Scare Me

Damon avanzaba con la humana inconsciente en brazos, sorteando los cuerpos de los vampiros que iban eliminando, que cada vez eran más. Enzo se acercó hasta él.

—¿Qué mierda haces?

—Intentar salvarla. La llevo a casa —musitó Damon sin querer dar más explicaciones.

—¿Desde cuándo has pasado de comerte a los humanos a… salvarlos? —le interrogó Enzo.

—Desde que volví del Otro Lado —espetó Damon algo violento, pero suavizó el tono y miró a su amigo—. Gracias por venir a ayudarnos, tío.

Su amigo simplemente le dio una palmada en la espalda y fue a buscar a Caroline. Damon comenzó a alejarse de allí, bajo la atenta mirada de Elena. No era idiota, desde que había bebido de la muñeca de la humana era consciente de que Elena no le quitaba los ojos de encima. ¿Estaba celosa? Bueno, ella era quien había decidido olvidarse de él porque sacaba lo peor de sí misma. Un movimiento de la humana le hizo volver a la realidad. La miró y vio que seguía inconsciente, y que su pierna seguía balanceándose sin control, completamente partida. Debía llevarla a casa y curarla. Enseguida. Salió corriendo a velocidad vampírica y en un par de minutos estaba en la puerta de la casa que compartía con Stefan, una casa a las afueras de Mystic Falls que pertenecía a Alaric, pero que les había prestado dado que no podían ir al centro del pueblo y a que él ahora vivía con su nueva novia.

Damon empujó la puerta de su habitación con la espalda y colocó con cuidado a Violet sobre su cama. La chica estaba muy blanca, incluso más que de normal, y tenía la frente cubierta de sudor, sin embargo tenía el cuerpo helado. Era evidente que tenía mucha fiebre, además de que había perdido mucha sangre por la muñeca, que todavía tenía varias incisiones abiertas. Se mordió la muñeca y la puso sobre la boca medio abierta de la chica, esperando que bebiera. Al instante la pierna adquirió la postura natural y la muñeca de Violet comenzó a cerrarse. Sin embargo cuando se curó del todo no se movió ni se despertó, y Damon comenzó a preocuparse sin saber por qué.

—Violet. ¡Violet! —la llamó, pero ella no reaccionó. Así que Damon agudizó su oído y se dio cuenta de que estaba durmiendo.

Fue a la cocina, humedeció un trapo y volvió a la habitación. Tomó la muñeca de la chica y limpió la sangre a conciencia. Sonrió de medio lado al ver la pulsera con el colgante de una paloma, allí debía estar la verbena, la maldita chica del pelo rojo era más lista de lo que parecía. Y una descarada, eso también, por cómo le había insultado cuando él le había amenazado. Bien, esperaría hasta que se despertara. Y pasaron casi tres horas hasta que eso ocurrió.

Aturdida Violet abrió los ojos y miró a su alrededor, intentando averiguar dónde estaba. Al instante vio que tenía a su vampiro sentado al lado, en la cama.

—Ya tardabas, sunshine –dijo tranquilamente Damon a modo de saludo antes de darle un trago al vaso de whisky que llevaba en la mano.

Violet se incorporó sobresaltada, no sabía quién le había atacado, y por cómo le había amenazado bien podía haber sido él. Sin embargo, aunque eso debería de haberla preocupado sobremanera, sentía una fuerte energía en cada músculo de su cuerpo, que le impedía preocuparse por ello todo lo que debería, de hecho estaba algo eufórica. Se levantó de la cama con rapidez y empezó a andar por la habitación.

—¿Dónde estoy? —preguntó frenética.

—En mi casa —contestó Damon sosegado, sabedor de la adrenalina de que era presa Violet a causa de ingerir su sangre.

—¿Qué ha pasado? ¿Me atacaste tú? ¿Por qué me has traído aquí? ¿Qué pret...? —comenzó a interrogarle ella, mirándole con desconfianza, hasta que él le cortó.

—Relájate, encanto. La pregunta es: ¿Cómo sabías lo que soy y por qué fingiste que no? —contraatacó Damon levantándose y andando hacia ella.

Mierda, debía evitar su mirada. Seguramente le habría quitado la pulsera para hipnotizarla y… Violet se paró en seco al ver que todavía seguía llevando su pulsera con verbena en la muñeca. Lo que quería decir… que su vampiro no tenía malas intenciones. Además descubrió que ya no tenía heridas en la muñeca ni en el cuello. Entonces, ¿se suponía que no la había atacado él?

—No. La pregunta es, ¿por qué no me has quitado la verbena de encima después de atacarme por la espalda? ¿Tengo que creer que ahora tienes buenas intenciones, vampiro? —lo probó desconfiada.

Sunshine, yo nunca tengo buenas intenciones —rió cínico—. Habla.

—¿Por qué iba a decirle nada a quien ha intentado matarme? —dijo Vi fingiendo más valentía de la que sentía.

—Si yo hubiera querido matarte, ahora mismo estarías muerta, guapa. ¿O se te ha olvidado que también tuve oportunidad la primera vez que te mordí? Fue uno de los vampiros que me estaban atacando. Cuando amablemente me tendiste tu vena —ironizó—, debió llegarle el olor de tu deliciosa sangre. Por si no lo recuerdas le partí el cuello cuando te atacó, y te traje hasta aquí para devolverte el favor y curarte.

Violet recordó el crujido que escuchó… ¿había sido el cuello del vampiro partiéndose? Dios… El teléfono móvil de Violet vibró, y a pesar de la rigidez del vampiro, Vi lo sacó de su bolsillo y leyó un mensaje de su prima Valerie preguntándole dónde estaba, y recordándole que había una fiesta esa noche en el campus. ¿Esa noche? Ya era media noche… ¡Se había pasado tres horas inconsciente a merced del vampiro! Y aun así el único cambio que había sufrido había sido encontrar su muñeca intacta, su pierna en perfectas condiciones y su pulsera aún llena de verbena. Estaba claro que ese vampiro no era una amenaza.

—Te lo agradezco. Gracias por salvarme la vida. De verdad —musitó Violet mirando al vampiro y apoyando su mano en el brazo de él por un segundo, hasta que se dio cuenta de lo que estaba haciendo y dio un paso hacia la puerta de salida.

¿Esa chica le… le estaba acariciando el brazo? ¿Estaba loca o qué? ¿Acaso no le tenía miedo? Damon se quedó estático, sorprendido como nunca. De normal huían de él, porque él se encargaba de ello. Pero aquella chica parecía no darse cuenta del peligro que él podía ser, o tal vez no le importaba.

Violet se sentía muy orgullosa de que su familia no tuviera razón y que no todos los vampiros estuvieran únicamente preocupados por matar y por ello merecieran la extinción. Sin embargo a pesar de todo no estaba preparada para estar ahí, aguantando ante la presencia de ese vampiro que le había salvado la vida y sabiendo que si su familia pudiera lo mataría, y sin poder decirle a él por qué sabía qué era, precisamente por eso, porque ante todo era su familia y no quería que él, ni ningún otro vampiro, les hiciera daño. Así que lo mejor sería irse a la fiesta. Rodeada de gente sería más sencillo que el vampiro no la siguiera, o al menos que no pudiera sacarle respuestas.

—Llevan… llevan esperándome unas horas y están preocupados por mí. Si no voy ya sabrán que ha pasado algo raro —musitó andando hacia la puerta de salida y Damon apareció junto a la puerta de la casa, al lado de Violet—. Te prometo que no tengo intención de descubrirte, ni a tus amigos. No diré nada. Pero ahora tengo que irme —le susurró con sinceridad, y Damon no le impidió salir de la casa.

La verdad es que confiaba en aquella chica, su instinto le decía que no era una amenaza. Aunque si finalmente lo fuera actuaría contra ella. Pero en ese momento no pudo más que dejarla ir, de darle ventaja, porque pensaba seguirla de todos modos. Y no la seguiría porque se preocupara de que alguno de los vampiros que Kai le mandaba la volviera a atacar, por supuesto que no, simplemente quería cerciorarse de que… ella no huyera de Mystic Falls o que dijera a todo el mundo que sabía de la existencia de vampiros. Sólo era eso. Por favor, él era Damon Salvatore, todo el mundo sabía que no tenía sentimientos (excepto los que tuvo alguna vez por Elena, y aun así todo el mundo pensaba que él no era lo suficientemente bueno para ella). Así que abrió la puerta de la casa y siguió a Violet a cierta distancia para que ella no pudiera verlo. Todavía necesitaba respuestas, y era un vampiro sin corazón. Fin del asunto.