Los personajes de League OfLegends pertenecen exclusivamente a RIOT GAMES.
Capítulo 3.
Con mi siguiente truco...
—¡Buenos días!— Como un terremoto Lux apareció por la puerta con una energía digna de un volcán, abrió las ventanas, subió las persianas dejando entrar los relucientes rayos del Sol y se sentó en el sillón que yacía al lado de la cama donde reposaba el argoniano, aún con los ojos cerrados. —¿Has pensado en lo que te dije?— Comentó la rubia.
—Lux... Ahora mismo mi cerebro está apagado, me gustaría descansar un poco.— Tricky aún estaba en trance, fue demasiado repentina la entrada de la pequeña demaciana.
Se rascó la sien con las yemas de los dedos, y relajado, entreabrió los ojos posando su mirada en ella, y entonces no supo qué era más resplandeciente, si el Sol o la sonrisa de Lux.
Avergonzado, se tapó la cara con las manos, simulando rascarse pero simplemente quería evitar que le viera sonrojado.
—¿Tricky? Respóndeme vamos, simplemente sí o no.— Hizo un pequeño gruñido y el argoniano simplemente rió y la miró de nuevo.
—He pensado que no estaría mal que me acompañaras.— La pequeña rubia infló su pecho y apretó las manos a punto de dar un grito de alegría, pero Tricky le hizo una señal con el dedo para que se contuviera un momento. —Pero hay una condición.— Lux asintió y se puso algo más seria, sin dejar de sonreír. —Si hubiera cualquier atisbo, si pasara cualquier cosa que te hiciera correr peligro...— Paró un segundo mirando las sábanas blancas, suspiró y miró por la ventana. —Entonces corre lo más lejos que puedas y escapa.— Antes de que pudiera continuar con su heroico discurso la rubia le cortó de golpe.
—No.— Lux se levantó del sillón y rodeó la cama para ponerse enfrente de él, esta vez no estaba sonriendo, estaba muy seria y con las manos a ambos lados apretadas en puños. —Leí tu diario, leí lo que LeBlanc quiere hacer y lucharé contigo hasta el final.— Tricky anonadado por su gran madurez, parpadeó varias veces y luego deshizo ese incómodo silencio.
—Vale... Está bien.— Entonces Luxana abrazó al argoniano, y éste se quedó helado.
—Te prometo que no volverá a pasarte nada.— Susurró. —Yo te protegeré.— Deshizo el abrazo y aún con las manos en los hombros del mayor, volvió a sonreír.
—"Lux..."— La pequeña dijo algo de que debía irse a informar a su hermano y al príncipe pero no atendió mucho, ya que parecía que para él no había pasado el tiempo, pues aún sentía el reconfortante abrazo que la pequeña demaciana le había brindado.
Ya en el gran palacio de Demacia, Lux recorrió todo el pasillo y en la sala de reuniones se encontró con su hermano mayor Garen y con Xin Zhao quienes hablaban sobre algo que ella no entendió. Les explicó lo del diario, lo que había hablado con Tricky y todo lo que LeBlanc planeaba hacer a Demacia.
—Debemos ser cautos...— Comentó Xin Zhao.
—Lo sé, tenemos que trazar un plan detenidamente. Lux, avisa a Tricky de que todo estará listo para su recuperación, no dejaremos que nada pase a nuestra amada Demacia.— Se enacró Garen con el puño apretado en la mesa.
—Bien, ahora mismo se lo comentaré.— Los ojos de Lux brillaban, por fin podría despertar todo ese poder que ella sabía que tenía... Por fin podría demostrarle a todos que no era una niña rubia y tonta, era más, mucho más.— Corrió de nuevo por el pasillo cuando alguien se interpuso en su camino, tirándola al suelo.
—Discúlpame pequeña demaciana, déjame echarte una mano.— Dado al golpe, Lux yacía mirando al suelo rascándose la cabeza.
—Qué daño...— Murmuró. Levantó la vista mirando la mano que esa persona le brindaba para ayudarla, era grande y estaba algo arrugada. —Gra...— Antes de que pudiera hablar un extraño sonido proveniente del señor le llamó la atención, dirigió la mirada hacia el rostro de aquel hombre y en el hombro izquierdo de éste yacía posado un cuervo negro y con los ojos rojos como la sangre, Lux desvió la mirada hacia la cara de aquel señor mientras se incorporaba. Era calvo y tenía una mirada penetrante, podía tocarte el alma y arrancártela en un segundo, la pequeña demaciana se sintió mareada, miró su mano, la cual aún sostenía aquel extraño hombre. —¿QUÉ ES ESTO?— Chilló asustada al ver cómo una sombra negra se apoderaba de su mano y subía por su brazo hasta llegar a su cuello y finalmente la cubrió por completo haciéndole perder el conocimiento.
Entre las sombras de una esquina, apareció una bella mujer de cabello oscuro como la noche, con dos marcas en los ojos y con un gran bastón en su mano.
—Bien Swain, ya tenemos a la pequeña niñita de Demacia, vámonos.— La morena se acercó cautelosa a su aliado, miró a todas direcciones dándose cuenta de que nadie los divisaba y con su bastón dio un sonoro golpe en el suelo y un humo violeta rodeó a los tres, haciéndolos aparecer fuera del palacio, en los jardines. —Vayámonos querido.—Tiró una rosa negra al suelo y rió maléficamente mientras tomaba a Lux en volandas mirando cómo Swain se transformaba en un enorme cuervo negro, entonces posó a la demaciana encima de él y ella se sentó de lado en la espalda del noxiano, el cual alzó el vuelo hacia La Rosa Negra.
—Ésta vez, sí lo haremos bien.— LeBlanc agarró fuertemente con una mano a Lux para que no cayera y con la otra se agarró a las oscuras plumas de Swain mientras sentía el gélido viento en la cara, esperando llegar a su hogar para trazar el plan que les llevaría a la victoria contra Demacia.
Mientras, en el hospital, Tricky hacía rato que deambulaba sin rumbo en la pequeña habitación donde se encontraba. Le habían traído la comida, una rica sopa de verduras pero no tenía hambre, le había dado unos cuantos sorbos pero el echo de que la pequeña demaciana no volviera ni supiera nada de ella le hacía morir por dentro. Entonces la puerta se abrió.
—¿Tricky, no?— Un robusto hombre apreció, mirando al argoniano con ojos entre curiosidad e incertidumbre.
—Así es, siento todo ésto.— Comentó agachando la cabeza.
—No te preocupes, todo va a salir bien. Demacia y Noxus siempre han tenido muchas disputas...— Miró al suelo. —Ojalá eso no fuera así, es duro saber que tienes enemigos, en Demacia enseñamos a los niños a que hay que amar y respetar a todo ser viviente, no hay que herir... Pero si nos hieren, no vamos a quedarnos quietos.— La voz de Garen sonó firme en toda la habitación, sus palabras conmovieron a Tricky, el cual le sonrió y su sonrisa fue devuelta.
Se quedaron en silencio unos segundos mirándose, pero Garen calló en la cuenta de algo.
—¿Te ha informado Lux?— Le preguntó adentrándose un poco más en la habitación.
—¿Lux?— El argoniano miró a Garen con incertidumbre, y éste simplemente asintió mirando la sopa de verduras a medio acabar. —Lux no ha venido por aquí, Garen.— Comentó serio mirándole con ojos de terror.
Garen sin mirar a Tricky, apretó fuertemente la manzana que había cogido de la bandeja de la comida de Tricky. —¿Qué?— Casi en un susurro ahogado, el demaciano soltó la pieza de fruta y antes de que cualquiera de los dos pudiera decir algo más, un soldado de la guardia real irrumpió en la habitación con algo entre las manos. Miró a Garen horrorizado y luego a Tricky.
—¿Qué ocurre?— Preguntó Garen acercándose al soldado mirándole las manos.
—El príncipe me ha ordenado que le haga saber que ésto se ha encontrado en los jardines del palacio.— El joven abrió las manos y Garen no cabía en si de ira y asombro.
—¡Maldición! Tengo que hablar con el príncipe urgentemente.— Se giró para mirar a Tricky quien no entendía nada y le miró fíjamente. — Argoniano, espero que estés listo para mañana porque la guerra ya ha comenzado.— Dicho ésto tomó lo que el soldado portaba en las manos y lo tiró a la cama, se giró y le hizo una señal al soldado para que se encaminara hacia el palacio, cerrando la puerta tras de sí.
Tricky al quedarse solo, bajó la mirada hacia la cama y sus ojos se abrieron, casi se le salían de las órbitas. Una hermosa rosa negra yacía allí, encima de su cama. El corazón se le aceleró a un ritmo frenético y su mente comenzó a imaginarse todas las atrocidades que LeBlanc podría hacerle a su dulce e inocente demaciana.
—"Lux..."— Contuvo la respiración por varios segundos intentando no llorar, pues eso no le serviría de nada. Mañana el príncipe y Garen vendrían a por él y la batalla comenzaría.
Se acercó a la cama tomando al rosa entre sus dedos y la olió. Ese olor tan particular, le hacía recordar a LeBlanc y el odio se incrementó, se giró y tiró la rosa por la ventana en un acto de furia, y se sentó en el borde de la cama mirando al cielo. —No te atrevas a ponerle una mano encima...— Apretó sus puños y simplemente esperó al día siguiente.
Espero que si la lees me dejes algún que otro comentario para saber tu opinión y si debo o no cambiar algo. ¡Muchas gracias! Nos leemos.
