debido a sus labios inflamados, Ron achicó los ojos.
—Tienen cinco minutos —espetó mirando su reloj.
Sirius giró los ojos y comenzó su relato desde el principio de todo. Harry se estremeció como la primera vez al escuchar la historia de su padrino y su padre; la cruenta escena de los cadáveres del Scotland Yard amontonados en la pista de baile en el cumpleaños del Duque y de aquel sujeto de ojos azules que asesinó a todos, incluyendo a Lily frente a sus ojos.
Hermione, que no había oído la historia completa cerró los ojos, Remus miraba un punto fijo en el suelo.
Para cuando llegó a la historia de la gitana, al robo de la billetera de Harry y de todo lo que vino después, incluyendo el descubrimiento de que ella era la legítima heredera, Ron parecía como si le hubieran lanzado un balde de agua fría en la cabeza. Se puso de pie y caminó de un lado a otro. Se detuvo frente a Sirius y apoyó sus manos en la piecera, apretando con fuerza los barrotes de la cama.
—Ustedes querían la recompensa… —susurró—. ¿Nunca pensaron del daño que le habrían hecho a ella… o a mí, si Ginny nunca hubiese sido mi hermana?, ¿saben lo que he sufrido buscándola?
Harry miró a Sirius de reojo, éste asintió.
—Aunque en un principio no nos importó ya que sólo queríamos salvar nuestro pellejo —dijo Harry, Ron apretó aún más el agarre en las barreras—, con el tiempo, a medida que fuimos conociéndola, hasta que nos enteramos de la verdad, sólo queríamos traerla sana y salva hacia ustedes…Esa es la verdad —agregó suavemente al ver la mirada intensa del Duque sobre él.
—Tú… conociste a mis padres —le dijo a Sirius volviendo su vista a él, éste asintió apenas—. Y… hablaste de un asesino de ojos azules.
Harry se estremeció y contestó a su pregunta antes que Sirius abriera la boca.
—Hay un hombre que ha estado acosando a Ginny desde que la encontramos, los Malfoy trabajaban para él —dijo frunciendo el ceño—. Ginny decía que soñaba con él, y yo… —tembló—… Yo sé que he visto esos ojos antes, porque… si lo que Sirius dice es cierto…
—¡Lo es! —se quejó el otro. Harry asintió.
—Si es cierto…significa que el mismo hombre que asesinó a mis padres es el acosador.
Ron se pasó una mano por el cabello.
— ¿Sabes cómo se llama?
Harry miró a Sirius, éste hizo un asentimiento con la cabeza.
—Lo conocimos en un bar, se presentó como Thomas Ghaunt —respondió Harry. Ron abrió mucho los ojos.
—¡Eso es imposible! —, exclamó alarmado—. Yo lo conozco, pero es joven, si lo que dices es cierto sería un anciano —dijo pálido.
—espera… acaso, ¿es el mismo Thomas que mencionaste? — preguntó Hermione a Ron, éste asintió con la boca levemente abierta. Ella sacudió la cabeza—. ¿Pero cómo podría ser el hombre que asesinó a la tu familia y a los padres Harry, el mismo que está acosando a Ginny?, es una locura…—dijo anonadada, pero fue Remus quien, más pálido de lo normal, interrumpió súbitamente alarmado.
—Un momento… un momento… —susurró caminando con lentitud mientras movía los dedos índices como si dirigiera una orquesta—. Hace muchos años escuché de una tal Merope Ghaunt, una criada que trabajó para los Diggory antes que murieran en el atentado y Arthur fuera nombrado Duque. Recuerdo un escándalo, ella tuvo un affair con un ministro de apellido Riddle, él fue destituido de su cargo y la abandonó con un bebé. La mujer de Diggory la encontró muerta al poco tiempo de nacer el niño. Luego fue el atentado, los Diggory murieron, Arthur se transformó en Duque y se quedó con el niño a quien crió. ¿Qué tanta coincidencia puede haber en ese detalle?
Ron tembló, cosa que no pasó desapercibido a los ojos de Harry.
—¿Thomas Ghaunt… Thomas Riddle?, ¿dices que es el mismo sujeto?
—¡Por supuesto! Usó el apellido de su madre para pasar desapercibido —dijo Sirius moviendo los brazos tiesos con rabia—. ¡Por eso me resultaba familiar el desgraciado!
— ¡Pero es un poco mayor que yo! Debería bordear los cincuenta… si realmente fuera él…—masculló Ron alterado, Hermione se llevó las manos a la cabeza.
—Ron, ¿cuándo fue la última vez que lo viste? —preguntó aterrada.
—Ayer…yo…
—¡Por Dios Ron, comprometiste a Ginny con ese sujeto!
—¿QUE HICISTE QUÉ? —estalló Harry aterrado, Ron sacudió la cabeza, indeciso.
—¡No la comprometí! Le dije a él que hablara con ella…yo…
—¿Cómo pudiste comprometerla con alguien que no conoce? ¡Estamos en el siglo veintiuno! —gruñó Harry moviéndose con fuerza— ¡Auch! —se quejó volviendo a recostarse—. Agradece que tenga el brazo vendado sino te rompo la nariz a golpes.
—¿Qué carajo?, ¿Acaso estás…?—Ron movió las manos en el aire si saber qué hacer, fue hacia las puertas sin decir nada y dejó entrar a los guardias—. Llamen a la policía y al Scotland Yard, estamos buscando a un sujeto posiblemente peligroso—. Los guardias recibieron la orden, Ron les indicó la apariencia física de Riddle y les exigió que resguardaran el hotel—. Preparen el avión privado, coloquen guardias extras en la mansión para mañana, esta noche partimos con Ginevra a Londres.
Para Harry escuchar aquello fue como un recibir un puñetazo en el estómago, el cuerpo le dolió más que la tortura cometida por los Malfoy.
—¿Te la llevarás?, ¿por qué no nos dijeron?
—Se irá, sí —dijo Ron cerrando las puertas cuando los guardias se marcharon. Apoyó las manos en ellas y no se giró al hablar, Harry le miró la espalda arqueada y los hombros agachados, el Duque estaba batallando una guerra interna—. Se irá conmigo esta noche, mañana será pronunciada duquesa. Creo que Hermione ya te dio mi mensaje —dijo girándose, Harry achicó los ojos y dibujó una mueca de ira en sus labios, la mujer asintió lentamente—. Serán recompensados por haberla encontrado, podrán reiniciar su vida, pero de ella se olvidarán para siempre. No quiero verlos cerca de mi hermana. La han metido en demasiados problemas.
—No sabía que mañana sería la presentación—susurró Hermione enojada—. ¿Cuándo pensabas decírmelo?
—Con tanto alboroto no pude avisarte —dijo alzando los hombros—. Así que despídanse, creo que es hora de marcharme. Tengo que hacer los últimos arreglos antes de partir a Londres. Envíales un cheque a estos…hombres—dijo mirándolos a los dos con cierto desprecio, algo en el estómago de Harry encendió como mecha de cañón.
—¡No quiero ni un puto centavo! —exclamó. Ron arqueó una ceja, Harry bajó el tono de voz, su expresión de súplica sorprendió a Sirius quien por un segundo parecía choqueado con la reacción de su ahijado.
—No lo escuche, no sabe lo que dice, él…
—No quiero el dinero Sirius —dijo Harry con una calma arrolladora y tajante. Tomó aire—. No quiero dinero, no quiero la recompensa. Ginny finalmente encontró a su familia, pero no la harás feliz convirtiéndola en una Duquesa. Ella es una gitana, lo quieras o no, ella se crió en la calle, vive de ella y de su libertad. La vas a condenar si la coronas bajo un título.
Ron apretó los labios y cerró los ojos. Por su cabeza se cruzó la imagen en la antigua casa de su padre antes de convertirse en Duque y lo que implicaba dejar el ducado para finalmente adoptar un hijo. Si su hermana no se hacía cargo el título perdería aquella oportunidad, y de paso el legado Weasley en la realeza se olvidaría para siempre.
—Ella lleva la sangre Weasley, será duquesa y deberá aceptar a vivir con ello.
—¡No puedes obligarla!
—No será necesario, si es mi hermana sabrá aceptar —dijo poco convencido. Hermione se mordió el labio.
—Ronald, ¿no sería mejor dejar la ceremonia para otro día? Hay muchísimas cosas que hacer—interfirió, Remus asintió.
—Es demasiado imprevisto —admitió. Ron movió la cabeza.
—Ya está decidido —dijo pasándose las manos por la cara hasta la cabeza—. Quiero terminar con este asunto cuanto antes para que la prensa y la realeza nos dejen en paz —suspiró—. Mañana se acaba todo—miró a Harry—. Es muy noble no querer recibir la recompensa, pero eso no te hace digno de ella.
Harry sintió que sus mejillas se calentaban.
—Ron, por favor, estás apresurando las cosas, ellos podrían ir con nosotros, la encontraron y…
—Asunto zanjado, Hermione —dijo Ron con la voz más ronca de lo normal—. Lamento que esto acabe así —dijo enmarcando sus cejas mirando especialmente a Harry—. Aunque tú no aceptes la recompensa, tu amigo se ve más interesado. Necesitan algo con qué comenzar de nuevo. Yo… me despido. Hermione, Remus, vamos.
—Ron, no puedes…
—¡He dicho, vámonos! —dijo saliendo de la habitación con rudeza, Sirius suspiró.
—No se preocupen por nosotros —dijo mirando a Harry que se había quedado impávido mirando las puertas—. Estaremos bien.
Hermione se acercó y se acomodó entre ambas camas. Puso sus manos sobre las colchas, los ojos se le llenaron de lágrimas.
—Estaremos en contacto, no los dejaré solos.
—Somos amigos —dijo Remus despacio—. Eres como mi hermano.
Sirius sonrió.
—Hermione —dijo Harry sin quitar sus ojos de las puertas, ella lo miró—. Tengo que ir mañana a esa fiesta.
—¿Qué? Pero Harry…
Él le sujetó la muñeca. Sus ojos estaban brillantes y su mirada desesperada.
—Ella necesita saber que estoy con vida, por favor, dile, dile…
—Lo sé…—susurró Hermione y luego le guiñó un ojo rápidamente—. Los espero mañana.
—¡Hermione! —se escuchó desde afuera, ella rodó los ojos.
—¡Voy! —exclamó con rabia alejándose hacia la puerta, Remus la empujó con suavidad por la espalda.
— Cuídense —dijo Remus mirando especialmente a Sirius, éste levantó el único dedo pulgar que no estaba vendado.
—Descuida, de aquí no me muevo —dijo sonriente. Cuando la puerta se cerró, miró a Harry—. ¿Piensas dejarme aquí con estos matasanos, cierto?
Harry lo miró.
—Tengo que ir con ella, lo siento mucho si te tengo que dejar atrás Sirius —se preocupó—. Pero, esa historia de los Ghaunt y Riddle, me preocupa. ¿Y si lo que Riddle quiere es vengarse de los Weasley porque su padre no lo dejó como un heredero más…? ¿Y si su plan es casarse con Ginny para ser Duque?
Su padrino achicó los ojos.
—Tiene mucho sentido… pero si fuera así, no me puedes dejar atrás…—sonrió enigmáticamente—. Así que necesitarás que te acompañe—dijo quitándose del brazo un falso yeso, Harry lo miró con sorpresa—. Fue idea de Remus para engañar al chiquillo, ¿acaso crees que te dejaré solo en este momento?
Harry suspiró aliviado. Su padrino era una caja de sorpresas.
—¿A Londres?
—NO me parece mal volver a casa definitivamente, ¿te parece?
…
Ginny no quería subirse al avión, definitivamente, no quería. Hermione se mantuvo a su lado mientras la gitana miraba por la pequeña ventanilla las nubes que se aglomeraban sobre Londres. Suspiró resignada.
—Anda, no es tan malo —la trató de animar Hermione, pero la chica simplemente sonrió con los labios apretados para luego volver a una mueca vacía que competía con la falta de brillo en sus ojos. La duquesa suspiró profundamente—. Tal vez esto te anime…—Ginny la miró, frente a ellas, Ron leía una revista, aunque de vez en cuando cabeceaba. La duquesa parecía incómoda con la presencia de su marido, como si estuviera a punto de hacer algo indebido. De repente, él agachó la cabeza hacia adelante dando un sonoro ronquido, y Hermione aprovechó aquel momento para entregarle a Ginny un papel en las manos, que, debido a la rapidez casi se le cae de ellas—. Hace rato que estaba esperando que se durmiera —susurró bajito sin mirarla—, léelo.
La gitana abrió el papel disimuladamente, sus ojos leyeron una sola frase que de inmediato cambió sus facciones, su sonrisa fue autentica y sus ojos mágicamente brillaron de emoción.
"Harry vendrá esta noche"
Respiró profundamente y guardó el papel en el escote, Hermione rió, y Remus, que estaba sentado a un lado de Ron y que había visto todo, desvió su atención a la ventanilla:
—Bienvenida nuevamente, Ginny —sonrió cuando el avión traspasó una cortina de nubes dejando ver la enorme isla bajo sus pies. Ella finalmente imitó la sonrisa.
…
Riddle observaba la entrada privada que llevaba a las mansiones en Lancaster. Su nariz fruncida y sus puños cerrados delataban sus intenciones. Su secuaces habían sido capturaos, y por alguna infeliz razón el Duque se había zafado del encantamiento que había puesto en su mente para controlar su comportamiento, de lo contrario no habría descubierto nunca por qué había tanto guardia armado en la periferia que rodeaba la casa.
Esa noche era la presentación de la chica, de SU mujer. Le gustase o no al Duque, de alguna manera esa noche obtendría lo que le pertenecía. Destruiría al último de los Weasley con excepción de la gitana, con quien gobernaría en su fantasioso mundo de nobles y reyes. Sabía que si el pacto aún lo anclaba a ese poder oscuro, entonces podría gobernar todo el país si quisiera. Sólo debía llegar a ella, casarse y entregar el alma de Ronald Weasley a aquellos del otro mundo que le brindaron el poder. Esa noche tenía que conseguirlo, esa noche sería el fin de todo.
…
Ginny se observó al espejo y en su espalda vibró una corriente eléctrica. Algo no estaba bien, y no tenía que ver con la decoración, con la comida, las flores o el vestido, que por cierto era bellísimo. Hermione fue quien se hizo cargo de conseguir aquella obra de arte que aguardaba en un antiguo baúl con las pertenecías de la Dama Weasley, su madre, Molly. La tela fluía entre sus dedos como agua y el color rojo intenso intensificaba las pecas de su piel. Era completamente diferente al que usó en la Opera y le sentaba muchísimo mejor. Esa vez se prometió a sí misma nunca más volverse a peinar con un peluquero. Así que, usando su propia creatividad anudó varias trenzas bajo su larga melena para dar un toque más relajado ante tanta elegancia. El toque gitano nunca desaparecería de su sangre. Como la falda caía larga hasta sus pies, decidió colocarse sus brazaletes cantarines en el tobillo y un par más en sus brazos desnudos. De una cajita pequeña donde aguadaban sus propias pertenencias de su vida en la calle, cogió un par de plumas que amarró a las puntas de las trenzas. Se miró al espejo una vez más. A pesar de que se veía un poco más como ella misma, había algo en toda la imagen que no le producía confort.
Unos golpes sonaron en la puerta y por ella entro Hermione vistiendo un largo vestido negro. Ambas se miraron, desde el pasillo se filtraba la melodía de la orquesta que había sido contratada para la cena.
—Cielos —sonrió Hermione— te ves hermosa—. Ginny agradeció con una sonrisa tímida. Se miró de reojo nuevamente al espejo, sus vellos se erizaron—. ¿Ocurre algo? —preguntó al entrar, ella negó con la cabeza.
—Siento algo extraño… un presentimiento—susurró—. Después de que me enteré que mi hermano me quería comprometer con ese hombre…
Hermione frunció una ceja.
—No tienes nada que temer, sabes que eso ya no va a ocurrir, la casa y el sector están resguardados, hay oficiales por todos lados —le dijo Hermione intentando tranquilizarla. Ginny juntó aire y luego lo sopló.
—¿Conoces la historia de Sirius, no? —preguntó apretando los labios, Hermione asintió vacilante—. Ese sujeto es peligroso, no me fío de la guardia policial, Tom tiene algo…no sé…
—Ginny, no…
—Es como si fuera un brujo —dijo cubriéndose la boca con las manos, Hermione la miró preocupada.
—Querida, eso no existe —intentó tranquilizarla con una risita, Ginny volvió a negar con la cabeza.
—Cree lo que quieras, pero ¿cómo explicas que sea el mismo tipo que mató a mis padres?, ¿cómo alguien puede mantenerse joven por tanto tiempo? Eso es imposible, en el mundo de los gitanos les tenemos un nombre, Voldemort, y no hay que acercarse a ellos.
—No sé, no tengo una respuesta para eso…—dijo Hermione frustrada—. Ginny, escucha —agregó pacientemente tomándola con suavidad por los codos—: hoy es una noche importante, es preciso que salgas airosa, todo va a terminar para cuando la gente se vaya. Habrás sido nombrada Duquesa y ¿quién sabe?, tal vez puedas realizar el futuro que deseas, pero necesitas olvidarte por un segundo de lo que aprendiste siendo gitana.
Ginny quitó sus brazos, ofendida. Hermione se dio cuenta e intentó repararlo, pero la muchacha ya estaba enfadada.
—¿Siempre han creído eso de mí, cierto? —espetó—. No olvidaré lo que soy solo por vestir algo bonito. Seguiré siendo una gitana siempre, ¿ustedes me querían de regreso?, bien, aquí estoy, pero respeten lo que soy. ¿Les avergüenzo? ¡Pues aguántense! ¡Tengo mis propias tradiciones y las sigo como me educaron!
—Ginny, yo no quería…
—No, escucha —dijo alterada—. Mi madrina era muy amiga de mi madre adoptiva, y ella era muy elegante. Sin embargo me crié con Muriel, la matriarca de los gitanos de mi caravana, y si hay algo que Muriel me enseñó es a respetar los poderes —dijo enfadada, Hermione abrió la boca para protestar, pero Ginny no la dejó—. Hay una leyenda entre los gitanos que cuenta que hay dos mundos, el de la luz y la oscuridad, sé que suena cliché, pero contarlo así es más simple —explicó. Hermione frunció el ceño notablemente—. Escucha con atención: Hubo una vez un gitano que estaba enamorado de una princesa. Como ella no lo notaba, vendió su alma a la oscuridad para poder enamorarla. La oscuridad le concedió el poder, pero si no lograba su cometido, debía entregar algo a cambio, así que ofreció la vida de su hermana, confiando que enamoraría a la princesa. Uno de los Dioses oscuros aceptó y de una piedra hizo un amuleto que se lleno con magia oscura, la que el gitano utilizó para enamorar a la mujer. Pero ese poder era limitado, así que tenía que usarlo bien.
—Ginny, no sigas que…
—Déjame terminar, por favor… —dijo nerviosa, moviéndose de un lado a otro—. Un día el rey anunció el compromiso de su hija con un príncipe de otro reino, así que la envió lejos con su futuro marido. El gitano utilizó magia para recuperarla, pero lo único que ocasionó fue un incendio donde murió ella y el príncipe. Como no pudo saldar su deuda y casarse con ella, a pesar de tener la magia a su favor, la oscuridad le arrebató a su hermana.
—Es horrible, pero…
—Ahora viene la mejor parte —se estremeció Ginny—. El gitano guardó la piedra y decidió vengarse del rey, ya que supuso que por culpa del rey él había asesinado a su amada por equivocación. La venganza tardó años en ejecutarse. Para cuando el gitano ya estaba por encima de los cincuenta y el rey agonizaba, utilizó la piedra para rejuvenecer —pausó y su voz se transformó en un susurro lejano—. Como había reunido dinero a lo largo de los años, pudo presentarse ante él como un noble y, decidido a ocupar su lugar, asesinó al rey con la magia que le quedaba.
—Ginny, es un cuento, no creerás que…
—El rey murió antes que el gitano pudiera ocupar el trono, el poder de la piedra se había acabado, no quedaba ninguna gota de magia con la cual poder ejecutar su deseo, así que la oscuridad reclamó su alma por no cumplir con lo que le había prometido. Se dice que la piedra aguarda en un viejo castillo de Transilvania, pero si la leyenda es cierta o no, hay que mirar la evidencia —dijo suspirando—. Así lo contaba Muriel.
—Ginny —murmuró Hermione maternalmente—. Es un cuento, la magia no existe y ciertamente ese tal Tom no es un brujo que hizo un pacto con la oscuridad —dijo con asco—. Probablemente es otra persona, coincidencia, ¡qué sé yo!
Ginny la miró de soslayo.
—Eso es lo que me gustaría creer…—murmuró también, Hermione le colocó las manos en los hombros y sonrió ampliamente.
—Bien, olvidémonos de brujos, magia y oscuridad, ¡hoy serás presentada ante el país como la Duquesa desaparecida! —exclamó feliz, Ginny torció los labios en una mueca parecida a una sonrisa—. Oh, vamos, no será tan malo, además, te ves hermosa. ¡Vamos, será solo por algunas horas! —dijo enganchando su brazo con el de ella. La gitana vaciló antes de dar un paso.
—¿Y Harry? —preguntó sintiendo sus mejillas tibias, Hermione se mordió la lengua.
—Debe estar por ahí —balbuceó, porque aún no lo había visto llegar.
…
Harry movía los hombros como si vistiera el traje más incómodo del mundo. A su lado, Sirius se veía demasiado elegante para reconocerlo, tanto o más que en la Ópera. Sin embargo su traje era diferente a un smoking de lujo.
—Aún no entiendo cuál es tu plan —se quejó Harry observando a u parino, Sirius sonrió ampliamente. Todavía tenía el labio inflamado, respiraba con dificultad por las costillas rotas y cojeaba de una pierna. La elegancia se iba a la basura a mientras no se mantuviera estático.
—¿Mi plan? Nosotros simplemente tenemos que seguir las migas de pan.
—¿Ah?
—¡Ahí! —exclamó.
Harry miró con atención la entrada principal de la mansión. Todos los guardias habían cambiado de posición a las diez en punto. En ese mismo instante, Remus se asomó por el enrejado, Harry vio que algo brillaba en su chaqueta con destellos de luz.
—¿Eso es una señal?
—Migas de pan —rió Sirius, Harry rodó los ojos.
—¿Qué hacemos, vamos?
Sirius miró hacia todos lados desde detrás de la esquina donde se escondían, los guardias que cubrían ese sector se estaban moviendo, y Harry observó con fascinado interés como a su padrino no se le olvidaban los viejos trucos para no ser descubierto. Se movía en la oscuridad y escapaba de los focos de luz con una destreza asombrosa a pesar de sus magulladuras, Harry simplemente lo siguió imitando sus pasos, hasta que sin darse cuenta, estaban mezclándose con una multitud en medio de la entrada de la mansión Weasley.
—¿No has perdido la práctica, eh? —le dijo Harry, Remus, que fingía no haberlos visto, se mantenía a su lado protegiéndolos.
—Sepárense, Ron no puede verlos —masculló. Harry asintió y le guiñó un ojo a Sirius, tenía que encontrar a Ginny.
—¿No me vas a presentar a alguna dama disponible para este héroe? —escuchó Harry balbucear a Sirius mientras se escabullía por entre la gente.
Al otro de la mansión, Ginny hacía su aparición junto con Hermione, pero ambos estaban demasiados separados uno del otro para poder encontrarse.
…
Tom cubrió sus manos con aquellos elegantes guantes de cuero. Sus manos se habían marchitado y temía por su rostro. Sintió la esfera tibia escondida en el bolsillo de su chaqueta. Estaba aterrado, no le quedaba tiempo, necesitaba utilizarla para lograr su cometido. Quería que la gitana fuera suya, pero, si no lo lograba, entonces debería acabar con todo el legado Weasley si quería continuar con vida.
Se cruzó delante de unos guardias armados que lo apuntaron con sus armas al momento de descubrirlo, sabían quién era, así que por sus radios llamaron a todas las patrullas para arrestarlo. Sin embargo Tom rió, y con aprehensión notó que al mover su mano y dejar inconsciente a todos los guardias, la esfera se ponía cada vez más fría. Debería haberlos asesinado, pero no podía arriesgar más. Tenía poco tiempo antes que despertaran y lo delataran.
Con elegancia súbita se desplazo cual caballero entre los invitados. Muchas mujeres lo miraron con interés. Saludó a un par de personas con desplante y comenzó a caminar por el gran salón de la mansión buscando a su blanco pelirrojo.
Y la encontró.
…
Cuando Hermione dejó a Ginny en medio el salón y la presentó a algunas Damas de alta sociedad, se sintió como pez fuera del agua. Tomó manos de gente que en su vida habría querido conocer y a un par de ministros que abogaban por la eliminación de las etnias callejeras. Se recordó a sí misma decirle a Ron que sacaran a ese sujeto del congreso.
Caminó por entre la multitud, la música era elegante con tonos de jazz y algo de música clásica. En la comida abundaban los colores y tamaños más extraños. Probó una copa de licor y lo dejó de inmediato sobre una mesita mientras escupía lo que tenía en la boca en una indefensa planta de interior.
—¿Esto es lo que toman los ricos? —se preguntó— ¿dónde hay cerveza?
Cada paso que daba la hacía sentir observada. Su espalda tenía un escote recatado, no llegaba hasta abajo pero la hacía sentir desnuda de todas maneras, mientras que por delante una sutil forma de corazón cubría sus senos. Cruzaba los brazos para que no la miraran, pero parecía incrementar aún más la atención de los hombres asistentes.
—¿Duquesa Weasley? —la llamó un caballero de barba blanca y cabello platinado muy bien peinado. A su lado un joven muy bien parecido y con la misma nariz del hombre se acercó a saludarla.
—No aún…—masculló. El hombre estiró la mano para tomar la suya y se vio obligada a descruzar los brazos. Dejó uno arriba para tapar el escote, pero el más joven la miró aún con más interés.
—Sin duda que eres una Weasley —dijo el joven con amabilidad, ella sonrió incómoda—. Colin Creevey —se presentó—. Éste es mi padre, Marcus. Te pareces mucho a tu hermano, ¿qué se siente haberlo encontrado?
—Eh… ¡genial! —dijo con los dientes apretados. Miró hacia todos lados esperando encontrar a quién estaba buscando, pero no tuvo suerte—. Me disculpan… fue un placer conocerlos.
Con rapidez se alejó de aquel muchacho. Sintió sus ojos en la espalda, quería escapar de ahí.
Camino esquivando meseros y personas que se acercaban a ella con intención de saludar. Mantenía aquella expresión de tensión en su cuerpo con los brazos cruzados y los hombros levantados para no ser vista, pero ella era el centro de atención de todos modos.
—Maldita Hermione… ¿cómo se le ocurre dejarme sola?
Como si sus pensamientos hubiesen sido escuchados, repentinamente se encontró sola en medio del jardín. Aquellas viejas mansiones tenían pequeños laberintos concéntricos como adornos. Siempre en el medio de éstos se encontraba una mesa para barbacoas o pérgolas de baile. Dudó si meterse ahí o no. Si Harry estaba en la fiesta —aunque no lo había visto—, ¿cómo la hallaría?
Entonces lo escuchó.
—¡Déjame, suéltame! ¡Auxilio!
—¡Hermione! —gritó. No sabía de dónde venía el grito, pero era doloroso y estrangulador—. ¡Hermione, por Dios, dónde estás!
—¡GINNY! ¡AGHHH!
Miró hacia atrás dispuesta a buscar ayuda, pero repentinamente la mansión se veía mucho más alejada de lo normal y el jardín más oscuro. Parpadeó un par de veces, buscó en el cinto de su vestido el teléfono que Ron le había pasado, pero recordó entonces que no andaba con él por comodidad. Lo gritos de Hermione se hicieron más intensos, no había ni un solo guardia cerca. Comenzó a sudar frío, estaba aterrada.
—¡AYUDAAAA!
—¡Hermione, ya voy!
Juntando coraje, recogió del suelo varias piedras, las más filosas que encontró. Si tenía que defenderse al menos podía confiar en su fuerza bruta, esa de la que tanto se burlaba Harry. Tembló, Harry, ¿dónde estaba?
Mirando hacia atrás y con lágrimas en los ojos se metió al laberinto. Los gritos se hicieron más intensos y el camino más oscuro. Eso no estaba bien.
Lentamente comenzó a bajar la velocidad.
—Algo raro está sucediendo aquí…—susurró.
—¡Dios mío detente, por favor! —exclamó Hermione, y el coraje de Ginny se volvió a encender.
Avanzó con mayor rapidez, algunas piedras se cayeron en el camino pero no le importó. Los gritos eran cada vez más espeluznantes, hasta que repentinamente llegó a un claro iluminado apenas por la luna que se escondía tras las nubes.
Las piedras cayeron a sus pies.
—Pero aquí no hay nadie…—susurró asustada.
—Claro que hay alguien, preciosa.
La muchacha dio un salto aterrada cuando tras de ella se encontró con una alta figura ataviada en un traje negro. Su corazón palpitó con fuerza y su cuerpo sudó frío. Frente a ella estaba Tom Riddle, pero su rostro se veía diferente, más ajado, y su nariz…
Gritó y se alejó retrocediendo de espaldas, ese sujeto no era un hombre, o al menos no tenía cara de hombre.
—¿Te asusté? —preguntó sonriente, ella no podía hablar—. Sí, tuve que usar un poco de magia para poder atraerte —la observó de pies a cabeza. Se escudo cruzándo sus brazos sobre el escote, Tom sonrió—. Te ves realmente hermosa, te sientan los brazaletes y los vestidos de seda.
—¿Dónde está Hermione? —exigió juntando coraje, pero Tom rió y comenzó a hablar como su amiga. Ginny comenzó a llorar—. ¿Qué eres?, ¿QUÉ QUIERES?
—Me alegra que preguntes —dijo ampliando su sonrisa—. ¿No es obvio?
Ginny sintió que el seto que la rodeaba crujía a su alrededor. Repentinamente unas ramas salieron con fuerza de éste amarrando sus pies y brazos, gritó aterrada, pero entonces otra rama cubrió su boca, asfixiándola un poco. Se elevó en el aire levemente por encima de Tom, que, desde abajo, le sujetó el mentón. Ginny gimió aterrada.
—No quería llegar a este punto, pero tuve muchísimos obstáculos en el camino —fingió lamentarse—, por suerte tu hermano tiene alguna neurona funcional y dejó a esos ladrones en París—. Ginny se quejó, asustada—. Realmente estoy interesado en ti preciosa. Originalmente no eras parte de mi plan, pero cuando te vi me di cuenta de que puedo sacar un mejor provecho si me caso contigo —dijo lascivo observándola descaradamente. Ella se quejó, pero ninguna palabra coherente salía de sus labios. Sus brazos estaban separados en el aire al igual que sus piernas, así que Tom tenía acceso a mirarla completamente—. Sí… definitivamente podría sacar provecho.
Ginny abrió mucho los ojos cuando una nube despejó la luna. El grito quedó opacado bajo la rama que apretaba sus labios. Tom no era el sujeto apuesto que había conocido, era un monstruo. Su piel estaba ajada, su nariz no existía y sus ojos, a pesar de que mantenían el tono azul, tenían la pupila alargada, como si fuera una serpiente.
—Este es el trato —siseo—. Cásate conmigo y perdonaré a tu hermano—. Ginny se movió intentando liberarse sin éxito. No entendía de lo que hablaba, pero sin dudas que no quería que su nuevo hermano sufriera—. ¿No entiendes?, es fácil—le explicó acariciando su rostro, ella intentó mover la cabeza, pero las ramas se lo impidieron—. Tu padre debió haberme heredado a mí el Ducado ya que prácticamente me adoptó, pero se casó con la perra de tu madre y tuvieron muchos bastarditos que ocuparon mi lugar —se burló con odio—. Por suerte pude deshacerme de ellos, aunque tú hermano sobrevivió, y por supuesto, tú, preciosa, lo que no es lamentable —dijo bajando sus manos blancas y cenizas por el cuello hasta el busto, ella intentó moverse, pero no podía, gimió aterrada—. Por suerte tu hermano no puede tener descendencia —susurró mirándole los pechos, Ginny se quejó asqueada, ni en sus más peligrosas hazañas en la calle le había sucedido algo como aquello—, así que todo el peso de la descendencia para mantener el apellido de tu familia recae en ti…—Los ojos de Ginny se llenaron de lágrimas. No sabía si creerle o no a aquella cosa, si su hermano no podía tener hijos, la esperanza estaba en ella. Las lágrimas se deslizaron por sus ojos hasta resguardarse en las ramas que dañaban sus labios. Tom le besó el cuello con aquella boca áspera, ella volvió a quejarse, se sacudió pero no sucedió nada nuevamente—. Tienes dos opciones, preciosa —agregó oliendo su cuello—, cásate conmigo y conviérteme en duque, o, tú y tu hermano perecerán bajo mí poder… —rió y se alejó alzando una ceja lampiña—, y ya sabes a qué poder me refiero.
—Me encantaría ver si te atreves a intentarlo—dijo una voz tras él. Ginny intentó asomar su cabeza por encima de la figura de Tom, la luna apenas iluminaba, pero por la voz supo quién era. Agotado y desprolijo, Harry se encontraba de pie en medio del claro—. ¡Suéltala imbécil!
Tom pareció repentinamente sorprendido, pero entonces sus labios se expandieron y fue el turno de Harry de aterrarse cuando las mismas ramas del seto volaron hasta él. Por suerte durante su vida de ladrón supo escapar de muchas balas y de objetos punzantes voladores, por lo que no le costó esquivar las ramas que chocaron con la pared opuesta del seto tras él.
Tom cayó con una rodilla al suelo, como si de repente se hubiera agotado. Las ramas que sujetaban a Ginny se aflojaron y ella logró quitárselas de encima. Su vestido se rajó en algunas zonas, pero no le importó.
—¡Harry, cuidado!
Tom había levantado la mano derecha, Ginny notó que con la izquierda palpaba algo brillante que guardaba en su pecho. Las ramas se transformaron en un caballo gigante, la gitana corrió hacia Tom y se lanzó a su espalda para evitar que terminara de hechizar al animal, pero éste la empujó, cayéndose hacia atrás.
—¡Ginny!
—¡Maldito entrometido! ¡Debí haberte matado el mismo día que asesiné a tus padres!
Como si aquello hubiese sido el gatillante que Harry necesitaba, se lanzó contra Tom liberando la rabia acumulada todos esos años al no saber el verdadero deceso de sus padres, pero el caballo se interpuso, empujándolo contra una de las paredes del seto.
—Has hecho tu elección —le dijo Tom a Ginny mirándola desde arriba. Extendió su mano abierta encima del cuerpo magullado de la gitana y el suelo comenzó a fracturarse.
—¡Eres un Voldemort! —exclamó aterrada cuando el suelo se abrió a sus pies, Riddle pareció impresionado ante el descubrimiento de la muchacha.
—Preciosa y lista— susurró— Habríamos hecho una buena pareja.
Ginny se levantó a duras penas, si la leyenda era cierta entonces Riddle tenía un punto débil, la piedra del gitano, la fuente de su poder, tenía que destruirla. Entonces recordó el destello brillante bajo la chaqueta de su captor. ¡La estaba cuidando! Pero primero tenía que salir de ahí.
Harry gritó, se escabulló bajo las patas del caballo mientras Ginny intentaba salir airosa del suelo que se caía a pedazos dejando ver de manera inverosímil un río de lava que no debería existir. Gritó.
—¡Ginny!, ¡aguanta!
La muchacha se agarró a una de las ramas que se unían al caballo y logró ponerse de pie y mantener el equilibrio, Tom la miró con el brillo intenso de sus ojos. Inclinó la cabeza, divertido.
—¿Te gusta el baile, no? —se burló—. Veamos qué tan buena eres.
Del suelo comenzaron a elevarse pedazos de piedra que desestabilizaron el equilibrio de Ginny y se vio obligada a girar y hacer piruetas para no caer a ese vacío infernal. Tenía que enfocarse, tenía que llegar al amuleto de poder de Tom.
Harry por su parte logró agarrarse del pecho del caballo. Algunas ramas le cortaron los brazos mientras que las heridas curadas del secuestro volvían a abrirse. Se quejó de dolor cuando la costilla fracturada pincho su pecho, podía sentir la humedad de la sangre empapar levemente su abdomen. Pero no iba a dejar a Ginny sola. La había buscado por toda la fiesta, sabía que la muchacha odiaba esos eventos, odiaba la ostentosidad, sabía que no quería ser duquesa, así que la buscó en el único lugar dónde podía encontrarla si quería estar sola, solo que no imaginó que se enfrentaría a un lunático sacado de una película de terror.
—¡Ginny aguanta! —gritó cuando la escuchó gritar.
—¡Decide preciosa, elígeme, o despídete de tu héroe! —gritó Riddle jadeando, ayudado de una rama que lo alzaba en el aire sujetándolo por la muñeca. Con la mano libre movió las ramas del caballo ordenándoles a sus patas que lo pisotearan mientras estuviese en el suelo.
Harry gritó de dolor, Ginny apenas podía mantener el equilibrio en las piedras que aún se sostenían en el suelo.
—¡HARRY!
Mientras Riddle se mantenía interesado en Harry, Ginny podía ver cómo le costaba mantener su energía al límite.
—No puede ocupar todo el poder de la fuente, ¡o muere!… —comprendió.
Harry seguía quejándose, aunque estaba logrando salir airoso esquivando con cierta dificultad las patas del caballo, hasta que consiguió treparse desde el estómago a su lomo. Ginny observó a su alrededor un poco más aliviada al ver que Harry tomaba el control de la situación, no sin antes preocuparse de su pecho ensangrentado.
Bajo sus pies algo estalló y se dio cuenta que las ramas que se habían deslizado desde el suelo se habían comenzado a quemar con la —no menos—, extraña lava que surgió de la nada, provocando que el seto se incendiara poco a poco.
—¡Harry, las ramas! —gritó.
Harry giró la cabeza luchando sobre el lomo del caballo que, bajo las órdenes de Riddle, intentaba echarlo abajo. Siguiendo la indicación de Ginny se dio cuenta que las ramas poco a poco se iban incendiando y que ella se encontraba en la situación más extraña que podría haber sucedido al interior de una casa, ¿de dónde había salido la lava?
Sus ojos verdes se toparon con los, ahora, rojos de Riddle. El tipo estaba demacrado, viejo, su piel ceniza no toleraba más la presión. Harry se dio cuenta que no soportaría por más tiempo mientras que el caballo ya había descubierto el fuego y estaba luchando por liberarse de las ramas incendiadas. Saltó del lomo cuando el animal se paró en dos patas, y rodó por el suelo lanzando todos los improperios que involucraban hasta a la reina, debido al dolor en sus huesos.
Ginny usando todas sus aptitudes de bailarina logró estirar sus piernas y balancearse con las ramas hasta saltar el pozo de lava. El caballo había comenzado a relinchar de forma siniestra cuando el fuego lo alcanzó, Riddle gritó.
—¡No! ¡Mierda!
Ginny miró a Harry, que estaba a pocos metros de ella con Riddle al medio. Sus ojos se encontraron. La muchacha tenía brazos y mejillas magulladas por culpa de las ramas, pero nada se comparaba con verla sana y salva.
—¡Harry! —lo llamó— ¡Está en su chaqueta!
Harry no entendió, pero ciertamente Riddle sí, porque se levantó del suelo sacando del bolsillo de su chaqueta una esfera brillante de color verde. La sujetaba en su mano izquierda como si su vida dependiera de ello. Para cuando esa idea cruzó su mente, comprendió la veracidad de aquel pensamiento.
—¡Hay que destruirlo! —entendió. Ginny asintió.
—¡Es su fuente de poder! ¡No puede usarlo todo o va a morir!
Riddle pareció asombrado de que ella supiera esa información. Al parecer era algo que solamente él sabía y no esperaba ser descubierto.
Sin embargo el monstruo levantó sus garras y se concentró en las ramas incendiadas. A pesar que el caballo no seguía existiendo producto del fuego, podía jugar con él en su beneficio. Ginny se tambaleó, el suelo se partió en dos, descubriendo una amplia grieta de varios metros de profundidad con un río de lava ardiente que la separaba de Harry. El laberinto había comenzado a incendiarse encerrándolos en el centro. El caballo surgió entre las ramas como un animal hecho de llamas azules y rojas. Harry gateó de espaldas para no caer al hoyo.
—¿Qué mierda es esto?
—¡Harry! —exclamó Ginny cuando el caballo de fuego la acorraló. Sin embargo él se encontraba sólo con Riddle al otro lado de la grieta. El monstruo con smoking lo observaba de pie, mientras él, adolorido, cubría las costillas con su brazo.
—Eres mi piedra en el zapato, Potter —masculló—. Debiste morir en París.
—Si fueras inteligente no habrías trabajado con esos idiotas —dijo poniéndose de pie lentamente, mirando de soslayo la esfera que sostenía en la mano.
Riddle rió.
—No te creas tan inteligente, no puedes conmigo —murmuró—. Olvídate de ella.
Harry achicó los ojos.
—¿Por qué crees que alguien como ella elegiría a alguien como tú? —preguntó con acides encorvando su torso hacia delante para poder respirar, Riddle frunció los labios mostrando unos dientes filosos. La espina de Harry se erizó.
—No tiene que elegirme —dijo, Ginny gritó cuando rodó por el suelo esquivando las patas del caballo—. Pero si no quiere verte muerto, no le queda opción.
Con la mano libre Riddle hizo temblar la tierra, su expresión de agotamiento lo delató, Harry apenas podía mantenerse en pie. No tenía magia ni super poderes para enfrentarlo. Sin embargo la idea de que se sintiera atraído hacia Ginny como mujer le causó asco, y… le dio una idea.
—¿Qué podrías ofrecerle si te quedas con ella? —preguntó para distraerlo mientras sus ojos buscaban el ángulo correcto para asestar el golpe, Riddle movió los dedos, el borde del desfiladero botó piedritas al fondo del precipicio donde la lava ardía.
—El mundo —sonrió diabólicamente—. Si se queda conmigo será la dueña de todo lo que desee.
—¡HARRY! —gritó Ginny con el vestido chamuscado. Sus ojos se desviaron un instante hacia la muchacha. Se veía exhausta, estaba en el suelo, herida, apenas podía sostenerse con los brazos. El caballo estaba a punto de asestar un golpe que la enviaría al fondo del pozo.
—Está bien —dijo Harry con tono derrotado. Los gritos de Ginny le helaron la espalda, pero tenía que lograr su cometido.
—¿Aceptas tu derrota? —preguntó Riddle triunfante.
Harry sonrió enigmáticamente.
—Solo si recuerdas que, eso que sientes cuando ves a Ginny, es lo que muchas veces nos jode a los hombres.
Riddle no entendió y Harry se entregó al primer Dios que contestara su plegaria. Así, con las pocas fuerzas que le quedaban y habiéndose acercado lo suficiente, utilizó sus piernas para asestarle un golpe en la entrepierna. Era ilógico, estúpido, un intento desesperado para poder salvar su vida y la de Ginny, sin embargo, funcionó. Porque Riddle soltó la esfera que rodó por el suelo, precisamente hacia los pies de Harry.
—No…—gimió Riddle alzando sus manos, estupefacto. Harry sonrió, Ginny gritó, y con un sonoro crujido, la esfera se hizo añicos bajo los pies del ladrón.
Riddle gritó desesperado, el caballo de fuego desapareció deshaciéndose en ramas muertas y secas que volvían a conformar un seto verde. El suelo comenzó a cerrarse y la lava a desaparecer. Harry voló por los aires cayendo sentado cuando la esfera explotó. Sus ojos contemplaron entonces la escena más aterradora y asquerosa que podría haber creído ver: El cuerpo de Riddle comenzó a evaporarse y su cráneo a desintegrarse. Sin embargo, lo más tenebroso ocurrió cuando desde suelo unas sombras siniestras emergieron consumiéndolo mientras gemía y gritaba con horror, dejando solamente los huesos, que, poco a poco se convirtieron en polvo y fueron arrastrados por la brisa nocturna hasta desaparecer por completo.
Harry se mantuvo por un rato sentado en el suelo, respirando con rapidez, agotado y aterrado. La luna volvía a emerger tras una nube, iluminando el claro del laberinto. Miró a su alrededor, no había nada, el seto estaba intacto, el suelo como si lo acabaran de pavimentar, y Ginny…
—¡Ginny! —exclamó. Se levantó con dificultad corriendo hacia ella. Tardó un rato en darse cuenta que las supuestas heridas que había ganado en batalla y las que se habían abierto, ya no existían y estaban cerradas.
La muchacha yacía desmayada en el suelo, su vestido estaba ajado por las ramas, pero no había señales de quemaduras. Harry la volteó y acomodó sobre sus piernas cuando se agachó a su lado. Ella abrió los ojos con lentitud.
—¿Harry? —susurró. Tardó un segundo en reaccionar hasta que su cerebro unió las piezas—. ¡Harry! —exclamó abrazándolo. Él también le devolvió el abrazo, apretándola contra su cuerpo.
—¿Estás bien? —le preguntó separándola y tomándole la cara con ambas manos, ella asintió con lentitud.
—¿Qué sucedió?, ¿Dónde está? —preguntó buscando a Riddle por todos lados.
—Muerto —contestó Harry estremeciéndose—, o eso parecía.
—¿Qué quieres decir?
—Desapareció ante mis ojos —susurró con un escalofrío, y le relató a Ginny lo sucedido.
Para cuando terminó, la gitana miraba con cierta aprehensión el punto exacto donde Riddle se había evaporado. Ella le explicó a duras penas la leyenda del gitano y el poder de la piedra mágica. Ambos se quedaron en silencio por un instante.
—Nadie puede saber lo que ocurrió —murmuró bajito, Harry asintió.
—No pensaba contárselo a nadie, créeme —asintió.
Se miraron nuevamente, Ginny acarició el rostro de su salvador sintiéndose repentinamente pequeña.
—¿Y tus heridas?
—Desaparecieron con Riddle —susurró. Los ojos de ella se llenaron de lágrimas. Desde la mansión se escuchaba música y gente riendo.
—Tengo que volver…—se lamentó, él se levantó y la ayudó a ponerse de pie. La contempló. Aquel vestido rojo, aunque era hermoso, no combinaba con los brazaletes y sus trenzas. Se veía hermosa, pero no tanto como usando usaba aquellos vestidos de diversas telas y colores. No era ella. Harry suspiró. No podían disfrazar a una gitana de dama.
—No lo hagas —dijo tomándola de la muñeca, ella movió la cabeza.
—Siento que se lo debo, es mi hermano…
—Pero tú no perteneces a este mundo…—dijo él acercándose.
—Pero ellos… Hermione, Remus… han hecho tanto por mí que…
—Lo entenderán —dijo con firmeza—. Ven conmigo.
Ella frunció la nariz.
—¿Dónde?
—¡Donde sea! —exclamó. Se pasó una mano por el cabello levemente avergonzado—. Ginny…—susurró tomándole el mentón para verla a los ojos—. Tu hermano me ofreció el dinero de la recompensa por haberte encontrado, pero no lo quise —agregó con rapidez cuando ella abrió los ojos sorprendida—. No lo quise porque me pidió que me alejara de ti, y no lo voy a hacer… nunca.
—¿Por qué?... —susurró ella. Una pregunta que abarcaba muchísimas respuestas, Harry sonrió y le colocó un mechón de cabello tras la oreja.
—Porque lo que siento por ti no se compra —murmuró—. Le dije que no lo quería, me pidió que me alejara de ti. Aunque… Sirius lo aceptó —admitió avergonzado.
Ella sonrió con tristeza.
—No hay futuro para nosotros…
—¡Sí lo hay! —exclamó—. Ese dinero es de tu hermano, por lo tanto es tuyo también. Le pediré a Sirius un par de libras y nos iremos de aquí.
—¡No puedo!
Harry le tomó el rostro, ambos podían sentir el aliento del otro.
—Eres una gitana, intenta vivir un mes dentro de esta casa sin poder ser tú misma —le recordó—. Eres una gitana, una trotamundos, el mundo es tuyo, tienes la libertad de hacer lo que quieras, y yo quiero compartirlo contigo… ¡Tú hermano lo entenderá!... o, al menos, para eso tiene a su mujer y a Remus.
—No puedo dejarlos, Harry…
—¡Sí puedes! No los vas a abandonar, regresarás, sólo que no cumplirás la condena de ser una Duquesa solo porque tu hermano desea liberarse del título.
Ginny cerró los ojos.
—No pueden tener hijos…—susurró. Harry parpadeó varias veces.
—Eso no es culpa tuya…—intentó convencerla—. Ginny, si te quedas aquí nunca más podré verte, tu hermano no dejará que me acerque a ti…
Los ojos de ella se llenaron de lágrimas, dibujando una sonrisa triste.
—¿Al menos puedo explicarles por qué me fui?
Harry sonrió triunfante.
—Y promételes que regresarás, solo que… no tan pronto.
Ginny se secó las lágrimas, Harry la ayudó con sus pulgares.
—Siempre he querido ir a Praga…—murmuró. Harry amplió su sonrisa.
—Dónde sea que quieras ir… iré contigo.
Y la besó sellando una antigua promesa que sólo el universo sabe que es para siempre.
…
Ron buscó entre la multitud, alterado. No estaba, no podía encontrarla. Los guardias apostados en las puertas que habían sido noqueados habían cobrado la consciencia sin recordar absolutamente nada.
—Ron, por favor…
—¡No pidas que me calme! Estamos en plena fiesta y ella desaparece, ¡por Dios!, ¿qué les diré a los invitados?
Hermione frunció el ceño.
—¿Es lo único que te importa?, ¿lo que dirán los invitados?
Ron la miró de reojo justo cuando Remus entraba al despacho seguido por un compungido Sirius.
—¿Qué hace él aquí? Creí que te había dejado claro que tenías prohibido el ingreso a mi casa.
—Siempre es un gusto verte —saludó Sirius irónico.
—Los invitados dicen que vieron a un sujeto joven de ojos claros escabullirse hacia el jardín, muchas mujeres lo recuerdan… —dijo Remus.
—Riddle —susurraron todos. Ron se pasó una mano por la cabeza.
—Si ese infeliz le hace algo a mi hermana.
—No lo hará —dijo Sirius entonces. Todos lo miraron. El hombre sacó de su chaqueta un papel doblado y se lo entregó al Duque.
—¿Qué es esto? —quiso saber.
—Léelo tú mismo —le contestó antes las miradas intrigadas y preocupadas de Remus y Hermione.
Ron dobló el papel, Hermione se situó tras su espalda junto con Remus para leer con él. A medida que avanzaban, las expresiones cambiaban drásticamente de terror a alivio, y de alivio a espanto.
—Riddle… ¿muerto? —susurró Remus. Sin embargo Hermione tenía los ojos brillantes.
—Se fugaron…—dijo emocionada—. ¡Qué romántico!
—¡NO! ¡NO ES ROMÁNTICO! Remus, llama a los guardias, ¡AHORA! Debemos detenerlos antes de que se vaya con mi hermana, esto no quedará así, irá a parar a manos de la justicia —exclamó Ron alterado, Hermione y Remus lo miraron ceñudos—. Y tú—dijo apuntando a Sirius—. Por ser cómplice irás a la cárcel, ¿para esto usaron mi dinero? ¡Para que el bastardo de tu ahijado se llevara a mi hermana!
—¿Eh! Para tu carro ahí —dijo Sirius enojándose—. Harry es todo lo que a ti te gustaría ser, menos un bastardo —gruño—. Cometimos delitos, sí, pero ama a tu hermana más que a cualquier otra persona que yo haya conocido. ¡Déjalos vivir una vida lejos de esta mierda! ¡Ginny es una gitana, y como bien dice la carta, este mundo no es para ella! ¡Y Harry la hará muy feliz! ¡Si quieren recorrer el mundo, que lo hagan! ¡Dice que volverá! ¿Por qué no la quieres dejar libre?, ¡Alguien que ama deja ir!
Ron apretó los puños y su cara se puso roja.
—¿Ron? —preguntó Hermione.
—¿Quieres saber por qué? ¡Porque ella es mi salvación! —dijo Ron con los ojos brillantes— ¡El apellido Weasley se perderá en el ducado si no tengo descendientes, y Ginevra es la única que puede salvarlo! ¡Si ella se hace Duquesa, yo y Hermione podremos adoptar un niño!
Sirius, Remus y Hermione se quedaron en silencio. La mujer se llevó las manos a la boca mientras que Remus lo contemplaba con cierta desaprobación.
—No puedes hablar en serio… —le dijo enfadado.
—¿Ron?... —lloró Hermione.
Ron se pasó las manos por la cabeza. Lágrimas empezaron a empapar su rostro.
—La aparición de Ginevra solucionaría nuestro problema —sollozó—. Con ella a la cabeza del Ducado yo podría renunciar, nos iríamos a vivir a la casa en las afueras que perteneció a mi padre y adoptar a un niño que no fuera menospreciado por la corona.
Hermone se acercó,, al igual que él, con lágrimas en los ojos y le tocó el hombro.
—¿Todo esto es por el título de tu padre? —sollozó— Ron, no voy a forzar a Ginny a ser una Duquesa, a alejarla de su libertad si con eso podemos adoptar un niño. Condenar una cosa por otra no tiene sentido ni es justo —gimió.
—Pero…
—Pero nada —dijo ella hipando—. Quiero ser madre, pero no así…Tú padre estaría orgulloso de ti por ser quien eres, siempre lo va a estar. Al otro lado él no necesita que recuerden su nombre, basta con que sus hijos lo hagan…—respiró profundamente y le tomó el rostro con ambas manos—. Yo no quiero ser una Duquesa, si lo soy es por ti… y si de adoptar se trata… prefiero criar a mis hijos en un lugar apartado de este mundo a que sean parte de él, porque sólo te ha envenenado…
Ron la miró sorprendido y sorbió su nariz.
—¿No te gusta esta vida?
Ella suspiró.
—Te quiero a ti, no importa a vida que llevemos, pero si me das a elegir…—volvió a suspirar—… Me encantaría ser libre como Ginny. Por lo mismo, déjala ir. Te dijo que volverá, y nosotros, hagamos una nueva vida.
Remus y Sirius se miraron, el primero le susurró algo al otro y se vieron de acuerdo.
—Nosotros… vamos a despedir a los invitados.
—¡Espera Black! —Los detuvo Ron. Miró al papel arrugado en sus manos. Su mueca se transformó una de completo dolor—. ¿Me prometes que tu ahijado la protegerá?
Sirius sonrió fraternal, Remus lo imitó.
—Te lo juro —dijo haciendo un gesto en su pecho con los dedos—. Habremos sido ladrones, pero si hay algo que Harry tiene es un buen corazón.
Ron no pareció muy conforme, sin embargo Remus logró convencerlo con sus últimas palabras antes de salir del despacho.
—Conocí a sus padres Ron, y te puedo decir que personas más nobles no conocí en mi vida. Si tengo que confiarle Ginny a alguien, sería a su hijo.
Ron movió la cabeza, Remus y Sirius salieron del despacho. La Duquesa y el Duque, se miraron.
—¿Qué has decidido? —preguntó ella, abatida.
—Confiar…—dijo con los labios apretados mirando la carta en sus manos. Luego sonrió con cierta diversión y ternura—. Entonces… ¿Adoptamos?
…
Lejos de ahí, a varios kilómetros de Londres, dentro de la cabina de un tren, dos jóvenes se besaban con desesperación. La mujer del carrito de bocadillos los miraba con cierto reproche a través de la ventanilla. La muchacha llevaba un vestido rojo que a primera vista lucía elegante, y él, una camisa sin corbata y pantalón negro. Sonrió cómplice y algo divertida. Probablemente esos dos venían saliendo de alguna fiesta donde las copas habían superado el nivel apropiado y habían decidido arrancar, sin embargo, se escuchaban absolutamente conscientes.
—Estamos llegando a Newcastlle —anunció dando golpes en la puerta, el joven se separó de la muchacha y sonrió agitado.
—Gracias —dijo. Ella se alejó mientras la muchacha a su lado se acomodaba el vestido.
—¿Newcastlle? —preguntó ella alzando una ceja, sus trenzas se habían desarmado bajo la melena rojiza. Él asintió señalando el bolsillo de su chaqueta colgada en a puerta como una precaria cortina—. ¿Recuerdas el pasaje que compré en Londres? —, ella asintió—. Son de Ferry. Esa era la sorpresa.
Ella se sobresaltó.
—¿Dónde iremos? —preguntó entusiasmada.
—Creo que Amterdam te gustará, cruzaremos todo el Este hasta Praga… y después, veremos a dónde nos lleve el destino…Para eso tenemos la tarjeta de Sirius —rió. Ella se mordió el labio inferior.
—¿Cuánto falta para llegar?
Él miró por la ventana.
—Unos veinte minutos…—calculó. Sintió que las manos de ella lo abrazaban por la espalda y alzando su pierna se impulsaba para sentarse a horcajadas encima de él.
—Entonces, queda tiempo…—susurró deslizando sus manos por la camisa a medio abrir. Él sonrió lascivo.
—Mucho… —respondió él deslizando su nariz por el cuello.
El tren se alejó, la mujer del carrito sonrió pícara y bloqueó la puerta magnética que separaba un vagón de otro. Esos dos necesitaban privacidad.
FIN
NOTAS:
Sí, es el final. Como les dije me basé en la historia de Anastasia (la película), así que no hay mucho más que contar.
Traté de hacerlo lo más "lógico" posible de acuerdo a lo que podía ser lógico en un mundo sin magia.
Cuando Ginny dice "Es UN Voldemort", es porque quise darle una vuelta a la historia en el sentido que la palabra "Voldemort" es un algo. Una criatura siniestra que se crea cuando alguien vende su alma.
Traté de mantener el cánon del Voldemort original, ojalá algo de reminiscencia de los libros de Harry Potter haya quedado impregnada en esta historia.
Intenté no utilizar ningún personaje inventado. Todos son sacados de los libros, no hay ningún OC mío. Incluso Bastien, el policía, según la enciclopedia Pottérica dice que es un alumno francés de Hogwarts.
En fin… espero no haberlos decepcionado con el final. Recuerden que es una Adaptación de Anastasia y la historia era bien precisa, aunque yo le metí harto de mi cosecha.
En el epílogo se resolverán dudas y los "qué ha pasado".
Gracias por su fidelidad y por haberme apoyado hasta el final quienes me leyeron.
Kate.-
