Los personajes de League Of Legends pertenecen exclusivamente a RIOT GAMES.


Capítulo 2.

Déjame ayudarte.

Ésta criatura no está muerta, pero mi príncipe si ahora lo lleva a los calabozos le condenaría a ello. Déjeme tenerlo en observación durante unos días, pues padece hipotermia y desnutrición... Compréndame, soy médico y como tal tengo compasión de todo ser, mi deber es ayudar.— El médico demaciano, con súplica en sus ojos y las manos apoyadas en la cabeza del argoniano, quien yacía aún inconsciente en una cama de sábanas blancas, suplicaba a su príncipe que le dejara tenerlo unos días con él, pues como bien dijo, estaba al borde de la muerte.

—Jarvan, creo que deberías hacer caso del médico, él sabe más que nosotros sobre la salud.— Comentó Garen, sentado en un sillón negro mirando con algo de lástima al pobre ser.

—¿Y si cuando despierte le hace daño? No puedo tolerar que el médico más importante del reino muera a manos de un ser que no sabemos ni de dónde viene.— Jarvan, enfadado, tomó un vaso de cristal y se sirvió un poco de agua de una jarra de barro que había en una encimera, bebió agua y ante las miradas atentas de Garen y el médico, se tranquilizó. Bajó la cabeza y se acercó al médico. —Si pasa algo, abandona ésta sala, si es necesario construiremos otro centro, pero no pongas en riesgo tu vida por ésta cosa.— Comentó con algo de desprecio el príncipe.

Era lógico que Jarvan IV sintiera miedo y agobio, su mejor médico quería cuidar de una criatura de la que no sabía nada y la seguridad de sus ciudadanos estaba por encima de cualquier cosa como buen príncipe que era. Aún así, abandonó la sala del médico dirigiéndose a su hogar junto con Garen.

Por otro lado, la pequeña Luxanna que por fin había acabado de leer el diario, estaba anonadada y boquiabierta en aquel callejón oscuro. La ventisca había amainado pero ella aún yacía sentada y cubierta de nieve tras aquellos cubos de basura. —Increíble...— Aún perpleja por la historia de Tricky, el argoniano, se levantó portando el libro en las manos y espolsándose un poco la nieve de los hombros y la cabeza, salió de aquel escondrijo para dirigirse al médico, donde suponía que su hermano y Jarvan llevaron al malherido.

Entró a la estancia, había que decir que el médico de Demacia era uno de los lugares que más había costado de hacer, pero a pesar de eso estaban contentos, pues era grande y espacioso, los caídos en batalla o heridos por enfermedades yacían gustosa y lujosamente disponiendo de una habitación para cada uno, con todo lo necesario. También disponían de médicos y enfermeros, tanto mujeres como varones, bien cualificados para su trabajo.

Llegando por fin a la puerta donde yacía Tricky, miró por la pequeña ventana redonda posicionada arriba de la puerta de metal, y ahí lo vio, estaba despierto y miraba por la ventana, un paisaje hermoso de una Demacia nevada. Lux suspiró y agarrando bien el libro entre sus dos pequeñas manos, con el hombro impulsó lentamente la puerta, sin hacer mucho ruido y entró a la habitación.

—Hola, pequeña.— Se escuchó el ruido de la puerta cerrarse, seguido de un pequeño sobresalto emitido por la dama luminosa, quien se asustó un poco, pues pensó que había sido lo suficientemente sigilosa como para que no la escuchara. —¿No vas a saludar a un pobre malherido?— Preguntó el argoniano, aún sin mirarla.

—B-buenos días.— Algo asustada, Lux se acercó al sillón color negro, donde anteriormente se había sentado su hermano Garen, y se apoyó en el brazo de éste, quedando enfrente de la cama donde yacía Tricky. Carraspeó, vaciló unos segundos y se dispuso a hablar. —He leído el diario que me diste.— Comentó posándolo sobre la cama y arrastrándolo por la blanca sábana hasta toparse con la cadera tapada por la misma, del argoniano.

—Bien pequeña, eso quería. No deseo vuestro mal... Solo pretendía escapar, si soy molestia me iré, pero no quiero volver a entrar a un calabozo... jamás.— El argoniano lentamente giró la cabeza hacia la pequeña rubia desconcertada, yacía inmóvil ante él, sus ojos amarillos como el sol la embriagaron, eran fríos, como su pasado. Una pequeña y tímida lágrima resbaló por la mejilla de Lux.

—No, Jarvan no te encerrará.— Con su diestra, el argoniano lentamente secó la lágrima y le sonrió, volviendo a apoyar sus manos en la sábana, mirando de nuevo por la ventana. —Has sufrido mucho... Desde pequeño. Tu padre... Él se sacrificó por ti, estoy segura y tú... ¡Tú necesitas matar a LeBlanc!— Levantándose de su asiento, Lux rodeó la cama, quedando al otro lado mirando a los ojos al argoniano. —Déjame ayudarte, Tricky.— El argoniano, que yacía con la mirada perdida entre las hermosas montañas de Demacia, notó cómo el corazón le dio un vuelco... En muchos años nadie había pronunciado su nombre con tanto ahínco... Es más, nadie le había llamado por su nombre, no desde que su padre murió. El treinteañero miró a la joven con algo de vergüenza y suspiró.

—Hacía mucho que nadie me nombraba...— Melancólico, recordaba a su padre.

—¿Cuál es tu plan de venganza?— Preguntó la demaciana decidida a ayudarle.

—No creo que puedas ayudarme...— Suspiró.

—Tricky, esa tía quiere matar a mi hermano y a mi príncipe... Necesito saber qué debemos hacer para derrotarla, tú eres una pieza clave en ésta batalla que va a comenzar dentro de poco. En tu diario lo pone... Si le digo a mi hermano los planes de LeBlanc, te ayudará, no serás enemigo...— Luxanna, tomó las frías y rugosas manos Tricky, quien avergonzado y algo sonrojado la miró. Los ojos azules de Lux le capturaron, tener a una mujer así de hermosa tan cerca, hizo que casi perdiera la cordura y decirle que sí a todo lo que ella le estaba diciendo pero...

—No, no puedo hacer eso, si atacáis vosotros sabrá que he sido yo, pues posiblemente esté buscándome... Y no puedo poner en peligro a una ciudad entera, por un plan de venganza mío.— Sentenció.

—Nosotros ya estamos en peligro... Ella va a atacar en cualquier momento.— Soltando las manos de Tricky, Lux se acercó a la ventana, y dando la espalda a su compañero de habitación, miró cómo volvía a nevar. —Debemos atacar primero...— Susurró dolida por el echo de que posiblemente hubiera una nueva guerra con Noxus.

—Oye... ¿Cómo te llamas, por cierto? Debo suponer que eres Luxanna, LeBlanc en alguna ocasión te mencionó como "la niñata luminosa esa, Luxanna".— Rió un poco, pues el aspecto de Lux no ayudaba mucho a negar la descripción de LeBlanc.

—¿En serio?— Se dio la vuelta, mirándole algo enfadada. —¿Y de qué te ríes?— Le preguntó con los brazos cruzados y el ceño fruncido.

—Bueno...— Carraspeó intentando dejar de reír, suspiró y le miró algo más serio, pero con una media sonrisa en los labios. —Eres una niña, bastante pequeña y delgadita...— Sonrió con ternura, a lo que Lux se sonrojó notoriamente.

—N-¡No soy tan pequeña!— Dijo alzando un poco la voz, a lo que el argoniano soltó una carcajada y destapándose la sábana, se levantó de la cama quedando al lado de la demaciana.

—¿Ah, no?— Preguntó con tono de superioridad el argoniano, sonriendo de nuevo y mirándola con algo de dulzura.

—Vaya...— Lux se quedó mirando al ser de arriba a abajo, le sacaba por lo menos dos cabezas o más, a su lado ella era completamente enana, como un Yordle. Alzó la vista y le miró a los ojos. Los dos rieron.

El argoniano volvió a tumbarse en la cama, tapándose de nuevo con las sábanas blancas, Lux miró el pequeño reloj que yacía en la mesita de noche, se dio cuenta de que eran ya las nueve y media y pensó que su hermano estaría esperándola para cenar.

—Supongo que he de irme ya... Mañana vendré de nuevo a convencerte de que me dejes ayudarte.— Con decisión en su mirada, la pequeña demaciana abandonó el cuarto despidiéndose con la mano del argoniano desde detrás de la ventana redonda de la puerta metálica.

Ya sólo en la habitación, Tricky tomó el diario que Lux había dejado encima de la cama anteriormente, lo pegó así abrazándolo y notó un olor extraño... Lo acercó a su nariz y olía bien, como a... flores, era el mismo olor que notó cuando Lux entró a la habitación. Sonrió y metió el diario en el cajón que había en la mesa de noche, se quedó mirando la ventana y cerró los ojos.

—"Y pensar que si LeBlanc logra llevar a cabo su plan ella... desaparecería, para siempre"— Los ojos de Tricky se abrieron como platos al imaginar la sonrisa llena de luz de esa pequeña demaciana, apagarse para siempre. —Quizás deba dejar que me ayude.— Susurró seriamente, volviendo a cerrar los ojos, para dormir.


¡Hasta aquí! El segundo capítulo de ésta historia ya está subido. Espero que estéis disfrtándola tanto como yo al escribirla.

Un abrazo, y nos leemos en el siguiente.