Los personajes de League OfLegends pertenecen exclusivamente a RIOT GAMES.

Nota de la autora: La primera parte de éste capítulo estará narrado desde la perspectiva de Lux, y la letra en cursiva serán los pensamientos dentro de la narración; luego volverá la narración normal de tercera persona. Sin más que añadir, muchas gracias por vuestro tiempo.


Capítulo 4.

Ansiada libertad.

Narración desde los ojos de Lux.

Frío, no notaba más que frío dentro de aquel extraño zulo sin ventanas donde me habían metido. A mi derecha había una sopa, no tenía muy buena pinta y ni si quiera estaba caliente ¿Para qué molestarme en probarla? Miré hacía mi izquierda y había una cama, o al menos un intento de ella pues era un mero colchón roto con algunos muelles saliendo de la tela. Suspiré y miré al frente, donde sabía que estaba la puerta metálica que daba a una sala oscura iluminada únicamente por la tenue luz de una vela que estaba a punto de consumirse. ¿Qué significa todo ésto? Mi mente era un caos permanente las preguntas sin respuesta que formulaba mi cerebro estaban logrando que me volviera loca.

Asustada y temblorosa, me levanté del suelo donde estaba sentada y me acerqué a aquella puerta metálica, agarré las frías barras de hierro y comencé a mover mis manos en ellas, intentando romper la estúpida puerta. Las lágrimas salían de mis ojos como una cascada, tenía miedo y estaba asustada. ¿Por qué yo? Sollocé fuertemente y luego di un grito ahogado, apoyé mi cabeza entre mis manos, posando mi frente en uno de las barras metálicas y cerré los ojos fuertemente, dejando que mis lágrimas emanaran sin vergüenza, no podía hacer nada, estaba atrapada.

—No llores, pequeña.— Abrí los ojos y miré a través de mi desaliñado cabello rubio, me aparté algunos mechones con una de mis manos y luego volví a agarrar la barra metálica. La voz femenina me había asustado, pero no pensaba hacerle ver que era débil.

—¿Qué quieres, LeBlanc?— Escupí su nombre como si fuera veneno, el simple echo de pronunciarlo me quemaba la garganta, sentía repugnancia hacia ella y todo lo que le rodeaba. Mi mirada de odio no pasó desapercibida, pero mis lágrimas era evidente que tampoco. Con una estúpida sonrisa de suficiencia se acercó hacia mi celda y acarició una de mis manos con las suyas, la quité de inmediato, yéndome hacia atrás, hasta toparme con la pared, deslicé mi espalda en ella y me senté en el suelo, con las manos abrazando mis rodillas sin dejar de mirarla.

—Has sido una niñita muy mala ¿Lo sabes, verdad?— Con un chasquido de dedos una llave apareció en la palma de su otra mano, la cual utilizó para abrir la puerta de mi celda. El chirriante y escandaloso sonido de la puerta abriéndose penetró mis tímpanos haciendo que mi mueca fuera ahora de dolor, ella rió y volví a mi expresión de odio.

—No tienes ni idea de con quién estás hablando.— Apreté los dientes y me mordí la lengua para no llorar, pero no podía evitarlo, el miedo y el desconcierto eran demasiados. LeBlanc se aproximó a mí con esos aires de mujer aparentemente seductora y sensual, pero, estaba claro que sólo era una zorra calculadora.

—¿Ah no? Déjame adivinar... Estoy hablando con un pajarito sin libertad, un pajarito que está prisionero y que si no hace lo que yo quiero...— Se sentó en el pútrido colchón que había a mi lado, tomó mi rostro con una de sus manos, apretándome las mejillas y se acercó a mi oído, hizo que me estremeciera y que soltara un fuerte gruñido para que me liberara, agarré su brazo con mis dos manos dispuesta a retorcérselo pero...—Si no haces lo que quiero, tus amigos morirán.— El corazón se me congeló. Un grito ahogado salió de mí, deslicé mis manos por su brazo haciendo que cayeran rendidas en el suelo y mi mirada se perdiera en el fuego de aquella vela a la que le quedaban pocos minutos de vida.

—¿Qu-qué quieres decir?— Aún sin mirarle a la cara, perdida en la inmensidad del fuego hice un gran esfuerzo por preguntar qué era lo que estaba ocurriendo. Príncipe, hermano... Tricky. Las lágrimas volvieron a emanar de mis ojos, ella se burló de mí riéndose sin compasión, su risa me ponía enferma, hacía que quisiera vomitar sólo de escucharla. La miré de nuevo con ojos llenos de ira, me levanté y agarré su delicado cuello entre mis manos, apretándolo fuertemente. —¿QUÉ QUIERES DECIR?— Mascullé entre dientes gritando lo más fuerte que pude en su oído, ella cerró los ojos fuertemente y en un segundo se desvaneció entre mis dedos, haciendo que cayera al suelo, apoyándome en mis rodillas y mis codos. —Maldita hija de...— Miré al suelo, sabía que no podía vencerla cuerpo a cuerpo, ella haría lo mismo una y otra vez, desvanecerse.

—¿Crees a caso que lo de capturarte ha sido simplemente un capricho?— Volví a mirarla sentándome de nuevo en el suelo, con las piernas cruzadas esta vez, ella acariciaba su cuello con una de sus manos mientras con la otra sostenía ahora su bastón, apuntándome con él. —Te mataría ahora mismo si no me fueras útil.— Cerró los ojos y respiró hondo, dejó de sobarse el cuello y su mano cayó a un lado de su cuerpo. Sonrió de nuevo y me miró. —Pero me eres muy útil ahora querida.— Rió con esa estúpida risa, quería vomitar. Mi respiración era agitada y todo mi cuerpo temblaba dado al frío, pero ¿Qué importaba? Todo tal y como está era y es parte de su plan; todo.

Sequé mis lágrimas con la manga de mi vestimenta y dirigí de nuevo mi mirada hacia ella, viendo como LeBlanc se aproximaba a la puerta, saliendo de ella y cerrándola con ese estrepitoso sonido tan molesto que casi perfora mis tímpanos. Cerró la puerta con la llave que volvió a sacar de la nada con un chasquido y antes de darse la vuelta me miró. —Deberías tomarte la sopa, querida. Se te va a enfriar.— Soltó estruendosas carcajadas que resonaron por toda la celda y se esfumó dejando ese humo violeta en el lugar.

Abracé mis piernas y tiritando de frío comencé a llorar mirando a esa vela, contemplando el fuego que poco a poco... murió.

Final de la narración de Lux.

Un día más para los residentes de Demacia. Los niños irían al colegio, los mayores a trabajar y quizás algún que otra pareja de jóvenes se escapaba para dar rienda suelta a ese animal amor adolescente. Nada había cambiado en Demacia, todo seguía igual, mas no para los altos cargos.

—Bien, os hemos reunido aquí porque creemos que sois los más poderosos y mejores luchadores de Demacia, tenemos algo que contaros.— El príncipe Jarvan IV hablaba presidiendo una enorme mesa circular, sentado la silla de madera tallada a mano por un antiguo anciano de Demacia, la cual antes utilizó su antecesor Jarvan I. —Como iba diciendo, hay un asunto muy grave entre manos.— Carraspeó y cerró los ojos. Los presentes comenzaron a impacientarse pero el príncipe no era capaz de pronunciar palabra. ¿Cómo iba a explicar que habían secuestrado a Luxxana y salvarla estaba en manos de un desconocido? Apretó fuertemente sus manos en puños pero notó algo en su hombro izquierdo. —Garen...— Susurró el príncipe notando que su compañero y amigo le había posado su mano en el hombro y le miraba con decisión. Se miraron por unos segundos y el príncipe comenzó a contar todo lo ocurrido.

Todos los presentes en la sala callaron al instante y escucharon la historia con atención, las caras eran de sorpresa, enfado, ira, tristeza pero sobretodo decisión. Decisión por mantenerse unidos en ésta batalla que no hacía más que comenzar. Hablaron sobre tácticas de combate, hablaron sobre Lux, hablaron sobre LeBlanc y de lo que más hablaron fue...

—¿Será seguro, príncipe Jarvan?— Preguntó dudosa una mujer de oscuro cabello tapado por un metálico casco, miró al príncipe y éste le sonrió haciendo que ella también sonriera.

—Tranquila Quinn, no pondría en peligro a ninguno de vosotros, todos sois importantes para mí.— Las palabras de su príncipe conmovieron a los demacianos, todos se dieron miradas de complicidad y comenzaron a elaborar una astuta estrategia, conocían a LeBlanc, sabían qué podían y qué no podían hacer para derrotarla pero...

—Mi príncipe, si me es tan amable dejar que me exprese.— Una pequeña Yordle con dos graciosas coletas a los lados y de cabello blanco, se puso de pie en su silla de madera y habló algo más fuerte para que se la pudiera escuchar por encima del bullicio.

—Adelante Poppy ¿Qué has pensado?— Todos la miraron con atención.

—No deberíamos planear estrategias contra LeBlanc...— Vaciló unos segundos antes de hablar, carraspeó y retomó su palabra a la espera de sus compañeros. —¿No creéis que ella no saldrá a batalla? Mandará a secuaces, mandará a gente sin importancia para ella, pero LeBlanc no se presentará a la lucha.— Todos los presentes cayeron en la cuenta de lo que Poppy quería decir.

—Bien visto amiga.— Una enorme gárgola sentada al lado de la Yordle habló por primera vez en todo el rato que allí estuvieron. Cada uno de los presentes le miraron algo sorprendidos. —De ser así, no tenemos estrategia. Si fuéramos a batalla caeríamos en el intento y dejaríamos Demacia en manos de LeBlanc, o peor aún. En manos de Noxus.— La gárgola miró a Garen con tristeza, mas él sabía perfectamente cuán malo podía llegar a ser eso.

—¿Entonces? ¿No hay nada que podamos hacer? ¿Debemos rendirnos y ya?— Xin Zhao habló con tristeza y rabia mirando al príncipe, éste no supo qué contestar.

—Un segundo.— Una melódica y dulce voz inundó la mete de todas las personas que yacían en la sala, de pronto todos se giraron a una muchacha joven de azulado cabello muriendo en unas puntas con tonos amarillentos y que portaba consigo un extraño y antiguo instrumento que la protegía en todo momento. —¿Quién es el argoniano del que hablasteis, mi príncipe?— La muchacha aún muda, prestó atención a algo que al parecer nadie se dio cuenta. —El podría ayudarnos.— Todos miraron al príncipe y a Garen quienes se miraban entre sí sorprendidos.

—Lo traeré.— Garen rompió el silencio algo cortante, y sin más se dirigió a la salida.

Mientras en una habitación de hospital, yacía Tricky caminando de un lado para otro sin rumbo alguno por toda la estancia. ¿Por qué no han venido aún a por mí? ¿Habrá pasado algo? Se preguntaba el argoniando algo angustiado y nervioso. Miró el reloj, las 11:24 p.m y aún no había señal de ningún demaciano que le diera noticias sobre sus movimientos o al menos informarle de que él no participaría en la batalla, decirle que no era asunto suyo y mandarle a la mierda... Pero ésta espera no era sana para él.

—Tricky.— La puerta de su habitación se abrió de golpe dejando entrar a un musculoso hombre con una enorme armadura en su cuerpo.

—¿Garen?— Los ojos del argoniano se llenaron de luz al ver que al fin había noticias.

—Te necesitamos en la sala de reuniones.— Tricky simplemente asintió.

Tras unos minutos; pues Tricky tuvo que vestirse y tomar su bolsa de piel metiendo dentro de ella el diario que portaba siempre consigo, se encaminaron a dicha sala. Garen le contó a Tricky todo lo que habían hablado allí, habían hablado de él y pensaban que era la única solución que tenían, él debía guiarles en su lucha contra LeBlanc, pues conocía el terreno.

Al llegar, Garen abrió las puertas y entraron a la sala. Iluminada por una hermosa lámpara encima de la mesa circular que había en el centro donde estaban sentados todos los presentes, quienes se levantaron ante la llegada de Garen y aquel nuevo ser que no conocían pero supusieron que sería aquel argoniano que mencionó el príncipe.

—Bien...— Comentó Garen mientras se encaminaba, seguido de Tricky, cerca del príncipe Jarvan. —Chicos, éste es el argoniano del que hemos estado hablando. Tricky.

—Ho-hola.— Saludó tímidamente el nombrado levantando la mano. Los presentes sonrieron y comenzaron a hablar todos a la vez sobre el recién llegado.

—Silencio, vamos.— Jarvan habló y todo el mundo calló en el acto. Se giró al argoniano, quien estaba visiblemente nervioso y le habló. —Deberás contarnos todo lo que sepas de LeBlanc, todo lo que sepas de La rosa negra y en fin... Todo lo que sepas en general.— Sin más, hizo que Garen le diera un asiento y todos se sentaron en aquella mesa circular, mirando con expectación al argoniano.

—Vale... Pues me llamo Tricky y mi historia comienza...— Así, Tricky comenzó a contar con todo lujo de detalles la historia de su vida, el drama y la tragedia que tuvo que pasar desde que era un niño, el asesinato de su padre y su dragón, las torturas de LeBlanc, los planes que ella tenía y el odio hacia Demacia que se respiraba por toda La rosa negra... Un par de lágrimas salieron de alguno de los presentes, todos se conmovieron ante la historia de aquel pobre desgraciado e infeliz argoniano que vio la muerte ante sus ojos. Toda la sala permaneció en silencio, nadie era capaz de hablar ni musitar palabra alguna.

—Supongo que ésta lucha para ti es algo personal ¿Me equivoco?— La mujer dragón rompió el silencio entre los presentes y miró directamente al argoniano. Notó el dolor en su voz al escuchar cuando vio morir en frente de sus ojos a su adorado dragón y a todos los demás de su ciudad y sintió compasión.

—Sí.— Sentenció Tricky devolviéndole la misma mirada, se quedaron así durante unos segundos y el príncipe rompió el silencio que se había apoderado de la sala nuevamente.

—Entonces, comenzaremos con la estrategia, Tricky... Guíanos.— Garen y Jarvan le ofrecieron un papel algo amarillento y una pluma para que dibujara los planos del aquel castillo.

El argoniano trazó líneas, uniéndolas y dibujando así el primer piso, en otra hoja dibujó el segundo, y así hasta que llegó al último donde se encontraban las celdas. —Aquí estuve yo todos esos años... Y seguramente es donde tengan a Lux.— Miró a todos los cargos demacianos que le observaban con toda atención. Él se sintió algo avergonzado de que todo el mundo le mirara, pero sabía que no podía acongojarse, debía seguir. —Lo mejor será hacer grupos.— Carraspeó y señaló la parte trasera del castillo. —Por aquí deberían ir el grupo que hiciese de cebo, pues la única entrada está por aquí.— Señaló el frente del castillo, donde había dibujada una puerta que daba al interior del edificio.

—¿No hay otra entrada?— Preguntó Quinn mirando la hoja.

—No... Por eso, el primer equipo debe hacer de cebo para que los demás puedan entrar en el castillo por la puerta principal... Vamos, la única.— Siguió señalando sitios en el mapa, pensando más estrategias. —Emh... Creo que lo mejor sería que cuando estemos dentro del castillo nos separemos.— Señaló la hoja donde dibujó las celdas, el último piso. —Yo me sé todos los atajos que se pueden hacer dentro del castillo, puedo ir rápidamente a las celdas y rescatar a Lux, seguramente esté encerrada pero me las puedo apañar.— Todos asintieron.

—¿Y los demás, qué debemos hacer?— Preguntó Vayne con disimulada expectación.

—Los demás deberéis ser cautelosos y adentraros por aquí.— Trazó una línea desde la entrada hacia una de las habitaciones. —Que es donde LeBlanc tiene la sala de reuniones, pues a no ser que lo haya cambiado... Es donde tenía todos los secretos más oscuros de La rosa negra...— El aliento de todos y cada uno de los presentes se congeló. ¿Podrían a caso por fin saber qué tenían entre manos aquellos fríos y calculadores estúpidos?

—Ya veo...— Comentó Vayne de nuevo, volviendo a relajarse en su silla, cerrando los ojos tras sus gafas rojizas.

—¿Todo entendido? Simplemente hacen falta hacer los grupos.— Comentó Garen mirando a todos los presentes.

Dos demacianos levantaron la mano. —Príncipe, nos presentamos voluntarios Galio y yo para hacer de cebo.— Comentó Poppy mirando a su compañero, quien le devolvía la mirada.

—Perfecto.— Todos les sonrieron, esos dos arriesgarían su vida para que los demás pudieran entrar. —Tened cuidado.— Su sonrisa no era sincera, Jarvan estaba muy preocupado por su gente, no quería que nada malo le pasara a nadie. —Entonces, los demás nos...— De pronto, una voz inundó su mente de nuevo, Sona.

—Me ofrezco voluntaria para ayudar al cebo, si van dos sería demasiado cantoso, si somos tres quizás se lo creen más, además mi etwahl puede ayudarnos a sobrevivir.— Comentó la virtuosa de las cuerdas, dejando anonadado al argoniano.

—¿Cómo ha hecho eso?— Susurró para sí, pero todos pudieron oírlo. Rieron ante el comentario y Sona se enterneció, levantándose de su asiento, se acercó a él y posó su mano sobre su instrumento para que sólo él pudiera escucharla.

—No tengo voz, mas me comunico por el alma.— Tricky se sonrojó levemente, la muchacha de azulados cabellos era increíblemente hermosa y el aura de pureza que emanaba de su ser, era increíble. Los dos se sonrieron y Sona volvió a su asiento.

Cuando la virtuosa de las cuerdas volvió a su asiento, le esperaba a su lado su gran amigo Taric, quien la miró con una sonrisa. —Lo que haces en los corazones de la gente es increíble.— Sona sonrió a su amigo y apoyó su cabeza en el hombro de éste. —No te dejaré sola ¿Lo sabes, verdad?— Sona le miró y Taric puso una mano sobre el etwahl de ella.

—Taric, no tienes porqué.— La mirada de la muchacha de azulados cabellos era de tristeza, pero alegría al mismo tiempo al saber que su amigo cuidaría de ella en ésta batalla. Se sonrieron mutuamente y Taric también se presentó voluntario para prestarse como cebo.

Después de unos minutos deliberando, llegaron a la conclusión de que Sona, Taric, Poppy y Galio guiados por Valor, serían los primeros en salir cuando cayera la noche, pues pensaron que si pudiera estar oscuro o haber dificultades en el camino, Valor sería sus ojos. Por otro lado; Tricky, el príncipe Jarvan IV, Garen, Vayne Shyvanna y Quinn se adentrarían en el castillo por la única puerta posible y cuando estuvieran allí Tricky se dirigiría cautelosa y silenciosamente a rescatar a Lux mientras que los demás intentaban penetrar en la sala de reuniones y robar los archivos y documentos importantes de La rosa negra.

Con un fuerte golpe en la mesa, el príncipe Jarvan IV se levantó de su asiento, haciendo que todos le imitaran. Miró fijamente a todos y cada uno de los suyos y puso una mano en el centro de la mesa, todos hicieron lo mismo. —Ésta noche... Será legendaria.— El fuego en las miradas de todos los presentes era notorio, la furia y las ansias porque la batalla diera comienzo no tenían nombre, ésta noche Demacia se alzaría, Demacia se haría más grande.

Mientras, en La rosa negra, LeBlanc no estaba de brazos cruzados, pues había planificado también su estrategia junto a sus aliados. Swain, Elise, Vladimir, Warwik, Darius y Katarina estaban tranquilos y relajados tomando algunas cervezas y riendose del ridículo que iban a hacer esos estúpidos demacianos al intentar si quiera adentrarse en el castillo. Mientras, la maquiavélica LeBlanc miraba por uno de los ventanales de la sala, había comenzado a nevar. De pronto unos golpes se escucharon fuera del castillo, a las puertas, todos se miraron sorprendidos y corrieron hacia la puerta principal, LeBlanc seguida de Swain abrieron y lo que se encontraron les hizo esbozar una maléfica sonrisa digna de cualquier demonio.

—Déjame ayudar, tengo cuentas pendientes con ese maldito príncipe...— La voz de ultratumba hizo que la mayoría de los presentes se estremeciera y un escalofrío les recorriera el cuerpo, LeBlanc y Swain se miraron y con sumo gusto dejaron entrar a aquel ser.

—Eres bienvenido siempre, Sion.— Habló Swain volviendo a mirar a LeBlanc con esa sonrisa que cortaba los latidos del corazón.

—Parece que esta vez, tenemos un arma secreta.— Rió la mujer de cabello oscuro apretando su bastón. —Vamos a ser legendarios.— Entrecerró los ojos imaginando la tan ansiada victoria.


¡Hola! ¿Qué tal éste cuarto capítulo? La verdad es que he disfrutado muchísimo escribiendolo, creo que es mi preferido de todos y la verdad es que estoy increíblemente satisfecha y contenta con el resultado.

Siento mucho la espera, pero es que ésta historia es algo difícil para mí, pues no me había embarcado en algo así nunca, la verdad... Pero me está encantando, la hago también por disfrute personal, pues me agrada el rumbo que está tomando y no sé... ¿Qué opináis? Me gustaría recibir algún comentario y que dierais vuestra opinión.

Agradecimientos a las personas que me leen, gracias de verdad.