-10 besos-
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Siempre hay alguien que besa y otro que se limita a permitir el beso.
George Bernard Shaw
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T.K. oyó unos suaves sollozos en uno de los baños del instituto, se escuchaba como si se tratase de un eco lejano que llegaba amortiguado pero se podía escuchar a pesar de todo. Prestó atención y al final pudo adivinar que provenía del baño de las chicas. Oyó también que una puerta se cerraba. Se acercó a la puerta que daba al baño y se dio un fuerte golpe contra otra persona que salía en aquel momento de allí. El rubio se tambaleó y la otra persona cayó al suelo y emitió un sonoro quejido. El joven se recuperó un poco del sobresalto y reconoció a la joven que yacía en el suelo.
La muchacha alzó la vista para ver al obstáculo con el que se había tropezado nada más salir del baño. El pelo castaño caía sobre sus ojos un poco desordenado y se pegaba a su rostro empapado de lágrimas. La chica de grandes ojos miel intentó levantarse pero él le tendió la mano y la ayudó a hacerlo.
─¿Eras tú la que estaba llorando?─T.K. Se sintió un poco estúpido una vez hubo realizado la pregunta porque era más que obvio que era ella la que había estado llorando. De lo contrario, no llevaría la cara bañada en lágrimas y los ojos rojos e hinchados. ─¿Estás bien?
Mimi miró al chico e intentó esbozar una sonrisa pero no le salió muy bien, más bien lo que le salió fue una especie de mueca torcida. Alzó la mano y se apartó el pelo que le caía sobre el rostro. Se quedó mirando los profundos ojos azules de aquel muchacho. Eran unos ojos color azul cielo, azul celeste, mucho más claros que los de su hermano Matt. También eran bastante menos fríos y lejanos.
Escuchó que T.K. volvía a llamarla para sacarla del estado catatónico en el que se había metido así que lo miró y él volvió a preguntar si estaba bien. EL rubio vio que la joven no tenía las ideas muy claras y la cogió del brazo para llevársela con él. La joven se dejó llevar y T.K. la acompañó al patio donde ya no quedaba casi nadie excepto los que como él se habían quedado para limpiar las aulas después de las clases. La llevó hasta la fuente, la joven se acercó a la pequeña pila, pulsó el botón que abría paso al agua, puso las manos bajo el chorro y se lavó un poco la cara. Cuando se descubrió el rostro T.K. le estaba ofreciendo un pañuelo y ella no pudo evitar sonreír agradecida por el detalle.
─Si quieres puedo acompañarte a casa, espérame y voy a por mi mochila que la he dejado en clase.
Mimi acertó a asentir ante la propuesta del chico y lo vio marchar hacia el interior del edificio. Mirándolo desde allí se dio cuenta de lo mucho que había crecido, estaba alto y bastante más corpulento. La joven se descubrió a sí misma estudiando con la mirada al joven Takaishi aunque pronto la apartó. Suspiró y apenas unos minutos después volvía a tener al joven allí mirándola con una sonrisa. Los dos empezaron el camino hacia casa, Mimi caminaba despacio y en silencio hasta que T.K. la detuvo cogiéndola por el brazo y la hizo detenerse. Mimi observó la mano del chico que la estaba cogiendo un poco por encima del codo.
─¿Quieres hablar de algo?
Mimi abrió la boca pero silenciosas lágrimas saltaron de sus ojos y le impidieron pronunciar ni una sílaba. El rubio se aproximó a ella y le secó suavemente las lágrimas con los dedos.
─Vayamos a mi a casa, por favor...─susurró la joven al ver como toda la gente que pasaba se los quedaba mirando. El joven asintió.
Poco después, habían llegado a casa de la joven. La chica se dejó caer sobre el sofá del salón con el rostro entre las manos y T.K. aunque al principio dudó un poco se sentó junto a ella dejando su mochila en el suelo a los pies del sofá.
─¿Qué te ocurre, Mimi? No me gusta verte así.
Mimi alzó la cabeza y esbozó una tímida sonrisa.
─Ahora mismo tengo dos problemas muy gordos.
─¿Cómo de gordos?
─Tienen nombre de chico...
─Oh, entiendo. ¿Por eso estabas llorando?
─Supongo que sí.
─Oye, Mimi, yo creo que ninguno de esos chicos se merece que estés así por él. Ni siquiera mi hermano.
Mimi lo miró un tanto sorprendida de que supiera que uno de los chicos que se discutía un lugar en su corazón era Matt. Al pensar en él, Mimi volvió a entristecerse. El chico siempre era frío y desde que salía con Sora no había tenido ojos para nadie más que para ella, cosa que era normal, pero Mimi no podía evitar que eso le doliera porque quería estar con él, pasar tiempo con a su lado...
─E Izzy tampoco se lo merece...─Por segunda vez, T.K. dio en el blanco y dejó a Mimi descolocada con los ojos muy abiertos.
─¿Cómo sabes que son ellos?
─Se nota a la legua, Mimi. Y si ellos no lo han notado, sinceramente, no sé en que mundo viven.
─Pero Matt está con Sora... e Izzy siempre está en su mundo...
─¿Por qué llorabas antes?─La joven permaneció en silencio, con el semblante ensombrecido y eso hizo que T.K. de manera espontánea se acercara a ella para rodearla con los brazos. La joven no dijo nada y apoyó la cabeza en el pecho de T.K.
─Lloraba porque siento que no voy a poder llegar a ser alguien especial en sus vidas y eso me duele muchísimo.
─Mimi, no digas tonterías. Tú tienes un lugar especial en la vida de cada uno de nosotros.
Mimi se separó de él, lo miró a los ojos y no pudo evitar sonreír. T.K. tenía una gran facilidad para decirle cosas preciosas que la hacían sentir muy bien.
─¿También tengo un lugar especial en la tuya?
─Por supuesto que sí─. Contestó sin dudarlo un segundo y eso provocó que Mimi le rodeara el cuello con los brazos, acercara su rostro al suyo y lo besara en los labios. Aquel día, ella no necesitaba más que eso, unas pocas palabras de cariño y él se las había brindado. T.K. se quedó paralizado en cuanto sintió los labios de Mimi sobre los suyos y apenas pudo responder al contacto porque nunca hubiera pensado que aquella situación se hubiera podido dar entre ellos. Sin embargo, cuando se separaron ambos se sonrieron, había sido bonito.
Al cabo de un rato, T.K. decidió que ya era hora de marcharse a casa y Mimi lo acompañó hasta la puerta de su casa. El rubio salió al rellano y la castaña dejó la puerta entreabierta tras de sí.
─Muchas gracias por lo de esta tarde, T.K.
─No se merecen, para eso estoy. No me gusta ver llorar a las mujeres y menos a ti que eres la alegría en persona─. Mimi se ruborizó y le dio un suave golpe en el hombro─. Lo digo en serio, no quiero volver a verte llorar─. Esta vez lo dijo completamente serio.
─No lo haré.
─Así me gusta─. Asintió el rubio conforme. Se inclinó un poco hacia ella para colocarse a la altura de su rostro y unió sus labios otra vez con los de ella─. Esto es para que recuerdes siempre que en mi vida ocupas un lugar importante.
Mimi vio marchar a T.K. por el pasillo hacia las escaleras y sonrió feliz. Se llevó una mano a los labios intentando retener entre ellos los restos de ese último beso, un beso que tal vez no volvería a repetirse pero que le había servido para saber que sí ocupaba un lugar importante en el corazón de alguien, en el de T.K.
Bueno muchas gracias a todos los que leéis y comentáis esta historia :)
-Carriete: Me alegro de que mis capítulos te saquen de tu depresión y muchísimas gracias por tu review :)
-HikariCaelum: Gracias por tu review, siempre estás ahí para comentar mis historias^^ Me alegro de que te gustara eso de los besos adictivos porque yo también pienso que son de los mejores.
-Kuroda. Kumiko. miss: Gracias por tu review, me alegro de que te gustara y te pareciese dulce. ¿Al final escribiste algo sobre Ken y Yolei? :)
-Beautiful-Sadness: Veo que te gustó el capítulo, me alegro. Sí, yo también soy de las que piensa que Yolei daría el primer paso pero Ken también tiene que tomar un papel y por eso hice que Yolei se detuviera :) Sobre lo de Joe... mmm... intentaré algo con él, ¿con qué personaje te gustaría que lo juntara?
-Ivymon: Gracias por tu review incondicional ^^
-Princesa Renesmee Kinomoto: jajaa muchas gracias por tu review y que te gustara mucho el capítulo!
Bueno, en definitiva, gracias a todos.
Un abrazo muy fuerte.
Takari95
