Eat Me

—¡Güidado, Vi! —intentó advertirle su prima.

Damon agarró a Violet justo antes de que un chico lanzara un puñetazo justo al sitio en que ella había estado. La apretó contra él sin apenas darse cuenta y le susurró "¿estás bien?". En cuanto oyó su respuesta afirmativa la dejó con su prima y se dirigió hacia uno de los dos chicos que se peleaban, al que casi golpea a Violet.

—¡Tú! —lo empujó y se lo llevó con él hasta la puerta a empujones. Todos les miraban y Damon le miró fijamente a los ojos y con voz grave le obligó—. Te vas a ir de aquí ahora mismo.

—¡Sí, glaro! Lo gue tú digas. ¡No te jode!

Mierda. No se acordaba que todos habían bebido verbena. La compulsión no iba a servir. Pero, bien, él era un vampiro, no la necesitaba para acojonar a alguien. Se abalanzó sobre el tipo y le agarró por la nuca con fuerza.

—He dicho —susurró paladeando cada palabra y al chico se le borró la sonrisa de la cara—, que te vas de aquí. Ahora.

En cuanto lo soltó salió pitando de la casa. Damon se giró y volvió hasta donde estaba Violet, que miraba la escena con una sonrisa. Todo el mundo le miraba y una de las compañeras de residencia de la humana empezó a echar a todo el mundo.

—¡Wow! El héroe se merece un chupito —le vitoreó Valerie que ya había puesto rumbo a la cocina seguida de su prima. Rellenó tres pequeños vasos.

Violet se giró hacia él, visiblemente afectada por el alcohol, y le habló.

—Sólo tiene tequila.

—Sí, claro, permíteme dudarlo, encanto. Ya me has destrozado la garganta una vez.

Violet se puso seria, parecía arrepentirse —¿por qué narices él se fijaba si ella se arrepentía o no?, se la había jugado —, y al instante se untó un dedo con el chupito y se extendió el líquido sobre los labios.

—¿Qué estás…?—comenzó Damon pero Violet le cortó dándole un beso en la cara, cerca de la comisura del labio pero no lo suficiente. Damon se quedó totalmente quieto, atónito, con la piel intacta.

—¿Ves? Sólo lleva tequila. Esta vez no te miento.

Violet se apartó de él con una sonrisa y cogió su chupito, pero el vampiro fue más rápido.

—No debes beber más. Tu cuerpo no puede digerir más alcohol, encanto.

—Sí que puede.

—No… —humanos…

Valerie apareció de pronto en la cocina —¿en qué momento se había ido?—y comenzó empujarles hacia las escaleras.

—Zodo el mundo se ha ido ya así gue es hora de gue subáis a tttu habitación, Violet. Tranguilos, nosotras no hemos visto naaaada.

Damon un segundo pareció dudar, pero luego recordó para qué estaba ahí.

—Sí… Todavía tengo unas cosas que preguntarte.

—Pues nada, sube a preguntar —rió Valerie.

Violet pronto borró la sonrisa de la cara, en cuanto se dio cuenta de por dónde iban los tiros.

—No… No… Mejor, nos vemos otro día eh. Yo ya… estoy muuuy gansada —fingió subiendo la escalera.

—Vi, recuerda que te tengo que devolver tu pulsera —sonrió el muy hijo de puta.

Mierrrrrda, pensó Violet.

—Te tiene que devolver la pulsera —argumentó Valerie a punto de aplaudir.

Violet bajó de golpe tres escalones y lo cogió por la corbata.

—Ah, sí, me tienes que devolver la pulsera… —rió mirando a su prima a la vez que arrastraba a Damon con ella en un gesto extremadamente sensual.

Desaparecieron escaleras arriba y en cuanto Valerie desapareció de su vista Violet le soltó la corbata y lo agarró por la muñeca, arrastrándolo rudamente mientras daba tumbos, hasta llegar a su habitación. En cuanto cerró la puerta tras ella, soltó a Damon y se giró hacia él, con una mueca seria en el rostro.

—Si le haces algo a mi familia por saber de los vampri…vamppiros, le contaré a todo el mundo lo que sé —intentó amenazarle a la vez que se apoyaba de espaldas en la puerta.

Damon se acercó a ella y la acorraló, acercando su rostro a ella y apoyando sus brazos en la puerta, a ambos lados de la cabeza de Violet, encerrándola.

—¿Qué te hace pensar que no te mataría? Podría hacerlo ahora mismo —ironizó arqueando las cejas con una sonrisa.

—Sé que no lo harías —Violet se deslizó por debajo de los brazos del vampiro y se puso a dar vueltas por la habitación buscando algo.

Damon gruñó y la agarró por la muñeca.

—Vas a decirme la verdad, aunque tengas verbena en el cuerpo. ¿Cómo sabes lo que sabes? Violet, voy a perder la paciencia —intentó amenazarla mientras la veía tambalearse.

Violet tropezó. Damon la sostuvo rápido antes de que cayera contra el suelo.

—¿Podemos hablarlo mañannna? —suplicó la humana apoyándose en él para levantarse.

Era obvio que no estaba en condiciones de tener esa conversación así que, muy bien, esperaría allí hasta la mañana siguiente para que ella estuviera serena y le dijera todo lo que sabía.

—No me tienes ningún miedo, ¿verdad? —musitó Damon, fastidiado.

—No. La verdad esss que te enguentro protector. Dejando a un laddo las amenazas y eso, claro —murmuró moviendo una mano delante de ella. Al momento se le quedó mirando a los ojos y al segundo siguiente clavó la vista en sus labios—. Además, creo gue eres… —susurró acercándose a él lentamente. Continuó mirándolo y llevó su mano hasta la cara del vampiro, acariciándole el rostro— muy guapo.

Acercó su boca a la de él, se puso de puntillas y se acercó aún más. Damon podía sentir el aliento de Violet sobre sus labios y no era capaz de moverse ni un milímetro. Se le erizó la espalda al sentir la calidez húmeda de unos labios atrapando los suyos, muy suavemente. Los labios de Violet se separaron y Damon sintió cómo su lengua acariciaba levemente el interior de una de sus comisuras. Damon nunca había disfrutado tanto del sabor amaderado del whisky como en ese momento, proviniendo de los labios de esa humana. ¡Joder! ¿En qué estaba pensando? ¡Era una humana!

—No sabes lo que haces —le susurró mirándola fijamente por un segundo. La tomó por los brazos con suavidad y la apartó de él. Violet se dio la vuelta con tranquilidad, como si no acabara de besarlo, y se dirigió a su cama, quitándose el vestido.

—Joder… —gruñó Damon en voz baja. Se había dado la vuelta y se quedó mirando a la puerta, agarrando el pomo con fuerza. Le empezó a doler la tirantez de los pantalones y tuvo que apretar los puños. ¿Qué mierda le estaba pasando? Una humana de 19 años, que encima no dejaba de desafiarle. ¿Y sus pantalones se le hacían estrechos por ella? Vale… ella era… ¡Joder!

Se frotó la cara con las manos intentando dejar de pensar gilipolleces. Él estaba ahí para asegurarse de que ella no era un peligro para los vampiros, y si lo era debía drenarla. Punto. Se dio la vuelta y dio dos pasos hacia ella.

—¿Piensas pasar la noche aguí? —murmuró Violet, ya metida en la cama, acurrucada contra un pequeño peluche.

—Estoy aquí porque necesito respuestas y no me iré hasta que me las des —intentó intimidarla—, por las buenas o por las malas.

—Puedo hacerte un hueco en la gama si guieres. ¿Los vampiros duerrmen? —musitó ya con los ojos cerrados.

—Eh… Estoy bien así —agarró una silla cercana a la puerta y se sentó.

Dios… una noche entera esperando a que ella se despertara… En la misma habitación con esa chica. Le estaba volviendo loco, ¿podía confiar en ella? No. Obviamente no, le había engañado dos veces. Pero… ¿debía matarla? No. No la mataría. Bastaría con utilizar la compulsión de una vez por todas o… ¿confiar en ella? Si desde un primer momento lo sabía y no había hecho nada contra ellos, ¿por qué iba a decir algo ahora? A lo mejor podía irse en ese mismo instante.

Sacó su móvil del bolsillo y miró la pantalla.

"Mensaje de Enzo: ¿Has hecho que olvide? ¿Te la has bebido ya? Todavía no ha habido más remesas de vampiros por cortesía de Kai".

Joder, esa chica le había hecho olvidar hasta que sus amigos estaban en peligro por su culpa. Eso tenía que acabar, la despertaría ahora mismo, la interrogaría y se largaría. Volvió a mirar su móvil: "3 llamadas perdidas de Elena".

Damon se levantó y frunció el ceño. Llevaba todo el tiempo que había pasado con esa pequeña humana sin acordarse de Elena. ¿Podría ser…? ¿Podría ser que cuidar a esa chica y perseguirla le hubiera hecho olvidar que él era el despiadado Damon Salvatore? Sabía que Elena le había olvidado porque le quería demasiado para soportar la idea de que hubiera muerto. Pero eso no hacía que le doliera menos. Él hubiera soportado ese dolor por ella, porque consideraba que lo bueno que habían vivido compensaba ese dolor. Pero no, había elegido olvidarle con tal de no sentir un dolor atroz. Y esa chica… esa humana le había ofrecido su sangre, arriesgando su vida para salvar la de un vampiro, que además la había atacado días antes. Joder, desde el mismo momento en que la atacó no pudo dejar de pensar en ella y cuando la vio a punto de ser atacada por aquel vampiro…

—Dame mi bulsera —ronroneó Violet abriendo los ojos de repente.

—¿Qué?

—¡Mi bulsera! No guiero que hagas eso de los ojos —movió la mano delante de sus ojos— mientras duermo. Sé que la verbena se irá de mi cuerpo.

Damon, sorprendido, sacó la pulsera de su pantalón y se acercó hasta la cama. Dudó por un segundo pero… le tomó la mano y ató la pulsera con lentitud, disfrutando de su olor dulce. Violet cerró los ojos y volvió a acurrucarse. Damon creyó que lo mejor sería alejarse de ella, pero entonces Violet le tomó la mano y la acercó a su rostro, al tiempo que cerraba los ojos de nuevo y se acomodaba.