Scar Me

Violet abrió los ojos de cara a la pared. Se estiró y vio la pulsera en su mano. ¿Ese vampiro le había devuelto la verbena? Sí, sabía que no se equivocaba, no era malo, no le iba a hacer daño. Sonrió y se volteó. ¡Ahí estaba, apoyado contra su puerta! Violet se subió la sábana hasta taparse el cuello. ¿Qué narices hacía allí? ¿Qué hacía en su cuarto?

—¡¿Qué haces aquí?!

—Anoche te lo dije, no me iré de aquí sin saber si puedo confiar en ti.

—¿Que anoche…? Oye y cómo sé yo que puedo confiar en ti. Porque hasta donde yo recuerdo tú tenías mi pulsera en tu poder. Has podido obligarme a cualquier cosa hasta que me la devolviste —gruñó Violet enfadada, cruzándose de brazos.

—¡Ja! Podría, pero una pequeña humana llenó la fiesta de verbena, así que no, no pude hacerte nada. Sino no estaría aquí esperando a interrogarte. Aunque bueno… —comenzó a sonreír de medio lado entrecerrando los ojos—, por cómo me besaste apuesto a que no desconfiabas tanto de mí.

—¿Que yo te besé? —musitó algo enfadada, pero era obvio que no le extrañaba haberle besado—. Bien, estoy harta de todo esto. Vete de mi habitación.

Damon sonrió exasperado y caminó hasta ella, por lo que Violet se subió aún más la sábana.

—Te lo diré por última vez —murmuró palabra por palabra—, no voy a irme sin respuestas. No puedo utilizar la compulsión contigo y… no voy a asesinarte, perdería información que podría ser valiosa —debía ser rudo con ella, sino no podría irse, y lo necesitaba o haría alguna locura—, pero lo que sí puedo hacer es convertirte. De esa manera dejarías de ser un problema.

Violet se tensó. ¿Pero ese vampiro no era… bueno? No estaba segura de si sería capaz de hacer lo que decía o no, pero prefería acabar con eso ya. Sabía que los vampiros no eran tan malos como su familia decía, punto final. Eso era todo lo que necesitaba. Pero estaba harta de esa persecución en la que él estaba en condiciones de superioridad y ella no podía hacer más que proteger a su familia. Le contaría la verdad, y después cuidaría de su familia costara lo que costase.

Hizo amago de levantarse pero el vampiro no dejaba de mirarla.

—Está bien, te responderé a todo lo que quieras, pero primero si no te importa me gustaría vestirme… Si no te vas a salir de la habitación, ¿te importaría volverte hacia la pared?

—Perdona que no me fie de ti, angelito —ironizó Damon sonriendo y arqueando las cejas—, pero no.

—Pero… ¡Voy a desnudarme! —gritó escandalizada.

Damon se recostó sobre la pared, sin perderle de vista.

—Un striptease no te salvará de mi interrogatorio, encanto —le clavó sus ojos azules riéndose de ella.

Obviamente no iba a desnudarse delante de un tipo que estaba amenazándola, por mucho que fuera uno de los más atractivos que hubiera visto, que se hubiera pasado toda su fiesta de cumpleaños cuidándola y que la salvara de que un vampiro la matara. ¡Que tenía su orgullo! Resopló y salió de la cama en ropa interior, dirigiéndose hacia su armario.

—Un caballero se hubiera dado la vuelta —gruñó.

—Probablemente —comentó fingiendo despreocupación, pero notó cómo se le quedaba la boca seca al verla en ropa interior.

Violet volvió a resoplar y se puso una camiseta que le llegaba hasta la mitad de la pierna. ¡Ja! Si se pensaba que se iba a desnudar delante de él se equivocaba. No se cambiaría de ropa hasta que el vampiro no estuviera fuera de la habitación. Es más, fuera de la residencia. Se volvió hacia él y se quedó quieta con los brazos cruzados.

—Muy bien. Pregunta.

Damon tragó saliva e intentó recomponerse. Ella no debía darse cuenta del poder que tenía sobre él. Debía dar la imagen de vampiro sangriento para que ella tuviera miedo de decir lo que sabía.

—¿De dónde sacaste la pulsera?

—La hice yo misma.

—Meeeec, respuesta incorrecta. Eso ya me lo dijiste ayer cuando fingiste la compulsión, ¿recuerdas? Di la verdad, Violet, o tendremos problemas —dio un paso hacia ella.

—¡No miento! Ayer te dije la verdad. La pulsera me la hice yo, conozco la existencia de los vampiros porque mi familia es una de las Familias Fundadoras, nadie sabe lo que eres y no le he dicho a nadie nada de lo que sé —gruñó y abrió la puerta —ahora si no te importa…

Damon dio un paso hacia ella y puso una mano sobre la puerta, cerrándola.

—¿Cómo puedes demostrar que lo que dices es verdad?

Violet resopló, harta de que el vampiro la tratara así, cuando ella sólo quería confiar en él. Mirándole directamente a los ojos, desafiándole, comenzó a desatarse la pulsera llena de verbena.

Damon se puso nervioso. Prefería… prefería no poder confiar en ella, porque entonces significaría que ella no era buena ni inocente ni… Apretó la mandíbula y le agarró la muñeca, frenándola. Le volvió a atar la pulsera.

Violet le miró sorprendida. Le estaba volviendo loca, pero al menos volvía a tratarla bien. Disimuló la sorpresa y clavó la mirada en el suelo, esperando que él hiciera algo.

Tragó saliva. Para Damon no pasó desapercibida la sorpresa que sintió Violet y por si fuera poco evidente cómo abrió los ojos, se ruborizó y clavó la mirada en el suelo. ¿Cómo podía amenazarla si se comportaba de una forma tan tierna? Se imaginó qué le diría Enzo: "sólo es una bolsa de sangre con ojos. Si molesta, drénala". "¡Damon!", le recriminaría Bon Bon.

—Necesito saber más cosas, Violet.

—Vale.

—¿Quién es tu familia?

Violet levantó la vista y pareció perder toda la fragilidad.

—Si le haces daño a mi fami…

—No —la atajó—. Sólo necesito estar al corriente de quién sabe de nuestra existencia. Violet, personas dentro de las Familias Fundadoras han atacado a los míos también. Así que, por favor.

Violet pestañeó, pensativa.

—Soy… Violet Fell.

—¿Fell? —musitó Damon quedándose blanco. Si no debían hacer nada contra su familia mal empezaban.

—Sí. Puede que hayas conocido a parte de mi familia. Tengo dos tíos que han vivido aquí: Tobías y Thomas, aunque nosotros le llamábamos Tripp.

Damon se puso totalmente serio. En cuanto Violet supiera la verdad no dudaría en contar todo lo que sabía. Mierda.

—Y bueno, mis primos todos han estado aquí: Blair, Tina, Logan, Meredith y ya conoces a Valerie.

Damon tragó saliva. Aquello iba de mal en peor.

—Y… ¿quién es tu padre?

—Franklin. Bueno, Franklin Jr., Franklin era mi abuelo. Aunque mi padre no ha vivido aquí apenas, no creo que le conozcas.

—Y… —Damon endureció el rostro y apenas podía mirar a Violet a los ojos—, ¿quién sabe que existimos?

—Sólo lo sabían los dos tíos que vivían aquí, y mi primo Logan, pero ninguno vive ya. Bueno, mi prima Blair también lo sabe, pero ella no quiere saber nada de vosotros.

Así que Meredith no había dicho nada… Bien, si Violet era como su familia sólo había dos opciones, y esperaba que ella no fuera la de caza-vampiros. Por ahora sería mejor no decir nada, no sabía cómo reaccionaría Violet, y no se podía arriesgar.

—¿Qué te dijeron?

—No me dijeron nada. Sólo… Bueno, yo venía de vez en cuando porque mi padre quería que estuviera con mi familia paterna, aunque él no ha vuelto nunca. Hemos vivido siempre en Pennsylvania. Una de las veces que estuve aquí les escuché hablar algo de vampiros y no sé… me dio curiosidad y escuché toda la conversación. Me enteré de mucho, y completé la información al leer un diario de una antepasada de mi padre. Es increíble, en el diario y anotaciones de mis tíos decía casi todo de vosotros, sabían todo. Aunque no saben quiénes sois, no tienen nombres. Creían que no había ningún vampiro más aquí, por lo visto… —musitó avergonzada y asqueada—, debieron matar a todos los que encontraron, a todos los que sabían que lo eran. Es horrible…

Damon se frotó la cara y se sentó en la cama. Iba a tener que matarla. Ella no aceptaría la verdad y le diría a su prima Blair todo. Conociendo a su familia tomarían represalias. O… hablaría con quien ayudaba a Tripp. Iba a tener que matarla. Joder.

—Perdona, Damon. Yo… no tenía cómo protegeros. Si ellos se hubieran enterado de que yo sabía lo que hacían y no les ayudaba ni les ofrecía mi apoyo ellos… No sé.

Violet estaba preocupada. ¿Se podían herir los sentimientos de un vampiro? Porque Damon parecía que estaba disgustado con la revelación. Vaya… justo había ido a salvar a la humana cuya familia les daba caza. Se acercó a él con cautela y se sentó en la cama junto a él.

—Perdona.

¿Encima se sentía mal por lo que hacía su familia? Damon no podía mirarle a la cara. ¿Creía que se había puesto así por saber que eran sus tíos? Dios… era más dulce de lo que él pensaba, ¡joder! Se negaba a matarla, si no era capaz de aceptar la verdad la haría olvidar o la convertiría, pero no la mataría. Se giró hacia ella y tragó saliva. Se frotó las manos contra los pantalones, nervioso y, sin mirarle, le habló.

—Violet… A Tripp y a Logan los mataron mi hermano y dos de mis amigos.

Violet no dijo nada.

—Yo… Ellos nos atacaron, Violet. Logan intentó transformar a una humana que conocíamos y Tripp daba caza indiscriminada a los vampiros. Intentó matar a… Créeme por favor, nos vimos obligados a…

—Te creo. Damon, yo… escuchaba todas las cosas horribles que decían. No sabía que hubieran intentado eso con tus amigos ni… —se tapó la cara con las manos—, ni que mi primo Logan se hubiera convertido en vampiro ni que hubiera hecho lo que tanto criticaba. Dios… Escuché todas las formas de matar a un vampiro que habían pensado, Damon, a mi propia familia —gemía.

¿A Violet le dolía oír hablar de matar vampiros? Damon tenía una mueca parecida al dolor, no quería que esa chica sufriera, al menos si no era porque fuese él quien la torturaba.

—Sólo decían que erais escoria, que matabais indiscriminadamente y que no veíais a los humanos más que como alimento. Que sólo os movía la sangre y matar. Decían que… —levantó la cabeza hacia Damon—, que no dudaríais en matar a cualquier humano que pudierais.

Damon guardaba silencio, valorando la situación y lo que debería hacer. Entonces Violet le cogió las manos y lo miró suplicante.

—Pero Damon, ninguna de mis primas ni el resto de mi familia sabe nada de vuestra existencia. Sólo Blair y, no quiere decir nada, nunca se ha manifestado, no les recriminaba nada a mis tíos para que no la mataran pero… —sus ojos empezaron a brillar—. Por favor, Damon, no hagáis daño a mi familia, no conocen nada de los vampiros, no saben que sois reales, sólo yo y no diré nada, Damon, créeme.

Damon tragó saliva, sólo le quedaba una pregunta para decidir el destino de Violet.

—Violet, ¿por qué has venido a vivir a Mystic Falls?

En un primer momento se sorprendió de la pregunta, pero pronto entendió: estaba preocupado por si había venido a darles caza.

—Tenía que ir a la universidad —murmuró—, y había oído decir todo eso de los vampiros y… Sólo había oído decir cosas malas de vosotros y yo quería… quería comprobar si eran verdad. ¡Necesitaba saber que no erais como ellos decían, Damon! Necesitaba saber que no estaba bien mataros. Mis tíos y mi primo no veían más que maldad en todo el mundo y en todo, y no tenían moral. Así que vine para…

Damon volvió la vista hacia ella, incrédulo.

—¿Así que viniste para que un vampiro te demostrara que no somos unos monstruos sin corazón?

—Bueno… sí. Dicho así es ridí… —sonrió tímida mirando al suelo.

—¿Y de todos pensaste que yo era el mejor para eso? Deberías echarle un vistazo a tu radar de vampiros de buen corazón —ironizó Damon sorprendido. Y algo incómodo. ¿Tenía que cumplir con sus expectativas de bondad o los delataría? ¿Esa era la situación? Pues estaban apañados.

—Damon, —le tocó el brazo y le miró con intensidad— me salvaste la vida.

—¿Ves todo de color de rosa, o qué? Yo te ataqué Violet, no te conocía y no pude evitar beber de ti —gruñó intentando hacerle entender que no era bueno.

—Y paraste. Mi familia decía que sólo os movía la sangre y la muerte y tú…

—¡Yo te mordí! —se levantó.

—Pero paraste, Damon. Y después me salvaste cuando otro vampiro intentó matarme.

Violet también se levantó y se puso frente a él. Vaya, ahora era él quien parecía querer huir.

—Me he planteado el convertirte, Violet, me he planteado el matarte, y… ¡No me siento orgulloso, pero tienes que dejar de pensar que soy bueno! No puedes exponerte a los vampiros, Violet. Tu familia en parte tenía razón, hay algunos de nosotros que no dudarán.

—¡Pero ni me has convertido ni me has matado! Yo te he dado verbena, Damon. Y tú no has hecho nada más que interrogarme. No eres tan malo como crees.

—¡Ni tan bueno como tú crees!

Damon la miró, era tan pequeña… Él le sacaba una cabeza. Y… joder, tenía una expresión de inocencia… Se dio cuenta de… No le dio las gracias en ningún momento… Frunció el ceño y suavizó el tono.

—En ningún momento te he agradecido el haberme dado tu sangre ayer. Me… Gracias, Violet. Gracias —murmuró separándose de ella y dirigiéndose hacia la puerta. Ya había comprobado que no era una amenaza. Fin del asunto. No podía seguir con eso, ya sabía cómo acababa—. Un último consejo: no vuelvas a darle de beber a ningún vampiro, Violet. Acabarán matándote.

Damon abrió la puerta de la habitación para irse.

—Si vuelvo a encontrarte así te volveré a dar mi sangre sin dudar.

Damon paró en seco y llegó hasta ella en un microsegundo.

—¡¿Por qué?! ¡Te estoy diciendo que acabarán matándote! ¡Tampoco debes darme tu sangre a mí, Violet! ¡¿Por qué no lo entiendes?! —gritaba intentando hacerle entender.

—Porque confío en ti —musitó quieta, sin dejarse intimidar.

Damon se quedó paralizado. ¿Confiaba en él? Los de su propia especie, inmortales, temían por su vida a su lado, desconfiaban de él, siempre esperaban lo peor y todos le odiaban y le temían. Pero esa humana, siendo consciente de que podría acabar con ella en menos de un segundo, había optado por confiar en él y entregarse ciegamente. Esa pequeña humana, frágil y… buena… confiaba en él.

Pegó su boca a la de Violet y la besó por un momento. Mierda. Se alejó un segundo de ella y la miró a los ojos, dudoso, vulnerable. Y entonces fue Violet quien se puso de puntillas, lo tomó por la nuca y lo atrajo hacia su boca. Se acercó más y atrapó su labio inferior entre los suyos. Damon la tomó por el rostro y comenzó a besarla de forma más ardiente, dando pequeños toques con la lengua en el labio de Violet, incitandola a abrir la boca. Cuando ella lo hizo compartieron el calor de sus bocas, y sus lenguas se acariciaron. Al instante se hizo todo más intenso, sus cuerpos estaban completamente pegados uno contra el otro y sus bocas no dejaban de comerse al otro y de respirar profundamente.

Las manos de Damon estaban en las caderas de Violet, arañándola, apretándola, acercándola más a su pelvis. Violet soltó un pequeño gemido al sentir aquel roce y al momento se apartó de su boca para quitarle la corbata y la camisa. Acarició sus músculos y volvió a ponerse de puntillas para besarlo. Damon atrapó su boca un instante y se apartó de nuevo, mirándola de arriba abajo, mordiéndose el labio inferior de forma inconsciente y quitándose los pantalones. Sólo con ver cómo le miraba Violet se endurecía. Sus ojos tenían un aspecto inocente al mirar su cuerpo, pero tenía los labios entreabiertos, hinchados por sus besos y la respiración entrecortada. Damon avanzó hasta ella, la tomó por los muslos levantándola y la instó a que le rodeara con sus piernas. Violet no dejaba de besarle con pasión y de lamerle los labios. Damon la apoyó sobre la puerta, estando todavía encajado en ella, y Violet lo apretó más contra ella con sus piernas, a la vez que le arañaba la espalda y soltaba un gemido.

Los ojos de Damon se tornaron rojos y unas pequeñas venas oscuras se le dibujaron bajo los ojos. Dejó de besarla y alejó un poco su pelvis de ella. Giró su rostro intentando ocultar sus ojos de ella.

—Perdona —susurró áspero y avergonzado—, no… no es que quiera hacerte daño es que…

—Ya lo sé —susurró también Violet.

Le tomó el rostro con una de sus manos y lo volvió hacia ella. Miró las anomalías del rostro vampírico por un segundo, fascinada, y le sonrió mirándole directamente a los ojos. Comenzó a acariciarle el pelo con las manos, suavemente, y con las piernas volvió a atraerlo hacia ella, poniéndolo en su lugar de nuevo.

—No tengo miedo de ti —musitó contra su cuello a la vez que lo besaba y succionaba.

A Damon se le erizó la espalda y gruñó. La tomó fuertemente por las piernas y el trasero, fundiéndose aún más contra ella y avanzó hacia la cama. Tumbó a Violet sobre las sábanas, la besó suavemente y cogió el borde de su camiseta. Comenzó a tirar de ella suavemente, mientras Violet sentía como el frío iba acariciando su cuerpo, y cuando la desnudó por completo, desabrochándole el sujetador y librándole de sus braguitas, se quedó totalmente quieto, con la vista clavada en su cuerpo. Tragó saliva, Violet podía ver cómo se le dilataban las pupilas. Llevó su mano hasta el borde de sus boxers, instándole a desnudarse también.

Damon se tumbó sobre Violet, que al sentir su masculinidad desnuda contra la parte más tierna de su cuerpo tembló y soltó un gemido.

—¿Estás bien? —gruñó Damon intentando contenerse.

—Sí… —ronroneó Vi cerrando los ojos y arañándole levemente la espalda.

Damon juntó las manos con ella, aprisionándolas por encima de su cabeza, y hundió su rostro en el cuello de Violet. Acarició con su lengua el cuello femenino, hasta llegar a su oreja.

—Damon… —gimió tirándole suavemente del pelo, erizándole la piel.

El muy sinvergüenza apartó la boca de su piel y la miró con una sonrisa traviesa, parecía decirle "provócame".

—¿Estás preparada? No quiero hacerte daño —musitó Damon mirándola tomar aire agitada.

¿Estaba bromeando? Como toda respuesta Violet se inclinó hacia él, le dedicó una media sonrisa acercándose a su boca hasta que Damon sintió su aliento dulce sobre su boca. Y entonces, cuando iba a besarla, ella atrapó el labio inferior del vampiro entre sus dientes, mordisqueándolo de forma sensual.

Damon gruñó excitado, al borde de la locura. La tomó por los muslos y le separó más las piernas. Al instante comenzó a introducirse en ella y ambos se fundieron en uno, gimiendo y respirando, acallando sus gritos.

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—¿Y ahora… qué? —susurró Violet paseando sus dedos por la espalda masculina.

—¿Quieres conocer a mis amigos? —musitó Damon con una sonrisa a la vez que le acariciaba el pelo y la cara.

—Claro —sonrió.

Se miraron a los ojos un instante, intentando descubrir si para el otro había sido igual de intenso, si a ambos se les había sobrecogido el corazón. Sí… Violet sonrió y Damon se acercó suavemente a su boca para acariciarla levemente con sus labios. Ronroneó.


Espero que os haya gustado, (sobre todo a ti, Marde Geer).

Es la primera vez que escribo algo así, así que os agradezco si me dais vuestra opinión.

Gracias por leer,

hasta la próxima aventura,

eos nicté.