Tengo una reviewer marca Gasai... chaaaan.
I
-¿Y el alguacil?- preguntó alguien en la comisaría. En su lugar estaba un sujeto azul, de pelo también azul. Y con una estrellita de cartón, dorada en diamantina, que decía "alguacil Benjamín Listillo".
-Murió. Así que ahora yo seré su reemplazo. ¿En qué le puedo servir?
Alguien jaló la silla del alguacil, obligando a Benjamín Listillo a voltear. Nadie menos que Tulio.
-¡Fuera, fuera de aquí!
-¡Volveré!- amenazó el tramoya, antes de salir corriendo.
-¿Para qué soy bueno?- preguntó el alguacil al preocupado ciudadano.
-Para nada Tulio, pero todos te hacemos creer que sí.- comentó sarcásticamente el conejo rojo.
-Luego de los tres gritos que se escucharon en el pueblo, comenzaron a aparecer muchos incendios. Y no sabemos el porqué.
-Es que Juanín los apagaba.- comentó otro de los tramoyas.
-¡Oh no! ¿Eso significa que a él también se lo llevaron?- replicó angustiado el valiente, perdón, inútil alguacil. - ¿Donde está mi sobrina para que nos diga qué hacer?
Todos se miraron, desconcertados.
-Salió con el Vaquero Misterioso. Y desde entonces que no la vemos. Uno de los gritos sonó como su voz, pero pudo ser un grillo.- respondió Policarpo. Tulio frunció la boca, ya que se había quedado en la parte de que estaba con el vaquero, no el resto de lo que le dijo el pianista.
-También desapareció Mario Hug... digo, mi aprendiz- reflexionó Bodoque.
Freddy Espuela llegó volando por la ventana. Tras recuperarse del impacto, se veía muy preocupado. Entre las manos llevaba una nota, que de tantos errores de ortografía y redacción, podía dejar ciego a cualquiera.
halwasil tulio tribiño:
ci husted mañana a las dose de la zemitarde no ce prezenta en la hunica caye antes de que pace un harvusto ceco -o bruha, komo prefiera yamarle- zu sovrina y el bakero mizterioso zufriran. el huanin está vien.
Liga del mal de Titirilquén.
Sí, lo único que esos bestias saben escribir bien es el nombre de su propia asociación.
-¡Oh no, mi pobre sobrina!- se desmayó como por tres segundos.
-¿Entonces piensas por primer y única vez pelear por el pueblo?- le preguntó el cartero. La vista de todos los presentes se fijó en él.
-Prometo llorarla mucho.
II
-¡Déjennos irnos!
Mario Hugo no se cansaba de gritarles a sus guardias. Sin embargo, no le habían dado ningún sedante, al contrario de su compañera. Como habían visto muy alta a Patana, se les había ido la mano con el tranquilizante, así que permanecía en una total quietud, en la austerísima celda donde los habían encerrado: sólo tenían una cama individual y una silla. Sólo hasta que le comenzó a doler la garganta se detuvo. Comenzaba a calar más el frío, así que se quitó el poncho que llevaba y se lo puso a la pajarita verde.
-Es mi culpa.- se lamentó, dejándose caer a un lado de ella, abrazado a sus patas-. Fui tan tonto. Te vi y quería que me notaras. Ser un héroe me pareció la mejor forma, pensé que sería fácil, me hablabas, me ayudaste, podía ser genial ante tí. Nunca pensé que esto pasaría, que lo único para lo que sería bueno es para ponerte en peligro.
La suave ala de ella le tomó la mano, comenzaba a despertar.
-También yo quise hacer esto para poderte ver otra vez, Vaquero misterioso.- se confesó.- Los dos fuimos unos tontos.
Escucharon entonces una pequeña pelea en el pasillo exterior. Un pesado bulto cayendo. Y luego, la puerta se abrió de una patada.
-¡Es el Llanero con Rombos man!- sonó una música, antes de revelar al héroe de los niños de Titirilquén. Los dos presos se levantaron de un salto.
-Vine a rescatarlos, porque... Ningún niño debe de ser privado de su libertad.- sonaron aplausos- Gracias, gracias, muchas gracias. ¡Síganme los buenos!
III
-¿Pero porqué me trajeron aquí?- preguntó confundido el dueño del saloon. A él se lo habían llevado casi de buenas a primeras, solamente con desaparecerle las ramitas saladas y decirle que sabían donde encontrar más.- Están muy bonitas las pulseras que me pusieron, pero pesan mucho. Y no me dejan moverme.
No es de echar mucho coco para imaginar que estaba amarrado a una silla, con grilletes, en el centro de un cuarto oscuro, donde solo él estaba iluminado.
-Mi querido Juanín- habló la única mujer del grupo, avanzando hacia la luz-. ¡Al fin te tengo conmigo!- y comenzó a cantar-. Yo soy la gran la Gran Cachirula, heredé una ¡Agh!
Tropezó con una piedra y cayó de cara. Se levantó y se sacudió el polvo.
-¿Estás bien, Cachirulita?- le preguntó el Tío Pelado, saliendo también a la luz.
-¡Tarado Tío Pelado! ¡Te dije que barrieras bien!- le gruñó, antes de volverse suave ante el juanín-. Te necesitamos por dos razones, querido Juanín: sin tí, depredador natural de los incendios, como lo es el Huachimingo de las pelusas, Titirilquén pronto sucumbirá. La otra razón, la más importante dentro de este plan es que...
-¿Van a sacrificarme en alguna especie de ritual malvado de las que suelen tener los villanos de las películas de vaqueros?- habló a toda carrera, aterrorizado, el pobre ser blanco.
-Ay no. Es porque te encuentro adorable, por eso te necesito.- Cachirula entornó los ojos.
Alguien más avanzó hacia la luz. El mismo jefe intimidante que los había encontrado en el callejón.
-Mañana, finalmente, nacerá una leyenda en este lado del Oeste.
Juanín agradeció mucho en ese momento que no se le vieran los ojos, llenos de terror, porque ese jefe le habría hecho algo horrible al descubrir esa emoción.
Ese perfume lo conocía tan bien.
IV
-¡Hermano!
El Llanero con Rombos Man abrazó a su hermano, Llanero con Ramones Man. No estaban solos, si uno descuenta a los caballos en los que habían ido al rescate, sino que los acompañaba toda una manada de la tribu más fiera, más sanguinaria y más ruda del oeste: Los huachimingos. Mira que aguantar tener tatuada toda la piel.
-¿Y qué hacen aquí? ¿Cómo los convencieron?- preguntó Mario Hugo.
-Lo que sucede es que no podemos permitir que nuestro ser sagrado sufra- habló el jefe de la tribu.-
-¿El tío Juanín?- Patana ladeó la cabeza. Su tío adoptivo se veía demasiado simple y sencillo como para tener un valor así de importante.
-Es el último de su especie.- explicó la anciana bruja-. Sus pelusas tienen un enorme valor sagrado para los Huachimingos, y si las perdemos para siempre... ¡Volverá a nacer un Tulio a cada rato!
El aprendiz de héroe tenía un tic en el ojo. Qué horror imaginar el festival de rayas que tendría el pueblo, luego de algunas generaciones de Tulios.
-¿El pueblo... lleno de Tulios?
Todos carraspearon. Fue su salvador quien le explicó todo.
-Esa expresión quiere decir "habrá fuertes terremotos". El alguacil nació durante un terremoto muy fuerte.
-Por eso mandamos a Huachimingo al Titirilquén, para recolectar las pelusas.- añadió otro indio huachimingo.
El Llanero con Ramones man miró el horizonte, que comenzaba a pintarse de rosa.
-Debemos volver al pueblo. Hay que preparar la defensa.- escupió una ramita de trigo que había estado masticando.
-¿Contra la Ligal del mal?- preguntó Patana.
-No. Mañana también llega la feria del Tío Horacio y quiero estar en primera fila. Esos niños no me van a detener de ver mi show favorito en vivo.
Notas:
1- No tienen ni idea de lo mucho que me costó escribir con horrores de ortografía.
2- Luego de contar cuantos incendios ocurren en el estudio (aparece en la agenda de Juanín), me pareció como lo de las pelusas de Huachimingo. Además pues siempre los indios en las películas tienen como que sus tótemes raros cuando ven a un ser desconocido (para muestra Shangai Kid, que a Jackie le dicen "Hombre con vestido").
3- En el libro gordo se explica que Tulio nació durante un terremoto, lo cual se volvió una expresión común en Titirilquén, para cuando hay un terremoto. Supongo que el conductor les teme porque teme que nazca otro ser así de tancuajo.
Pipipipi piiii... digo, chan chan chan chaaaaaaaaaan, leche con paaaaan.
