10 besos

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"La magia de tus besos, la luz de tu mirada, el brillo en tu sonrisa
me atraparon hasta el alma."

Sergio Torres, cantante.

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La sensación de pérdida es la más horrible de todas las que puede sentir un corazón y, una vez la has experimentado, la reconoces de inmediato en cuanto empieza a acecharte. T.K. había decidido marcharse de aquel baile a paso ligero, no tenía ganas de recordar la escena que había visto ante sus ojos unos momentos antes. Hasta aquel momento, no había sabido realmente lo que era tener celos pero ahora era lo único que sentía. Los celos hacia Davis estaban provocando que le hirviera la sangre y sus pulsaciones fueran un tanto erráticas y mucho más rápidas. Se aflojó un poco la corbata y de repente sintió aquello. Fue como volver atrás en el tiempo, a la segunda aventura del Mundo Digimon, concretamente a aquel día en el que Kari desapareció ante sus ojos convertida en datos digitales. Aquel día había experimentado una terrible sensación de vacío y desasosiego que ahora estaba volviendo a acosarlo.

Rápidamente, dio media vuelta sobre sus talones y empezó a correr hacia el interior del instituto, sabía bien que aquel aliento frío que sentía en la nuca era el de la Oscuridad. Tenía que encontrar a Kari lo antes posible, antes de que se la arrebataran. Mientras corría preguntó a unos cuantos compañeros que le indicaron que habían visto salir a Kari hacía un rato y que se había dirigido hacia la parte trasera, hacia donde quedaban los campos de fútbol. El muchacho apretó más el paso, ¿dónde estaría Kari? Sus ojos iban de un lado a otro, buscándola sin éxito entre las chicas que había dispersas por el patio pero ninguna era ella. La terrible sensación de pérdida lo golpeó con más fuerza y corrió desesperado.

─¡Kari! – gritó cuando ya se encontraba cerca de los campos de fútbol. El rubio siguió caminando hasta que un leve chapoteo lo hizo detenerse. Se mantuvo alerta, en guardia. Se giró a sus espaldas y por el rabillo del ojo pudo ver una luz que salía de entre los árboles de una pequeña arboleda que había a unos doscientos metros – Kari…

Recorrió la distancia que lo separaba de la arboleda. En cuanto pudo se adentró entre los árboles y algunas ramas le arañaron el rostro pero no le importó demasiado. Tras dar unos pasos más, llegó a vislumbrar el centro de la arboleda y allí había dos figuras de pie, abrazadas. Una de ellas tenía el pelo oscuro, un poco azulado y una sombra parecía ir apartándose de ella. La otra, brillaba como si fuese el sol mismo. La imagen sobrecogió a T.K. y no pudo reconocer en aquellas figuras a Ken y Kari hasta que la luz de ella terminó por extinguirse. El muchacho salió de detrás de un árbol y cuando Ken alzó la cabeza lo vio allí, respirando entrecortadamente y con el miedo pintado en el rostro. Se separó suavemente de Kari y le indicó con un gesto que mirase a sus espaldas, ésta hizo lo que le decía el chico y al girarse vio a T.K. allí. Una sola mirada le bastó a Kari para saber el porqué T.K. estaba allí, él había sentido la Oscuridad, pensaba que se la estaban llevando a ella.

T.K… - Ken se apartó de ella y tras susurrar una breve despedida se marchó de allí, dejándolos solos.

¿Estás bien? – Preguntó el rubio todavía con el corazón en la garganta – Yo pensaba que… tú… – se llevó una mano al rostro.

Kari se acercó lentamente a él, alzó una mano y acarició un rasguño que T.K. llevaba en la mejilla con la yema de los dedos. Un leve cosquilleo fue despertado por aquella caricia.

Yo no estaba en peligro, lo estaba Ken. Estoy bien…

Si se te hubieran llevado, yo…

Estoy bien, T.K. – murmuró ella al ver como el no dejaba de darle vueltas al tema. No le gustaba verle preocupado y menos por ella – Además, estoy segura de que si me hubieran llevado con ellos, si me hubieran arrastrado al Mar Oscuro, tú hubieras venido a por mí.

¿Cómo estás tan segura? ¿Por qué yo y no Davis? ¿Por qué? – susurró él. Alzó la cabeza, un destello de tristeza brilló momentáneamente en sus ojos azules. Kari lo miró con aquellos ojos rubíes que todavía reflejaban la luz que su cuerpo había despedido. Aquella luminosa mirada junto con la delicada sonrisa que esbozó atraparon a T.K. por completo.

¿Por qué crees tú? T.K., el beso que has visto con Davis… no guardaba ningún tipo de sentimiento

Si tú lo dices – replicó él en medio de un resoplido. Él no podía ser adivino, no tenía poderes mágicos para saber lo que sentía Kari en cada momento. En ese caso, eran los hechos los que se contradecían con sus palabras y él no era capaz de discernir lo que era verdad y lo que no.

T.K.

Lo siento, es que estoy confuso.

¿Sobre qué?

Sobre ti – dijo él mientras se apartaba un par de pasos de ella. Kari bajó un poco la cabeza, se sentía culpable por no haberse apartado antes de Davis.

Lo siento, T.K. – él suspiró – siento lo del beso con Davis, no tendría que haber sucedido.

¿Por qué me pides disculpas por eso, Kari?

Porque creo que debías escucharlas.

Solo soy tu mejor amigo, no me debes explicaciones – explicó él desviando la mirada para depositarla en un punto lejano entre los árboles.

T.K., tú no eres solo eso – dijo ella en voz muy baja pero de manera suficientemente audible como que para él pudiera escucharlo.

¿Qué…? ¿Qué estás diciendo? – preguntó él, levemente sonrojado y anonadado.

Lo que has oído, ¿por qué crees si no que pudiste entrar al Mar Oscuro a por mí? Fue por eso T.K., por esos sentimientos que conectan los mundos…

─Kari, yo…

─Te quiero – dijo ella en un susurro mirándolo fijamente a los ojos. La chica sentía que la cara le ardía pero era ahora o nunca, si no le decía lo que sentía en esos momentos probablemente después ya sería tarde. La joven vio como el rostro de él se desencajaba, palidecía y finalmente se sonrojaba al máximo. Lo miró con atención, aquella noche estaba muy guapo y, aunque ahora llevaba la corbata mal atada y unos cuantos rasguños en el rostro, eso solo hacía que estuviese más atractivo. Solo pensar que él hubiese ido una vez más a salvar hizo que el corazón le diese un vuelco. El momento en el que lo vio detrás de ella fue el momento en el que se cercioró de que lo quería y de que era hora de decírselo.

T.K. abrió la boca para decir algo pero no conseguía que las palabras saliesen de su garganta. Ante él, tenía a Kari con la cabeza baja y las mejillas sonrojadas y que hacía unos segundos le había confesado, de alguna manera, que para ella era algo más que un amigo, que lo quería. A medida que las palabras de Kari calaban hondo en su ser una sonrisa empezó a dibujarse en su rostro, una alegría que brotaba de su pecho…

Recortó la distancia que la separaba de ella, la tomó por la cintura y unió su boca con la de ella. Había esperado mucho para que aquello sucediera, muchísimo. Últimamente, había besado a chicas pero ninguna había sido ella y al final había sucedido. Movió sus labios contra los de ella, con ternura. Dando algún que otro suave mordisco en el labio inferior de la chica. Ella alzó los brazos y le rodeó el cuello con ellos para acercarlo más a ella para profundizar el beso. T.K. hizo que Kari entreabriese los labios y exploró su boca. La chica dejó escapar un suspiro de felicidad, al final aquel esperado momento había llegado, se estaban besando…

El rubio se separó un poco de ella intentando controlar su respiración, le tomó el rostro entre las manos y le secó las lágrimas que habían salido de los ojos de ella.

T.K…

Joder, te quiero – dijo él loco de alegría antes de abrazarla, alzarla en el aire y girar sobre él mismo un par de veces.

Te quiero – susurró ella en su oído antes de que sus pies descalzos volviesen a tocar el suelo. El rubio sonrió y Kari lo secundó – Esto tendría que haber pasado hace mucho – dijo ella riendo.

Sí, pero que se le va a hacer si somos un poco lentos.

Ella se encogió de hombros, abrazó una vez más a T.K. antes de alzar el rostro y juntar nuevamente sus labios en busca de otro beso mágico como el que habían compartido.

Espero que guste el capítulo, pronto subiré otro :) ¡Gracias a todos por los reviews!

Un abrazo enorme

Takari95