Hunt Me
Violet subía los escalones de la entrada a la residencia donde era la fiesta. Al salir de la casa donde la tenía el vampiro se había asustado de no saber llegar al campus, pero gracias a Dios la casa estaba a las afueras del pueblo, así que en unos minutos (teniendo en cuenta que seguía yendo con tacones) se presentó ante su residencia. Se paró un segundo y se volteó hacia la carretera. Ya era de noche, el asfalto estaba húmedo y no había apenas gente por la calle, pero al menos estaba en el campus. Además, si no había nadie tampoco habría nadie que le atacara, ¿no? Se dijo a sí misma antes de abrir la puerta de su residencia y entrar.
La luz estaba completamente apagada y todo estaba en silencio. Violet dio un par de pasos dentro, algo nerviosa, y escuchó un ruido a pocos metros. Al mismo tiempo el suelo crujió un poco más allá, y Violet estuvo a punto de salir a la calle, hasta que la luz del salón se encendió de repente.
—¡Feliz Cumpleaños, Vi! —gritaron todos sus amigos, sonrientes, que se habían escondido para darle una sorpresa. Violet respiró hondo y sonrió, de alivio y de alegría. Los conocía desde hacía poco pero ahí estaban todos celebrando su decimonoveno cumpleaños.
Varios de sus compañeros se abalanzaron sobre ella para abrazarla. Y cuando todos los asistentes la habían felicitado personalmente la música empezó a sonar, la fiesta dio comienzo oficialmente y se acercó a ella su prima Valerie.
—¡Felicidades Bee-bee! Tengo una cosa para ti —canturreó Valerie con una sonrisa a la vez que le tendía un chupito.
Violet lo cogió con una sonrisa y lo chocó contra el otro que sostenía su prima. Ambas se lo bebieron de golpe a la voz de ¡Salud! Dejaron los vasos en la mesa de la cocina (que era oficialmente la barra, llena de botellas de alcohol y vasos) y se pusieron a bailar con sus compañeros en el salón.
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Damon llegó hasta la entrada de la casa en la que había entrado la humana. ¿Una fiesta? La atacaba un vampiro, se despertaba en la casa de otro y lo que hacía después era… ¿irse a una fiesta? Definitivamente esa humana sabía de su existencia. Una fiesta de universitarios… por Dios… bueno, debía encontrar a la gatita de pelo rojo. Abrió la puerta de la residencia algo dudoso y nada más hacerlo dos niñatas se voltearon hacia él. Estaban visiblemente borrachas, porque nada más verlo se abalanzaron una sobre la otra y comenzaron a cuchichear a voz en grito sobre lo bueno que estaba y debatiendo si era de Quinto de Medicina o de Cuarto de Biología. Genial, ya tenía pase libre a la fiesta. Les miró fijamente, a la vez que les dedicaba una media sonrisa sensual que parecía prometerles guerra.
—¿Puedo pasar? —les interrumpió Damon con un tono atrayente.
—¡Cla…Claro!
—¡Pasa! ¡Pasa!
Les dedicó una leve sonrisa, ya sin mirarlas y por fin atravesó la puerta de entrada. Había un montón de globos de colores en cada esquina, la música sonaba a todo volumen, la luz estaba muy tenue y había universitarios bebiendo y bailando por todas partes. Damon se iba abriendo paso a través de la gente buscando con la mirada a Violet.
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—¿Quieres otra copa? Yo me voy a poner una —rió su prima Valerie, algo afectada por el alcohol, cogiendo un vaso.
—¡Pero si todavía me queda la mitad de la primera! Voy al baño —le contestó Violet andando hacia las escaleras a la vez que su prima salía de la cocina.
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Salió del cuarto de baño, que estaba en una esquina del piso de arriba, y se maldijo por no haber encendido la luz del pasillo antes. Había tenido tanta prisa por entrar al baño que se le había olvidado, y ahora tenía que atravesar completamente a oscuras dos pasillos y "El Recoveco". Era un hueco entre los dos pasillos, un pequeño rincón, podría ser un coqueto espacio de lectura o el sitio perfecto para poner una estantería, pero en vez de eso, lo utilizaban para meter miedo a las de primero. Sus compañeras de último curso decían que si te quedabas ahí quieta en la oscuridad un monstruo aparecía desde el fondo del pasillo y te arrancaba las entrañas. ¡Ja! Era la menor de todos sus primos, llevaba toda la vida escuchando tonterías como esa, no tenía miedo. Lo que sí es que era mucho espacio que recorrer en la oscuridad y habiendo bebido (aunque no demasiado), estaba segura de que se partiría una pierna. Dio un trago a su copa y comenzó a atravesar el primer pasillo, palpando la pared y dejando que la música le guiara, cuando de repente una figura apareció engullida por las sombras en el fondo del pasillo y se abalanzó sobre ella a gran velocidad.
—Hola de nuevo, encanto —susurró la voz de su vampiro a la vez que la aprisionaba contra la pared y le sostenía los brazos. ¿Iba a atacarla?
—No… no he dicho nada sobre ti —musitó a gran velocidad, asustada. Por una vez estar en El Recoveco la asustaba, porque sí, había un monstruo.
—Lo sé, llevo escuchando todo lo que decías desde que he venido. Oído vampírico —susurró sarcástico de forma que sólo ella pudiera oírlo. Y sonrió entrecerrando los ojos, asustándola, jugando con ella. Parecía un depredador sonriendo a la presa en la que iba a clavar sus mandíbulas.
—En…entonces, ¿por qué estás aquí? —murmuró huyendo de su mirada y pegándose más a la pared. El vampiro ocupaba todo su espacio, hablaba demasiado cerca de su rostro y la miraba como si pudiera atravesarla.
—Porque tú, pequeña humana escurridiza, todavía tienes respuestas que darme.
Al segundo siguiente Damon hizo un movimiento brusco, agarrándole la muñeca, y en una milésima de segundo le quitó la pulsera llena de verbena. Alejó su rostro de ella y la soltó.
—Ahora responde a todas mis preguntas, Violet. ¿Cómo conseguiste esta pulsera? —usó la compulsión para conseguir su información por fin.
—La hice yo misma —contestó con un tono inanimado.
—¿Cómo sabías de la existencia de los vampiros?
—Yo… soy… aficionada a los libros de vampiros. Lo supuse.
Damon se daba cuenta de que la humana intentaba resistirse a la compulsión, ocultaba algo. Era fuerte mentalmente, pero él era un vampiro.
—Violet… Di la verdad. ¿Cómo sabías de nuestra existencia?... ¡¿Cómo sabías de nuestra existencia, Violet?! —al ver que ella daba un ligero respingo se dio cuenta que había sido demasiado brusco y susurró "tranquila" a la vez que le acariciaba un mechón de pelo.
—Mi familia es una de las Familias Fundadoras de Mystic Falls. Les escuché hablar de los vampiros —así que había tratado de protegerles, por eso se negaba a decirle la verdad.
—¿Saben que yo lo soy?
—No.
—¿Le has contado a alguien algo de lo que sabes?
—No.
Damon se enderezó. Bien. Ya sabía lo que necesitaba. Se quedó mirando a la humana. Todavía seguía llevando aquel elegante vestido azul que se adaptaba a su cuerpo. Le miró el rostro… tenía una piel extremadamente blanca, como el marfil, pero eso sólo hacía que pareciera más indefensa ante él. La dejaría ir. Violet tenía la mirada perdida, azul clara, y tenía el pelo rojo oscuro, color sangre, colocado sobre un hombro. No pudo evitarlo. Damon se dio cuenta de que había vuelto a acercarse a ella peligrosamente y se alejó dos pasos acelerado. ¡Joder, que era una humana! ¿Qué se creía que estaba haciendo? Se guardó la pulsera en el bolsillo trasero de su pantalón.
—Bien, Violet. Ahora sí, vas a olvidar todo lo que ha pasado. Vas a olvidarte de la existencia de los vampiros. Vas a olvidarte de mi existencia. Y ahora vuelve a la fiesta —susurró con voz grave.
Violet comenzó a andar hacia el final del pasillo.
—Oh, espera. Esto lo confisco, —musitó Damon cogiendo la copa que llevaba la humana en la mano—, no bebas mucho ricura, hay mucho león suelto en esta fiesta y tú pareces una tierna gacelita indefensa.
Damon se quedó quieto en medio de la oscuridad, viendo cómo la humana avanzaba hasta llegar a las escaleras. Bien, ya podía irse de esa fiesta, y alejarse de la chica de pelo rojo. Se llevó la copa a los labios y dio un trago al alcohol.
—¡Arg! —aulló Damon con la garganta en carne viva, deshaciéndose dolorosamente y haciéndose trozos. Verbena.
Como pudo se giró hacia la escalera y vio cómo la humana salía corriendo. ¿Otra vez había fingido la compulsión? ¿Otra puta vez? Se levantó como pudo y corrió detrás de ella. Bajó a trompicones por las escaleras, esquivando a todos los universitarios que había a su paso. Entró en el salón como un vendaval y se paró en seco cuando la vio al lado de su prima, mirándole a él fijamente con una media sonrisa. Parecía que la inocencia se hubiera esfumado de su rostro. Se acercó hasta ellas con suavidad y Violet le sonrió.
—Todos hemos bebido una copa como la mía, ¿no quieres una tú también? —le preguntó a Damon con retintín, burlándose de él, dándole a entender que todos habían bebido verbena.
Él le sonrió irónico, asesinándole con la mirada.
—Muy lista —le susurró sólo a ella.
—¿Quién es este, Vi? —preguntó su prima comiéndole con los ojos. Bien, aprovecharía la ocasión. Él también tenía ganas de jugar.
—Es…
—Soy Damon. Su cita —musitó sonriendo y tendiéndole la mano a Valerie—. Estudio Fisioterapia, soy especialista en masajes de cuello, ¿verdad, Vi? —comentó a voz en grito sonriendo irónico a Violet.
—¡De haberlo sabido te hubiera invitado! Perdona, no sabía de tu existencia. Yo soy su prima Valerie. ¿Quieres una copa? —le ofreció amable.
—La verdad es que —murmuró Damon, pasándole un brazo por encima a su maldita humana y pegando su cuerpo al de ella—, necesitaría un momento a solas con ella si no te importa. Ya sabes —le guiñó un ojo y soltó una risilla fingiéndose tímido, a la vez que acariciaba el pelo de su víctima.
Violet resuelta y viendo la jugada de Damon se zafó de él rápida y agarró a su prima por la muñeca, que había reído pícara y tenía intención de irse.
—¡No! Cómo eres Damon —rió pegándole "juguetona" en el brazo—. Valerie, no quiero pasar mi cumpleaños sin ti.
—Pero, Vi, ¿cómo vas a dejar solo a tu cita? —por cómo la miraba parecía decirle "¿cómo vas a dejar solo a este maromo?".
—Bien… claro, Damon, tiene razón. Vamos a tomar una copa los tres.
—Y dale…
Las dos se habían encaminado ya hacia la cocina, donde estaba la mesa de bebidas. La prima de Violet abría el camino, y Violet la seguía rápida, así que él las siguió.
—Es que no suelo beber, ¿sabes, Valerie? Bueno —susurró esto al oído de Violet a la vez que le acariciaba el cuello como un gato—, al menos lo que bebo no es alcohol. Y suele estar a 36 grados.
Ella le pegó un manotazo y se arrimó más a su prima, que no se había percatado de nada.
—Bueno, no sé si tenemos alcohol de 36 grados exactos, pero creo que el whisky y el tequila no tienen mucho más. ¿Te animas? —continuó Valerie, preparando dos copas para ella y su prima.
—No. No. Creo que paso.
Por un momento Violet y Damon se miraron fijamente, ella algo asustada, pero divertida; él la miraba como diciendo "voy a desollarte, encanto".
—Voilà! Toma tu whisky-cola, Vi —le tendió su vaso y se giró para seguir con su propia copa.
Ella tomó el vaso y cuando fue a darle un trago trastabilló, sin llegar a caerse al suelo.
—Cuidado —musitó Damon, que se había pegado a la pared de golpe, ¿asustado?
Había estado a punto de tirarle su alcohol con verbena encima. Si ese hombre se alejaba así de su vaso es que aquello dolía como el infierno. Ambos se miraron por un segundo, completamente serios. Él parecía algo avergonzado y volvió a tomar su pose de voy-a-matarte/soy-perfecto-para-tu-prima. Entonces Vi dejó su copa en la mesa.
—Valerie, ¿qué te parece si mejor nos tomamos un par de chupitos?, prefiero no bailar con una bebida en la mano.
