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Distinguir más allá de unos cuantos metros dentro de la tormenta se vuelve una tarea virtualmente imposible. Así como culquer sonido emanado de su ganganta, todo es opacado por el sonido del viento cuyas fuertes ráfagas oniricas de fino le hacen trastabillar unos momentos antes de ponerse en pie por completo.
T'Lar intenta vociferar una vez más, pero el austero y agudo rugido del aire le caya y le muestra lo inútil que es llamar. Emprende camino entonces, a ningún lugar en particular. Las ráfagas huracanadas son salvajes y juegan con ella cual muñeca endeble. Cada paso en la arena le es difícil, en especial cuando se ve obligada a cruzar las grandes dunas, quienes se rinden ante la inclemencia de la tormenta. La luz es escaza, pero es la suficiente para teñir el fino de un brillante dorado.
Siente que camina siglos, siendo el silvido de la torments su única compañia. Se pregunta entonces si existe la remota posibilidad que aquello fuese el paraiso, o bien, el infierno, quizá.
Millones de visiones del pasado llegan de abrupto a su mente. Memorias grises de su infancia, recuerdos selectivos de su convivencia con los pobladores de la Keppler, sus días de servicio y sircuntancias varias que derivan en ricas y varias emociones. Todos aquellos sonidos que alguna vez estuvieron presentes en su vida se materializan con implacable fuerza junto a las imágenes que se transmutan sin saber cuales son sueños y cuales recuerdos.
Abrumada por esas corrientes de información que tiran de su mente a todas direcciones, se deja caer al endeble suelo donde se hunde con facilidad, las manos, rigidas se vuelven puños que golpean la arena bajo sí debido a la naciente frustración. Y así como las memorias llegan, se detienen y se marchan. Algo nuevo capta por completo la atencion de la joven. Levanta las manos y las acerca a una distancia donde la tormenta le permite ver que entre sus dedos escurre transparente agua.
El eco del recuerdo pronto le hace pensar en el azul de todos los mares que vio y vivió, y así como la severa mirada azul de su padre que tanto le gusta. Pronto piensa en el cielo de los tantos planetas visitados, y de inmediato piensa en las infinitas posibilidades en las que su tren de pensamiento le puede llevar.
Todo se detiene en un azul que le antoja familiar, perteneciente a los ojos acusadores de su compañero.
Esos ojos pronto los recuerda mirandole cristañlinos desde el otro lado de la consola de mandos.
El tren de recuerdos retoma la marcha transmutando los recuerdos en escena de su vida. De manera lenta, T'Lar visualiza el rostro de ese hombre: el rictus desesperado cuando le abraza antes de la cubierta se rompiese por la explosión, la forma en la que sus mirada ríe cuando se pasea por el cubierta de máquinas, los agujeros en las mejillas cuando se burla. risueño. Los pensamientos se detienen nuevamente y la tormenta parece haber apasiguado, cuando casualmente comienza a esuchar voces ahogadas a la lejania.
El aire que había retenido, comienza a incharle el pecho de manera errática, haciéndole híperventilar. Pronto las sensaciones de manos ágiles que se deslizan por su cuerpo le producen un calor ardiente que le llena por completo; todas sensaciones menguann hasta dejar una agradable y lánguida pesadez.
En cuando el aire comenza a extenderse por todo el interior de su persona, la tormenta sesaparece, sipumergiendo su conciencia en una apasible oscuridad.
Pestañea un par de veces antes de abrir los ojos.
Pronto, en el abdomen, donde su corazón late desenfrenado, persive el fuego que sólo el tacto ajeno produce. Aturdida aún, intena mover sus brazos, pero estos parecen no querer responder.
Pronto visualiza luces brillantes y emptradas así como nítidas paredes blancas. Sin decoro, las facciones marcadas de un hombre surgen frente a ella también.
Los brazos al fin reaccionan y cual resortes se levantan para atrapar la delicada garganta del hombre que le mira con profundo horror. T'Lar siente fornídas manos alrededor de su cuerpo que le obligan a soltar al pobre caballero. No tiene la suficiente fuerza como para resisrse. Ni tampoco tiene la sificiente conciencia.
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McCoy se retira exaltado buscando el precioso aire que le falta. La garganta le duele horrores y se maldice por los moratones verdes que se le formaran. Se retuerce y lucha por tomar el aliento perdido mientras tose y se aferra de lo primero que encuentra. Scotty, con terror, corre al medico para brindarle ayuda.
Spock, por su lado, se retira después de hacerle el pellizco Vulcaniano a la joven que cae sin gracia al suelo de la base transportadora. Jim, quien también había corrido a donde su amigo medico no deja de susurrar agradecimientos a su primer oficial, puesto que sin la intervención oportuna de Spock, McCoy hubiese sido estrangulado por una vulcacniana en shock.
–¿Que le...—intenta hablar McCoy entre grandes bocanadas—…sucede? que mujer tan loca…
—Toma el lado amable, Bones, ahora somos hermanos de estrangulamiento. —dice Jim mientras le da espacio a su oficial medico. Claro que este no ve ningún lado bueno de ser estrangulado por una mujer. O una vulcaniana. O por el simple hecho de ser estrangulado por nadie. Intenta decir algo, pero la garganta lastimada se lo impide.
Desde su sitio, Spock se nota impávido aunque sin un cierto deje de incomodidad.
—Es una broma, Spock —le comenta Jim restandole importancia al asunto—, en cuanto a nuestros inquilinos, deben ir directos a la enfermería, ya repuestos dependerá de su comportamiento lo siguente en el campo de acción. Si por alguna razón se ponen más violentos de lo que deben, recuerden donde esta la salida de emergencia, retirense y no se tienten en usar la fuerza.
Las enfermeras, recuperadas por el asombro se ver a su superior siendo atacado, trasladaron al hombre a una bio-cama pero mostraban aprensión en torno a la mujer.
Jim no podía reprenderlas. Sabía por experiencia propia que los vulcanianos aprietan muy fuerte.
A sabiendas de la condición en la mujer, M'Benga junto a las tres enfermeras trasladaron a la joven con el menor contacto físico. Lo que en si representa toda una hazaña.
No sin escuchar los improperios de McCoy, los presentes a excepción de Scotty, siguieron la caravana, agradeciendo que los pasillos al turboascensor esrtubiesen dnesiertos. Durante el trayecto y de manera soslaya Spock repasa el rictus de la joven. Puensa que para los estándares vulcanianos, posee un aire más bien masculino, con las orejas grandes y la nariz sin respingar. Y pese a los bastos detalles que la calificarían como un vulcaniana no muy agraciada, de cierta forma, para los ojos del oficial resulta sumamente fascinante; en especial por el lacio cabello rubio característica tan poco común aún cuando Vulcano poseía millones en sus tierras. O por la simple razón de que, de cierto modo, se le hacen tan familiares las facciones de la joven. Sin ahondar mayormente en el tema, acomda las manos trás la espalda, en busca de una posoción más cómoda para andar. kirk se adelanta unos cuantos pasos para quedar al mismo nivel del oficial y sin mayor decoro le llama.
–Spok —le dice—,usted no viene con nosotros — comenta, señalando el ascensor–: Alguien debe cuidar a mi chica mientras otro averigua quienes son nuestros invitados, de donde vienen y claro, la razón por la cual estrangulan a nuestro jefe médico. Y no pienso een alguien más capacitado que usted. No se preocupe, comandante. Lo tengo todo bajo control.
–Una petición ilógica, capitán. Como ha dicho: los antecedentes violentos hacen imperativa mi presencia para subrogarle. Como primer ocial es mi deber resguardad su seguridad.
–O sólo se preocupa por mí —le dice guiñando el ojo.
–O es mi deber.
Sin mayor gracia que la de un suave golpe en el pecho del oficial, Jim le susurra un "como quieras" y espera a que el Vulcanciano le siga. Una vez inalados los visitantes y con las pantallas reguladoras mostrandp sus signos vitales, McCoy, no sin antes hacer uso en su persona de un atomizador hipodérmico*, suelta una duda que le carcome desde la revisión preliminar de aquellos perpsonajes.
–Por más que intento —comenta casualmente—, me es irreconocible su uniforme. —agrega refiriéndose al mono negro con el pecho insignia. Rojo en ambos—. Quizás perteneces a un alto mando.
–Alto mando o no, pertenecen a la flota y por todos los diablos quiero saber quien les atacó.
Spock, atento a las pantallas laterales de las bio-camas, da aviso de que pronto el caballero despertaría. Una bioquímica con facciones gatunas dedica una felina sonrisa al trío de altos mandos antes de retomar su rumbo al laboratorio con las muestras recién tomadas de los inquilinos. Cosas del protocolo, dice ella, mientras se va meneando las caderas y la cola castaña que sobresale por entre la falda de su uniforme.
Kirk suspira por aquella muestra descarada en su oficial.
Cuando los signos de sueño en pantalla llevan unos minutos en MOR**, se acercan al hombre para recivirle. Kirk pone total atención puesto que se niega a ponen en riesgo a ninguna de las enfermeras que aguardan a los costados de la bio-cama. Una escolta de seguridad se coloca alerta a una distancia prudente.
El hombre abre al fin los ojos, pestañando pesadamente mientras intenta reconocer sus alrededores. De un tirón intenta incorporarse, pero las enfermeras hacen todo lo posible para evitarlo.
–Bienvenido a la Enterprise —se escucha decir a kirk al sujeto mientras las enfermeras le coloca una intravenosa con calmantes—, es bueno saber que no todos ustedes intentan matar a mi oficial medico.
El hombre le mira con singular atención– Es imposible… —susurra con aprensión.
–Aquellos que usan a menudo la palabra imposible tienen poca suerte en la vida— comenta McCoy al esucchar al caballero, mientras le pasa un tricorde alrededor del cuepo—, ésta lata tiende a hacer más de lo que debe. Ni que decir de sus tripulantes.
Se escuchan los bufidos inconformes por parte del capitán quien Kirk se coloca a un lado de la bio-cama y le palmea con camaradería el hombro al sujeto.– Capitán James T. Kirk —se presenta.
–Identifíquese —tercia Spock recorriendo a Kirk del lugar.
Si bien, los teranos miran con algo de sorpresa la actitud dominante en el vulcaniano, una vez incorporado, el sujeto responde–: Scott Crewe, teniente segundo... —se interrumpe un mpomento—, una mujer venia conmigo. ¿La salvaron?
Su intención no era precisamente la de parecer angustiado, pero Kirk tras dedicarle una sonrisa deja el campo de visión libre. Tras él, en otra bio-cama, yace la vulcaniana.
–Se puso histérica cuando despertó —McCoy le deja ver los moretones que tenia, —vaya modos tienen los vulcanianos.
A sus adentros, Scott no se sorprende pues sabe lo apasionada que puede ser su compañera.
Enseguida se hace una nueva ola de preguntas por parte del que, para Scott, era el extraño vulcaniano territorial.
Claro que las preguntas pronto abrumaron el estresado cerebro del hombre, cosa que se vió reflejado en el analisis del tricorde.
–Spock, basta. –dijo Kirk de manera firme.
y Scott se estremeció por completo.
–Oye, chico; te has puesto pálido —observa el médico.
Al otro lado de la habitacion, la vulcaniana desperta con una escolta de seguridad a su lado, quienes dan aviso inmediato a los altos mandos. Pronto la joven comienza a forcejea sin muchos ánimos.
McCoy se dilata al gotero en la joven para colocar calmantes, Kirk y Spock permanecen al lado de la bio-cama de Scott.
–¿T`Lar? — llama el hombre desde su cama y pronto, igual a una gran ola, profundos sentimientos rompen es su mente: Alivio, gratitud, desconfianza.
Fue cuestión de segundos para que la joven vulcaniana dejara de forcejear, dando espacio a un respiro a los guardias y a McCoy. Aún sin fuerzas, se levantase hasta quedar sentada, mirando a su compañero con ojos de consolación.
Fue cuestión de un instante para que ella cayera en cuenta en los hombres que acompañan a su compañero en la bio-cama. Su rictus se vuelve una mueca vacía y estoica.
–Soy el capitan James T. Kirk, –dice sonriente Jim, pues puede apreciar los hermosos ojos de la joven–, bienvenida a la Enterprice.
Kirk deja abierta la pregunta y le invita a participar con una nueva sonrisa resplandeciente. La cual desaparece cuando ella comunica con rotunda respuesta–:No daremos información.
Scott desde su bio-cama piensa intranquilo haberlo arruinado, mientras Spock manda a esposarlos. Y la guardia de seguridad se dispone a escoltarles rumbo a los calabozos.
N/A: CIAO! Antes que nada, felices fiestas y espero ojalá la pasaran bien. Por acá hubo comida y familia y esas cosas que por lo general hay. Ya dicho esto, ahora quiero pedirles una gran disculpa, se supone que el ritmo de este Fic era semanal pero créanme, me está costando horrores. Navegar en la mentalidad de personajes tan complejos (Spock es el más complicado) me retrazan, eso y todas las fiestas anteriores.
Nuevamente agradezco a quien me lea. Un abrazo y beso.
PD: no estoy muy familiarizada con los rangos de la Federación, por lo cual deberían disculparme.
*Hypospray. Suena mas cool en castellano, fue una pena no traducir el nombre "Bones" a su equivalente. Ni modo.
**Movimiento Ocular Rápido. Última fase del sueño
